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RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (II)

18 abril, 2017 1 comentario

Siguiendo con la entrada anterior, llegamos al punto de definir qué es la corrupción o la falta de ética. Mi querido amigo Jaime Berenguer afirma que es un problema de élites y que no somos genéticamente corruptos: “¿Cómo se explica que el 95% afirme que la corrupción está extendida en España, un 63% considere que le afecta a su vida cotidiana pero que sólo el 8% la haya experimentado en el último año y que un mínimo 2% asegure haber pagado por un servicio público en este mismo periodo?”.

Discrepo con Jaime, en el sentido de que creo: primero, que a los electores la corrupción les da igual (UPyD, el único partido que ha luchado contra ella, está fuera del parlamento; el PP, el primer partido político imputado en España por corrupción, ha sido el más votado; el caso de Brunete es palmario); y segundo, que el límite es una línea muy fina. El problema es dónde trazar la línea. ¿Es corrupción viajar gratis a ver la final de la Champions, colocar a familiares y amigos, tratar de evadir impuestos de forma burda y fraudulenta, no bajarse del coche oficial, pagar gastos del partido con dinero para asistentes locales del Parlamento Europeo o de la cuenta de gastos del grupo municipal? ¿Es corrupción que los diputados cuneros sigan cobrando dietas teniendo piso en Madrid, o que un vocal vecino del Ayuntamiento de Madrid se lleve 1.000 euros al mes por acudir a un pleno, compatibles con su actividad profesional? ¿Es corrupción haber recibido 272.000 euros de un Gobierno extranjero a través de un paraíso fiscal un líder de un partido político español?

Creo que entre los electores españoles existe la conciencia de que todos roban, y puestos a eso, pues mejor que roben los míos. El contra argumento con que te suelen contestar los hunos es que los hotros roban más y mejor, o que llevan muchos más años haciéndolo.

Mi padre tenía un amigo que luchó en la División Azul y me contó dos anécdotas de Agustín Muñoz Grandes, que son significativas respecto de lo que estoy tratando de explicar. En cierta ocasión, volvió de viaje de madrugada, y al pasar por cierta sala de fiestas, vio muchos coches oficiales aparcados en la puerta. Se bajó y les dijo a los chóferes: ¿saben ustedes quién soy? Pues cojan los coches y cada uno a su casa o al parque móvil, pero ya. Y al que les pregunte mañana le dicen que sin más les mandó a dormir el general Muñoz Grandes. En otro momento, mandó al parque móvil al chófer de la mujer de un alto mando que estaba haciendo la compra con el coche oficial.

En primer lugar, en mi experiencia el problema es que todos los ejemplos anteriores, que en mayor o menor grado van desde la falta de ética a la corrupción más descarada, tienen plena legitimación social. Los vocales vecinos de UPyD en la legislatura de 2011 tuvieron que soportar cómo los vocales de los demás partidos les llamaban gilipollas por renunciar a la cantidad que excedía de 400 euros mensuales y donarlo para el Ayuntamiento de Madrid a fines sociales.

En segundo lugar, unido este factor está la falta de sentido de propiedad de los ciudadanos del dinero publico, y como dijo la ministra “Pixi” “estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”. Desgraciadamente, casi nadie es consciente cuando dice que no ha hecho la declaración de la renta que la ha venido haciendo en doce (o catorce) cómodos plazos; por lo mismo, no se da cuenta de que con ese mismo dinero que “no ha pagado” se hacen los presupuestos generales del Estado. Y casi nadie se preocupa de buscar en qué se ha gastado su dinero.

Por último, la corrupción o la falta de ética se utilizan únicamente como arma política contra el adversario: se silencia lo propio y se amplifica lo ajeno, con la colaboración de la prensa amiga. Y como el pueblo soberano ya es receptivo a este esquema de cosas (inconscientemente ya omite lo propio y sólo tiene ojos para lo ajeno), la corrupción se siembra en terreno ya abonado.

En mi experiencia, como regla general, si nadie mira, la gente se mete el dinero en el bolsillo. Hay excepciones, por supuesto, pero conozco muchos casos de primera mano que afirman lo contrario, y a todos los niveles (desde la política municipal a las comunidades de vecinos). Por eso en España no hay máquinas para que abras, cojas el periódico y dejes el dinero voluntariamente. Y si a eso le unimos la falta de cultura democrática respecto del dinero público, más el sectarismo, que nos invade desde nuestra más tierna infancia democrática, pues el cóctel es tremendo.

La solución: deslegitimar socialmente la falta de ética, y establecer mecanismos eficaces de lucha contra la corrupción (autobuses no, por favor), que estén fuera del control de los partidos políticos. Una tarea hercúlea para…¿los próximos 500 años?

Posdata: UPyD llevó a Rato al banquillo, Podemos a un autobús, el electorado ha preferido que Rato esté en un autobús a que esté en el banquillo. El pueblo es soberano.

RESPONSABILIDAD POLÍTICA, RESPONSABILIDAD PENAL Y CORRUPCIÓN (I)

8 abril, 2017 2 comentarios

Al hilo de los sucesos de Murcia, que han obligado al presidente de la región Pedro Antonio Sánchez a dimitir por estar investigado (pero no a dejar el acta de diputado), quiero hacer una reflexión sobre un tema que me parece que tiene muchas aristas y que no es sencillo, si se analiza con rigor.

Primero, un poco de Derecho Penal: hay dos fases en el procedimiento, la primera es la de instrucción (en la que un juez A investiga los hechos objeto del procedimiento), y una segunda (el juicio oral) en la que un juez B, si el juez A ha estimado que existen indicios racionales de criminalidad, decide sobre el delito en cuestión. Por lo tanto, en toda la primera fase no se presupone nada sobre la presunta culpabilidad del investigado (antes imputado, tras la reforma operada por la Ley Orgánica 13/2015, de 5 de octubre, de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal). En definitiva, el investigado es aquella persona a la que se le imputa la comisión de un delito, pero no se trata de juzgar a nadie, sino de investigar su relación con el presunto delito. Si al final de la instrucción el juez A considera que hay indicios racionales de criminalidad contra esa persona, dictará auto de procesamiento y pasaremos a la fase 2 (la del juicio oral), en la que ya no será investigado sino procesado o acusado (en el procedimiento abreviado no existe auto de procesamiento, pero este esquema nos sirve para hacernos una idea cabal).

La responsabilidad política no puede ser la misma que la responsabilidad penal. La primera nace por la confianza depositada en una persona para que desempeñe funciones públicas, ya sea por representación (los diputados frente a sus electores) o por designación (el ministro frente al presidente del Gobierno que le ha nombrado). La segunda se deriva de la legislación penal, que sólo trata de aquellas infracciones especialmente graves y que pueden causar más alarma social.

