POR QUÉ NO HAY UN PARTIDO POPULISTA DE DERECHAS EN ESPAÑA

15 marzo, 2017 Deja un comentario

Hoy se celebran elecciones generales en Holanda, uno de los países fundadores de la Unión Europea, y es posible que un partido populista de derechas antieruropeísta las gane. El título de este artículo es una pregunta que me lleva un tiempo dando vueltas en la cabeza. Y como ahora lo que me sobra es tiempo, pues ahí va mi respuesta. Huelga decir que les ruego que compartan sus reflexiones a esta entrada, cualquier punto de vista va a ser muy bien recibido, y seguro que aportará luz a una cuestión complicada, en la que inciden factores diversos, y representativos de nuestra peculiaridad.

Es curioso que hay tres países en Europa que parecen estar vacunados contra los populismos de derechas: España, Portugal e Irlanda. Tres países católicos, y dos de ellos que han tenido las dos dictaduras de derechas más longevas de Europa en el siglo XX, y las únicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Son dos factores bastante importantes en mi opinión.

Por un lado, el catolicismo ha evitado el surgimiento de un partido contrario a la inmigración, junto con lo políticamente correcto. Todo ello ha evitado que se pueda plantear de forma seria y objetiva una verdadera política migratoria en España, ya que es evidente que hay recursos limitados y no se puede aumentar drásticamente la población, especialmente si el aumento es demandante neto de los mismos.

En España, las restricciones a la entrada de inmigrantes tienen muy mala prensa, y es curioso como una organización como Cáritas tiene instalaciones donde sólo atiende a inmigrantes, y según sus propios informes el porcentaje de inmigrantes atendidos ronda el 60%. Aun así, desbordados por la atención a un número creciente de foráneos en situación de pobreza y precariedad, Cáritas, en sus documentos, sostiene un discurso antiliberal y anticapitalista, defendiendo otra política inmigratoria menos restrictiva. No es algo extraño que Cáritas haya proporcionado cuadros a Podemos, incluido el portavoz del partido en la Asamblea de Madrid.

Además, hay que señalar que la mayoría de la población inmigrante procede de Iberoamérica (mayor si contamos a los nacionalizados, muy favorecida al poder solicitarlo con dos años de residencia legal en España) y Rumanía, también católicos y con lazos culturales evidentes con los españoles, lo que ha evitado, con alguna excepción, conflictos como los sucedidos en Francia, por ejemplo, y el sentimiento de una amenaza cultural. También hay que decir que vamos con décadas de retraso en la recepción de inmigrantes respecto de países como Alemania, Francia u Holanda. Aunque el porcentaje de población no nacida en el Estado es similar (en torno al 11-12%), en España casi no hay guetos, como sí los hay en los otros países, al haber inmigrantes de tercera o incluso cuarta generación.

Por otra parte, la herencia franquista (uno de los peores insultos del mundo mundial, y la última bomba que te pueden lanzar en una discursión es que te llamen “facha”) y la ausencia de un nacionalismo español (la bandera, el himno, el patriotismo, son símbolos fascistas), frente a los muy consolidados nacionalismos periféricos (que son competencia directa de un populismo derechista español xenófobo en sus territorios), producen que sea muy complicado el asentamiento de un sentimiento de rechazo a lo diferente. Y el papel tolerante y acomplejado de la izquierda coadyuva a ello.

Respecto de los nacionalistas periféricos, han abrazado la denominada “doctrina Colom”, consistente en utilizar inmigrantes para desespañolizar sus territorios, especialmente musulmanes. Es paradigmático el caso del senador de ERC Robert Masih i Nahar, originario de la India y vicepresidente la Federación Catalana de Críquet, de ERC, que tomó posesión prometiendo acatamiento a la Constitución “por imperativo legal hasta la República catalana”. Y sin embargo, como derecha xenófoba y racista que son, cuando han tratado de exportar el “prucés” al extranjero, sólo han sido recibidos por partidos islamófobos, racistas y neonazis. Vemos que, además de Podemos, también los nacionalistas cabalgan contradicciones. Las felicitaciones de Puigdemont vía twitter o las de EH Bildu a Donald Trump por su victoria electoral son muy significativas.

Pero la cuestión más importante es quiénes han sido los verdaderos perdedores de la crisis en España. No ha sido la clase obrera industrial, ni los grupos de mediana edad, ni los jubilados los principales damnificados. Por el contrario, hay dos grupos que han sido duramente golpeados: los jóvenes (con estudios superiores) y los inmigrantes, y ninguno de los dos constituyen un grupo de apoyo para la extrema derecha, pero sí para Podemos y los nacionalistas periféricos.

El papel de Podemos también es relevante. Es cierto que ha monopolizado el sentimiento antisistema. Como ya he explicado en entradas anteriores, su programa electoral, salvo la parte de inmigración, es calcado al de los partidos populistas de extrema derecha: intervencionismo económico, nacionalizaciones, proteccionismo, salida del euro, más gasto público, impago de la deuda, restricciones en el mercado laboral… Y también coinciden en señalar que el malo para esta película es un dragón de tres cabezas: las multinacionales (la globalización), el BCE (el sistema financiero) y Angela Merkel (la austeridad y los recortes).

Parece a priori que el surgimiento de Podemos ha funcionado como una especie de tapón que ha impedido que el voto descontento se haya dirigido hacia la ultraderecha. El propio Pablo Iglesias dijo que seguramente en España no existe una formación política de extrema derecha fuerte porque existe Podemos. Sin embargo, creo que el perfil de votante de Podemos no coincide con el del votante de Le Pen o Geert Wilders. Además, Podemos no se ha centrado en el problema de la inmigración como causa de mayor competencia por empleos poco cualificados o el descenso de los salarios o el desempleo (más bien al contrario), sino que ha puesto el acento en la corrupción, la Transición del 78 o la Guerra Civil, iconos de la extrema izquierda extraparlamentaria.

