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HOY ES EL DÍA INTERNACIONAL DEL JAZZ- MI HISTORIA

30 abril, 2013 5 comentarios

Hoy es 30 de abril, y me acabo de enterar que es el día internacional del jazz. Y pensando me he acordado de que el jazz ha sido algo muy importante en mi vida. Antes de seguir leyendo, pulsad en el play y dejadlo de fondo musical.

En la Navidad de 1981 mis padres me regalaron para nochebuena un regalo muy especial: un aparato de radio que tenía reproductor y grabador de casetes. Recuerdo a la una de la madrugada poner la radio, y dio la casualidad que lo primero que salió fue un programa de jazz que había justo a esa hora, creo recordar que era Jazz Internacional, de Paco Montes. Y me quedé alucinado con ese tipo de música que no había escuchado antes. En mi casa se escuchaba la típica música de los 70 en español, flamenqueo, pop, boleros, etc, pero a mi padre le encantaba un grupo vocal (Los Platters) y un trompetista llamado Roy Etzel; también la orquesta de Pérez-Prado. Quizá esos músicos fueron lo más aproximado al jazz que escuché de pequeño antes de la revelación. Al día siguiente dieron en la tele un concierto de un grupo vocal llamado Golden Gate Quartet, y con mi nuevo regalo de Navidad grabé en una cinta virgen lo que sería mi primer casete de una colección de cientos de ellos. Todavía tengo ese casete en casa. En mi siguiente cumpleaños, mi madre me regaló mi primer vinilo, un disco de Earl “Fatha” Hines. Fue el primero de muchísimos otros. Mi primer CD me lo regaló mi padre, fue un CD de Charlie Parker que todavía tengo.

Más adelante descubrí dos programas de radio que fueron muy importantes en mi vida: Jazz porque sí, del inolvidable Juan Claudio Cifuentes (Cifu  para los amigos…sed buenos, y si sois malos, me llamáis…y su sintonía de apertura y cierre del programa era Milestones, de Miles Davis), entonces en la extinta Antena 3 Radio, si no me equivoco, y Jazz en la onda, de Jorge Arnáiz, en radio España. En 1982 yo era un niño de 13 años que le encantaba el jazz, escuchaba estos programas y grababa con sus cintas vírgenes las canciones que todavía no había escuchado. Dicho ahora suena un poco surrealista, pero tenías que decidir si grababas o no antes de haber escuchado la canción, o incluso al músico. Era un poco arriesgado, el locutor presentaba la canción, y si creías que te podía gustar empezabas a grabar…A veces pensabas que mejor no, y de repente te dabas cuenta de que estaba muy bien…y pulsabas el botón del rec junto con el play a todo trapo. En octubre de ese año se llevó a cabo la tercera edición del festival de Jazz de Madrid, con un cartel impresionante que todavía recuerdo: Phil Woods, Ray Charles (que por problemas de sonido tocó sin amplificación todo el concierto, obligando a los espectadores a guardar silencio), Sony Rollins, BB King, Max Roach, (cuyos instrumentos fueron retenidos en la frontera francesa, y tocó él solo con una batería prestada), Mc Coy Tyner, Elvin Jones, The Art Ensemble of Chicago, Modern Jazz Quartet, Oscar Peterson…estoy hablando de memoria,  seguro que me dejo a muchos. Y en el programa de Jorge Arnáiz hicieron un sorteo para las entradas. Me acuerdo de enviar mis respuestas en una tarjeta postal a la dirección de la radio. Y gané las entradas. Todavía las conservo como un pequeño tesoro. Y ahí estaba yo, un niño de 13 años en la radio para recoger las entradas. Abrir el sobre y ver las entradas para toda la semana, oliendo a papel nuevo. Y en el antiguo palacio de los deportes, siendo testigo del acontecimiento más importante del jazz en Madrid hasta entonces, viendo a figuras de talla mundial. Fui coleccionando una Enciclopedia del Jazz que publicó Sarpe por fascículos, todavía los tengo en casa, sin encuadernar e incompleta. En los recuerdos de mi pre adolescencia suenan de fondo A night in Tunisia, Parker’s Mood o Woodchopper’s ball. Quien me iba a decir que muchos años después estaría en Nueva York en el teatro Apollo en Harlem o en la encrucijada de los músicos, el cruce de las calles 52 y Broadway, donde estaba el hotel Alvin y donde murió Lester Young.