Me explico: cuando se exigen responsabilidades políticas es, excluyendo el código penal, por un hacer (o un no hacer, o por culpa in vigilando) que implica un error muy grave en la gestión (excluimos por supuesto los delitos contra la Administración Pública de los artículos 404 y ss.), o por mentir. Sin embargo, en otros supuestos estamos ya rozando el reproche jurídico penal, como puede ser la corrupción, el fraude fiscal, o haber realizado cualquier otra conducta recogida como tal en el Código Penal (conducir borracho, maltratar a su mujer, etc.). Hay ejemplos de políticos españoles implicados en todas estas acciones hace no demasiado tiempo.

El ámbito de la responsabilidad política en principio se debe limitar al terreno de la ética o la moral, no al jurídico, pero hay una zona en la que pueden llegar a colisionar. En concreto, vamos a tener tres supuestos: uno, comportamientos excluidos del Código Penal, pero muy reprochables ética o moralmente; dos, hechos que pueden encajar en ilícitos penales; y tres, ilícitos penales que pueden no ser políticamente relevantes.

Vamos con el primer supuesto. Hay una zona que queda fuera de la Ley penal, como es la mentira, los errores de gestión muy graves, y otros comportamientos poco éticos, como, por ejemplo: haber cobrado indebidamente una beca (mientras facturaba como autónomo al partido sin haber solicitado a la Universidad permiso para poder hacerlo); haber creado una sociedad ad hoc a posteriori de la realización de unos “trabajos” por valor de 425.000 euros (que a fecha de hoy seguimos sin saber en qué consistieron) para defraudar a Hacienda; otorgar contratos del Ayuntamiento a tu hermano siendo concejal; y siéndolo tu padre, que los otros 3 miembros de la familia sean adjudicatarios de pisos de protección pública; que un estudiante sin trabajo conocido pague 60.000 euros a tocateja para un piso de VPP, cuando su padre ha sido condenado por las tarjetas black. No hace falta decir nombres.

Casos como éstos, en mi opinión muy poco ejemplares de lo que debe ser un cargo público u orgánico, pueden quedar fuera del Código Penal, pero políticamente es claro que vulneran la confianza depositada en ellos por los votantes o los militantes. La excusa que nos darán estas personas, tanto si no han sido denunciados como si la denuncia no ha prosperado, es que son “inocentes” o que “nadie ha podido demostrar” nada judicialmente. Pero como decíamos al principio, una cosa es la responsabilidad política y otra muy distinta la penal. La primera implica rendición de cuentas del representante o nombrado ante el representado o el que le ha nombrado. Y aquí hay un doble mecanismo de control: por un lado, el colectivo ante el que tienen que rendir cuentas (mecanismo externo), por ejemplo, los electores (no volviendo a votar a esos representantes) o el parlamento (retirando la confianza al presidente del Gobierno mediante una moción de censura, o votando la reprobación de un ministro). Y por otro, un mecanismo interno por parte del propio partido político, que a través de sus estatutos y órganos internos de control obligue al afectado a rendir cuentas o a dejar su cargo.

Veamos el segundo y el tercer supuesto: aquí es donde sí que podemos establecer una norma jurídica que regule el caso en que la responsabilidad política llegue al ámbito penal. Y tenemos que conjugar esa responsabilidad política con la presunción de inocencia, que es un derecho de todos los ciudadanos. Sin embargo, el político no es un ciudadano cualquiera: los artículos 71 y 102 de la Constitución Española establecen un régimen de aforamiento especial para los Diputados y Senadores, por un lado; y para el Gobierno, por el otro. Se pretende de esta manera proteger a los miembros del Gobierno frente a actuaciones que menoscaben las funciones que constitucionalmente se le encomiendan, a través de la utilización abusiva de querellas, confundiendo en muchas ocasiones dos planos distintos, aunque ciertamente no siempre fáciles de deslindar, como son los de la responsabilidad política y la penal. Pero del aforamiento hablaremos otro día, hoy sólo quiero poner de manifiesto que no hablamos de ciudadanos normales, y que su régimen jurídico respecto del artículo 24 CE es distinto.

El punto de equilibrio creo que estaría en apartar al político en el momento del auto de procesamiento y apertura de juicio oral. Hacerlo en el momento de la investigación (antes imputación) da como resultado que haya casos como el del presidente de Murcia, imputado 17 veces sin llegar a juicio oral. El hecho de que el juez instructor estime que hay indicios racionales de criminalidad es lo suficientemente significativo para que políticamente tenga que dimitir. Al respecto señalar que ahora mismo está en trámite una Proposición de Ley Integral de Lucha contra la Corrupción y Protección de los Denunciantes (texto completo aquí y expediente de la iniciativa aquí) promovida por Ciudadanos, en la que en su disposición final primera se insta a modificar la LOREG para “impedir que quienes han sido encausados judicialmente o condenados por su implicación en procesos relacionados con la corrupción, así como por otros delitos castigados con penas graves, puedan formar parte de las listas electorales, y por tanto, concurrir a unas elecciones con el fin de ostentar un mandato representativo”. Además, se establece que sea de aplicación a los cargos electos en ejercicio, de modo que, si uno de ellos fuera encausado judicialmente, pierda su condición por incompatibilidad sobrevenida. Es curioso como este partido ha sido incongruente con lo establecido en la PL, actuando de forma contradictoria con la PL en el caso del presidente de Murcia (del PP) o del alcalde de Granada (del PSOE).

Poner el límite en ser investigado (imputado antes de la reforma) en mi opinión es excesivo. Me viene a la cabeza la querella interpuesta por Rodrigo Tena contra Andrés Herzog en 2015 por espiar a los tránsfugas de UPyD, que se hizo con la intención espuria de que el segundo no pudiera presentarse como candidato a las elecciones al estar imputado. La querella, como no podía ser de otra manera, se terminó archivando (aunque esto ya no salió en la prensa).

En esa PL, además, se delimita la causa de incompatibilidad a (aparte de una lista en la que se incluyen delitos contra el patrimonio, la libertad o el orden público, sedición o terrorismo) “cualesquiera otros delitos dolosos castigados con penas graves o que conlleven inhabilitación o suspensión de cargo público”. Y con esto llegamos al tercer supuesto: ¿cabe un presunto delito que no sea políticamente relevante?

Me resulta difícil a priori pensar en algún caso. Puesto que partimos de la premisa de que a los representantes políticos se les debe presumir un plus de comportamiento ético y ejemplar, y dado que la ley penal protege a la sociedad de las infracciones más graves y reprobables, es complicado buscar un ejemplo de infracción penal que no suponga una infracción a la confianza otorgada por los representados a sus representantes. Habría que estar al caso concreto, pero quizá la comisión de uno de los delitos leves (ya no faltas tras la reforma de la Ley 1/2015) podría ser uno de esos supuestos o no (por ejemplo, perturbación leve del orden en un juzgado).