Por otra parte, se dice habitualmente que no hay un partido parlamentario de extrema derecha porque el PP cubre a sus votantes. Probablemente es cierto. Sin embargo, hay que recordar que cuando en 2014 el presidente del Banco de Sabadell decía que España necesitaba un Podemos de derechas, Vox respondió de inmediato que ya existía, y que eran ellos. El error que cometieron es fijar el foco en las autonomías, la religión, el aborto (temas que a la gente le importan un pimiento, como la corrupción), y no en el empleo, los problemas de los autónomos y las pymes, y en el caso del mundo rural, la agricultura y la ganadería. Es la diferencia entre Donald Trump y el Tea Party, o Le Pen y Amanecer Dorado. Es decir, se limitaron a amplificar las propuestas de su vecino ideológico (si tú eres de derechas, yo soy dos o tres veces más). Lo mismo que está haciendo Podemos (la derrota de Errejón es significativa), lo que creo que les va a llevar a bajar más todavía en número de votos en las próximas citas electorales).

Aun así, es cierto que el fracaso de experimentos como Hogar Social Madrid o Plataforma per Catalunya indica que la extrema derecha patria no han tenido un líder carismático como Podemos sí lo ha tenido, y eso en este país es muy importante. Por cierto, que otro factor que ha ayudado a que el PP siga manteniendo bajo su ala el voto de extrema derecha es el surgimiento de Podemos, y el miedo del votante de derecha a que este llegara al poder, y la entrega a la estrategia del voto útil. Ese miedo ha funcionado, y por eso la subida en sus votos en las últimas elecciones generales, junto con otros factores.

Para finalizar, quiero apuntar que un factor muy importante en mi opinión es que sociológicamente España es un país de izquierdas (hasta conduciendo, no hay más que pasar por cualquier autovía de 4 carriles y ver cómo todos van por el carril más a la izquierda), como lo fue de derechas mientras Franco vivió. Y mientras declararse de derechas sea algo vergonzoso, va a ser complicado que exista un partido del estilo de los populismos de extrema derecha que pululan por Europa. Añadamos a eso el complejo de la herencia franquista (que afecta incluso a símbolos nacionales, como el himno o la bandera), que ha evitado que la izquierda rompa sus vínculos con los nacionalistas periféricos (por ejemplo, la CUP, que se declaran de extrema izquierda, no denuncian los contactos del Gobierno que apoyan con partidos nazis y racistas; y Podemos justifica y ampara tanto la secesión catalana como a los proetarras). Se echa mucho de menos como factor de equilibrio una izquierda moderada con sentido nacional, pero lo que tenemos es reflejo fiel de lo que somos.

Aunque sí pienso que caldo de cultivo hay (lo siento cada vez que escucho personas de mi entorno quejarse de que a los inmigrantes les asignan todas las guarderías, o gente que trabaja en servicios sociales describirme a verdaderos artistas de las ayudas y subvenciones), en este momento estamos un poco verdes para la existencia de una fuerza parlamentaria de extrema derecha populista. Afortunadamente. Con un populismo ya tenemos bastante.

AUTOBUSES NARANJAS Y DELITOS DE ODIO

La última de los últimos días: primero los hechos.

La Comunidad de Madrid ha aprobado una ley (Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra la LGTBifobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual en la Comunidad de Madrid), cuyo  texto completo pueden leer aquí. Como reacción a la misma, Hazte Oír, una asociación ultracatólica, ha hecho que un autobús naranja recorra las calles de Madrid con la leyenda “Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”. Ante este hecho, el Ayuntamiento de Madrid inmovilizó el autobús, y posteriormente el Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid ha dictado mediante auto la medida cautelar de prohibir circular el autobús, tras recibir el escrito de la Fiscalía Provincial de Madrid. En el auto se decreta la prohibición de circular de este autobús, al entender que su mensaje “no se limita a exponer” el ideario del colectivo, sino que se dirige a personas con una orientación sexual “distinta” para lesionar su “dignidad”. Tanto la alcaldesa de Madrid como la presidenta de la CCAA (así como el 90% de las personas a las que he escuchado o leído comentar la noticia) han manifestado que se trata de un ataque contra los menores transexuales y por incitar a un delito de odio.

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Similar por cierto (pero con el mensaje opuesto) a una campaña que se desarrolló del 10 al 16 de enero de 2017 en País Vasco y Navarra con el lema “Hay niñas con pene y niños con vulva. Así de sencillo”. Asociaciones cristianas plantearon presentar denuncia contra la misma y recogieron más de 9.000 firmas mediante una campaña denominada: “En el transporte público se fomenta la corrupción de menores”.

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Sin entrar en el tema de la transexualidad de los menores (que existe y es un problema al que hay que dar una solución, pero de lo que no puedo hablar con conocimiento de causa, lo dejo para los profesionales de la materia), ni en la oportunidad de la ley aprobada por la Comunidad de Madrid (enlazo las razones de la oposición de los obispos aquí, y en otra ocasión podré analizarla detenidamente; la he mirado por encima y hay algo que sí me rechina, que es la inversión de la carga de la prueba), me voy a ceñir al punto de vista jurídico de si el autobús constituye un delito con el actual Código Penal, y de si hay razones que justifiquen que el autobús no circule, insisto desde un punto de vista estrictamente legal. Vaya por delante que las ideas de Hazte Oír me parecen tan trasnochadas como el que afirma que la Tierra es plana o el que niega el evolucionismo.

De todos los artículos del Código Penal que regulan los delitos de odio, el único que puede ser aplicable en este caso es el 510 (página dos del enlace para ver el artículo completo), que dice así:

Artículo 510.
1. Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:
a) Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.
b) Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar, promover, o incitar directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo, o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a
una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.
(…)
2. Serán castigados con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de seis a doce meses:
a) Quienes lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos a que se refiere el apartado anterior, o de una parte de los mismos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a ellos por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad, o produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean
idóneos para lesionar la dignidad de las personas por representar una grave humillación, menosprecio o descrédito de alguno de los grupos mencionados, de una parte de ellos, o de cualquier persona determinada por razón de su pertenencia a los mismos.
(…)

Recalco “identidad sexual” porque es el concepto que aquí está en juego, no el de orientación sexual, que no tiene nada que ver en este caso.

