RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (II)

18 abril, 2017 1 comentario

Siguiendo con la entrada anterior, llegamos al punto de definir qué es la corrupción o la falta de ética. Mi querido amigo Jaime Berenguer afirma que es un problema de élites y que no somos genéticamente corruptos: “¿Cómo se explica que el 95% afirme que la corrupción está extendida en España, un 63% considere que le afecta a su vida cotidiana pero que sólo el 8% la haya experimentado en el último año y que un mínimo 2% asegure haber pagado por un servicio público en este mismo periodo?”.

Discrepo con Jaime, en el sentido de que creo: primero, que a los electores la corrupción les da igual (UPyD, el único partido que ha luchado contra ella, está fuera del parlamento; el PP, el primer partido político imputado en España por corrupción, ha sido el más votado; el caso de Brunete es palmario); y segundo, que el límite es una línea muy fina. El problema es dónde trazar la línea. ¿Es corrupción viajar gratis a ver la final de la Champions, colocar a familiares y amigos, tratar de evadir impuestos de forma burda y fraudulenta, no bajarse del coche oficial, pagar gastos del partido con dinero para asistentes locales del Parlamento Europeo o de la cuenta de gastos del grupo municipal? ¿Es corrupción que los diputados cuneros sigan cobrando dietas teniendo piso en Madrid, o que un vocal vecino del Ayuntamiento de Madrid se lleve 1.000 euros al mes por acudir a un pleno, compatibles con su actividad profesional? ¿Es corrupción haber recibido 272.000 euros de un Gobierno extranjero a través de un paraíso fiscal un líder de un partido político español?

Creo que entre los electores españoles existe la conciencia de que todos roban, y puestos a eso, pues mejor que roben los míos. El contra argumento con que te suelen contestar los hunos es que los hotros roban más y mejor, o que llevan muchos más años haciéndolo.

Mi padre tenía un amigo que luchó en la División Azul y me contó dos anécdotas de Agustín Muñoz Grandes, que son significativas respecto de lo que estoy tratando de explicar. En cierta ocasión, volvió de viaje de madrugada, y al pasar por cierta sala de fiestas, vio muchos coches oficiales aparcados en la puerta. Se bajó y les dijo a los chóferes: ¿saben ustedes quién soy? Pues cojan los coches y cada uno a su casa o al parque móvil, pero ya. Y al que les pregunte mañana le dicen que sin más les mandó a dormir el general Muñoz Grandes. En otro momento, mandó al parque móvil al chófer de la mujer de un alto mando que estaba haciendo la compra con el coche oficial.

En primer lugar, en mi experiencia el problema es que todos los ejemplos anteriores, que en mayor o menor grado van desde la falta de ética a la corrupción más descarada, tienen plena legitimación social. Los vocales vecinos de UPyD en la legislatura de 2011 tuvieron que soportar cómo los vocales de los demás partidos les llamaban gilipollas por renunciar a la cantidad que excedía de 400 euros mensuales y donarlo para el Ayuntamiento de Madrid a fines sociales.

En segundo lugar, unido este factor está la falta de sentido de propiedad de los ciudadanos del dinero publico, y como dijo la ministra “Pixi” “estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”. Desgraciadamente, casi nadie es consciente cuando dice que no ha hecho la declaración de la renta que la ha venido haciendo en doce (o catorce) cómodos plazos; por lo mismo, no se da cuenta de que con ese mismo dinero que “no ha pagado” se hacen los presupuestos generales del Estado. Y casi nadie se preocupa de buscar en qué se ha gastado su dinero.

Por último, la corrupción o la falta de ética se utilizan únicamente como arma política contra el adversario: se silencia lo propio y se amplifica lo ajeno, con la colaboración de la prensa amiga. Y como el pueblo soberano ya es receptivo a este esquema de cosas (inconscientemente ya omite lo propio y sólo tiene ojos para lo ajeno), la corrupción se siembra en terreno ya abonado.

En mi experiencia, como regla general, si nadie mira, la gente se mete el dinero en el bolsillo. Hay excepciones, por supuesto, pero conozco muchos casos de primera mano que afirman lo contrario, y a todos los niveles (desde la política municipal a las comunidades de vecinos). Por eso en España no hay máquinas para que abras, cojas el periódico y dejes el dinero voluntariamente. Y si a eso le unimos la falta de cultura democrática respecto del dinero público, más el sectarismo, que nos invade desde nuestra más tierna infancia democrática, pues el cóctel es tremendo.

La solución: deslegitimar socialmente la falta de ética, y establecer mecanismos eficaces de lucha contra la corrupción (autobuses no, por favor), que estén fuera del control de los partidos políticos. Una tarea hercúlea para…¿los próximos 500 años?

Posdata: UPyD llevó a Rato al banquillo, Podemos a un autobús, el electorado ha preferido que Rato esté en un autobús a que esté en el banquillo. El pueblo es soberano.

RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (I)

8 abril, 2017 2 comentarios

Al hilo de los sucesos de Murcia, que han obligado al presidente de la región Pedro Antonio Sánchez a dimitir por estar investigado (pero no a dejar el acta de diputado), quiero hacer una reflexión sobre un tema que me parece que tiene muchas aristas y que no es sencillo, si se analiza con rigor.

Primero, un poco de Derecho Penal: hay dos fases en el procedimiento, la primera es la de instrucción (en la que un juez A investiga los hechos objeto del procedimiento), y una segunda (el juicio oral) en la que un juez B, si el juez A ha estimado que existen indicios racionales de criminalidad, decide sobre el delito en cuestión. Por lo tanto, en toda la primera fase no se presupone nada sobre la presunta culpabilidad del investigado (antes imputado, tras la reforma operada por la Ley Orgánica 13/2015, de 5 de octubre, de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal). En definitiva, el investigado es aquella persona a la que se le imputa la comisión de un delito, pero no se trata de juzgar a nadie, sino de investigar su relación con el presunto delito. Si al final de la instrucción el juez A considera que hay indicios racionales de criminalidad contra esa persona, dictará auto de procesamiento y pasaremos a la fase 2 (la del juicio oral), en la que ya no será investigado sino procesado o acusado (en el procedimiento abreviado no existe auto de procesamiento, pero este esquema nos sirve para hacernos una idea cabal).

