FÚTBOL AMERICANO PARA PRINCIPIANTES (II)

Querido Isma, espero que te haya gustado la primera entrada. Ahora vamos con la segunda parte. Como vimos en la anterior entrada, es un deporte muy especializado, de modo que los componentes del equipo de ataque no juegan cuando el equipo defiende, y viceversa. Vamos a ver las principales posiciones del ataque.

El quarterback: seguramente es la única posición que conozcas, Isma, aunque sea por las películas. Él es en teoría la estrella del equipo, el jugador por el que pasa el ataque. Lo más aproximado que se me ocurre para que lo entiendas es que es como el base de baloncesto: es el entrenador en el campo, el que manda las jugadas, el que tiene que improvisar en un momento dado y decidir qué hacer, el que envía los pases a los recibidores. Incluso si ve algo que no le gusta en la defensa, puede cambiar la jugada en la propia línea (lo que se denomina un audible). Es muy valioso, por eso la defensa rival tratará de darle un buen golpe (legalmente) o presionarle para que no pueda pensar y tomar decisiones. En la segunda imagen inferior tenemos al número 12 de azul, Tom Brady, uno de los mejores quarterbacks de la historia, situado detrás de la línea de ataque, preparado para recibir el balón. Tiene tres, cuatro segundos para llevar a cabo la jugada. Todo lo que exceda de eso es un auténtico lujo.

Como ya hemos visto en el post anterior, en fútbol americano se puede avanzar de dos formas: corriendo con el balón o pasando el balón.

En el primer caso (una carrera), el quarterback (con el número 1 en el vídeo inferior) vemos como le entrega el balón a la mano al corredor (running back), que corre con el balón.

En el segundo caso, el quarterback se sitúa en lo que se llama the pocket (el bolsillo), que es el espacio de protección que le deja la línea de ataque para que los defensas no le puedan atacar, y dándole tiempo para mirar y dar el pase al recibidor mejor situado, como podemos ver en la imagen inferior.

Resultado de imagen de the pocket american football

La línea de ataque: son cinco jugadores que se alinean justo delante del quarterback. Su misión es doble: proteger a éste, sobre todo en las jugadas de pase (porque es ahí cuando tienen que sujetar a la defensa durante más tiempo); y en las jugadas de carrera, bloquear al corredor para crear huecos por los que pueda avanzar. No pueden recibir pases, salvo que lo avisen con anterioridad al árbitro, lo que ocurre en muy contadas ocasiones. Son muy grandes y pesados, pero también deben ser muy ágiles. Para impedir que los defensas lleguen al quarterback no pueden agarrar, sólo empujar. Hay tres posiciones:

  1. El center: es el jugador situado en el centro de la línea. Es el encargado de hacer el snap (que es como se denomina el saque del balón al quarterback, por debajo de sus piernas y hacia atrás), que constituye el inicio de la jugada de ataque.
  2. Los guards: son los dos jugadores inmediatamente situados a la izquierda y derecha del center.
  3. Los tackles: son los dos situados en los extremos exteriores de la línea de ataque. Deben ser los más rápidos, puesto que cubren a los líneas defensivos más peligrosos y veloces. El tackle izquierdo (si el quarterback es diestro) es el más importante, porque protege su lado ciego: normalmente si es diestro y un jugador viene a placarle por su lado izquierdo no lo ve venir, y por lo tanto no está preparado para protegerse.

Podemos observar perfectamente los cinco jugadores en las tres posiciones descritas en la imagen inferior.

Resultado de imagen de offensive line american football

Vemos otro jugador más de azul en la esquina inferior derecha (el número 87), además de los cinco de la línea de ataque: se trata de un tight end, posición que veremos a continuación.

El tight end: este jugador se coloca normalmente al final de la línea de ataque, ya sea por la izquierda o por la derecha. En la imagen superior vemos al número 87 de azul situado como el último jugador en la línea de ataque. Es una posición especial, porque su misión principal es proteger al quarterback, o bloquear al corredor, como un miembro más de la línea de ataque. Sin embargo, también puede salir a recibir pases, como si un recibidor se tratara. Y aunque es más lento que un receptor, su tamaño y su potencia le hace difícil de cubrir por la defensa.

