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Archive for 7 marzo 2012

MANDAR EN MI DESTINO

Hace pocos días escuchaba a Richard Vaughan contar una anécdota en el programa Cloverdale´s corner (por otro lado un programa delicioso, a la vez que muy didáctico) que me hizo reflexionar. La anécdota no es real, de hecho una de las alumnas colaboradoras se lo creyó como si hubiera ocurrido de verdad y sufrió las burlas del resto de la clase. Contaba que en cierta ocasión fue a El Corte Inglés a comprar y vió unas bolas de cristal que adivinaban el futuro. Adquirió una de ellas y cuando llegó a casa, no funcionaba. Volvió a reclamar y comprobaron que la bola de cristal estaba caducada. Finalmente le dieron una en buen estado, y al llegar a casa, la puso en marcha. Pero el problema es que ninguno de los futuros que le decía la bola le gustaban. Pensó en volver a reclamar y que le devolvieran el dinero, pero en cambio decidió que, a partir de ese momento, sería él el que decidiría cuál sería su futuro. No el que le dijera una bola de cristal. Así que la guardó en el fondo de un armario y allí se quedó.

Hace poco también escuché la historia de un torero, Juan José Padilla, “El Ciclón de Jerez”, que en una corrida el toro le hirió, y como consecuencia perdió la vista de un ojo. El torero, una vez recuperado, decidió seguir toreando aunque fuera con un solo ojo. Después de la corrida en que volvió a los ruedos, manifestó lo siguiente: “sólo he hecho lo que mi corazón me dictaba. Quería transmitir seguridad a mi mujer y a mis hijos. Mi obligación moral es dar lo mejor de mí a la gente que me rodea, que todos los que han velado por Padilla sientan que soy un hombre recompensado y feliz. Mi ilusión es mandar en mi destino”.

Estas dos historias me impactaron especialmente en un momento en el que tengo mucha incertidumbre sobre mi futuro, sobre todo laboral. En un tiempo determinado de mi vida, yo hice la misma reflexión que Richard Vaughan y decidí que yo sería mi propia bola de cristal, y trabajaría todo lo que hiciera falta para conseguirlo. Primero, sabiendo quién soy y qué es lo que quiero de verdad. Y luego, una vez que tengo mi objetivo, haciendo lo imposible por conseguirlo, cueste lo que cueste. Poco a poco en la vida he ido logrando hitos: subirme a un escenario a hacer música, tener una Harley Davidson, encontrar a mi media naranja, entrenar equipos de baloncesto, ser profesor, viajar, vivir la vida de un modo moderadamente epicúreo. Por supuesto que hay riesgos, pero para avanzar hay que arriesgar.

Y al hilo de esto, la tercera y última anécdota. Mi amigo Ramón lleva tatuado en su brazo algo que te hace meditar: “me la voy a jugar/a ver si tengo suerte/el fracaso no me asusta/porque eso me hace más fuerte”. Pues eso.