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ADIÓS BALCANES ADIÓS

31 agosto, 2018 Deja un comentario

Salimos de Mostar temprano, con la intención de hacer todo el río Neretva hasta encontrar la costa del Adriático. La carretera paralela al Neretva es impresionante, me quedé con ganas de haber podido parar en alguno de los recodos y haber podido navegar por el río. En algunas partes parece un lago de lo ancho que es el caudal. El paisaje es impresionante y el asfalto bastante bueno, con curvas prolongadas y amplias.

Llegamos a la carretera que une Split y Dubrovnik y es una pasada. Vas todo el rato paralelo al mar, con la costa adriática rodeada de islas (lo que llaman riviera de Dubrovnik), tienes que esforzarte como conductor en mirar de frente a la carretera porque el paisaje que tienes alrededor es demasiado bonito. Y en esas comprobamos que la cámara se ha quedado sin batería…pero bueno, es cierto que muchas veces queremos congelar el momento una y otra vez, y nos olvidamos de vivir el momento y disfrutar del presente que estamos viviendo. Tras un momento de inicial desilusión, intento disfrutar de ese momento presente que recordaré siempre, más que los videos y las fotografías.

Pasamos por Dubrovnik otra vez, y de nuevo otra frontera…previamente habíamos cruzado la de Bosnia a Croacia, que son dos: una de la policía bosnia, y luego la croata. Y ahora la de Croacia a Montenegro. Ya tengo los papeles preparados como si lo hiciera todos los días. Desde que salimos hemos cruzado cinco países y varias veces entre ellos y ya está uno un poco cansado. Nos encontramos con un grupo de moteros croatas que van todos juntos, unas seis motos. Se quedan mirando el ralentí de mi moto y se hacen señas unos a otros de cómo vibra el motor. “Si no vibra así, no es Harley Davidson”, me dice uno de ellos. Conocemos también a una pareja francesa de Toulouse, que van hacia el sur.

Vamos de nuevo hacia Kotor. Allí nos encontramos dos moteros de Macedonia, uno de ellos miembro de un club. Comimos en un restaurante que se anuncia como el mejor restaurante de pescado en Kotor, y si no lo es le debe faltar poco, su nombre es Bastión.

Cuando llegamos a Budva, vamos a un presunto local de Harley Davidson y “biker friendly”. Pero es un fraude, mal servicio, la cerveza mal tirada, y la única Harley la mía. No vayáis. Eso sí, todos los camareros con sus camisas de Harley, la chopper sin motor dentro del garito, y miles de euros en muebles y decoración. Decorado de cartón piedra de una peli del Oeste.

La ciudad vieja de Budva es muy chula y merece una visita. Es un Dubrovnik en pequeño y con bastante menos gente. Decidimos dar un paseo en barco por la bahía al día siguiente. Te llevan por los rincones más chulos de la costa, incluidos Sveti Stefan, grutas en el mar sólo accesibles por barca, y playas muy bonitas, algunas privadas. En Sveti Stefan nos contó el patrón que celebró Jokovic su boda, desde luego un lugar paradisíaco, y que la familia Beckham eran los invitados estrella este verano.

Pasamos la tarde en Perast, que es un pueblo muy chulo en plena bahía de Kotor. No hay propiamente playas, pero tienes malecones chulos donde meterte en el agua. Las vistas son de quitar el aliento, con las montañas cortando el mar. A la vuelta cogemos el ferry que te deja cerca de Tivat.

Volvemos y antes de ir al apartamento vamos a conocer la playa de Ploce, que es la que nos quedaba. Pensábamos que era más salvaje, pero es también otra preciosidad.

Tenemos que volver y hacer las maletas para mañana. Vemos un momento a Irina, que nos invita a Moscú a verles y nos desea buen viaje. Al día siguiente nos encontramos una nota en un post it pegada al depósito de la moto, disculpándose por no poder despedirse en persona porque le ha surgido algo urgente. Encantadora mujer.

Tenemos que estar en Dürres a las 8 de la tarde más o menos, así que decidimos ir yendo hacia Albania poco a poco, y no nos podemos ir sin visitar el lago Skadar, frontera de Albania y Montenegro. Vamos directamente a Virpazar, en la parte de Montenegro, para coger un barco y hacer una excursión de hora y media por el lago. El pueblo es muy turístico, y ni siquiera con la moto encontrábamos aparcamiento. Unos chavales nos dijeron aparca aquí, nosotros te cuidamos las cosas, si quieres hacer la excursión. Y dejamos la moto y el equipaje y nos vamos con un señor mayor que nos cuenta que es ruso, y que no habla ni inglés ni italiano (del español ni hablamos). Aquí sí que me ha servido el Google Translator que me recomendó Roberto, con el traductor croata me apaño para poder hablar con él. Y me acordé mucho de Nacho Asturianín, gran aficionado a las aves, porque aquí lo iba a gozar: cormoranes enanos, pelícanos, garzas y otros pájaros que se escapan a mi pobre sabiduría. Es un auténtico vergel de aves, y qué gusto da ver que lo conservan bien. El lago es enorme, el 70 por ciento es de Montenegro y el 30 por ciento de Albania.