Con Jorge llegué a tener una buena amistad, a pesar de la diferencia de edad (él debía tener veintitantos y yo era un quinceañero), me ayudó mucho a entender y querer el jazz y me regaló un libro, que acabo de recuperar, El Jazz, de Joachim Berendt (segunda edición española, 1976), que fue mi libro de cabecera durante muchísimos años. Me llevó a Clamores y al extinto Arenal Jazz Club. Estuve en la radio y en su casa varias veces, y me grabó cintas que todavía guardo. Cada sábado por la noche recuerdo las llamadas a la emisora desde la cocina de mi casa, donde yo me quedaba escuchando su programa, mientras el resto de la familia veía la tele en el salón. Me acuerdo de una vez que le pedí un especial de Lionel Hampton, y una hora entera del programa estuvo poniendo canciones suyas, y me dedicó ese programa. También en otra ocasión me hizo un monográfico (así los llamábamos entonces) dedicado a Thelonious Monk. Recuerdo el día que hablamos por última vez por teléfono, cuando anunció que ese sería su último programa de radio. Perdí el contacto con él, y me haría mucha ilusión saber qué ha sido de su vida. También me presentó a un chico, no me acuerdo de su nombre, que tuvo la valentía de abrir una tienda de discos especializada en jazz. La tienda se llamaba discos Fats, y estaba por la zona de la calle Rios Rosas, en Madrid. Y lo que me quedó de Jorge, además de su amor por el jazz, fue el amor por la radio. Mi hermano y yo, cuando éramos pequeños, jugábamos a grabar nuestros propios programas de radio, grabando con cintas usando dos aparatos, uno para grabar y otro para pinchar la música. Quien me iba a decir a mí que gracias a mi media naranja iba a poder participar como colaborador (y a veces realizar yo solo el programa) en un programa de radio sobre música con tanta solera (15 años en antena) como Cara B, en Radio Vallekas.

Con Cifu y otros periodistas tuve simple conocimiento a través de Jorge, era muy gracioso ir con mis padres a la línea de prensa de los festivales y presentarles a fulano o a mengano…un niño de 15 años. Me enviaban pases para los concursos de jazz en Madrid y podíamos verlos como si fuéramos prensa. También estuvimos en Clamores, sin poder ni siquiera imaginar que muchos años más tarde yo estaría subido a ese escenario tocando…Y los conciertos en el San Johnny (el Colegio Mayor San Juan Evangelista). También el conocimiento del jazz me brindó algún momento glorioso en el instituto, como cuando mi profesor de música dijo que el saxofón era el instrumento del payaso. Yo le contesté que John Coltrane y Charlie Parker habían cambiado la música, y que desde luego no era ningunos payasos. Ah bueno, pero eso es música de negros…

Estuve a punto de comprarme un saxo tenor y dar clases. Al final fue un órgano Hammond y clases de piano, y finalmente he acabado con la guitarra. La culpa la tuvo Django Reinhardt. Hacia los 18 años ya escuchaba jazz fusión en el programa de Rafa Fuentes, Jazztamos aquí, incluso había sábados que prefería quedarme escuchando su programa de 10 a 12 de la noche que salir por ahí con mis amigos.

Con este background es curioso que musicalmente he hecho la trayectoria inversa a casi todo el mundo. Hasta los 22 años o así, solamente escuchaba jazz y blues, empecé a escuchar rock and roll cuando comenzó la época del Gris en Chueca, un bar donde los viernes ponían sólo rock and roll y estaba lleno de rockers. También en la universidad conocí a Luis, que sería mi profesor de guitarra y venía de la escuela Rockservatorio: ahí tuvimos un cruce cultural tremendo: yo le descubrí el jazz, la bossa nova, el rock and roll, las big bands; él me descubrió el metal, el rock progresivo. Y ambos teniendo como trasfondo común el blues. Era la época en la que íbamos de la universidad al Jazz-bar, un local de la zona de Huertas a escuchar jazz; a la Coquette, al café Central…Y fuimos aprendiendo mutuamente.

Según me fui metiendo en el rock, fui dejando un poco al jazz como música principal, pero siempre mantuve ese cordón umbilical vivo. Solo que ya no estaba tan pendiente ni tenía un programa de radio de cabecera. Sí seguía con regularidad la edición de Jazz entre amigos en televisión española, mientras se emitió. Solamente en un grupo de todos con los que he tocado he hecho propiamente jazz, pero siempre he metido un poco de pimienta jazzera cuando he podido en todos. Y sobre todo, mi concepto de la música descansa sobre la piedra angular de la improvisación, haga lo que haga. Eso sí, he evolucionado de una concepción instrumental de la música (nunca me vas a oír preguntar “¿aquí no cantan o qué?) a componer más desde el punto de vista del cantante, orientado a la voz.