La responsabilidad política no puede ser la misma que la responsabilidad penal. La primera nace por la confianza depositada en una persona para que desempeñe funciones públicas, ya sea por representación (los diputados frente a sus electores) o por designación (el ministro frente al presidente del Gobierno que le ha nombrado). La segunda se deriva de la legislación penal, que sólo trata de aquellas infracciones especialmente graves y que pueden causar más alarma social.

Me explico: cuando se exigen responsabilidades políticas es, excluyendo el código penal, por un hacer (o un no hacer, o por culpa in vigilando) que implica un error muy grave en la gestión (excluimos por supuesto los delitos contra la Administración Pública de los artículos 404 y ss.), o por mentir. Sin embargo, en otros supuestos estamos ya rozando el reproche jurídico penal, como puede ser la corrupción, el fraude fiscal, o haber realizado cualquier otra conducta recogida como tal en el Código Penal (conducir borracho, maltratar a su mujer, etc.). Hay ejemplos de políticos españoles implicados en todas estas acciones hace no demasiado tiempo.

El ámbito de la responsabilidad política en principio se debe limitar al terreno de la ética o la moral, no al jurídico, pero hay una zona en la que pueden llegar a colisionar. En concreto, vamos a tener tres supuestos: uno, comportamientos excluidos del Código Penal, pero muy reprochables ética o moralmente; dos, hechos que pueden encajar en ilícitos penales; y tres, ilícitos penales que pueden no ser políticamente relevantes.

Vamos con el primer supuesto. Hay una zona que queda fuera de la Ley penal, como es la mentira, los errores de gestión muy graves, y otros comportamientos poco éticos, como, por ejemplo: haber cobrado indebidamente una beca (mientras facturaba como autónomo al partido sin haber solicitado a la Universidad permiso para poder hacerlo); haber creado una sociedad ad hoc a posteriori de la realización de unos “trabajos” por valor de 425.000 euros (que a fecha de hoy seguimos sin saber en qué consistieron) para defraudar a Hacienda; otorgar contratos del Ayuntamiento a tu hermano siendo concejal; y siéndolo tu padre, que los otros 3 miembros de la familia sean adjudicatarios de pisos de protección pública; que un estudiante sin trabajo conocido pague 60.000 euros a tocateja para un piso de VPP, cuando su padre ha sido condenado por las tarjetas black. No hace falta decir nombres.

Casos como éstos, en mi opinión muy poco ejemplares de lo que debe ser un cargo público u orgánico, pueden quedar fuera del Código Penal, pero políticamente es claro que vulneran la confianza depositada en ellos por los votantes o los militantes. La excusa que nos darán estas personas, tanto si no han sido denunciados como si la denuncia no ha prosperado, es que son “inocentes” o que “nadie ha podido demostrar” nada judicialmente. Pero como decíamos al principio, una cosa es la responsabilidad política y otra muy distinta la penal. La primera implica rendición de cuentas del representante o nombrado ante el representado o el que le ha nombrado. Y aquí hay un doble mecanismo de control: por un lado, el colectivo ante el que tienen que rendir cuentas (mecanismo externo), por ejemplo, los electores (no volviendo a votar a esos representantes) o el parlamento (retirando la confianza al presidente del Gobierno mediante una moción de censura, o votando la reprobación de un ministro). Y por otro, un mecanismo interno por parte del propio partido político, que a través de sus estatutos y órganos internos de control obligue al afectado a rendir cuentas o a dejar su cargo.

Veamos el segundo y el tercer supuesto: aquí es donde sí que podemos establecer una norma jurídica que regule el caso en que la responsabilidad política llegue al ámbito penal. Y tenemos que conjugar esa responsabilidad política con la presunción de inocencia, que es un derecho de todos los ciudadanos. Sin embargo, el político no es un ciudadano cualquiera: los artículos 71 y 102 de la Constitución Española establecen un régimen de aforamiento especial para los Diputados y Senadores, por un lado; y para el Gobierno, por el otro. Se pretende de esta manera proteger a los miembros del Gobierno frente a actuaciones que menoscaben las funciones que constitucionalmente se le encomiendan, a través de la utilización abusiva de querellas, confundiendo en muchas ocasiones dos planos distintos, aunque ciertamente no siempre fáciles de deslindar, como son los de la responsabilidad política y la penal. Pero del aforamiento hablaremos otro día, hoy sólo quiero poner de manifiesto que no hablamos de ciudadanos normales, y que su régimen jurídico respecto del artículo 24 CE es distinto.

El punto de equilibrio creo que estaría en apartar al político en el momento del auto de procesamiento y apertura de juicio oral. Hacerlo en el momento de la investigación (antes imputación) da como resultado que haya casos como el del presidente de Murcia, imputado 17 veces sin llegar a juicio oral. El hecho de que el juez instructor estime que hay indicios racionales de criminalidad es lo suficientemente significativo para que políticamente tenga que dimitir. Al respecto señalar que ahora mismo está en trámite una Proposición de Ley Integral de Lucha contra la Corrupción y Protección de los Denunciantes (texto completo aquí y expediente de la iniciativa aquí) promovida por Ciudadanos, en la que en su disposición final primera se insta a modificar la LOREG para “impedir que quienes han sido encausados judicialmente o condenados por su implicación en procesos relacionados con la corrupción, así como por otros delitos castigados con penas graves, puedan formar parte de las listas electorales, y por tanto, concurrir a unas elecciones con el fin de ostentar un mandato representativo”. Además, se establece que sea de aplicación a los cargos electos en ejercicio, de modo que, si uno de ellos fuera encausado judicialmente, pierda su condición por incompatibilidad sobrevenida. Es curioso como este partido ha sido incongruente con lo establecido en la PL, actuando de forma contradictoria con la PL en el caso del presidente de Murcia (del PP) o del alcalde de Granada (del PSOE).

Poner el límite en ser investigado (imputado antes de la reforma) en mi opinión es excesivo. Me viene a la cabeza la querella interpuesta por Rodrigo Tena contra Andrés Herzog en 2015 por espiar a los tránsfugas de UPyD, que se hizo con la intención espuria de que el segundo no pudiera presentarse como candidato a las elecciones al estar imputado. La querella, como no podía ser de otra manera, se terminó archivando (aunque esto ya no salió en la prensa).