El propio piloto del barco nos recomienda un sitio para comer pescado en la misma carretera hacia la frontera que resulta ser todo un acierto. Probamos la perca ahumada y la fresca, recién pescada del día. El camarero se mosquea porque le digo que es el segundo mejor plato de pescado que he probado en mi vida (la medalla de oro se la lleva el rape que comí con Santi Romay en Ondarribia). Tío, que he probado mucho y bueno.

Pasamos la frontera (que coñazo las fronteras) y llegamos a Albania. La mejora en las carreteras es espectacular. No digo que las carreteras de montaña no ahuyenten a las cabras, pero los kilómetros que estamos haciendo por Albania ganan en calidad de asfalto y baches a Montenegro e incluso a Italia, como contaré más adelante. Paramos en Shködar, pedimos dos botellas de agua en una terraza (25 céntimos de euro al cambio), y participamos de la tertulia motera de los parroquianos: es americana, no?, me pregunta un señor que hace un segundo estaba tomando una cerveza y ahora está agachado debajo de mi moto en postura acrobática intentando leer el número de chasis. No, somos españoles, le dice Mar. Americana, vuelve a la carga el otro. No, es-pa-ño-la. Intercedo en la conversación: sí, la moto es americana, de Florida. Cuántos centímetros cúbicos? 1600 (ya sabía yo que el italiano me iba a ser útil en Albania en algún momento). ¿En dos cilindros? Qué pasada. El tráfico es un poco caos, mucha gente en bicicleta, los cruces se parecen a la calle esa de Tokio donde cruzan desde ocho sitios al mismo tiempo, coches muy muy viejos junto a otros de 80.000 euros. Y la gente conduce como le da la gana, incluso uno se pica conmigo…por favor.

Vamos para Dürres a ver si suena la flauta como a la ida y nos dejan subir antes al barco, y cuando vamos a hacer el check in asisto a una escena de vaya semanita: un chico haciendo el check in diciendo “Elustondo Iruretagoyena”, yes, Spanish, no, Madrid, no, basque…acabamos hablando y son dos chicos, Igor y Alexandra, él es de Bilbao y ella no (esta es gallega, me dice). Se acaban de casar y están de viaje de novios, han hecho Italia, Grecia, Albania y Montenegro, y ahora vuelven para Bari y luego a Civitavecchia. Van con una furgoneta y las han pasado un poco putas por esas carreteras de Dios. Me da una cerveza fresca y no le meto los morros porque se acaba de casar, porque tengo la boca como un zapato.
Subimos al barco después de esperar una hora de reloj gracias a un funcionario modelo que registra todos los coches delante de nosotros por si acaso queremos escapar de Albania con diamantes, oro o vaya usted a saber qué. Cuando llegamos al camarote estamos tan reventados que nos acostamos a las 10.30 después de comer algo. Mañana será otro día.

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MOSTAR EN EL CORAZÓN

29 agosto, 2018 Deja un comentario

Inevitablemente voy escribiendo estas crónicas viajeras con retraso. Está siendo un viaje mucho más exigente de lo que habíamos planeado, viajar dos personas con una moto de casi 400 kg por carreteras bacheadas, por montaña, curvas y cuestas pronunciadas, me está exigiendo mucho, física y psicológicamente. Además, casi todos los días estamos varias horas subidos en la moto, y por eso no tengo el tiempo necesario que sí tuve cuando estuvimos en Eslovenia y Croacia hace cinco años para poder escribir casi en tiempo real. Aun así, agradezco las muestras de interés y cariño que me estáis haciendo llegar de diversas formas.

Al día siguiente salimos para Mostar, después de dar los últimos coletazos por Sarajevo. Ya me dijo Amel que para llegar cogimos la peor ruta posible: para volver vamos a ir por la mejor, siguiendo el río Neretva hasta el final y luego toda la Riviera hasta Dubrovnik. La carretera a Mostar es muy buena, nada que ver con lo que nos hemos encontrado hasta ahora. Incluso hay un tramo de autopista. Tras un par de horas de camimo, llegamos a la hora de comer. El hotel donde nos quedamos, el Hana, está muy cerca de la ciudad vieja y del puente de Mostar. Su encargada (y parece también la propietaria) nos recibe muy amablemente y nos deja aparcar la moto en la misma puerta, como podéis ver en la foto.

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Comemos en un restaurante cerca del puente y ya dentro de la ciudad vieja, una parrilada de carne y una hamburguesa rellena de jamón y queso (tiene su nombre en eslavo pero no me acuerdo), que en realidad parece más un filete de presa ibérica relleno. Sensacional todo, regado con dos jarras de medio litro de cerveza por un precio muy razonable. El camarero que nos atiende nos cuenta que él mandaba a su hijo de campamento de verano a España.

Bajamos al río Neretva, justo debajo del puente viejo (Stari Most), que es de donde Mostar toma su nombre, ya que los guardianes del puente se llamaban mostari. Y asistimos al espectáculo de los que se tiran al río desde lo alto del puente. Debe cubrir bastante, porque la caída es considerable. Lo que se nota es que el río tiene una fuerte corriente, ya que a los nadadores les cuesta salir nadando hacia la orilla. Yo sólo meto los piés y además el agua está muy fría. Damos un paseo por la ciudad vieja y vemos muchas huellas de la guerra en varios edificios. El propio puente viejo fue destruido por los croatas en 1993 y desde el final de la guerra hasta 2004, en que terminó de ser reconstruido el puente otomano original, estuvo en funcionamiento el puente construido por ingenieros militares españoles miembros de la fuerzas de la ONU. Por eso y por los 22 soldados españoles fallecidos la plaza mayor de Mostar se llama plaza de España.

