EL EXTRAÑO CASO DE ROMAN ZOZULYA

9 febrero, 2017 4 comentarios

La noticia saltó a los titulares y nos dejó a todos con muchos interrogantes: un jugador cedido por el Betis al Rayo Vallecano fue acusado de ser nazi por el grupo ultra de este último equipo, y han presionado para que el jugador no se incorpore al equipo, haciendo al mismo tiempo propaganda en favor de las milicias prorrusas. Tuve curiosidad por el caso (la primera vez que un futbolista es acosado de tal forma que tiene miedo de jugar) y me puse a investigar. Desde luego, me llama la atención que haya ocurrido en este caso y no en otros, donde futbolistas acusados de pegar o maltratar a su pareja no han recibido ese acoso o rechazo.

La verdad es que algo de deberes llevaba hechos. Cuando leí esta noticia me quedé boquiabierto: un grupo de españoles resucitan las Brigadas Internacionales y van a Ucrania a combatir. Y no solo españoles: franceses, chechenos, suecos, italianos, alemanes, polacos también combaten en ambos bandos por motivos diversos.

El conflicto bilateral entre Rusia y Ucrania se ha extrapolado a un conflicto entre Rusia y Occidente. En Ucrania, antes del Euromaidán, el país ya estaba dividido al 50% entre prorrusos y pro occidentales. Evidentemente, el impeachment del presidente Yanukovich que llevó a cabo el parlamento de Ucrania en febrero de 2014 fue manifiestamente irregular. Asimismo, hay que decir que el acuerdo con la UE nunca se llegó a firmar, porque Yanukovich no cumplió con los requisitos de democracia y legalidad, que implicaba liberar presos políticos, como Yulia Timoshenko. Tras el Euromaidán, Rusia ha invadido y se ha anexionado Crimea y Sebastopol. Posteriormente, se produjo la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk, iniciando el conflicto que se conoce como Guerra del este de Ucrania o guerra del Donbass.

¿Por qué entonces se percibe como fascistas al ejército y al Gobierno de Ucrania? ¿Qué tiene que ver con el fascismo una guerra territorial entre dos países, y por extensión, un conflicto geoestratégico global y europeo? Por un lado, Rusia ha tratado de conectar el coqueteo de los nacionalistas ucranianos en la Segunda Guerra Mundial con Hitler y la guerra de la URSS contra Alemania con la guerra contra Ucrania, tratando de hacer una reescritura de la Historia muy poco afortunada, y aprovechando los crímenes de los nacionalistas ucranianos durante el conflicto mundial 1939-1945 para hacer un salto triple mortal con tirabuzón, y decir que por lo tanto Alemania nazi=Ucrania de hoy. Aunque el intento de rehabilitación de la figura de Stepan Bandera en 2010 fue poco afortunada, y era contraria a los acuerdos con la UE, está muerto hace mucho. Y hoy en Ucrania los partidos neonazis o de extrema derecha están en franca minoría.

Como indica muy acertadamente este artículo de El País: “la desinformación de RT [Russia Today] ha defendido que la ideología neonazi está muy presente en Ucrania y especialmente entre los voluntarios que luchan en el frente contra las milicias prorrusas. Los partidos que representan la derecha más radical obtuvieron en torno a un 6% en las últimas elecciones ucranias [sin obtener un solo asiento en el parlamento], una cifra inferior a la que han cosechado otras formaciones de ideología similar en países miembros de la UE. “La propaganda rusa vinculó el Maidán con el auge de los neonazis, un mito que se ha desmontado en cada cita electoral”, asegura Borja Lasheras, director en Madrid del Centro Europeo de Relaciones Exteriores. “Estos grupos radicales tienen una visibilidad mayor que su representación política”, matiza”. El presidente del país, Petro Poroshenko, es un occidentalista liberal sin vínculos con partidos nacionalistas ucranianos. Y evidentemente puede haber grupos armados descontrolados, pero son la excepción y no la regla.

Que los partidarios de Putin se lo traguen lo puedo entender, pero que la izquierda lo haga me cuesta. Aunque al final se trata de personas que también llamarían fascista a la UE, a Ángela Merkel, al PP, al PSOE, a EEUU y a Occidente en general. Al final no es tan complicado. El problema con el término fascista (como el término terrorista) es que se usa tanto que al final ya no significa nada, y supone una ofensa para los que fueron víctimas del verdadero fascismo (o terrorismo). Pero realizar la técnica que Antonio Cervero denomina etiquetado es muy eficaz:

“Utilizar etiquetas negativas, por ejemplo contra un adversario, sin que exista realmente ningún dato real que la justifique es muy eficaz por el denominado efecto halo, que viene a decir que cuando asignamos una característica negativa a una persona, estamos más dispuestos a asignarle otras propiedades negativas añadidas.

Es el caso del archiconocido término “fascista” con que alguno se refiere hoy a cualquiera que no piense como él mismo, o el mucho más reciente término político “casta”. Porque si uno es un “fascista” o forma parte de la “casta”, cómo vamos a estar de acuerdo con lo que dice… nos convertiría en cercanos a ellos, así que lo mejor es rechazar todo lo que venga de esa fuente.”