En esa PL, además, se delimita la causa de incompatibilidad a (aparte de una lista en la que se incluyen delitos contra el patrimonio, la libertad o el orden público, sedición o terrorismo) “cualesquiera otros delitos dolosos castigados con penas graves o que conlleven inhabilitación o suspensión de cargo público”. Y con esto llegamos al tercer supuesto: ¿cabe un presunto delito que no sea políticamente relevante?

Me resulta difícil a priori pensar en algún caso. Puesto que partimos de la premisa de que a los representantes políticos se les debe presumir un plus de comportamiento ético y ejemplar, y dado que la ley penal protege a la sociedad de las infracciones más graves y reprobables, es complicado buscar un ejemplo de infracción penal que no suponga una infracción a la confianza otorgada por los representados a sus representantes. Habría que estar al caso concreto, pero quizá la comisión de uno de los delitos leves (ya no faltas tras la reforma de la Ley 1/2015) podría ser uno de esos supuestos o no (por ejemplo, perturbación leve del orden en un juzgado).

Para concluir, podemos concluir que la responsabilidad política es algo intrínsecamente distinto de la penal, pero que en algunas ocasiones pueden superponerse. Para esos casos, hasta hace poco estaba convencido que la imputación (actual investigación) era el límite, pero ahora pienso que el punto más justo es la apertura de juicio oral, ya que lo primero puede multiplicar exponencialmente las situaciones injustas y fomentar el “querelleo” gratuito como arma de la lucha política.

Por otra parte, hay un ámbito no penal de la responsabilidad política que coincide con el comportamiento ético y moral exigible a nuestros representantes, que han de ser especialmente escrupuloso, más que el del ciudadano medio. Hay (o debe haber) un doble control, interno (por parte del propio individuo, de su partido a través de sus órganos internos de control y de sus estatutos) y externo (por parte de sus votantes o de aquellos que les han nombrado).

Dejo para una segunda parte determinar de qué hablamos concretamente cuando tratamos el caso del párrafo anterior, aunque no esté perseguido en el Código Penal. Sólo avanzo que la línea puede llegar a ser muy fina, y la legitimidad social tiene algo que ver.

MI MELOCOTONAZO: UNDER THE BRIDGE

1 abril, 2017 2 comentarios

En La choza del rock, programa de 10 Radio en el que colaboro, tienen una costumbre que me encanta: lo que ellos llaman el melocotonazo. Viene a ser algo así como si tuvieras que elegir solamente una canción cuál sería.

En mi caso esa canción sería Under the bridge, de Red Hot Chili Peppers. Es la canción que no me canso de escuchar, de tocar, tanto que he hecho un arreglo para piano de ella. Y voy a intentar explicar el motivo. Aclaro que no quiero decir que sea la mejor canción de todos los tiempos ni nada parecido. Simplemente es mi canción favorita, por las emociones y sentimientos que me provoca. Y tiene una historia curiosa que voy a contar aquí.

La canción aparece en el quinto álbum de Red Hot Chili Peppers titulado Blood Sugar Sex Magic, que salió a la venta el año 1991 y fue un superventas de un grupo que hasta entonces no era muy conocido. Sigue siendo el sencillo con más éxito de la banda, llegando al número 2 de Billboard en 1992. La escribió el cantante de la banda Anthony Kiedis, muy afectado por la muerte por sobredosis de heroína del anterior guitarrista del grupo y amigo Hillel Slovak.

La historia de Slovak está ampliada en este artículo de Emilio de Gorgot en JotDown. Era un guitarrista muy brillante, que fusionó como nadie el rock y el funk, y que hubiera sido una estrella en el firmamento del rock alternativo en los 90. Simplemente murió demasiado pronto, como le pasó a Andrew Wood, el cantante de Mother Love Bone, y no vivió lo suficiente para disfrutarlo.

Ahora los Peppers parecen un grupo de éxito, pero en aquella época eran una banda totalmente underground: en su disco Mother’s milk tienen una canción titulada Punk rock classic (“put us on MTV, all we really need, begging on our knees, please, please, please, please, please”), en la que de forma irónica piden de rodillas que pongan sus canciones en la MTV. Y que al final, con una gracia que han perdido hace mucho tiempo, tocan el principio de Sweet Child O’Mine…

El título del tema viene del verso “Under the bridge downtown/Is where I drew some blood”, refiriéndose a las experiencias de Kiedis con las drogas bajo un puente, aunque este no quiera revelar el lugar en el que se encuentra. Sí que sabemos que es el mismo puente que se puede apreciar en el video de By the Way. Sin embargo, hay quien afirma haber encontrado el puente del que habla la canción. “The city of angels” de la que se habla en la letra se refiere a la ciudad de Los Ángeles, en la que el cantante vivió desde los 12 años.

Kiedis ya había tenido muchos problemas con el alcohol y las drogas, junto a su amigo Slovak, y ambos intentaban romper totalmente con sus adicciones, pero al final volvían a recaer y se iban “Under the bridge” (“Debajo del puente”) para buscar a sus camellos y colocarse.

Hasta que un día Slovak fue encontrado muerto en su apartamento el 25 de junio de 1988; la noticia dejó aturdido y sumido en una gran depresión a Kiedis, que huyó de todo y de todos durante los casi dos meses en los que vagó por México reflexionando sobre la vida que llevaban él y su amigo fallecido, atormentado con el sentido de culpabilidad por no haber sacado a su amigo de las drogas, y con el terror de pensar que podía haber sido él quién hubiese muerto, ya que llevaba un estilo de vida parecido al de Slovak.

Años más tarde. después de una sesión con el grupo, Kiedis cogió el coche y se puso a dar vueltas por su ciudad, la nostalgia se adueñó de él y logró componer una canción en forma de triste balada que supuso el mayor éxito del grupo. En ella habla de lo sólo que se siente sin su amigo, y de que lo único que le queda son los lugares de la ciudad en los que fue tan feliz con él. Se acuerda del maldito día en que ocurrió todo y como debajo del puente no tuvo suficiente con la dosis ni se acordó de su amigo. Debajo de aquel puente echó a perder su vida.

En su libro Scar Tissue, el cantante cuenta además que empezó a escribir la letra cuando se entristeció al pensar que John Frusciante y Flea estaban fortaleciendo su amistad, y él se estaba alejando de ellos, debido a su adicción a las drogas.