El corredor (running back): decíamos antes que en fútbol americano se puede avanzar con el balón de dos formas, pasando el balón o corriendo con él. En el segundo caso, el quaterback, tras recibir el balón del center, lo entrega al corredor o running back, que una vez que cruza la línea de inicio de la jugada (llamada línea de scrimmage) ya no puede volverlo a pasar, y tratará de correr con él hasta que la defensa consiga pararlo. El jugador se considera parado o placado cuando: toca el suelo con cualquier parte de su cuerpo, excepto las manos y los pies; o sale fuera del campo. Si el corredor pierde el balón o se le cae antes de ser placado, el balón está vivo (a esa jugada se la denomina fumble) y es del primer jugador que lo atrape. Al inicio de la jugada, los corredores  se sitúan un metro y pico por detrás del quarterback. La línea de ataque tratará de bloquear a los defensores para que el corredor avance a través de los huecos que le abran. Además de correr con el balón, el running back también puede salir a recibir pases como si fuera un receptor, y a veces bloquea también para proteger al quarterback. Hay un tipo de corredor denominado fullback, más poderoso y pesado, que hace sólo carreras cortas o bien bloquea para el otro corredor.

El recibidor, receptor o wide receiver: es el encargado de recibir los pases que le envíe el quarterback. Se sitúan en los extremos del campo, a la misma altura de la línea de ataque. Cuando comienza la jugada, empiezan a correr lo que se denominan rutas: se trata de un movimiento establecido en la jugada que el quarterback les haya señalado. Para que la recepción sea válida, tienen que coger el balón sin que antes toque el suelo, con los dos pies pisando dentro del campo. Una vez completa la recepción, se aplican las reglas del placaje que hemos visto antes. Si el pase toca el suelo, se denomina pase incompleto y la jugada se termina. Aparte de recibir pases, también pueden bloquear para el corredor. En el vídeo de abajo podemos ver cinco ejemplos de recepciones de pase.

El kicker: tanto éste jugador como el punter pertenecen a los llamados equipos especiales (que no son ni ataque ni defensa), pero por su implicación en el ataque vamos a analizar brevemente la posición de kicker. Es el encargado de chutar a palos, cuando el ataque está en cuarto down y no han llegado a la zona de anotación, para tratar de anotar un field goal, que vale 3 puntos. Suelen ser los máximos anotadores de sus equipos, y tienen una presión tremenda, porque pueden ser decisivos para ganar o perder un partido. Asimismo, hacen el saque al otro equipo al inicio de cada tiempo o después de una anotación (se denomina kickoff).

El número de jugadores en cada puesto puede variar en función de la jugada (aunque siempre tiene que haber 11 en el campo): por ejemplo, puede haber uno, dos o ningún corredor; uno, dos, tres, cuatro o cinco recibidores; uno, dos, tres o ningún tight end. Normalmente siempre hay cinco líneas de ataque y un quarterback, con lo cual las variaciones se producen en los cinco jugadores y tres posiciones restantes. Una formación estándar sería dos corredores, dos recibidores y un tight end. Hay que decir además que todas las jugadas están diseñadas previamente: antes de colocarse para empezar la jugada, los jugadores se reúnen en círculo (el denominado huddle) y el quarterback les indica cuál es la jugada a llevar a cabo. El ataque tiene 45 segundos para mandar la jugada en el huddle y poner el balón en movimiento. Se pueden hacer todos los cambios que se quieran cuando el juego está parado, pero no puede haber más de 11 jugadores en el campo cuando el balón se pone en marcha.

