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PRESENTACIÓN DE DIARIO DE UN ESCRITOR NAIF, DE VICENTE TORRES

7 junio, 2017 3 comentarios

Este es mi discurso de presentación del libro de Vicente Torres Diario de un escritor naif en la librería La forja de las letras, que tuvo lugar el martes 6 de junio:

Queridos amigos, buenas tardes a todos

Estoy aquí en cumplimiento de un encargo, y ya que soy muy bien mandado (como mi esposa aquí presente puede atestiguar), me he aplicado bastante a la tarea y espero hacerlo bien, y que todos ustedes queden satisfechos, sobre todo el autor, al cual le agradezco enormemente la confianza (y quizá la temeridad) que ha demostrado al pedirme que presentara su libro.

Quisiera asimismo agradecer la asistencia al acto de todos ustedes, así como a los propietarios de la librería La Forja de las Letras (que por cierto es un nombre precioso para un santuario de libros) su colaboración y su disposición en la presentación de la obra. Me ha encantado la frase de Soledad Garnero, la propietaria, con la que resume su empeño en abrir esta librería en la que nos encontramos: “Ya tengo una edad para ir cumpliendo mis sueños”. A los que no lo hayan pensado, ya están tardando en empezar. A cumplir sus sueños, me refiero.

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Con la edad cada vez uno se convence más de que los amigos son el verdadero tesoro que se va acumulando con los años. Y a la vista de mis amigos aquí presentes, yo debo de ser asquerosamente rico. Muchas gracias a todos.

Es imposible no creer en los libros. Mi madre empezó a enseñarme a leer con cuatro años, y ha sido el regalo más preciado que me haya entregado nunca. He sido un lector voraz desde mi más tierna infancia. Estoy de acuerdo con las palabras de Soledad, cuando dice: “creo que debemos seguir creyendo en los libros porque un libro te habla, te transmite y es capaz de guardar recuerdos”. Pienso que todos los que estamos aquí somos, en mayor o menor medida, amantes de los libros. En este sentido, hago mía la frase de Thomas Jefferson, que vinieron en un lápiz de la biblioteca del Congreso de EEUU que me trajo mi amigo Rafa aquí presente: “I couldn’t live without books (no podría vivir sin libros)”.

Para empezar, decir que puedo presumir de tener la fortuna de cultivar la amistad de Vicente Torres, todo un señor y un caballero valenciano, que es de oficio escritor. Y como diría otro afamado articulista, hemos venido aquí a hablar de su libro, Diario de un escritor naif, subtitulado Experiencias, lecturas y meditaciones.

Creo que nos conocimos en persona en una feria del libro de Madrid hace dos años, nos presentó un amigo común (Antonio Ballesteros, no sé si está presente hoy), y al que por ello quedo profundamente agradecido.

Vicente acumula una larga trayectoria literaria y periodística. Corrígeme si estoy equivocado en algún dato. Es crítico literario en Las Provincias y en Periodista Digital, donde escribe en su blog sobre la actualidad. También coautor de 1978. El año en que España cambió de piel; y autor de Valencia, su Mercado Central y otras debilidades, El Parotet y otros asuntos, y la novela Yo estoy loco. Ha participado en el libro de relatos Tus colores son los míos, en el libro de arte Enrique Senís-Oliver y en el libro colectivo Palabras para Ashraf. Escribe asimismo en el blog Vientos de las dos orillas, y es columnista del diario digital Informa Valencia.

En primer lugar, y precisamente estando a unos pasos de la casa de Cervantes (calle León esquina con la propia calle Cervantes; quizá la única buena acción del rey Fernando VII fue intentar que no derribaran su casa), yo definiría a Vicente como un caballero quijotesco: como diría una de las personas a las que admira, Rosa Díez, todo un aventurero cuerdo, pese a que en el libro que hoy venimos a presentar afirme ser miembro de un grupo conocido como “los locos de Bétera”. Siguiendo la descripción que Toni Solano hizo de Vicente, hablando del escritor comprometido, decimos que “un escritor ilustrado no puede sustraerse a la implicación política en el sentido etimológico de esa palabra, como miembro de una ciudadanía comprometida con la democracia y con la defensa de las libertades y los principios fundamentales de la convivencia”.

Y de este modo, nuestro autor no puede evitar enarbolar la bandera de la lucha contra el terrorismo y su blanqueamiento, contra la demagogia y el populismo, contra el nacionalismo obligatorio; y a favor de la separación de poderes, la democracia de calidad y la convivencia. Vicente simboliza al ingenioso hidalgo en estado puro, defendiendo valores tradicionales que ahora parecen estar de capa caída: la honestidad, la libertad, la lealtad, la generosidad, la integridad y la decencia con mayúsculas. Y ese quijotismo lo destilan tanto sus escasos personajes “blancos”, como por ejemplo Veremundo, en su novela Yo estoy loco, como en sus artículos y ensayos. Y denuncia su reverso, el sanchismo (me refiero a Sancho Panza, no a otros personajes de mucha peor calidad), tan presente hoy en día, sobre todo en la política, encarnado en la doblez, la inmoralidad, el interés y la hipocresía.

