PRESENTACIÓN DE DIARIO DE UN ESCRITOR NAIF, DE VICENTE TORRES

7 junio, 2017 3 comentarios

Este es mi discurso de presentación del libro de Vicente Torres Diario de un escritor naif en la librería La forja de las letras, que tuvo lugar el martes 6 de junio:

Queridos amigos, buenas tardes a todos

Estoy aquí en cumplimiento de un encargo, y ya que soy muy bien mandado (como mi esposa aquí presente puede atestiguar), me he aplicado bastante a la tarea y espero hacerlo bien, y que todos ustedes queden satisfechos, sobre todo el autor, al cual le agradezco enormemente la confianza (y quizá la temeridad) que ha demostrado al pedirme que presentara su libro.

Quisiera asimismo agradecer la asistencia al acto de todos ustedes, así como a los propietarios de la librería La Forja de las Letras (que por cierto es un nombre precioso para un santuario de libros) su colaboración y su disposición en la presentación de la obra. Me ha encantado la frase de Soledad Garnero, la propietaria, con la que resume su empeño en abrir esta librería en la que nos encontramos: “Ya tengo una edad para ir cumpliendo mis sueños”. A los que no lo hayan pensado, ya están tardando en empezar. A cumplir sus sueños, me refiero.

IMG_0237

Con la edad cada vez uno se convence más de que los amigos son el verdadero tesoro que se va acumulando con los años. Y a la vista de mis amigos aquí presentes, yo debo de ser asquerosamente rico. Muchas gracias a todos.

Es imposible no creer en los libros. Mi madre empezó a enseñarme a leer con cuatro años, y ha sido el regalo más preciado que me haya entregado nunca. He sido un lector voraz desde mi más tierna infancia. Estoy de acuerdo con las palabras de Soledad, cuando dice: “creo que debemos seguir creyendo en los libros porque un libro te habla, te transmite y es capaz de guardar recuerdos”. Pienso que todos los que estamos aquí somos, en mayor o menor medida, amantes de los libros. En este sentido, hago mía la frase de Thomas Jefferson, que vinieron en un lápiz de la biblioteca del Congreso de EEUU que me trajo mi amigo Rafa aquí presente: “I couldn’t live without books (no podría vivir sin libros)”.

Para empezar, decir que puedo presumir de tener la fortuna de cultivar la amistad de Vicente Torres, todo un señor y un caballero valenciano, que es de oficio escritor. Y como diría otro afamado articulista, hemos venido aquí a hablar de su libro, Diario de un escritor naif, subtitulado Experiencias, lecturas y meditaciones.

Creo que nos conocimos en persona en una feria del libro de Madrid hace dos años, nos presentó un amigo común (Antonio Ballesteros, no sé si está presente hoy), y al que por ello quedo profundamente agradecido.

Vicente acumula una larga trayectoria literaria y periodística. Corrígeme si estoy equivocado en algún dato. Es crítico literario en Las Provincias y en Periodista Digital, donde escribe en su blog sobre la actualidad. También coautor de 1978. El año en que España cambió de piel; y autor de Valencia, su Mercado Central y otras debilidades, El Parotet y otros asuntos, y la novela Yo estoy loco. Ha participado en el libro de relatos Tus colores son los míos, en el libro de arte Enrique Senís-Oliver y en el libro colectivo Palabras para Ashraf. Escribe asimismo en el blog Vientos de las dos orillas, y es columnista del diario digital Informa Valencia.

En primer lugar, y precisamente estando a unos pasos de la casa de Cervantes (calle León esquina con la propia calle Cervantes; quizá la única buena acción del rey Fernando VII fue intentar que no derribaran su casa), yo definiría a Vicente como un caballero quijotesco: como diría una de las personas a las que admira, Rosa Díez, todo un aventurero cuerdo, pese a que en el libro que hoy venimos a presentar afirme ser miembro de un grupo conocido como “los locos de Bétera”. Siguiendo la descripción que Toni Solano hizo de Vicente, hablando del escritor comprometido, decimos que “un escritor ilustrado no puede sustraerse a la implicación política en el sentido etimológico de esa palabra, como miembro de una ciudadanía comprometida con la democracia y con la defensa de las libertades y los principios fundamentales de la convivencia”.

Y de este modo, nuestro autor no puede evitar enarbolar la bandera de la lucha contra el terrorismo y su blanqueamiento, contra la demagogia y el populismo, contra el nacionalismo obligatorio; y a favor de la separación de poderes, la democracia de calidad y la convivencia. Vicente simboliza al ingenioso hidalgo en estado puro, defendiendo valores tradicionales que ahora parecen estar de capa caída: la honestidad, la libertad, la lealtad, la generosidad, la integridad y la decencia con mayúsculas. Y ese quijotismo lo destilan tanto sus escasos personajes “blancos”, como por ejemplo Veremundo, en su novela Yo estoy loco, como en sus artículos y ensayos. Y denuncia su reverso, el sanchismo (me refiero a Sancho Panza, no a otros personajes de mucha peor calidad), tan presente hoy en día, sobre todo en la política, encarnado en la doblez, la inmoralidad, el interés y la hipocresía.

Llegados a este punto, voy a lanzar al aire una pregunta interesante: ¿Es necesario el llamado intelectual comprometido hoy en día? Yo diría que ahora más que nunca; no sólo es necesario, sino me atrevo a decir que imprescindible. Citando a Andrés Trapiello, digo: “Yo cada vez que abro el periódico y me encuentro con un artículo de Savater, sé que me va a hacer pensar. O un artículo de Félix de Azúa, o de Félix Ovejero o Francesc de Carreras. Los intelectuales son muy necesarios, son los que avivan los debates, los que nos orientan muchas veces a los demás, los que nos advierten de las trampas. Tienen un papel muy importante en la política”.

Y en ese sentido es necesaria esa tarea quijotesca de Vicente con su pluma: así como Sócrates decía ser el tábano de Atenas, que ponía a sus ciudadanos al frente de sus contradicciones y les decía lo que nadie quería escuchar, molestándoles continuamente, así Vicente forma parte de ese grupo de tábanos necesarios para picar a esa yegua llamada España. Porque en este mundo demagógico, mentiroso y tramposo, donde parece que todo vale, necesitamos a personas que, como dice Trapiello, nos avisen de las trampas y constituyan nuestra hemeroteca justiciera, nuestro Pepito Grillo. Y ese menguado ejército, como decía el gran pensador marxista don Groucho Marx hablando de los cómicos de primera fila, “son un material mucho más escaso y valioso que todo el oro y las piedras preciosas del planeta”.

Es lógico que Vicente en Diario de un escritor naíf diga que “la cualidad humana más importante es el valor. Es imprescindible para tener criterio propio”.

Yo, cuando todavía era un adolescente impertinente y no sabía nada del mundo (y bien que me encargué luego de demostrarlo), tuve un profesor de latín que me enseñó una de esas cosas valiosas para el resto de mi vida. Hay dos palabras en castellano que tienen la misma raíz latina (el vocablo grex, gregis, que significa rebaño): gregario y egregio. Hay que tener valor, en efecto, para tener criterio propio, ser egregio y salirse de la manada, y no ser gregario y dejarse llevar por la corriente. Y tiene mucho más mérito ser valiente cuando estamos rodeados de altavoces que nos incitan a rendirnos y a ser gregarios. Donde lo habitual es aquello tan español de acudir raudo y veloz en socorro del vencedor. El propio autor trata esta cuestión en su anotación del día 17 de febrero, cuando se refiere al “hombre masa”, que considera al ser humano un medio y no un fin en sí mismo.