Por lo tanto y resumiendo, se trata de determinar si la actuación de Hazte Oír con el autobús: a) fomenta, promueve o incita directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra los menores transexualesb) lesiona la dignidad de los menores transexuales mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito de los mismos.

Respecto del primer punto, en mi opinión está claro que no se da el tipo penal, ya que no se está incitando al odio, hostilidad, discriminación o violencia. El discurso retrógrado de Hazte Oír no incita a esos comportamientos: simplemente dice que un hombre que nace como tal, pese a que se sienta mujer y se someta a tratamientos y operaciones, sigue siendo un hombre, pero no se incita a que se odie o discrimine.

Por lo que se refiere al segundo, ya es más discutible que la frase que lleva el autobús lesione la dignidad, humille, menosprecie o desacredite a los menores transexuales. Aquí tenemos que recurrir a dos de los principios generales del Derecho Penal: intervención mínima (no debe utilizarse cuando existe la posibilidad de utilizar otros instrumentos jurídicos no penales para restablecer el orden jurídico violado, es el último recurso del Estado); e interpretación restrictiva y prohibición de la analogía. Como dice Tsevan Rabtan muy acertadamente en este hilo en Twitter, “el Código Penal es la última respuesta y no tiene un afán totalizador. Sólo proscribe las conductas más antisociales. Por eso hay que ser muy cuidadoso con ciertas interpretaciones extensivas. El llamado discurso del odio: el que alaba al nazi, al genocida, al terrorista, es algo mucho más grave que la defensa de posiciones que nos parecen imbéciles o profundamente equivocadas, en particular si son minoritarias”.

Y con esto vamos a mi entender con el nudo gordiano del asunto, que es si el Derecho Penal debe regular los sentimientos. Es evidente que tanto con el autobús naranja como con la campaña  del País Vasco y Navarra ha habido gente que se ha sentido ofendida. Y creo, tanto en este caso como en otros, que no tiene sentido que sea delito ofender los sentimientos de la gente. Pienso que cuando el 510 del Código Penal dice “quienes lesionen la dignidad de las personas mediante acciones que entrañen humillación, menosprecio o descrédito” exige algo más que sentimientos ofendidos. No entiendo que con la frase del autobús se esté humillando, menospreciando o desacreditando a los menores transexuales, ni que se menoscabe su dignidad, entendida como concepto que establece la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (sentencias 53/85 y 120/90, entre otras). Y si alguien que lea esto no está de acuerdo, que me lo explique. Si esto finalmente llega a juicio oral, estoy deseando leer el escrito de la acusación o el auto del juez de instrucción decretando la apertura del mismo para ver qué argumentos jurídicos utilizan, porque yo no veo dónde agarrarse.

Sin embargo, curiosamente sí que podría ser constitutiva de delito vía artículo 525 del Código Penal la performace de una drag queen vestida de Cristo y crucificada. Como ya comenté con ocasión del juicio a Rita Maestre, el artículo 525 no tiene sentido en un Estado laico (que no es el caso, porque somos un Estado aconfesional). La libertad religiosa debe pertenecer al ámbito privado de las personas, y tener un carácter negativo: es decir, se debe proteger que nadie pueda impedir su ejercicio a los ciudadanos. Pero el escarnio o la blasfemia no deben ser protegidas en un Estado laico. El mal gusto no debería delinquir. Pero así está hecha la Ley.

Para finalizar, decía al principio que no iba a entrar en el fondo del asunto (y no lo voy a hacer), pero voy a dar una pequeña pincelada. Hasta donde sé, tengo claro que el sexo es algo fisiológico, en el sentido de que el cromosoma Y determina el sexo masculino. La identidad sexual es algo psicológico, distinto de lo físico, y requiere toda la atención y protección para los menores afectados. Y (como en otros supuestos paralelos que me vienen a la cabeza) lo que hay que preguntarse es si las medidas tomadas hasta el momento han servido para algo, o qué podemos hacer para mejorar la situación.

NUNCA PODRÉ DETERMINAR LO QUE ES RACISTA O MACHISTA

25 febrero, 2017 5 comentarios

El otro día tuve una cena muy agradable en casa de un buen amigo. El caso es que su hija mayor, persona por lo que sé con la cabeza muy bien amueblada, me planteó una cuestión que me dejó bastante perplejo (como hombre heterosexual y blanco, no puedo determinar lo que es machista o racista), y me remitió a la lectura de este artículo.

Lo bueno de irse haciendo uno mayor es que cada vez más teniendo ciertas cosas más claras. Y una de esas cosas es que la realidad no es blanca y negra, tiene muchos matices y es muy complicada, cuando uno se remanga y saca la lupa de observar de cerca las cosas, tratando de llegar a la verdad. Yo desconfío cuando alguien me plantea un mundo de ángeles y demonios, donde todo es sencillo de ver. Porque ese mundo no es este mundo.

El resumen de la tesis que plantea el artículo de marras es que alguien como yo, hombre heterosexual blanco, “no puedes determinar qué es racista, machista, homófobo, tránsfobo,… Puedes hacerte una idea, si escuchas. Igual que esos ricos, si te escuchasen de una jodida vez (…) hay cosas que, sencillamente, te va a costar mucho comprender, porque la empatía se basa en la experiencia, y tú no la tienes”.