Todo lo que ha hecho el futbolista es colaborar (con aportaciones económicas y cediendo su imagen) con el Ejército Popular, una fundación-milicia de voluntarios. Zozulya también fue condecorado por el Gobierno de Petro Poroshenko con una medalla. El delantero subastó su medalla de finalista de la Europa League y destinó la recaudación a cubrir las necesidades de los niños en las localidades situadas en el frente. Hace unas semanas, el canterano del Dinamo de Kiev donó un dron al Ejército. Se le acusa de aparecer en la página del Batallón Azov en un video en el que dice textualmente lo siguiente: “Soy Roman Zozulya, jugador del Dnipro y también voluntario. He ayudado mucho a nuestra armada para que logre la victoria”, dice en ruso. Y a continuación en ucraniano “Yo defiendo los requisitos de la nación, no la capitulación”. Este vídeo no sólo está en la cuenta de Youtube del batallón Azov, sino en muchísimas otras cuentas de Youtube.

En conclusión, no se ha demostrado que este jugador haya cometido ningún acto abominable, ni su vinculación con grupos nazis o paramilitares, como sí lo son el batallón Aidar o el Sector Derecho. Es un señor que apoya defender a su país de la invasión que está sufriendo, nos parezca mejor o peor. Y un deportista que sólo quiere poder trabajar.

Por otra parte, nadie habla de un problema más grave, que es el hecho de que los clubes de fútbol sigan tolerando y fomentando en muchos casos grupos de extrema izquierda o extrema derecha, como es el caso de los acosadores de este jugador, que se pueden dedicar impunemente a quemar coches, pegar o incluso matar a personas, provocar altercados, y no se les expulse del deporte, que es donde no deberían estar nunca.

PD: enlazo aquí la entrada respecto del mismo tema de mi amigo Cancerverus en su blog, muy acertada como siempre y complementaria a la mía, recomiendo encarecidamente su lectura: https://cancerverus.wordpress.com/2017/02/11/todo-el-mundo-es-nazi/

QUE DECIDA LA GENTE

1 febrero, 2017 4 comentarios

El otro día recibí una carta kafkiana del Ayuntamiento de mi ciudad (Madrid) en la cual se dice que dos propuestas ciudadanas (“Madrid 100% sostenible” y “billete único para el transporte público”) han recibido el apoyo del 1% (sí, han leído bien, el 1%) de personas mayores de 16 años empadronadas en Madrid. Por lo tanto, ahora los ciudadanos podemos votar si el Ayuntamiento las llevará a cabo o no. Además, se somete a la decisión de los ciudadanos cuál de los dos proyectos finalistas se llevará a cabo para remodelar la plaza de España.

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Sin entrar demasiado en el detalle de las propuestas (la primera dice textualmente “Queremos un Madrid (…) que desafíe a las eléctricas (…) y se asegure de que a ninguna familia le corten la luz este invierno”…pues con las competencias que tiene el Ayuntamiento de Madrid ya me explicarán cómo van a hacer eso), quiero poner el centro de atención en la cuestión de qué bonito y democrático es que todos votemos todo, y qué estupendo es que la gente decida. Una persona que conocí el otro día me decía que era la primera vez que la preguntaban algo, y que le parecía estupendo. Vamos al lío.

Hay últimamente un mantra de que votar es democracia, y si se niega la posibilidad de votar, estamos negando la democracia. Eso sobre todo lo predican ahora esos campeones de la legalidad que son los nacionalistas catalanes, dispuestos a incumplir leyes y sentencias de los tribunales a la menor ocasión. Las dictaduras tampoco le hacen ascos a los referéndums (Franco celebró dos, Pinochet otros dos, y en Cuba hubo uno).

En este artículo, Carles Pastor pone de relieve los peligros de la democracia directa a través de los dos ejemplos más representativos: California y Suiza. La conclusión es que ha producido más perjuicios que beneficios: por ejemplo, al causar la bancarrota del Estado de California; o conflictos a nivel europeo, por la prohibición del voto femenino en Suiza en 1959, en contra de la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, que Suiza acababa de firmar; o rechazando la libre entrada en su mercado laboral de los ciudadanos de la Unión Europea.

Hay que entender el fenómeno último que se está produciendo en el contexto del desapego de la política, del “no nos representan”, que los políticos en España se han ganado a pulso durante los últimos 30 años. Pero una cosa es favorecer los sistemas de participación popular en los mecanismos democráticos, y otra muy diferente es una dejación de funciones de los representantes políticos, que además puede generar funestas consecuencias para esos mismos ciudadanos que acuden tan contentos a “participar”. El Brexit es la prueba más reciente de lo acertado de la frase que dice que los referéndums los carga el diablo, y los disparan los gilipollas.

La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación actual, en el que la Alcaldesa no tiene mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se ve obligada a negociar, y por lo tanto las posiciones minoritarias pueden estar mejor representadas y conseguir que se llegue a escuchar su voz.

En mi opinión, lo que se hace es una dejación de funciones del Gobierno municipal, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostiene se presentó a las elecciones con un programa electoral que ahora debe cumplir, o al menos intentarlo. Eso es gobernar, tomar decisiones sabiendo que no vas a contentar a todo el mundo, pero siendo coherente con tu contrato con los ciudadanos, y tratando de cumplirlo.