Kiedis no compuso esta canción para los Red Hot, era un poema personal que escribió para sí mismo. El productor del álbum, Rick Rubin, encontró Under the Bridge mientras hojeaba un cuaderno de Kiedis, e instantáneamente se interesó por la conmovedora letra; le sugirió a Kiedis mostrárselo al resto de la banda: “Pensé que era hermoso. Dijo: Tenemos que hacer esto”. A Kiedis le daba vergüenza enseñarla a los otros miembros; sentía que el tema era demasiado emocional y diferente al estilo de los Chili Peppers. Luego de cantársela al guitarrista John Frusciante y al bajista Flea, Kiedis recuerda que ellos “cogieron sus instrumentos y comenzaron a buscar el ritmo y los acordes de guitarra que encajasen”. Finalmente, Frusciante eligió los acordes de la introducción para compensar la tristeza de la letra: “Mi cerebro la interpretó como una canción realmente triste por lo que pensé que si la letra es así de triste, debería escribir algunos acordes que sonasen más felices”.

Frusciante y Kiedis trabajaron en la canción durante los días siguientes, hasta que sintieron que estaba completa. Under the Bridge estuvo entre las pocas canciones que la banda escribió y completó antes de trasladarse a la mansión en la que grabaron el álbum. Posteriormente, cuando la canción fue grabada, Rubin pensó que para el grandioso y épico final sería bueno añadir un coro de voces. Gail, la madre de Frusciante, participó en él junto con sus amigas.

Para mí, personalmente, esta canción me trae recuerdos de la época al final de la universidad en la que quedaba con mi amigo Rafa para jugar al baloncesto, hablar de música y de asuntos personales; y en esas ocasiones, donde yo le descubría el jazz, él me enseñaba grupos como Living Colour, Sting, Rush, Faith No More, U2, y unos desconocidos por entonces Red Hot Chili Peppers. Nostalgia de unos tiempos inocentes, de un balón botando y dos veinteañeros en pantalón corto en invierno y hablando de música que tenían toda la vida por delante, que tiraban a canasta y charlaban de la vida.

El videoclip de la canción, dirigido por Gus Van Sant, ganó un MTV Video Music Award y fue grabado en el downtown de la ciudad de Los Ángeles. En él podemos ver a Kiedis paseando por la ciudad (esta vez a pie) mientras canta. Es una pequeña obra maestra y capta de forma sensacional el ambiente y el pulso de la ciudad.

Os dejo asimismo la letra de la canción traducida. Espero que os guste.

Sometimes I feel

like I don´t have a partner

sometimes I feel

like my only friend

is the city I live in

the city of angels

lonely as I am

together we cry

I drive on her streets

´cause she´s my companion

I walk through her hills

´cause she knows who I am

she sees my good deeds

and she kisses me windy

I never worry

now that is a lie

I don´t ever want to feel

like I did that day

take me to the place I love

take me all the way

It´s hard to believe

that there´s nobody out there

it´s hard to believe

that I´m all alone

at least I have her love

the city she loves me

lonely as I am

together we cry

I don´t ever want to feel

like I did that day

take me to the place I love

take me all the way

Under the bridge downtown

is where I drew some blood

under the bridge downtown

I could not get enough

under the bridge downtown

forgot about my love

under the bridge downtown

I gave my life away

A veces me siento

como si no tuviese un compañero

a veces me siento

como mi único amigo

Es la ciudad en la que vivo

la ciudad de los ángeles

solitario como estoy

juntos lloramos

Conduzco por sus calles

porque ella es mi compañera

camino por sus colinas

porque ella sabe quién soy

ella ve mis buenas acciones

y me besa como el viento

nunca me preocupo

pero eso es mentira

No quiero volverme a sentir

como me sentí ese día

llévame al lugar que amo

llévame hasta el final

Es difícil creer

que no hay nadie allá afuera

es difícil creer

que estoy completamente solo

al menos tengo su amor

la ciudad, ella me ama

solitario como yo lo estoy

juntos lloramos

Nunca quiero volverme a sentir

como me sentí ese día

llévame al lugar que amo

llévame hasta el final

Bajo el puente en el centro de la ciudad

es donde dibujé algo de sangre

bajo el puente en el centro de la ciudad

no pude tener suficiente

bajo el puente en el centro de la ciudad

me olvidé de mi amor

bajo el puente en el centro de la ciudad

malgasté mi vida

ESTIBA, COMPETENCIA Y MONOPOLIO

28 marzo, 2017 1 comentario

El caso de los estibadores me ha traído recuerdos. Conozco a alguien muy cercano que en su momento trabajó en un sector donde personas con estudios básicos ganaban un sueldo muy por encima del mercado (hablo de entre 7.000 y 10.000 euros al mes); donde el acceso desde fuera era prácticamente imposible, lo que daba lugar a que hubiera familias enteras (hermanos, tíos, primos, hijos) trabajando en el sector. Y donde la opacidad era la norma (y sigue siendo hoy) respecto de las retribuciones y los ingresos, incluso entre profesionales vinculados indirectamente a ese mundo. Mi amigo era consciente de que el chollo se acabaría tarde o temprano.

Sobre la estiba, unos breves apuntes: el actual sistema lo crearon ex aequo el ministro de Trabajo de Franco, Girón de Velasco, y el general Muñoz Grandes, premiando así a los combatientes de la División Azul tras la Segunda Guerra Mundial, y solucionar los problemas de personal que tenían las empresas que se dedicaban a la descarga de los barcos (paradoja buenísima de los comunistas defendiendo los privilegios franquistas). Las OTP (Organización de Trabajadores Portuarios) creadas por Girón pasaron a ser sociedades de estiba, y posteriormente asociaciones de empresas portuarias, ya con el PP, cuando el Estado abandona el control de las mismas. Bruselas acepta la denuncia sobre el monopolio y el PP, según la buena costumbre española de barrer debajo de la alfombra, hace una nueva ley de puertos en 2011, pero no hace ni caso al dictamen de la Comisión advirtiendo del problema. Lo explica muy bien aquí Adrián Ángel Viudes, presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena entre 1996 y 2014.

La situación de monopolio de los trabajadores les ha permitido disfrutar de condiciones bastante mejores que la media del país, sueldos altos que suponen entre un 20% y un 53% (según quien haga el informe, aquí el de la Universidad Politécnica de Barcelona; aquí datos del de PwC) de los costes de manipulación de mercancías en terminales de contenedores. En los comentarios de los enlaces que inserto a lo largo de la entrada se pueden encontrar bastantes quejas de trabajadores del mar (pero de verdad, o sea, marineros) y transportistas respecto de la celeridad y la productividad de los estibadores, derivado del régimen de monopolio del que disfrutan. La opacidad y el nepotismo llega a lo más alto en el puerto de Algeciras, donde no se admiten mujeres.