Llegados a este punto, voy a lanzar al aire una pregunta interesante: ¿Es necesario el llamado intelectual comprometido hoy en día? Yo diría que ahora más que nunca; no sólo es necesario, sino me atrevo a decir que imprescindible. Citando a Andrés Trapiello, digo: “Yo cada vez que abro el periódico y me encuentro con un artículo de Savater, sé que me va a hacer pensar. O un artículo de Félix de Azúa, o de Félix Ovejero o Francesc de Carreras. Los intelectuales son muy necesarios, son los que avivan los debates, los que nos orientan muchas veces a los demás, los que nos advierten de las trampas. Tienen un papel muy importante en la política”.

Y en ese sentido es necesaria esa tarea quijotesca de Vicente con su pluma: así como Sócrates decía ser el tábano de Atenas, que ponía a sus ciudadanos al frente de sus contradicciones y les decía lo que nadie quería escuchar, molestándoles continuamente, así Vicente forma parte de ese grupo de tábanos necesarios para picar a esa yegua llamada España. Porque en este mundo demagógico, mentiroso y tramposo, donde parece que todo vale, necesitamos a personas que, como dice Trapiello, nos avisen de las trampas y constituyan nuestra hemeroteca justiciera, nuestro Pepito Grillo. Y ese menguado ejército, como decía el gran pensador marxista don Groucho Marx hablando de los cómicos de primera fila, “son un material mucho más escaso y valioso que todo el oro y las piedras preciosas del planeta”.

Es lógico que Vicente en Diario de un escritor naíf diga que “la cualidad humana más importante es el valor. Es imprescindible para tener criterio propio”.

Yo, cuando todavía era un adolescente impertinente y no sabía nada del mundo (y bien que me encargué luego de demostrarlo), tuve un profesor de latín que me enseñó una de esas cosas valiosas para el resto de mi vida. Hay dos palabras en castellano que tienen la misma raíz latina (el vocablo grex, gregis, que significa rebaño): gregario y egregio. Hay que tener valor, en efecto, para tener criterio propio, ser egregio y salirse de la manada, y no ser gregario y dejarse llevar por la corriente. Y tiene mucho más mérito ser valiente cuando estamos rodeados de altavoces que nos incitan a rendirnos y a ser gregarios. Donde lo habitual es aquello tan español de acudir raudo y veloz en socorro del vencedor. El propio autor trata esta cuestión en su anotación del día 17 de febrero, cuando se refiere al “hombre masa”, que considera al ser humano un medio y no un fin en sí mismo.

Pasemos ahora a hablar más específicamente del libro.

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Decir que de todas las obras de Vicente esta es la que más me ha gustado, y me lo he leído de un tirón. Tiene uno la sensación de estar sentado tomando un café con el autor y conversando tranquilamente sobre diversas cuestiones, siempre interesantes, y algunas experiencias personales. En Diario de un escritor naif nos encontramos con un libro en esa línea, con breves reseñas, una para cada día del año, con la estructura de un diario, por el que pasan personajes diversos, situaciones o cuestiones, a través de los ojos de Vicente, que siempre en primera persona nos los hace ver, como pequeños fotogramas de una película. Al final del calendario, tenemos la sensación de haber visto un film costumbrista con muy diversos personajes, que a veces unos nos llevan a otros, como si fueran cerezas, que tiramos de una y sacamos otras tantas unidas.

Por cierto, tengo una duda: apostaste según el Diario el 5 de octubre de 2015 con Ignacio Camacho una paella que debía pagar él si Rajoy formaba gobierno, y si no lo formaba, pagabas tú… ¿Al final cómo ha quedado la apuesta?

En el prólogo, el autor nos explica el porqué del título: naíf (ingenuo) se refiere no al término del diccionario de la RAE, sino que de forma metafórica califica así a aquellas personas que, aunque tratan de escribir, no han nacido con el don de la escritura, sino que tienen que hacerlo (y cito) “utilizando la fuerza de voluntad y dedicando muchos esfuerzos a no salirnos de los cauces que marca la gramática”. Esto nos abre un tema apasionante, que es el de la creación artística, del que me gustaría hablar brevemente, y acerca del cual hemos debatido Vicente y yo en varias ocasiones.

Stephan Zweig dice que es cierto que hay unos pocos genios, como Mozart o Schubert, en los que es como si “el genio de la inspiración dictara y el artista no fuera más que el escribiente, el instrumento. No necesita trabajar, luchar, esforzarse por su trabajo, sino que le basta copiar obedientemente lo que se le acerca como en un sueño divino (…). La obra de Beethoven muestra justo lo contrario. “En sus manuscritos desordenados, casi ilegibles, ya no encontramos ni un adarme de la facilidad divina que Mozart tenía para producir. Vemos que Beethoven no era un hombre que obedecía a su genio, sino que luchaba por él encarnizadamente”.

Hay dos modos. Y los dos son buenos. “Mozart juega con su arte como el viento con las hojas. Beethoven lucha con la música como Hércules con la hidra de las cien cabezas. Y la obra de uno y otro produce la misma perfección. La obra de ambos nos brinda la misma dicha inefable”.

Calificaré a Vicente en el grupo de Beethoven (si no le molesta que lo haga así). Así es, a la vista del resultado en este libro, que es ameno y divertido, como pretende su autor, pero que es mucho más que eso.