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Pero el regalo inesperado ocurre poco después: paramos en un bar debajo del puente a tomar una cerveza y vemos un grupo a punto de empezar a tocar. Hablo con el cantante, se llaman Dva i Po Coeka, son un trío (cantante, guitarra y saxo), hacen para la prueba de sonido una versión de Rag’n’Bone Man que se llama Human, pero en mi opinión mucho mejor que la original. Volvemos después de hacer turisteo en el mercado y nos quedamos a ver el concierto. Simplemente sensacional. Intentaré compartir por aquí algún video que les grabé porque merecen mucho la pena. A destacar una versión de Sailing Ships de Whitesnake, con mucho guitarreo bonito, como a mi me gusta. Concierto muy bueno más dos pintas de cerveza negra artesana, 10 €. Para todo lo demás, Mastercard. Al principio del concierto éramos cuatro gatos, pero a la media hora estaba ya petado, incluso el puente estaba lleno de gente.

Nos vamos a dormir con una sensación muy especial, de gente muy acogedora, humilde, luchando por salir adelante, y que nos han tratado con un cariño especial. La señora del hotel, al día siguiente, aunque bajamos a desayunar una hora antes de los estipulado (no nos hemos dado cuenta), se levanta y nos ayuda con el desayuno. Nos despide muy cariñosamente, nos da dos besos y nos hace un gesto juntando las manos e inclinando la cabeza. Mucha suerte, nos dice. Y para ti también.

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LA RUTA MÁS DIFÍCIL Y LA MÁS BONITA

27 agosto, 2018 5 comentarios

El jueves 24 salimos para Sarajevo, el pronóstico decía que llovería, y vaya que si llovió. El GPS me jodió pero bien. Aunque miré antes la ruta en un mapa, como hemos hecho toda la vida, en vez de salir dirección Budva y Podgorica me fui en dirección Kotor. Llegando a la mitad de la bahía el GPS me mandó por una carretera apta sólo para motos trail y similares. Es la vez que más tiempo he conducido en primera seguido. Ahí me encontré con varios motoristas con motos de trail que me miraban diciendo dónde vas tú con eso, y con razón. La foto tan chula de la entrada anterior de la bahía de Kotor está tomada en esa carretera, por llamarla algo. Creo que una cabra me adelantó con unas chirukas y poniendo cara de dolor.

Conseguimos llegar arriba fuimos pasando de mala de la muerte a mala, y luego ya cogimos la carretera del Durmitor, buena, pero que lo era tanto por comparación que me entraron ganas de besar el suelo como el Papa. Iba tan emocionado que de repente me dió el alto un policía en medio de la carretera, y tuve que detener el barco un poco brusco. Le moló el nombre de Mar (“María del Mar”), y nos dejó seguir. De repente, la carretera se terminó. Bueno, en realidad era una carretera en construcción, con sus obreros, camiones, hormigoneras, etc. Y con una hermosa pista de piedras, baches como trampas para osos y grava. Me acerco a preguntar a los obreros, que me miran como si hubiera ido disfrazado a un cóctel de etiqueta. Uno de ellos me señala hacia adelante y me dice “Bosna, Bosna”. Otro habla un poco de italiano y me jura que lo chungo se acaba en un kilómetro. Seguimos botando y es cierto, lo chungo se acaba…pero luego otro poquito más.

Al final salimos y pillamos carretera normal. Paramos en un sitio muy chulo con una especie de ermita y conocemos a unos moteros que vienen por la misma mierda de camino y han parado para recoger el aliento como yo. Parecen un padre y sus hijos, cada uno con una moto diferente (trail, turismo, custom y deportiva). Vienen de Alemania y van a Split.

Llegamos a la frontera de Bosnia y pasamos. Hasta ahora en todas las fronteras hemos hecho doble check, en este caso primero policía montenegrina y luego la bosnia. Por cierto, he seguido el consejo de Roberto de saltar la cola hasta que queden cinco o seis coches y no he tenido quejas, salvo un sueco que nos puso a parir, pero me la suda porque no lo ví.

Lo siguiente ha sido, posiblemente, la ruta más bonita que me he hecho en 27 años de moto: entramos por el parque natural Sutjeska, uno de los sitios más bonitos por los que he podido conducir en mi vida. Empieza a llover, paramos y nos ponemos los trajes de agua. Horas conduciendo por montañas verdes, con lluvia constante. Tenemos que apartar a las vacas, que van por la carretera como Pedro por su casa, varias veces. Otra vez paramos para que pasen las ovejas. Paramos en un sito precioso, con un arroyo cruzando por debajo de nosotros, y pedimos algo rápido, que tengo miedo que se haga de noche. Un sandwich de jamón, por favor. Y nos ponen un pedazo enorme de pan de pita con lo que parece lomo ahumado, riquísimo. Por 4 euros con la bebida.

