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GREGARIO Y EGREGIO

1 enero, 2013 2 comentarios

Reconozco que de vez en cuando me gusta mirar quién visita este blog, de qué país viene, si ha llegado desde un enlace en Facebook o Twitter, o ha sido el resultado de una búsqueda en Google. Así que el pasado día 29 de diciembre me llamó mucho la atención comprobar que tenía 144 visitas en un solo día, que para la modestia de mis intenciones es una barbaridad. Lo más gracioso es que casi todas provenían del mismo país, Chile, y eran resultado de la búsqueda de dos palabras, gregario y egregio. Por curiosidad, escribí esas palabras en Google como salen en el título y el primer enlace, qué casualidad, lleva a mi blog y en concreto a una entrada que escribí en 2006 titulada individualidad.

Así que por primera vez me dije voy a extenderme un poco sobre estas dos palabras, respondiendo a una demanda oculta, que atribuyo a algún trabajo escolar o universitario. Agradecería a cualquiera de los que haya visitado el blog como consecuencia de esta búsqueda que comente esta entrada contándonos el motivo de tanto número de visitas.

Hablábamos de estas dos palabras, procedentes ambas de la misma raíz latina, grex, gregis, que significa rebaño. Egregio es aquel que no se deja llevar por el rebaño o la masa y tiene su propio criterio y decisión. Por el contrario, gregario es aquel que se acomoda dentro de él, y no cuestiona el movimiento ni las decisiones dentro del rebaño. También tenemos otras palabras que derivan de grex, como grey (que es el sustantivo que se refiere al rebaño), agregar, disgregar, segregar y congregar.

Podemos asimilar gregario al que asume y acepta las decisiones de la masa, sin cuestionarlas. Si decimos la palabra borreguil lo entendemos perfectamente. Se ve incluso en pequeños detalles sin aparente importancia. Por ejemplo, cuando vamos por la carretera y nos ponemos en el carril izquierdo porque todos los demás lo hacen, aunque el derecho vaya vacío. Alguien que haya dado clase alguna vez sabe lo difícil que es que alguien intervenga, hasta que lo hace el primero. En el aeropuerto cuando desembarcamos y no sabemos por donde ir, y vamos por donde va todo el mundo.

En la política podemos asimilar el concepto de gregario a lo políticamente correcto. Intentar analizar los problemas sin sofismas ni eslóganes, decir lo que se piensa y se argumenta sin miedo a lo que puedan decir los demás, o a que nos confundan con “el enemigo”, criticar lo que no te gusta de “los tuyos”, hacer tabla rasa de todo y analizar lo que funciona y lo que no. Eso es ser egregio. Conformarse con lo que hay, pensar que todos los políticos son ladrones, intentar arreglar el país desde la barra del bar, el sofá o el mando de la playstation, mientras se dice que la política es cosa de los políticos, eso es ser gregario. No pensar y analizar, tener miedo de contradecir por el raciocinio alguna de las “verdades sagradas” que nos legó nuestra educación o nuestros mayores, todo eso nos lleva hacia el rastro de la manada. Si haces eso, no te extrañe que las otras ovejas intenten que no te salgas del rebaño. Que por cierto hoy en día hay que ver qué parte de ser gregario es inducida por la TV, Internet, radio y prensa, pero esto es tema para otra reflexión.

No tener miedo a la libertad y a tomar decisiones, a arriesgarse a hollar un sendero no pisado por nadie con anterioridad, es lo que nos hace sentirnos vivos. Ser egregio es más duro y difícil, pero sus frutos son más dulces. El mejor profesor que nunca tuve me enseñó eso una mañana de septiembre del año 1985.

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