Por supuesto que soy partidario de una mayor participación ciudadana en las instituciones públicas, pero no así. Creo que la participación tiene que ir en sentido contrario, del ciudadano al político. Por ejemplo, estableciendo cauces de comunicación entre representados y representantes (qué lejano queda el UPyD Day, cuando cualquier ciudadano, sin pedir cita previa, podía entrevistarse con un concejal o diputado de este partido en la Comunidad de Madrid); o informando a la gente que ya hay cauces previstos en la ley y que no se usan por falta de información. ¿Cuánta gente en Madrid sabe que tiene derecho a ir a su Junta Municipal de Distrito, solicitar por escrito que quiere hablar en el próximo pleno, y  hacerlo al final del acto (teniendo la obligación el concejal presidente de contestarle)? Habría que desplazar el centro de gravedad de la responsabilidad del cargo público del partido hacia el elector. Y falta hacer mucha pedagogía democrática para que la gente entienda cómo funcionan las instituciones, y de este modo puedan decidir qué hacer con ellas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacer correctamente un examen fácil sobre el Congreso y el Senado? Cuando hice campaña electoral en las elecciones europeas de 2009, me pasé todo el tiempo explicando a los electores lo que iban a votar, para qué sirve el Parlamento Europeo, y las diferencias entre el Consejo, la Comisión y el Consejo de Europa.

¿Se ha fomentado adecuadamente la participación ciudadana prevista en la legislación urbanística, tanto en la fase de exposición pública como en la fase de aprobación inicial, respecto de los planes de ordenación urbana? ¿Por qué los partidos políticos no abren buzones para propuestas legislativas de los ciudadanos? Se me dirá que este es el caso, que estas propuestas vienen de ciudadanos, pero hay un matiz: las implicaciones técnicas que tiene un proyecto como peatonalizar la Gran Vía, por ejemplo, exceden de la capacidad del ciudadano común, y desde luego exceden de la mía. Es tarea del Gobierno tomar esas decisiones de acuerdo a su programa electoral, pero también según la información técnica facilitada por aquellos que saben del tema. Leerme los 59 folios del proyecto Y no me han aclarado mucho, y me surgen otras muchas cuestiones que la información no resuelve.

Yo no puedo gobernar, igual que no podría operar a una persona. Me falta información y conocimientos, no tengo a mi disposición a los asesores y técnicos que me pueden explicar todas las aristas de cada asunto. Pero sí puedo elegir a quiénes van a tener esa dura responsabilidad sobre sus espaldas, igual que puedo elegir al médico que quiero, y no votar a quiénes lo hayan hecho mal, en mi opinión. En Suiza los políticos no cobran por su trabajo, tienen su profesión y se dedican a la política en su tiempo libre. Aquí en España se trata de una profesión. Yo sí que puedo tratar de informarme de si lo que me están contando es cierto o no. Y también puedo intentar aportar en el sector en el que tengo experiencia y conocimientos, y sé de lo que hablo. Yo necesito un gestor que me solucione los problemas, no que me pase la pelota para que yo “decida”.

Vamos navegando en sentido contrario a la sensatez. En vez de conseguir que la gente esté cada vez más informada, seamos más transparentes, los políticos rindan más cuentas, vamos hacia disfrazar el oscurantismo mediante mantras como “gente”, “participación”, “democracia”. Palabras que ya no significan nada. La “gente” ya participó para que ustedes estuvieran en el Gobierno. Pues gobiernen, coño.

En realidad, ya dijo Pablo Iglesias lo que Podemos pretendía al llegar a las instituciones en la rueda de prensa que dio el 5 de junio de 2014, minuto 46:40 (transcrito literalmente del vídeo, la negrita es mía, y pido perdón por su inglés):

“We are not a noisy minority, because we are not an organization with the will of be the solution of the problem. We just want to be a space of participation for the people, and we will like to be a part, to be an element to the creation of a new political majority in our country. We are not the solution, we are just a tool in order to create this new situation”.

Es decir, nosotros no estamos aquí para solucionar los problemas, sino para que la gente participe. Está todo dicho.

‘LA LA LAND’ (LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS), PERSIGUIENDO UN SUEÑO

16 enero, 2017 1 comentario

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Mia (Emma Stone) es una aspirante a actriz que trabaja en la cafetería de unos estudios cinematográficos, y que no para de hacer castings sin resultados positivos. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista de jazz cuya meta es abrir su propio club en el que se escuche jazz clásico. Ambos luchan por conseguir sus sueños en un mundo difícil. Su romance constituye una odisea en la que tendrán que tomar decisiones complicadas.

Damien Chazelle ya nos sorprendió muy gratamente con ‘Whiplash’ (2014), y ahora lo vuelve a hacer con un más difícil todavía en este musical (es gracioso que J.K. Simmons, el terrible profesor de ‘Whiplash’, tenga un pequeño papel en esta película).