Dejando aparte otras cuestiones (como lo de quién es “rico” y desde qué parámetros, y por qué tengo la nevera vacía y cuál es mi responsabilidad al respecto, que lo dejo para otro momento), empatía no es lo que esta señora dice, porque entonces, como le hace notar un señor (parece blanco por la foto, no sabemos si heterosexual) muy acertadamente en uno de los comentarios a su texto: “la empatía que estás definiendo entonces es prácticamente un imposible. Ni siquiera dos mujeres oprimidas van a sentir lo mismo, ya que sus experiencias no serán iguales, porque son dos personas diferentes… A lo sumo sentirán compasión una por otra, pero jamás empatía, ya que hace falta vivir exactamente lo mismo, para sentir empatía”.

Según el sociólogo Jeremy Rifkin, “cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro”. Daniel Goleman la define como “la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Para el psicólogo Pedro Moreno, “es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos”. Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

Nadie afirma que para sentir empatía haya que haber pasado necesariamente por las experiencias de otro, sino que es justo lo contrario: la empatía es una habilidad social de ponernos en los zapatos del otro sin haber estado en ellos. Por eso es una habilidad social, porque no es fácil ponerse en el lugar del otro y hacérselo saber. Lo contrario a la empatía es el egoísmo, porque entonces se es incapaz de entender las emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.

En conclusión, es un absurdo decir que para saber lo que es racista o no hay que ser negro, o para darse cuenta de que un comentario es sexista hay que ser mujer. Por el mismo razonamiento, todas las leyes de los derechos civiles en EEUU no son válidas, porque no las hicieron negros. Esta línea de pensamiento en el fondo es racismo puro y duro: recuerda a la Nación del Islam, y me viene a la cabeza la anécdota de cuando Malcolm X le contestó a una estudiante blanca que vino a preguntarle qué podía hacer ella por ayudar a su causa, y éste, lleno de egoísmo y racismo, le contestó: “nada” [hay que decir que posteriormente se arrepintió profundamente de esa respuesta: “Bien, he vivido para lamentar aquel incidente. En muchas partes del continente africano vi a estudiantes blancos ayudar a la gente negra. Algo como esto mata un montón de argumentos. Hice muchas cosas como musulmán negro de las que ahora me lamento. Yo era un zombi por entonces, como todos los musulmanes negros. Estaba hipnotizado.”]

Por esa regla de tres, nadie podría legislar nada sobre lo que no haya sido afectado directamente, porque nadie que no haya sido violado, robado, estafado, sabe lo que es, ni nadie puede empatizar con esas desgracias sin haberlas sufrido. Como vemos, un absurdo intelectual y práctico.

Ser un hombre blanco y heterosexual no me inhabilita en absoluto para determinar si un hecho es racista, sexista u homófobo. Lo que sí me inhabilitaría es un mal análisis de la situación y propuestas inútiles para la solución de los problemas. Lo que a mí me importa de la violencia de género, por ejemplo, es que se dejen de asesinar y maltratar mujeres. Y la sensación que voy teniendo con los años es que nadie tiene ni idea realmente de qué hacer a corto plazo para erradicar el problema. La educación y la deslegimitación social son buenas a medio-largo plazo, pero a corto lo único que veo que puede funcionar es dotar de medios suficientes para que las mujeres afectadas puedan denunciar y se persiga a los maltratadores. Y pienso que artículos como el comentado no ayudan en nada, más bien al contrario, al culpabilizar y excluir a gran parte de la sociedad de la solución de ese problema, en vez de tratar de implicarles positivamente.

PD: lean por favor el segundo comentario a esta entrada, muy clarificador y preciso, y que ayuda a completar lo escrito.

EL EXTRAÑO CASO DE ROMAN ZOZULYA

9 febrero, 2017 4 comentarios

La noticia saltó a los titulares y nos dejó a todos con muchos interrogantes: un jugador cedido por el Betis al Rayo Vallecano fue acusado de ser nazi por el grupo ultra de este último equipo, y han presionado para que el jugador no se incorpore al equipo, haciendo al mismo tiempo propaganda en favor de las milicias prorrusas. Tuve curiosidad por el caso (la primera vez que un futbolista es acosado de tal forma que tiene miedo de jugar) y me puse a investigar. Desde luego, me llama la atención que haya ocurrido en este caso y no en otros, donde futbolistas acusados de pegar o maltratar a su pareja no han recibido ese acoso o rechazo.

La verdad es que algo de deberes llevaba hechos. Cuando leí esta noticia me quedé boquiabierto: un grupo de españoles resucitan las Brigadas Internacionales y van a Ucrania a combatir. Y no solo españoles: franceses, chechenos, suecos, italianos, alemanes, polacos también combaten en ambos bandos por motivos diversos.

El conflicto bilateral entre Rusia y Ucrania se ha extrapolado a un conflicto entre Rusia y Occidente. En Ucrania, antes del Euromaidán, el país ya estaba dividido al 50% entre prorrusos y pro occidentales. Evidentemente, el impeachment del presidente Yanukovich que llevó a cabo el parlamento de Ucrania en febrero de 2014 fue manifiestamente irregular. Asimismo, hay que decir que el acuerdo con la UE nunca se llegó a firmar, porque Yanukovich no cumplió con los requisitos de democracia y legalidad, que implicaba liberar presos políticos, como Yulia Timoshenko. Tras el Euromaidán, Rusia ha invadido y se ha anexionado Crimea y Sebastopol. Posteriormente, se produjo la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk, iniciando el conflicto que se conoce como Guerra del este de Ucrania o guerra del Donbass.

¿Por qué entonces se percibe como fascistas al ejército y al Gobierno de Ucrania? ¿Qué tiene que ver con el fascismo una guerra territorial entre dos países, y por extensión, un conflicto geoestratégico global y europeo? Por un lado, Rusia ha tratado de conectar el coqueteo de los nacionalistas ucranianos en la Segunda Guerra Mundial con Hitler y la guerra de la URSS contra Alemania con la guerra contra Ucrania, tratando de hacer una reescritura de la Historia muy poco afortunada, y aprovechando los crímenes de los nacionalistas ucranianos durante el conflicto mundial 1939-1945 para hacer un salto triple mortal con tirabuzón, y decir que por lo tanto Alemania nazi=Ucrania de hoy. Aunque el intento de rehabilitación de la figura de Stepan Bandera en 2010 fue poco afortunada, y era contraria a los acuerdos con la UE, está muerto hace mucho. Y hoy en Ucrania los partidos neonazis o de extrema derecha están en franca minoría.