El problema de fondo es que se han vulnerado el principio de libre establecimiento, y el país que incumple debe ser sancionado, como lo ha sido España en este caso. Las empresas que operan en los puertos públicos no pueden contratar a los trabajadores que deseen, sino que deben contratar exclusivamente a trabajadores que formen parte de Sociedades Anónimas de Gestión de trabajadores Portuarios (SAGEP). Las empresas, además, están obligadas a participar con capital en éstas, por lo que, su contribución es doble. Para la Comisión Europea y el tribunal de Estrasburgo, este mecanismo vulnera el derecho al libre establecimiento. La estiba es el único sector laboral en España que no está abierto a la libertad de contratación. En la sentencia de 11 de diciembre de 2014 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (la sentencia en castellano aquí) se declara que España incumple el artículo 49 de los Tratados. Con toda la razón.

Y con esto llegamos a la votación del Real-Decreto Ley en el Congreso, donde el Gobierno fue derrotado. Y comentar que el caso de Ciudadanos es alucinante, un partido “liberal” que se abstuvo en la votación que buscaba liberalizar la estiba, a pesar de ser el único partido que llevaba en su programa electoral liberalizar el sector.

La oferta más competitiva de las terminales, según el informe de PwC, tendría un efecto positivo sobre el sector exportador español, que éste valora en 678 millones de euros anuales, con incrementos del tráfico de mercancías del 5%, y la creación de hasta 18.129 nuevos puestos de trabajo, además de propiciar una recaudación fiscal extra de 486 millones de euros y mejorar la balanza comercial en 609 millones.

No voy a entrar en los entresijos del Decreto por cuestión de espacio, pero su contenido básico es el siguiente: libertad de contratación y no obligación de las empresas de estiba de formar parte de una sociedad que suministra los trabajadores, con un período de transición. Concluido éste, las Sagep podrán liquidarse o convertirse en empresas de trabajo temporal, y coexistir con Centros Portuarios de Empleo, que, según Puertos del Estado, darán estabilidad al empleo. En cuanto a la formación para el desempeño de la estiba exige una cualificación profesional titulada o una experiencia de 100 jornadas de trabajo. Si se desean cumplir requisitos, existe la posibilidad de obtener un Certificado de profesionalidad, MAPN0712: operaciones portuarias de carga, estiba, descarga, desestiba y transbordo (RD 988/2013, de 13 de diciembre), acción formativa encuadrada en la formación profesional para el empleo.

El principal argumento de los defensores del sistema actual de la estiba se resume en esta frase de Julián Jiménez en este artículo en Nueva Tribuna: “un decretazo cuyo único fin es precarizar condiciones de trabajo, bajar sueldos, desregular, despedir trabajadores y hacer las delicias de empresas financieras y fondos buitres multimillonarios para que llenen de beneficios sus bolsillos a costa de los trabajadores”. Por cierto, que es falso que la multa sean 50 millones de euros, como afirma en su artículo: la cuantía de la multa está por determinar. En el momento en que haya otra sentencia condenatoria (en breve), la multa será de 134.107,20 euros diarios mientras la estiba siga sin reformar. Hasta ahora llevamos acumulados 22,2 millones de euros de multa. Y vaya si se paga: España ya fue condenada dos veces, una de ellas por las famosas “vacaciones fiscales vascas”, y terminó pagando.

Es evidente que este modelo está obsoleto y debe derogarse. Habiendo libre circulación de trabajadores y libertad de establecimiento en cualquier otra profesión o actividad (recordemos por ejemplo el caso de los futbolistas profesionales, o las entidades financieras), este sistema no tiene razón de ser. Un sistema transitorio es razonable para adecuar las empresas a la legislación europea, pero poner paños calientes protegiendo privilegios no lo es (como implica la exigencia sindical de elaborar un registro de trabajadores portuarios), y menos pagando prejubilaciones millonarias con el dinero de todos. No estoy en contra de que alguien gane mucho dinero o tenga un buen sueldo, pero sólo si lo genera realmente. Es alucinante que un gruista gane más dinero que un cirujano o que el capitán de un barco de 300.000 toneladas.

Y por supuesto que hay otras profesiones que ganan muy por encima de lo que producen. Pregúntenme qué haría mañana mismo con el Senado. Pero ahora estamos hablando de la estiba y de resolver un problema que tenemos encima de la mesa, y que además tenemos que solucionar para ayer.

Señores estibadores, bienvenidos al mundo real.

 

POR QUÉ NO HAY UN PARTIDO POPULISTA DE DERECHAS EN ESPAÑA

15 marzo, 2017 Deja un comentario

Hoy se celebran elecciones generales en Holanda, uno de los países fundadores de la Unión Europea, y es posible que un partido populista de derechas antieruropeísta las gane. El título de este artículo es una pregunta que me lleva un tiempo dando vueltas en la cabeza. Y como ahora lo que me sobra es tiempo, pues ahí va mi respuesta. Huelga decir que les ruego que compartan sus reflexiones a esta entrada, cualquier punto de vista va a ser muy bien recibido, y seguro que aportará luz a una cuestión complicada, en la que inciden factores diversos, y representativos de nuestra peculiaridad.

Es curioso que hay tres países en Europa que parecen estar vacunados contra los populismos de derechas: España, Portugal e Irlanda. Tres países católicos, y dos de ellos que han tenido las dos dictaduras de derechas más longevas de Europa en el siglo XX, y las únicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Son dos factores bastante importantes en mi opinión.

Por un lado, el catolicismo ha evitado el surgimiento de un partido contrario a la inmigración, junto con lo políticamente correcto. Todo ello ha evitado que se pueda plantear de forma seria y objetiva una verdadera política migratoria en España, ya que es evidente que hay recursos limitados y no se puede aumentar drásticamente la población, especialmente si el aumento es demandante neto de los mismos.

