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EL BOSQUE HUMANO

27 diciembre, 2005 2 comentarios

Acabo de ver en DVD Qué bello es vivir, la peli de Frank Capra que todo el mundo afirma haber visto en Navidad, y que yo os juro que no había visto en mi vida. Me la compré de saldo en Mediamarket y llevaba sin abrirla desde entonces, hace seis meses. Como es una de las pelis que cita en su libro este escritor del que hemos hablado anteriormente, pues me ha dado por verla hoy. A lo que iba, la peli nos hace reflexionar sobre lo que Juan Antonio Rivera llama el bosque humano: si la vida individual de cada persona la consideramos como un árbol, el conjunto de todas ellas lo podemos llamar el bosque humano. La vida de cada uno está formada por las ramas que conforman nuestras decisiones, vamos trepando por las ramas de ese árbol según vamos tomando decisiones a lo largo de nuestra vida. Y esas decisiones afectan a otros individuos con los que nos relacionamos. Así, las ramas de cada árbol individual se entrelazan entre sí, formando el bosque humano.

En la película, el protagonista no es consciente de cómo las decisiones que ha ido tomando a lo largo de su existencia afectan sin que él se entere a todas aquellas personas que le rodean; incluso a personas que él pensaba que tenían una relación meramente tangencial con él mismo. Una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca y me hizo pensar mucho fue cuando una chica a la que yo entrené en el colegio donde estaba de profesor. Un día me dijo: ¿pero tú no eres consciente de cómo has influido en la vida de tantas personas? En ese momento, me vi de repente como una especie de George Bailey, abrumado por la responsabilidad que implicaban esas palabras…

Seguramente que todos podemos reflexionar y recordar cómo el haber conocido a alguien en un momento dado nos hizo dar un rumbo determinado a nuestra vida. En la película el protagonista cree que su vida no ha tenido ningún valor, y decide suicidarse y desear no haber nacido. Un ángel le hace ver que su existencia ha tenido una influencia decisiva en la vida de todas las personas de su ciudad (incluso en la de la ciudad en sí). Su hermano hubiera muerto porque él no estaba para salvarle, el malo de la peli se adueña de la ciudad, su mujer se convierte en una solterona amargada…Él desea volver a vivir. Y todo acaba en un canto al amor fati nietzscheziano (como dice Rivera, posiblemente sea el único punto de contacto entre Nietzsche y Capra). No sólo su vida es bella, sino la mejor de las vidas posibles, que además fue la que él quiso que fuera (así lo quise).

Este hecho (el que los árboles de decisión vitales de cada uno se interrelacionen entre sí) forma parte del azar en los condicionantes de la toma de decisiones. La otra influencia es lo que el escritor llama subproductos. El hecho de descubrir nuevas habilidades o posibilidades, o gustos, que no habíamos percibido hasta ese instante. Si me llegan a decir hace 7 años en qué estaría trabajando ahora no lo hubiera creído ni de coña.

Pensemos durante un instante todas aquellas personas sobre las que hemos podido influir sin saberlo…

SOY RICO!!

22 diciembre, 2005 4 comentarios

Estaba hoy a las diez y cuarto desayunando en una cafetería, y por la tele estaban dando la retransmisión de la lotería de navidad. El camarero me pregunta: “¿qué, nos haremos ricos?” Y en ese momento tuve una revelación acojonante: la verdad es que me importaba un carajo la lotería. Pensé fríamente: imagina que ahora sacas el número que llevas en el bolsillo (regalado, claro, yo no juego), y resulta que te tocan yo que sé, 30 millones de las antiguas pesetas. ¿Tu vida cambiaría en algo? ¿Los problemas que te corroen la cabeza desaparecerían de golpe? Ya sé lo que me vais a decir: vamos a poner 1.000 millones de pesetas. Me repito las dos preguntas anteriores: respuestas, no y no. Las cosas que me hacen infeliz no desaparecen, y tampoco dan respuesta a mis anhelos, mis deseos, mis esperanzas, mis objetivos. Y me dio por descojonarme de la risa, el camarero creyó que era por motivos diferentes.

Vaya coño, pienso, soy rico y no lo sabía. Porque materialmente al menos poseo más de lo que necesito. Por supuesto que podría tener otras cosas, viajar alrededor del mundo, ponerme a escribir sin trabajar en otra cosa, tener la moto o el coche de mis sueños, tener mi propio estudio de grabación y producir y distribuir nuestro disco… Pero todo eso lo puedo hacer igual ahora a pequeña escala, y en definitiva son cosas que en sí mismas no son el núcleo fundamental de la felicidad, al menos de la mía. ¿Qué sería de la Harley más espectacular sin compañeros de ruta con quien compartir el viaje? ¿El mejor estudio de grabación sin mis maravillosos compañeros de grupo? Lo importante es lo otro.