Todo está magníficamente facturado: desde los números musicales (diseñados como pequeños momentos de respiro del guión: los justos, ni muchos ni pocos); la fotografía, sensacional, con muchos tonos pastel y paisajes urbanos que a veces quitan el hipo, con el telón de fondo de Hollywood, esa ciudad de las estrellas; un guión redondo desde todos los puntos de vista, incluyendo un “dos en uno” final; el ritmo adecuado a la historia que cuenta; la música de Justin Hurwitz, que hace encajar perfectamente todas las demás piezas.

Los actores principales están sensacionales, rezumando química entre los dos protagonistas, lo que hace muy creíble su interpretación. El resto forman un decorado humano sin ninguna función adicional. A destacar por un lado que Ryan Gosling aprendió a tocar el piano apenas unos meses antes para interpretar el papel de Sebastian, y lo hace de forma muy convincente; y por otro, la muy notable mímica gestual de Emma Stone. En los números de baile se nota que ellos no son bailarines, pero la factura del film no se resiente por ello, ni mucho menos.

Pero la parte más interesante es el planteamiento de tres grandes cuestiones: perseguir el sueño de tu vida, contra viento y marea; dos, el hecho de querer tocar la música que amas, enfrentado a que eres un ser humano, y tienes la mala costumbre de comer tres veces al día y pagar el alquiler. Y por último añadamos el conflicto entre la música que le gusta a la gente y la que no (“dices que quieres que el jazz no se extinga… ¿cómo lo vas a conseguir, si no lo escucha nadie?”).

En ‘Música y lágrimas’ (The Glenn Miller Story), Glenn Miller (James Stewart) aparece como un músico que malvive y que tiene un sueño, encontrar su propio sonido. Y llega un momento en que se acomoda y abandona esa búsqueda. Entonces su mujer, Helen (June Allyson), le hace ver que ella se enamoró del soñador, no del pragmático que ahora vive con él. Aquí volvemos a revisar este conflicto, junto con otros más. La lucha de los protagonistas contra la realidad para conseguir sus sueños hace que el espectador se identifique con ellos profundamente. Por otra parte, como en ‘Las zapatillas rojas’ (1948), se nos plantea el conflicto entre el amor y la vocación artística.

Como vemos, no se plantean situaciones originales. La cuestión es el buen gusto con el que se ha creado un plato diferente, con ingredientes conocidos (nostalgia, deseos, ilusión, añoranza, sencillez, música, amor, danza), pero combinados de una forma distinta, apto para todos los públicos, de 5 a 99 años, y condimentado con el perejil del amor al cine. Porque esta película, por encima de todo, es un canto de amor al séptimo arte como no recuerdo desde ‘The bad and the beautiful’ (Cautivos del mal), de Vicente Minelli (1952), aunque sin llegar ni de lejos al nivel de esta última.

Resumiendo, una de las mejores películas de este año, pero a la que no veo como un clásico imperecedero. Lo que sí hará es arrasar en los Óscar, seguro. Reúne todos los ingredientes para ello. Damien Chazelle es muy bueno, y listo, muy listo.

Lo mejor: la factura en general de toda la película, en todas sus facetas; se trata de un producto muy bien realizado. Y la actuación de los dos protagonistas.

Lo peor: no va a ser un clásico contemporáneo.

ROCK Y COMUNISMO

26 diciembre, 2016 Deja un comentario

Es fascinante cómo la gente se ve obligada a buscarse la vida cuando desde el poder se trata de limitar su libertad de elegir y obrar. El museo de Berlín de Checkpoint Charlie es un buen ejemplo de ello. Vamos a ver algunas anécdotas relacionadas con la prohibición de la música occidental en los países comunistas, en concreto el rock, tras la Segunda Guerra Mundial.

Los nazis y los comunistas consideraban la música americana como música degenerada y por lo tanto prohibida. Aunque el jazz fue en cierto modo tolerado, la crítica soviética hacia este estilo musical fue muy fuerte, como en general a toda la cultura de Occidente. Incluso existía un proverbio: “Hoy toca jazz y mañana traicionará la patria”. Con el surgimiento del rock and roll, el Estado soviético fue mucho más represivo hacia este estilo musical. El tema da para mucho, y yo aquí sólo voy a dar unas breves pinceladas. Próximamente emitiremos una edición monográfica del programa de radio La Choza del Rock en Radio10, en el cual trataremos el tema de forma amplia (contaré aquí fecha y hora de emisión, y colgaré el podcast).

Para hacernos una idea, aquí tenemos un comunicado del Komsomol (organización juvenil del partido comunista de la URSS) en el que hace una lista de grupos cuyas composiciones son “dañinas ideológicamente”.

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Nos podemos echar unas risas viendo como a Julio Iglesias se le calificaba de neofascista, así como a ACDC y Kiss (pero estos por el “rayo” de las SS en sus logos). El régimen soviético comulgó con ‘Lady Madonna’ o ‘Can’t Buy Me Love’, por su mensaje anti capitalista (ésta última fue incluso la sintonía de un programa de la televisión soviética que criticaba a los EEUU).

El documento está hecho para que se controlara la música que sonaba en las discotecas organizadas por las Juventudes del Partido Comunista, a lo largo de los años 70 y 80. El propio Serghei Zhuk (autor del libro Rock And Roll In The Rocket City) fue disc jockey en una de estas discotecas de su ciudad. Dmitri Medvedev, presidente de Rusia de 2008 a 2012, también lo fue.

