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NO SOY UN NACIONALISTA ESPAÑOL

27 febrero, 2010 Deja un comentario

El incidente del gallego de Rosa Díez en el programa de Iñaki Gabilondo y los debates (por decir algo, porque para debatir hacen falta al menos dos personas que razonen) que he mantenido en internet con personas ofendidísimas por ello, finalmente han llegado a un mismo punto: vale, los nacionalistas somos muy malos, pero es que usted también es un nacionalista, pero español. Luego usted se comporta como nosotros. Ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.

Bueno, pues no, pues en eso no somos iguales. Si fuera un nacionalista español, reclamaría que sólo se utilizara el castellano en las comunidades donde hay más de un idioma oficial; aunque no le quitaría ese estatus, en la práctica impediría que se utilizara el catalán o el euskera, por ejemplo, no haciendo formularios administrativos en otro idioma que no fuera el castellano. Tampoco permitiría la educación en otra lengua que no fuera el castellano; por ejemplo, no habría una casilla en los impresos en los cuales los padres según la ley podrían elegir al escolarizar a sus hijos en qué lengua desean ser enseñados. Llevaría a mis hijos a estudiar a un colegio alemán mientras proclamo las excelencias de la educación pública en castellano. Falsearía la Historia en los libros de texto, y educaría a los niños y las niñas en el odio a lo catalán, a lo vasco, o lo gallego. Castigaría a aquellos comerciantes y empresarios que rotularan sus establecimientos en catalán, por ejemplo. Usaría el castellano con mi interlocutor, aunque sepa hablar su lengua y él no sepa castellano. Ordenaría a los profesores que persigan en el recreo y en espacios comunes el uso del catalán o del gallego por parte del alumnado. Para el acceso a la Administración pública, premiaría el examen de lengua castellana por encima de los méritos profesionales específicos necesarios (por ejemplo, que sea más importante la prueba de idioma que méritos específicos de medicina, seguridad, enseñanza). Sería comprensivo con grupos ultras fascistas y les proporcionaría ayudas para que sus familiares visiten a sus presos. Al fin y al cabo, son solo unos chicos descarriados. En los Juzgados y Tribunales sólo permitiría el uso del castellano. Y a cualquiera que esté en contra de esto, le diría que es un antiespañol y que está en contra de España, porque en definitiva España soy yo y los que piensan como yo. Diría que provenimos de un largo linaje de 7.000 años de historia y que somos la raza primigenia.

Sería partidario de un federalismo asimétrico, premiaría más a unas comunidades autónomas que a otras, porque hay algunas más fieles que otras a la lengua castellana, y cambiaría la ley electoral para favorecerlas, y que un voto a un partido local valga más que el de un partido que se presente en todo el Estado. Me daría igual cuáles son las comunidades más retrasadas económicamente, porque la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo.

Y ahora cambien el orden de las palabras español y vasco, catalán o gallego, y tendrán un bonito espejo en el que mirarse. Yo no soy nacionalista, no me siento español, me sé español, porque somos el resultado de muchos siglos de Historia, de culturas, que ha cristalizado en lo que hoy es España. La situación actual es el resultado de un largo proceso histórico que está ahí, no se puede esconder o falsear. No es ni mejor ni peor que ser italiano, sueco o australiano. Es algo totalmente accidental y que no tiene ningún mérito. Simplemente he crecido en un Estado, en un país, con una cultura, un idioma, una Historia y unas costumbres. Y me considero un ciudadano que desea un Estado democrático donde todos seamos iguales ante la Ley, y donde se gestionen eficazmente los recursos del Estado y todo pueda ser objeto de debate. El problema es que muchas veces piensa el ladrón que todos son de su condición. Y pido perdón por adelantado al colectivo de ladrones, al sindicato de ladrones, a ladrones sin fronteras, y cualquiera que haya podido sentirse ofendido por la comparación.