El tipo de formación depende de las yardas que se necesiten para llegar a primer down. Si por ejemplo sólo nos queda una yarda para el primer down, lo normal es una carrera. Con la carrera se ganan menos yardas que con el pase, pero es más seguro que pasar. Por eso en situaciones de pocas yardas se suele correr con el balón. Por el contrario, si nos quedan 21 yardas para el primer down, lo normal sería jugar a un pase y poner 4 o 5 recibidores, dado que con una carrera es muy raro ganar tantas yardas.

De todos modos, en este deporte se trata de engañar al adversario en todo momento, con lo cual es frecuente ver una jugada de pase en una situación de pocas yardas o viceversa. Las jugadas de engaño por excelencia se denominan play action, como en el vídeo que podéis ver abajo. El quarterback amaga que van a hacer una carrera por la izquierda y cuando la defensa se vence hacia ese lado, hacen un pase al lado contrario, que se ha quedado vacío de defensores.

Para finalizar, comentar que la filosofía mayoritaria en el fútbol americano es tener la posesión del balón el mayor tiempo posible: de este modo evitas que el ataque contrario te pueda anotar puntos, y tu defensa estará más descansada. Para eso hay que conseguir primeros downs y tener éxito corriendo con el balón, ya que corriendo se gasta más tiempo que pasando.

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FÚTBOL AMERICANO PARA PRINCIPIANTES (I)

Hola Isma, este es un post para ti. Y para todos aquellos que se quieran acercar al fútbol americano por primera vez. A pesar de lo que dice Mar, es un deporte apasionante, donde cada jugador es imprescindible y en mi opinión se trata del deporte de equipo por excelencia. Yo lo comparo a un ajedrez humano, o una batalla entre dos ejércitos; se trata del deporte donde el entrenador es más importante y decisivo. Y si le dedicáis tiempo para llegar a entenderlo, los amantes de la estrategia lo van a disfrutar mucho. Y los de la espectacularidad también. Voy a ir al grano sin enrollarme.

El campo de juego es rectangular, de 100 yardas de largo y 53 de ancho, dividido en rayas pequeñas de 1 yarda y largas de cinco, con dos postes al final del mismo, dentro de las llamadas zonas de anotación, en la imagen pintadas en rojo y azul.

campo-defutbol

Aunque cada equipo se compone de 53 jugadores, en el campo siempre hay 11 contra 11. Cada equipo está formado por tres grupos: ataque, defensa y los llamados equipos especiales. Es decir, normalmente los atacantes sólo juegan cuando el equipo tiene la posesión del balón, y la defensa cuando no la tienen. Los jugadores que atacan no defienden y viceversa. Los equipos especiales suelen estar formados por suplentes (tanto de ataque como de defensa) y sólo entran en determinadas situaciones del juego, como iremos viendo.

Hay siete árbitros en el campo, uno principal y seis auxiliares, que señalan las faltas lanzando un pañuelo amarillo. Además, hay otros árbitros viendo el partido por vídeo y revisan jugadas en determinadas circunstancias.

El partido tiene cuatro períodos de 15 minutos, y el equipo que más puntos anote ganará el encuentro. El objetivo del ataque es mover el balón para llevarlo a la zona de anotación. La forma de moverlo puede ser: a) pasando el balón (se llaman jugadas de pase); b) corriendo con el balón (se denominan jugadas de carrera). Si un jugador del ataque entra en la zona de anotación se consigue un touchdown, que vale 6 puntos. Después se puede chutar a palos (el denominado extra point o punto extra) y vale 1 punto. Aquí vemos un ejemplo de un touchdown de carrera:

También se puede anotar chutando directamente el balón a los palos (field goal) que vale 3 puntos. Aquí vemos un ejemplo de un field goal:

Cada equipo atacante tiene cuatro oportunidades o downs para ganar 10 yardas. Si lo logra, vuelve a tener esas cuatro oportunidades. Si lo va consiguiendo de forma consecutiva, terminará llegando a la end zone (zona de anotación marcada de color rojo y azul en la imagen superior) y anotará un touchdown. Por cierto, no es necesario que el balón toque el suelo, sino que basta con que atraviese la línea de la end zone.

