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INDIVIDUALIDAD, MÚSICA Y LLEWIN DAVIS

31 diciembre, 2013 Deja un comentario

Definitivamente me estoy haciendo viejo. Me levanto esta mañana y mientras desayuno miro el twitter. Y me encuentro este artículo en el Confidencial. Ha sido leerlo y me ha recorrido un chorro de indignación por las venas a borbotones. Supongo que me estoy haciendo mayor, hace unos años lo hubiera leído y hubiera dicho: mira qué cantidad de tonterías dice este señor, y hubiera pasado a lo siguiente. Pero cada vez tengo menos paciencia con algunas cosas, sobre todo cuando usamos la ideología como cristal para explicar fenómenos como el deporte o la música, que no tienen nada que ver. Aparte de no contar nada sobre el origen de la palabra hipster, que es bastante más complicado que echarle la culpa al capitalismo…

Sostiene el autor lo siguiente: “el folk era una música horizontal, de todos y para todos, que igual se cantaba en familia que trabajando o en fiestas populares. También, de manera creciente, fue la banda sonora de manifestaciones sindicales o  de la lucha por los derechos civiles. El rock, en cambio, siempre fue  un género individualista, egocéntrico y mitómano, donde lo que prevalece es el aura divina del artista, considerado como un visionario con sensibilidad superior al resto de los mortales”.

En primer lugar, los músicos siempre han sido feroces individualistas, desde la Prehistoria de la música. Renacimiento, barroco, período clásico, romanticismo, música americana (jazz, blues, rock and roll, country, incluso folk), flamenco. Hay una tradición oral en gran parte de la música popular por la propia inercia de no saber leer música y por la transmisión de las tradiciones populares, pero de ahí a “inventarse” que por culpa del “capitalismo” se fomenta la competencia individual…por favor. El barroco por ejemplo es una música concebida para solistas, y el capitalismo no tiene nada que ver en eso. Por otro lado, en el siglo XX los movimientos vanguardistas en la música siempre los han iniciado niños bien de clase media-alta: la movida madrileña, por ejemplo, o el punk son creaciones de la juventud burguesa acomodada. Eso no tiene nada de nuevo. El autor demuestra que no ha entendido nada de la conversación entre Joel y Ethan que transcribe: simplemente no importa si es country o no, los Byrds son muy buenos músicos y ESO es lo que importa, no si mola o no. Y a los propios músicos, desde luego que sí, no les importa una mierda. Las etiquetas les importan a todos, menos a los músicos.

No existe “la lucha entre un enfoque comunitario de la música y una mirada basada en el genio individual”. Ha existido la lucha entre la música como algo accesible sólo a los músicos, entendidos como aquellas personas que estudian y practican duramente para alcanzar un nivel técnico y artístico, por un lado; y por otro, entre aquellos que veían la música como una forma de expresión que no requería de un esfuerzo especial para tocar y cantar. Ejemplo de esto último es el folk, pero también el grunge o el punk. No hace falta saber tocar “bien”, sino solamente expresarse de una forma auténtica. Cualquiera puede ser músico bajo su punto de vista. Sid Vicious no sabía tocar el bajo, de hecho en el primer disco de Sex Pistols no lo toca él. Las canciones pueden ser muy sencillas y tener sólo dos o tres acordes. Pero eso no tiene nada que ver con luchas entre enfoques comunitarios e individualismo.

A Dylan se le ha criticado, antes y después de su transición a la guitarra eléctrica, por ser un pésimo intérprete, en el sentido de tener una muy pobre técnica con la guitarra. Y sin embargo al mismo tiempo se le ha alabado por ser un excelente compositor de grandes canciones, pero curiosamente “mejor” interpretadas por otros músicos, que se hicieron famosos con sus canciones (Jimmy Hendrix con All along the watchover o los Rolling Stones con Like a rolling stone). Hay otros ejemplos, como Ornette Coleman, músico de jazz al que llegaron a pagar para que no tocara, y que sin embargo salió adelante económicamente vendiendo sus composiciones. Por otra parte, en la música del siglo XX siempre ha existido una lucha entre técnica y expresión. En el jazz de los años 30, había claramente dos estilos en el saxo tenor (el instrumento rey junto con la trompeta en esos días): estaba el estilo más técnico y potente de Coleman Hawkins, y el más expresionista y lírico de Lester Young. En los años 80, en el heavy metal existió el shred, estilo obsesionado por la técnica y con influencia clásica (Yngwie Malmsteen, Sebastian Bach, Vinnie Moore, Randy Rhoads), donde muchas veces el medio (la técnica) se convertía en un fin en sí mismo. Ese mismo fenómeno ocurrió en los años 40 con pianistas como Phineas Newborn en el ámbito del jazz. 