Para concluir, podemos concluir que la responsabilidad política es algo intrínsecamente distinto de la penal, pero que en algunas ocasiones pueden superponerse. Para esos casos, hasta hace poco estaba convencido que la imputación (actual investigación) era el límite, pero ahora pienso que el punto más justo es la apertura de juicio oral, ya que lo primero puede multiplicar exponencialmente las situaciones injustas y fomentar el “querelleo” gratuito como arma de la lucha política.

Por otra parte, hay un ámbito no penal de la responsabilidad política que coincide con el comportamiento ético y moral exigible a nuestros representantes, que han de ser especialmente escrupuloso, más que el del ciudadano medio. Hay (o debe haber) un doble control, interno (por parte del propio individuo, de su partido a través de sus órganos internos de control y de sus estatutos) y externo (por parte de sus votantes o de aquellos que les han nombrado).

Dejo para una segunda parte determinar de qué hablamos concretamente cuando tratamos el caso del párrafo anterior, aunque no esté perseguido en el Código Penal. Sólo avanzo que la línea puede llegar a ser muy fina, y la legitimidad social tiene algo que ver.

POR QUÉ NO HAY UN PARTIDO POPULISTA DE DERECHAS EN ESPAÑA

15 marzo, 2017 Deja un comentario

Hoy se celebran elecciones generales en Holanda, uno de los países fundadores de la Unión Europea, y es posible que un partido populista de derechas antieruropeísta las gane. El título de este artículo es una pregunta que me lleva un tiempo dando vueltas en la cabeza. Y como ahora lo que me sobra es tiempo, pues ahí va mi respuesta. Huelga decir que les ruego que compartan sus reflexiones a esta entrada, cualquier punto de vista va a ser muy bien recibido, y seguro que aportará luz a una cuestión complicada, en la que inciden factores diversos, y representativos de nuestra peculiaridad.

Es curioso que hay tres países en Europa que parecen estar vacunados contra los populismos de derechas: España, Portugal e Irlanda. Tres países católicos, y dos de ellos que han tenido las dos dictaduras de derechas más longevas de Europa en el siglo XX, y las únicas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Son dos factores bastante importantes en mi opinión.

Por un lado, el catolicismo ha evitado el surgimiento de un partido contrario a la inmigración, junto con lo políticamente correcto. Todo ello ha evitado que se pueda plantear de forma seria y objetiva una verdadera política migratoria en España, ya que es evidente que hay recursos limitados y no se puede aumentar drásticamente la población, especialmente si el aumento es demandante neto de los mismos.

En España, las restricciones a la entrada de inmigrantes tienen muy mala prensa, y es curioso como una organización como Cáritas tiene instalaciones donde sólo atiende a inmigrantes, y según sus propios informes el porcentaje de inmigrantes atendidos ronda el 60%. Aun así, desbordados por la atención a un número creciente de foráneos en situación de pobreza y precariedad, Cáritas, en sus documentos, sostiene un discurso antiliberal y anticapitalista, defendiendo otra política inmigratoria menos restrictiva. No es algo extraño que Cáritas haya proporcionado cuadros a Podemos, incluido el portavoz del partido en la Asamblea de Madrid.

Además, hay que señalar que la mayoría de la población inmigrante procede de Iberoamérica (mayor si contamos a los nacionalizados, muy favorecida al poder solicitarlo con dos años de residencia legal en España) y Rumanía, también católicos y con lazos culturales evidentes con los españoles, lo que ha evitado, con alguna excepción, conflictos como los sucedidos en Francia, por ejemplo, y el sentimiento de una amenaza cultural. También hay que decir que vamos con décadas de retraso en la recepción de inmigrantes respecto de países como Alemania, Francia u Holanda. Aunque el porcentaje de población no nacida en el Estado es similar (en torno al 11-12%), en España casi no hay guetos, como sí los hay en los otros países, al haber inmigrantes de tercera o incluso cuarta generación.

Por otra parte, la herencia franquista (uno de los peores insultos del mundo mundial, y la última bomba que te pueden lanzar en una discursión es que te llamen “facha”) y la ausencia de un nacionalismo español (la bandera, el himno, el patriotismo, son símbolos fascistas), frente a los muy consolidados nacionalismos periféricos (que son competencia directa de un populismo derechista español xenófobo en sus territorios), producen que sea muy complicado el asentamiento de un sentimiento de rechazo a lo diferente. Y el papel tolerante y acomplejado de la izquierda coadyuva a ello.

Respecto de los nacionalistas periféricos, han abrazado la denominada “doctrina Colom”, consistente en utilizar inmigrantes para desespañolizar sus territorios, especialmente musulmanes. Es paradigmático el caso del senador de ERC Robert Masih i Nahar, originario de la India y vicepresidente la Federación Catalana de Críquet, de ERC, que tomó posesión prometiendo acatamiento a la Constitución “por imperativo legal hasta la República catalana”. Y sin embargo, como derecha xenófoba y racista que son, cuando han tratado de exportar el “prucés” al extranjero, sólo han sido recibidos por partidos islamófobos, racistas y neonazis. Vemos que, además de Podemos, también los nacionalistas cabalgan contradicciones. Las felicitaciones de Puigdemont vía twitter o las de EH Bildu a Donald Trump por su victoria electoral son muy significativas.

Pero la cuestión más importante es quiénes han sido los verdaderos perdedores de la crisis en España. No ha sido la clase obrera industrial, ni los grupos de mediana edad, ni los jubilados los principales damnificados. Por el contrario, hay dos grupos que han sido duramente golpeados: los jóvenes (con estudios superiores) y los inmigrantes, y ninguno de los dos constituyen un grupo de apoyo para la extrema derecha, pero sí para Podemos y los nacionalistas periféricos.

El papel de Podemos también es relevante. Es cierto que ha monopolizado el sentimiento antisistema. Como ya he explicado en entradas anteriores, su programa electoral, salvo la parte de inmigración, es calcado al de los partidos populistas de extrema derecha: intervencionismo económico, nacionalizaciones, proteccionismo, salida del euro, más gasto público, impago de la deuda, restricciones en el mercado laboral… Y también coinciden en señalar que el malo para esta película es un dragón de tres cabezas: las multinacionales (la globalización), el BCE (el sistema financiero) y Angela Merkel (la austeridad y los recortes).

Parece a priori que el surgimiento de Podemos ha funcionado como una especie de tapón que ha impedido que el voto descontento se haya dirigido hacia la ultraderecha. El propio Pablo Iglesias dijo que seguramente en España no existe una formación política de extrema derecha fuerte porque existe Podemos. Sin embargo, creo que el perfil de votante de Podemos no coincide con el del votante de Le Pen o Geert Wilders. Además, Podemos no se ha centrado en el problema de la inmigración como causa de mayor competencia por empleos poco cualificados o el descenso de los salarios o el desempleo (más bien al contrario), sino que ha puesto el acento en la corrupción, la Transición del 78 o la Guerra Civil, iconos de la extrema izquierda extraparlamentaria.

