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NUNCA PODRÉ DETERMINAR LO QUE ES RACISTA O MACHISTA

25 febrero, 2017 5 comentarios

El otro día tuve una cena muy agradable en casa de un buen amigo. El caso es que su hija mayor, persona por lo que sé con la cabeza muy bien amueblada, me planteó una cuestión que me dejó bastante perplejo (como hombre heterosexual y blanco, no puedo determinar lo que es machista o racista), y me remitió a la lectura de este artículo.

Lo bueno de irse haciendo uno mayor es que cada vez más teniendo ciertas cosas más claras. Y una de esas cosas es que la realidad no es blanca y negra, tiene muchos matices y es muy complicada, cuando uno se remanga y saca la lupa de observar de cerca las cosas, tratando de llegar a la verdad. Yo desconfío cuando alguien me plantea un mundo de ángeles y demonios, donde todo es sencillo de ver. Porque ese mundo no es este mundo.

El resumen de la tesis que plantea el artículo de marras es que alguien como yo, hombre heterosexual blanco, “no puedes determinar qué es racista, machista, homófobo, tránsfobo,… Puedes hacerte una idea, si escuchas. Igual que esos ricos, si te escuchasen de una jodida vez (…) hay cosas que, sencillamente, te va a costar mucho comprender, porque la empatía se basa en la experiencia, y tú no la tienes”.

Dejando aparte otras cuestiones (como lo de quién es “rico” y desde qué parámetros, y por qué tengo la nevera vacía y cuál es mi responsabilidad al respecto, que lo dejo para otro momento), empatía no es lo que esta señora dice, porque entonces, como le hace notar un señor (parece blanco por la foto, no sabemos si heterosexual) muy acertadamente en uno de los comentarios a su texto: “la empatía que estás definiendo entonces es prácticamente un imposible. Ni siquiera dos mujeres oprimidas van a sentir lo mismo, ya que sus experiencias no serán iguales, porque son dos personas diferentes… A lo sumo sentirán compasión una por otra, pero jamás empatía, ya que hace falta vivir exactamente lo mismo, para sentir empatía”.

Según el sociólogo Jeremy Rifkin, “cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro”. Daniel Goleman la define como “la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Para el psicólogo Pedro Moreno, “es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos”. Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

Nadie afirma que para sentir empatía haya que haber pasado necesariamente por las experiencias de otro, sino que es justo lo contrario: la empatía es una habilidad social de ponernos en los zapatos del otro sin haber estado en ellos. Por eso es una habilidad social, porque no es fácil ponerse en el lugar del otro y hacérselo saber. Lo contrario a la empatía es el egoísmo, porque entonces se es incapaz de entender las emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.

En conclusión, es un absurdo decir que para saber lo que es racista o no hay que ser negro, o para darse cuenta de que un comentario es sexista hay que ser mujer. Por el mismo razonamiento, todas las leyes de los derechos civiles en EEUU no son válidas, porque no las hicieron negros. Esta línea de pensamiento en el fondo es racismo puro y duro: recuerda a la Nación del Islam, y me viene a la cabeza la anécdota de cuando Malcolm X le contestó a una estudiante blanca que vino a preguntarle qué podía hacer ella por ayudar a su causa, y éste, lleno de egoísmo y racismo, le contestó: “nada” [hay que decir que posteriormente se arrepintió profundamente de esa respuesta: “Bien, he vivido para lamentar aquel incidente. En muchas partes del continente africano vi a estudiantes blancos ayudar a la gente negra. Algo como esto mata un montón de argumentos. Hice muchas cosas como musulmán negro de las que ahora me lamento. Yo era un zombi por entonces, como todos los musulmanes negros. Estaba hipnotizado.”]

Por esa regla de tres, nadie podría legislar nada sobre lo que no haya sido afectado directamente, porque nadie que no haya sido violado, robado, estafado, sabe lo que es, ni nadie puede empatizar con esas desgracias sin haberlas sufrido. Como vemos, un absurdo intelectual y práctico.