Uno de los rumores más jugosos de la mitología de los Beatles afirma que a mediados de los 60 visitaron Rusia en secreto y dieron un concierto para los hijos de altos cargos del Partido. Los defensores de esta teoría afirmaban que la letra de ‘Back In The USSR’ era una referencia por parte de Paul McCartney a este viaje (“Ukraine girls really knock me out”).

Otro tema muy curioso es el de los discos hechos en radiografías para evitar la censura. Todo empezó a finales del año 1946, cuando en San Petersburgo un ingeniero, Stanislav Kasimirovich, trajo desde Polonia una máquina para grabar discos. Así se formó el estudio de grabación Cartas sonoras, en el cual se grababan mensajes pequeños, alguna felicitación o similar, con acordes de guitarra o de piano de fondo. Como había déficit de discos de vinilo para las grabaciones, se comenzó usando un material que al ingeniero le pareció más o menos similar: una delgada lámina fotográfica.

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Pero las láminas se empezaron a agotar, y hubo que pensar en un material alternativo. Kasimirovich pensó que las radiografías de los hospitales eran parecidas a las láminas fotográficas, y fue a un hospital a preguntar si se las podían vender. El responsable no sólo accedió, sino que le dijo que podía llevarse gratis toda las que quisiera, ya que sólo ocupaban espacio. Este fue el despegue de los huesos o costillas (como le llamaban a los discos impresos en radiografías, también conocidos como roentgenizdat), que fue un negocio sensacional en la URSS, hasta que se pudieron conseguir cintas de casete. Ruslán Bogoslovsky, un estudiante que conoció a Kasimirovich, mejoró su máquina y la calidad de sus discos, creando un sello discográfico con el músico Evgeni Sankov, llamado El Perro de Oro (seguramente en referencia a His Master’s Voice). Ambos terminaron detenidos y cumpliendo 3 años de cárcel. Los compradores eran conocidos como los modernos o stilyagi.

Para facilitar su colocación en los tocadiscos, las radiografías demasiado grandes eran recortadas a mano con tijeras, dándoles la forma del disco de vinilo. El agujero del centro se conseguía quemando el plástico con un cigarrillo. Después se colocaba en la máquina de grabación, y con una aguja más profunda que la que se utilizaba para reproducirlos, se iba haciendo el surco. Cada ejemplar de un disco se copiaba en tiempo real: es decir, para hacer diez copias había que escuchar el disco diez veces. Los discos originales que se copiaban solían traerlos los marineros o pilotos de líneas aéreas que viajaban fuera de la URSS.

Según Stephen Coates, responsable del documental ‘X-Ray Audio: The Strange Story of Soviet Music on the Bone’, los vendedores podían llevar encima unas 50 unidades, veinticinco en cada manga, doblados alrededor del brazo.

Como decíamos antes, el éxito de estos discos duró hasta mediados/finales de los años 60 del siglo pasado. La aparición de las cintas de casete permitió que la duplicación de las grabaciones de músicos occidentales fuera más sencilla, barata, masiva, que entrase mucha más música, y que el sonido tuviera infinitamente mejor calidad que las radiografías. Aunque las cintas vírgenes estaban prohibidas, la gente hacía lo que muchos hacíamos aquí: tapaba los huecos de la parte superior de un casete cualquiera y grababa encima. Diez años más tarde, también floreció un negocio de copia en casetes de música occidental en otro país radicalmente diferente: el Irán de la Revolución Islámica, donde también estaba prohibida la música occidental. Nos lo cuenta Marjane Satrapi en la magnífica Persépolis.

Esta resistencia cultural no sólo se dio en el campo de la música. Los ciudadanos de los países del Este tampoco tenían libre acceso a las películas occidentales. Tanto es así que en la Rumanía de Ceaucescu se creó todo un mercado negro de duplicación y distribución de películas VHS con éxitos de Hollywood (principalmente cintas de Chuck Norris, Bruce Lee o Stallone), que eran dobladas al rumano de forma clandestina por una mujer, Irina Nistor, que ponía voz a todos los personajes.

El documental Chuck Norris contra el comunismo de la realizadora Ilinca Calugareanu explica toda esa historia. No se pierdan el trailer, es brutal. La llegada de los reproductores de vídeo VHS ofreció una alternativa al canal de televisión estatal, que apenas emitía otra cosa que no fuera propaganda. Eso abrió un mercado potencial que aprovechó el empresario, Teodor Zamfir, quien llegó a distribuir hasta 7.000 películas occidentales en Rumanía y quien contrató a Nistor.

Todo empezó cuando a Irina, que trabajaba en el ministerio de propaganda rumano, le ofrecieron un trabajo extraoficial: la traducción de una película sin censura alguna. Cansada de ver siempre lo mismo, Irina aceptó con miedo y visitó a aquel hombre. Era alguien de buena posición, que tenía en el sótano de su casa una colección de películas enorme, un televisor y un micro. El hombre era Teodor Zamfir y amaba el cine estadounidense. Tanto que se jugaba el pellejo cada vez que cruzaba la frontera de Hungría con Rumanía con el maletero cargado de Chuck Norris de contrabando. Luego las vendían por la noche en el maletero del coche.