También podemos comparar Diario de un escritor naíf con una bolsa de té, que al sumergirnos en su lectura como en una jarra de agua hirviendo, de algún modo extraemos el jugo de Vicente y podemos tomar un trago de su personalidad, de sus fobias y filias: por ejemplo, los tres libros que recomendó una vez (‘La invención del reino vegetal’, de Aina S. Erice; ‘El primer hombre’, de Albert Camus; y ‘El testamento francés’, de Andrei Makine); las personas a las que admira (Fernando Savater, Adolfo Suárez, Maite Pagaza, Consuelo Ordóñez, Rosa Díez); la invasión nacionalista catalana en la Comunidad Valenciana; los defectos que detesta de los demás (prepotencia, soberbia, crueldad, ignorancia, petulancia); su visión de la escena política actual; la descripción de algunos afortunados que gozamos de su amistad; y un puñado de recuerdos personales, dulces, como bombones envueltos en papel de celofán, y repartidos cada cierto tiempo a lo largo del libro.

Otra cosa que deducimos de su lectura es su amor por la lengua. La obra está trufada de expresiones que yo denomino “vicentinas”: cursilandia, despabilado, humo dormido, socio destructivo, sarmentoso, delectación, papanatismo. También habla en una de las páginas de un amigo colombiano que le regala palabras, como conticinio y galicinio. A mí Vicente, como comprobarán, sólo me ha regalado una hache, que luego le he devuelto. Pero eso lo contaré más tarde.

Cierto es como dice el propio autor hay citas ‘robadas’, de autores o personas que conoce. Pero incluso a través de esos pedacitos de otro conseguimos asimismo llegar a tener un cuadro más acabado de quién es Vicente Torres. Como dijo César Gavela refiriéndose a otro libro de Vicente (‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’), “(…) tienes una gran habilidad para mezclar temas muy diferentes, y que todos tengan una misteriosa unidad de fondo. Y eso es la mirada del autor, naturalmente”.

Un cocinero diría que esa es la salsa que da unidad y cohesión al plato, que hace que no nos encontremos ingredientes sueltos sin ningún sentido ni unidad entre ellos. Y decir que se trata de una salsa coherente, que defiende lo mismo en todos los párrafos, no como el marxismo-grouchismo que ahora hace furor de “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”.

Quiero ahora citar un par de esos ‘robos’. Pertenece a un correo que le escribió el periodista y escritor Juan Bas a Vicente Torres y que dice así: “soy de la vieja guardia que considera que el agradecimiento y la educación son dos buenos esquíes para deslizarse entre la gente sin molestar”. El propio Vicente añade: “(…) los bastones con que acompaña los esquíes están compuestos con su sentido del humor”. Agradecimiento, educación y sentido del humor son precisamente tres frutos cada vez más escasos hoy en día, y que alegran mi espíritu cuando los hallo. Y de eso el autor va sobrado.

Otro que me ha divertido mucho es la anécdota de George Bernard Shaw, que contaba que había recibido una firma sin carta. El anónimo decía así: “imbécil”.

Por otra parte, me gustaría compartir con todos ustedes una idea un poco loca, que sería escribir unas apostillas a algunas de sus notas en el Diario, porque según leía algunas se me iban ocurriendo cosas para completar, contestar o sugerir. Quizá lo haga, con permiso del autor. Aprovecho que, casualmente, se encuentra justo aquí entre nosotros para amenazarle formalmente con ponerme a hacerlo.

Quisiera comentar ahora una anotación propia, al estilo de las del libro de Vicente, en mi propio diario de escritor naíf. Y aquí viene cuando cuento por qué y cómo Vicente me regaló una hache y yo le devolví otra. Corresponde a una anécdota real ocurrida el pasado 3 de mayo, al hilo de un comentario sobre una entrada de mi blog. Esta es la anotación, hecha al estilo del autor en su libro:

3 de mayo de 2017: suena el teléfono. Es Vicente. Sin apenas saludarme, me dice: “Hola José. Te sobra una hache en el artículo sobre Lluis Llach”. Pienso maquinalmente si he escrito la hache final de ‘Llach’. Creo que sí. No, no es ahí, es en otro párrafo, y pacientemente me lo señala por teléfono. Y en efecto, Vicente tiene razón. Es raro, será cosa del corrector. Manda huevos (con perdón), porque en otra ocasión me llamó para decirme que me faltaba una hache. “Si quieres parafrasear a Unamuno, me dijo, tienes que escribir ‘los hunos y los hotros’. Con hache”. Gracias, amigo. Y pienso sin decírselo: pues ya estamos en paz. Ya te he devuelto la hache que me faltaba la otra vez.

Para finalizar, voy a destriparles el final del libro…sí, no me miren así, el autor me invita a presentar su libro y yo les leo el final…bueno, en realidad el libro es un ensayo y por lo tanto no revelo quién es el asesino. Me gustaría leerles la última anotación del Diario, correspondiente al día 31 de diciembre:

“Es difícil hacer balance de lo que ha sido un año tan confuso y pródigo en sucesos que en modo alguno puede decirse que sean buenos que mejor es olvidar el intento y hacer que el libro termine como empezó: con un sueño. Pero esta vez el sueño es en estado de vigilia y consiste en que al menos en España caiga una lluvia de sentido común o de sensatez, que haga que el egoísmo rampante que tanto abunda en estos tiempos desaparezca, aunque sea transitoriamente, y no vuelva hasta que los problemas más graves estén resueltos. Me viene a la mente la idea de aquellos holandeses que acudían como si sólo fueran uno a reparar los diques rotos por una tormenta. Todos trabajando en equipo, al margen de ideologías, odios o manías”.

