‘LA LA LAND’ (LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS), PERSIGUIENDO UN SUEÑO

16 enero, 2017 Deja un comentario

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Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz que trabaja en la cafetería de unos estudios cinematográficos, y que no para de hacer castings sin resultados positivos. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista de jazz cuya meta es abrir su propio club en el que se escuche jazz clásico. Ambos luchan por conseguir sus sueños en un mundo difícil. Su romance constituye una odisea en la que tendrán que tomar decisiones complicadas.

Damien Chazelle ya nos sorprendió muy gratamente con ‘Whiplash’ (2014), y ahora lo vuelve a hacer con un más difícil todavía en este musical (es gracioso que J.K. Simmons, el terrible profesor de ‘Whiplash’, tenga un pequeño papel en esta película).

Todo está magníficamente facturado: desde los números musicales (diseñados como pequeños momentos de respiro del guión: los justos, ni muchos ni pocos); la fotografía, sensacional, con muchos tonos pastel y paisajes urbanos que a veces quitan el hipo, con el telón de fondo de Hollywood, esa ciudad de las estrellas; un guión redondo desde todos los puntos de vista, incluyendo un “dos en uno” final; el ritmo adecuado a la historia que cuenta; la música de Justin Hurwitz, que hace encajar perfectamente todas las demás piezas.

Los actores principales están sensacionales, rezumando química entre los dos protagonistas, lo que hace muy creíble su interpretación. El resto forman un decorado humano sin ninguna función adicional. A destacar por un lado que Ryan Gosling aprendió a tocar el piano apenas unos meses antes para interpretar el papel de Sebastian, y lo hace de forma muy convincente; y por otro, la muy notable mímica gestual de Emma Stone. En los números de baile se nota que ellos no son bailarines, pero la factura del film no se resiente por ello, ni mucho menos.

Pero la parte más interesante es el planteamiento de tres grandes cuestiones: perseguir el sueño de tu vida, contra viento y marea; dos, el hecho de querer tocar la música que amas, enfrentado a que eres un ser humano, y tienes la mala costumbre de comer tres veces al día y pagar el alquiler. Y por último añadamos el conflicto entre la música que le gusta a la gente y la que no (“dices que quieres que el jazz no se extinga… ¿cómo lo vas a conseguir, si no lo escucha nadie?”).

En ‘Música y lágrimas’ (The Glenn Miller Story), Glenn Miller (James Stewart) aparece como un músico que malvive y que tiene un sueño, encontrar su propio sonido. Y llega un momento en que se acomoda y abandona esa búsqueda. Entonces su mujer, Helen (June Allyson), le hace ver que ella se enamoró del soñador, no del pragmático que ahora vive con él. Aquí volvemos a revisar este conflicto, junto con otros más. La lucha de los protagonistas contra la realidad para conseguir sus sueños hace que el espectador se identifique con ellos profundamente. Por otra parte, como en ‘Las zapatillas rojas’ (1948), se nos plantea el conflicto entre el amor y la vocación artística.

Como vemos, no se plantean situaciones originales. La cuestión es el buen gusto con el que se ha creado un plato diferente, con ingredientes conocidos (nostalgia, deseos, ilusión, añoranza, sencillez, música, amor, danza), pero combinados de una forma distinta, apto para todos los públicos, de 5 a 99 años, y condimentado con el perejil del amor al cine. Porque esta película, por encima de todo, es un canto de amor al séptimo arte como no recuerdo desde ‘The bad and the beautiful’ (Cautivos del mal), de Vicente Minelli (1952), aunque sin llegar ni de lejos al nivel de esta última.

Resumiendo, una de las mejores películas de este año, pero a la que no veo como un clásico imperecedero. Lo que sí hará es arrasar en los Óscar, seguro. Reúne todos los ingredientes para ello. Damien Chazelle es muy bueno, y listo, muy listo.

Lo mejor: la factura en general de toda la película, en todas sus facetas; se trata de un producto muy bien realizado. Y la actuación de los dos protagonistas.

Lo peor: no va a ser un clásico contemporáneo.

ROCK Y COMUNISMO

26 diciembre, 2016 Deja un comentario

Es fascinante cómo la gente se ve obligada a buscarse la vida cuando desde el poder se trata de limitar su libertad de elegir y obrar. El museo de Berlín de Checkpoint Charlie es un buen ejemplo de ello. Vamos a ver algunas anécdotas relacionadas con la prohibición de la música occidental en los países comunistas, en concreto el rock, tras la Segunda Guerra Mundial.

Los nazis y los comunistas consideraban la música americana como música degenerada y por lo tanto prohibida. Aunque el jazz fue en cierto modo tolerado, la crítica soviética hacia este estilo musical fue muy fuerte, como en general a toda la cultura de Occidente. Incluso existía un proverbio: “Hoy toca jazz y mañana traicionará la patria”. Con el surgimiento del rock and roll, el Estado soviético fue mucho más represivo hacia este estilo musical. El tema da para mucho, y yo aquí sólo voy a dar unas breves pinceladas. Próximamente emitiremos una edición monográfica del programa de radio La Choza del Rock en Radio10, en el cual trataremos el tema de forma amplia (contaré aquí fecha y hora de emisión, y colgaré el podcast).

Para hacernos una idea, aquí tenemos un comunicado del Komsomol (organización juvenil del partido comunista de la URSS) en el que hace una lista de grupos cuyas composiciones son “dañinas ideológicamente”.