LA SOCIEDAD DEL PUERCOESPIN

11 febrero, 2010 Deja un comentario

Hace poco estuve en una conferencia del escritor italiano Erri de Luca, y comentaba un concepto curioso, que es la ciudad o la sociedad del puercoespín. Según él, lo que caracteriza a la sociedad actual es el bombardeo masivo de los mass media e Internet, y la publicidad, todo se ve en términos cuasi publicitarios (si no, que se lo digan a los dos grandes partidos, que trabajan y reaccionan a golpe de encuesta y de eslogan). Ante esta situación, la mayoría de las personas se dejan arrastrar por el torrente de consignas y lugares comunes a políticos, periodistas, comentaristas…Lo que falta es un poco la capacidad de decidir, de distinguir, de introducir diferencias. Ésta es la ciudad, la sociedad del puercoespín. El puercoespín no explica a sus crías qué deben y qué no deben comer, les hace comer de todo, cosas deliciosas y también porquerías. Cada puercoespín se crea así su propia dieta, lo cual les hace muy resistentes a los venenos. Esta es una sociedad que él llama del puercoespín, porque ha perdido la capacidad de distinguir los valores, todos le parecen aceptables y compatibles.
No solamente no distinguimos, sino que además adoptamos la posición de cómodo espectador ante lo que sucede. De hecho, a fuerza de no analizar, de no debatir, acabamos siendo incapaces de distinguir realidad de ficción. Somos como Quijotes que no diferencian realidad y eslóganes, pero al contrario que él, que es un intervencionista, miramos el teatro de marionetas que sucede delante nuestro creyendo que es la realidad y cruzados de brazos, sin hacer nada.

Completamos esto con el cainismo secular que nos afecta, y la apelación que nuestros políticos hacen a los sentimientos, no al razonamiento. Estoy harto de que haya un lado y otro lado, los rojos y los fachas, los buenos y los malos, o está usted conmigo o está contra mí, yo no oigo tal emisora, o solo leo tal periódico; nunca jamás votaré a …(rellenemos los puntos suspensivos como queramos). En este país cainita, donde en nuestra Historia lo mejor que hemos hecho ha sido abrirnos a pedradas unos a otros la cabeza, o se está con los unos o con los otros, nos ponemos la camiseta de “los nuestros” y hala! a abrir la cabeza al adversario. Eso es signo de “compromiso” y de “posicionarse”. Lo contrario, es decir, proponer ideas sin prejuicios, analizar los problemas, proponer soluciones, eso no es lo que se lleva aquí, ni nunca se ha llevado. Añadamos a eso que la gente cada vez menos (quizá por la mierda de sistema educativo que tenemos y la cultura del mínimo esfuerzo, donde la televisión o Internet nos inyectan como en Matrix conocimientos instantáneos sobre cualquier cosa) utiliza su cabeza para analizar el bombardeo demagógico que llueve sobre nosotros de clichés, frases hechas, lenguaje hueco y regates dialécticos y falsas soluciones. Para acabar de completar el cuadro, tenemos a los políticos que construyen una auténtica cultura del cliché a base de ideas fuerza, como ecología, paz, desarrollo, solidaridad, descentralización, y muchas otras, que si no se las dota de contenido real no significan nada en sí mismas. De hecho, sobre todo los nacionalismos minoritarios, se envuelven en la bandera de su región para defenderse cuando se revelan sus contradicciones: usted está en contra de Cataluña, Euskadi, etc; es usted de derechas o lo contrario. Y los dos partidos mayoritarios son presa de sus propias contradicciones territoriales, y demuestran en realidad carecer de un mismo proyecto común para toda España.

Y sin embargo parece que poco a poco vamos abriendo brecha. Los datos de la última encuesta de CIS nos dan un porcentaje de voto bastante bueno, mientras PSOE y PP pierden votos ambos. Nuestra compañera Rosa Díez es la mejor valorada. Y es que parece ser cierto lo que el líder nacionalista negro Elijah Muhammad le contaba a Malcolm X cuando le iniciaba en los misterios de la política: si das a una persona un vaso de agua sucia, y tiene sed, se la beberá. Pero si le das a elegir entre un vaso de agua limpia y otro de agua sucia, elegirá el recipiente puro. Muchas personas trabajan cada día en UPyD por ofrecer a la gente un vaso de agua limpia, sin la contaminación de los intereses espurios de los demás.

Publicado en la web del CEL Madrid de UPYD: www.upyd.es/madrid/madrid