Por otra parte, se dice habitualmente que no hay un partido parlamentario de extrema derecha porque el PP cubre a sus votantes. Probablemente es cierto. Sin embargo, hay que recordar que cuando en 2014 el presidente del Banco de Sabadell decía que España necesitaba un Podemos de derechas, Vox respondió de inmediato que ya existía, y que eran ellos. El error que cometieron es fijar el foco en las autonomías, la religión, el aborto (temas que a la gente le importan un pimiento, como la corrupción), y no en el empleo, los problemas de los autónomos y las pymes, y en el caso del mundo rural, la agricultura y la ganadería. Es la diferencia entre Donald Trump y el Tea Party, o Le Pen y Amanecer Dorado. Es decir, se limitaron a amplificar las propuestas de su vecino ideológico (si tú eres de derechas, yo soy dos o tres veces más). Lo mismo que está haciendo Podemos (la derrota de Errejón es significativa), lo que creo que les va a llevar a bajar más todavía en número de votos en las próximas citas electorales).

Aun así, es cierto que el fracaso de experimentos como Hogar Social Madrid o Plataforma per Catalunya indica que la extrema derecha patria no han tenido un líder carismático como Podemos sí lo ha tenido, y eso en este país es muy importante. Por cierto, que otro factor que ha ayudado a que el PP siga manteniendo bajo su ala el voto de extrema derecha es el surgimiento de Podemos, y el miedo del votante de derecha a que este llegara al poder, y la entrega a la estrategia del voto útil. Ese miedo ha funcionado, y por eso la subida en sus votos en las últimas elecciones generales, junto con otros factores.

Para finalizar, quiero apuntar que un factor muy importante: en mi opinión, España sociológicamente es un país de izquierdas (hasta conduciendo, no hay más que pasar por cualquier autovía de 4 carriles y ver cómo todos van por el carril más a la izquierda), como lo fue de derechas mientras Franco vivió. Y mientras declararse de derechas sea algo vergonzoso, va a ser complicado que exista un partido del estilo de los populismos de extrema derecha que pululan por Europa. Añadamos a eso el complejo de la herencia franquista (que afecta incluso a símbolos nacionales, como el himno o la bandera), que ha evitado que la izquierda rompa sus vínculos con los nacionalistas periféricos (por ejemplo, la CUP, que se declaran de extrema izquierda, no denuncian los contactos del Gobierno que apoyan con partidos nazis y racistas; y Podemos justifica y ampara tanto la secesión catalana como a los proetarras). Se echa mucho de menos como factor de equilibrio una izquierda moderada con sentido nacional, pero lo que tenemos es reflejo fiel de lo que somos.

Aunque sí pienso que caldo de cultivo hay (lo siento cada vez que escucho personas de mi entorno quejarse de que a los inmigrantes les asignan todas las guarderías, o gente que trabaja en servicios sociales describirme a verdaderos artistas de las ayudas y subvenciones), en este momento estamos un poco verdes para la existencia de una fuerza parlamentaria de extrema derecha populista. Afortunadamente. Con un populismo ya tenemos bastante.

QUE DECIDA LA GENTE

1 febrero, 2017 4 comentarios

El otro día recibí una carta kafkiana del Ayuntamiento de mi ciudad (Madrid) en la cual se dice que dos propuestas ciudadanas (“Madrid 100% sostenible” y “billete único para el transporte público”) han recibido el apoyo del 1% (sí, han leído bien, el 1%) de personas mayores de 16 años empadronadas en Madrid. Por lo tanto, ahora los ciudadanos podemos votar si el Ayuntamiento las llevará a cabo o no. Además, se somete a la decisión de los ciudadanos cuál de los dos proyectos finalistas se llevará a cabo para remodelar la plaza de España.

papeleta-de-voto

Sin entrar demasiado en el detalle de las propuestas (la primera dice textualmente “Queremos un Madrid (…) que desafíe a las eléctricas (…) y se asegure de que a ninguna familia le corten la luz este invierno”…pues con las competencias que tiene el Ayuntamiento de Madrid ya me explicarán cómo van a hacer eso), quiero poner el centro de atención en la cuestión de qué bonito y democrático es que todos votemos todo, y qué estupendo es que la gente decida. Una persona que conocí el otro día me decía que era la primera vez que la preguntaban algo, y que le parecía estupendo. Vamos al lío.

Hay últimamente un mantra de que votar es democracia, y si se niega la posibilidad de votar, estamos negando la democracia. Eso sobre todo lo predican ahora esos campeones de la legalidad que son los nacionalistas catalanes, dispuestos a incumplir leyes y sentencias de los tribunales a la menor ocasión. Las dictaduras tampoco le hacen ascos a los referéndums (Franco celebró dos, Pinochet otros dos, y en Cuba hubo uno).

En este artículo, Carles Pastor pone de relieve los peligros de la democracia directa a través de los dos ejemplos más representativos: California y Suiza. La conclusión es que ha producido más perjuicios que beneficios: por ejemplo, al causar la bancarrota del Estado de California; o conflictos a nivel europeo, por la prohibición del voto femenino en Suiza en 1959, en contra de la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, que Suiza acababa de firmar; o rechazando la libre entrada en su mercado laboral de los ciudadanos de la Unión Europea.

Hay que entender el fenómeno último que se está produciendo en el contexto del desapego de la política, del “no nos representan”, que los políticos en España se han ganado a pulso durante los últimos 30 años. Pero una cosa es favorecer los sistemas de participación popular en los mecanismos democráticos, y otra muy diferente es una dejación de funciones de los representantes políticos, que además puede generar funestas consecuencias para esos mismos ciudadanos que acuden tan contentos a “participar”. El Brexit es la prueba más reciente de lo acertado de la frase que dice que los referéndums los carga el diablo, y los disparan los gilipollas.

La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación actual, en el que la Alcaldesa no tiene mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se ve obligada a negociar, y por lo tanto las posiciones minoritarias pueden estar mejor representadas y conseguir que se llegue a escuchar su voz.

En mi opinión, lo que se hace es una dejación de funciones del Gobierno municipal, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostiene se presentó a las elecciones con un programa electoral que ahora debe cumplir, o al menos intentarlo. Eso es gobernar, tomar decisiones sabiendo que no vas a contentar a todo el mundo, pero siendo coherente con tu contrato con los ciudadanos, y tratando de cumplirlo.