Seguimos y el GPS me manda por otro camino de cabras, y ya me planto. Enmedio de una lluvia pertinaz, decido que hasta aquí hemos llegado. Tengo miedo de quedarnos enmedio de la nada, con lluvia, y no me fío para nada del GPS. Y me doy la vuelta para volver a la M-20, que parece una carretera “principal”. Y al final, después de ocho horas para hacer 270 km, llegamos a Sarajevo.

Hemos reservado en un hotel llamado Villa Sky, al lado del río Neretva y de la ciudad antigua. La única pega es que está al final de una cuesta gigante, pero conseguimos llegar. Amel, el chico de la recepción, nos busca un hueco en el garaje, y tras una serie de maniobras de contorsionista consigo encajar la Road King en el hueco de una baldosa. Y nos vamos a ver la ciudad. Disfruten la ciudad, nos dice Amel.

Y qué ciudad. Una mezcla de oriente y occidente como no he visto nunca. Mar dice que le recuerda a Estambul. Sentarse en la parte vieja en un café y ver pasar a la gente no tiene precio. Hablamos con una chica que se llama Maida, es la dueña de un café llamado Andar. Su abuelo y su padre tuvieron el mismo local como zapatería artesana, pero cuando ella heredó el negocio ya no era rentable hacer zapatos. Así que lo convirtió en café. Me tomo un café bosnio, con su ritual. Tienes que poner el azúcar debajo de la lengua y luego sorber un poco del vasito de porcelana, tras haberlo escanciado previamente.

El café Andar

El bazar es chulísimo, hay cosas muy bonitas para comprar. Vamos a cenar en la ciudad vieja, intento pedirme una cerveza y me dicen yo de eso aquí no tengo, señor. Escuchar al muezín llamar a la oración. Y al día siguiente intentamos hacer un tour, pero llegamos tarde. Así que vamos a dar una vuelta por nuestra cuenta y entramos en el museo del genocidio bosnio, y salimos con lágrimas en los ojos. Nos llega especialmente la historia de Ángel, un soldado español que en plena guerra ayuda a una madre y sus hijos a reunirse con su padre y averiguar que sigue vivo. Algunos nacionalistas tarados cultivadores del odio deberían darse un paseo por este museo para que vean las cosas tan horribles que sucedieron muy cerca de nosotros.

Vemos el ayuntamiento, las mezquitas, las iglesias. Las casas con las fachadas llenas de balas. Edificios con las heridas visibles de los bombardeos. El recuerdo de los dos millones de libros quemados por los serbo bosnios. Y la esquina donde Gabrilo Prinzip asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria Hungría, provocando el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Y me duermo con los olores, los sabores, el ruido de la calle, los vetustos tranvías, los yugo todavía circulando, los cementerios con sus postes blancos donde menos te los esperas. Y la luna sobre la mezquita.

MONTENEGRO: VUELTA A MI INFANCIA Y A LOS AÑOS 70

26 agosto, 2018 Deja un comentario

Antes de nada, perdón por el retraso en publicar, han pasado muchísimas cosas en cuatro días. La primera noche en el apartamento tuvimos una barbacoa – concierto de música étnica local debajo de nuestra terraza no autorizado, pero con amplificadores y todo. Los tíos se trajeron el set completo, guitarra, acordeón y cantante. Menos mal que a las 11 lo dejaron, porque si no me hubiera bajado a ver si les sobraba otra guitarra y me hubiera unido a la fiesta.

Dos días después viene a hacernos una visita nuestro casero Alexei, nos doblamos dos botellas de vino de su cosecha entre los tres, y mientras tanto asistimos a una batalla de bandas: unos jovenzuelos empezaron a poner música tecno o similar a toda ostia, sin saber dónde se estaban metiendo. Porque los gitanos del otro día todavía tenían a mano sus amplis e instrumentos y empezaron a dar cera a todo trapo también, subiendo el volumen hasta tapar el tecno. Los jovenzuelos se retiraron con el rabo entre las piernas, y los albaneses o lo que fueran, en vista de su victoria inapelable, siguieron tocando pasadas las doce, pero con el vino y las cervezas que nos habíamos bebido protestamos porque queríamos más y ya nos íbamos a bajar a bailar con ellos.

Alexei y las botellas de vino

Entretanto fuimos a la playa de Trsteno, que está al lado de mi playa (la de Jaz, que como dice Elma ha perdido una letra por el camino) y otra cuyo nombre no puedo pronunciar porque se me hace un nudo en la lengua y luego lo tengo que deshacer. Comimos en un sitio estupendo y conocimos a un camarero motero llamado Slavisha y éste me presentó a rakija. Lucky tenía razón, vaya peligro tiene rakija.

Y lo gracioso también es que la cuenta te la ponen en un vaso de chupito boca abajo, y tienes que tener cuidado, porque te van haciendo una cuenta cada vez que te sirven, y luego tienes que hacer la suma. Slavisha pretendía comparame la gorra por 10 euros, yo le dije que no se la podría vender, porque me gusta mucho. Dice que hace poco que le compró unos zapatos de Ferrari a un cliente del restaurante, no quiere que le regale la gorra, le hace ilusión comprarla.