Para poder introducir las cintas, Zamfir logró convencer a los funcionarios de los servicios secretos rumanos, sobornándoles con las mismas películas que en realidad debían requisarle. Los inicios fueron complicados, porque un aparato de vídeo costaba lo mismo que un coche nuevo, y no podían comprarlo en Rumanía. Pero finalmente su éxito fue brutal, y contribuyó a la caída del régimen comunista.

Contaremos más historias apasionantes en la próxima edición del programa La Choza del Rock, cuando hagamos el programa monográfico sobre rock y comunismo. Como se decía en los 80, permanezcan atentos a sus pantallas.

DIARIO DE UN ESCRITOR NAIF

10 diciembre, 2016 2 comentarios

Puedo presumir de tener la fortuna de cultivar la amistad de Vicente Torres, todo un señor y un caballero valenciano, que es de oficio escritor. Su último libro, Diario de un escritor naif, me lo acabo de leer del tirón. El libro sólo se puede comprar en Amazon, es decir, aquí.

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De todos los libros de Vicente este en concreto es el que más me ha gustado. Da la casualidad que mi género literario favorito es el ensayo, y dentro de él, las colecciones de artículos. En Diario de un escritor naif, nos encontramos con un libro en esa línea, con breves reseñas, una para cada día del año, por el que pasan personajes diversos a través de los ojos de Vicente, que siempre en primera persona nos los hace ver, como pequeños fotogramas de una película. Al final del calendario tenemos la sensación de haber visto un film costumbrista con muy diversos personajes, que a veces unos nos llevan a otros, como las cerezas, que tiramos de una y sacamos otras tantas unidas.

Asimismo, este libro es como una bolsa de té, que al sumergirnos en su lectura como en una jarra de agua hirviendo, de algún modo extraemos el jugo de Vicente y podemos tomar un trago de su personalidad, y sus fobias y filias: los tres libros que recomendó una vez (‘La invención del reino vegetal’, de Aina S. Erice; ‘El primer hombre’, de Albert Camus; y ‘El testamento francés’, de Andrei Makine); las personas a las que admira (Fernando Savater, Adolfo Suárez, Maite Pagaza, Consuelo Ordóñez, Rosa Díez); la invasión nacionalista catalana en la Comunidad Valenciana; los defectos que detesta de los demás (prepotencia, soberbia, crueldad, ignorancia, petulancia); su visión de la escena política actual; la descripción de algunos afortunados que gozamos de su amistad; y un puñado de recuerdos personales, dulces, como envueltos en papel de celofán.

Cierto es como dice el propio autor hay citas ‘robadas’, de autores o personas que conoce. Pero incluso a través de esos pedacitos de otro conseguimos asimismo llegar a tener un cuadro más acabado de quién es Vicente Torres. Como dijo César Gavela refiriéndose a otro libro de Vicente (‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’), “(…) tienes una gran habilidad para mezclar temas muy diferentes, y que todos tengan una misteriosa unidad de fondo. Y eso es la mirada del autor, naturalmente”.

He pensado una idea un poco loca, que sería escribir unas apostillas a sus notas en el Diario, porque según leía algunas se me iban ocurriendo cosas para completar, contestar o sugerir. Quizá lo haga, con permiso del autor.

Me permito terminar con uno de esos ‘robos’. Pertenece a un correo que le escribió el periodista y escritor Juan Bas a Vicente Torres y que dice así: “soy de la vieja guardia que considera que el agradecimiento y la educación son dos buenos esquíes para deslizarse entre la gente sin molestar”. El propio Vicente añade: “(…) los bastones con que acompaña los esquíes están compuestos con su sentido del humor”. Agradecimiento, educación y sentido del humor son precisamente tres frutos cada vez más escasos hoy en día, y que alegran mi espíritu cuando los hallo. Y de eso el autor va sobrado.

Que lo disfruten.

‘LA OTRA CRÍTICA’: ‘BAR BAHAR’, AGRIDULCE RETRATO FEMENINO

5 diciembre, 2016 3 comentarios

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Leila (Mouna Hawa) es una abogada que lleva una vida nocturna paralela; Salma (Sana Jammelieh) es una DJ que engaña a su familia haciéndoles creer que es profesora de música; y Noor (Shaden Kanboura) es una estudiante de informática con un novio fundamentalista. Las tres son palestinas compartiendo piso en Tel Aviv, pero sus ansias de felicidad se ven limitadas por los condicionantes de la sociedad en la que viven.

A lo largo del año 2015 hemos podido ver varias películas en las que el tema central es el empoderamiento femenino, sobre todo en países musulmanes (Mustang, Siete diosas, La estación de las mujeres). Bar Bahar, primera película de la directora palestina Maysaloun Hamoud, puede catalogarse en este tipo, y resulta sorprendente por varios motivos.

Lo más curioso de esta película es que nos ofrece un novedoso retrato de personajes femeninos en la compleja realidad de Israel: tenemos a tres mujeres palestinas que viven en Tel Aviv, en un entorno totalmente occidentalizado, pero en el que a su vez tampoco encajan.