Por supuesto que soy partidario de una mayor participación ciudadana en las instituciones públicas, pero no así. Creo que la participación tiene que ir en sentido contrario, del ciudadano al político. Por ejemplo, estableciendo cauces de comunicación entre representados y representantes (qué lejano queda el UPyD Day, cuando cualquier ciudadano, sin pedir cita previa, podía entrevistarse con un concejal o diputado de este partido en la Comunidad de Madrid); o informando a la gente que ya hay cauces previstos en la ley y que no se usan por falta de información. ¿Cuánta gente en Madrid sabe que tiene derecho a ir a su Junta Municipal de Distrito, solicitar por escrito que quiere hablar en el próximo pleno, y  hacerlo al final del acto (teniendo la obligación el concejal presidente de contestarle)? Habría que desplazar el centro de gravedad de la responsabilidad del cargo público del partido hacia el elector. Y falta hacer mucha pedagogía democrática para que la gente entienda cómo funcionan las instituciones, y de este modo puedan decidir qué hacer con ellas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacer correctamente un examen fácil sobre el Congreso y el Senado? Cuando hice campaña electoral en las elecciones europeas de 2009, me pasé todo el tiempo explicando a los electores lo que iban a votar, para qué sirve el Parlamento Europeo, y las diferencias entre el Consejo, la Comisión y el Consejo de Europa.

¿Se ha fomentado adecuadamente la participación ciudadana prevista en la legislación urbanística, tanto en la fase de exposición pública como en la fase de aprobación inicial, respecto de los planes de ordenación urbana? ¿Por qué los partidos políticos no abren buzones para propuestas legislativas de los ciudadanos? Se me dirá que este es el caso, que estas propuestas vienen de ciudadanos, pero hay un matiz: las implicaciones técnicas que tiene un proyecto como peatonalizar la Gran Vía, por ejemplo, exceden de la capacidad del ciudadano común, y desde luego exceden de la mía. Es tarea del Gobierno tomar esas decisiones de acuerdo a su programa electoral, pero también según la información técnica facilitada por aquellos que saben del tema. Leerme los 59 folios del proyecto Y no me han aclarado mucho, y me surgen otras muchas cuestiones que la información no resuelve.

Yo no puedo gobernar, igual que no podría operar a una persona. Me falta información y conocimientos, no tengo a mi disposición a los asesores y técnicos que me pueden explicar todas las aristas de cada asunto. Pero sí puedo elegir a quiénes van a tener esa dura responsabilidad sobre sus espaldas, igual que puedo elegir al médico que quiero, y no votar a quiénes lo hayan hecho mal, en mi opinión. En Suiza los políticos no cobran por su trabajo, tienen su profesión y se dedican a la política en su tiempo libre. Aquí en España se trata de una profesión. Yo sí que puedo tratar de informarme de si lo que me están contando es cierto o no. Y también puedo intentar aportar en el sector en el que tengo experiencia y conocimientos, y sé de lo que hablo. Yo necesito un gestor que me solucione los problemas, no que me pase la pelota para que yo “decida”.

Vamos navegando en sentido contrario a la sensatez. En vez de conseguir que la gente esté cada vez más informada, seamos más transparentes, los políticos rindan más cuentas, vamos hacia disfrazar el oscurantismo mediante mantras como “gente”, “participación”, “democracia”. Palabras que ya no significan nada. La “gente” ya participó para que ustedes estuvieran en el Gobierno. Pues gobiernen, coño.

En realidad, ya dijo Pablo Iglesias lo que Podemos pretendía al llegar a las instituciones en la rueda de prensa que dio el 5 de junio de 2014, minuto 46:40 (transcrito literalmente del vídeo, la negrita es mía, y pido perdón por su inglés):

“We are not a noisy minority, because we are not an organization with the will of be the solution of the problem. We just want to be a space of participation for the people, and we will like to be a part, to be an element to the creation of a new political majority in our country. We are not the solution, we are just a tool in order to create this new situation”.

Es decir, nosotros no estamos aquí para solucionar los problemas, sino para que la gente participe. Está todo dicho.

PEDRO, LA TÁCTICA DEL SALAMI Y EL CULTIVO DEL ODIO

2 noviembre, 2016 1 comentario

Está todo en la Historia y en los libros. O casi. La demonización que estamos viendo estos días contra los diputados del PSOE y la propia gestora por abstenerse para permitir la formación de un Gobierno después de prácticamente un año me ha recordado los sucesos en la Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial. Y más concretamente la táctica del salchichón.

En Hungría el secretario general del Partido Comunista húngaro, Mátyás Rákosi (hijo de carnicero), acuñó la expresión “táctica del salchichón”: cualquier pieza de salchichón, por grande que sea, si se va cortando rodaja a rodaja se acaba con ella. Lo mismo hizo él con el resto de partidos políticos, tal y como cuenta Alicia Delibes en este artículo. En noviembre de 1945, en las primeras elecciones libres, el partido comunista sólo obtuvo el 17% de los votos. Mediante cazas de brujas, acusaciones de fascistas, purgas y persecuciones, obligaron al resto de partidos a desaparecer. En 1949 ya sólo había un partido, que ganó las elecciones de la ya entonces “República Popular”.

Podemos ha ido aplicando esta táctica primero en IU, cortando las rodajas de Llamazares, Cayo Lara, Luis García Montero; o expulsando a 5.000 afiliados de la Comunidad de Madrid. El resultado lo tenemos a la vista: Alberto Garzón en el número 6 de la lista por Madrid y con pocas palancas de poder dentro de Podemos. El siguiente paso es el PSOE: con Pedro Sánchez como cuchillo cortador ya han comenzado el corte del salchichón socialista. Mafia, IBEX 35, golpe de Estado, fascistas, burgueses, neoliberales, traidores, son algunas etiquetas aplicadas. Sobre el tema de las etiquetas, cito literalmente de la tesis doctoral de Íñigo Errejón:

“El proceso de construcción de hegemonía se revela así como una dinámica de permanente negociación, hibridación y pugna por la institución del sentido y por la fabricación y apropiación de los significantes reconocidos como valiosos por la comunidad política – “patria”, “justicia”, “cambio”- así como por la atribución al adversario de los significantes denostados, que aíslan y estigmatizan: “élites tradicionales”, “corruptos”, “neoliberales”, vendepatrias”. No se trata de un juego de suma cero, de una confrontación “plana” y absoluta, sino de innovación y construcción. Es una “guerra de posiciones” en el sentido más literal del término gramsciano: una lucha por realinear las posiciones, ordenar el campo político de tal forma que genere consenso para el actor hegemónico y la obligación para los adversarios integrarse como subordinados o permanecer en los márgenes del consenso social. “ [ps.580-581 de su tesis doctoral sobre «La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo».]

Y Pedro Sánchez hará como Alberto Garzón o Tania Sánchez, y tratará de entregar el PSOE a Podemos presentándose de nuevo a secretario general. Pero creo que el PSOE va a ser un salchichón más duro de cortar que IU. El por qué en las negociaciones anteriores con el PSOE para formar Gobierno Podemos quería el ministerio del Interior es por lo mismo que el partido comunista checo tras la Segunda Guerra Mundial quería controlar la policía, el ejército y la administración pública.

Por cierto, que el salchichón se puede cortar hacia dentro también. Así que Errejón que se vaya tentando la ropa, por si acaso.