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Nos podemos echar unas risas viendo como a Julio Iglesias se le calificaba de neofascista, así como a ACDC y Kiss (pero estos por el “rayo” de las SS en sus logos). El régimen soviético comulgó con ‘Lady Madonna’ o ‘Can’t Buy Me Love’, por su mensaje anti capitalista (ésta última fue incluso la sintonía de un programa de la televisión soviética que criticaba a los EEUU).

El documento está hecho para que se controlara la música que sonaba en las discotecas organizadas por las Juventudes del Partido Comunista, a lo largo de los años 70 y 80. El propio Serghei Zhuk (autor del libro Rock And Roll In The Rocket City) fue disc jockey en una de estas discotecas de su ciudad. Dmitri Medvedev, presidente de Rusia de 2008 a 2012, también lo fue.

Uno de los rumores más jugosos de la mitología de los Beatles afirma que a mediados de los 60 visitaron Rusia en secreto y dieron un concierto para los hijos de altos cargos del Partido. Los defensores de esta teoría afirmaban que la letra de ‘Back In The USSR’ era una referencia por parte de Paul McCartney a este viaje (“Ukraine girls really knock me out”).

Otro tema muy curioso es el de los discos hechos en radiografías para evitar la censura. Todo empezó a finales del año 1946, cuando en San Petersburgo un ingeniero, Stanislav Kasimirovich, trajo desde Polonia una máquina para grabar discos. Así se formó el estudio de grabación Cartas sonoras, en el cual se grababan mensajes pequeños, alguna felicitación o similar, con acordes de guitarra o de piano de fondo. Como había déficit de discos de vinilo para las grabaciones, se comenzó usando un material que al ingeniero le pareció más o menos similar: una delgada lámina fotográfica.

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Pero las láminas se empezaron a agotar, y hubo que pensar en un material alternativo. Kasimirovich pensó que las radiografías de los hospitales eran parecidas a las láminas fotográficas, y fue a un hospital a preguntar si se las podían vender. El responsable no sólo accedió, sino que le dijo que podía llevarse gratis toda las que quisiera, ya que sólo ocupaban espacio. Este fue el despegue de los huesos o costillas (como le llamaban a los discos impresos en radiografías, también conocidos como roentgenizdat), que fue un negocio sensacional en la URSS, hasta que se pudieron conseguir cintas de casete. Ruslán Bogoslovsky, un estudiante que conoció a Kasimirovich, mejoró su máquina y la calidad de sus discos, creando un sello discográfico con el músico Evgeni Sankov, llamado El Perro de Oro (seguramente en referencia a His Master’s Voice). Ambos terminaron detenidos y cumpliendo 3 años de cárcel. Los compradores eran conocidos como los modernos o stilyagi.

Para facilitar su colocación en los tocadiscos, las radiografías demasiado grandes eran recortadas a mano con tijeras, dándoles la forma del disco de vinilo. El agujero del centro se conseguía quemando el plástico con un cigarrillo. Después se colocaba en la máquina de grabación, y con una aguja más profunda que la que se utilizaba para reproducirlos, se iba haciendo el surco. Cada ejemplar de un disco se copiaba en tiempo real: es decir, para hacer diez copias había que escuchar el disco diez veces. Los discos originales que se copiaban solían traerlos los marineros o pilotos de líneas aéreas que viajaban fuera de la URSS.

Según Stephen Coates, responsable del documental ‘X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone’, los vendedores podían llevar encima unas 50 unidades, veinticinco en cada manga, doblados alrededor del brazo.

Como decíamos antes, el éxito de estos discos duró hasta mediados/finales de los años 60 del siglo pasado. La aparición de las cintas de casete permitió que la duplicación de las grabaciones de músicos occidentales fuera más sencilla, barata, masiva, que entrase mucha más música, y que el sonido tuviera infinitamente mejor calidad que las radiografías. Aunque las cintas vírgenes estaban prohibidas, la gente hacía lo que muchos hacíamos aquí: tapaba los huecos de la parte superior de un casete cualquiera y grababa encima. Diez años más tarde, también floreció un negocio de copia en casetes de música occidental en otro país radicalmente diferente: el Irán de la Revolución Islámica, donde también estaba prohibida la música occidental. Nos lo cuenta Marjane Satrapi en la magnífica Persépolis.

Esta resistencia cultural no sólo se dio en el campo de la música. Los ciudadanos de los países del Este tampoco tenían libre acceso a las películas occidentales. Tanto es así que en la Rumanía de Ceaucescu se creó todo un mercado negro de duplicación y distribución de películas VHS con éxitos de Hollywood (principalmente cintas de Chuck Norris, Bruce Lee o Stallone), que eran dobladas al rumano de forma clandestina por una mujer, Irina Nistor, que ponía voz a todos los personajes.

El documental Chuck Norris contra el comunismo de la realizadora Ilinca Calugareanu explica toda esa historia. No se pierdan el trailer, es brutal. La llegada de los reproductores de vídeo VHS ofreció una alternativa al canal de televisión estatal, que apenas emitía otra cosa que no fuera propaganda. Eso abrió un mercado potencial que aprovechó el empresario, Teodor Zamfir, quien llegó a distribuir hasta 7.000 películas occidentales en Rumanía y quien contrató a Nistor.