Y si lo piensas, la gracia de la vida reside en los altibajos. El placer tiene sentido por el dolor. La sopa caliente o la fogata en la chimenea se disfrutan en invierno, sobre todo cuando venimos de fuera y entramos en casa. La piscina y la cerveza saben mejor en verano con el calor. Los humanos del primer cultivo de Matrix se morían en un estado ideal en el que no existía el sufrimiento ni el dolor. Tampoco podía existir el placer, pues no hay transición de uno al otro. No hay contraste. La vida tiene sentido porque un día se termina, así que vamos a disfrutar de ella en plenitud. ¿Os acordáis qué mierda de vida tiene Bill Murray en Atrapado en el tiempo, siempre sabe lo que va a ocurrir una y otra vez?

La verdadera lotería ya me ha tocado cada día cuando me levanto y compruebo que estoy bien de salud, que tengo el cariño de mis amigos y mi familia, y que soy capaz de ganarme la vida decentemente para poder pagar mis pequeños caprichos.

Por supuesto que pequeños dolores de cabeza podrían desaparecer, pero no es tan importante. Lo que hay al otro lado de la balanza pesa bastante más.

Otros lo dicen, pero yo lo pienso.

EL APETITO FAÚSTICO Y EL AMOR FATI (I)

12 diciembre, 2005 9 comentarios

Hay un libro estupendo que recomiendo a todo el mundo, que es Lo que Sócrates diría a Woody Allen. En este libro, verdaderamente interesante y delicioso por momentos, el autor (Juan Antonio Rivera) trata una serie de cuestiones éticas (la felicidad, el amor, el azar, la falta de voluntad…) relacionándolas con la trama de varias películas, muchas de ellas obras maestras del séptimo arte. Si sois unos enfermos del cine como yo, evidentemente el libro es muy recomendable. En él tenemos cuatro conceptos sobre los que me interesa reflexionar: apetito faústico, amor fati, árbol de decisión vital y el bosque humano.

El amor fati consiste en el convencimiento de que una persona no solamente está completamente satisfecha de su existencia, sino que está convencida de que su existencia es y ha sido la mejor de todas aquellas posibles. Dar un sí rotundo a nuestra vida en un instante conlleva asimismo dárselo también a todos los instantes previos. El autor pone el ejemplo del personaje protagonista de la película Family Man (Nicolas Cage interpreta a Jack Campbell), no sólo muy satisfecho de su vida, sino que también afirma que tiene todo lo que necesita. Es obvio que para llegar a este estado de plenitud vital tenemos que haber recorrido ininterrumpidamente todos los eslabones anteriores de nuestra cadena vital. Porque la falta de uno solo de ellos implicaría que el punto de destino es necesariamente diferente…o no. Es lo que denomina el autor el árbol de decisión vital. Todas y cada una de las decisiones que vamos tomando en la vida (y según nos vamos haciendo adultos en mayor cantidad e importancia) determinan nuestras posibilidades y acontecimientos posteriores. Al afirmar nuestro amor fati, hacemos como si conociéramos todas las vidas alternativas que hubiéramos vivido de haber tomado otras decisiones diferentes. El deseo de recorrer todas las vidas posibles sin exclusión es el denominado apetito faústico. ¿A quién no le gustaría poder ver qué hubiera ocurrido si cuando, por ejemplo, pudiendo habernos ido a vivir a otro país y dejar todo atrás, no lo hicimos? ¿Qué hubiera pasado de haberlo hecho?

Ese deseo de conocer todas ellas, el apetito faústico, en sí mismo es algo fantástico e irracional, pero como afirma el autor un deseo consustancialmente humano. Tan humano que en el fondo, desde el principio de los tiempos, el hombre ha tratado de calmarlo con diversos medios: con remedios alucinógenos, con relatos literarios o cinematográficos. El intento de asumir experiencias aunque sean de otros sirven para calmar esa sed. Cuántas veces hemos vivido en el oeste con John Ford, o hemos experimentado ser un gangster con Tarantino, hemos reído con Woody Allen o con Ernest Lubich. Por no hablar de los libros en los cuales nos sumergimos hasta el punto de la sugestión…

El problema es que tenemos que tomar decisiones sin poder ver lo que hay al otro lado, es como si estuviéramos escalando una montaña teniendo que escoger un sendero u otro, sin mapas, desde luego sin GPS, y sin conocer lo que hay en la cumbre. Puede que cuando lleguemos a ella, lo que encontremos no sea precisamente lo que creíamos que había…