Ser un hombre blanco y heterosexual no me inhabilita en absoluto para determinar si un hecho es racista, sexista u homófobo. Lo que sí me inhabilitaría es un mal análisis de la situación y propuestas inútiles para la solución de los problemas. Lo que a mí me importa de la violencia de género, por ejemplo, es que se dejen de asesinar y maltratar mujeres. Y la sensación que voy teniendo con los años es que nadie tiene ni idea realmente de qué hacer a corto plazo para erradicar el problema. La educación y la deslegimitación social son buenas a medio-largo plazo, pero a corto lo único que veo que puede funcionar es dotar de medios suficientes para que las mujeres afectadas puedan denunciar y se persiga a los maltratadores. Y pienso que artículos como el comentado no ayudan en nada, más bien al contrario, al culpabilizar y excluir a gran parte de la sociedad de la solución de ese problema, en vez de tratar de implicarles positivamente.

PD: lean por favor el segundo comentario a esta entrada, muy clarificador y preciso, y que ayuda a completar lo escrito.

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EL EXTRAÑO CASO DE ROMAN ZOZULYA

9 febrero, 2017 4 comentarios

La noticia saltó a los titulares y nos dejó a todos con muchos interrogantes: un jugador cedido por el Betis al Rayo Vallecano fue acusado de ser nazi por el grupo ultra de este último equipo, y han presionado para que el jugador no se incorpore al equipo, haciendo al mismo tiempo propaganda en favor de las milicias prorrusas. Tuve curiosidad por el caso (la primera vez que un futbolista es acosado de tal forma que tiene miedo de jugar) y me puse a investigar. Desde luego, me llama la atención que haya ocurrido en este caso y no en otros, donde futbolistas acusados de pegar o maltratar a su pareja no han recibido ese acoso o rechazo.

La verdad es que algo de deberes llevaba hechos. Cuando leí esta noticia me quedé boquiabierto: un grupo de españoles resucitan las Brigadas Internacionales y van a Ucrania a combatir. Y no solo españoles: franceses, chechenos, suecos, italianos, alemanes, polacos también combaten en ambos bandos por motivos diversos.

El conflicto bilateral entre Rusia y Ucrania se ha extrapolado a un conflicto entre Rusia y Occidente. En Ucrania, antes del Euromaidán, el país ya estaba dividido al 50% entre prorrusos y pro occidentales. Evidentemente, el impeachment del presidente Yanukovich que llevó a cabo el parlamento de Ucrania en febrero de 2014 fue manifiestamente irregular. Asimismo, hay que decir que el acuerdo con la UE nunca se llegó a firmar, porque Yanukovich no cumplió con los requisitos de democracia y legalidad, que implicaba liberar presos políticos, como Yulia Timoshenko. Tras el Euromaidán, Rusia ha invadido y se ha anexionado Crimea y Sebastopol. Posteriormente, se produjo la declaración de independencia de Donetsk y Lugansk, iniciando el conflicto que se conoce como Guerra del este de Ucrania o guerra del Donbass.

¿Por qué entonces se percibe como fascistas al ejército y al Gobierno de Ucrania? ¿Qué tiene que ver con el fascismo una guerra territorial entre dos países, y por extensión, un conflicto geoestratégico global y europeo? Por un lado, Rusia ha tratado de conectar el coqueteo de los nacionalistas ucranianos en la Segunda Guerra Mundial con Hitler y la guerra de la URSS contra Alemania con la guerra contra Ucrania, tratando de hacer una reescritura de la Historia muy poco afortunada, y aprovechando los crímenes de los nacionalistas ucranianos durante el conflicto mundial 1939-1945 para hacer un salto triple mortal con tirabuzón, y decir que por lo tanto Alemania nazi=Ucrania de hoy. Aunque el intento de rehabilitación de la figura de Stepan Bandera en 2010 fue poco afortunada, y era contraria a los acuerdos con la UE, está muerto hace mucho. Y hoy en Ucrania los partidos neonazis o de extrema derecha están en franca minoría.