Todo empezó cuando a Irina, que trabajaba en el ministerio de propaganda rumano, le ofrecieron un trabajo extraoficial: la traducción de una película sin censura alguna. Cansada de ver siempre lo mismo, Irina aceptó con miedo y visitó a aquel hombre. Era alguien de buena posición, que tenía en el sótano de su casa una colección de películas enorme, un televisor y un micro. El hombre era Teodor Zamfir y amaba el cine estadounidense. Tanto que se jugaba el pellejo cada vez que cruzaba la frontera de Hungría con Rumanía con el maletero cargado de Chuck Norris de contrabando. Luego las vendían por la noche en el maletero del coche.

Para poder introducir las cintas, Zamfir logró convencer a los funcionarios de los servicios secretos rumanos, sobornándoles con las mismas películas que en realidad debían requisarle. Los inicios fueron complicados, porque un aparato de vídeo costaba lo mismo que un coche nuevo, y no podían comprarlo en Rumanía. Pero finalmente su éxito fue brutal, y contribuyó a la caída del régimen comunista.

Contaremos más historias apasionantes en la próxima edición del programa La Choza del Rock, cuando hagamos el programa monográfico sobre rock y comunismo. Como se decía en los 80, permanezcan atentos a sus pantallas.

DIARIO DE UN ESCRITOR NAIF

10 diciembre, 2016 2 comentarios

Puedo presumir de tener la fortuna de cultivar la amistad de Vicente Torres, todo un señor y un caballero valenciano, que es de oficio escritor. Su último libro, Diario de un escritor naif, me lo acabo de leer del tirón. El libro sólo se puede comprar en Amazon, es decir, aquí.

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De todos los libros de Vicente este en concreto es el que más me ha gustado. Da la casualidad que mi género literario favorito es el ensayo, y dentro de él, las colecciones de artículos. En Diario de un escritor naif, nos encontramos con un libro en esa línea, con breves reseñas, una para cada día del año, por el que pasan personajes diversos a través de los ojos de Vicente, que siempre en primera persona nos los hace ver, como pequeños fotogramas de una película. Al final del calendario tenemos la sensación de haber visto un film costumbrista con muy diversos personajes, que a veces unos nos llevan a otros, como las cerezas, que tiramos de una y sacamos otras tantas unidas.

Asimismo, este libro es como una bolsa de té, que al sumergirnos en su lectura como en una jarra de agua hirviendo, de algún modo extraemos el jugo de Vicente y podemos tomar un trago de su personalidad, y sus fobias y filias: los tres libros que recomendó una vez (‘La invención del reino vegetal’, de Aina S. Erice; ‘El primer hombre’, de Albert Camus; y ‘El testamento francés’, de Andrei Makine); las personas a las que admira (Fernando Savater, Adolfo Suárez, Maite Pagaza, Consuelo Ordóñez, Rosa Díez); la invasión nacionalista catalana en la Comunidad Valenciana; los defectos que detesta de los demás (prepotencia, soberbia, crueldad, ignorancia, petulancia); su visión de la escena política actual; la descripción de algunos afortunados que gozamos de su amistad; y un puñado de recuerdos personales, dulces, como envueltos en papel de celofán.

Cierto es como dice el propio autor hay citas ‘robadas’, de autores o personas que conoce. Pero incluso a través de esos pedacitos de otro conseguimos asimismo llegar a tener un cuadro más acabado de quién es Vicente Torres. Como dijo César Gavela refiriéndose a otro libro de Vicente (‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’), “(…) tienes una gran habilidad para mezclar temas muy diferentes, y que todos tengan una misteriosa unidad de fondo. Y eso es la mirada del autor, naturalmente”.

He pensado una idea un poco loca, que sería escribir unas apostillas a sus notas en el Diario, porque según leía algunas se me iban ocurriendo cosas para completar, contestar o sugerir. Quizá lo haga, con permiso del autor.

Me permito terminar con uno de esos ‘robos’. Pertenece a un correo que le escribió el periodista y escritor Juan Bas a Vicente Torres y que dice así: “soy de la vieja guardia que considera que el agradecimiento y la educación son dos buenos esquíes para deslizarse entre la gente sin molestar”. El propio Vicente añade: “(…) los bastones con que acompaña los esquíes están compuestos con su sentido del humor”. Agradecimiento, educación y sentido del humor son precisamente tres frutos cada vez más escasos hoy en día, y que alegran mi espíritu cuando los hallo. Y de eso el autor va sobrado.

Que lo disfruten.

‘LA OTRA CRÍTICA’: ‘BAR BAHAR’, AGRIDULCE RETRATO FEMENINO

5 diciembre, 2016 3 comentarios

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Leila (Mouna Hawa) es una abogada que lleva una vida nocturna paralela; Salma (Sana Jammelieh) es una DJ que engaña a su familia haciéndoles creer que es profesora de música; y Noor (Shaden Kanboura) es una estudiante de informática con un novio fundamentalista. Las tres son palestinas compartiendo piso en Tel Aviv, pero sus ansias de felicidad se ven limitadas por los condicionantes de la sociedad en la que viven.

A lo largo del año 2015 hemos podido ver varias películas en las que el tema central es el empoderamiento femenino, sobre todo en países musulmanes (Mustang, Siete diosas, La estación de las mujeres). Bar Bahar, primera película de la directora palestina Maysaloun Hamoud, puede catalogarse en este tipo, y resulta sorprendente por varios motivos.