Como indica muy acertadamente este artículo de El País: “la desinformación de RT [Russia Today] ha defendido que la ideología neonazi está muy presente en Ucrania y especialmente entre los voluntarios que luchan en el frente contra las milicias prorrusas. Los partidos que representan la derecha más radical obtuvieron en torno a un 6% en las últimas elecciones ucranias [sin obtener un solo asiento en el parlamento], una cifra inferior a la que han cosechado otras formaciones de ideología similar en países miembros de la UE. “La propaganda rusa vinculó el Maidán con el auge de los neonazis, un mito que se ha desmontado en cada cita electoral”, asegura Borja Lasheras, director en Madrid del Centro Europeo de Relaciones Exteriores. “Estos grupos radicales tienen una visibilidad mayor que su representación política”, matiza”. El presidente del país, Petro Poroshenko, es un occidentalista liberal sin vínculos con partidos nacionalistas ucranianos. Y evidentemente puede haber grupos armados descontrolados, pero son la excepción y no la regla.

Que los partidarios de Putin se lo traguen lo puedo entender, pero que la izquierda lo haga me cuesta. Aunque al final se trata de personas que también llamarían fascista a la UE, a Ángela Merkel, al PP, al PSOE, a EEUU y a Occidente en general. Al final no es tan complicado. El problema con el término fascista (como el término terrorista) es que se usa tanto que al final ya no significa nada, y supone una ofensa para los que fueron víctimas del verdadero fascismo (o terrorismo). Pero realizar la técnica que Antonio Cervero denomina etiquetado es muy eficaz:

“Utilizar etiquetas negativas, por ejemplo contra un adversario, sin que exista realmente ningún dato real que la justifique es muy eficaz por el denominado efecto halo, que viene a decir que cuando asignamos una característica negativa a una persona, estamos más dispuestos a asignarle otras propiedades negativas añadidas.

Es el caso del archiconocido término “fascista” con que alguno se refiere hoy a cualquiera que no piense como él mismo, o el mucho más reciente término político “casta”. Porque si uno es un “fascista” o forma parte de la “casta”, cómo vamos a estar de acuerdo con lo que dice… nos convertiría en cercanos a ellos, así que lo mejor es rechazar todo lo que venga de esa fuente.”

Todo lo que ha hecho el futbolista es colaborar (con aportaciones económicas y cediendo su imagen) con el Ejército Popular, una fundación-milicia de voluntarios. Zozulya también fue condecorado por el Gobierno de Petro Poroshenko con una medalla. El delantero subastó su medalla de finalista de la Europa League y destinó la recaudación a cubrir las necesidades de los niños en las localidades situadas en el frente. Hace unas semanas, el canterano del Dinamo de Kiev donó un dron al Ejército. Se le acusa de aparecer en la página del Batallón Azov en un video en el que dice textualmente lo siguiente: “Soy Roman Zozulya, jugador del Dnipro y también voluntario. He ayudado mucho a nuestra armada para que logre la victoria”, dice en ruso. Y a continuación en ucraniano “Yo defiendo los requisitos de la nación, no la capitulación”. Este vídeo no sólo está en la cuenta de Youtube del batallón Azov, sino en muchísimas otras cuentas de Youtube.

En conclusión, no se ha demostrado que este jugador haya cometido ningún acto abominable, ni su vinculación con grupos nazis o paramilitares, como sí lo son el batallón Aidar o el Sector Derecho. Es un señor que apoya defender a su país de la invasión que está sufriendo, nos parezca mejor o peor. Y un deportista que sólo quiere poder trabajar.

Por otra parte, nadie habla de un problema más grave, que es el hecho de que los clubes de fútbol sigan tolerando y fomentando en muchos casos grupos de extrema izquierda o extrema derecha, como es el caso de los acosadores de este jugador, que se pueden dedicar impunemente a quemar coches, pegar o incluso matar a personas, provocar altercados, y no se les expulse del deporte, que es donde no deberían estar nunca.

PD: enlazo aquí la entrada respecto del mismo tema de mi amigo Cancerverus en su blog, muy acertada como siempre y complementaria a la mía, recomiendo encarecidamente su lectura: https://cancerverus.wordpress.com/2017/02/11/todo-el-mundo-es-nazi/

QUE DECIDA LA GENTE

1 febrero, 2017 4 comentarios

El otro día recibí una carta kafkiana del Ayuntamiento de mi ciudad (Madrid) en la cual se dice que dos propuestas ciudadanas (“Madrid 100% sostenible” y “billete único para el transporte público”) han recibido el apoyo del 1% (sí, han leído bien, el 1%) de personas mayores de 16 años empadronadas en Madrid. Por lo tanto, ahora los ciudadanos podemos votar si el Ayuntamiento las llevará a cabo o no. Además, se somete a la decisión de los ciudadanos cuál de los dos proyectos finalistas se llevará a cabo para remodelar la plaza de España.

papeleta-de-voto

Sin entrar demasiado en el detalle de las propuestas (la primera dice textualmente “Queremos un Madrid (…) que desafíe a las eléctricas (…) y se asegure de que a ninguna familia le corten la luz este invierno”…pues con las competencias que tiene el Ayuntamiento de Madrid ya me explicarán cómo van a hacer eso), quiero poner el centro de atención en la cuestión de qué bonito y democrático es que todos votemos todo, y qué estupendo es que la gente decida. Una persona que conocí el otro día me decía que era la primera vez que la preguntaban algo, y que le parecía estupendo. Vamos al lío.