Puede que la defensa pare al ataque y éste tenga su cuarta oportunidad antes de llegar a la zona de anotación, o antes de conseguir las diez yardas que necesita para volver a tener otros cuatro downs. En ese caso, si está lo bastante cerca, pueden intentar un chute a los palos (un field goal), en el cual el balón tiene que pasar entre los dos palos situados en la zona de anotación. Un field goal vale 3 puntos, como hemos visto antes.

Si no están lo bastante cerca, el ataque alejará el balón con un chute denominado punt, que devuelve la posesión al otro equipo. Tanto en el punt como en el field goal entran a jugar los llamados equipos especiales. También lo hacen en el inicio del partido y tras el descanso con el kickoff, que sería el equivalente al saque de centro en el fútbol europeo.

Vamos a repasar todo lo que hemos aprendido hasta ahora con este vídeo explicativo (tenéis que abrirlo en Youtube):

Vamos ahora a ver una secuencia de cuatro downs u oportunidades completa. En el vídeo de ejemplo debajo del texto, el ataque (camiseta morada) tiene primer down y diez yardas en la línea de 29 yardas de su propio campo. La línea desde la que se empieza la serie de cuatro downs se denomina línea de scrimmage.

En su primer intento, vemos que corren con el balón para ganar una yarda. Así que tendrían segundo down y nueve yardas (2nd and 9).

En el segundo intento, vuelven a correr con el balón y ganan otras 5 yardas. Así que ahora están en tercero y 4 yardas (que son las que les faltan para conseguir las 10 yardas).

En el tercer intento no corren con el balón, sino que hacen un pase, y consiguen más de las cuatro yardas que necesitaban. Por lo tanto, han obtenido un primer down de nuevo.

Puede que en ese tercer intento no llegaran a conseguir las 4 yardas que necesitaban para volver a tener otros cuatro downs. Les quedaría un último intento (se dice que es cuarto down y 4).

Normalmente en esta situación los equipos deciden alejar el balón mediante una patada que se llama punt, ya que si hicieran otra jugada y no consiguieran las 4 yardas que les faltaban en este caso perderían la posesión del balón y el otro equipo atacaría desde ese mismo punto. Prefieren no arriesgarse a perder el balón cerca de su end zone (zona de marca) y alejan el balón. El otro equipo lo recoge y comienza a atacar, teniendo una serie de cuatro downs para conseguir 10 yardas.

Aquí podemos ver un ejemplo de punt: el equipo con camiseta blanca aleja el balón y el equipo de negro lo recibe.

Hemos visto hasta aquí los conceptos más básicos. En algunas entregas más analizaremos las posiciones de los equipos, las reglas, los conceptos básicos y la filosofía del juego, para que cuando os animéis a ver un partido entendáis bastante de lo que sucede en el campo. Espero que te haya gustado, Isma. Cualquier pregunta o duda que tengáis os contesto con mucho gusto.

SENTIMIENTOS, POLÍTICA Y LEYES

Llevaba mucho tiempo sin escribir, la verdad es que la situación política con el tema catalán me da ya mucha pereza. Pero he querido abordar la cuestión desde una perspectiva peculiar, y como al final me debo a quienes me leen (y me animan a ello estos días), allá voy. Por cierto, no me ha pasado nada, me encuentro bien (a pesar del Gobierno, como diría Rodríguez Brown). 

Hace poco estuve con mi amigo Rafa y tuvimos (como siempre) una de esas tardes fructíferas, donde practicamos la resonancia creativa sobre varios temas. Y una de las cuestiones interesantes que surgió (al hilo del monotema catalán) es cómo una persona que tú conoces profundamente y desde hace tiempo, y que para todas las cuestiones de la vida (tanto personales como profesionales) es un ser humano absolutamente racional y respetuoso con las normas, cuando se trata de la independencia de Cataluña, se convierte en otra persona radicalmente diferente. Luego otras personas me han remitido testimonios de primera mano en ese mismo sentido.