Querido amigo, en este país donde las plantas que más abundan son la envidia, el odio, el egoísmo y el sinsentido, abonadas por la ideología y los prejuicios, este es un sueño eterno del que no hemos despertado en siglos. Pero tú y yo, y muchos otros más, algunos aquí presentes, hemos sido Quijotes en busca de él, y hemos peleado, mucho, hasta que los molinos de vientos nos tiraron del caballo.

Sigamos, no obstante, soñando. Y persigamos asimismo nuestros sueños. A veces, sólo a veces, corremos más que ellos y los alcanzamos. Os lo aseguro.

Espero que disfruten el libro. Muchas gracias de nuevo.

NUNCA PODRÉ DETERMINAR LO QUE ES RACISTA O MACHISTA

25 febrero, 2017 5 comentarios

El otro día tuve una cena muy agradable en casa de un buen amigo. El caso es que su hija mayor, persona por lo que sé con la cabeza muy bien amueblada, me planteó una cuestión que me dejó bastante perplejo (como hombre heterosexual y blanco, no puedo determinar lo que es machista o racista), y me remitió a la lectura de este artículo.

Lo bueno de irse haciendo uno mayor es que cada vez más teniendo ciertas cosas más claras. Y una de esas cosas es que la realidad no es blanca y negra, tiene muchos matices y es muy complicada, cuando uno se remanga y saca la lupa de observar de cerca las cosas, tratando de llegar a la verdad. Yo desconfío cuando alguien me plantea un mundo de ángeles y demonios, donde todo es sencillo de ver. Porque ese mundo no es este mundo.

El resumen de la tesis que plantea el artículo de marras es que alguien como yo, hombre heterosexual blanco, “no puedes determinar qué es racista, machista, homófobo, tránsfobo,… Puedes hacerte una idea, si escuchas. Igual que esos ricos, si te escuchasen de una jodida vez (…) hay cosas que, sencillamente, te va a costar mucho comprender, porque la empatía se basa en la experiencia, y tú no la tienes”.

Dejando aparte otras cuestiones (como lo de quién es “rico” y desde qué parámetros, y por qué tengo la nevera vacía y cuál es mi responsabilidad al respecto, que lo dejo para otro momento), empatía no es lo que esta señora dice, porque entonces, como le hace notar un señor (parece blanco por la foto, no sabemos si heterosexual) muy acertadamente en uno de los comentarios a su texto: “la empatía que estás definiendo entonces es prácticamente un imposible. Ni siquiera dos mujeres oprimidas van a sentir lo mismo, ya que sus experiencias no serán iguales, porque son dos personas diferentes… A lo sumo sentirán compasión una por otra, pero jamás empatía, ya que hace falta vivir exactamente lo mismo, para sentir empatía”.

Según el sociólogo Jeremy Rifkin, “cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro”. Daniel Goleman la define como “la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Para el psicólogo Pedro Moreno, “es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos”. Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

Nadie afirma que para sentir empatía haya que haber pasado necesariamente por las experiencias de otro, sino que es justo lo contrario: la empatía es una habilidad social de ponernos en los zapatos del otro sin haber estado en ellos. Por eso es una habilidad social, porque no es fácil ponerse en el lugar del otro y hacérselo saber. Lo contrario a la empatía es el egoísmo, porque entonces se es incapaz de entender las emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.

En conclusión, es un absurdo decir que para saber lo que es racista o no hay que ser negro, o para darse cuenta de que un comentario es sexista hay que ser mujer. Por el mismo razonamiento, todas las leyes de los derechos civiles en EEUU no son válidas, porque no las hicieron negros. Esta línea de pensamiento en el fondo es racismo puro y duro: recuerda a la Nación del Islam, y me viene a la cabeza la anécdota de cuando Malcolm X le contestó a una estudiante blanca que vino a preguntarle qué podía hacer ella por ayudar a su causa, y éste, lleno de egoísmo y racismo, le contestó: “nada” [hay que decir que posteriormente se arrepintió profundamente de esa respuesta: “Bien, he vivido para lamentar aquel incidente. En muchas partes del continente africano vi a estudiantes blancos ayudar a la gente negra. Algo como esto mata un montón de argumentos. Hice muchas cosas como musulmán negro de las que ahora me lamento. Yo era un zombi por entonces, como todos los musulmanes negros. Estaba hipnotizado.”]

Por esa regla de tres, nadie podría legislar nada sobre lo que no haya sido afectado directamente, porque nadie que no haya sido violado, robado, estafado, sabe lo que es, ni nadie puede empatizar con esas desgracias sin haberlas sufrido. Como vemos, un absurdo intelectual y práctico.

