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EL PUEBLO Y LA MAYORÍA

29 mayo, 2016 2 comentarios

El pueblo. Llevo años pensando en escribir esta entrada, la tenía congelada desde enero de este año, y en este período electoral he creído oportuno desempolvarla.

Tal y como en mi juventud me preocupaba y me intrigaba la palabra nación, ahora pasados los cuarenta me intriga y me fascina esta otra: el pueblo.

En la manifestación que en cierta ocasión convocó Podemos en la Puerta del Sol se podía ver (y escuchar) profusamente la palabra. “No caben amenazas, el pueblo ya no tiene miedo”. “El pueblo ha hablado y tienen que escuchar”.  “Somos un pueblo en marcha, concentrado en una misma caldera”. “Políticos, el pueblo ha despertado”.

Yo me pregunto: ¿qué es el pueblo? ¿Quiénes forman parte del pueblo? Los que no estaban entonces en la Puerta del Sol, ¿son el pueblo?

Hay un primer uso de la palabra que me viene a la cabeza: el artículo 2 de la Constitución Española, que dice “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Aquí cabe entender que el pueblo español somos todos los ciudadanos del Estado. Pero creo que no es ese el uso habitual que se le da, ni el que le daban en los ejemplos anteriores.

Aparte de su uso para designar la entidad de población inferior a una ciudad, su uso más habitual es asimilarlo a los trabajadores, las masas o la plebe. Por decir, lo opuesto a quienes ostentan el poder.

Y yo me pregunto en mi inocencia: mi amigo pequeño empresario que ganaba 120.000-140.000 euros al año antes de la crisis, no era pueblo, ¿verdad? Y ahora que trabaja por cuenta ajena y gana 1200 al mes, ¿ha pasado a formar parte del pueblo? Mi hermano cuando tenía su empresa y apenas ganaba para pagar los seguros sociales… ¿era pueblo? Ahora que trabaja por cuenta ajena y gana más que entonces, ¿ya forma parte del pueblo?

El que ha defraudado a Hacienda, tributando al 25% (cuando debía haberlo hecho al 52%), se saltó todas las normas de su condición de funcionario para efectuar trabajos al margen de su profesión, y creó una empresa en 2013 para facturar trabajos de 2010 (425.000 euros), ¿es pueblo también?

Una posible respuesta la da Mao Zedong: “Para comprender acertadamente los dos diferentes tipos de contradicciones, es necesario, ante todo, precisar qué se entiende por pueblo y qué por enemigo. (…) En la etapa actual, período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella; son enemigos del pueblo todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista y se muestran hostiles a la construcción socialista o la sabotean”.

El pueblo soy yo y los que piensan como yo. Los demás son el enemigo.

Don Asclepio lo clavó aquí: “El programa no importa una mierda. Se cambia lo que haga falta. Se trata del poder,¡Coño! Lo demás es panoplia para los tontos, es decir para los sujetos atrapados en la masa. (…) A estas alturas de proceso de seducción y de promesas de venganza ya no hay marcha atrás. La ola no se para. Los escándalos y pufos de los de Podemos ya no tienen efecto: son mentiras de la casta. Una vez en marcha, el “pueblo” solo espera la palabra salvadora. No hay sentido crítico. El líder siempre tiene razón. (…) Las masas pasan del procedimiento asambleario a totalitarismo en un santiamén. Porque en ambos ya han abdicado de un criterio propio. (…) No se les vence con la razón. Ni se les convence a los fieles de nada”.

Y por supuesto el pueblo siempre tiene la razón. Para eso se refuerza la sensación de ser mayoría: por ejemplo, la canción lema de Occupy Wall Street (We are the 99 percent– somos el 99%).  Anguita lo entendió bien cuando fundó su Frente Cívico “Somos mayoría”. Errejón tras la manifestación de la que hablaba antes: “Somos muchos y somos mayoría”. Si la mayoría dice cosas, no tantos no pueden estar equivocados.

Frente a esto, dos cosas: una, algunos (muchos) de mis compañeros de clase en la Universidad descubrieron en un examen de Derecho Administrativo que el que un 90% contestara incorrectamente a una pregunta y yo lo hiciera de forma correcta no implicó que el profesor pensara que la respuesta correcta era la mayoritaria, y les suspendió a todos. Dos, hay una frase muy conocida al respecto del tema cuyos ingredientes son las moscas, la mierda y la comida y que no voy a repetir. Pablo Echenique ha llegado a decir aquí que lo que piense la mayoría debe prevalecer sobre la ciencia. Y eso acojona, pero mucho. Imagínense entrar en quirófano y que los cirujanos salgan al pasillo a preguntar a la gente sobre cómo proceder en la operación (y por qué no las enfermeras o los celadores, o los cocineros del hospital, que también son pueblo).