Creo que este ángulo de análisis del problema es muy importante. Al respecto decir que yo, como ya he contado anteriormente en este blog, soy un marciano que se pregunta cuándo van a venir a buscarme los de mi planeta (Antonio Cervero dixit). Me siento triste o alegre, desgraciado o afortunado, cansado o en plena forma, deprimido o eufórico; pero no me puedo sentir español, catalán o andaluz. Eso es algo objetivo, que me viene dado, y que puedo leer en mi carnet de identidad o mi pasaporte. Sin embargo, y pienso que, para nuestra desgracia, mi posición no es la mayoritaria en España.

Es evidente que las personas tenemos un lado racional y un lado emocional. En mi opinión, en política es mucho mejor fomentar el primer lado. Excitar el segundo sólo nos ha traído, entre otros males, esa peste llamada nacionalismo, que ha provocado varias guerras y millones de muertos en fechas muy recientes. Y es lo que se ha hecho desde siempre por el Gobierno catalán, fomentando el odio a todo lo “español”, falseando la Historia, destacando todo lo que nos diferencia, ocultando al mismo tiempo lo mucho que tenemos en común. Todo eso ha despertado y aumentado el odio hacia Cataluña desde el resto de España, además de dividir y fracturar en dos la propia sociedad catalana como nunca antes. El resultado es una sociedad dividida en dos y preñada de creciente odio.

Las investigaciones en el terreno político de Alexander Teodorov, y en economía por parte de Daniel Khaneman, nos muestran ambas que pretendidas decisiones racionales tienen un amplio fundamento sentimental. Einstein dijo que “los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción”.

Y tanto el populismo como el nacionalismo van un paso más allá y utilizan espuriamente las emociones. Como dice en un artículo del Diario Vasco Jose María Ruiz Soroa: “Ahora bien, el abuso del enfoque emocional en la política puede llevar con facilidad al populismo, porque nada hay más fácil de excitar y manipular ante los fenómenos complejos que las emociones simples. Y, al mismo tiempo, nada vende mejor que la emoción, se trate de vender comunicación, imagen, proyectos o prestigio, con independencia de todo criterio de valor sobre eso que se vende. Por eso se está convirtiendo la comunicación (y la política detrás de ella) en una actividad a la búsqueda constante de charcos emocionales en los que poder patear y de los que poder abrevar”.

Llegados a este punto, me llama la atención que personas perfectamente racionales en todos los demás aspectos de su vida cotidiana contemplen la independencia como una especie de Xanadú donde todos los problemas se van a terminar: ya no habrá paro, ni pobreza, ni problemas sociales, ni listas de espera. Y por supuesto que ni se plantean las consecuencias negativas que pudiera tener para ellos mismos en su vida diaria. En el Brexit hemos vivido una experiencia algo similar: la gente decía ser partidaria sin plantearse las consecuencias reales de sus actos.

La cuestión no es ya que se crean mentiras como el “Espanya ens roba” (cuando gracias al Fondo de Liquidez Autonómica se han conseguido pagar las nóminas de los funcionarios autonómicos varias veces, o ingentes cantidades de dinero se gastan en la promoción del catalán en el extranjero, mientras se cierran quirófanos u hospitales), o que serían un Estado próspero (con la deuda autonómica al nivel de bono basura, y con 1.400 empresas que han salido ya de Cataluña en dos semanas), o que seguirían dentro de la UE y del euro, o que (a un nivel mucho más prosaico, pero que aquí es religión) el FC Barcelona seguiría jugando la liga española. La imagen de gente abrazándose y llorando tras la proclamación de independencia unilateral es de las cuestiones que más me preocupan.