En España, las restricciones a la entrada de inmigrantes tienen muy mala prensa, y es curioso como una organización como Cáritas tiene instalaciones donde sólo atiende a inmigrantes, y según sus propios informes el porcentaje de inmigrantes atendidos ronda el 60%. Aun así, desbordados por la atención a un número creciente de foráneos en situación de pobreza y precariedad, Cáritas, en sus documentos, sostiene un discurso antiliberal y anticapitalista, defendiendo otra política inmigratoria menos restrictiva. No es algo extraño que Cáritas haya proporcionado cuadros a Podemos, incluido el portavoz del partido en la Asamblea de Madrid.

Además, hay que señalar que la mayoría de la población inmigrante procede de Iberoamérica (mayor si contamos a los nacionalizados, muy favorecida al poder solicitarlo con dos años de residencia legal en España) y Rumanía, también católicos y con lazos culturales evidentes con los españoles, lo que ha evitado, con alguna excepción, conflictos como los sucedidos en Francia, por ejemplo, y el sentimiento de una amenaza cultural. También hay que decir que vamos con décadas de retraso en la recepción de inmigrantes respecto de países como Alemania, Francia u Holanda. Aunque el porcentaje de población no nacida en el Estado es similar (en torno al 11-12%), en España casi no hay guetos, como sí los hay en los otros países, al haber inmigrantes de tercera o incluso cuarta generación.

Por otra parte, la herencia franquista (uno de los peores insultos del mundo mundial, y la última bomba que te pueden lanzar en una discursión es que te llamen “facha”) y la ausencia de un nacionalismo español (la bandera, el himno, el patriotismo, son símbolos fascistas), frente a los muy consolidados nacionalismos periféricos (que son competencia directa de un populismo derechista español xenófobo en sus territorios), producen que sea muy complicado el asentamiento de un sentimiento de rechazo a lo diferente. Y el papel tolerante y acomplejado de la izquierda coadyuva a ello.

Respecto de los nacionalistas periféricos, han abrazado la denominada “doctrina Colom”, consistente en utilizar inmigrantes para desespañolizar sus territorios, especialmente musulmanes. Es paradigmático el caso del senador de ERC Robert Masih i Nahar, originario de la India y vicepresidente la Federación Catalana de Críquet, de ERC, que tomó posesión prometiendo acatamiento a la Constitución “por imperativo legal hasta la República catalana”. Y sin embargo, como derecha xenófoba y racista que son, cuando han tratado de exportar el “prucés” al extranjero, sólo han sido recibidos por partidos islamófobos, racistas y neonazis. Vemos que, además de Podemos, también los nacionalistas cabalgan contradicciones. Las felicitaciones de Puigdemont vía twitter o las de EH Bildu a Donald Trump por su victoria electoral son muy significativas.

Pero la cuestión más importante es quiénes han sido los verdaderos perdedores de la crisis en España. No ha sido la clase obrera industrial, ni los grupos de mediana edad, ni los jubilados los principales damnificados. Por el contrario, hay dos grupos que han sido duramente golpeados: los jóvenes (con estudios superiores) y los inmigrantes, y ninguno de los dos constituyen un grupo de apoyo para la extrema derecha, pero sí para Podemos y los nacionalistas periféricos.

El papel de Podemos también es relevante. Es cierto que ha monopolizado el sentimiento antisistema. Como ya he explicado en entradas anteriores, su programa electoral, salvo la parte de inmigración, es calcado al de los partidos populistas de extrema derecha: intervencionismo económico, nacionalizaciones, proteccionismo, salida del euro, más gasto público, impago de la deuda, restricciones en el mercado laboral… Y también coinciden en señalar que el malo para esta película es un dragón de tres cabezas: las multinacionales (la globalización), el BCE (el sistema financiero) y Angela Merkel (la austeridad y los recortes).

Parece a priori que el surgimiento de Podemos ha funcionado como una especie de tapón que ha impedido que el voto descontento se haya dirigido hacia la ultraderecha. El propio Pablo Iglesias dijo que seguramente en España no existe una formación política de extrema derecha fuerte porque existe Podemos. Sin embargo, creo que el perfil de votante de Podemos no coincide con el del votante de Le Pen o Geert Wilders. Además, Podemos no se ha centrado en el problema de la inmigración como causa de mayor competencia por empleos poco cualificados o el descenso de los salarios o el desempleo (más bien al contrario), sino que ha puesto el acento en la corrupción, la Transición del 78 o la Guerra Civil, iconos de la extrema izquierda extraparlamentaria.

Por otra parte, se dice habitualmente que no hay un partido parlamentario de extrema derecha porque el PP cubre a sus votantes. Probablemente es cierto. Sin embargo, hay que recordar que cuando en 2014 el presidente del Banco de Sabadell decía que España necesitaba un Podemos de derechas, Vox respondió de inmediato que ya existía, y que eran ellos. El error que cometieron es fijar el foco en las autonomías, la religión, el aborto (temas que a la gente le importan un pimiento, como la corrupción), y no en el empleo, los problemas de los autónomos y las pymes, y en el caso del mundo rural, la agricultura y la ganadería. Es la diferencia entre Donald Trump y el Tea Party, o Le Pen y Amanecer Dorado. Es decir, se limitaron a amplificar las propuestas de su vecino ideológico (si tú eres de derechas, yo soy dos o tres veces más). Lo mismo que está haciendo Podemos (la derrota de Errejón es significativa), lo que creo que les va a llevar a bajar más todavía en número de votos en las próximas citas electorales).

Aun así, es cierto que el fracaso de experimentos como Hogar Social Madrid o Plataforma per Catalunya indica que la extrema derecha patria no han tenido un líder carismático como Podemos sí lo ha tenido, y eso en este país es muy importante. Por cierto, que otro factor que ha ayudado a que el PP siga manteniendo bajo su ala el voto de extrema derecha es el surgimiento de Podemos, y el miedo del votante de derecha a que este llegara al poder, y la entrega a la estrategia del voto útil. Ese miedo ha funcionado, y por eso la subida en sus votos en las últimas elecciones generales, junto con otros factores.

Para finalizar, quiero apuntar que un factor muy importante: en mi opinión, España sociológicamente es un país de izquierdas (hasta conduciendo, no hay más que pasar por cualquier autovía de 4 carriles y ver cómo todos van por el carril más a la izquierda), como lo fue de derechas mientras Franco vivió. Y mientras declararse de derechas sea algo vergonzoso, va a ser complicado que exista un partido del estilo de los populismos de extrema derecha que pululan por Europa. Añadamos a eso el complejo de la herencia franquista (que afecta incluso a símbolos nacionales, como el himno o la bandera), que ha evitado que la izquierda rompa sus vínculos con los nacionalistas periféricos (por ejemplo, la CUP, que se declaran de extrema izquierda, no denuncian los contactos del Gobierno que apoyan con partidos nazis y racistas; y Podemos justifica y ampara tanto la secesión catalana como a los proetarras). Se echa mucho de menos como factor de equilibrio una izquierda moderada con sentido nacional, pero lo que tenemos es reflejo fiel de lo que somos.