Slavisha, la gorra y yo

El miércoles fuimos a la playa de Trsteno, pillamos dos hamacas por 15 euros para todo el día con unas sombrillas tan grandes que no te daba el sol en todo el día, garantizado. Es una playa piscinera donde se puede hacer snorkel y al revés que las otras que conozco cuanto más va pasando el día más limpia está el agua. Había una música ambiental a buen volumen que se parecía sospechosamente al concierto del otro día de los albaneses o lo que fueran, y que encontramos similar a las canciones que estos países presentan en Eurovisión.

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El jueves fuimos a Tivat, Kotor, Herzeg Novi y Dubrovnik, que aunque parece poco en tiempo es echar el día entero en la moto. Aquí comencé a descubrir que he vuelto a mi infancia y a los años 70: no hay autopistas, tardas dos horas y media en hacer 112 kilómetros, cuando te toca delante un autobús o un camión te asomas hasta que puedes adelantarle; he redescubierto la palabra “travesía”, es decir, en una supuesta carretera principal cada poco atraviesas una población y el límite es 50 km/hora. Además, hay un tercer carril entre los coches que tienes delante y los que vienen de frente. Y a eso le añadimos los atascos constantes y la forma tan divertida de conducir que tienen por aquí, donde todas las señales son opcionales y te puede salir un vehículo, un animal o una persona en cualquier momento al paso.

La costa del Adriático de Montenegro está petada de turistas sin las infraestructuras correspondientes, y además están construyendo a la buena de Dios. Es como Benidorm en los años 70, pero con smartphones y redes sociales, y lleno de rusos en vez de madrileños. Este ha sido un error que hemos cometido, porque las distancias son mucho mayores de lo que dicen los kilómetros. Por ejemplo, Tivat está a 22 km y via michelín te dice 29 minutos. Pero en realidad pasas por el aeropuerto, por lo cual te vas a comer un atasco vayas a la hora que vayas como la boina de un paleto, con lo cual en realidad son 45 minutos, y en coche mucho más.

Tivat tiene uno de los puertos deportivos mejor catalogados de Europa, todas las marcas de tiendas para millonarios están allí. Anteriormente era una base naval militar y ahora es un puerto de yates pastosos, pero merece una visita. Hay un restaurante libanés con precios accesibles, sorprendentemente.

Kotor (atascazo que te vas a comer para llegar) es una ciudad amurallada muy chula (stari grad significa ciudad vieja y te vale para todas las que voy a mencionar hoy). Aquí empieza la bahía que toma su nombre de la ciudad, que es de laz cosas más bonitas que me he recorrido en moto en mi vida. Es una ruta impresionante sobre una bahía que parece un lago, uno se puede parar y bañarse a lo largo del recorrido, que termina en Herzeg Novi, ya cerca de la frontera de Croacia. Hay un atajo que es coger un ferry que sale de Lepetane (cerca de Tivat) a Kamenari (cerca de Herzeg Novi), y te ahorras unos 30 km. Solo pagan los vehículos, y las motos pagamos 2 euros. No hace falta reservar, llegas y te subes. Pero recomiendo no hacerlo hasta que te hayas hecho la bahía tres veces como yo.

De Dubrovnik decir que es muy bonita, nos recorrimos las murallas de la parte vieja y vimos algunos lugares de la mítica serie en la que todos estáis pensando. Os dejo una foto para ver si lo adivináis. Tanto en Dubrovnik como en todos los sitios anteriores había que ir apartando turistas con un quitanieves para moverse. Me hubiera gustado haber tenido más tiempo y haber podido ir a alguna de las islas como Mjlet, pero ya no dió la cosa para más.

Para el siguiente capítulo dejo Bosnia, donde hemos estado dos días y que nos ha flipado muchísimo. Es nuestro cuarto país, tras Italia, Albania y Croacia. Hemos pasado más fronteras e cinco días que en todas nuestras vidas anteriores, luego me explico. He aprendido asimismo a no hacerle caso al GPS y a conducir peor que un albanés.

DE ALBANIA A MONTENEGRO

22 agosto, 2018 2 comentarios

Son las 6 de la mañana y la amable voz que sale por el altavoz de la mesita de noche del camarote nos dice que la cafetería ya está abierta para desayunar. Vamos a llegar a Dürres con dos horas de antelación. El barco de GNV genial, excepto que no puedas anular ni bajar el altavoz de la mesita de noche, y que amablemente te va recordando cada 15 minutos que el desayuno esta listo.

Llegamos al puerto de Dürres y no puedo evitar acordarme de un número de la revista Motociclismo de 1992 que contaba el viaje de una pareja española con una Harley Davidson Heritage Softail Classic a la Albania comunista, describiendo un país salido de una peli de Mad Max: gasolina de 60 octanos, con las bombas de gasolina protegidas por rejillas y gasolineros empuñando Kalasnikovs; durmiendo en casas de familias porque no hay hoteles, carreteras lamentables, etc. El país ha cambiado bastante, pero todavía tiene cosas peculiares. Siento no poner fotos, pero cuando volvamos vamos a explorar un poco por el interior y haremos, lo prometo.