Lo más curioso de esta película es que nos ofrece un novedoso retrato de personajes femeninos en la compleja realidad de Israel: tenemos a tres mujeres palestinas que viven en Tel Aviv, en un entorno totalmente occidentalizado, pero en el que a su vez tampoco encajan.

Es curioso que sobre todo los personajes masculinos encarnan todos los clichés en una película de denuncia social: el que va de moderno pero al final le asoma la vena tradicional; el integrista puritano que resulta ser un salido y un violador; el político cristiano “liberal” que al final es un hipócrita. Pero también la violación como recurso para ganarse la solidaridad del espectador; la diversidad sexual en el grupo de jóvenes transgresores (contar con un gay y una lesbiana son casi obligatorios); la diversidad casi opuesta entre las tres protagonistas, pero que comparten la necesaria solidaridad femenina entre ellas cuando el sol aprieta; y el hecho de atizarle a las tres religiones del libro como corresponde (el padre cristiano, el novio musulmán y el amigovio judío).

La directora se apoya en la magnífica interpretación de las tres protagonistas para desarrollar un relato simpático, salpicado con las dosis justas de comedia y drama; las situaciones cotidianas como telón de fondo; y la música y la fotografía como pegamento que une todo y le da sentido. Como señala la directora: “Es la música con la que vivimos, comemos y bebemos, aunque todavía hoy no puedo nombrar al autor de la mayoría de las canciones porque podría meterse en problemas”.

La película pone sobre la mesa las contradicciones a las que se enfrentan los jóvenes palestinos que viven en Israel, el surgimiento de un movimiento underground, y el llamamiento a que a esta zona de Oriente Medio llegue en algún momento la libertad de poder hacer cosas que en Occidente nos parecen normales, como trabajar, fumar, beber alcohol, elegir a tu pareja o divertirte. La escena inicial constituye en este sentido un magnífico preámbulo a la realidad con que nos vamos a encontrar después, una especie de “abandonad toda esperanza” escrito en la puerta del infierno.

En suma, un producto bastante bien acabado, entretenido, con un planteamiento casi de comedia televisiva, pero que elimina clichés respecto de la juventud palestina y refleja la enrevesada realidad, mediante personajes bien construidos y creíbles; que busca la complicidad y simpatía del espectador, utilizando a su vez clichés ya vistos en este tipo de películas.

La recomiendo ver antes de que la quiten de la cartelera.

Lo mejor: la interpretación de las tres protagonistas, el ritmo de la película, y el ambiente construido mediante la banda sonora y la fotografía.

Lo peor: el final no es ni abierto ni cerrado, sino todo lo contrario. Esta película se merecía un final mejor.

 

LA DOBLE VARA DE MEDIR

27 noviembre, 2016 5 comentarios

En poco tiempo se han producido dos hechos que, una vez más, han revelado la doble vara de medir que algunos utilizan para esconder lo molesto y retorcer lo que les interesa de hechos y personajes. Daré pinceladas sueltas sobre temas que merecerían una más profunda reflexión, quizá.

Empezaré por lo último. La muerte de Fidel Castro ha sido el suceso que ha vuelto a disparar reacciones muy significativas. Suelo escuchar los fines de semana por la mañana el programa de la SER A vivir que son dos días, de Javier del Pino (lo siento, Jaime, pero sales muy poquito en uno de los programas competidores). Es un programa muy sesgado hacia la izquierda, pero con buena calidad en los contenidos y en las historias que cuenta su director. Esta mañana él mismo ha caído en la trampa de la ideología, cuando ha comenzado a comparar la dictadura de Franco con la de Fidel con buenos argumentos, y ha habido un momento en el cual en su chip ideológico ha saltado la alarma para decir que, por supuesto, no se pueden comparar, uno fue un dictador fascista, y el otro fue otra cosa.

Lo más divertido ha sido el comentario de mi amigo Alvise Pérez en su muro de Facebook, bastante ingenioso, y las reacciones subsiguientes:

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Sin entrar en profundidad en el tema de Cuba, que requeriría un monográfico extenso, sí quiero destacar que la ideología nos obliga a blanquear u ocultar los hechos incómodos (persecución de la homosexualidadla normalidad de las relaciones con la España de Franco, que no obedeció el bloqueo norteamericano y decretó tres días de luto cuando Franco murió; la justificación de la prostitución por necesidad de muchas mujeres en Cuba; las purgas en los primeros años del castrismo entre aquellos que se atrevieron a disentir del líder, como Huber Matos), por no hablar de la represión, la existencia de presos políticos, la pobreza y la falta de democracia. Nos dirán que hay luces y sombras, pero que la alternativa era mucho peor: ser una colonia de los EEUU. Siempre nos dirán que hay que escoger entre lo malo y lo peor. Sólo hay buenos (los míos) y malos (los de los demás), y mis defectos son culpa de los otros, o directamente mentira, resultado de su propaganda.

Yo desde luego no justifico el franquismo, pese a crear las pagas extraordinarias, la edad mínima y máxima para trabajar, la enseñanza y la sanidad universales y gratuitas, las viviendas sociales, el salario mínimo interprofesional, el estatuto de los trabajadores, las viviendas sociales, la industrialización, la red hidroeléctrica y la creación de una clase media a partir de los años 60. Como no compro tampoco el régimen de Fidel Castro, por muchos logros en sanidad y educación que me quieran vender. Eso sí, es divertido comprobar que Franco lleva muerto 40 años y los Castro llevan 57 en el poder (y contando).