Como indica muy acertadamente este artículo de El País: “la desinformación de RT [Russia Today] ha defendido que la ideología neonazi está muy presente en Ucrania y especialmente entre los voluntarios que luchan en el frente contra las milicias prorrusas. Los partidos que representan la derecha más radical obtuvieron en torno a un 6% en las últimas elecciones ucranias [sin obtener un solo asiento en el parlamento], una cifra inferior a la que han cosechado otras formaciones de ideología similar en países miembros de la UE. “La propaganda rusa vinculó el Maidán con el auge de los neonazis, un mito que se ha desmontado en cada cita electoral”, asegura Borja Lasheras, director en Madrid del Centro Europeo de Relaciones Exteriores. “Estos grupos radicales tienen una visibilidad mayor que su representación política”, matiza”. El presidente del país, Petro Poroshenko, es un occidentalista liberal sin vínculos con partidos nacionalistas ucranianos. Y evidentemente puede haber grupos armados descontrolados, pero son la excepción y no la regla.

Que los partidarios de Putin se lo traguen lo puedo entender, pero que la izquierda lo haga me cuesta. Aunque al final se trata de personas que también llamarían fascista a la UE, a Ángela Merkel, al PP, al PSOE, a EEUU y a Occidente en general. Al final no es tan complicado. El problema con el término fascista (como el término terrorista) es que se usa tanto que al final ya no significa nada, y supone una ofensa para los que fueron víctimas del verdadero fascismo (o terrorismo). Pero realizar la técnica que Antonio Cervero denomina etiquetado es muy eficaz:

“Utilizar etiquetas negativas, por ejemplo contra un adversario, sin que exista realmente ningún dato real que la justifique es muy eficaz por el denominado efecto halo, que viene a decir que cuando asignamos una característica negativa a una persona, estamos más dispuestos a asignarle otras propiedades negativas añadidas.

Es el caso del archiconocido término “fascista” con que alguno se refiere hoy a cualquiera que no piense como él mismo, o el mucho más reciente término político “casta”. Porque si uno es un “fascista” o forma parte de la “casta”, cómo vamos a estar de acuerdo con lo que dice… nos convertiría en cercanos a ellos, así que lo mejor es rechazar todo lo que venga de esa fuente.”

Todo lo que ha hecho el futbolista es colaborar (con aportaciones económicas y cediendo su imagen) con el Ejército Popular, una fundación-milicia de voluntarios. Zozulya también fue condecorado por el Gobierno de Petro Poroshenko con una medalla. El delantero subastó su medalla de finalista de la Europa League y destinó la recaudación a cubrir las necesidades de los niños en las localidades situadas en el frente. Hace unas semanas, el canterano del Dinamo de Kiev donó un dron al Ejército. Se le acusa de aparecer en la página del Batallón Azov en un video en el que dice textualmente lo siguiente: “Soy Roman Zozulya, jugador del Dnipro y también voluntario. He ayudado mucho a nuestra armada para que logre la victoria”, dice en ruso. Y a continuación en ucraniano “Yo defiendo los requisitos de la nación, no la capitulación”. Este vídeo no sólo está en la cuenta de Youtube del batallón Azov, sino en muchísimas otras cuentas de Youtube.

En conclusión, no se ha demostrado que este jugador haya cometido ningún acto abominable, ni su vinculación con grupos nazis o paramilitares, como sí lo son el batallón Aidar o el Sector Derecho. Es un señor que apoya defender a su país de la invasión que está sufriendo, nos parezca mejor o peor. Y un deportista que sólo quiere poder trabajar.

Por otra parte, nadie habla de un problema más grave, que es el hecho de que los clubes de fútbol sigan tolerando y fomentando en muchos casos grupos de extrema izquierda o extrema derecha, como es el caso de los acosadores de este jugador, que se pueden dedicar impunemente a quemar coches, pegar o incluso matar a personas, provocar altercados, y no se les expulse del deporte, que es donde no deberían estar nunca.