Bajamos del ferry desayunados y todo lo demás y ya con el depósito casi lleno, por si acaso. Pasamos el control de pasaportes y salimos a lo que me parece una carretera cutre, que me va a parecer una autopista alemana comparada con lo que nos vamos a encontrar luego. Pasamos por el tramo de carretera con más gasolineras seguidas que he visto en mi vida, cada 500 metros hay una. Y yo preocupado por si no encontraba gasolineras…Roberto, te quedaste corto diciéndome que había bastantes gasolineras. De todas las que había hemos ido a parar en una que solo admitía efectivo, y creo que nos han tangado con el cambio. Hemos puesto 12 euros, le he dado 20 y me han devuelto 600 lek. La próxima vez sólo cuando digan que admite tarjeta.

Lo que hemos visto a continuación es de lo más curioso que llevamos de viaje, y aquí cedo la palabra a Mar:

“En marcha por Albania, como buena ciudad portuaria e industrial Durres es feo. El asfalto está bien pero la carretera es de sólo un sentido, me llama la atención la arquitectura de las mezquitas, iguales que las turcas y diseminadas por el verde paraje, al igual que sus cementerios, como pequeños dólmenes saliendo de la tierra. Por ello fue parte del imperio otomano durante muchos siglos.

Las mujeres mayores vestidas de negro y con su pañuelo en la cabeza, como antaño en España. Los mayores van en bici y ves gente parada en la carretera en cualquier punto, imagino que esperando un bus. Te puedes encontrar a una señora mayor llevando un pato/oca muerto agarrado por el pescuezo, imagino que será la comida de hoy, o quizá vaya a venderlo.

Hablando de la carretera algo que me ha llamado la atención y también he visto en Italia son las lápidas diseminadas por la carretera, entiendo que es el punto donde esa persona falleció pero es algo tétrico”.

Y esta parte va dedicada a Honky: yo añado que es cierto que un tercio de los coches es marca Mercedes, con dos meses o con cuarenta años; hay coches desguazados por piezas al borde de la carretera; adelantamos a un ciclomotor trike con un cajón enorme delante sobre el manillar (buscad en Google servicar); las motos de la policía son de 125 (hablo en serio, con sirenas, maletas y toda la parafernalia); gasolineras abandonadas llenas de herrumbre con un sofá en el medio; muchas casas a medio construir. La gente en moto sin casco (y tres en una con un niño pequeño delante y otro detrás); pasamos por una ciudad y parece que estamos en Marruecos: gente cruzando por en medio del tráfico, trato de no atropellar y que no me atropellen, hago una rotonda con un ojo en los peatones y otro en los coches que tengo alrededor. No hay un solo radar, pero la gente respeta la velocidad legal escrupulosamente: puede que estén policías con las 125 escondidos detrás de un anuncio esperando a alguien que se salte el límite de velocidad…

Llegamos a la frontera con Montenegro y la policía nos hace señas que no esperemos la cola, adelantamos hasta que quedan dos coches, y un tipo en un coche nos dice que pasemos, que no esperemos…Me parece muy macarra hasta para mí. Pero cuando llegamos al puesto, el policía ni nos pide los pasaportes y pasamos casi sin parar.

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Entramos en Montenegro y es como si se hubiera acabado el presupuesto para carreteras. Si esta es la nacional, la local no quiero ni verla. Son carreteras estrechas, con bastantes baches, por las que hay que pararse si lo que viene de frente es más ancho que un todo terreno. La velocidad normal es 50-60, a veces puedes ir un poco mas rápido. A veces cruza un rebaño de ovejas y tienes que esperar a que pasen. Las vistas del mar son espectaculares. Luego ya salimos a lo que parece la carretera principal de la costa. Media Europa está aquí: hemos visto matrículas de Serbia, Chequia, Kosovo, Eslovaquia, Rusia, Rumanía, Ucrania, Macedonia, Hungría, Croacia, Grecia, por supuesto Italia (están invadiendo Europa en secreto y no lo sabemos), seguro que me dejo alguna. De España ni una hasta ahora.

Pasamos por toda la costa y vemos una de las fotos más características, Sveti Stefan, hoy convertido en hotel exclusivo para mega ricos. Llegamos a Budva y el tráfico es un completo horror: atascazo total de dos carriles y puedes ir remando un poco entre los coches, pero con lo que pesa la moto, el calor, mi manillar de 1,20 metros de ancho, y cuando pillas camión o autobús estás jodido. Eso sí, los coches se apartaban para dejarnos pasar, te respetan. Finalmente conseguimos llegar al apartamento, donde nos espera Irina, la mujer del propietario, Alexei.

El sitio está fuera de la ciudad de Budva, se llaman apartamentos Krimovika. Es un sitio espacioso, con una terraza enorme y unas vistas espectaculares del mar. Lo malo (o lo bueno) es que está lejos para ir andando de cualquier tienda o bar, estamos como en una urbanización residencial. En la moto estás a cinco minutos de tres playas distintas y a 15 del supermercado. Por la tarde fuimos a comer a la playa de Jaz y ya me han presentado a las dos rubias que podéis ver abajo.

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Los dueños son rusos que se vinieron aquí hace 11 años y montaron el negocio. Les hemos traído un fuet de España para que lo prueben, pero no creo que les haya emcionado mucho. El hombre hace su propio vino, para haberlo sabido. Estas son las vistas desde nuestra terraza. La verdad es que mola.