Hay últimamente un mantra de que votar es democracia, y si se niega la posibilidad de votar, estamos negando la democracia. Eso sobre todo lo predican ahora esos campeones de la legalidad que son los nacionalistas catalanes, dispuestos a incumplir leyes y sentencias de los tribunales a la menor ocasión. Las dictaduras tampoco le hacen ascos a los referéndums (Franco celebró dos, Pinochet otros dos, y en Cuba hubo uno).

En este artículo, Carles Pastor pone de relieve los peligros de la democracia directa a través de los dos ejemplos más representativos: California y Suiza. La conclusión es que ha producido más perjuicios que beneficios: por ejemplo, al causar la bancarrota del Estado de California; o conflictos a nivel europeo, por la prohibición del voto femenino en Suiza en 1959, en contra de la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, que Suiza acababa de firmar; o rechazando la libre entrada en su mercado laboral de los ciudadanos de la Unión Europea.

Hay que entender el fenómeno último que se está produciendo en el contexto del desapego de la política, del “no nos representan”, que los políticos en España se han ganado a pulso durante los últimos 30 años. Pero una cosa es favorecer los sistemas de participación popular en los mecanismos democráticos, y otra muy diferente es una dejación de funciones de los representantes políticos, que además puede generar funestas consecuencias para esos mismos ciudadanos que acuden tan contentos a “participar”. El Brexit es la prueba más reciente de lo acertado de la frase que dice que los referéndums los carga el diablo, y los disparan los gilipollas.

La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación actual, en el que la Alcaldesa no tiene mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se ve obligada a negociar, y por lo tanto las posiciones minoritarias pueden estar mejor representadas y conseguir que se llegue a escuchar su voz.

En mi opinión, lo que se hace es una dejación de funciones del Gobierno municipal, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostiene se presentó a las elecciones con un programa electoral que ahora debe cumplir, o al menos intentarlo. Eso es gobernar, tomar decisiones sabiendo que no vas a contentar a todo el mundo, pero siendo coherente con tu contrato con los ciudadanos, y tratando de cumplirlo.

Por supuesto que soy partidario de una mayor participación ciudadana en las instituciones públicas, pero no así. Creo que la participación tiene que ir en sentido contrario, del ciudadano al político. Por ejemplo, estableciendo cauces de comunicación entre representados y representantes (qué lejano queda el UPyD Day, cuando cualquier ciudadano, sin pedir cita previa, podía entrevistarse con un concejal o diputado de este partido en la Comunidad de Madrid); o informando a la gente que ya hay cauces previstos en la ley y que no se usan por falta de información. ¿Cuánta gente en Madrid sabe que tiene derecho a ir a su Junta Municipal de Distrito, solicitar por escrito que quiere hablar en el próximo pleno, y  hacerlo al final del acto (teniendo la obligación el concejal presidente de contestarle)? Habría que desplazar el centro de gravedad de la responsabilidad del cargo público del partido hacia el elector. Y falta hacer mucha pedagogía democrática para que la gente entienda cómo funcionan las instituciones, y de este modo puedan decidir qué hacer con ellas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacer correctamente un examen fácil sobre el Congreso y el Senado? Cuando hice campaña electoral en las elecciones europeas de 2009, me pasé todo el tiempo explicando a los electores lo que iban a votar, para qué sirve el Parlamento Europeo, y las diferencias entre el Consejo, la Comisión y el Consejo de Europa.

¿Se ha fomentado adecuadamente la participación ciudadana prevista en la legislación urbanística, tanto en la fase de exposición pública como en la fase de aprobación inicial, respecto de los planes de ordenación urbana? ¿Por qué los partidos políticos no abren buzones para propuestas legislativas de los ciudadanos? Se me dirá que este es el caso, que estas propuestas vienen de ciudadanos, pero hay un matiz: las implicaciones técnicas que tiene un proyecto como peatonalizar la Gran Vía, por ejemplo, exceden de la capacidad del ciudadano común, y desde luego exceden de la mía. Es tarea del Gobierno tomar esas decisiones de acuerdo a su programa electoral, pero también según la información técnica facilitada por aquellos que saben del tema. Leerme los 59 folios del proyecto Y no me han aclarado mucho, y me surgen otras muchas cuestiones que la información no resuelve.

Yo no puedo gobernar, igual que no podría operar a una persona. Me falta información y conocimientos, no tengo a mi disposición a los asesores y técnicos que me pueden explicar todas las aristas de cada asunto. Pero sí puedo elegir a quiénes van a tener esa dura responsabilidad sobre sus espaldas, igual que puedo elegir al médico que quiero, y no votar a quiénes lo hayan hecho mal, en mi opinión. En Suiza los políticos no cobran por su trabajo, tienen su profesión y se dedican a la política en su tiempo libre. Aquí en España se trata de una profesión. Yo sí que puedo tratar de informarme de si lo que me están contando es cierto o no. Y también puedo intentar aportar en el sector en el que tengo experiencia y conocimientos, y sé de lo que hablo. Yo necesito un gestor que me solucione los problemas, no que me pase la pelota para que yo “decida”.

Vamos navegando en sentido contrario a la sensatez. En vez de conseguir que la gente esté cada vez más informada, seamos más transparentes, los políticos rindan más cuentas, vamos hacia disfrazar el oscurantismo mediante mantras como “gente”, “participación”, “democracia”. Palabras que ya no significan nada. La “gente” ya participó para que ustedes estuvieran en el Gobierno. Pues gobiernen, coño.

En realidad, ya dijo Pablo Iglesias lo que Podemos pretendía al llegar a las instituciones en la rueda de prensa que dio el 5 de junio de 2014, minuto 46:40 (transcrito literalmente del vídeo, la negrita es mía, y pido perdón por su inglés):

“We are not a noisy minority, because we are not an organization with the will of be the solution of the problem. We just want to be a space of participation for the people, and we will like to be a part, to be an element to the creation of a new political majority in our country. We are not the solution, we are just a tool in order to create this new situation”.

Es decir, nosotros no estamos aquí para solucionar los problemas, sino para que la gente participe. Está todo dicho.

