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Archive for 17 julio 2006

ME GUSTA DIBUJARTE

17 julio, 2006 Deja un comentario
Me gusta dibujarte, tranquilo, despacio, con mis dedos impacientes. Poco a poco, despacio, voy aprendiendo con mis manos a dibujar tu perfil, como una duna suave sobre el horizonte. Con mi dedo índice, apuntando a las estrellas. Me gusta recorrer tu silueta con mis manos, y dibujarte de naranja, de morado, de azul. De verde esperanza. De rojo pasión. Pintarte, como salida de la espuma de una ola, preciosa y suave. Sin prisa, con calma, con el temple que da el paso lento y seguro del tiempo. No tengo ganas de sentir velocidad, quiero disfrutar despacio, de crear y recorrer tu perfil y tu sombra. Tu contorno. Recorrer tu silueta con mis manos como un prado lleno de hierba fresca recién llovida, y sentir el tacto de tu sensación. Cierro los ojos y creo que estoy en una montaña preñada de verde; ahora es una duna tostada de piel morena, cambiante, que se mueve hacia el sol, que yo dibujo con mis dedos cuidadosos. Arena entre mis dedos, arena que marca el tiempo que pasa, despacio, junto a los dos. No quiero terminar nunca de dibujarte…nunca. 

ESPERA

5 julio, 2006 1 comentario

Espera. Tic tac tic tac. Tu corazón bombea adrenalina por tus venas arriba y abajo, como litros de alcohol navegando por enormes cañerías dentro de ti. Bum, bum, bum. En una ardiente oscuridad te rodea la gente, una muchedumbre mucho mayor de lo que parece cuando te fijas en ella de cerca… Coño, los tienes alrededor pero no te das cuenta porque tu cabeza está en otra cosa. La vida te ha acostumbrado a esperar. Y esperas. Como en una enorme fotografía en gris y blanco, rodeado de figuras y pasan y van, otras se quedan, inmóviles, te miran, no te miran, tú miras también. Sabes y no sabes, porque puede ser y puede no ser. Tantas veces en esa misma esquina, representando un papel en tu película, con calor y con frío, con lluvia… Y a tu alrededor la danza humana tiene lugar, como una inmensa coreografía que te rodea, tú también bailas a tu manera, el baile de la vida se desarrolla en torno a ti y a ese momento concreto. Y de repente, cuando ya has perdido la noción de si es antes, ahora o después, pronto o tarde, todo se detiene, se abre un túnel de luz y aparece ella… Lo sabes por lo que ves en sus ojos, dos llagas de luz que se clavan en ti de la manera que habías pensado. Y su sonrisa justifica la locura más abominable posible, tal y como tu creías. Y empieza la canción, the dance of eternity. Y una vez más bailamos entre la multitud, unos pasos más allá. Ella de repente se bebe tus miedos de una forma brutalmente dulce y suave. Sientes ese aroma que leíste en tu juventud encerrado en antiguas leyendas árabes. Y horas después, fundidos los dos, bebemos del néctar de los dioses que se otorga a los elegidos por ellos antes de volverles locos. Y entonces crees que la vida tiene un sentido antiguo y remoto que sólo es posible comprender a veces en su plenitud, y la sientes fluir dentro de ti como el más dulce de los alcoholes. Fluye, corre, huye. Escapa en un momento furtivo, se te escurre entre los dedos, dátiles suaves y llenos de azúcar. Y cuando te acuestas, en ese momento inconcreto entre el sueño y la vigilia, sientes, percibes ese perfume, y sueñas despierto en poder sentirlo cada día, el aroma de la ambrosía entre tus dedos. De repente, se ha escapado. Es otro día.

HOY NO HA SONADO EL DESPERTADOR

5 julio, 2006 2 comentarios

Hoy no ha sonado el despertador, como ayer. Llevo varios días en que estamos sincronizados con precisión suiza. Un minuto antes de que suene, me despierto. No bruscamente, sino despacio. Alguien en mi cabeza me dice con una voz casi imperceptible: “cuando cuente tres, te vas a despertar suavemente, en forma de curva de pendiente casi nula. UNO… DOS… TRES”. Poco a poco, casi sin darme cuenta, veo que estoy abrazando también suavemente a la almohada, y como es grande y blandita, pienso que es alguien especial a quien no quiero despertar porque ella se queda, la capulla (se queda!), calentita (con ese calorcito como de bebé) entre el nórdico y las sábanas. Pero luego piensas, pobrecita, que bonita está cuando duerme, y te da pena despertarla. De repente, estás bajo la ducha y tomando un café de esos que necesitas como un yonki la cafeína. A veces no te acuerdas de hacerlo, y no hay café, que mierda, y tienes que salir con una sensación rara en el estómago, como si hubiera resaca en él y tuvieras algas y olas altas que rebotan contra las paredes. A veces tienes hasta surferos, depende de lo alegre que haya sido la noche anterior… Y tu paupérrima percepción te delata. El resto del día vas de culo (a veces literalmente…) hasta que el dealer de turno te sirve tu dosis. Y estoy pensando en esto cuando me veo engullido por el metro súbitamente, todo lleno de gente, busco un sitio cerca de la puerta maquinalmente para poder salir en mi parada. Por cierto, también prefiero el sitio de la ventana. Pero si te quieres bajar, no te sientes. Miras la gente en el vagón y te da la sensación de estar en medio de un campo de girasoles, todos iguales, meciéndose al ritmo del viento, girando todos su cabeza …Y de repente otro salto en el tiempo y estoy sentado en una mesa gigante, con mi amigo enfrente, haciendo como que trabajo y acordándome de la chica con la que estuve hablando anoche, como en la canción de Bob Seger (“and you think about the woman, the girl you knew the night before…”), Turn the page. Y tenemos nuestro propio estado que no suele ser invadido habitualmente. Y mientras fuera llueve y la gente se pelea, corre, grita, gira, empuja, oímos ese rumor lejano a través de la puerta abierta, yo estoy con Eddie Vedder disfrutando de la poesía de su voz, mientras como tantas otras veces recita el verso más bonito y triste que he escuchado cantar en mi vida: “I know someday you’ll have a beautiful life, I know you’ll be a star / in somebody else’s sky / but why why why / can’t it be, why can’t it be in mine…”. Y vuelvo a acordarme de la chica con la que estuve hablando anoche, que probablemente estará (o no…) como mi almohada, calentita bajo el edredón.