PD: enlazo aquí la entrada respecto del mismo tema de mi amigo Cancerverus en su blog, muy acertada como siempre y complementaria a la mía, recomiendo encarecidamente su lectura: https://cancerverus.wordpress.com/2017/02/11/todo-el-mundo-es-nazi/

QUE DECIDA LA GENTE

1 febrero, 2017 4 comentarios

El otro día recibí una carta kafkiana del Ayuntamiento de mi ciudad (Madrid) en la cual se dice que dos propuestas ciudadanas (“Madrid 100% sostenible” y “billete único para el transporte público”) han recibido el apoyo del 1% (sí, han leído bien, el 1%) de personas mayores de 16 años empadronadas en Madrid. Por lo tanto, ahora los ciudadanos podemos votar si el Ayuntamiento las llevará a cabo o no. Además, se somete a la decisión de los ciudadanos cuál de los dos proyectos finalistas se llevará a cabo para remodelar la plaza de España.

papeleta-de-voto

Sin entrar demasiado en el detalle de las propuestas (la primera dice textualmente “Queremos un Madrid (…) que desafíe a las eléctricas (…) y se asegure de que a ninguna familia le corten la luz este invierno”…pues con las competencias que tiene el Ayuntamiento de Madrid ya me explicarán cómo van a hacer eso), quiero poner el centro de atención en la cuestión de qué bonito y democrático es que todos votemos todo, y qué estupendo es que la gente decida. Una persona que conocí el otro día me decía que era la primera vez que la preguntaban algo, y que le parecía estupendo. Vamos al lío.

Hay últimamente un mantra de que votar es democracia, y si se niega la posibilidad de votar, estamos negando la democracia. Eso sobre todo lo predican ahora esos campeones de la legalidad que son los nacionalistas catalanes, dispuestos a incumplir leyes y sentencias de los tribunales a la menor ocasión. Las dictaduras tampoco le hacen ascos a los referéndums (Franco celebró dos, Pinochet otros dos, y en Cuba hubo uno).

En este artículo, Carles Pastor pone de relieve los peligros de la democracia directa a través de los dos ejemplos más representativos: California y Suiza. La conclusión es que ha producido más perjuicios que beneficios: por ejemplo, al causar la bancarrota del Estado de California; o conflictos a nivel europeo, por la prohibición del voto femenino en Suiza en 1959, en contra de la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, que Suiza acababa de firmar; o rechazando la libre entrada en su mercado laboral de los ciudadanos de la Unión Europea.

Hay que entender el fenómeno último que se está produciendo en el contexto del desapego de la política, del “no nos representan”, que los políticos en España se han ganado a pulso durante los últimos 30 años. Pero una cosa es favorecer los sistemas de participación popular en los mecanismos democráticos, y otra muy diferente es una dejación de funciones de los representantes políticos, que además puede generar funestas consecuencias para esos mismos ciudadanos que acuden tan contentos a “participar”. El Brexit es la prueba más reciente de lo acertado de la frase que dice que los referéndums los carga el diablo, y los disparan los gilipollas.

La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación actual, en el que la Alcaldesa no tiene mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se ve obligada a negociar, y por lo tanto las posiciones minoritarias pueden estar mejor representadas y conseguir que se llegue a escuchar su voz.

En mi opinión, lo que se hace es una dejación de funciones del Gobierno municipal, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostiene se presentó a las elecciones con un programa electoral que ahora debe cumplir, o al menos intentarlo. Eso es gobernar, tomar decisiones sabiendo que no vas a contentar a todo el mundo, pero siendo coherente con tu contrato con los ciudadanos, y tratando de cumplirlo.