el saxofonista Lester Young

El saxofonista Lester Young

Esa pulsión sí que es algo real y no un presunto “giro al infierno” del folk como cultura igualitaria hacia el capitalismo despiadado, y un “clima cultural cada vez más escorado a la derecha”. El que Dylan utilizara la guitarra eléctrica no tenía nada que ver con un presunto giro al capitalismo. Como dijo Joachim Berendt: “Cuando Dylan se presentó por primera vez en el Festival de Newport con acompañamiento eléctricamente amplificado, hubo una tormenta de protestas entre sus seguidores. Pero tres años más tarde, en 1968, grabó su álbum “John Wesley Harding” con guitarra acústica y la armónica del folk blues, y manifestó así, en el aspecto programático, que en la conciencia de todos sus seguidores tenía que penetrar la idea de dónde reconocía él mismo su origen musical y espiritual. Esta idea efectivamente penetró en la conciencia general”. Se trata simplemente de evolución musical, algo no solamente legítimo, sino necesario. Las personas cambiamos, somos diferentes con el paso del tiempo y así la música, como expresión de nosotros mismos y de nuestra experiencia vital, debe evolucionar también. Cuando la música de Count Basie tuvo un éxito mundial por los años cincuenta, se le pidió a Lester Young —el solista más destacado de la vieja orquesta de Basie— tocar en un grupo de músicos que habían pertenecido a esta orquesta y reconstruir el estilo de los años treintas para un álbum de discos.”No puedo hacerlo —dijo Lester—. Yo ya no toco así. Toco de otra manera; vivo de otra manera. Ahora es más tarde; aquello era entonces. Nosotros cambiamos,nos movemos.”

RHCP

Existe también la lucha entre el artista en su torre de marfil y el que se guía por lo que le gusta al público, el que se considera la esencia del arte puro y quien gusta de ser admirado y llegar al máximo número de personas. Esa es otra tensión en la historia de la música de todos los tiempos, y común a otras formas de arte, como el teatro y el cine. Es un tema que merece por sí otro artículo. Solamente decir que a veces el elitista o vanguardista es cogido por el mainstream y pasa como a los Red Hot Chili Peppers, que en uno de sus primeros discos tenían una canción en la que suplican que les pongan en la MTV de rodillas, y prometen en la letra a David Letterman que se comportarán como perfectos caballeros. Hay que tener cuidado con los deseos, que al final se cumplen…

La música, con mayúsculas, como expresión artística, es un producto de personas individualistas, egocéntricas y mitómanas, tal y como define el autor al rock. Porque es el resultado de expresar experiencias personales y sentimientos. No existe la música “colectiva”. Existe la interpretación colectiva y la composición para grupos de música, o la creación del conjunto. Y la ideología no tiene nada que ver con esto.

Ah y feliz año nuevo!

LA PASIÓN DE ESCRIBIR

30 diciembre, 2013 Deja un comentario

Hoy estaba leyendo el libro que escribió el batería del grupo de rock Rush, Neil Peart, Ghost Rider, travels on the healing road, en el que cuenta su viaje en moto tras perder casi de una tacada a su mujer y a su hija. Explicaba cómo comenzó su interés por la escritura, y eso me hizo preguntarme cuando empezó el mío.

Lo cierto es que mi madre me enseñó a leer antes de ir al colegio, cosa que mucha gente criticará, pero puedo afirmar que en mi caso pienso que no ha sido algo perjudicial, sino todo lo contrario. En párvulos mi profesora me mandó otro libro, porque ya me había terminado el que toda la clase tenía. Comencé a leer los libros que mis padres usaron en el colegio cuando eran pequeños. Con siete años escribí mi primera historia, que todavía conservo: una historia de ciencia ficción, La guerra de los planetas unitarios, influida seguramente por la primera película que vi en la gran pantalla, La guerra de las galaxias. Luego siguieron otras historias cortas, que un día con catorce años tiré a la basura, porque me parecían muy malas. Al mismo tiempo que leía todo lo que caía en mis manos (Verne, Salgari, Cooper; clásicos, poesía, teatro, biografías), empecé a escribir poesía. Era un niño tranquilo, con pocos amigos, que leía y escribía para expresarse. De pequeño llegué a agobiarme, porque no podría vivir todo el tiempo necesario para poder leer todos los libros que desearía. Intenté hacer un cálculo y era imposible.

