Archivo

Archive for 24 mayo 2012

Mi pequeña historia con el Athletic

24 mayo, 2012 5 comentarios

No soy un gran aficionado al fútbol, me gusta más el fútbol americano y el baloncesto. Vaya por delante que no soy un forofo, pero sí le tengo mucho cariño a mi equipo de fútbol, el Athletic de Bilbao. Y con motivo de la semifinal de la copa del Rey, y su pase a la final, he querido hacer un recopilatorio de anécdotas y de mis reflexiones varias. No pretendo escribir una pequeña historia, sino contar mi pequeña historia con el Athletic. Y hacer una reflexión personal en relación con los actos reivindicativos previstos para la final de la Copa del Rey.

Mi abuelo, del que ya he hablado anteriormente en mi blog por otras cosas, me transmitió su pasión por el Athletic. Como ya sabéis, no era vasco, sino de La Unión, Murcia. Pero es que entonces el Athletic era el equipo (y lo fue durante muchos años) que más peñas tenía fuera de su localidad de origen. Era una escuadra que caía simpática, hablo de los años de posguerra y posteriores. La familia de mi madre es de León, y toda ella era fan del Athletic. De niño tengo varios recuerdos muy bonitos: mi primer partido de fútbol en directo fue con cinco años, en el Vicente Calderón, un torneo Villa de Madrid que jugaron el Athletic, el Atlético de Madrid, el Palmeiras y el Cruzeiro. Fue la primera vez que entré en un campo de fútbol y que vi una bota de vino de 16 litros. Al año siguiente, el Athletic jugaba la final de la copa con el Betis, y mis padres nos llevaron al centro de Madrid a ver el ambiente. Yo iba vestido con mi traje del Athletic, y una persona del club le pidió a mi padre permiso para “llevarnos al niño para hacerse una foto con el equipo antes de la final, como si fuera la mascota, y luego te lo devolvemos”…mi padre dijo que ni de coña, que a saber el niño si lo íbamos luego a encontrar.  Lo que sí hice es hacerme una foto con Iríbar, que luego en la final fallaría el último penalti que le daría la copa al Betis.
En otra ocasión, estábamos en Bilbao de vacaciones, ya más mayor, y aparte de subirme a un petrolero, la otra experiencia diez fue que mi padre conocía a Iñaki Sáez, y estábamos en un bar tomando algo y nos dijo: “¿queréis ver San Mamés?”. Y fuimos con él y nos abrió el estadio para nosotros…y no os lo vais a creer, estaban regando el campo. Es la primera y la última vez que he estado en él.

En el colegio todo el mundo era del Madrid o del Atlético, yo era el bicho raro (para esto también), y me decían que lo natural era ser del equipo de fútbol de tu ciudad, que tenía que ser del Madrid, que era el mejor equipo… Cuando eres adolescente, llega la hora de ir matando al padre (en sentido figurado), pero yo en esto elegí seguir siendo del Athletic.

Ya de veinteañero, una anécdota buena fue cuando el Athletic quedó segundo de la Liga y jugó la “Champions Luis” con Luis Fernández como entrenador. Yo estaba en Benidorm cuando se jugó el partido decisivo que nos daba la segunda plaza. Justamente a la hora en que terminó el partido, estábamos dando un paseo por una calle donde hay varios restaurantes vascos. Y me acuerdo de la gente saliendo de los restaurantes alborozados, sentándose en el suelo y “haciendo la trainera”, o sea, sentados en el suelo como si estuvieran remando. Yo también me senté con ellos a “remar”.

Con el paso de los años he ido conociendo gente que para mi sorpresa es del Athletic, quizá porque tenemos el chip de que hay que ser vasco para ser de este club. Muchos con familia en el País Vasco, y otros muchos que no. Ahora desde que Bielsa es entrenador muchos argentinos se están haciendo un poco del Athletic…

En mi caso personal el motivo que me hizo seguir siendo de este club es su filosofía. He sido entrenador de base muchos años y es maravilloso un club en el que la gente que juega en la base sepa que, si lo hace muy bien, puede llegar a ser titular en su equipo; que las oportunidades son mucho mayores que en el resto. Es algo heroico que sólo con nacionales sea el único en la Historia con el Madrid y el Barca que nunca ha conocido la segunda división (lo podía también decir del Estudiantes en baloncesto hasta este año, que es mi equipo de basket).