Pasemos ahora a hablar más específicamente del libro.

IMG_0239

Decir que de todas las obras de Vicente esta es la que más me ha gustado, y me lo he leído de un tirón. Tiene uno la sensación de estar sentado tomando un café con el autor y conversando tranquilamente sobre diversas cuestiones, siempre interesantes, y algunas experiencias personales. En Diario de un escritor naif nos encontramos con un libro en esa línea, con breves reseñas, una para cada día del año, con la estructura de un diario, por el que pasan personajes diversos, situaciones o cuestiones, a través de los ojos de Vicente, que siempre en primera persona nos los hace ver, como pequeños fotogramas de una película. Al final del calendario, tenemos la sensación de haber visto un film costumbrista con muy diversos personajes, que a veces unos nos llevan a otros, como si fueran cerezas, que tiramos de una y sacamos otras tantas unidas.

Por cierto, tengo una duda: apostaste según el Diario el 5 de octubre de 2015 con Ignacio Camacho una paella que debía pagar él si Rajoy formaba gobierno, y si no lo formaba, pagabas tú… ¿Al final cómo ha quedado la apuesta?

En el prólogo, el autor nos explica el porqué del título: naíf (ingenuo) se refiere no al término del diccionario de la RAE, sino que de forma metafórica califica así a aquellas personas que, aunque tratan de escribir, no han nacido con el don de la escritura, sino que tienen que hacerlo (y cito) “utilizando la fuerza de voluntad y dedicando muchos esfuerzos a no salirnos de los cauces que marca la gramática”. Esto nos abre un tema apasionante, que es el de la creación artística, del que me gustaría hablar brevemente, y acerca del cual hemos debatido Vicente y yo en varias ocasiones.

Stephan Zweig dice que es cierto que hay unos pocos genios, como Mozart o Schubert, en los que es como si “el genio de la inspiración dictara y el artista no fuera más que el escribiente, el instrumento. No necesita trabajar, luchar, esforzarse por su trabajo, sino que le basta copiar obedientemente lo que se le acerca como en un sueño divino (…). La obra de Beethoven muestra justo lo contrario. “En sus manuscritos desordenados, casi ilegibles, ya no encontramos ni un adarme de la facilidad divina que Mozart tenía para producir. Vemos que Beethoven no era un hombre que obedecía a su genio, sino que luchaba por él encarnizadamente”.

Hay dos modos. Y los dos son buenos. “Mozart juega con su arte como el viento con las hojas. Beethoven lucha con la música como Hércules con la hidra de las cien cabezas. Y la obra de uno y otro produce la misma perfección. La obra de ambos nos brinda la misma dicha inefable”.

Calificaré a Vicente en el grupo de Beethoven (si no le molesta que lo haga así). Así es, a la vista del resultado en este libro, que es ameno y divertido, como pretende su autor, pero que es mucho más que eso.

También podemos comparar Diario de un escritor naíf con una bolsa de té, que al sumergirnos en su lectura como en una jarra de agua hirviendo, de algún modo extraemos el jugo de Vicente y podemos tomar un trago de su personalidad, de sus fobias y filias: por ejemplo, los tres libros que recomendó una vez (‘La invención del reino vegetal’, de Aina S. Erice; ‘El primer hombre’, de Albert Camus; y ‘El testamento francés’, de Andrei Makine); las personas a las que admira (Fernando Savater, Adolfo Suárez, Maite Pagaza, Consuelo Ordóñez, Rosa Díez); la invasión nacionalista catalana en la Comunidad Valenciana; los defectos que detesta de los demás (prepotencia, soberbia, crueldad, ignorancia, petulancia); su visión de la escena política actual; la descripción de algunos afortunados que gozamos de su amistad; y un puñado de recuerdos personales, dulces, como bombones envueltos en papel de celofán, y repartidos cada cierto tiempo a lo largo del libro.

Otra cosa que deducimos de su lectura es su amor por la lengua. La obra está trufada de expresiones que yo denomino “vicentinas”: cursilandia, despabilado, humo dormido, socio destructivo, sarmentoso, delectación, papanatismo. También habla en una de las páginas de un amigo colombiano que le regala palabras, como conticinio y galicinio. A mí Vicente, como comprobarán, sólo me ha regalado una hache, que luego le he devuelto. Pero eso lo contaré más tarde.

Cierto es como dice el propio autor hay citas ‘robadas’, de autores o personas que conoce. Pero incluso a través de esos pedacitos de otro conseguimos asimismo llegar a tener un cuadro más acabado de quién es Vicente Torres. Como dijo César Gavela refiriéndose a otro libro de Vicente (‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’), “(…) tienes una gran habilidad para mezclar temas muy diferentes, y que todos tengan una misteriosa unidad de fondo. Y eso es la mirada del autor, naturalmente”.

Un cocinero diría que esa es la salsa que da unidad y cohesión al plato, que hace que no nos encontremos ingredientes sueltos sin ningún sentido ni unidad entre ellos. Y decir que se trata de una salsa coherente, que defiende lo mismo en todos los párrafos, no como el marxismo-grouchismo que ahora hace furor de “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.

Quiero ahora citar un par de esos ‘robos’. Pertenece a un correo que le escribió el periodista y escritor Juan Bas a Vicente Torres y que dice así: “soy de la vieja guardia que considera que el agradecimiento y la educación son dos buenos esquíes para deslizarse entre la gente sin molestar”. El propio Vicente añade: “(…) los bastones con que acompaña los esquíes están compuestos con su sentido del humor”. Agradecimiento, educación y sentido del humor son precisamente tres frutos cada vez más escasos hoy en día, y que alegran mi espíritu cuando los hallo. Y de eso el autor va sobrado.

Otro que me ha divertido mucho es la anécdota de George Bernard Shaw, que contaba que había recibido una firma sin carta. El anónimo decía así: “imbécil”.

Por otra parte, me gustaría compartir con todos ustedes una idea un poco loca, que sería escribir unas apostillas a algunas de sus notas en el Diario, porque según leía algunas se me iban ocurriendo cosas para completar, contestar o sugerir. Quizá lo haga, con permiso del autor. Aprovecho que, casualmente, se encuentra justo aquí entre nosotros para amenazarle formalmente con ponerme a hacerlo.

Quisiera comentar ahora una anotación propia, al estilo de las del libro de Vicente, en mi propio diario de escritor naíf. Y aquí viene cuando cuento por qué y cómo Vicente me regaló una hache y yo le devolví otra. Corresponde a una anécdota real ocurrida el pasado 3 de mayo, al hilo de un comentario sobre una entrada de mi blog. Esta es la anotación, hecha al estilo del autor en su libro:

3 de mayo de 2017: suena el teléfono. Es Vicente. Sin apenas saludarme, me dice: “Hola José. Te sobra una hache en el artículo sobre Lluis Llach”. Pienso maquinalmente si he escrito la hache final de ‘Llach’. Creo que sí. No, no es ahí, es en otro párrafo, y pacientemente me lo señala por teléfono. Y en efecto, Vicente tiene razón. Es raro, será cosa del corrector. Manda huevos (con perdón), porque en otra ocasión me llamó para decirme que me faltaba una hache. “Si quieres parafrasear a Unamuno, me dijo, tienes que escribir ‘los hunos y los hotros’. Con hache”. Gracias, amigo. Y pienso sin decírselo: pues ya estamos en paz. Ya te he devuelto la hache que me faltaba la otra vez.

