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YO SÍ QUE TENGO MIEDO

26 agosto, 2017 2 comentarios

Hoy en Barcelona hay convocada una manifestación contra el terrorismo bajo el lema ‘No tinc por‘ (No tengo miedo). Pues yo quiero decir que sí que lo tengo, y voy a explicarme.

Tengo miedo porque los terroristas vivieron como okupas en una casa con 120 bombonas de butano y otros productos para fabricar explosivos, sin que nadie se diera cuenta. Cuando la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Amposta apuntó en la inspección ocular tras la explosión en la casa «okupada» que las bombonas “podían estar preparadas para un atentado”, los responsables de la policía autonómica le contestaron: “no exagere, señoría”.

Tengo miedo porque el imán, autor intelectual de los atentados (discípulo de uno de los principales detenidos en la operación de la Policía Nacional contra el terrorismo yihadista Chacal I), tenía una orden de expulsión que no llegó a ejecutarse, ya que un juez estimó que “no había peligrosidad”. Porque la alcaldesa de la ciudad se negó a poner bolardos en Las Ramblas que hubieran impedido o dificultado el atentado. Es más, se han jactado públicamente de no hacer caso de las recomendaciones del Ministerio del Interior.

Porque los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que deberían protegernos, se encuentran descoordinados, politizados y manipulados. Porque la policía belga solicitó información a la policía autonómica catalana sobre el imán Abdelbaki Es Satty, el número dos del servicio de información de los Mossos; Daniel Canals, contestó que “no era conocido”.

Cuando la Generalitat cesa al jefe de los Mossos porque se ha negado a colaborar con el referéndum ilegal, y su sucesor junto con el responsable de Interior distingue entre víctimas catalanas y españolas; cuando el Parlamento catalán condecora a los Mossos y se olvida de la Policía nacional y la Guardia Civil; cuando la CUP, que sostiene al Gobierno catalán, pide que se derogue el protocolo antiyihadista en las escuelas catalanas; cuando tras la explosión de la casa de los terroristas el Gobierno autonómico catalán no permite entrar a la Guardia Civil y hacer su trabajo (imaginen en EEUU que tras el atentado de Boston no dejaran pasar al FBI a la escena del crimen), pese a que la competencia en lucha antiterrorista es del Estado central, hay que dar la razón a Carod-Rovira y decir que la presencia del Estado en Cataluña ha sido inexistente. Y que los independentistas, con muy pocos escrúpulos, han seguido haciendo proselitismo independentista sobre los cadáveres de las víctimas. Hoy veremos esteladas en la manifestación, sin duda.

Tenemos uno de los cuerpos de seguridad con mayor experiencia en la lucha contra el terrorismo (Policía nacional y Guardia Civil), y el Gobierno catalán ha prescindido de ellos, con el resultado que cabía esperar.

Ha tenido que venir un periodista holandés, Marcel Haenen, que habla seis idiomas, para denunciar la estupidez independentista en una rueda de prensa del responsable de los Mossos. “Nadie entendió lo que hice”, asegura Haenen en una conversación con EL ESPAÑOL. “[Las autoridades] comenzaron a contar uno por uno la historia en catalán, abrieron el turno de preguntas e invitaron a los periodistas catalanes a preguntar primero. Entonces me levanté, porque era muy fastidioso, y pregunté muy educadamente -o al menos, así lo intenté- si no era más práctico, más conveniente y lógico hacer la rueda de prensa en español para que todo el mundo la entendiera. Estábamos 200 o 300 periodistas de todo el mundo en la sala”.

Marcel Haenen se fue. “No tenía sentido quedarme si no entendía lo que decían. Estábamos todos los periodistas extranjeros allí, agobiados y ocupados. Estar sentados durante una hora escuchando un idioma que no comprendemos no tenía ningún sentido”.