‘LA LA LAND’ (LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS), PERSIGUIENDO UN SUEÑO

16 enero, 2017 1 comentario

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Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz que trabaja en la cafetería de unos estudios cinematográficos, y que no para de hacer castings sin resultados positivos. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista de jazz cuya meta es abrir su propio club en el que se escuche jazz clásico. Ambos luchan por conseguir sus sueños en un mundo difícil. Su romance constituye una odisea en la que tendrán que tomar decisiones complicadas.

Damien Chazelle ya nos sorprendió muy gratamente con ‘Whiplash’ (2014), y ahora lo vuelve a hacer con un más difícil todavía en este musical (es gracioso que J.K. Simmons, el terrible profesor de ‘Whiplash’, tenga un pequeño papel en esta película).

Todo está magníficamente facturado: desde los números musicales (diseñados como pequeños momentos de respiro del guión: los justos, ni muchos ni pocos); la fotografía, sensacional, con muchos tonos pastel y paisajes urbanos que a veces quitan el hipo, con el telón de fondo de Hollywood, esa ciudad de las estrellas; un guión redondo desde todos los puntos de vista, incluyendo un “dos en uno” final; el ritmo adecuado a la historia que cuenta; la música de Justin Hurwitz, que hace encajar perfectamente todas las demás piezas.

Los actores principales están sensacionales, rezumando química entre los dos protagonistas, lo que hace muy creíble su interpretación. El resto forman un decorado humano sin ninguna función adicional. A destacar por un lado que Ryan Gosling aprendió a tocar el piano apenas unos meses antes para interpretar el papel de Sebastian, y lo hace de forma muy convincente; y por otro, la muy notable mímica gestual de Emma Stone. En los números de baile se nota que ellos no son bailarines, pero la factura del film no se resiente por ello, ni mucho menos.

Pero la parte más interesante es el planteamiento de tres grandes cuestiones: perseguir el sueño de tu vida, contra viento y marea; dos, el hecho de querer tocar la música que amas, enfrentado a que eres un ser humano, y tienes la mala costumbre de comer tres veces al día y pagar el alquiler. Y por último añadamos el conflicto entre la música que le gusta a la gente y la que no (“dices que quieres que el jazz no se extinga… ¿cómo lo vas a conseguir, si no lo escucha nadie?”).

En ‘Música y lágrimas’ (The Glenn Miller Story), Glenn Miller (James Stewart) aparece como un músico que malvive y que tiene un sueño, encontrar su propio sonido. Y llega un momento en que se acomoda y abandona esa búsqueda. Entonces su mujer, Helen (June Allyson), le hace ver que ella se enamoró del soñador, no del pragmático que ahora vive con él. Aquí volvemos a revisar este conflicto, junto con otros más. La lucha de los protagonistas contra la realidad para conseguir sus sueños hace que el espectador se identifique con ellos profundamente. Por otra parte, como en ‘Las zapatillas rojas’ (1948), se nos plantea el conflicto entre el amor y la vocación artística.

Como vemos, no se plantean situaciones originales. La cuestión es el buen gusto con el que se ha creado un plato diferente, con ingredientes conocidos (nostalgia, deseos, ilusión, añoranza, sencillez, música, amor, danza), pero combinados de una forma distinta, apto para todos los públicos, de 5 a 99 años, y condimentado con el perejil del amor al cine. Porque esta película, por encima de todo, es un canto de amor al séptimo arte como no recuerdo desde ‘The bad and the beautiful’ (Cautivos del mal), de Vicente Minelli (1952), aunque sin llegar ni de lejos al nivel de esta última.

Resumiendo, una de las mejores películas de este año, pero a la que no veo como un clásico imperecedero. Lo que sí hará es arrasar en los Óscar, seguro. Reúne todos los ingredientes para ello. Damien Chazelle es muy bueno, y listo, muy listo.

Lo mejor: la factura en general de toda la película, en todas sus facetas; se trata de un producto muy bien realizado. Y la actuación de los dos protagonistas.

Lo peor: no va a ser un clásico contemporáneo.

ROCK Y COMUNISMO

26 diciembre, 2016 Deja un comentario

Es fascinante cómo la gente se ve obligada a buscarse la vida cuando desde el poder se trata de limitar su libertad de elegir y obrar. El museo de Berlín de Checkpoint Charlie es un buen ejemplo de ello. Vamos a ver algunas anécdotas relacionadas con la prohibición de la música occidental en los países comunistas, en concreto el rock, tras la Segunda Guerra Mundial.

Los nazis y los comunistas consideraban la música americana como música degenerada y por lo tanto prohibida. Aunque el jazz fue en cierto modo tolerado, la crítica soviética hacia este estilo musical fue muy fuerte, como en general a toda la cultura de Occidente. Incluso existía un proverbio: “Hoy toca jazz y mañana traicionará la patria”. Con el surgimiento del rock and roll, el Estado soviético fue mucho más represivo hacia este estilo musical. El tema da para mucho, y yo aquí sólo voy a dar unas breves pinceladas. Próximamente emitiremos una edición monográfica del programa de radio La Choza del Rock en Radio10, en el cual trataremos el tema de forma amplia (contaré aquí fecha y hora de emisión, y colgaré el podcast).

Para hacernos una idea, aquí tenemos un comunicado del Komsomol (organización juvenil del partido comunista de la URSS) en el que hace una lista de grupos cuyas composiciones son “dañinas ideológicamente”.

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Nos podemos echar unas risas viendo como a Julio Iglesias se le calificaba de neofascista, así como a ACDC y Kiss (pero estos por el “rayo” de las SS en sus logos). El régimen soviético comulgó con ‘Lady Madonna’ o ‘Can’t Buy Me Love’, por su mensaje anti capitalista (ésta última fue incluso la sintonía de un programa de la televisión soviética que criticaba a los EEUU).