Para finalizar, voy a destriparles el final del libro…sí, no me miren así, el autor me invita a presentar su libro y yo les leo el final…bueno, en realidad el libro es un ensayo y por lo tanto no revelo quién es el asesino. Me gustaría leerles la última anotación del Diario, correspondiente al día 31 de diciembre:

“Es difícil hacer balance de lo que ha sido un año tan confuso y pródigo en sucesos que en modo alguno puede decirse que sean buenos que mejor es olvidar el intento y hacer que el libro termine como empezó: con un sueño. Pero esta vez el sueño es en estado de vigilia y consiste en que al menos en España caiga una lluvia de sentido común o de sensatez, que haga que el egoísmo rampante que tanto abunda en estos tiempos desaparezca, aunque sea transitoriamente, y no vuelva hasta que los problemas más graves estén resueltos. Me viene a la mente la idea de aquellos holandeses que acudían como si sólo fueran uno a reparar los diques rotos por una tormenta. Todos trabajando en equipo, al margen de ideologías, odios o manías”.

Querido amigo, en este país donde las plantas que más abundan son la envidia, el odio, el egoísmo y el sinsentido, abonadas por la ideología y los prejuicios, este es un sueño eterno del que no hemos despertado en siglos. Pero tú y yo, y muchos otros más, algunos aquí presentes, hemos sido Quijotes en busca de él, y hemos peleado, mucho, hasta que los molinos de vientos nos tiraron del caballo.

Sigamos, no obstante, soñando. Y persigamos asimismo nuestros sueños. A veces, sólo a veces, corremos más que ellos y los alcanzamos. Os lo aseguro.

Espero que disfruten el libro. Muchas gracias de nuevo.

CHRIS CORNELL: THE LAST REMAINING LIGHT

21 mayo, 2017 1 comentario

Son las nueve de la mañana, no importa el día, porque últimamente son todos iguales. De repente, leo que Chris Cornell ha muerto. NO me lo puedo creer. Recibo whatsapp de amigos comentando la noticia. Muerto. Suicidio. Ahorcado en su habitación del hotel.

Pensábamos que él lo había logrado. Kurt Cobain, Laney Staley, Andrew Wood, no lo consigueron. Parecía estar en forma y había superado su adición a las drogas de hace años.

Horas antes de la tragedia, Cornell y su banda, Soundgarden, daban un concierto en el Detroit’s Fox Theater. “Sinceramente, había algo extraño en él esa noche”, contaba en la CNN Joey Mugan, uno de los asistentes al show. “Dejé de pensar en ello, porque el directo estaba siendo genial”. Mugan, que se llevó a casa la hoja con el setlist de canciones, se dió cuenta de que había diferencias con lo que habían tocado. No estaba, por ejemplo, In my time of Dying, de Led Zeppelin. El tema con el que Soundgarden (“All I want for you to do is take my body home”) se despidió de su público en Detroit.

La primera vez que le vi fue en la película Singles, de Cameron Crowe (1992), en VHS. Soundgarden hacían una pequeña actuación tocando Birth Ritual, ésta era:

Tuve una sensación extraña. Me pareció que no me gustaba, sonaba disonante, pero al mismo tiempo no paraba de querer volverla a escuchar. Me pasé un buen rato rebobinando la cinta y volviendo a oír la canción. Tenía algo salvaje que me enganchaba, y me recordaba mucho (pero mucho) a Black Sabbath.

Cuando empecé a tocar grunge con el grupo Blind, Javi me pasó un disco de una banda llamada Temple of the Dog. Eran básicamente los músicos de Soundgarden y Pearl Jam haciendo un homenaje a Andrew Wood, que murió de sobredosis. Hay una canción que cantaban Cornell y un tipo llamado Eddie Vedder (Hunger Strike) que me hizo pensar por primera vez que Chris Cornell tenía muy buena voz y un registro amplio:

Fui descubriendo una voz potente, de barítono, pero llena de notas agudas (“intento pensar en el dolor como un grito”), pegada al pecho y a la garganta, y que le daba una intensidad y un tinte áspero (un poco borde) a su manera de cantar. Con un rango total de Do#2 a La5, Chris Cornell tenía un poco más de tres octavas y media de extensión vocal, junto con una versatilidad notable, pudiendo ir de los susurros a los gritos extremos.

A partir de ahí me bebí los discos de Soundgarden de dos en dos. Más adelante, éstos se disolvieron, y cuando se rumoreaba que Cornell iba a formar una banda con el guitarra, el batería y el bajo de Rage Against the Machine fue muy emocionante. La potencia descomunal de Rage con una voz de verdad, con un cantante que supiera cantar. Su voz maravillosa junto a Tom Morello, uno de los pocos guitarristas que ha hecho algo nuevo realmente respecto del instrumento. Audioslave fue una maravilla de proyecto, con sólo tres discos, pero verdaderas obras maestras cada uno de ellos. Hicimos varias versiones con los grupos que tocaba entonces, tanto Blind como Black Ice, pero I am the highway fue la primera canción que me atreví a hacer sólo en el escenario cantando y tocando la guitarra:

Audioslave también se disolvió, y más tarde Soundgarden volvieron a juntarse. Pero aparte de los grupos, Cornell hizo cinco discos en solitario, y fue especialmente destacable la gira The Songbook tour, de 2010. Shows íntimos donde hacía versiones, temas de sus anteriores grupos, y que permitía apreciar los matices de su voz y su sonido más guitarrístico, a veces casi rozando el folk. Dejo aquí un ejemplo de la versión de una versión (Rusty Cage, de Soundgarden, fue versionada por Johnny Cash, y aquí toca esa “segunda versión” Chris Cornell):

Estas canciones quedaron recogidas en el álbum Songbook, donde destaco una canción por encima de las otras, que es The Keeper.

Mi enfoque fue cambiando con los años, y fui evolucionando hacia ese esquema tipo “cantautor”, debido a la influencia que tuvieron en mi esos discos y actuaciones de Cornell.

Éste empezó tocando el piano con siete años. Tras el divorcio de sus padres siendo adolescente, tuvo una grave depresión, dejó el piano y se pasó a la batería y a la guitarra (de hecho, en los inicios de Soundgarden tocaba la batería). Fue el frontman del grunge por excelencia, un Robert Plant o un Iggy Pop de los 90. Su voz fue un rayo de luz emergiendo de las oscuridades del grunge, y esa luz ahora se ha apagado.

Su dolor se convirtió en algo tangible, una obra artística que quedará para siempre. En cada canción, en cada interpretación de alguna de ellas, Chris Cornell volverá a brillar en el firmamento de la música. Me guardo un montón de recuerdos personales que siempre estarán asociados a su voz, a sus canciones, algunos de ellos sobre un escenario.

Siempre estará en nuestros corazones. Como la última luz que queda. The last remaining light.

