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ERRI DE LUCA: HONESTIDAD INTELECTUAL

27 enero, 2010 Deja un comentario

El día 13 estuve en una charla del escritor italiano Erri de Luca, todo un personaje. Participó en el grupo Lotta continua en los años 70, ha sido albañil, camionero, mozo de almacén, operario cualificado. Hasta casi los 40 años no publicó su primera obra, casi fue descubierto por casualidad como escritor, gracias a una amiga que trabajaba como secretaria en una editorial. Es articulista de diversos periódicos, escritor, alpinista, y durante la guerra de los Balcanes fue chofer de convoy humanitario. Ha estudiado de forma autodidacta varias lenguas, siendo un experto en hebreo antiguo, y ha traducido algunos textos de la Biblia. Como escritor, su prosa es casi poesía, lo encuentro muy seductor por su forma de contar las cosas y pararse en los detalles, pero al mismo tiempo es sobrio, muy poco recargado.

Su charla, junto con el traductor de sus obras al castellano, fue realmente deliciosa. Extraigo algunas perlas de ella, y otras cosas que he podido encontrar en entrevistas varias.

– El traductor es como esas personas que llevan agua sosteniendo el envase con la cabeza, en aquellos países donde todavía se va a pie; lo traducido es el agua, y es necesario llevarlo con una elegancia no forzada, tal y como se lleva en esos países, para que no se pierda nada por el camino, y poder soportar el peso con la columna vertebral y no con la cabeza, y así no hacernos daño. Es una labor muy delicada, y al final, cuando llegamos a nuestro destino, el agua se ha “traducido” en vino, por ejemplo.

– La traducción necesita conocer el contexto del autor y la época, cada palabra tiene un significado especial. Por ejemplo, para traducir a David en la biblia es necesario saber que la palabra aire tiene un significado diferente del usual. Por ejemplo, él habla de que morir es devolver algo prestado, en el sentido de que todo lo que tenemos en este mundo es ajeno, es un don. Hasta el aire que respiramos al nacer se devuelve al morir, con la última expiración lo que hacemos es devolver esa primera bocanada de aire que nos han prestado para respirar.

– La nuestra es la sociedad del puercoespín. Es un animal que no le dice a sus crías qué deben comer, y les da a comer cualquier cosa, incluidas porquerías y basuras. Eso les hace muy resistentes a los venenos, pero son incapaces de distinguir sus propios valores: todos le parecen buenos, todos aceptables. Nos falta la capacidad de distinguir, de decidir, de introducir diferencias. Lo llaman indiferencia. Más bien es que la publicidad hoy en día es el centro de producción de valores: el éxito en el amor, en el trabajo, en el deporte. Hemos adoptado conscientemente la posición de meros espectadores, incapaces de distinguir entre realidad y ficción. Por supuesto que hay una minoría que trata de evitar esa posición.

– Antes de que Jesús dijera ama a tu prójimo como a ti mismo, en el Antiguo Testamento se dice ama a tu vecino como a ti mismo. En realidad, el prójimo, según su raíz latina, es el más cercano. Y entonces no se ordena amar a todo el mundo, todos los que están lejos de ti, millones y millones. Se te impone amar al que está a tu lado, a un metro de ti. Si no somos capaces de eso, es muy difícil resolver el problema de la solidaridad mundial, civil.

– Según la mayoría de las traducciones, la divinidad le habría dicho a Eva que ‘pariría con dolor’. Pues bien, el término usado en la Biblia no es ‘dolor’; la prueba es que en los otros cinco extractos en los que aparece el término en hebreo las traducciones oficiales eligen otro vocablo, trabajo, esfuerzo. Es sólo en ese pasaje de la Biblia en el que se pretende subrayar la intención por parte de la divinidad de castigar a la mujer.

– Lo mismo pasa con la Torre de Babel: Lo que arroja la divinidad es un don, no un castigo, pues con la diversidad lingüística, los hombres, concentrados entonces en un solo punto –y por lo tanto muy vulnerables , terminaron por esparcirse sobre toda la superficie de la Tierra. Es lo que ha salvado a la Humanidad de su extinción; por lo general, los idiomas sirven para explicarse, para comunicar…, sin embargo, el napolitano se usa para cantar, litigar o ir con prisas. Cuando piensa que le han traducido al francés, al inglés, al español…se da cuenta de que, al ser lenguas con muchos más hablantes, es como si engrandecieran sus escritos, al poder llegar a mucha más gente.

– Al inicio de la Biblia, Dios dice hágase la luz, y la luz se hace. ¿Pero a quién se lo dice? No hay nadie. ¿Necesita decirlo? No. ¿No bastaría con su sola voluntad para crear la luz? La respuesta evidentemente es no. Se necesita la palabra para que surja la luz. La Biblia es un libro en el que la palabra crea las cosas, crea el mundo. Esta es una buenísima noticia hoy día, en que las palabras se menosprecian, se tiran. Nuestra época es una época charlatana, llena de publicidad. La publicidad tiene necesidad de la exageración, continuamente exageramos nuestros argumentos, los magnificamos. Frente a esto, tenemos un libro en el que las palabras se encuentran medidas, contadas, pesadas.