Ser un hombre blanco y heterosexual no me inhabilita en absoluto para determinar si un hecho es racista, sexista u homófobo. Lo que sí me inhabilitaría es un mal análisis de la situación y propuestas inútiles para la solución de los problemas. Lo que a mí me importa de la violencia de género, por ejemplo, es que se dejen de asesinar y maltratar mujeres. Y la sensación que voy teniendo con los años es que nadie tiene ni idea realmente de qué hacer a corto plazo para erradicar el problema. La educación y la deslegimitación social son buenas a medio-largo plazo, pero a corto lo único que veo que puede funcionar es dotar de medios suficientes para que las mujeres afectadas puedan denunciar y se persiga a los maltratadores. Y pienso que artículos como el comentado no ayudan en nada, más bien al contrario, al culpabilizar y excluir a gran parte de la sociedad de la solución de ese problema, en vez de tratar de implicarles positivamente.

PD: lean por favor el segundo comentario a esta entrada, muy clarificador y preciso, y que ayuda a completar lo escrito.

DIARIO DE UN ESCRITOR NAIF

10 diciembre, 2016 2 comentarios

Puedo presumir de tener la fortuna de cultivar la amistad de Vicente Torres, todo un señor y un caballero valenciano, que es de oficio escritor. Su último libro, Diario de un escritor naif, me lo acabo de leer del tirón. El libro sólo se puede comprar en Amazon, es decir, aquí.

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De todos los libros de Vicente este en concreto es el que más me ha gustado. Da la casualidad que mi género literario favorito es el ensayo, y dentro de él, las colecciones de artículos. En Diario de un escritor naif, nos encontramos con un libro en esa línea, con breves reseñas, una para cada día del año, por el que pasan personajes diversos a través de los ojos de Vicente, que siempre en primera persona nos los hace ver, como pequeños fotogramas de una película. Al final del calendario tenemos la sensación de haber visto un film costumbrista con muy diversos personajes, que a veces unos nos llevan a otros, como las cerezas, que tiramos de una y sacamos otras tantas unidas.

Asimismo, este libro es como una bolsa de té, que al sumergirnos en su lectura como en una jarra de agua hirviendo, de algún modo extraemos el jugo de Vicente y podemos tomar un trago de su personalidad, y sus fobias y filias: los tres libros que recomendó una vez (‘La invención del reino vegetal’, de Aina S. Erice; ‘El primer hombre’, de Albert Camus; y ‘El testamento francés’, de Andrei Makine); las personas a las que admira (Fernando Savater, Adolfo Suárez, Maite Pagaza, Consuelo Ordóñez, Rosa Díez); la invasión nacionalista catalana en la Comunidad Valenciana; los defectos que detesta de los demás (prepotencia, soberbia, crueldad, ignorancia, petulancia); su visión de la escena política actual; la descripción de algunos afortunados que gozamos de su amistad; y un puñado de recuerdos personales, dulces, como envueltos en papel de celofán.

Cierto es como dice el propio autor hay citas ‘robadas’, de autores o personas que conoce. Pero incluso a través de esos pedacitos de otro conseguimos asimismo llegar a tener un cuadro más acabado de quién es Vicente Torres. Como dijo César Gavela refiriéndose a otro libro de Vicente (‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’), “(…) tienes una gran habilidad para mezclar temas muy diferentes, y que todos tengan una misteriosa unidad de fondo. Y eso es la mirada del autor, naturalmente”.

He pensado una idea un poco loca, que sería escribir unas apostillas a sus notas en el Diario, porque según leía algunas se me iban ocurriendo cosas para completar, contestar o sugerir. Quizá lo haga, con permiso del autor.

Me permito terminar con uno de esos ‘robos’. Pertenece a un correo que le escribió el periodista y escritor Juan Bas a Vicente Torres y que dice así: “soy de la vieja guardia que considera que el agradecimiento y la educación son dos buenos esquíes para deslizarse entre la gente sin molestar”. El propio Vicente añade: “(…) los bastones con que acompaña los esquíes están compuestos con su sentido del humor”. Agradecimiento, educación y sentido del humor son precisamente tres frutos cada vez más escasos hoy en día, y que alegran mi espíritu cuando los hallo. Y de eso el autor va sobrado.

Que lo disfruten.

OTRA RUTA EN MOTO POR EL CABO DE GATA

28 agosto, 2016 Deja un comentario

En junio de 2014 hicimos un viaje en moto por el cabo de Gata, exploramos bastante y quedó descrito todo ello en esta entrada. Este año, por diversas razones, ha sido un año bastante complicado. De hecho, no sabíamos si tendríamos vacaciones. Al final y en el último momento decidimos repetir moto por el cabo de Gata y atar algunos cabos que quedaron sueltos en el primer viaje. No voy a repetir información ya reseñada en la anterior entrada, aunque me referiré a sitios comunes. Recomiendo para los que no lo hayan hecho leer primero la entrada anterior.

En primer lugar, el hotel donde decidimos quedarnos es sensacional. Está en Garrucha y se llama hotel Tikar. Hotel pequeño, muy bonito, bien ubicado, y atendido por personas muy amables y que te hacen sentir como en casa. Sean y Beatriz, los dueños, se preocupan que no te falte de nada. El restaurante es excepcional, y la vinoteca es un valor añadido: a Sean le gusta mucho y entiende de vinos, y bien que se cuidó de demostrarlo. El espacio de la piscina es relajante y acogedor, desayunar en él es un lujo. Podéis ver fotos en el enlace del hotel. La moto la pudimos aparcar justo enfrente de la vinoteca.