ELECCIONES FRANCESAS: COSAS QUE PASAN EN FRANCIA (Y NO EN ESPAÑA)

10 mayo, 2017 4 comentarios

Estas elecciones francesas a la presidencia de la República nos ha dejado varias cuestiones para considerar, y todas muy interesantes. Hay que aclarar que Francia y España tienen sistemas muy diferentes: uno es presidencialista y el otro parlamentario. Además, son muy distintos en muchas cosas: como señala con acierto Carlos Martínez Gorriarán en un magnífico análisis sobre el populismo, “Francia es un país donde todavía se venera al intelectual y el mundo de la lectura, de los libros y la opinión escrita; quizás sea uno de los últimos del mundo. Sus medios de comunicación públicos ofrecen buenos debates sin caer en los vicios del tertulianismo español, y la prensa es claramente pluralista. Su sistema educativo laico y republicano es modélico en algunos aspectos”.

La primera cuestión que quiero destacar es que el sistema a doble vuelta ha puesto de relieve las contradicciones entre populismos rivales, al pasar sólo uno de ellos a la siguiente fase. Mélenchon debería ser el extremo opuesto a Le Pen (extrema izquierda contra extrema derecha), pero en realidad los extremos se tocan, y mucho. Tanto es así, que un millón de votantes de Mélenchon en la primera vuelta han votado a Le Pen en la segunda. Es lógico si leemos los programas puros y duros: ambos tienen muchas semejanzas, tanto en el ámbito no económico (los dos promueven un control político de los medios de comunicación, volver a introducir el servicio militar obligatorio, la salida de la OTAN o el imperialismo cultural francófilo), como sobre todo en el económico: más gasto público (en un país que tiene el sector público más grande de la Eurozona, el 56% del PIB), más impuestos, proteccionismo, crédito barato, deuda pública, y planificación económica. En Francia ha pasado algo que en España no pasa, y es que la gente se lee los programas electorales y actúa en consecuencia. Juan Ramón Rallo explica los programas económicos (y las consecuencias “maravillosas” de su posible aplicación) de Mélenchon aquí y el de Le Pen aquí, para quien quiera ampliar información. La política migratoria es de las pocas diferencias entre ambos. Sí que es cierto que ha habido récord de voto en blanco (4,2 millones, un 8% de los emitidos) y nulo (mucho Mélenchon, más de 900.000, un 3,17%). Los franceses también son más imaginativos que los españoles votando nulo, según mi experiencia de ocho años como apoderado en diversas elecciones.

En segundo lugar, la corrupción sí penaliza en Francia, no como en España (donde el único partido que luchó contra la corrupción ha desaparecido del mapa político, y el único partido imputado por corrupción como tal es el más votado). Françoise Fillon apabulló a sus rivales en las primarias del centro derecha: a un Sarkozy agobiado por los jueces y a un Alain Juppé demasiado moderado para los votantes y simpatizantes de los Republicanos. Hace cinco meses, todos pensábamos que Valls sería el candidato del partido socialista, y Fillon el de la derecha, y que probablemente éste último ganaría la segunda vuelta, a la que llegaría contra Le Pen. Pues nada de todo esto ha sucedido. En febrero saltó el escándalo de la esposa de Fillon, finalmente imputado por los delitos de malversación de fondos públicos y apropiación indebida, en relación con los supuestos empleos ficticios de su mujer, como su asistente parlamentaria. Se creía que estaba en España cuando dijo: “solo el sufragio universal, y no un procedimiento lanzado ad hoc en mi contra, puede decidir quién es el presidente de la República”. Pero desgraciadamente para él estaba en Francia, y los electores le castigaron (aún así quedó el tercero, obteniendo casi un 20%).

El caso de Valls es completamente diferente, éste ha sido víctima de las primarias. Me acuerdo de esa frase de Rodríguez Ibarra que dice “o el PSOE acaba con ellas o las primarias acaban con el PSOE”. A mi me pasa como a Fernández Vara, que yo era firme partidario, pero cuantos más ejemplos veo, menos me convence su utilidad. En las primarias para elegir candidato en el partido socialista francés,  Benoît Hamon se impuso claramente a Manuel Valls y asumió la condición de candidato a la presidencia de la República. El partido socialista, que en diez años ha perdido al 60% de sus militantes, se ha dividido en dos de forma irreversible: Benoît Hamon, cuyas propuestas de campaña (subsidio universal implantado gradualmente, adaptación a una economía sin crecimiento, ruptura con los límites presupuestarios de Maastricht, renovación constitucional para crear una Sexta República) son compartidas con Mélenchon, se pegó el gran castañazo, acabando en quinto lugar (6-7% de los votos). No ha entendido que entre la copia y el original, la gente prefiere el original. O como dijo Redondo Terreros, si jugamos a Podemos, gana Podemos. Que Sánchez vaya tomando nota.

Y el ganador como consecuencia de los dos párrafos anteriores ha sido Macron. Después de haber dimitido en agosto de 2016 como ministro de economía del gobierno socialista de Hollande, en octubre presentó su candidatura a la presidencia de la República, creando un partido político nuevo, sin que nadie diera un duro por él en ese momento. Los errores de sus rivales socialistas y conservadores, más el rechazo a la ultraizquierda y la ultraderecha de la mayoría de los franceses, le han ido haciendo crecer en las encuestas, hasta situarse como favorito. Macron se ha definido como de izquierdas (“Yo soy de izquierdas, es mi historia”), aunque reconoce que los grandes problemas del país requieren un consenso transversal. Valls ha pasado de “el asunto no me interesa” cuando Macron presentó su candidatura a “quiero inscribirme en el movimiento La República en Marcha. Seré el candidato de la mayoría presidencial”, y decir que el partido socialista está muerto.

Por otro lado, no puedo evitar dedicar unas líneas a la comparación entre Albert Rivera y Macron, que he escuchado últimamente. Una rata y un caballo se parecen, ambos son mamíferos y tienen cuatro patas, pero en fin…Macron ha sido ministro del partido socialista, ha tenido el valor de dejar el partido y fundar otro, presentándose en muy pocos meses a las elecciones presidenciales y ganando. Desde luego nada parecido a Rivera, que primero fue socialdemócrata, luego se presentó a las elecciones europeas de la mano de un partido de extrema derecha (Libertas); luego se declaró liberal-conservador y se identificó con Mark Rutte; más tarde se definieron como liberal-progresistas; y ahora son Macron. Aparte de que Macron hasta ahora no ha hecho sinvergonzonerías como estas, ni ha situado topos en un partido de la competencia para fagocitarlo con malas artes al estilo Podemos con IU, ni ha fomentado el transfuguismo, absorbiendo trescientos concejales de partidos locales y regionales sin dejar previamente el acta, incumpliendo el pacto anti transfuguismo que no han firmado. Yo por lo menos pienso que en política no vale todo. Y del cupo vasco ni hablamos. No sabe y no contesta. 

Para finalizar, comentar que Macron tiene un arduo trabajo por delante. Le Pen ha ganado en las zonas de Francia con salarios más bajos, desindustrialización y mayor índice de pobreza. El paro, que ronda el 10% (nada que ver con España), un raquítico crecimiento económico (del 0,3%), el antieuropeísmo creciente (entre Le Pen y Mélenchon sumaron un 40% de voto en la primera vuelta), son algunos de los principales y difíciles problemas que tendrá que afrontar a partir de ahora; y la eliminación de 120.000 empleos públicos y la prometida reducción del déficit público son medidas que veremos si es capaz de llevar a cabo.

Y recordemos que en junio tendremos una “tercera vuelta” que son las elecciones legislativas. Le Pen no está muerta ni mucho menos: la antiguas cuencas mineras del norte de Francia y en los valles de la siderurgia del Este han votado Frente Nacional. Los viejos bastiones del partido comunista, primero, y de los socialistas, más tarde, votan a Marine Le Pen hoy. En 2002 el Frente Nacional se llevó cerca del 20% y, 15 años después, se acerca al 40%. Queda mucho partido por jugar.