El otro día, al volver a hojear el libro de Joachim Berendt, fueron viniendo a mi memoria todos esos buenos recuerdos de hace muchos años. Ahora, quizá sea la edad, me gusta volver de vez en cuando a pisar ese rincón de la memoria, donde éramos inocentes y felices, y sólo necesitábamos escuchar unas cuantas notas azules (blue notes) para sonreír…Feliz día internacional del jazz a todos.

PD: gracias a Ana, la madre de Rafachan, por ponerme el mote de josejazz, que da el título a este blog y a mi correo electrónico, entre otros.

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¿CUÁNTO LE PAGARON PARA QUE RENUNCIARA A SUS SUEÑOS?

24 abril, 2013 1 comentario

Anoche estuve viendo la película Up in the air (2009), de Jason Reitman, en la que Ryan Bingham (George Clooney) es un consultor que contratan las empresas para reducir personal, porque es un experto en despedir gente. Ryan vive viajando por todo el país, llevando su vida en una maleta con ruedas y es un miembro mimado de todos los programas de fidelización de viajeros que existen. El objetivo de su vida es llegar a los diez millones de millas recorridas, lo que le daría acceso a un restringido y selecto club. Se siente atraído por una atractiva compañera de viaje (Alex), su otro yo en mujer (en un momento dado le dice ella “piensa en mí como en alguien como tú con vagina”). Su jefe amenaza con dejarle sin viajar, atado a un despacho, a causa de la irrupción de una joven consultora (Natalie) que amenaza con cambiar su vida. Ryan empieza entonces a meditar sobre muchas cosas que hasta ahora daba por sentadas.

La película me hizo pensar sobre varias cosas. En una de las entrevistas en las que despide a un hombre, reconduce la situación muy hábilmente viendo en el curriculum que en su época de estudiante trabajó como cocinero en un restaurante muy bueno, y que su segunda especialidad es cocina francesa. Entonces le hace una pregunta: ¿sabe por qué sus hijos admiran a los deportistas? Porque persiguen sus sueños. Cuando terminó la universidad lo dejó y vino a trabajar aquí. ¿Cuánto le pagaron para que renunciara a sus sueños? “Veo a personas que trabajan durante toda su vida en la misma empresa y que son igual que usted, fichan para entrar y para salir. Y no tienen ni un solo momento de felicidad. Usted ahora tiene una oportunidad, Bob. Es como renacer. No lo haga por usted, hágalo por sus hijos”.

Realmente yo me pregunto cuando vendí los míos. Y hay varios momentos en mi caso. Sin una vocación clara desde un principio, estudié Derecho casi por eliminación. Salvo algunos afortunados que tienen clarísimo desde el inicio qué quieren ser, mi proceso fue como el de tantos otros, primero irme construyendo y conociendo como persona. Y luego sobre ese conocimiento y experimentación de las cosas ir añadiendo a mi archivo de favoritos aquello con lo que disfrutaba. Y digamos que con veintitantos años ya tenía algunas cosas ahí a las que había llegado casi por casualidad: la música, las motos, el baloncesto, el fútbol americano, la fotografía, escribir…Descubrí que de repente la gente me decía que era bueno haciendo cosas que hasta entonces ni me había planteado: dando clase y enseñando, entrenando baloncesto, escribiendo, corrigiendo errores, hablando en público, resolviendo problemas con ordenadores.

Quizá mi primer paso hacia vender mis sueños fue con 18 años, cuando elegí la carrera que quería estudiar. Yo en ese momento sentía la típica fascinación que gente de izquierda siente por el mundo islámico y pensé en estudiar filología árabe. Inmediatamente un montón de personas bienintencionadas y orientadores diversos me quitaron la idea de la cabeza. Y estudié Derecho, que como todo el mundo sabe es una carrera con muchas más salidas.

El segundo paso fue cuando hice el curso de entrenador de baloncesto primer nivel. Era la última oportunidad, antes del cambio legislativo que convertía el título de entrenador en un título de FP, de conseguir ese título con un curso de dos fines de semana, en vez de un curso escolar completo en que se iba a convertir. El curso lo hice entero, pero el examen final me coincidía con el del FP de contabilidad que estaba haciendo al mismo tiempo, por consejo de un buen amigo. Y no me presenté al examen de entrenador para poder aprobar contabilidad. Mucho más importante el título de contabilidad, que por cierto no he llegado a ejercer nunca.