Por otra parte, la Coordinadora 25S montada contra la investidura de Rajoy no es más que un movimiento golpista que trata de presionar para imponer la voluntad de unos pocos sobre los votos de todos los españoles. Nos guste o no, la decisión del PSOE no la han tomado siniestros personajes en oscuros despachos, sino representantes del PSOE legítima y democráticamente elegidos por los afiliados, y en su elección se han cumplido escrupulosamente sus estatutos. Qué pereza tener que volver a explicar que abstenerse para que pueda haber un Gobierno después de un año, y no tener que ir a las urnas de nuevo, no es apoyar a la derecha, y que el PSOE estaba en una situación muy buena para poder influir en la política de ese Gobierno. Ya lo expliqué con detalles aquí. Y a mí me fastidia mucho que el PP sea el partido más votado, pero si jugamos según las reglas hay que respetarlas. Tsevan Rabtan, en un post sensacional (léanlo despacio, merece mucho la pena) rebate los argumentos del manifiesto uno por uno. Entresaco este párrafo:

La posibilidad de un Gobierno alternativo al actual del Partido Popular ha provocado los movimientos de la oligarquía [la oligarquía son los señores diputados escogidos por los españoles en elecciones libres y secretas. En dos. En las segundas hay más diputados del PP que en las primeras] que han actuado en Ferraz primero [los que han actuado en Ferraz son representantes de los afiliados de un partido político, elegidos en un congreso de ese partido] y en el propio Congreso de los Diputados después [los que actuarán en el Congreso son diputados elegidos por los españoles hace apenas tres meses con todos esos datos —esa mafias en las que tanto se hace hincapié— conocidos por los ciudadanos: pueden votar lo que les dé la gana. Son completamente libres. Como lo son los diputados de Podemos e IU —los que no han obtenido mayoría para gobernar— también elegidos por los ciudadanos libremente]. El objetivo es el mismo que cuando el PSOE se alió con el PP para la reforma del artículo 135 de la Constitución: una gran alianza para blindar el Régimen del 78 ahora que se tambalea [se tambalea porque la gente se resiste a votar a los que se lo quieren cargar, naturalmente; de haber obtenido Unidos Podemos mayoría absoluta con este régimen eso demostraría que la democracia funciona y ese Gobierno con Pablo Iglesias de Presidente sería perfectamente legítimo] .

Y el señalamiento en las redes sociales ha comenzado. Este es el tweet que le han dedicado a Jaime Berenguer:

democraciavsmafia

Y si alguien tiene dudas, la prueba del algodón: los aplausos de sus líderes tanto a Rufián como al representante de Bildu (justificando los asesinatos de ETA). Lo de Rufián merece capítulo aparte. Un discurso para simples mentales, lleno de faltas de ortografía, que un buen samaritano tuvo la cortesía de corregir y devolver, a ver si aprendía algo el muchacho. Un relato en el que mezcla churras con merinas, al más puro gusto de la demogogia populista. Por ejemplo, cuando se puso a recitar supuestos mensajes de “militantes socialistas”: “cobro 884 € por 168 horas al mes. Vivan con esto una temporada y se les pasarán las ganas de apretar ese botón”. A ver. Tendremos que saber qué hace este señor, qué estudios y qué experiencia tiene, y qué pasos ha dado por mejorar su situación laboral. Pero aparte es como si fuera el PP el que le paga. Si gana ERC Rufián (que gana algo más de 884 € al mes) seguro que le complementa el sueldo a este señor. O si Cataluña es independiente se lo suben a 2.000 al día siguiente. O si hay un Gobierno Frankenstein. O si mañana se proclama la República. Y que haya gente que se trague estas patrañas…

Pérez Reverte lo clavó cuando escribió lo siguiente:

Y no sólo eso. Porque en el caso Rufián, y de tantos como él, se da otra circunstancia aún peor: el abandono de la gente, de los ciudadanos decentes, en manos de la gentuza política local. A cambio de gobernar de cuatro en cuatro años, los sucesivos gobiernos de la democracia han ido dando vitaminas a los canallas y dejando indefensos a los ciudadanos. Y ese desamparo, ese incumplimiento de las leyes, esa cobardía del Estado ante la ambición, primero, y la chulería, después, de los oportunistas periféricos, dejó al ciudadano atado de pies y manos, acosado por el entorno radical, imposibilitado de defenderse, pues ni siquiera las sentencias judiciales sirven para una puñetera mierda. Así que la reacción natural es lógica: mimetizarse con el paisaje, evitar que a sus hijos los señalen con el dedo. Tú más catalán, más vasco, más gallego, más valenciano, más andaluz que nadie, hijo mío. No te compliques la vida y hazte de ellos. Así, gracias al pasteleo de Aznar, la estupidez de Zapatero, la arrogancia de Rajoy, generaciones de Rufiancitos han ido creciendo, primero en el miedo al entorno y luego como parte de él. Y van a más, acicateados por la injusticia, la corrupción y la infamia que ven alrededor.

Y todo esto construyendo un discurso del odio, sacando a pasear a Franco otra vez, tratando de ganar la Guerra Civil con casi 80 años de retraso. Sin aportar soluciones a los problemas de los españoles y creando otros donde no los había. Lo de Ada Colau y la estatua de Franco sin cabeza es de película de Berlanga. Qué ganas de poder hablar de cómo reducir el desempleo, cómo acabar con las muertes por violencia de género, de qué forma conseguir que no haya personas en riesgo de exclusión social, o de qué manera podemos conseguir que el empleo deje de ser precario.

Pero es más fácil dejarse llevar por el odio, crear muñecos de pim-pam-pum a los que aporrear convenientemente, repetir eslóganes como loros; y “cabalgar contradicciones”, como estar a favor de las renovables y al mismo tiempo de las subvenciones al carbón (responsable del 70% de las emisiones de CO2); estar en contra de la inversión-pelotazo y especular con la venta de una vivienda protegida, pagada seguramente por su padre procesado por las tarjetas black (Ramón Espinar); odiar a los mercados y amar la emisión de deuda pública (afirmando acto seguido que la que se considere “odiosa” no se va a pagar); acceder al Parlamento Europeo con un programa electoral proponiendo la salida de la UE, la desobediencia a Bruselas, y luego afirmar que son profundamente europeístas, y lamentar el Brexit.

Y en el fondo la culpa de todo la tienen el PP y el PSOE. Tolerando y amparando su corrupción, y permitiendo la de CiU en Cataluña, muchas personas de buena fe han caído en estas maniobras. Pero el pueblo es soberano. Aún así, el 70% del Congreso es PP-PSOE- C’s (muy tocado al “régimen” no lo veo).