LLUIS LLACH, FUNCIONARIOS Y DERECHOS CIVILES

28 abril, 2017 5 comentarios

Siempre me ha llamado la atención lo burdo de las patéticas comparaciones de los independentistas catalanes con Ghandi o Luther King, como si el resto del mundo fuéramos gilipollas y no nos enteráramos de nada.

Al hilo de las últimas manifestaciones de Lluis Llach afirmando que aquellos funcionarios que no cumplan con las llamadas “leyes de desconexión” (mejor llamarlas leyes de secesión) serán castigados y sufrirán, me he acordado de un estupendo documental de la ESPN que estuve viendo el otro día llamado Ghosts of Ole Miss, que trata sobre la escolarización del primer hombre negro en una universidad de blancos. Pero también trata de lo que pasa en un Estado democrático cuando alguien intenta incumplir sistemáticamente la Ley y las sentencias de los más altos tribunales.

Mis palabras no van dirigidas tanto a los independentistas para que reflexionen, sino más bien al Gobierno de la nación (por su inacción), que provoca que haya ciudadanos que toleren la discriminación, y se dejen llevar por la corriente nacionalista para evitarse problemas, tal y como explica muy bien en 27 minutos este documental de Sociedad Civil Catalana, titulado ‘Disidentes’.

Puestos a comparar, pues voy a hacerlo. Pero de verdad.

Caso nº 1: año 1962, EEUU. En 1954 la Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó en el caso Brown contra el Consejo de Educación de Topeka que la segregación en las escuelas públicas era inconstitucional. James Meredith, de raza negra, tras nueve años de servicio en el ejército, trata de matricularse en la Universidad de Mississippi (Ole Miss), una universidad de blancos, haciendo cumplir la sentencia anteriormente mencionada.

Su entrada fue previamente prohibida por el Gobernador segregacionista Ross Barnett, aunque previamente se había comprometido a hacer respetar la sentencia. Unos 3.000 estudiantes blancos locales y agitadores llegados de todo el estado desencadenaron disturbios en el campus de Oxford. Llegó a morir un periodista y hubo 75 personas heridas. El Fiscal General del Estado, Robert Kennedy, ordenó el envío de 500 US Marshalls para restablecer el orden.

La Mississippi Highway Patrol (Policía Estatal de Carreteras de Misisipi) fue retirada antes de la toma del control por parte de los Marshalls de los Estados Unidos, lo que dio lugar a enfrentamientos después respecto de quién tuvo la culpa. Fueron reforzados por orden del presidente John F. Kennedy con policía militar del 503 Batallón de la Policía Militar, y finalmente con miles de soldados, incluyendo a la Patrulla de Fronteras y la federalizada Guardia Nacional de Misisipi.

El presidente y el fiscal general Robert Kennedy trataron de evitar el uso de fuerzas federales para tratar de evitar que pareciera una mini guerra civil. Pero finalmente no tuvo otro remedio que utilizarlas.

Fin de la historia: el 1 de octubre de 1962, Meredith se convirtió en el primer estudiante afroamericano en ser inscrito en la Universidad de Mississippi, y asistió a su primera clase, en la Historia Americana. Meredith se graduó de la universidad el 18 de agosto de 1963 con una licenciatura en ciencias políticas. En ese momento, todavía había cientos de soldados que lo vigilaban las 24 horas del día. En 2008, Kimberley Dandridge fue la primera mujer de color presidenta del Comité de Estudiantes en Ole Miss.

Caso nº 2: año 2015, España. Ana Moreno, residente en Balaguer (Lleida), acude a los tribunales para reclamar al menos un 25% de clases para sus hijos en castellano. Aparte de un derecho reconocido en la Constitución, hay varias sentencias del Tribunal Constitucional, Tribunal Supremo y varios Autos del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que le dan la razón. Pero la Generalitat sigue vulnerando la ley “federal”.

El director del colegio dio una rueda de prensa en la que informaba que había recibido una sentencia en el que se le imponía hacer horas de castellano en la escuela, más de las proyectadas por el centro. Con esta llamada del director del centro, se inició una campaña de acoso y derribo contra Moreno a través de redes sociales, con mensajes directos a su móvil, y con la cobertura de los medios de comunicación sobre los movimientos del colegio y del Ampa (que incluso fabricó camisetas en su contra). Se dio cuenta del rechazo que generó su reclamación cuando vio a medio millar de personas concentradas delante del colegio de sus hijos para reclamar que no se acatase la sentencia. Entre los concentrados había representantes de los principales partidos de Cataluña (CIU, ERC, PSC, CUP) y personal del centro.

A partir de este momento, un periodista publicó en internet el nombre del negocio que tenía esta señora (una cafetería que hacía celebraciones de cumpleaños para niños), para que se la boicoteara, lo que provocó cancelaciones, acoso, intimidaciones, y al final tuvo que cerrar.

Sus hijos, por su parte, llegaron a sufrir mobbing psicológico, ya que se pidió al resto de niños marginarles en el recreo, no hacerles caso, e incluso se llegó a temer por su integridad física. “Es muy duro oír como un niño de cinco años dice que ya no puede ser amigo de tu hija por ser quien es”, dice.

Lo explica mejor que yo en este video, en el acto de denuncia que hizo en el Parlamento Europeo:

Fin de la historia: el acoso institucional y político que han sufrido la ha obligado a vender su negocio y a trasladar a sus hijos a un colegio situado a 30 kilómetros de la ciudad en la que residen. “Yo me he quedado sin negocio y mis hijos tienen que hacer una hora de trayecto por la mañana o por la tarde para ir al colegio”, asegura esta madre, que ya no pueden hacer actividades extraescolares por llegar muy tarde del colegio.

Termino con las palabras que John Fitzgerald Kennedy pronunció con ocasión del caso nº 1 y que podemos escuchar en el video anterior (a partir del segundo 55):

“Los estadounidenses son libres, en resumen, de estar en desacuerdo con la ley, pero no de desobedecerla. Pues en un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por muy prominente o poderoso que sea, y ninguna turba por más rebelde o turbulenta que sea, tiene derecho a desafiar a un tribunal de justicia. Si este país llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres por la fuerza o la amenaza de la fuerza pudiera desafiar largamente los mandamientos de nuestra corte y nuestra Constitución, entonces ninguna ley estaría libre de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato, y ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos”. 

RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (II)

18 abril, 2017 1 comentario

Siguiendo con la entrada anterior, llegamos al punto de definir qué es la corrupción o la falta de ética. Mi querido amigo Jaime Berenguer afirma que es un problema de élites y que no somos genéticamente corruptos: “¿Cómo se explica que el 95% afirme que la corrupción está extendida en España, un 63% considere que le afecta a su vida cotidiana pero que sólo el 8% la haya experimentado en el último año y que un mínimo 2% asegure haber pagado por un servicio público en este mismo periodo?”.