El caso de Cuba, como el mito de la izquierda mejor elaborado del siglo XX, lo resume Santiago González magistralmente en su artículo para El Correo de 13 de agosto de 1993 titulado La Habana Crepuscular, del que extraigo un párrafo:

“Siempre hay algún amigo ignorante de que el amor es básicamente una decidida y subjetiva voluntad de equivocarse y que se empeña en proporcionarnos una visión escatológica del objeto amoroso, en presentarlo bajo una apariencia de objetividad que nos apea de la ilusión y nos instala en territorio racional: ¿por qué la gente va a querer huir del paraíso? ¿Por qué toman las embajadas al asalto y se echan a un mar infestado de tiburones en un neumático de camión? Yo le explicaba a mi amigo lo que hay que explicar en estos casos, pero él seguía sin ver clara la relación entre el bloqueo norteamericano y el encarcelamiento de los homosexuales en Cuba”.

Del mismo modo, los otros nos dirán que Pinochet (pese a sus más de 40.000 víctimas) salvó a Chile del comunismo; que Somoza “era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta” (Cordell Hull dixit, secretario de Estado de Roosevelt); o el apoyo de EEUU a Videla en Argentina nos lo explicarán como un factor de estabilidad en la zona.

Hay otro camino, por supuesto. Pero exige leer, pensar, buscar si lo que se dice es cierto. Lo fácil es dejarse atrapar en los hunos o los hotros. El otro camino nos demanda juzgar los hechos sin colores y sin nombres: no fiarnos nunca de lo que nos digan en primera instancia, investigar y ser críticos. Y nunca conformarnos con lo menos malo. Además, no tomar los hechos como algo personal, guardar distancia y no hablar por boca de un hooligan. El problema, sobre todo con la izquierda, es que tiende a analizar no a partir de los hechos, sino de los sentimientos que esos hechos le provocan.

Yo no tengo ideología, tengo ideas, sujetas en todo momento a revisión por parte de otra persona que aporte las suyas.

El otro tema ha sido la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Lo más divertido han sido los memes. Parecía que llegaba el apocalipsis, y que de repente millones de personas cruzarían la frontera con México en sentido contrario.

Como siempre, las cosas no son tan simples. Al fin y al cabo, el sistema norteamericano tiene dos factores que van a suavizar mucho las medidas que pueda llegar a tomar Trump: uno, el sistema de contrapesos que existen entre los tres poderes (ver aquí en página 22); y dos, la inexistencia de la disciplina de voto en congresistas y senadores.

La causa principal de lo que ha pasado es que la gente quería un cambio. La clase media norteamericana está harta de trabajar más horas por menos dinero, de no poder afrontar la educación de sus hijos, de que se cierren empresas y se deslocalicen en Méjico o en China. Y Trump ha sido el único que se ha preocupado de ellos. Con argumentos y propuestas estúpidas, cierto; por un personaje zafio, ignorante, patán, maleducado (qué diferencia con Marco Rubio, por ejemplo), y al que ni siquiera su propio partido ha apoyado hasta dos semanas antes de las votaciones. Pero finalmente ha sido el establishment contra un outsider. Que haya ganado un tipo como Trump habla muy mal…de sus rivales.

Por otro lado, Clinton ha sido la peor candidata que los demócratas podían presentar: simboliza como ningún otro el régimen establecido, contra el que el americano medio ha querido rebelarse. Y yo no creo que Sanders hubiera obtenido mejor resultado: muchos lo perciben como demasiado izquierdista, aun no teniendo la rémora de formar parte de establishment ni haber mentido o estar acusado de corrupción. De hecho, creo que mucha gente que votó a Sanders se ha quedado en casa. Los votos republicanos en los tres últimos procesos electorales no han variado demasiado (siempre en torno a los 62 millones), pero Hillary obtuvo 5 millones menos de votos que Obama en 2008.

La gente ha comprado medicina populista, soluciones simples llenas de testosterona para aliviar frustraciones ciudadanas: está claro que Trump no va a obligar al Gobierno de Méjico a construir un muro, ni va a hacer que las más de 1.500 empresas norteamericanas que fabrican muy cerca de la frontera de Méjico vuelvan a EEUU. Igual que aquí compran esa medicina muchos millones. Allí la red de seguridad se llama contrapesos del poder, aquí es la pertenencia de España a la Unión Europea. Luis del Pino hizo un ejercicio divertido recogiendo unas cuantas frases (por ejemplo: “Los tratados de libre comercio que quieren aprobar representan muchos billones, controlados por algunas naciones, corporaciones y lobbies; por todos aquellos que manejan los resortes del poder político, junto con sus intereses globales”), y proponiendo a los lectores que adivinasen el autor. Y la solución fue sorprendente. O no tanto.

El por qué en España, Italia y Grecia el populismo es de izquierdas y en el resto de Europa de derechas es una cuestión de la que hablamos el otro día en la comida. Para la próxima entrega. Y Roberto, prometo citarte.

PEDRO, LA TÁCTICA DEL SALAMI Y EL CULTIVO DEL ODIO

2 noviembre, 2016 1 comentario

Está todo en la Historia y en los libros. O casi. La demonización que estamos viendo estos días contra los diputados del PSOE y la propia gestora por abstenerse para permitir la formación de un Gobierno después de prácticamente un año me ha recordado los sucesos en la Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial. Y más concretamente la táctica del salchichón.