Me acuerdo de un profesor de matemáticas que tuve en el colegio. Corrían leyendas sobre él, decían que en la guerra le habían pegado un tiro y tenía un testículo de acero. Un tipo duro, malencarado y borde. En cierta ocasión planteó una ecuación y sacó a un chico a la pizarra. No supo resolverla. Fue sacando sucesivamente a toda la clase uno por uno, y ninguno supimos la solución. Imagínense que le hubiéramos montado una manifestación, diciéndole que era casta, y como somos mayoría, pues tenemos la razón. Y por supuesto que sacarte a la pizarra era una humillación intolerable.

El problema es que esa ecuación está en la pizarra del Estado, y tenemos que elegir en breve al chico o chica que tenga que salir a la pizarra a resolverla, visto que el que está ahora no sabe. Y ahí nos estamos jugando la comida, el techo y el trabajo.

Es muy legítimo que la mayoría de la gente quiera mejorar sus condiciones de vida. España es el país en el que más aumentó la desigualdad entre 2006 y 2010, según la Organización Internacional del Trabajo. Este es el problema. Y lo que hay que buscar es la respuesta correcta.

ESOS COJONES, EN DESPEÑAPERROS

Este país no tiene arreglo. Definitivamente.

Tenemos una comunidad autónoma cuyo gobierno ha declarado por escrito su insumisión a las leyes del Estado gracias al cual existe como tal. Donde el partido gobernante ha hecho un “banco malo” consigo mismo, dejando la actual marca para afrontar su responsabilidad en los casos de corrupción en la que se encuentra implicado (15 sedes se encuentran embargadas por el caso Palau), y los créditos y deudas que tiene en la actualidad (3,5 millones de euros que piensan enjugar con la venta de su sede principal a unos inversores chinos), y creando una nueva como una especie de fresh start. Donde se ha convocado un referéndum ilegal sin que haya pasado nada. Donde su deuda pública está calificada como bono basura.

Donde se recorta en sanidad y educación, pero aumentan las partidas presupuestarias destinadas a la difusión de la lengua catalana o a “embajadas catalanas” en el extranjero. Donde un pequeño comerciante se gasta 20.000 euros en abogados por rotular en castellano, o se incumplen de forma reiterada sentencias del Tribunal Supremo o del Tribunal Constitucional.

Pero lo importante es el fútbol y las esteladas.

Como dice Vicente Torres hablando de este mismo asunto: “La ingenuidad puede mover a compasión cuando el perjudicado por la misma es el propio sujeto que la sufre, pero cuando incurren en ella los encargados de cuidar bienes ajenos, en este caso los intereses de la sociedad española, es criminal (…) Los nacionalismos han hecho mucho daño a todos los españoles, empobreciéndoles al tener que dedicar gran cantidad de recursos en chorradas improductivas, cuando no nefastas.”

Señala acertadamente Tsevan Rabtan en un lúcido artículo que la decisión de la delegada del Gobierno en Madrid es sólo una decisión administrativa recurrible ante los tribunales, y que como tal ha sido revocada por un juzgado de Madrid. Arbitraria como muchas otras, y que podemos recurrir ante un juez.

Conclusión: el Estado de Derecho y la Ley han funcionado perfectamente, salvaguardando la libertad de expresión.

Ese mismo Estado de Derecho que se quieren cargar los que se rasgan las vestiduras invocando esa libertad de expresión, esos mismos que en su CCAA inventan tribunales de excepción como el CAC para silenciar medios de comunicación, en la mejor tradición totalitaria; y que persiguen a los comercios que rotulan en el idioma común. Los mismos que incumplen sistemáticamente el artículo 11.4 de la ley 12/2009, de 10 de julio, aprobada por el tripartito:

“En el curso escolar en el que los alumnos inicien la primera enseñanza, las madres, los padres o los tutores de los alumnos cuya lengua habitual sea el castellano pueden instar, en el momento de la matrícula, y de acuerdo con el procedimiento que establezca el Departamento, que sus hijos reciban en aquélla atención lingüística individualizada en esa lengua”.

Ley que se encuentra recurrida ante el Tribunal Constitucional desde hace 6 años (no hay prisa…), y que es contraria a la actual ley educativa estatal vigente.

Pero esperen, que ahora viene lo mejor.

Hemos llegado al absurdo de que la LOMCE, que teóricamente garantiza la libertad de elección de lengua en la que los niños pueden estudiar, establece (Disposición adicional trigésima octava) que si alguien no puede inscribir a sus hijos en un colegio público en el que se estudie en castellano o en bilingüe, porque la administración autonómica no lo contempla (sic), el Estado les permite matricularlos en un colegio privado, y luego se compromete a pagar a la familia ese coste. Acojonante. Si una CCAA se niega a cumplir la ley, no pasa nada, y el Gobierno central asume las consecuencias.

Con todo lo que hay en marcha, y vamos a poner el foco en las banderitas, y en qué se puede o no introducir en un campo de fútbol.