Discrepo con Jaime, en el sentido de que creo: primero, que a los electores la corrupción les da igual (UPyD, el único partido que ha luchado contra ella, está fuera del parlamento; el PP, el primer partido político imputado en España por corrupción, ha sido el más votado; el caso de Brunete es palmario); y segundo, que el límite es una línea muy fina. El problema es dónde trazar la línea. ¿Es corrupción viajar gratis a ver la final de la Champions, colocar a familiares y amigos, tratar de evadir impuestos de forma burda y fraudulenta, no bajarse del coche oficial, pagar gastos del partido con dinero para asistentes locales del Parlamento Europeo o de la cuenta de gastos del grupo municipal? ¿Es corrupción que los diputados cuneros sigan cobrando dietas teniendo piso en Madrid, o que un vocal vecino del Ayuntamiento de Madrid se lleve 1.000 euros al mes por acudir a un pleno, compatibles con su actividad profesional? ¿Es corrupción haber recibido 272.000 euros de un Gobierno extranjero a través de un paraíso fiscal un líder de un partido político español?

Creo que entre los electores españoles existe la conciencia de que todos roban, y puestos a eso, pues mejor que roben los míos. El contra argumento con que te suelen contestar los hunos es que los hotros roban más y mejor, o que llevan muchos más años haciéndolo.

Mi padre tenía un amigo que luchó en la División Azul y me contó dos anécdotas de Agustín Muñoz Grandes, que son significativas respecto de lo que estoy tratando de explicar. En cierta ocasión, volvió de viaje de madrugada, y al pasar por cierta sala de fiestas, vio muchos coches oficiales aparcados en la puerta. Se bajó y les dijo a los chóferes: ¿saben ustedes quién soy? Pues cojan los coches y cada uno a su casa o al parque móvil, pero ya. Y al que les pregunte mañana le dicen que sin más les mandó a dormir el general Muñoz Grandes. En otro momento, mandó al parque móvil al chófer de la mujer de un alto mando que estaba haciendo la compra con el coche oficial.

En primer lugar, en mi experiencia el problema es que todos los ejemplos anteriores, que en mayor o menor grado van desde la falta de ética a la corrupción más descarada, tienen plena legitimación social. Los vocales vecinos de UPyD en la legislatura de 2011 tuvieron que soportar cómo los vocales de los demás partidos les llamaban gilipollas por renunciar a la cantidad que excedía de 400 euros mensuales y donarlo para el Ayuntamiento de Madrid a fines sociales.

En segundo lugar, unido este factor está la falta de sentido de propiedad de los ciudadanos del dinero publico, y como dijo la ministra “Pixi” “estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”. Desgraciadamente, casi nadie es consciente cuando dice que no ha hecho la declaración de la renta que la ha venido haciendo en doce (o catorce) cómodos plazos; por lo mismo, no se da cuenta de que con ese mismo dinero que “no ha pagado” se hacen los presupuestos generales del Estado. Y casi nadie se preocupa de buscar en qué se ha gastado su dinero.

Por último, la corrupción o la falta de ética se utilizan únicamente como arma política contra el adversario: se silencia lo propio y se amplifica lo ajeno, con la colaboración de la prensa amiga. Y como el pueblo soberano ya es receptivo a este esquema de cosas (inconscientemente ya omite lo propio y sólo tiene ojos para lo ajeno), la corrupción se siembra en terreno ya abonado.

En mi experiencia, como regla general, si nadie mira, la gente se mete el dinero en el bolsillo. Hay excepciones, por supuesto, pero conozco muchos casos de primera mano que afirman lo contrario, y a todos los niveles (desde la política municipal a las comunidades de vecinos). Por eso en España no hay máquinas para que abras, cojas el periódico y dejes el dinero voluntariamente. Y si a eso le unimos la falta de cultura democrática respecto del dinero público, más el sectarismo, que nos invade desde nuestra más tierna infancia democrática, pues el cóctel es tremendo.

La solución: deslegitimar socialmente la falta de ética, y establecer mecanismos eficaces de lucha contra la corrupción (autobuses no, por favor), que estén fuera del control de los partidos políticos. Una tarea hercúlea para…¿los próximos 500 años?

Posdata: UPyD llevó a Rato al banquillo, Podemos a un autobús, el electorado ha preferido que Rato esté en un autobús a que esté en el banquillo. El pueblo es soberano.

RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (I)

8 abril, 2017 2 comentarios

Al hilo de los sucesos de Murcia, que han obligado al presidente de la región Pedro Antonio Sánchez a dimitir por estar investigado (pero no a dejar el acta de diputado), quiero hacer una reflexión sobre un tema que me parece que tiene muchas aristas y que no es sencillo, si se analiza con rigor.

Primero, un poco de Derecho Penal: hay dos fases en el procedimiento, la primera es la de instrucción (en la que un juez A investiga los hechos objeto del procedimiento), y una segunda (el juicio oral) en la que un juez B, si el juez A ha estimado que existen indicios racionales de criminalidad, decide sobre el delito en cuestión. Por lo tanto, en toda la primera fase no se presupone nada sobre la presunta culpabilidad del investigado (antes imputado, tras la reforma operada por la Ley Orgánica 13/2015, de 5 de octubre, de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal). En definitiva, el investigado es aquella persona a la que se le imputa la comisión de un delito, pero no se trata de juzgar a nadie, sino de investigar su relación con el presunto delito. Si al final de la instrucción el juez A considera que hay indicios racionales de criminalidad contra esa persona, dictará auto de procesamiento y pasaremos a la fase 2 (la del juicio oral), en la que ya no será investigado sino procesado o acusado (en el procedimiento abreviado no existe auto de procesamiento, pero este esquema nos sirve para hacernos una idea cabal).

La responsabilidad política no puede ser la misma que la responsabilidad penal. La primera nace por la confianza depositada en una persona para que desempeñe funciones públicas, ya sea por representación (los diputados frente a sus electores) o por designación (el ministro frente al presidente del Gobierno que le ha nombrado). La segunda se deriva de la legislación penal, que sólo trata de aquellas infracciones especialmente graves y que pueden causar más alarma social.

Me explico: cuando se exigen responsabilidades políticas es, excluyendo el código penal, por un hacer (o un no hacer, o por culpa in vigilando) que implica un error muy grave en la gestión (excluimos por supuesto los delitos contra la Administración Pública de los artículos 404 y ss.), o por mentir. Sin embargo, en otros supuestos estamos ya rozando el reproche jurídico penal, como puede ser la corrupción, el fraude fiscal, o haber realizado cualquier otra conducta recogida como tal en el Código Penal (conducir borracho, maltratar a su mujer, etc.). Hay ejemplos de políticos españoles implicados en todas estas acciones hace no demasiado tiempo.

El ámbito de la responsabilidad política en principio se debe limitar al terreno de la ética o la moral, no al jurídico, pero hay una zona en la que pueden llegar a colisionar. En concreto, vamos a tener tres supuestos: uno, comportamientos excluidos del Código Penal, pero muy reprochables ética o moralmente; dos, hechos que pueden encajar en ilícitos penales; y tres, ilícitos penales que pueden no ser políticamente relevantes.

Vamos con el primer supuesto. Hay una zona que queda fuera de la Ley penal, como es la mentira, los errores de gestión muy graves, y otros comportamientos poco éticos, como, por ejemplo: haber cobrado indebidamente una beca (mientras facturaba como autónomo al partido sin haber solicitado a la Universidad permiso para poder hacerlo); haber creado una sociedad ad hoc a posteriori de la realización de unos “trabajos” por valor de 425.000 euros (que a fecha de hoy seguimos sin saber en qué consistieron) para defraudar a Hacienda; otorgar contratos del Ayuntamiento a tu hermano siendo concejal; y siéndolo tu padre, que los otros 3 miembros de la familia sean adjudicatarios de pisos de protección pública; que un estudiante sin trabajo conocido pague 60.000 euros a tocateja para un piso de VPP, cuando su padre ha sido condenado por las tarjetas black. No hace falta decir nombres.