En Hungría el secretario general del Partido Comunista húngaro, Mátyás Rákosi (hijo de carnicero), acuñó la expresión “táctica del salchichón”: cualquier pieza de salchichón, por grande que sea, si se va cortando rodaja a rodaja se acaba con ella. Lo mismo hizo él con el resto de partidos políticos, tal y como cuenta Alicia Delibes en este artículo. En noviembre de 1945, en las primeras elecciones libres, el partido comunista sólo obtuvo el 17% de los votos. Mediante cazas de brujas, acusaciones de fascistas, purgas y persecuciones, obligaron al resto de partidos a desaparecer. En 1949 ya sólo había un partido, que ganó las elecciones de la ya entonces “República Popular”.

Podemos ha ido aplicando esta táctica primero en IU, cortando las rodajas de Llamazares, Cayo Lara, Luis García Montero; o expulsando a 5.000 afiliados de la Comunidad de Madrid. El resultado lo tenemos a la vista: Alberto Garzón en el número 6 de la lista por Madrid y con pocas palancas de poder dentro de Podemos. El siguiente paso es el PSOE: con Pedro Sánchez como cuchillo cortador ya han comenzado el corte del salchichón socialista. Mafia, IBEX 35, golpe de Estado, fascistas, burgueses, neoliberales, traidores, son algunas etiquetas aplicadas. Sobre el tema de las etiquetas, cito literalmente de la tesis doctoral de Íñigo Errejón:

“El proceso de construcción de hegemonía se revela así como una dinámica de permanente negociación, hibridación y pugna por la institución del sentido y por la fabricación y apropiación de los significantes reconocidos como valiosos por la comunidad política – “patria”, “justicia”, “cambio”- así como por la atribución al adversario de los significantes denostados, que aíslan y estigmatizan: “élites tradicionales”, “corruptos”, “neoliberales”, vendepatrias”. No se trata de un juego de suma cero, de una confrontación “plana” y absoluta, sino de innovación y construcción. Es una “guerra de posiciones” en el sentido más literal del término gramsciano: una lucha por realinear las posiciones, ordenar el campo político de tal forma que genere consenso para el actor hegemónico y la obligación para los adversarios integrarse como subordinados o permanecer en los márgenes del consenso social. “ [ps.580-581 de su tesis doctoral sobre «La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo».]

Y Pedro Sánchez hará como Alberto Garzón o Tania Sánchez, y tratará de entregar el PSOE a Podemos presentándose de nuevo a secretario general. Pero creo que el PSOE va a ser un salchichón más duro de cortar que IU. El por qué en las negociaciones anteriores con el PSOE para formar Gobierno Podemos quería el ministerio del Interior es por lo mismo que el partido comunista checo tras la Segunda Guerra Mundial quería controlar la policía, el ejército y la administración pública.

Por cierto, que el salchichón se puede cortar hacia dentro también. Así que Errejón que se vaya tentando la ropa, por si acaso.

Por otra parte, la Coordinadora 25S montada contra la investidura de Rajoy no es más que un movimiento golpista que trata de presionar para imponer la voluntad de unos pocos sobre los votos de todos los españoles. Nos guste o no, la decisión del PSOE no la han tomado siniestros personajes en oscuros despachos, sino representantes del PSOE legítima y democráticamente elegidos por los afiliados, y en su elección se han cumplido escrupulosamente sus estatutos. Qué pereza tener que volver a explicar que abstenerse para que pueda haber un Gobierno después de un año, y no tener que ir a las urnas de nuevo, no es apoyar a la derecha, y que el PSOE estaba en una situación muy buena para poder influir en la política de ese Gobierno. Ya lo expliqué con detalles aquí. Y a mí me fastidia mucho que el PP sea el partido más votado, pero si jugamos según las reglas hay que respetarlas. Tsevan Rabtan, en un post sensacional (léanlo despacio, merece mucho la pena) rebate los argumentos del manifiesto uno por uno. Entresaco este párrafo:

La posibilidad de un Gobierno alternativo al actual del Partido Popular ha provocado los movimientos de la oligarquía [la oligarquía son los señores diputados escogidos por los españoles en elecciones libres y secretas. En dos. En las segundas hay más diputados del PP que en las primeras] que han actuado en Ferraz primero [los que han actuado en Ferraz son representantes de los afiliados de un partido político, elegidos en un congreso de ese partido] y en el propio Congreso de los Diputados después [los que actuarán en el Congreso son diputados elegidos por los españoles hace apenas tres meses con todos esos datos —esa mafias en las que tanto se hace hincapié— conocidos por los ciudadanos: pueden votar lo que les dé la gana. Son completamente libres. Como lo son los diputados de Podemos e IU —los que no han obtenido mayoría para gobernar— también elegidos por los ciudadanos libremente]. El objetivo es el mismo que cuando el PSOE se alió con el PP para la reforma del artículo 135 de la Constitución: una gran alianza para blindar el Régimen del 78 ahora que se tambalea [se tambalea porque la gente se resiste a votar a los que se lo quieren cargar, naturalmente; de haber obtenido Unidos Podemos mayoría absoluta con este régimen eso demostraría que la democracia funciona y ese Gobierno con Pablo Iglesias de Presidente sería perfectamente legítimo] .