Aunque sí pienso que caldo de cultivo hay (lo siento cada vez que escucho personas de mi entorno quejarse de que a los inmigrantes les asignan todas las guarderías, o gente que trabaja en servicios sociales describirme a verdaderos artistas de las ayudas y subvenciones), en este momento estamos un poco verdes para la existencia de una fuerza parlamentaria de extrema derecha populista. Afortunadamente. Con un populismo ya tenemos bastante.

AUTOBUSES NARANJAS Y DELITOS DE ODIO

La última de los últimos días: primero los hechos.

La Comunidad de Madrid ha aprobado una ley (Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad de Madrid), cuyo  texto completo pueden leer aquí. Como reacción a la misma, Hazte Oír, una asociación ultracatólica, ha hecho que un autobús naranja recorra las calles de Madrid con la leyenda “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. Ante este hecho, el Ayuntamiento de Madrid inmovilizó el autobús, y posteriormente el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid ha dictado mediante auto la medida cautelar de prohibir circular el autobús, tras recibir el escrito de la Fiscalía Provincial de Madrid. En el auto se decreta la prohibición de circular de este autobús, al entender que su mensaje “no se limita a exponer” el ideario del colectivo, sino que se dirige a personas con una orientación sexual “distinta” para lesionar su “dignidad”. Tanto la alcaldesa de Madrid como la presidenta de la CCAA (así como el 90% de las personas a las que he escuchado o leído comentar la noticia) han manifestado que se trata de un ataque contra los menores transexuales y por incitar a un delito de odio.

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Similar por cierto (pero con el mensaje opuesto) a una campaña que se desarrolló del 10 al 16 de enero de 2017 en País Vasco y Navarra con el lema “Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo”. Asociaciones cristianas plantearon presentar denuncia contra la misma y recogieron más de 9.000 firmas mediante una campaña denominada: “En el transporte público se fomenta la corrupción de menores”.

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Sin entrar en el tema de la transexualidad de los menores (que existe y es un problema al que hay que dar una solución, pero de lo que no puedo hablar con conocimiento de causa, lo dejo para los profesionales de la materia), ni en la oportunidad de la ley aprobada por la Comunidad de Madrid (enlazo las razones de la oposición de los obispos aquí, y en otra ocasión podré analizarla detenidamente; la he mirado por encima y hay algo que sí me rechina, que es la inversión de la carga de la prueba), me voy a ceñir al punto de vista jurídico de si el autobús constituye un delito con el actual Código Penal, y de si hay razones que justifiquen que el autobús no circule, insisto desde un punto de vista estrictamente legal. Vaya por delante que las ideas de Hazte Oír me parecen tan trasnochadas como el que afirma que la Tierra es plana o el que niega el evolucionismo.

De todos los artículos del Código Penal que regulan los delitos de odio, el único que puede ser aplicable en este caso es el 510 (página dos del enlace para ver el artículo completo), que dice así:

Artículo 510.
1. Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:
a) Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.
b) Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar, promover, o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a
una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.
(…)
2. Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de seis a doce meses:
a) Quienes lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos a que se refiere el apartado anterior, o de una parte de los mismos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a ellos por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad, o produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean
idóneos para lesionar la dignidad de las personas por representar una grave humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos mencionados, de una parte de ellos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a los mismos.
(…)

Recalco “identidad sexual” porque es el concepto que aquí está en juego, no el de orientación sexual, que no tiene nada que ver en este caso.

Por lo tanto y resumiendo, se trata de determinar si la actuación de Hazte Oír con el autobús: a) fomenta, promueve o incita directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra los menores transexualesb) lesiona la dignidad de los menores transexuales mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito de los mismos.

Respecto del primer punto, en mi opinión está claro que no se da el tipo penal, ya que no se está incitando al odio, hostilidad, discriminación o violencia. El discurso retrógrado de Hazte Oír no incita a esos comportamientos: simplemente dice que un hombre que nace como tal, pese a que se sienta mujer y se someta a tratamientos y operaciones, sigue siendo un hombre, pero no se incita a que se odie o discrimine.

Por lo que se refiere al segundo, ya es más discutible que la frase que lleva el autobús lesione la dignidad, humille, menosprecie o desacredite a los menores transexuales. Aquí tenemos que recurrir a dos de los principios generales del Derecho Penal: intervención mínima (no debe utilizarse cuando existe la posibilidad de utilizar otros instrumentos jurídicos no penales para restablecer el orden jurídico violado, es el último recurso del Estado); e interpretación restrictiva y prohibición de la analogía. Como dice Tsevan Rabtan muy acertadamente en este hilo en Twitter, “el Código Penal es la última respuesta y no tiene un afán totalizador. Sólo proscribe las conductas más antisociales. Por eso hay que ser muy cuidadoso con ciertas interpretaciones extensivas. El llamado discurso del odio: el que alaba al nazi, al genocida, al terrorista, es algo mucho más grave que la defensa de posiciones que nos parecen imbéciles o profundamente equivocadas, en particular si son minoritarias”.

Y con esto vamos a mi entender con el nudo gordiano del asunto, que es si el Derecho Penal debe regular los sentimientos. Es evidente que tanto con el autobús naranja como con la campaña  del País Vasco y Navarra ha habido gente que se ha sentido ofendida. Y creo, tanto en este caso como en otros, que no tiene sentido que sea delito ofender los sentimientos de la gente. Pienso que cuando el 510 del Código Penal dice “quienes lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito” exige algo más que sentimientos ofendidos. No entiendo que con la frase del autobús se esté humillando, menospreciando o desacreditando a los menores transexuales, ni que se menoscabe su dignidad, entendida como concepto que establece la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (sentencias 53/85 y 120/90, entre otras). Y si alguien que lea esto no está de acuerdo, que me lo explique. Si esto finalmente llega a juicio oral, estoy deseando leer el escrito de la acusación o el auto del juez de instrucción decretando la apertura del mismo para ver qué argumentos jurídicos utilizan, porque yo no veo dónde agarrarse.