Casos como éstos, en mi opinión muy poco ejemplares de lo que debe ser un cargo público u orgánico, pueden quedar fuera del Código Penal, pero políticamente es claro que vulneran la confianza depositada en ellos por los votantes o los militantes. La excusa que nos darán estas personas, tanto si no han sido denunciados como si la denuncia no ha prosperado, es que son “inocentes” o que “nadie ha podido demostrar” nada judicialmente. Pero como decíamos al principio, una cosa es la responsabilidad política y otra muy distinta la penal. La primera implica rendición de cuentas del representante o nombrado ante el representado o el que le ha nombrado. Y aquí hay un doble mecanismo de control: por un lado, el colectivo ante el que tienen que rendir cuentas (mecanismo externo), por ejemplo, los electores (no volviendo a votar a esos representantes) o el parlamento (retirando la confianza al presidente del Gobierno mediante una moción de censura, o votando la reprobación de un ministro). Y por otro, un mecanismo interno por parte del propio partido político, que a través de sus estatutos y órganos internos de control obligue al afectado a rendir cuentas o a dejar su cargo.

Veamos el segundo y el tercer supuesto: aquí es donde sí que podemos establecer una norma jurídica que regule el caso en que la responsabilidad política llegue al ámbito penal. Y tenemos que conjugar esa responsabilidad política con la presunción de inocencia, que es un derecho de todos los ciudadanos. Sin embargo, el político no es un ciudadano cualquiera: los artículos 71 y 102 de la Constitución Española establecen un régimen de aforamiento especial para los Diputados y Senadores, por un lado; y para el Gobierno, por el otro. Se pretende de esta manera proteger a los miembros del Gobierno frente a actuaciones que menoscaben las funciones que constitucionalmente se le encomiendan, a través de la utilización abusiva de querellas, confundiendo en muchas ocasiones dos planos distintos, aunque ciertamente no siempre fáciles de deslindar, como son los de la responsabilidad política y la penal. Pero del aforamiento hablaremos otro día, hoy sólo quiero poner de manifiesto que no hablamos de ciudadanos normales, y que su régimen jurídico respecto del artículo 24 CE es distinto.

El punto de equilibrio creo que estaría en apartar al político en el momento del auto de procesamiento y apertura de juicio oral. Hacerlo en el momento de la investigación (antes imputación) da como resultado que haya casos como el del presidente de Murcia, imputado 17 veces sin llegar a juicio oral. El hecho de que el juez instructor estime que hay indicios racionales de criminalidad es lo suficientemente significativo para que políticamente tenga que dimitir. Al respecto señalar que ahora mismo está en trámite una Proposición de Ley Integral de Lucha contra la Corrupción y Protección de los Denunciantes (texto completo aquí y expediente de la iniciativa aquí) promovida por Ciudadanos, en la que en su disposición final primera se insta a modificar la LOREG para “impedir que quienes han sido encausados judicialmente o condenados por su implicación en procesos relacionados con la corrupción, así como por otros delitos castigados con penas graves, puedan formar parte de las listas electorales, y por tanto, concurrir a unas elecciones con el fin de ostentar un mandato representativo”. Además, se establece que sea de aplicación a los cargos electos en ejercicio, de modo que, si uno de ellos fuera encausado judicialmente, pierda su condición por incompatibilidad sobrevenida. Es curioso como este partido ha sido incongruente con lo establecido en la PL, actuando de forma contradictoria con la PL en el caso del presidente de Murcia (del PP) o del alcalde de Granada (del PSOE).

Poner el límite en ser investigado (imputado antes de la reforma) en mi opinión es excesivo. Me viene a la cabeza la querella interpuesta por Rodrigo Tena contra Andrés Herzog en 2015 por espiar a los tránsfugas de UPyD, que se hizo con la intención espuria de que el segundo no pudiera presentarse como candidato a las elecciones al estar imputado. La querella, como no podía ser de otra manera, se terminó archivando (aunque esto ya no salió en la prensa).

En esa PL, además, se delimita la causa de incompatibilidad a (aparte de una lista en la que se incluyen delitos contra el patrimonio, la libertad o el orden público, sedición o terrorismo) “cualesquiera otros delitos dolosos castigados con penas graves o que conlleven inhabilitación o suspensión de cargo público”. Y con esto llegamos al tercer supuesto: ¿cabe un presunto delito que no sea políticamente relevante?

Me resulta difícil a priori pensar en algún caso. Puesto que partimos de la premisa de que a los representantes políticos se les debe presumir un plus de comportamiento ético y ejemplar, y dado que la ley penal protege a la sociedad de las infracciones más graves y reprobables, es complicado buscar un ejemplo de infracción penal que no suponga una infracción a la confianza otorgada por los representados a sus representantes. Habría que estar al caso concreto, pero quizá la comisión de uno de los delitos leves (ya no faltas tras la reforma de la Ley 1/2015) podría ser uno de esos supuestos o no (por ejemplo, perturbación leve del orden en un juzgado).

Para concluir, podemos concluir que la responsabilidad política es algo intrínsecamente distinto de la penal, pero que en algunas ocasiones pueden superponerse. Para esos casos, hasta hace poco estaba convencido que la imputación (actual investigación) era el límite, pero ahora pienso que el punto más justo es la apertura de juicio oral, ya que lo primero puede multiplicar exponencialmente las situaciones injustas y fomentar el “querelleo” gratuito como arma de la lucha política.

Por otra parte, hay un ámbito no penal de la responsabilidad política que coincide con el comportamiento ético y moral exigible a nuestros representantes, que han de ser especialmente escrupuloso, más que el del ciudadano medio. Hay (o debe haber) un doble control, interno (por parte del propio individuo, de su partido a través de sus órganos internos de control y de sus estatutos) y externo (por parte de sus votantes o de aquellos que les han nombrado).

Dejo para una segunda parte determinar de qué hablamos concretamente cuando tratamos el caso del párrafo anterior, aunque no esté perseguido en el Código Penal. Sólo avanzo que la línea puede llegar a ser muy fina, y la legitimidad social tiene algo que ver.

MI MELOCOTONAZO: UNDER THE BRIDGE

1 abril, 2017 2 comentarios

En La choza del rock, programa de 10 Radio en el que colaboro, tienen una costumbre que me encanta: lo que ellos llaman el melocotonazo. Viene a ser algo así como si tuvieras que elegir solamente una canción cuál sería.

En mi caso esa canción sería Under the bridge, de Red Hot Chili Peppers. Es la canción que no me canso de escuchar, de tocar, tanto que he hecho un arreglo para piano de ella. Y voy a intentar explicar el motivo. Aclaro que no quiero decir que sea la mejor canción de todos los tiempos ni nada parecido. Simplemente es mi canción favorita, por las emociones y sentimientos que me provoca. Y tiene una historia curiosa que voy a contar aquí.

La canción aparece en el quinto álbum de Red Hot Chili Peppers titulado Blood Sugar Sex Magic, que salió a la venta el año 1991 y fue un superventas de un grupo que hasta entonces no era muy conocido. Sigue siendo el sencillo con más éxito de la banda, llegando al número 2 de Billboard en 1992. La escribió el cantante de la banda Anthony Kiedis, muy afectado por la muerte por sobredosis de heroína del anterior guitarrista del grupo y amigo Hillel Slovak.