Y para finalizar, decir que me encanta el tweet que ha fijado en su perfil mi amigo Jaime Berenguer: en España sí hubo un partido político decente. No solamente no robó sino que además persiguió la corrupción. Sólo tiene 47 retweets y 41 me gusta. El pueblo, nuevamente, ha hablado.

decente

DOCE DE OCTUBRE: ¿NADA QUE CELEBRAR?

13 octubre, 2016 1 comentario

No me he podido resistir a escribir brevemente unas palabras acerca de las reacciones a la celebración de la fiesta nacional el 12 de octubre. En primer lugar, decir que en mi opinión la fiesta nacional, en consonancia con otros países de nuestro entorno como Francia o EEUU, debería situarse en una fecha significativa para el país, como el 6 de diciembre o el 2 de mayo, mejor que el 12 de octubre, declarada como tal por el régimen franquista en 1958.

Dicho esto, recojo las razones por las cuales la extrema izquierda y los nacionalistas repudian la celebración del 12 de octubre: es una fiesta instituida por Franco; que celebra un estado monárquico; festeja el genocidio de los pueblos indígenas de América y la explotación colonial. Pablo Iglesias dijo que su lugar está “con la gente”, trabajando “en la defensa de los derechos y la justicia social en este país”, y no en celebraciones “comiendo canapés” mientras la ciudadanía sufre. [Pues le recuerdo al señor Pablo Iglesias fue con esmoquin a comer canapés…a la gala de los premios Goya. Debe ser que los canapés de los Goya no hacen sufrir a la gente. Por cierto, ya he descubierto de qué gente habla este señor, y es de la gente que le vota a él.]

De los nacionalistas ni hablo: su objetivo es destruir España, cualquier excusa les sirve, y en ello están mientras se les permita, infringiendo la ley a voluntad, como ha ocurrido hoy en el Ayuntamiento de Badalona. Mientras sean las leyes vigentes las que se infringen, tiene que haber consecuencias, y espero que las haya. Lo más triste es la izquierda que les jalea y les ríe las gracias, no vaya a ser que me llamen facha…Y así nos va.

Sobre el tema de la fiesta instituida por Franco ya he manifestado mi opinión: debería ser otra fecha, pero cambiarla exige consensuarlo entre todos los partidos políticos. Sin embargo, ya que en la actualidad es el 12 de octubre, sí creo que es algo a celebrar el hecho de compartir una misma lengua y cultura 560 millones de hispanohablantes.

El tema del descubrimiento de América es otra cosa. Es de una ignorancia supina propagar estos argumentos.

En primer lugar, la Historia ha progresado mediante la guerra y la conquista. Avergonzarse del descubrimiento de América sería como si los griegos se avergonzaran de las guerras del Peloponeso o los romanos de la guerra de las Galias, o de las guerras púnicas. Los dos grandes imperios a la llegada de los españoles, aztecas e incas, no se caracterizaban por una civilización exquisita: entre los aztecas el canibalismo era parte de la religión oficial y algo institucionalizado; la esclavitud era algo habitual, así como las torturas, los sacrificios humanos y las violaciones.

En segundo lugar, comparativamente, España fue el país colonial que más y mejor se preocupó de los indígenas y de las personas que vivieron allí: España creó 23 universidades (por ninguna Portugal e Inglaterra), leyes protectoras de los indígenas (las Leyes Nuevas en 1542 prohibieron la esclavitud de los indios: en 1547 Carlos I, tras 50 años de existencia de la encomienda, considera que los indios han adquirido el suficiente desarrollo social como para que todos deban ser considerados súbditos de la Corona como el resto de españoles), y varias ciudades (México, Lima, Santa Fe de Bogotá) que podía rivalizar con las más importantes del mundo. El 95% de la población indígena pereció por las enfermedades que llevaron allí los españoles y para los que no tenían defensas. Todas las comparaciones son odiosas, pero los EEUU tienen bastante más de qué avergonzarse en la forma en que colonizaron y exterminaron a los indios norteamericanos: la matanza deliberada de 75 millones de bisontes que constituían su sustento; su exterminio y paulatino arrinconamiento en reservas; y las deplorables condiciones de vida en ellas. Nada que ver con el trato de los indígenas en los territorios españoles, donde eran súbditos de la Corona, que fueron eso sí obligados a asimilar la cultura española, pero donde el propio mestizaje es un síntoma de integración. De hecho, en las Cortes de Cádiz estaban representados lo que no eran colonias españolas, sino territorios de Ultramar. Esta es la lista de los 69 diputados de Ultramar de las Cortes de Cádiz, cada uno de ellos elegido por su provincia correspondiente. Además los indios tenían derecho a la propiedad de las tierras. Igual que al norte del Río Grande, vaya.

En tercer lugar, los que realmente explotaron y marginaron a los indígenas (y en fechas más recientes) fueron los criollos, ya siendo estos países independientes de España. De hecho desde su independencia, las nuevas repúblicas anularon estas leyes y quitaron a las comunidades indígenas las tierras que la Corona Española les había reconocido como propias desde que fueron conquistadas. Solamente un ejemplo, y hay muchos más: el pensamiento antiindio se hizo doctrina oficial en la Argentina del siglo XX, justificando el genocidio, el destierro y el saqueo. En un libro de geografía, aprobado como texto escolar por el Ministerio de Educación, y escrito en 1926 por el profesor Eduardo Acevedo Díaz, se podía leer (…) “La República Argentina no necesita de sus indios. Las razones sentimentales que aconsejan su protección son contrarias a las conveniencias nacionales”. El general De Rosas llevó a cabo un exterminio sistemático de los indígenas de la Patagonia en el siglo XIX. Más adelante, en 1878 el gobierno de Avellaneda, a través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina, impulsó una campaña para el aniquilamiento de las comunidades indígenas a través de una guerra ofensiva y sistemática.

En el fondo lo que subyace, aparte de los complejos y la obsesión de la izquierda con la dictadura y con Franco, como ya he comentado en otra ocasión, es el mantra de que Occidente tiene la culpa de todos los males del Tercer Mundo. Y eso perdone usted, pero con matices. Primero, no se puede asimilar el proceso colonizador de los siglos XIX y XX al descubrimiento de América, porque no tiene nada que ver; segundo, hay que analizar la responsabilidad de cada país una vez alcanzada la independencia: en Sudamérica hay Chiles y hay Venezuelas. Y tercero, no se puede hacer un totum revolutum abarcando continentes distintos y épocas separadas por cientos de años, y mucho menos aplicar el sofisma de analizar civilizaciones con siglos de diferencia a los ojos de hoy. Platón, desde ese punto de vista, nos va a parecer en La República que hace apología del nazismo. Y no es eso. No es eso.

LA OPORTUNIDAD PERDIDA (DEL PSOE)

5 octubre, 2016 2 comentarios

Si mi abuelo, fundador de la UGT en Albacete y militante (besterista) del PSOE levantara la cabeza, la volvería a esconder a toda leche.