Tengo miedo porque hay un sector de la izquierda que sigue justificando los atentados, poniendo el foco en Occidente: por ejemplo, la CUP afirma que la culpa no es de los terroristas islamistas, sino del “terrorismo fascista fruto del capitalismo”; y Podemos utiliza como excusa para no sumarse al pacto antiterrorista que las armas que vende España a Arabia Saudí acaban en manos de ISIS. Esto último no se sostiene: el material vendido a Arabia Saudí apenas sumó 100 millones (sobre 4.000 millones de euros totales en 2016), pero lo importante es que consistió sólo en repuestos para aviones de transporte, proyectiles y granadas, cuyo uso poco o nada tiene que ver con el ISIS. En 2015 fueron tres aviones de transporte y repostaje más repuestos. Los medios que usan los terroristas en sus ataques no tienen relación ninguna con Arabia Saudí, tal y como explica Manuel Llamas en este artículo. Lo que es de traca es que lo afirmen quienes han sido y siguen siendo financiados por Irán, que apoyan a grupos terroristas como Hezbollah, Hamas y otros grupos radicales en Irak, Siria y Yemen. Más bien critican a Arabia Saudí porque es enemigo de quien les paga y les financia. Y porque en el fondo están de acuerdo con lo que dice la CUP. Ese complejo de culpa occidental lo analiza muy bien Andrew Anthony en su muy recomendable libro El Desencanto.

Tengo miedo porque creo que este tipo de atentados y la radicalización de los jóvenes europeos es muy difícil de combatir. La carta de la educadora de Ripoll revela el fracaso de la educación que han recibido esos chicos, y el posible control del entorno social sobre ellos (ni los trabajadores sociales, ni sus vecinos…¿de verdad nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando?). Sigo pensando que la comunidad musulmana no se implica lo suficiente en este terreno: en la manifestación que convocaron había 100 personas y en Cataluña hay 500.000 musulmanes. Al igual que ocurrió en el País Vasco con ETA, la legitimación social (o simplemente el mirar para otro lado) permite que el terrorismo florezca y se desarrolle.

Hace casi dos años en otro post de mi blog me hacía cuatro preguntas en relación con los terroristas islamistas. Tras los atentados de Cataluña, hay una de esas preguntas que me sigue bullendo por la cabeza: los motivos que llevan a las personas a convertirse en terroristas suicidas. Si la causa es la pobreza o la política exterior de Occidente, que me expliquen qué puede atraer a un joven nacido y criado aquí a convertirse en uno de ellos.

En el fondo son las mismas razones que hacen que un joven o un adolescente se una a una banda del tipo que queramos (banda criminal, grupo fascista o de izquierda radical, banda motera, las maras, etc). Ofrecen un relato simple de la realidad, donde siempre hay un culpable o un beneficio inmediato (o ambos); para jóvenes desorientados, deprimidos, con baja autoestima o con problemas supone un incentivo, sentirse parte de algo más grande.

Mientras los gobiernos occidentales se limitan a realizar campañas genéricas sobre el Estado Islámico, a menudo centradas en un mensaje negativo (y por tanto menos poderoso y atractivo), ISIS hace lo contrario. Capta miembros de forma individual y cercana. a través de personas conocidas y quizá estimadas por los objetivos, que se dedican a buscar a miembros vulnerables en su entorno o a jóvenes que buscan aventuras, fama, gloria, quizá el protagonismo del que carecen sus grises existencias.

La periodista Anna Teixidor ha escrito un libro (Combatientes en el nombre de Allah) sobre jóvenes que se marcharon de Cataluña a Siria, resultado de las conversaciones diarias que mantuvo con yihadistas. El libro realmente es impresionante, es tremendo comprobar el lavado de cerebro sectario que han recibido jóvenes que en teoría están perfectamente integrados, incluso personas con buenos sueldos y con mujer e hijos.

Es muy complicado luchar contra el adoctrinamiento a través de las redes sociales, y una vez que los jóvenes se han radicalizado, de qué forma desactivar esa radicalización. Hasta ahora no conozco las respuestas a esas preguntas, ni he escuchado a nadie plantearlas. Sólo he visto ositos de peluche y flores.

Con este panorama y en la sociedad adolescente en que vivimos, ¿cómo no voy a tener miedo? Lo insensato sería no tenerlo. Pero me niego a que por miedo a estos criminales deje de hacer las cosas que hago habitualmente y dejar de disfrutar de la vida.

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