El documento está hecho para que se controlara la música que sonaba en las discotecas organizadas por las Juventudes del Partido Comunista, a lo largo de los años 70 y 80. El propio Serghei Zhuk (autor del libro Rock And Roll In The Rocket City) fue disc jockey en una de estas discotecas de su ciudad. Dmitri Medvedev, presidente de Rusia de 2008 a 2012, también lo fue.

Uno de los rumores más jugosos de la mitología de los Beatles afirma que a mediados de los 60 visitaron Rusia en secreto y dieron un concierto para los hijos de altos cargos del Partido. Los defensores de esta teoría afirmaban que la letra de ‘Back In The USSR’ era una referencia por parte de Paul McCartney a este viaje (“Ukraine girls really knock me out”).

Otro tema muy curioso es el de los discos hechos en radiografías para evitar la censura. Todo empezó a finales del año 1946, cuando en San Petersburgo un ingeniero, Stanislav Kasimirovich, trajo desde Polonia una máquina para grabar discos. Así se formó el estudio de grabación Cartas sonoras, en el cual se grababan mensajes pequeños, alguna felicitación o similar, con acordes de guitarra o de piano de fondo. Como había déficit de discos de vinilo para las grabaciones, se comenzó usando un material que al ingeniero le pareció más o menos similar: una delgada lámina fotográfica.

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Pero las láminas se empezaron a agotar, y hubo que pensar en un material alternativo. Kasimirovich pensó que las radiografías de los hospitales eran parecidas a las láminas fotográficas, y fue a un hospital a preguntar si se las podían vender. El responsable no sólo accedió, sino que le dijo que podía llevarse gratis toda las que quisiera, ya que sólo ocupaban espacio. Este fue el despegue de los huesos o costillas (como le llamaban a los discos impresos en radiografías, también conocidos como roentgenizdat), que fue un negocio sensacional en la URSS, hasta que se pudieron conseguir cintas de casete. Ruslán Bogoslovsky, un estudiante que conoció a Kasimirovich, mejoró su máquina y la calidad de sus discos, creando un sello discográfico con el músico Evgeni Sankov, llamado El Perro de Oro (seguramente en referencia a His Master’s Voice). Ambos terminaron detenidos y cumpliendo 3 años de cárcel. Los compradores eran conocidos como los modernos o stilyagi.

Para facilitar su colocación en los tocadiscos, las radiografías demasiado grandes eran recortadas a mano con tijeras, dándoles la forma del disco de vinilo. El agujero del centro se conseguía quemando el plástico con un cigarrillo. Después se colocaba en la máquina de grabación, y con una aguja más profunda que la que se utilizaba para reproducirlos, se iba haciendo el surco. Cada ejemplar de un disco se copiaba en tiempo real: es decir, para hacer diez copias había que escuchar el disco diez veces. Los discos originales que se copiaban solían traerlos los marineros o pilotos de líneas aéreas que viajaban fuera de la URSS.

Según Stephen Coates, responsable del documental ‘X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone’, los vendedores podían llevar encima unas 50 unidades, veinticinco en cada manga, doblados alrededor del brazo.

Como decíamos antes, el éxito de estos discos duró hasta mediados/finales de los años 60 del siglo pasado. La aparición de las cintas de casete permitió que la duplicación de las grabaciones de músicos occidentales fuera más sencilla, barata, masiva, que entrase mucha más música, y que el sonido tuviera infinitamente mejor calidad que las radiografías. Aunque las cintas vírgenes estaban prohibidas, la gente hacía lo que muchos hacíamos aquí: tapaba los huecos de la parte superior de un casete cualquiera y grababa encima. Diez años más tarde, también floreció un negocio de copia en casetes de música occidental en otro país radicalmente diferente: el Irán de la Revolución Islámica, donde también estaba prohibida la música occidental. Nos lo cuenta Marjane Satrapi en la magnífica Persépolis.

Esta resistencia cultural no sólo se dio en el campo de la música. Los ciudadanos de los países del Este tampoco tenían libre acceso a las películas occidentales. Tanto es así que en la Rumanía de Ceaucescu se creó todo un mercado negro de duplicación y distribución de películas VHS con éxitos de Hollywood (principalmente cintas de Chuck Norris, Bruce Lee o Stallone), que eran dobladas al rumano de forma clandestina por una mujer, Irina Nistor, que ponía voz a todos los personajes.

El documental Chuck Norris contra el comunismo de la realizadora Ilinca Calugareanu explica toda esa historia. No se pierdan el trailer, es brutal. La llegada de los reproductores de vídeo VHS ofreció una alternativa al canal de televisión estatal, que apenas emitía otra cosa que no fuera propaganda. Eso abrió un mercado potencial que aprovechó el empresario, Teodor Zamfir, quien llegó a distribuir hasta 7.000 películas occidentales en Rumanía y quien contrató a Nistor.

Todo empezó cuando a Irina, que trabajaba en el ministerio de propaganda rumano, le ofrecieron un trabajo extraoficial: la traducción de una película sin censura alguna. Cansada de ver siempre lo mismo, Irina aceptó con miedo y visitó a aquel hombre. Era alguien de buena posición, que tenía en el sótano de su casa una colección de películas enorme, un televisor y un micro. El hombre era Teodor Zamfir y amaba el cine estadounidense. Tanto que se jugaba el pellejo cada vez que cruzaba la frontera de Hungría con Rumanía con el maletero cargado de Chuck Norris de contrabando. Luego las vendían por la noche en el maletero del coche.

Para poder introducir las cintas, Zamfir logró convencer a los funcionarios de los servicios secretos rumanos, sobornándoles con las mismas películas que en realidad debían requisarle. Los inicios fueron complicados, porque un aparato de vídeo costaba lo mismo que un coche nuevo, y no podían comprarlo en Rumanía. Pero finalmente su éxito fue brutal, y contribuyó a la caída del régimen comunista.

Contaremos más historias apasionantes en la próxima edición del programa La Choza del Rock, cuando hagamos el programa monográfico sobre rock y comunismo. Como se decía en los 80, permanezcan atentos a sus pantallas.