El PSOE y por extensión Pedro Sánchez han desperdiciado una gran oportunidad de haber cambiado el signo perdedor de las últimas citas electorales. En mi opinión, hubiera sido mucho más inteligente abstenerse en el último momento posible en la sesión de investidura, alegando sentido de Estado, para evitar que el país siga sin Gobierno, que nos caiga una multa de 6.000 millones de euros por no tener presupuestos, permitir que gobernara la lista más votada, y explicar que permitir ese Gobierno no es “apoyar”, “pactar” o “votar” a la derecha, tal y como ha indicado el presidente de Asturias y asimismo de la gestora. Luego las leyes hay que votarlas, y el PP no tiene mayoría, ni siquiera con Ciudadanos. Aunque tenga la mayoría en el Senado, la consecuencia es que sólo va a retrasar que las leyes se aprueben finalmente. Y sobre todo, que una vez comenzada la legislatura, tendría la bota de sus 85 diputados en el cuello del PP para poder forzarle a votar leyes que permitan los consensos tan necesarios para España.

Pero eso ocurriría en un país normal, no en el nuestro.

Tenemos un electorado que funciona por impulsos y emociones, no por razonamientos más o menos elaborados. Y tal y como magistralmente ha descrito mi amigo Antonio Cervero en su serie titulada “Manipulación psicológica y partidos políticos”, el PSOE ha utilizado dos tácticas: lo que Antonio denomina “discurso bastante idiotizante e infantil (el discurso infantil es una estrategia de manipulación ampliamente estudiada que limita el pensamiento) fundamentado en el estereotipo de erigirse como el partido prototipo de izquierda defensor de los trabajadores”; y por otro, “haber configurado una red clientelar de la que depende el sustento de muchas familias. Esto lo podemos ver en Andalucía”. La pérdida paulatina de poder, asociada a los nefastos resultados electorales, y la comida de tostada por parte de Podemos (la gente ha sustituido al pueblo o a los trabajadores) ha generado la debacle en la que están sumidos. Junto con otro elemento no desdeñable: sus franquicias en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares. País Vasco y Galicia compiten por ser más nacionalistas que los propios nacionalistas. Y eso en Castilla-La Mancha o Aragón, por ejemplo, no ayuda mucho. Por ejemplo, las multas que el Gobierno de Baleares va a imponer a aquellos que no rotulen en catalán, o las empresas que no contraten empleados que hablen catalán. En esto Ciudadanos está siendo un alumno aventajado, diciendo que hay que pasar página en el País Vasco o que en Cataluña “urge una solución política, que para C’s pasa por una reforma de España en la que Catalunya juegue un papel “protagonista” y no de “mero espectador”. Al respecto decir que, según fuentes del PSOE, Pedro Sánchez tenía fijado un acuerdo con Podemos que conllevaba 2 referéndum: secesión de Cataluña y Monarquía.

Acierta el presidente de la gestora Javier Fernández cuando dice que Pedro Sánchez ha podemizado el PSOE. Le falta decir que Zapatero fue el germen del surgimiento de Podemos, y que Nicolás Redondo Terreros ya dijo eso de que si jugamos a ser Podemos, ganará Podemos. En un artículo excelente razona por qué ha sido todo un tremendo error: “A la vez, la abstención condicionada, que no tiene nada que ver con los gobiernos de coalición, habría permitido al PSOE ser el dueño de las llaves de la legislatura, pudiendo acometer las reformas imprescindibles para apuntalar el sistema”.

Se les olvidan varias cosas a los podemitas que llamaron “golpe de Estado antidemocrático” a la dimisión de varios miembros del Comité Federal para provocar la caída de Sánchez: que la democracia tiene sus normas, que los Estatutos son las leyes de los partidos aprobadas por sus afiliados, y como tal deben ser cumplidos; y que los órganos de representación son elegidos por éstos, y deben cumplir con sus competencias estatutariamente reconocidas. Vamos, cosas de primero de democracia.

Carlos Martínez Gorriarán afirma que lo que ha descolocado a la socialdemocracia actual es lo siguiente: “El nuevo bipartidismo o bipolarización política no va a ser entre izquierda y derecha, sino entre “partidos de orden” y “partidos gamberros” (generalmente populistas). Los “partidos de orden” no necesitan tener una ideología clara, ni ser atractivos para sus votantes: su programa es hacer que las cosas importantes funcionen más o menos. Es decir, que los hospitales funcionen, las escuelas abran, el transporte público circule, las pensiones se paguen regularmente, los funcionarios cobren, las empresas puedan trabajar, internet siga creciendo y los cajeros automáticos te den tu dinero (…) Esta polarización ha descolocado a la socialdemocracia en muchos países, y amenaza acabar con el Psoe, que sigue aferrado al viejo paradigma agotado de la distinción izquierda-derecha. El Psoe no ha sabido optar a ser “partido de orden” y no tiene nada que hacer disputando el espacio de los “partidos gamberros” como Podemos, la CUP, ERC o Bildu”.

Discrepo parcialmente de este análisis, porque en la realidad la distinción izquierda-derecha sí que sigue vigente en la cabeza muchísimos votantes a la hora de votar. De hecho, el mantra del “NO” es contra las “políticas de la derecha y los recortes” del PP. Y si Podemos les ha comido la tostada ha sido no por aparecer como “más gamberros”, sino por aparentar ser más defensores de los trabajadores, más “de izquierdas”. Y por supuesto que el hecho de que el PSOE sea el partido más corrupto en cantidad y calidad (tanto por causas abiertas como por millones de euros defraudados) en el mapa de la corrupción en España ayuda y mucho. Pero sí que es cierto que el PSOE tenía dos formas de enfrentarse a eso y ha escogido la peor: intentar ser más podemitas que los podemitas, al igual que en las CCAA nacionalistas ha elegido ser más nacionalista que los propios nacionalistas, con idénticos y desastrosos resultados.

Yo diría que hay una distinción en mi modesta opinión más importante: partidos del sistema y de fuera del sistema. Es decir, los que (aunque alguno se disfrace de antisistema para cazar votos de incautos) son partidarios de mantener el statu quo, blindarlo y aprovecharse de sus prebendas; y aquellos que quieren reformar de raíz el sistema y hacerlo más democrático y limpio. UPyD lo intentó y fue echado por los electores, por los poderes fácticos y también por sus propios errores. Los partidos del sistema no están en contra del Cupo Vasco, ni de una financiación especial para Cataluña, ni de reformar la Justicia, ni de despolitizar el sistema (medios de comunicación públicos, consejos de administración, CGPJ, etc).

Está en la mano del PSOE revertir la situación actual, volviendo a ser un partido nacional, no podemizado como ahora lo está,  y no nacionalista, y limpiar la corrupción que le ahoga. Siempre es jugar un poco a política ficción, pero si Zapatero no hubiera sido secretario general del PSOE, creo que ni Ciudadanos ni UPyD hubieran existido. Porque no hubieran sido necesarios.