Sean y yo

Sean y yo

Decir que en esta ocasión sí que encontramos el bar de Jo. Fuimos a la Isleta del Moro y luego a Los Escullos. La Isleta del Moro estaba bastante superpoblada, y hay varias playas que la rodean de buena calidad (excepto la del pueblo, pequeña y con piedras). Aunque reservamos mesa en un restaurante con antelación, parecía haber muy pocos locales en el pueblo para comer, por lo que estaban desbordados y tardamos en comer muchísimo. También en otra ocasión intentamos ir a Agua Amarga y nos tuvimos que dar la vuelta por el fenomenal atasco que llevaba la carretera. Cosas de la globalización (a la española).

La Isleta del Moro

La Isleta del Moro

Los Escullos me gustaron mucho más. Es una playa de piedras, pero con el agua cristalina donde la gente va a hacer buceo. Y aprovechando la proximidad nos fuimos al bar de Jo. Sigues en dirección al camping y justo antes hay un camino de tierra. Siguiendo el camino durante un rato (hay que tener cuidado porque parece que nos hemos perdido) se llega al garito.

Objetivo conseguido, la bañera del bar de Jo

Objetivo conseguido, la bañera del bar de Jo

El bar tiene su gracia: consiste en unas cabañitas de madera unas al lado de otras, y una camarera que parece salida de una peli de hippies de finales de los 60. A primera hora (abren a las 7) ponen música pachanguera, pero luego ya empieza el rock. Debe tener bastante éxito en verano, porque hay dos parkings fuera. Pero con la moto, si no hay demasiadas dentro, puedes pasar una pequeña puertecita de madera y aparcar en la barra (casi). Así lo hice, y luego la tuve que quitar, porque la Electra azul a la que no dejaba salir resultó ser la moto de Jo. Allí conocimos a un chico de Sevilla, Jose (alias el Barón Rojo), que había llegado en el día y acababa de encontrar sitio para dormir. Compartimos cervezas e historias varias. Su moto es muy chula, abajo la podéis ver.

La moto del Barón

La moto del Barón

Y ese mismo día compramos una pieza imprescindible para la moto: una sombrilla. Buscamos al salir de Madrid una plegable que pudiéramos llevar en la moto, pero no encontramos. Al final compramos una de 1,60 que no quedaba mal, como podéis comprobar. Pasamos al lado de una patrulla de la Guardia Civil y no nos dijeron nada. Y evidentemente tiene su utilidad cuando vas a la playa.

La sombrilla, en rojo como la moto

La sombrilla, en rojo como la moto

Playas: mi playa favorita de todos modos es la de Carboneras. Aunque el panorama es bastante feo por los edificios industriales y la maquinaria en el horizonte, el agua está muy limpia y hay muchísimos peces para hacer snorkel muy cerca de la orilla. Así que si te gustan como a mí las playas piscineras (sin olas) y con muchos peces para sentirte como dentro de una pecera, este es tu sitio. Entre Carboneras y Mojácar hay otra cala pequeñita y muy chula, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero aquí está la foto.

La cala sin nombre

La cala sin nombre

Comida: respecto de la manduca, hay en Garrucha un sitio estupendo para comer que se llama El jardín de la paella. Los arroces están muy buenos, así como el pescado fresco, aunque el precio oscila entre 30 y 40 euros por persona. También en Carboneras recomiendo los restaurantes pegados a la playa, más baratos y de buena calidad.

En resumen, me encanta este sitio; aunque en agosto había sitios un poco petados de gente, todavía puedes extender los brazos en la playa y no tocar nada alrededor. Y la carretera de Vera a Carboneras sigue siendo de las más chulas que conozco. Próximamente prometo vídeo con música en marcha por esta carretera.

ELOGIO DE LA LOCURA

3 mayo, 2016 2 comentarios

Yo estoy loco es la primera novela de Vicente Torres. Vicente es un magnífico escritor y buen amigo, autor de obras muy interesantes, como 1978, el año en que España cambió de piel, o Valencia, su mercado central y otras debilidades. Es asimismo un prolífico articulista, al que podéis seguir en Periodista Digital en su columna Punto de Vista. Nuestro amigo Eugenio García de Paredes hizo una magnífica presentación del libro en Madrid, que podéis ver aquí.

Yo estoy loco

La novela trata de las peripecias de un joven cubano homosexual que emigra a España para tratar de ayudar a su madre enferma. Su ingenuidad se ve rápidamente golpeada por la mala y hasta brutal actitud de las personas con las que se encuentra, que le lleva al borde de la locura; sin embargo, también experimenta la generosidad y la bondad de otras personas.

Decir en primer lugar que lo mejor de la novela de Vicente son sus personajes: el protagonista, un joven cubano homosexual del que desconocemos su nombre a lo largo del relato; su amiga Celia, que constituye su mayor apoyo para sobrellevar los sinsabores de su accidentada vida; Veremundo, que es el personaje blanco todo bondad y que supone una tabla de salvación muy importante para él; Romuá, el cisne negro de la novela, que quizá podría haber tenido más recorrido; Juan, un personaje que sólo se apunta al principio y que luego tiene un mayor desarrollo; la mujer del principal accionista de la empresa en la que trabaja, personaje silencioso que tendrá un rol importante más adelante. Estos personajes, los más importantes de la trama, pese a que son memorables por sí mismos, además son las agujas mediante las que el autor teje los hilos con los que va componiendo el vestuario de los temas que le preocupan: la política, el miedo a la libertad y a la felicidad, en qué consiste la democracia real, Cervantes y el Quijote, la Iglesia Católica, Cuba y España, junto con referencias a personajes que admira, como Fernando Savater o Adolfo Suárez. También reflejan el pecado nacional español, que es la envidia, pero también la grandeza de muchos españoles, que es la generosidad.