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LA HARLEY MAS RÁPIDA QUE HE VISTO

21 agosto, 2018 1 comentario

Dice el personaje que interpreta al infiltrado Charles Falco en la serie de televisión Gangland Undercover que conducir una FLH durante un rato es como boxear cinco asaltos con un peso pesado. Pero a partir de cierto momento, los 350 kilos ya forman parte de tu cuerpo. Eso me ha pasado ayer conduciendo de Madrid a Barcelona, con la moto cargada como si fuéramos a hacer operación paso del estrecho, yendo rápido y sin sensación de velocidad. Como ir paseando tranquilamente por la orilla del mar. Hacia mucho viento, pero no lo notábamos.

Y en esto que hacemos la primera parada, y nos saludan unos chicos con una BMW. Nos cuentan que han pinchado nada mas salir y que afortunadamente han podido solucionarlo. Van a coger el mismo ferry que nosotros, luego nos veremos allí.
Segunda parada, y veo que aparca una BMW al lado nuestro. No me lo puedo creer, son los mismos chicos de antes. El se llama Pablo y ella María, y son de Bilbao. El me dice coño, no te cogía, a que velocidad vienes? Yo voy siempre a velocidad legal, o casi. El caso es que hacemos el resto del camino juntos hasta Barcelona, y la verdad es que me dejo llevar un poco mas y vamos 140-150. Cuando llegamos, me dice que creía que las Harley eran unas tortugas, y que mi moto es la Harley que mas corre que ha visto. Me parto, me han dicho cosas de la moto, pero es la primera vez que me dicen esto.

Compartimos batallas cerca del puerto entre fajita y nachos, regados con abundante cerveza, antes de embarcar. También conocemos a otra pareja, estos de Barcelona, que van a Cerdeña, como Pablo y María, él muy fan de Mark Knopfler. Tomamos unas birras y nos vamos a dormir.

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A las 4 de la mañana el barco comienza a vibrar y a menearse y me despierto. Mar no se ha enterado, menos mal. Luego me vuelvo a dormir, pero me despierto a las 8 y ya no me duermo. Creo que, como dice Pablo, que es patrón de barco y sabe de esto, es largo y estrecho, y si hay mala mar lo notaremos.

Flipo con la gente sobando en la cafetería, poniendo colchonetas por los pasillos o durmiendo en un rincón directamente en el suelo. Con 20 años todavía, pero ahora ni de coña lo veo. En general me ha gustado mas cuando fuimos a Génova con GNV, el barco era más estable aunque también era mas pequeño, y no había el hormiguero humano que hay aquí.

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Hablando de Génova, en la cola para embarcar la moto estuve hablando un rato con una pareja italiana que volvían a casa después de hacer Francia y norte de España del accidente del puente de Génova. Hablábamos de las veces que hemos pasado por allí y de los viaductos que hay en esa carretera. Mejor no pensarlo. En el embarque nos ha pasado que nos dicen que solo puedo entrar yo con la moto, y Mar tiene que subir por separado con el resto del pasaje. Mar decide no hacer ni caso y pasamos los dos subidos en la moto. No nos dicen nada, y mucho mejor, así no nos separamos y podemos subir el equipaje los dos.

Cuando desembarcamos es el puto caos, dicen que por seguridad hay que esperar en las cubiertas 10 y 11, pero al poco están llenas las escaleras desde la 11 a la 7, que es por donde se accede a los garajes. Tengo la sensación de estar en un concierto de acdc, no en un barco. Si de repente hubiera una emergencia, no se que podría pasar.
Finalmente conseguimos llegar a la moto y salimos para el hotel pasan un montón de cosas en 10 minutos: un tío se salta un ceda el paso, otro se para de repente en medio de la carretera discutiendo con su novia, se cruza un perro y casi lo atropello; la carretera por donde me manda el GPS esta cortada por el ejercito y tenemos que dar la vuelta; el GPS se apaga solo por el calor; de repente se pone a llover; y cuando finalmente llegamos al hotel con una hora de retraso, resulta que es un albergue regentado por unas monjitas muy majas.

El hotel de las monjas es espectacular, con su playita privada en el mar Tirreno y con unas vistas preciosas. La chica de la recepción se lía porque le hace check out una cliente que no sabe como se llama, se le acaba el papel de la TPV y cuando lo pone no funciona. Al final conseguimos irnos.

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Enfilamos para Bellona, un pueblecito cerca de Caserta, donde nos espera Mario. Ha sido un poco por casualidad que hemos hablado, tenemos que cruzar Italia y nos da igual parar a comer en un sitio que otro, asi que quedamos con él para la hora de comer. Nos ha preparado una comida principesca, casi ha sido comida-cena. Nos ha tratado sensacionalmente.

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El caso es que descansamos un rato y cuando nos levantamos está lloviendo. Como tenemos que coger el ferry en Bari, no nos queda otra que estrenar los trajes de agua y seguir. Tenemos tres horas y media más hasta Bari, nos llueve como la mitad del trayecto. Pero por carretera recién asfaltada la moto va como un tiro.