Por eso me repugna todo el rollo nacionalista que se ha generado alrededor de la final de mañana. Aprovecharse así de un acontecimiento deportivo me parece rastrero e indigno, tanto los promotores de las selecciones nacionalistas como los comentarios de Esperanza Aguirre. Por supuesto que la gente tiene derecho a pitar a quien quiera, eso va en el cargo. Pero el deporte es el deporte y punto. Y para aquellos que tratan de aprovechar un espectáculo deportivo como plataforma de sus reivindicaciones y apropiarse de la Historia con mayúsculas de un club, decirles que nunca van a poder hacerlo. Nunca podrán borrar las numerosas peñas que hay repartidas por el resto de España (Dos Hermanas, Castellón, Úbeda, La Bañeza, Huete, Coslada, Lugo, Bronchales) y por el mundo (Italia, Suiza o Francia, por ejemplo). Mi abuelo era de La Unión (Murcia), socialista, de la UGT y amante del flamenco puro. Y quiso que le enterraran con la bandera del Athletic. Nadie va a poder borrar el gol de Zarra en Maracaná, uno de los goles más importantes de la historia de la selección española, ni su record de máximo goleador de la historia de la copa del Rey (81 goles en 74 partidos), ni ser el primer equipo en lograr el trofeo de Liga española en propiedad, ni una de las mejores delanteras de la selección española de todos los tiempos: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza. Por centrarnos en la copa del Rey, cuatro Copas de campeón en propiedad, jugador con más finales de Copa ganadas (Gainza, con siete); jugador con más finales de Copa disputadas (Gainza y Jose Mari Belauste con 9); récord de goleador de Copa en un partido (ocho goles de Gainza); jugador con más partidos de Copa disputados: Gainza 99. Como escribió Pérez Reverte en una carta a un joven lector vasco: “Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca –«La gente más antigua, noble y limpia de toda España», escribía en 1606 el malagueño Bernardo de Alderete– y la de la otra, la grande y vieja. La común. La tuya y la mía”.

Y sobre todo y por encima de las marcas estadísticas, mañana miles de corazones van a latir en rojiblanco, y mucha gente que no comulgamos con el nacionalismo vasco vamos a apoyar con tanta pasión y ardor como el que más a nuestro Athletic. Tanto unos nacionalistas como otros lo mejor que pueden hacer es callarse y dejar hablar al fútbol.

Y yo mañana me acordaré de mi abuelo Florencio, mi tío abuelo Modesto, mi padre, que ya no están con nosotros y que lo verán desde donde estén; y de todos aquellas personas que he ido conociendo, vascos y no vascos, de todos los colores políticos, ideológicos, regiones de España y hasta extranjeros y aficionados del Athletic: Manu, Txelu, Luis, Arantxa, Imanol, Rafa, Ianire, otro Luis…Y de esa vieja foto en sepia que mi abuelo me dejó cuando murió con una de las mejores (si no la mejor) delanteras de la Historia de la selección española, y donde dice por detrás “Atletico de Bilbao campeón de copa 1950”.

PEQUEÑAS ZAPATILLAS NARANJAS

Un día cualquiera aparecieron en mi casa unas pequeñas zapatillas naranjas. Eran muy graciosas, pequeñitas, a veces con la parte de atrás doblada y otras no. Estaban en la entrada de casa, al lado del zapatero. Otras veces dentro de él, otras, las menos, me las encontraba cerca de la cama, o en la habitación pequeña. A veces se escapaban y se iban corriendo cerca del sofá, escondidas casi debajo de la mesa del salón. Aunque tengo que limpiarlas de vez en cuando, me gusta su compañía y su tacto suave. Me gusta saber que están ahí. A veces las miro desde el sofá sólo para saber que están.

Antes, cuando no estaban, quizá las echaba de menos antes de conocerlas. Mis zapatillas azules se sentían un poco solas en casa, sin compañía.

Mi vida ha cambiado desde que están las pequeñas zapatillas por casa, ahora comparto mi vida en dos, vivo las cosas con alguien más, tengo otro yo femenino con la que reparto mis alegrías, mis penas, mis desilusiones, mis esperanzas, mis vicios, mis anhelos, mis cabreos, mis decepciones, mis deseos. Hay un amor muy grande que llena las estancias de la casa, y huele a cálido y a perfume. Suave.

Desde que hay unas zapatillas naranjas soy más feliz. Me gusta verlas ahí, en la entrada, pequeñas, con el talón doblado hacia dentro. Pequeñas.