Tercer paso: después de dar clase 4 años y entrenar en un colegio, y percibir que me gusta dar clase a niños, hago todo el papeleo para empezar magisterio (o maestro de educación primaria) en la universidad. Decido hacer un cambio de rumbo, y me admiten en una universidad en turno de tarde, en la especialidad de educación musical. Cuando ya tengo la carta de admisión, en el colegio donde trabajo me ofrecen el puesto de coordinador de actividades extraescolares y responsable de aula multimedia. Claro es un puesto importante, pues lo cojo y aparco mis sueños una vez más. Guardo la carta de admisión como recuerdo. El puesto de coordinador me duró dos años.

Por supuesto que he tenido decisiones buenas, me he reinventado profesionalmente un par de veces, he estudiado informática y he desarrollado una carrera de consultor de 8 años. Llevo sin pisar el paro desde 1992, me he ido de mis tres últimos empleos para cambiar a otro donde ganar más y mejorar. Ahora mismo tengo un buen trabajo, y sin ser nada del otro mundo, me siguen llamando de empresas que ni siquiera conozco para hacerme ofertas de empleo. Con la que está cayendo está muy bien. Pero no estoy hablando de eso.

La pregunta que yo le hago a la gente es: si mañana te tocara la primitiva y no tuvieras que currar más el resto de tu vida, ¿qué harías? Pues seguramente cumplir tus sueños. Y me miro al espejo y me pregunto: ¿y por qué no intentar cumplirlos ahora? ¿Qué te lo impide? De hecho, algunos a pequeña escala los he cumplido, como subirme a un escenario a tocar o tener una Harley Davidson y viajar con ella. Pequeños sueños que le dan mucho sentido a la vida.

Ryan en la película también da charlas en las que pide a los asistentes que intenten meter su vida en una mochila: primero lo más liviano, lo que cabe en un cajón; luego lo siguiente más grande; y por último lo mayor (casa, coche, familia). “¿Notáis el peso en los tirantes?”. Él se siente libre de ese peso, por el tipo de vida que lleva, siempre viajando, sin ataduras familiares ni afectivas. De hecho, sus hermanas no le ven nunca. Una de ellas se va a casar (él ni siquiera lo sabía) y el hecho de colaborar en algo de la celebración ya le supone un fastidio. Hay una metáfora muy buena de la realidad: su hermana le encarga llevar a Las Vegas una foto de los futuros esposos de tamaño grande para hacerse una foto en un hotel famoso. Y como no le cabe en la maleta, la lleva metida con las caras de ellos asomando. Su familia no entra en la maleta, sobresale de ella, donde lleva su vida a cuestas.

Mi amigo Rafa, que aparece en entradas anteriores de este blog, tiene una vida parecida a la de Ryan, vive allá arriba, up in the air, aunque a diferencia del personaje de la película a mi amigo le encanta su trabajo; pero desde el principio tuvo muy claro cuál era su sueño. Su sueño era viajar, trabajar en un entorno internacional, como el trabajo que ha tenido los últimos 15 años, donde ya es una estrella en el firmamento de la consultoría internacional. Trabajó muy duro para llegar ahí y tiene el resto de su vida para disfrutarlo. Enhorabuena.

Buscad un sueño, perseguidlo. Llegar es muy bonito, es casi como alcanzar una estrella. Quizá no necesitamos un coche o una casa tan grande, ni unas vacaciones en el extranjero, sino levantarnos cada día con una sonrisa porque nuestro trabajo nos encanta. Y preguntaos ahora cuánto os pagaron por renunciar a vuestros sueños.

CARTA A BENJAMÍN GONZÁLEZ

Internet es acojonante. El 29 de diciembre pasado compruebo que tengo 144 visitas en mi blog en un solo día. Casi todas ellas provienen de Chile, y todas como resultado de buscar las palabras gregario y egregio. El mes siguiente sigo teniendo muchas visitas con esas características  Escribo una segunda entrada titulada Gregario y egregio. Y en ella pido a quienes han participado de estas visitas que por favor me indiquen el motivo, que yo atribuyo a algún trabajo universitario o escolar. Y acabo de recibir un comentario de Carmen, una chica de Chile, explicando “yo soy una de esas 144 visitas en tu blog” en un solo día de repente. El motivo es que esas palabras aparecen en el discurso de Benjamín González, un estudiante del Instituto Nacional, un destacado colegio de Chile (incluso se puede decir que el mejor de todos), que en su discurso final hizo una crítica atroz del sistema educativo del mismo, su profesorado y una supuesta visión de la vida que se fomenta desde él. El discurso completo lo podéis leer aquí.