Porque demuestra que ni siquiera un buen baño de realidad acabaría con el problema. Da igual que haya subido el paro o que se hayan ido más de 2.000 empresas. Cuando la política se convierte en religión, en modo de vida para muchos (que fuera de ella nunca hubieran soñado ganar la pasta que se embolsan dentro), y teñida de color nacionalista (es decir, pienso que soy mejor y superior a los demás, idea que se expresa en muchos pequeños detalles y comentarios aparentemente inocentes y sin importancia), lo que ocurre es que millones de personas viven en un mundo paralelo de ensoñación del que es muy complicado despertarles. Un mundo en el que su racionalidad desaparece y queda sustituida por sueños imposibles, donde nada necesita una justificación empírica o racional. Un mundo sencillo y lleno de respuestas sencillas, ya que tengo un enemigo perfectamente identificado, al que echar la culpa de todos los males que me acosan (la crisis, el paro, tener un sueldo bajo, no conseguir una beca, que no me operen hasta dentro de unos meses), y con una solución asimismo sencilla, ya que la independencia (estoy plenamente convencido) mejoraría la situación. Cómo no la va a mejorar, ya que somos mejores que ellos. El supremacismo se ve en los detalles más pequeños e inocentes, como aquella persona que trabajando una vez en una oficina de Barcelona me dijo que para ser de Madrid trabajaba muy bien.

Cuando esas personas alcanzan el Gobierno de un territorio ocurre lo que estamos viviendo. Aunque tengan mayoría por un voto. Porque el resto no son catalanes. Son no ciudadanos, y una anomalía dentro de su “normalización”.

Mi visión de la política es completamente racional y nada pasional. Pero hace años ya que llegué a la conclusión de que en este país proponer la política como soluciones a los problemas reales es predicar en el desierto. En este terreno, la inmensa mayoría de la población española es mayoritariamente sentimental. En ese mundo cuasi religioso, es inútil argumentar con argumentos sacados de la realidad, porque el nacionalismo, aparte de vivir en una realidad paralela, trata de que el mundo real se vaya pareciendo a esa realidad virtual. Y a eso lo llaman “normalización”. Sólo un botón de muestra: la política de extinción del castellano como lengua vehicular en la educación, tratando de crear un mundo ideal en el que todos hablan catalán (excepto para los hijos de la nomenklatura, que van a liceos extranjeros, no a la escuela pública, para dar ejemplo).

Así que con este panorama no te extrañe, querida amiga (y ella sabe de qué estamos hablando), que haya personas a tu alrededor, como el familiar que me cuentas, “cuarenta y cuatro años, estudios universitarios, culta y yo diría con inteligencia emocional”, que considera a los Jordis presos políticos; o que un amigo tuyo te diga “Me preocupa lo de Cataluña, cómo se ha radicalizado todo, la cantidad de banderas españolas que hay por la calle…” No se puede razonar con un talibán.

A tu familiar le dedico este texto de Félix Ovejero: “Quienes defienden a Otegi por su condición de “preso político” pretenden revestirlo de dignidad. Como si un delito por razones políticas fuera más noble que aquel que no busca decorarse moralmente. Y no; obviamente, los motivos no purifican los procedimientos. Después de todo, algunos matan por amor o por el reino de Dios. En realidad, en una sociedad democrática, invocar objetivos políticos para realizar crímenes debería considerarse un agravante, si estamos de acuerdo en que la primera exigencia de la política democrática es el respeto a la dignidad de los otros”. Y añado de mi cosecha: además supone un gravísimo insulto para aquellas personas que sí tienen que luchar en regímenes nada democráticos donde no se respetan los derechos humanos.

Pienso que lo respetable no son los sentimientos o las ideas o los principios, sino las personas. Hay sentimientos como la envidia, la codicia, el racismo o el egoísmo que no son respetables en absoluto. La solución a este sudoku se me antoja muy pero que muy complicada. Porque además nuestro Gobierno se la coge con papel de fumar, y pide disculpas repetidamente por aplicar la Ley.

Por dejar una nota optimista, lo bueno es que ahora no corremos el riesgo de acabar con un tiro en la nuca en una cuneta por escribir cosas así. Como dice Pérez Reverte, vivimos demasiado bien para eso. Gracias a ese régimen fascista y liberticida que nos dimos democráticamente entre todos.