Y el señalamiento en las redes sociales ha comenzado. Este es el tweet que le han dedicado a Jaime Berenguer:

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Y si alguien tiene dudas, la prueba del algodón: los aplausos de sus líderes tanto a Rufián como al representante de Bildu (justificando los asesinatos de ETA). Lo de Rufián merece capítulo aparte. Un discurso para simples mentales, lleno de faltas de ortografía, que un buen samaritano tuvo la cortesía de corregir y devolver, a ver si aprendía algo el muchacho. Un relato en el que mezcla churras con merinas, al más puro gusto de la demogogia populista. Por ejemplo, cuando se puso a recitar supuestos mensajes de “militantes socialistas”: “cobro 884 € por 168 horas al mes. Vivan con esto una temporada y se les pasarán las ganas de apretar ese botón”. A ver. Tendremos que saber qué hace este señor, qué estudios y qué experiencia tiene, y qué pasos ha dado por mejorar su situación laboral. Pero aparte es como si fuera el PP el que le paga. Si gana ERC Rufián (que gana algo más de 884 € al mes) seguro que le complementa el sueldo a este señor. O si Cataluña es independiente se lo suben a 2.000 al día siguiente. O si hay un Gobierno Frankenstein. O si mañana se proclama la República. Y que haya gente que se trague estas patrañas…

Pérez Reverte lo clavó cuando escribió lo siguiente:

Y no sólo eso. Porque en el caso Rufián, y de tantos como él, se da otra circunstancia aún peor: el abandono de la gente, de los ciudadanos decentes, en manos de la gentuza política local. A cambio de gobernar de cuatro en cuatro años, los sucesivos gobiernos de la democracia han ido dando vitaminas a los canallas y dejando indefensos a los ciudadanos. Y ese desamparo, ese incumplimiento de las leyes, esa cobardía del Estado ante la ambición, primero, y la chulería, después, de los oportunistas periféricos, dejó al ciudadano atado de pies y manos, acosado por el entorno radical, imposibilitado de defenderse, pues ni siquiera las sentencias judiciales sirven para una puñetera mierda. Así que la reacción natural es lógica: mimetizarse con el paisaje, evitar que a sus hijos los señalen con el dedo. Tú más catalán, más vasco, más gallego, más valenciano, más andaluz que nadie, hijo mío. No te compliques la vida y hazte de ellos. Así, gracias al pasteleo de Aznar, la estupidez de Zapatero, la arrogancia de Rajoy, generaciones de Rufiancitos han ido creciendo, primero en el miedo al entorno y luego como parte de él. Y van a más, acicateados por la injusticia, la corrupción y la infamia que ven alrededor.

Y todo esto construyendo un discurso del odio, sacando a pasear a Franco otra vez, tratando de ganar la Guerra Civil con casi 80 años de retraso. Sin aportar soluciones a los problemas de los españoles y creando otros donde no los había. Lo de Ada Colau y la estatua de Franco sin cabeza es de película de Berlanga. Qué ganas de poder hablar de cómo reducir el desempleo, cómo acabar con las muertes por violencia de género, de qué forma conseguir que no haya personas en riesgo de exclusión social, o de qué manera podemos conseguir que el empleo deje de ser precario.

Pero es más fácil dejarse llevar por el odio, crear muñecos de pim-pam-pum a los que aporrear convenientemente, repetir eslóganes como loros; y “cabalgar contradicciones”, como estar a favor de las renovables y al mismo tiempo de las subvenciones al carbón (responsable del 70% de las emisiones de CO2); estar en contra de la inversión-pelotazo y especular con la venta de una vivienda protegida, pagada seguramente por su padre procesado por las tarjetas black (Ramón Espinar); odiar a los mercados y amar la emisión de deuda pública (afirmando acto seguido que la que se considere “odiosa” no se va a pagar); acceder al Parlamento Europeo con un programa electoral proponiendo la salida de la UE, la desobediencia a Bruselas, y luego afirmar que son profundamente europeístas, y lamentar el Brexit.

Y en el fondo la culpa de todo la tienen el PP y el PSOE. Tolerando y amparando su corrupción, y permitiendo la de CiU en Cataluña, muchas personas de buena fe han caído en estas maniobras. Pero el pueblo es soberano. Aún así, el 70% del Congreso es PP-PSOE- C’s (muy tocado al “régimen” no lo veo).

Y para finalizar, decir que me encanta el tweet que ha fijado en su perfil mi amigo Jaime Berenguer: en España sí hubo un partido político decente. No solamente no robó sino que además persiguió la corrupción. Sólo tiene 47 retweets y 41 me gusta. El pueblo, nuevamente, ha hablado.

decente

DOCE DE OCTUBRE: ¿NADA QUE CELEBRAR?

13 octubre, 2016 1 comentario

No me he podido resistir a escribir brevemente unas palabras acerca de las reacciones a la celebración de la fiesta nacional el 12 de octubre. En primer lugar, decir que en mi opinión la fiesta nacional, en consonancia con otros países de nuestro entorno como Francia o EEUU, debería situarse en una fecha significativa para el país, como el 6 de diciembre o el 2 de mayo, mejor que el 12 de octubre, declarada como tal por el régimen franquista en 1958.

Dicho esto, recojo las razones por las cuales la extrema izquierda y los nacionalistas repudian la celebración del 12 de octubre: es una fiesta instituida por Franco; que celebra un estado monárquico; festeja el genocidio de los pueblos indígenas de América y la explotación colonial. Pablo Iglesias dijo que su lugar está “con la gente”, trabajando “en la defensa de los derechos y la justicia social en este país”, y no en celebraciones “comiendo canapés” mientras la ciudadanía sufre. [Pues le recuerdo al señor Pablo Iglesias fue con esmoquin a comer canapés…a la gala de los premios Goya. Debe ser que los canapés de los Goya no hacen sufrir a la gente. Por cierto, ya he descubierto de qué gente habla este señor, y es de la gente que le vota a él.]