Hay otros personajes más difusos, como sus compañeros de trabajo, el director, la madre del protagonista, la viuda de Veremundo o los tertulianos del bar donde suele ir. Estos forman una especie de decorado humano sobre los que transcurre la acción, en vez de un fondo geográfico o físico, del que sólo tenemos aisladas referencias puntuales. La acción va progresando apoyada  en ellos como en un andamio formado por personas.

En segundo lugar, destaco el estilo indirecto utilizado en la novela. Es el protagonista quien narra de forma indirecta y desde su punto de vista todo lo que va ocurriendo. Todos los diálogos entre los personajes son narrados por el protagonista. Aquí reside la mayor originalidad de la obra, al fusionar al narrador y al protagonista en la misma persona, y por lo tanto teñir de subjetividad toda la acción.

En tercer lugar, destacar que la novela tiene sólo 141 páginas: es como un concentrado literario, quizá por la ausencia de pasajes descriptivos, que hace que la acción no descanse casi nunca; a veces brevemente interrumpida por reflexiones puntuales del protagonista. Esto hace que el libro se lea sin darnos cuenta, ya que la trama discurre fluidamente. La narración es nerviosa, intensa, con rasgos del propio nerviosismo del protagonista.

Por último, indicar que en mi opinión el personaje de Veremundo quedaría mucho más redondo sin el ceceo que caracteriza su habla; asimismo pienso que el personaje de Romuá podría haber tenido un mayor recorrido, puesto que apunta un malo con más posibilidades; y que la escena de Veremundo con los moteros no me encaja bien en el relato.

Dicho esto, recomiendo vivamente la lectura de Yo estoy loco: es un relato original con personajes muy bien construidos y memorables, y que nos dejan un mensaje de optimismo en medio de las adversidades. Citando al narrador de la historia del loco más cuerdo por antonomasia, digamos con él:”Recuperemos la cordura al ver la muerte tan cercana. Pero no nos despidamos, porque aún tenemos mucho, mucho que cabalgar”.

PD: si os ha interesado, la podéis comprar en librerías o directamente en la editorial pinchando aquí.

ATRAPAR MARIPOSAS EN MEDIO DE UN TERREMOTO

7 septiembre, 2015 Deja un comentario

Me dices el otro día que te encuentras un poco en crisis. La crisis de los cuarenta, supongo. Cuando ya llevas andado prácticamente la mitad del camino (esperemos que menos de la mitad), y que pese a tener una posición ciertamente envidiable si  nos comparamos con la mayoría de la gente, sientes que a cambio de todos tus esfuerzos y tu trabajo lo que te queda no te deja del todo satisfecho. Quizá esperabas más de la vida a estas alturas. Yo creo con lo que me cuentas que quizá te encuentras un poco perdido, a pesar de que los demás percibamos a un tipo seguro de sí mismo y muy sólido en muchos sentidos.

En primer lugar, aclararte que formas parte de una inmensa mayoría. Yo te diría, amigo mío, que el estado natural del ser humano es la insatisfacción. En 2005 escribí un post que suscribo totalmente ahora. Muy pocos son lo bastante sabios para apreciar lo que tienen, más bien tendemos a preocuparnos y a desear aquello que no tenemos. Por otro lado, los primeros cultivos de seres humanos en Matrix se morían porque se hallaban en un estado ideal en el que no sufrían dolor ni placer. Es necesario creo un cierto grado de insatisfacción combinada con curiosidad para hacernos avanzar. De otro modo, seguiríamos durmiendo en cuevas.

Como te dije, lo importante es saber lo que quieres. Eso de por sí no es fácil. No es por agobiar, pero hay gente que se muere sin saberlo. Supone un lento proceso de conocerse a sí mismo, a veces doloroso, y con el inconveniente de que nadie se baña dos veces en el mismo río: todos vamos cambiando con el paso de los años, las cosas que nos gustaban ya no nos producen ese sentimiento, y otras nuevas se abren camino. Y el mundo a tu alrededor también está cambiando. Es como intentar atrapar mariposas en medio de un terremoto. El suelo se mueve, tú te mueves y las mariposas…pues también. La gente que desde el principio tiene una vocación clara no es consciente del tesoro que le ha caído del cielo. Yo mismo con 18 años no me hubiera encontrado el trasero ni con las dos manos y un mapa. Como para encontrar una mariposa.

Pero no es imposible. Exige un esfuerzo de ser sincero consigo mismo, probar cosas, escuchar a los que tenemos alrededor y nos conocen, y tratar de quitarnos los pesados mantos de la conveniencia, el prestigio o la comodidad. Puede que tengas que salir de tu zona de confort. Y a veces pegarte alguna galleta.