Es curioso que sobre todo los personajes masculinos encarnan todos los clichés en una película de denuncia social: el que va de moderno pero al final le asoma la vena tradicional; el integrista puritano que resulta ser un salido y un violador; el político cristiano “liberal” que al final es un hipócrita. Pero también la violación como recurso para ganarse la solidaridad del espectador; la diversidad sexual en el grupo de jóvenes transgresores (contar con un gay y una lesbiana son casi obligatorios); la diversidad casi opuesta entre las tres protagonistas, pero que comparten la necesaria solidaridad femenina entre ellas cuando el sol aprieta; y el hecho de atizarle a las tres religiones del libro como corresponde (el padre cristiano, el novio musulmán y el amigovio judío).

La directora se apoya en la magnífica interpretación de las tres protagonistas para desarrollar un relato simpático, salpicado con las dosis justas de comedia y drama; las situaciones cotidianas como telón de fondo; y la música y la fotografía como pegamento que une todo y le da sentido. Como señala la directora: “Es la música con la que vivimos, comemos y bebemos, aunque todavía hoy no puedo nombrar al autor de la mayoría de las canciones porque podría meterse en problemas”.

La película pone sobre la mesa las contradicciones a las que se enfrentan los jóvenes palestinos que viven en Israel, el surgimiento de un movimiento underground, y el llamamiento a que a esta zona de Oriente Medio llegue en algún momento la libertad de poder hacer cosas que en Occidente nos parecen normales, como trabajar, fumar, beber alcohol, elegir a tu pareja o divertirte. La escena inicial constituye en este sentido un magnífico preámbulo a la realidad con que nos vamos a encontrar después, una especie de “abandonad toda esperanza” escrito en la puerta del infierno.

En suma, un producto bastante bien acabado, entretenido, con un planteamiento casi de comedia televisiva, pero que elimina clichés respecto de la juventud palestina y refleja la enrevesada realidad, mediante personajes bien construidos y creíbles; que busca la complicidad y simpatía del espectador, utilizando a su vez clichés ya vistos en este tipo de películas.

La recomiendo ver antes de que la quiten de la cartelera.

Lo mejor: la interpretación de las tres protagonistas, el ritmo de la película, y el ambiente construido mediante la banda sonora y la fotografía.

Lo peor: el final no es ni abierto ni cerrado, sino todo lo contrario. Esta película se merecía un final mejor.

 

LA DOBLE VARA DE MEDIR

27 noviembre, 2016 5 comentarios

En poco tiempo se han producido dos hechos que, una vez más, han revelado la doble vara de medir que algunos utilizan para esconder lo molesto y retorcer lo que les interesa de hechos y personajes. Daré pinceladas sueltas sobre temas que merecerían una más profunda reflexión, quizá.

Empezaré por lo último. La muerte de Fidel Castro ha sido el suceso que ha vuelto a disparar reacciones muy significativas. Suelo escuchar los fines de semana por la mañana el programa de la SER A vivir que son dos días, de Javier del Pino (lo siento, Jaime, pero sales muy poquito en uno de los programas competidores). Es un programa muy sesgado hacia la izquierda, pero con buena calidad en los contenidos y en las historias que cuenta su director. Esta mañana él mismo ha caído en la trampa de la ideología, cuando ha comenzado a comparar la dictadura de Franco con la de Fidel con buenos argumentos, y ha habido un momento en el cual en su chip ideológico ha saltado la alarma para decir que, por supuesto, no se pueden comparar, uno fue un dictador fascista, y el otro fue otra cosa.

Lo más divertido ha sido el comentario de mi amigo Alvise Pérez en su muro de Facebook, bastante ingenioso, y las reacciones subsiguientes:

alvise_franco

Sin entrar en profundidad en el tema de Cuba, que requeriría un monográfico extenso, sí quiero destacar que la ideología nos obliga a blanquear u ocultar los hechos incómodos (persecución de la homosexualidadla normalidad de las relaciones con la España de Franco, que no obedeció el bloqueo norteamericano y decretó tres días de luto cuando Franco murió; la justificación de la prostitución por necesidad de muchas mujeres en Cuba; las purgas en los primeros años del castrismo entre aquellos que se atrevieron a disentir del líder, como Huber Matos), por no hablar de la represión, la existencia de presos políticos, la pobreza y la falta de democracia. Nos dirán que hay luces y sombras, pero que la alternativa era mucho peor: ser una colonia de los EEUU. Siempre nos dirán que hay que escoger entre lo malo y lo peor. Sólo hay buenos (los míos) y malos (los de los demás), y mis defectos son culpa de los otros, o directamente mentira, resultado de su propaganda.

Yo desde luego no justifico el franquismo, pese a crear las pagas extraordinarias, la edad mínima y máxima para trabajar, la enseñanza y la sanidad universales y gratuitas, las viviendas sociales, el salario mínimo interprofesional, el estatuto de los trabajadores, las viviendas sociales, la industrialización, la red hidroeléctrica y la creación de una clase media a partir de los años 60. Como no compro tampoco el régimen de Fidel Castro, por muchos logros en sanidad y educación que me quieran vender. Eso sí, es divertido comprobar que Franco lleva muerto 40 años y los Castro llevan 57 en el poder (y contando).