La historia de Slovak está ampliada en este artículo de Emilio de Gorgot en JotDown. Era un guitarrista muy brillante, que fusionó como nadie el rock y el funk, y que hubiera sido una estrella en el firmamento del rock alternativo en los 90. Simplemente murió demasiado pronto, como le pasó a Andrew Wood, el cantante de Mother Love Bone, y no vivió lo suficiente para disfrutarlo.

Ahora los Peppers parecen un grupo de éxito, pero en aquella época eran una banda totalmente underground: en su disco Mother’s milk tienen una canción titulada Punk rock classic (“put us on MTV, all we really need, begging on our knees, please, please, please, please, please”), en la que de forma irónica piden de rodillas que pongan sus canciones en la MTV. Y que al final, con una gracia que han perdido hace mucho tiempo, tocan el principio de Sweet Child O’Mine…

El título del tema viene del verso “Under the bridge downtown/Is where I drew some blood”, refiriéndose a las experiencias de Kiedis con las drogas bajo un puente, aunque este no quiera revelar el lugar en el que se encuentra. Sí que sabemos que es el mismo puente que se puede apreciar en el video de By the Way. Sin embargo, hay quien afirma haber encontrado el puente del que habla la canción. “The city of angels” de la que se habla en la letra se refiere a la ciudad de Los Ángeles, en la que el cantante vivió desde los 12 años.

Kiedis ya había tenido muchos problemas con el alcohol y las drogas, junto a su amigo Slovak, y ambos intentaban romper totalmente con sus adicciones, pero al final volvían a recaer y se iban “Under the bridge” (“Debajo del puente”) para buscar a sus camellos y colocarse.

Hasta que un día Slovak fue encontrado muerto en su apartamento el 25 de junio de 1988; la noticia dejó aturdido y sumido en una gran depresión a Kiedis, que huyó de todo y de todos durante los casi dos meses en los que vagó por México reflexionando sobre la vida que llevaban él y su amigo fallecido, atormentado con el sentido de culpabilidad por no haber sacado a su amigo de las drogas, y con el terror de pensar que podía haber sido él quién hubiese muerto, ya que llevaba un estilo de vida parecido al de Slovak.

Años más tarde. después de una sesión con el grupo, Kiedis cogió el coche y se puso a dar vueltas por su ciudad, la nostalgia se adueñó de él y logró componer una canción en forma de triste balada que supuso el mayor éxito del grupo. En ella habla de lo sólo que se siente sin su amigo, y de que lo único que le queda son los lugares de la ciudad en los que fue tan feliz con él. Se acuerda del maldito día en que ocurrió todo y como debajo del puente no tuvo suficiente con la dosis ni se acordó de su amigo. Debajo de aquel puente echó a perder su vida.

En su libro Scar Tissue, el cantante cuenta además que empezó a escribir la letra cuando se entristeció al pensar que John Frusciante y Flea estaban fortaleciendo su amistad, y él se estaba alejando de ellos, debido a su adicción a las drogas.

Kiedis no compuso esta canción para los Red Hot, era un poema personal que escribió para sí mismo. El productor del álbum, Rick Rubin, encontró Under the Bridge mientras hojeaba un cuaderno de Kiedis, e instantáneamente se interesó por la conmovedora letra; le sugirió a Kiedis mostrárselo al resto de la banda: “Pensé que era hermoso. Dijo: Tenemos que hacer esto”. A Kiedis le daba vergüenza enseñarla a los otros miembros; sentía que el tema era demasiado emocional y diferente al estilo de los Chili Peppers. Luego de cantársela al guitarrista John Frusciante y al bajista Flea, Kiedis recuerda que ellos “cogieron sus instrumentos y comenzaron a buscar el ritmo y los acordes de guitarra que encajasen”. Finalmente, Frusciante eligió los acordes de la introducción para compensar la tristeza de la letra: “Mi cerebro la interpretó como una canción realmente triste por lo que pensé que si la letra es así de triste, debería escribir algunos acordes que sonasen más felices”.

Frusciante y Kiedis trabajaron en la canción durante los días siguientes, hasta que sintieron que estaba completa. Under the Bridge estuvo entre las pocas canciones que la banda escribió y completó antes de trasladarse a la mansión en la que grabaron el álbum. Posteriormente, cuando la canción fue grabada, Rubin pensó que para el grandioso y épico final sería bueno añadir un coro de voces. Gail, la madre de Frusciante, participó en él junto con sus amigas.

Para mí, personalmente, esta canción me trae recuerdos de la época al final de la universidad en la que quedaba con mi amigo Rafa para jugar al baloncesto, hablar de música y de asuntos personales; y en esas ocasiones, donde yo le descubría el jazz, él me enseñaba grupos como Living Colour, Sting, Rush, Faith No More, U2, y unos desconocidos por entonces Red Hot Chili Peppers. Nostalgia de unos tiempos inocentes, de un balón botando y dos veinteañeros en pantalón corto en invierno y hablando de música que tenían toda la vida por delante, que tiraban a canasta y charlaban de la vida.

El videoclip de la canción, dirigido por Gus Van Sant, ganó un MTV Video Music Award y fue grabado en el downtown de la ciudad de Los Ángeles. En él podemos ver a Kiedis paseando por la ciudad (esta vez a pie) mientras canta. Es una pequeña obra maestra y capta de forma sensacional el ambiente y el pulso de la ciudad.

Os dejo asimismo la letra de la canción traducida. Espero que os guste.

Sometimes I feel

like I don´t have a partner

sometimes I feel

like my only friend

is the city I live in

the city of angels

lonely as I am

together we cry

I drive on her streets

´cause she´s my companion

I walk through her hills

´cause she knows who I am

she sees my good deeds

and she kisses me windy

I never worry

now that is a lie

I don´t ever want to feel

like I did that day

take me to the place I love

take me all the way

It´s hard to believe

that there´s nobody out there

it´s hard to believe

that I´m all alone

at least I have her love

the city she loves me

lonely as I am

together we cry

I don´t ever want to feel

like I did that day

take me to the place I love

take me all the way

Under the bridge downtown

is where I drew some blood

under the bridge downtown

I could not get enough

under the bridge downtown

forgot about my love

under the bridge downtown

I gave my life away

A veces me siento

como si no tuviese un compañero

a veces me siento

como mi único amigo

Es la ciudad en la que vivo

la ciudad de los ángeles

solitario como estoy

juntos lloramos

Conduzco por sus calles

porque ella es mi compañera

camino por sus colinas

porque ella sabe quién soy

ella ve mis buenas acciones

y me besa como el viento

nunca me preocupo

pero eso es mentira

No quiero volverme a sentir

como me sentí ese día

llévame al lugar que amo

llévame hasta el final

Es difícil creer

que no hay nadie allá afuera

es difícil creer

que estoy completamente solo

al menos tengo su amor

la ciudad, ella me ama

solitario como yo lo estoy

juntos lloramos

Nunca quiero volverme a sentir

como me sentí ese día

llévame al lugar que amo

llévame hasta el final

Bajo el puente en el centro de la ciudad

es donde dibujé algo de sangre

bajo el puente en el centro de la ciudad

no pude tener suficiente

bajo el puente en el centro de la ciudad

me olvidé de mi amor

bajo el puente en el centro de la ciudad

malgasté mi vida