Por supuesto que soy partidario de una mayor participación ciudadana en las instituciones públicas, pero no así. Creo que la participación tiene que ir en sentido contrario, del ciudadano al político. Por ejemplo, estableciendo cauces de comunicación entre representados y representantes (qué lejano queda el UPyD Day, cuando cualquier ciudadano, sin pedir cita previa, podía entrevistarse con un concejal o diputado de este partido en la Comunidad de Madrid); o informando a la gente que ya hay cauces previstos en la ley y que no se usan por falta de información. ¿Cuánta gente en Madrid sabe que tiene derecho a ir a su Junta Municipal de Distrito, solicitar por escrito que quiere hablar en el próximo pleno, y  hacerlo al final del acto (teniendo la obligación el concejal presidente de contestarle)? Habría que desplazar el centro de gravedad de la responsabilidad del cargo público del partido hacia el elector. Y falta hacer mucha pedagogía democrática para que la gente entienda cómo funcionan las instituciones, y de este modo puedan decidir qué hacer con ellas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacer correctamente un examen fácil sobre el Congreso y el Senado? Cuando hice campaña electoral en las elecciones europeas de 2009, me pasé todo el tiempo explicando a los electores lo que iban a votar, para qué sirve el Parlamento Europeo, y las diferencias entre el Consejo, la Comisión y el Consejo de Europa.

¿Se ha fomentado adecuadamente la participación ciudadana prevista en la legislación urbanística, tanto en la fase de exposición pública como en la fase de aprobación inicial, respecto de los planes de ordenación urbana? ¿Por qué los partidos políticos no abren buzones para propuestas legislativas de los ciudadanos? Se me dirá que este es el caso, que estas propuestas vienen de ciudadanos, pero hay un matiz: las implicaciones técnicas que tiene un proyecto como peatonalizar la Gran Vía, por ejemplo, exceden de la capacidad del ciudadano común, y desde luego exceden de la mía. Es tarea del Gobierno tomar esas decisiones de acuerdo a su programa electoral, pero también según la información técnica facilitada por aquellos que saben del tema. Leerme los 59 folios del proyecto Y no me han aclarado mucho, y me surgen otras muchas cuestiones que la información no resuelve.

Yo no puedo gobernar, igual que no podría operar a una persona. Me falta información y conocimientos, no tengo a mi disposición a los asesores y técnicos que me pueden explicar todas las aristas de cada asunto. Pero sí puedo elegir a quiénes van a tener esa dura responsabilidad sobre sus espaldas, igual que puedo elegir al médico que quiero, y no votar a quiénes lo hayan hecho mal, en mi opinión. En Suiza los políticos no cobran por su trabajo, tienen su profesión y se dedican a la política en su tiempo libre. Aquí en España se trata de una profesión. Yo sí que puedo tratar de informarme de si lo que me están contando es cierto o no. Y también puedo intentar aportar en el sector en el que tengo experiencia y conocimientos, y sé de lo que hablo. Yo necesito un gestor que me solucione los problemas, no que me pase la pelota para que yo “decida”.

Vamos navegando en sentido contrario a la sensatez. En vez de conseguir que la gente esté cada vez más informada, seamos más transparentes, los políticos rindan más cuentas, vamos hacia disfrazar el oscurantismo mediante mantras como “gente”, “participación”, “democracia”. Palabras que ya no significan nada. La “gente” ya participó para que ustedes estuvieran en el Gobierno. Pues gobiernen, coño.

En realidad, ya dijo Pablo Iglesias lo que Podemos pretendía al llegar a las instituciones en la rueda de prensa que dio el 5 de junio de 2014, minuto 46:40 (transcrito literalmente del vídeo, la negrita es mía, y pido perdón por su inglés):

“We are not a noisy minority, because we are not an organization with the will of be the solution of the problem. We just want to be a space of participation for the people, and we will like to be a part, to be an element to the creation of a new political majority in our country. We are not the solution, we are just a tool in order to create this new situation”.

Es decir, nosotros no estamos aquí para solucionar los problemas, sino para que la gente participe. Está todo dicho.