Y una vez identificado el objetivo, a por él. Saber qué necesitas hacer, y empezar a poner el primer ladrillo. La Gran Muralla China comenzó con la colocación de un solo ladrillo. Pese a que creas que eres mayor para eso, te cuento que yo tuve un compañero en la carrera que la empezó con 60 años. La ilusión es un combustible inagotable, compañero.

Y en el camino, disfruta. Haz las cosas que te hacen feliz, aunque sea a pequeña escala. A esta vida hemos venido a disfrutar. Es la vida que tenemos, y del otro lado nadie ha venido a contarme lo que hay. Yo me declaro un cerdo (and proud of it, man) de la piara de Epicuro. La vida en sí misma es un milagro, y yo no he llegado a una explicación al respecto, pero trato de disfrutar cada uno de los segundos que paso aquí.

Y en mi experiencia, hacer eso que te digo ayuda a descubrir lo que te gusta. Poder ganarte la vida haciendo lo que practicas en tu tiempo libre es la lotería más grande de todos los gordos posibles. Te lo digo porque durante diez años lo he conseguido hacer, y eso que me llevo no me lo quita nadie.

Creo en el karma. Hacer feliz a los demás, ser amable, ponerse en su lugar, es el aceite que engrasa el motor de tu vida y hace que funcione mucho mejor. Lo que das vuelve a ti. Eso ayuda a tener una actitud positiva, y la actitud modifica el entorno. Estoy totalmente convencido.

Pienso que la vida es como un partido de baloncesto. Puedes entrenar mucho, saber tus puntos fuertes y débiles. Tienes que estar preparado para jugar si el entrenador te llama. Pero lo importante es no pensar, salir a jugar y no comerse la cabeza con nada. Jugar de forma natural sin pensar en lo que haces. Es como tocar un instrumento, solo sales y tocas.

Si vas por la vida de forma natural, sincera contigo mismo, intentando hacer lo que te gusta, con mente abierta y sin forzar nada, siendo amable y tratando de ayudar, la vida (tu vida) te acaba encontrando a ti. No la busques, ella te encontrará cuando estés preparado. Cuando menos te lo esperes. A la vuelta de cualquier esquina.

DE VUELTA A LA CASILLA DE SALIDA

25 abril, 2015 4 comentarios

Hace unas semanas mi amiga N me decía que le fastidiaba tener que volver otra vez a la casilla de salida. Y eso que es mucho más joven que yo, y proporcionalmente, ha tenido que volver menos veces. Querida amiga, la vida es así, por lo menos la mía.

Yo estoy a punto de volver otra vez a la casilla de salida. Ella en cierto modo ya ha vuelto. Quizá ya esté y no lo sabe. Yo estoy en la cuenta atrás.

Yo tenía una vida. El baloncesto, la música, las motos, la escritura, los libros, los amigos, la familia. Hace ya tiempo que la he perdido, y he decidido recuperarla.

Hace quince años fue el gran punto de inflexión de mi vida: se murió mi padre, tuve que afrontar una estafa en los tribunales que pretendía dejarnos sin nada, mi novia de entonces mi dejó, y lo que podía haber sido el trabajo de mi vida no pudo ser. Me puse a trabajar en otra cosa que no tenía nada que ver con lo que había hecho hasta entonces, a estudiar un módulo de FP informática por las mañanas, empecé a vivir solo, y desarrollé una carrera profesional.

En todo ese tiempo, salvo breves períodos de tranquilidad, siempre he tenido momentos de lucha, de tensión. He sentido no encajar. Sigo siendo la pieza del puzzle perdido.

En un momento dado no hace mucho me dije ¿y por qué no? Y he estado cerca de otro sueño, era muy difícil, he puesto todo de mi parte, pero es que no. Y yo sabía dentro de mí, porque mi enanito en la boca del estómago (como el que tenía Edward G Robinson en Double Indemnity) me decía que no. De hecho la primera vez dije no. Pero prefiero siempre arrepentirme de algo que he intentado que de no haber intentado algo.

En un momento dado decidí no conformarme, dejar de quejarme y hacer algo al respecto. Y como dice mi amigo Germán, al que debo mucho, si te rompes los dientes, pues te buscas el mejor dentista. En ello estoy.

La vida es un proceso largo de auto conocimiento. Yo soy música, baloncesto, una guitarra que suena, un libro que se abre y huele a nuevo; un triple con el sol dándome en los ojos. Una página en blanco como la que tenía hace unos minutos delante de mí. Un viaje en moto, una playa en Croacia, el viento en mi cara. Y un reloj de arena con toda la arena arriba y tiempo para gastar. La vida de personas apasionantes que se preguntaron por qué. Y conocer, y aprender, y saber cada vez más. Y hacerse preguntas, e intentar llegar a conocer las respuestas. Todo lo que se aproxime a eso y me permita ganarme la vida con ello, es mi felicidad. El dinero no es importante. El poder, el prestigio, la posición, la fama, tampoco lo son.

El trabajo es un medio para poder vivir. La vida es una película donde cada fotograma es irrepetible. El tiempo es un taxímetro celoso que corre más deprisa o más despacio. Uno es quien es, y debe cumplir sus propios mandamientos. Si no lo haces así, estás jodido, amigo.

Así que vuelvo a jugar otra vez, y le pido otra carta al croupier. Carta, por favor.