Dejé de escribir poesía con veinte años, sin más. Lo intenté con la narrativa, pero no se me daba bien (y sigue sin dárseme). Hasta que en la veintena me ofrecieron escribir un artículo sobre Billie Holliday para una revista de la universidad. Los elogios de gente conocida y desconocida me hicieron pensar que quizá se me daba bien. Junto con un hecho que hasta ahora me había pasado desapercibido: tenía la manía de escribir, más bien el impulso, después de algo importante que me había sucedido (mi primer partido como entrenador de baloncesto, mi primer viaje solo, mi primer viaje al escenario musical). En el ensayo había encontrado el calzado apropiado donde encajaba mi pie.

Internet fue como una explosión: crear mi blog, empezar a colaborar con otros, escribir sobre muchos temas distintos (política, música, deporte, historia). Y empezar a hacer letras para los grupos donde tocaba. Y seguir devorando libros.

Lo mejor de internet es la respuesta del lector casi instantánea. El feedback automático. La magia que se produce, más allá en sí de la escritura, con historias como la que me sucedió con Benjamín González.

La verdad es que no sé cómo lo haría si tuviera que escribir por encargo. El proceso es muy simple: sólo me siento y escribo cuando noto la necesidad. Es como tener sed, levantarte, coger agua en un vaso y beber. Supongo que encontraría una manera.

Hay dos formas de expresarme en las que me siento libre y sirven para curarme de mis heridas: una es la música y la otra es la escritura. Dejar fluir las palabras o los sonidos. Y escribo solamente para mí, no para los otros ni para intentar ser admirado o elogiado.

En ese sentido, me siento identificado con las primeras palabras de la novela Sinhué el egipcio: “Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros”.

CONOCE AL PRESO 466/64

12 diciembre, 2013 Deja un comentario

En estos días hemos estado escuchando, leyendo, viendo, múltiples homenajes a la figura de Nelson Mandela. Hasta un jugador de fútbol ha escrito en twitter: “Lamento la irreparable pérdida del luchador Nelson Mandela, sin lugar a dudas uno de los más grandes actores que ha dado Hollywood”. Y en mi opinión lo triste de todo esto es que poca gente ha aprovechado la ocasión de intentar profundizar de verdad en la vida y la obra de Mandela. En este clima que nos rodea de culto a la personalidad y loor al fallecido recientemente, asistimos a comparaciones penosas (como la del vocero de Sortu comparando a Otegui con Mandela, que Tonia Etxarri desmonta magníficamente en este artículo) cuando no a los típicos comentarios elogiosos vacíos.

Yo reconozco que tenía una visión del líder sudafricano un tanto difusa: sabía que había jugado un papel muy importante en la transición del régimen del Apartheid a la democracia; que había estado casi 30 años en la cárcel por luchar activamente contra ese régimen; que hasta Miles Davis le había dedicado el tema Full Nelson en 1986 (ya que en 1947 había compuesto otro tema llamado Half Nelson). En la película de Spike Lee sobre Malcolm X aparecía al final como si fuera un profesor dando clase a niños. Y siempre salía su nombre cuando se mencionaba a personas que habían luchado duro por los derechos humanos.

Estos días he aprovechado para intentar entender su vida y su trayectoria, y desmitificarle. Y por encima de todo, creo que es: primero, un hombre que intentó aprender de sus errores; y segundo, de una humildad y una sencillez muy destacable.

Siendo negro en una sociedad que practicaba la segregación racial, Mandela tuvo el mérito de no conformarse con su situación y luchar por cambiar esa realidad. Fundó el primer bufete de abogados dirigido por negros. Aspiró inicialmente a una democracia negra, y adoptó luego los planteamientos y las estrategias del comunismo. Inicialmente su lucha política es pacífica, pero a raíz de la masacre de Sharpeville sufrida por los activistas del PAC en 1960, pasa a liderar la lucha armada, a través del comando denominado la Lanza de la nación. Pasa a ser considerado un terrorista, tanto en Sudáfrica como por la ONU. Y él mismo se da cuenta que el Congreso Nacional Africano, y luego el Congreso Pan-Africano, es utilizado como un arma más de la Guerra Fría por EEUU y la URSS, dentro del contexto de la guerra en Namibia y Angola, la “guerra por poderes”, como la denominó el periódico The Times. Algunos pueden disfrazar el apoyo a Mandela de determinados países como Cuba de lucha contra el Apartheid, pero simplemente eran movimientos de algunas piezas más en el tablero de la Guerra Fría.