Quisiera desde mi desconocimiento de la realidad chilena escribir unas líneas a Benjamín. Amigo, primero felicitarte por tu valor. Evidentemente eres una persona egregia; lo fácil es confundirte con el entorno, mimetizarte. Hay que ser valiente para, en el que se supone tu momento cumbre, decir cosas que nadie quiere escuchar, tengas o no razón al decirlas.

En segundo lugar, hay cosas que denuncias que comparto. La primera de todas, el objetivo que debemos seguir en la vida. Como ya he comentado otras veces en este blog, a este mundo hemos venido a ser felices, en primer lugar. El éxito para mí es ser feliz en la vida, y todo lo demás es un medio para ello. La gente que persigue el dinero, el prestigio, el estatus social como un fin en sí mismo, en el fondo persiguen un fantasma. Esto ya lo he comentado antes aquí. La segunda es que la pretendida excelencia del colegio es una mancha en todo el sistema educativo chileno. Lo que debemos intentar conseguir es que todos (o la inmensa mayoría posible) de los colegios lo sean. Como muy bien dices, si tu antiguo colegio hubiera sido igual de bueno, no te hubieras movido de él. Aquí en mi región la expresidenta de la Comunidad de Madrid ya intentó crear “institutos de excelencia” para alumnos privilegiados. Y lo que le dijimos fue que institutos de excelencia tenían que ser todos, no solamente unos pocos. Que el objetivo verdadero tiene que ser la excelencia de todos los que sea posible, y que cada año todos sean mejor que el año anterior.

Denuncias asimismo los mitos y las tradiciones, como por ejemplo decir que ellos, los institutanos, nunca se equivocan. El error, querido amigo, es justamente lo que nos hace más humanos. La diferencia es que todos nos equivocamos, pero tenemos que intentar aprender de nuestros errores. La vida es un continuo aprendizaje y conocimiento de nosotros mismos y de nuestro entorno. A este mundo no venimos con un manual de instrucciones, y el que pretenda tenerlo es un iluso.

Por el contrario, te diría que el ánimo de lucro en sí mismo no es algo negativo. La corrupción, el nepotismo, sí que lo es. Pero creo hasta ahora que el sistema económico que tenemos, con sus muchos defectos, es el menos malo posible. Y no veo alternativas reales mejores. La gente no emigra en masa a Cuba, Corea del Norte o Venezuela, sino más bien en sentido contrario. Superarse a sí mismo y querer tener una vida mejor no es algo condenable. En España se habla muy bien de Chile comparándolo muy favorablemente con sus vecinos en Sudamérica precisamente porque no han caído en experimentos gaseosos de resultados no muy encomiables. Mi país nunca será nada mientras el 8% quiera crear una empresa y el 75% quiera ser funcionario.

También te diría que el esfuerzo, la excelencia, tampoco es algo malo en sí mismo. En mi país llevamos tres décadas de decadencia educativa, precisamente porque unos cuantos cráneos privilegiados decidieron un buen día que esas cosas como la evaluación de los conocimientos, el trabajo, la exigencia, la disciplina, el estudio, son cosas aburguesadas, fascistas y retrógradas, y tienen que ser abolidas. Este chiste resume bastante bien la situación y la evolución (más bien involución) que ha sufrido la enseñanza en España en los últimos años, para nuestra desgracia. Mi compañero Adrián Begoña habla de ello en su blog y yo también he hecho referencia en otro post. Por supuesto que hay que enfatizar el trabajo en equipo, porque mañana en el mundo laboral vas a tener que interactuar con otras personas, salvo que trabajes en un faro o vigilando una estación eléctrica. Pero hay que evaluar los conocimientos y las habilidades. Porque es triste para mí decir que hoy en día a un chico de tu edad en mi país le das un artículo de un periódico generalista (el País, por ejemplo) para que nos haga un resumen, y probablemente ni lo entienda ni sepa escribir una cara de folio con coherencia, por no hablar de las faltas de ortografía.

Por último, te animo a que sigas siendo un rebelde. En el buen sentido de la palabra. Que te rebeles contra todo: que analices las cosas, que no te precipites al juzgar. Que tu pensamiento preceda a tu palabra. Practica la epoché, la suspensión del juicio, como Sócrates. Que no te dejes llevar por los apriorismos ni por los prejuicios, ni por lo que está de moda u opina la mayoría. Será mucho más incómodo, pero muy gratificante también. Y no tengas miedo de equivocarte. Un ser que no tuvo miedo de equivocarse, hace miles de años, ha llegado a conquistar la Tierra. Podrás llegar a ser lo que quieras ser, solamente con tu esfuerzo. Nada más y nada menos, Benjamín.