De los nacionalistas ni hablo: su objetivo es destruir España, cualquier excusa les sirve, y en ello están mientras se les permita, infringiendo la ley a voluntad, como ha ocurrido hoy en el Ayuntamiento de Badalona. Mientras sean las leyes vigentes las que se infringen, tiene que haber consecuencias, y espero que las haya. Lo más triste es la izquierda que les jalea y les ríe las gracias, no vaya a ser que me llamen facha…Y así nos va.

Sobre el tema de la fiesta instituida por Franco ya he manifestado mi opinión: debería ser otra fecha, pero cambiarla exige consensuarlo entre todos los partidos políticos. Sin embargo, ya que en la actualidad es el 12 de octubre, sí creo que es algo a celebrar el hecho de compartir una misma lengua y cultura 560 millones de hispanohablantes.

El tema del descubrimiento de América es otra cosa. Es de una ignorancia supina propagar estos argumentos.

En primer lugar, la Historia ha progresado mediante la guerra y la conquista. Avergonzarse del descubrimiento de América sería como si los griegos se avergonzaran de las guerras del Peloponeso o los romanos de la guerra de las Galias, o de las guerras púnicas. Los dos grandes imperios a la llegada de los españoles, aztecas e incas, no se caracterizaban por una civilización exquisita: entre los aztecas el canibalismo era parte de la religión oficial y algo institucionalizado; la esclavitud era algo habitual, así como las torturas, los sacrificios humanos y las violaciones.

En segundo lugar, comparativamente, España fue el país colonial que más y mejor se preocupó de los indígenas y de las personas que vivieron allí: España creó 23 universidades (por ninguna Portugal e Inglaterra), leyes protectoras de los indígenas (las Leyes Nuevas en 1542 prohibieron la esclavitud de los indios: en 1547 Carlos I, tras 50 años de existencia de la encomienda, considera que los indios han adquirido el suficiente desarrollo social como para que todos deban ser considerados súbditos de la Corona como el resto de españoles), y varias ciudades (México, Lima, Santa Fe de Bogotá) que podía rivalizar con las más importantes del mundo. El 95% de la población indígena pereció por las enfermedades que llevaron allí los españoles y para los que no tenían defensas. Todas las comparaciones son odiosas, pero los EEUU tienen bastante más de qué avergonzarse en la forma en que colonizaron y exterminaron a los indios norteamericanos: la matanza deliberada de 75 millones de bisontes que constituían su sustento; su exterminio y paulatino arrinconamiento en reservas; y las deplorables condiciones de vida en ellas. Nada que ver con el trato de los indígenas en los territorios españoles, donde eran súbditos de la Corona, que fueron eso sí obligados a asimilar la cultura española, pero donde el propio mestizaje es un síntoma de integración. De hecho, en las Cortes de Cádiz estaban representados lo que no eran colonias españolas, sino territorios de Ultramar. Esta es la lista de los 69 diputados de Ultramar de las Cortes de Cádiz, cada uno de ellos elegido por su provincia correspondiente. Además los indios tenían derecho a la propiedad de las tierras. Igual que al norte del Río Grande, vaya.

En tercer lugar, los que realmente explotaron y marginaron a los indígenas (y en fechas más recientes) fueron los criollos, ya siendo estos países independientes de España. De hecho desde su independencia, las nuevas repúblicas anularon estas leyes y quitaron a las comunidades indígenas las tierras que la Corona Española les había reconocido como propias desde que fueron conquistadas. Solamente un ejemplo, y hay muchos más: el pensamiento antiindio se hizo doctrina oficial en la Argentina del siglo XX, justificando el genocidio, el destierro y el saqueo. En un libro de geografía, aprobado como texto escolar por el Ministerio de Educación, y escrito en 1926 por el profesor Eduardo Acevedo Díaz, se podía leer (…) “La República Argentina no necesita de sus indios. Las razones sentimentales que aconsejan su protección son contrarias a las conveniencias nacionales”. El general De Rosas llevó a cabo un exterminio sistemático de los indígenas de la Patagonia en el siglo XIX. Más adelante, en 1878 el gobierno de Avellaneda, a través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina, impulsó una campaña para el aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática.

En el fondo lo que subyace, aparte de los complejos y la obsesión de la izquierda con la dictadura y con Franco, como ya he comentado en otra ocasión, es el mantra de que Occidente tiene la culpa de todos los males del Tercer Mundo. Y eso perdone usted, pero con matices. Primero, no se puede asimilar el proceso colonizador de los siglos XIX y XX al descubrimiento de América, porque no tiene nada que ver; segundo, hay que analizar la responsabilidad de cada país una vez alcanzada la independencia: en Sudamérica hay Chiles y hay Venezuelas. Y tercero, no se puede hacer un totum revolutum abarcando continentes distintos y épocas separadas por cientos de años, y mucho menos aplicar el sofisma de analizar civilizaciones con siglos de diferencia a los ojos de hoy. Platón, desde ese punto de vista, nos va a parecer en La República que hace apología del nazismo. Y no es eso. No es eso.