Es detenido en 1962 y estuvo 27 años en prisión, donde se convirtió en un símbolo vivo de la opresión del régimen del Apartheid. En este contexto, la CIA participa activamente en su detención; el servicio secreto británico desmonta una falsa operación de fuga para matarle en 1969; y varios factores, como el final de la guerra en Namibia, el derrame cerebral del presidente Botha y el final de la Guerra Fría, junto con la presión internacional, precipitaron la salida de Mandela de la cárcel. El periodista John Carlin recuerda que le preguntó cuál era la fórmula para iniciar el proceso de negociaciones para el fin del Apartheid: “Me dijo: ‘Reconciliar las aspiraciones de los negros con los temores de los blancos”.

Tras acceder a la presidencia, la creación de la Comisión para la verdad y la reconciliación fue polémica: sus detractores consideran que proporcionó impunidad a criminales confesos. Sus defensores argumentan que permitió el esclarecimiento de desapariciones y otros delitos que hubieran quedado en la oscuridad de otro modo, así como que facilitó que las víctimas recibieran indemnizaciones y reconocimiento por su sufrimiento. Él argumentó que su creación permitiría dejar de pensar en el pasado y preocuparse por el presente y el futuro.

El verdadero mérito de Mandela, en ese momento crucial, fue pensar en el bienestar de sus conciudadanos, de todos ellos: blancos y negros, afrikáners y comunistas, indios y musulmanes, cristianos y comunistas, conservadores y liberales.

El hecho de su larga estancia en prisión y el aprovechamiento espurio que algunos hicieron de su figura hizo que se convirtiera en un mito, un símbolo de la lucha contra el último estado cuya legalidad estaba construida sobre el racismo.  Esto, unido al culto a la personalidad característico de los seres humanos, y esa irresistible tendencia al elogio mortuorio, ha provocado que estos días todo el mundo se declare mandelista acérrimo.

Por mi parte diré que, tras estudiar sus hechos y su vida, puedo decir que la grandeza de Nelson Mandela estuvo en su capacidad de buscar lo mejor para su país, por encima de sus sentimientos personales. Fue un hombre humilde, sincero, honesto y luchador por sus ideas, con sus aciertos y sus errores, pero que siempre supo aprender de ellos. Ha sido muy triste ver cómo su funeral se ha convertido en un circo por los flirteos de Obama y el falso intérprete de lengua de signos, entre otras anécdotas. Yo os animo a profundizar en su vida y no quedaros en eso.

Quizá para hacerle justicia habría que intentar hacerle caso cuando dijo “No quiero ser presentado de forma que se omitan los puntos negros de mi vida”. Nelson Mandela era un hombre, un ser humano. Ni más ni menos.

Para finalizar, os dejo la letra de la canción Cult of personality, del grupo Living Colour, para reflexionar:

And during the few moments that we have left
We wanna talk right down to Earth in a language that everybody here can easily understand

Look in my eyes, what do you see?
The cult of personality
I know your anger, I know your dreams
I’ve been everything you want to be
I’m the cult of personality
Like Mussolini and Kennedy
I’m the cult of personality
The cult of personality
The cult of personality

Neon lights, a Nobel prize
Than the mirror speaks, the reflection lies
You won’t have to follow me
Only you can set me free

I sell the things you need to be
I’m the smiling face on your tv
I’m the cult of personality
I exploit you, still you love me
I tell you one and one makes three
I’m the cult of personality
Like Joseph Stalin and Gandhi
I’m the cult of personality
The cult of personality
The cult of personality

Neon lights, a Nobel prize
When a leader speaks, that leader dies
You won’t have to follow me
Only you can set you free

You gave me fortune
You gave me fame
You gave me power in your god’s name
I’m every person you need to be
I’m the cult of personality (I’m the cult of, I’m the cult of)
I’m the cult of, I’m the cult of, I’m the cult of, I’m the cult of (I’m the cult of)
I’m the cult of, I’m the cult of, I’m the cult of, I’m the cult of personality (I’m the cult of)
Ask not what your country can do for you

The only thing we have to fear is fear itself

[youtube:http://www.youtube.com/watch?v=7xxgRUyzgs0%5D