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EL GABACHAZO Y EL ÚLTIMO EXAMEN

13 septiembre, 2014 2 comentarios

Era junio de 1992, mi último año de carrera. Ya me había examinado de todas las asignaturas excepto de Derecho Civil IV. Era el último examen de la licenciatura. Hasta ese momento, llevaba varias matrículas de honor, muchos sobresalientes, tres aprobados y el resto notables (el que no entienda la nomenclatura, que lo busque en Google). Digamos que iba un poco sobradete.

El contenido de la asignatura no era precisamente santo de mi devoción, y los dos profesores que se repartían las clases, tampoco. La clase era a primera hora, lo cual facilitaba las pellas, y las hice todo el año (eso sí, salí de allí muy mejorado en cuanto a futbolín y mus se refiere). La semana entre el examen anterior y éste fue muy relajada. Ya había doblado el cabo de Hornos (aprobar Derecho Internacional Privado, el coco del curso entonces) y estaba pensando en mi primer viaje en moto para ver a mi amigo Santi en Moixent, y a Rafa y a Germán, que estaban haciendo la mili en Alicante. Así que me lo leí por encima.

Cuando salieron las notas, había suspendido. Indignado, estaba convencido de que tenía que ser un error. No había suspendido un examen en mi vida. Fui a la revisión del examen hecho un basilisco. Cuando llegué a hablar con el profesor, vi mi examen: tenía un 2 sobre 10. El profesor me dio un repaso: no ha venido usted a clase en todo el año, y del contenido del examen (que fuimos repasando pregunta por pregunta) se deduce que no tiene ni idea de la asignatura, y ha contestado en formato quiniela. Conclusión: ya siento estropearle el expediente, pero esto no hay por dónde cogerlo. Si tuviera por lo menos un 4 le aprobaría, porque es una pena que su último examen sea el único suspenso del expediente, pero…

Todo esto lo cuento porque me vino a la cabeza después de la derrota de España en cuartos de final contra Francia. El gabachazo. El partido del miércoles de la selección española de baloncesto fue la mayor decepción de mi vida deportiva, así como la semifinal contra Yugoslavia en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 fue la mayor alegría hasta ahora. Ni el mundial de 2006 ni ningún otro título. Porque aunque no fuimos campeones, nadie daba un duro por nosotros. La derrota ha sido tan dura porque nadie hubiéramos pensado que esto iba a ocurrir, y de hecho muchos nos preguntamos si no ha sido una pesadilla y mañana volveremos a jugar con Francia y les ganaremos de 20.

Pues no. Se ha escrito mucho sobre el fracaso, “un gatillazo histórico con la mejor novia que hemos tenido”, en palabras de Antoni Daimiel, con un titular inequívoco: “Un campeonato mal preparado”. Totalmente de acuerdo en que este equipo era posiblemente el mejor de la Historia, con un entrenador que no es el mejor ni de lejos, por experiencia y curriculum, pero también por su comportamiento, para dirigirlos. Pero la prueba del algodón, tanto de jugadores como de entrenadores, es cómo se resuelven este tipo de situaciones, que pueden y van a llegar, cuando todo va mal y no salen las cosas.

El análisis de los errores concretos en el partido lo ha hecho magníficamente en este video Piti Hurtado. Los números cantan por sí mismos, como por ejemplo que Francia gane el rebote por 50 a 28 a un equipo con los hermanos Gasol e Ibaka. Pero más allá de la pura estadística, voy a lo que para mí han sido las claves del gabachazo.

1º) Humildad y trabajo: es muy complicado metérselo en la cabeza a los jugadores, con todo el circo mediático que existe alrededor. Pero hay que ser (de verdad) humildes y pensar que a partir de cuartos cualquiera te puede mandar para casa, si no eres profesional y haces tu trabajo en todos y cada uno de los encuentros. Las camisetas solas no ganan partidos. Y nosotros  no hemos sido humildes. Todo lo que sale en el video de Piti Hurtado se resume en mala actitud y pasotismo, con alguna excepción, como Pau, que se dejó hasta la última gota de lo que tenía, aunque claramente jugó lesionado, y con eso vamos al siguiente punto importante.

2º) Planificación: está claro que no se ha dosificado a los jugadores importantes en partidos intrascendentes, y desde el banquillo no se ha diseñado el campeonato para estar a tope cuando un fallo te manda para casa. El espejo en el que mirarnos, Serbia. Ellos sí que han planificado bien, sabiendo que no importa perder en la primera fase. Los Gasol jugando casi 30 minutos en partidos ya resueltos o intrascendentes nos ha pasado factura.

3º) Falta de soluciones desde el banquillo: está claro que cuando el equipo va bien puede entrenar hasta mi santa madre. El entrenador no falla tiros ni gana partidos, pero sí que puede perderlos. Cuando no tenemos acierto o defendemos mal (o ambas cosas), ahí es donde el entrenador tiene que reaccionar y proponer soluciones y alternativas. Nos vamos para casa con la sensación de no haber intentado nada, ni siquiera pedir un tiempo muerto. Ni cambios defensivos, ni ofensivos, ni siquiera cambiar jugadores (Felipe Reyes, 0 minutos).

Aparte pienso que se ha hecho un equipo muy descompensado, creando debilidades innecesarias: por ejemplo, no llevar un tres alto que no sea Claver, que en mi opinión no tiene nivel para estar en la selección, (y hay otros, como Carlos Suárez, Mumbrú, Rabaseda) nos ponía en desventaja con casi cualquier equipo; desaprovechar a Jose Calderón poniéndolo de escolta.

4º) Ausencia de baloncesto colectivo: hay tres cosas que se pueden intentar hasta morir, con talento y sin talento, con acierto y sin él: defender a muerte; pasar y circular el balón, aunque  a veces te lo comas; y rebotear con toda tu alma. Como señala Guille Ortiz en un acertado artículo, eso es lo que hizo Francia (de esto ha aprendido mucho Diaw en San Antonio) y lo que no hicimos nosotros. Y yo añado que al jugador de baloncesto se le suponen esas tres cosas, como el valor al soldado. Es lo mínimo que debemos exigir, y de ahí para arriba. Y el entrenador está entre otras cosas para controlar que eso pase.

5º) Instinto asesino: esto es un intangible en el deporte en general del que carecemos, y que los serbios poseen a raudales, por ejemplo. Como señala Daimiel en el artículo que he enlazado arriba: “Instinto triunfal. Nada más finalizar su contundente victoria contra Brasil Sasha Djordjevic fue preguntado en Cuatro por su preferencia como rival para la semifinal del viernes. El seleccionador serbio no dejó que María Victoria Albertos finalizara la pregunta: “España”, respondió, con la misma mirada desafiante con la que su equipo le jugó a Brasil”.

Los cinco puntos anteriores se pueden resumir en una sola palabra. Un norteamericano que lleva bastantes años trabajando con españoles comentaba que en general y con algunas excepciones, cuando le preguntan qué palabra le viene a la cabeza para describir la forma de trabajar en España, contesta: “desidia”. Eso es lo que me ha transmitido la selección en el partido contra Francia. Desidia.

PD: le deseo mucha suerte a Serbia. Se lo merece. Se la ha ganado.