Ante este panorama, a la Delegada del Gobierno, al partido que la nombró y al Gobierno en funciones: esos cojones, en Despeñaperros.

La democracia no se distingue porque la gente pueda votar. En las dictaduras y en los regímenes totalitarios se vota, y a veces mucho. Lo que distingue la democracia es que las libertades están protegidas, incluida la libertad de expresión de aquellos que quieren acabar con la libertad de expresión de los no afectos y con el propio Estado de Derecho.

Y otra cosa más: que la ley vigente se respeta, incluso por los cargos públicos, y si no se hace, hay consecuencias. De eso andamos un poco más escasos, porque el Gobierno no parece muy por la labor. Pero eso da igual, porque aquí nunca pasa nada.

 

ELOGIO DE LA LOCURA

3 mayo, 2016 2 comentarios

Yo estoy loco es la primera novela de Vicente Torres. Vicente es un magnífico escritor y buen amigo, autor de obras muy interesantes, como 1978, el año en que España cambió de piel, o Valencia, su mercado central y otras debilidades. Es asimismo un prolífico articulista, al que podéis seguir en Periodista Digital en su columna Punto de Vista. Nuestro amigo Eugenio García de Paredes hizo una magnífica presentación del libro en Madrid, que podéis ver aquí.

Yo estoy loco

La novela trata de las peripecias de un joven cubano homosexual que emigra a España para tratar de ayudar a su madre enferma. Su ingenuidad se ve rápidamente golpeada por la mala y hasta brutal actitud de las personas con las que se encuentra, que le lleva al borde de la locura; sin embargo, también experimenta la generosidad y la bondad de otras personas.

Decir en primer lugar que lo mejor de la novela de Vicente son sus personajes: el protagonista, un joven cubano homosexual del que desconocemos su nombre a lo largo del relato; su amiga Celia, que constituye su mayor apoyo para sobrellevar los sinsabores de su accidentada vida; Veremundo, que es el personaje blanco todo bondad y que supone una tabla de salvación muy importante para él; Romuá, el cisne negro de la novela, que quizá podría haber tenido más recorrido; Juan, un personaje que sólo se apunta al principio y que luego tiene un mayor desarrollo; la mujer del principal accionista de la empresa en la que trabaja, personaje silencioso que tendrá un rol importante más adelante. Estos personajes, los más importantes de la trama, pese a que son memorables por sí mismos, además son las agujas mediante las que el autor teje los hilos con los que va componiendo el vestuario de los temas que le preocupan: la política, el miedo a la libertad y a la felicidad, en qué consiste la democracia real, Cervantes y el Quijote, la Iglesia Católica, Cuba y España, junto con referencias a personajes que admira, como Fernando Savater o Adolfo Suárez. También reflejan el pecado nacional español, que es la envidia, pero también la grandeza de muchos españoles, que es la generosidad.

Hay otros personajes más difusos, como sus compañeros de trabajo, el director, la madre del protagonista, la viuda de Veremundo o los tertulianos del bar donde suele ir. Estos forman una especie de decorado humano sobre los que transcurre la acción, en vez de un fondo geográfico o físico, del que sólo tenemos aisladas referencias puntuales. La acción va progresando apoyada  en ellos como en un andamio formado por personas.

En segundo lugar, destaco el estilo indirecto utilizado en la novela. Es el protagonista quien narra de forma indirecta y desde su punto de vista todo lo que va ocurriendo. Todos los diálogos entre los personajes son narrados por el protagonista. Aquí reside la mayor originalidad de la obra, al fusionar al narrador y al protagonista en la misma persona, y por lo tanto teñir de subjetividad toda la acción.

En tercer lugar, destacar que la novela tiene sólo 141 páginas: es como un concentrado literario, quizá por la ausencia de pasajes descriptivos, que hace que la acción no descanse casi nunca; a veces brevemente interrumpida por reflexiones puntuales del protagonista. Esto hace que el libro se lea sin darnos cuenta, ya que la trama discurre fluidamente. La narración es nerviosa, intensa, con rasgos del propio nerviosismo del protagonista.

Por último, indicar que en mi opinión el personaje de Veremundo quedaría mucho más redondo sin el ceceo que caracteriza su habla; asimismo pienso que el personaje de Romuá podría haber tenido un mayor recorrido, puesto que apunta un malo con más posibilidades; y que la escena de Veremundo con los moteros no me encaja bien en el relato.

Dicho esto, recomiendo vivamente la lectura de Yo estoy loco: es un relato original con personajes muy bien construidos y memorables, y que nos dejan un mensaje de optimismo en medio de las adversidades. Citando al narrador de la historia del loco más cuerdo por antonomasia, digamos con él:”Recuperemos la cordura al ver la muerte tan cercana. Pero no nos despidamos, porque aún tenemos mucho, mucho que cabalgar”.

PD: si os ha interesado, la podéis comprar en librerías o directamente en la editorial pinchando aquí.