Sin embargo, curiosamente sí que podría ser constitutiva de delito vía artículo 525 del Código Penal la performace de una drag queen vestida de Cristo y crucificada. Como ya comenté con ocasión del juicio a Rita Maestre, el artículo 525 no tiene sentido en un Estado laico (que no es el caso, porque somos un Estado aconfesional). La libertad religiosa debe pertenecer al ámbito privado de las personas, y tener un carácter negativo: es decir, se debe proteger que nadie pueda impedir su ejercicio a los ciudadanos. Pero el escarnio o la blasfemia no deben ser protegidas en un Estado laico. El mal gusto no debería delinquir. Pero así está hecha la Ley.

Para finalizar, decía al principio que no iba a entrar en el fondo del asunto (y no lo voy a hacer), pero voy a dar una pequeña pincelada. Hasta donde sé, tengo claro que el sexo es algo fisiológico, en el sentido de que el cromosoma Y determina el sexo masculino. La identidad sexual es algo psicológico, distinto de lo físico, y requiere toda la atención y protección para los menores afectados. Y (como en otros supuestos paralelos que me vienen a la cabeza) lo que hay que preguntarse es si las medidas tomadas hasta el momento han servido para algo, o qué podemos hacer para mejorar la situación.

NUNCA PODRÉ DETERMINAR LO QUE ES RACISTA O MACHISTA

25 febrero, 2017 5 comentarios

El otro día tuve una cena muy agradable en casa de un buen amigo. El caso es que su hija mayor, persona por lo que sé con la cabeza muy bien amueblada, me planteó una cuestión que me dejó bastante perplejo (como hombre heterosexual y blanco, no puedo determinar lo que es machista o racista), y me remitió a la lectura de este artículo.

Lo bueno de irse haciendo uno mayor es que cada vez más teniendo ciertas cosas más claras. Y una de esas cosas es que la realidad no es blanca y negra, tiene muchos matices y es muy complicada, cuando uno se remanga y saca la lupa de observar de cerca las cosas, tratando de llegar a la verdad. Yo desconfío cuando alguien me plantea un mundo de ángeles y demonios, donde todo es sencillo de ver. Porque ese mundo no es este mundo.

El resumen de la tesis que plantea el artículo de marras es que alguien como yo, hombre heterosexual blanco, “no puedes determinar qué es racista, machista, homófobo, tránsfobo,… Puedes hacerte una idea, si escuchas. Igual que esos ricos, si te escuchasen de una jodida vez (…) hay cosas que, sencillamente, te va a costar mucho comprender, porque la empatía se basa en la experiencia, y tú no la tienes”.

Dejando aparte otras cuestiones (como lo de quién es “rico” y desde qué parámetros, y por qué tengo la nevera vacía y cuál es mi responsabilidad al respecto, que lo dejo para otro momento), empatía no es lo que esta señora dice, porque entonces, como le hace notar un señor (parece blanco por la foto, no sabemos si heterosexual) muy acertadamente en uno de los comentarios a su texto: “la empatía que estás definiendo entonces es prácticamente un imposible. Ni siquiera dos mujeres oprimidas van a sentir lo mismo, ya que sus experiencias no serán iguales, porque son dos personas diferentes… A lo sumo sentirán compasión una por otra, pero jamás empatía, ya que hace falta vivir exactamente lo mismo, para sentir empatía”.

Según el sociólogo Jeremy Rifkin, “cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro”. Daniel Goleman la define como “la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Para el psicólogo Pedro Moreno, “es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos”. Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

Nadie afirma que para sentir empatía haya que haber pasado necesariamente por las experiencias de otro, sino que es justo lo contrario: la empatía es una habilidad social de ponernos en los zapatos del otro sin haber estado en ellos. Por eso es una habilidad social, porque no es fácil ponerse en el lugar del otro y hacérselo saber. Lo contrario a la empatía es el egoísmo, porque entonces se es incapaz de entender las emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.

En conclusión, es un absurdo decir que para saber lo que es racista o no hay que ser negro, o para darse cuenta de que un comentario es sexista hay que ser mujer. Por el mismo razonamiento, todas las leyes de los derechos civiles en EEUU no son válidas, porque no las hicieron negros. Esta línea de pensamiento en el fondo es racismo puro y duro: recuerda a la Nación del Islam, y me viene a la cabeza la anécdota de cuando Malcolm X le contestó a una estudiante blanca que vino a preguntarle qué podía hacer ella por ayudar a su causa, y éste, lleno de egoísmo y racismo, le contestó: “nada” [hay que decir que posteriormente se arrepintió profundamente de esa respuesta: “Bien, he vivido para lamentar aquel incidente. En muchas partes del continente africano vi a estudiantes blancos ayudar a la gente negra. Algo como esto mata un montón de argumentos. Hice muchas cosas como musulmán negro de las que ahora me lamento. Yo era un zombi por entonces, como todos los musulmanes negros. Estaba hipnotizado.”]

Por esa regla de tres, nadie podría legislar nada sobre lo que no haya sido afectado directamente, porque nadie que no haya sido violado, robado, estafado, sabe lo que es, ni nadie puede empatizar con esas desgracias sin haberlas sufrido. Como vemos, un absurdo intelectual y práctico.

Ser un hombre blanco y heterosexual no me inhabilita en absoluto para determinar si un hecho es racista, sexista u homófobo. Lo que sí me inhabilitaría es un mal análisis de la situación y propuestas inútiles para la solución de los problemas. Lo que a mí me importa de la violencia de género, por ejemplo, es que se dejen de asesinar y maltratar mujeres. Y la sensación que voy teniendo con los años es que nadie tiene ni idea realmente de qué hacer a corto plazo para erradicar el problema. La educación y la deslegimitación social son buenas a medio-largo plazo, pero a corto lo único que veo que puede funcionar es dotar de medios suficientes para que las mujeres afectadas puedan denunciar y se persiga a los maltratadores. Y pienso que artículos como el comentado no ayudan en nada, más bien al contrario, al culpabilizar y excluir a gran parte de la sociedad de la solución de ese problema, en vez de tratar de implicarles positivamente.

PD: lean por favor el segundo comentario a esta entrada, muy clarificador y preciso, y que ayuda a completar lo escrito.