El caso de Cuba, como el mito de la izquierda mejor elaborado del siglo XX, lo resume Santiago González magistralmente en su artículo para El Correo de 13 de agosto de 1993 titulado La Habana Crepuscular, del que extraigo un párrafo:

“Siempre hay algún amigo ignorante de que el amor es básicamente una decidida y subjetiva voluntad de equivocarse y que se empeña en proporcionarnos una visión escatológica del objeto amoroso, en presentarlo bajo una apariencia de objetividad que nos apea de la ilusión y nos instala en territorio racional: ¿por qué la gente va a querer huir del paraíso? ¿Por qué toman las embajadas al asalto y se echan a un mar infestado de tiburones en un neumático de camión? Yo le explicaba a mi amigo lo que hay que explicar en estos casos, pero él seguía sin ver clara la relación entre el bloqueo norteamericano y el encarcelamiento de los homosexuales en Cuba”.

Del mismo modo, los otros nos dirán que Pinochet (pese a sus más de 40.000 víctimas) salvó a Chile del comunismo; que Somoza “era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta” (Cordell Hull dixit, secretario de Estado de Roosevelt); o el apoyo de EEUU a Videla en Argentina nos lo explicarán como un factor de estabilidad en la zona.

Hay otro camino, por supuesto. Pero exige leer, pensar, buscar si lo que se dice es cierto. Lo fácil es dejarse atrapar en los hunos o los hotros. El otro camino nos demanda juzgar los hechos sin colores y sin nombres: no fiarnos nunca de lo que nos digan en primera instancia, investigar y ser críticos. Y nunca conformarnos con lo menos malo. Además, no tomar los hechos como algo personal, guardar distancia y no hablar por boca de un hooligan. El problema, sobre todo con la izquierda, es que tiende a analizar no a partir de los hechos, sino de los sentimientos que esos hechos le provocan.

Yo no tengo ideología, tengo ideas, sujetas en todo momento a revisión por parte de otra persona que aporte las suyas.

El otro tema ha sido la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Lo más divertido han sido los memes. Parecía que llegaba el apocalipsis, y que de repente millones de personas cruzarían la frontera con México en sentido contrario.

Como siempre, las cosas no son tan simples. Al fin y al cabo, el sistema norteamericano tiene dos factores que van a suavizar mucho las medidas que pueda llegar a tomar Trump: uno, el sistema de contrapesos que existen entre los tres poderes (ver aquí en página 22); y dos, la inexistencia de la disciplina de voto en congresistas y senadores.

La causa principal de lo que ha pasado es que la gente quería un cambio. La clase media norteamericana está harta de trabajar más horas por menos dinero, de no poder afrontar la educación de sus hijos, de que se cierren empresas y se deslocalicen en Méjico o en China. Y Trump ha sido el único que se ha preocupado de ellos. Con argumentos y propuestas estúpidas, cierto; por un personaje zafio, ignorante, patán, maleducado (qué diferencia con Marco Rubio, por ejemplo), y al que ni siquiera su propio partido ha apoyado hasta dos semanas antes de las votaciones. Pero finalmente ha sido el establishment contra un outsider. Que haya ganado un tipo como Trump habla muy mal…de sus rivales.

Por otro lado, Clinton ha sido la peor candidata que los demócratas podían presentar: simboliza como ningún otro el régimen establecido, contra el que el americano medio ha querido rebelarse. Y yo no creo que Sanders hubiera obtenido mejor resultado: muchos lo perciben como demasiado izquierdista, aun no teniendo la rémora de formar parte de establishment ni haber mentido o estar acusado de corrupción. De hecho, creo que mucha gente que votó a Sanders se ha quedado en casa. Los votos republicanos en los tres últimos procesos electorales no han variado demasiado (siempre en torno a los 62 millones), pero Hillary obtuvo 5 millones menos de votos que Obama en 2008.

La gente ha comprado medicina populista, soluciones simples llenas de testosterona para aliviar frustraciones ciudadanas: está claro que Trump no va a obligar al Gobierno de Méjico a construir un muro, ni va a hacer que las más de 1.500 empresas norteamericanas que fabrican muy cerca de la frontera de Méjico vuelvan a EEUU. Igual que aquí compran esa medicina muchos millones. Allí la red de seguridad se llama contrapesos del poder, aquí es la pertenencia de España a la Unión Europea. Luis del Pino hizo un ejercicio divertido recogiendo unas cuantas frases (por ejemplo: “Los tratados de libre comercio que quieren aprobar representan muchos billones, controlados por algunas naciones, corporaciones y lobbies; por todos aquellos que manejan los resortes del poder político, junto con sus intereses globales”), y proponiendo a los lectores que adivinasen el autor. Y la solución fue sorprendente. O no tanto.

El por qué en España, Italia y Grecia el populismo es de izquierdas y en el resto de Europa de derechas es una cuestión de la que hablamos el otro día en la comida. Para la próxima entrega. Y Roberto, prometo citarte.