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Llegamos a Bari con tres horas de antelación, pero nos dicen que el ferry ya está abierto y podemos subir. El contramaestre nos escucha hablar en español y nos dice que su madre es de La Coruña. Hay que subir una rampa casi vertical, pero acelero sin pensar y ya está. Este barco, operado por GNV, es mucho mejor: menos gente, más estable, más silencioso. Llegamos casi con dos horas de antelación y ya estamos en Albania. Ahora toca pasar dos fronteras, pero eso ya lo dejamos para el siguiente capítulo.

DE ESPAÑA A MONTENEGRO: LA PREPARACIÓN

8 agosto, 2018 1 comentario

Pues allá vamos otra vez mi naranja entera y yo. Después de oposiciones, catástrofes diversas y otros sucesos, nos hemos decidido a completar el otro viaje que hicimos en 2013 y que tenéis aquí en entradas anteriores (De España a Croacia en moto), haciendo los países que nos dejamos esa vez por falta de tiempo, y hemos pensado que este año es tan bueno como otro cualquiera, pero mejor.

Pues este va a ser el viaje de este año: Madrid-Barcelona-Civitavecchia-Bari-Durres-Budva-Mostar-Sarajevo-Dubrovnik-cañón del río Tara-lago Skodar-Bari-Capo Vaticano (Calabria)-costa amalfitana (Vietri sul Mare)-Civitavecchia-Barcelona-Madrid, con varias opciones abiertas en Serbia-Macedonia-Kosovo, que iremos viendo sobre la marcha. Van a ser tres semanas para ver las cosas tranquilamente, porque como dice mi compadre Roberto (super viajero como el que más, y el que más resulta que es él) “prefiero conocer bien dos países a recorrer con prisas tres, este pensamiento te lo traslado a tu viaje”. Amén, hermano.

Muchas cosas han pasado desde ese viaje de 2013: Roberto ha gastado una moto, yo he cambiado el motor de la Road King, todos somos cinco años más viejos, y por una extraña casualidad mi moto también. Hemos hecho unos cuantos miles de kilómetros por la península, y además del señor Quique en estos años hemos añadido a Dani y Anita, que son una compañía genial para rutear…aunque Dani se ha quedado en la mitad, y ahora caben dos Danis en su antigua chupa.

Como ya llevamos unos cuantos miles de kilómetros encima en diferentes condiciones, creo que este año no me llevo los pantalones de cuero; puede que lleve música; llevo un GPS con todos los mapas de universo molón que te cagas; seguiré subiéndome TODO el equipaje del garaje del ferry (no me quedo tranquilo si no); con el calzado no estoy decidido (si botas de montaña o moteras); y creo que le pediré al señor Quique su bolsita para el depósito, que me da que va a venir muy bien para pasar aduanas.

Por cierto que este año también va a haber camiseta conmemorativa, este es el boceto:

Vamos a tener el problema del roaming, que en Montenegro, Bosnia y Albania es como si te rompieran los bolsillos, así que tiraremos de wifi y sms cuando no quede más remedio. La ventaja es que desde entonces mucha gente ha pasado por allí y nos ha ayudado mucho con consejos muy valiosos que ya veremos si seguimos o no.

Dudas existenciales: llevar algo para los posibles pinchazos, Roberto me recomienda un compresor pequeño para los neumáticos (miraré estos días), y por primera vez en 27 años que llevo montando en moto voy a tener un traje de agua (eso demuestra que aquí no llueve mucho; o que no salgo cuando llueve).

Como calentamiento hace dos fines de semana me fui con mi hermano y otros amigos a La Rioja en un finde (casi 1.000 km en dos días), y la moto va de fábula. Motor nuevo (creo que ya tiene 5.000 km), aceite limpito, ruedas y batería nuevas, y a rodar.

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A partir de hoy a preparar equipaje y cerrar pequeños flecos. Lo que me está costando es encontrar unos guantes de verano sin dedos que no tengan el dichoso agujerito. Me explico: si tienen el agujero en las manos se te queda un dibujo la mar de mono, como este:

Después de recorrerme todas las tiendas de Madrid no encuentro ninguno cerrado y me han dado todo tipo de explicaciones peregrinas sobre por qué todos los guantes llevan un agujero, desde físicas hasta estéticas.

Me han contado que las carreteras de Albania, Montenegro y Bosnia son tela marinera, ya os contaré, pero de momento pones en Via Michelín ruta Budva-Dubrovnik, 112 km y 2 horas 31 minutos, y muchos triángulos rojos de curva y velocidad máxima 40. Parece que está todo muy cerca, pero no!

A partir del próximo 18 de agosto por aquí os iré contando nuestras aventuras.

Quiero dar las gracias a Roberto, que me ha ayudado mucho con mis viajes y me está ayudando mucho en éste en concreto; a Javi y al equipo de Harley Davidson Capital, que siempre se portan conmigo como hermanos, y son los culpables de que la moto esté redonda. Y a todos los que comentaron por aquí en el otro viaje, espero que os parezca interesante el que vamos a iniciar ahora.

Y como sin la música no somos nada, aquí os dejo un postrecito de un grupo que se llaman The Swamp Drivers, el guitarrista os explica en el vídeo cómo se ha construido una guitarra con partes originales de Harley Davidson: