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EL MEJOR DE LOS MOMENTOS

17 diciembre, 2009 Deja un comentario

Hay veces en la vida en que alcanzas un momento en el que querrías estar siempre, deseas que nunca se acabe; aparte de disfrutar como nunca ese momento, es también una culminación de algo que has perseguido siempre, algo que has soñado toda tu vida. Yo he tenido algunos grandes momentos: el primero fue con 17 años, cuando con mi equipo de baloncesto fuimos campeones de liga, mi primera temporada como jugador-entrenador (aunque jugar jugaba poco). Otro fue cuando me compré la Harley Davidson, pero ese momento fue a mitad de camino por la carretera yendo de la tienda a casa. También en 2003, cuando fuimos campeones de liga y copa de baloncesto juvenil, y me metieron vestido en la ducha. Y el cuarto fue en un concierto que dimos con más de 300 personas en la sala Ritmo y Compás, cuando nos fuimos antes de hacer los bises y me quedé mirando a un mar de más de 300 cabezas gritando y moviéndose entre la oscuridad y los focos, y me dije: “para esto me he hecho músico”.

Todos tienen en común una sensación de vértigo agradable, como de momento de plenitud interior, como un orgasmo tirado por un precipicio pero a muy poca velocidad…Es algo que viene sin ser esperado, ocurre un instante y luego se evapora, como si hubiera venido de la nada. Y sólo queda el recuerdo.

El quinto y último momento lo he tenido el 4 de octubre de este año, que ha sido el día de mi boda; hubo un momento, cuando Nico empezó a hablar, que empecé a sentir como una especie de electricidad en el aire, como una corriente telúrica que me recorría de arriba abajo y que nos recorría a todos. Al principio pensaba que era la emoción por el momento, pero ahora, más tarde, he comprendido que era algo mucho más grande: era todo el cariño, el amor, el respeto, el afecto, que estaba allí concentrado, reunido, en una pequeña sala. Todos los grandes amigos, la familia, centenares de pequeñas historias entrelazadas. Es como si todo lo que somos, todo lo que hemos dado los dos, todo ese karma o lo que sea, volviera multiplicado y se extendiera entre nosotros. Y luego hablando con la gente, he acabado de entenderlo cuando te dicen que se respiraba el calor humano, el cariño y el afecto. Que ha sido la boda más bonita que han visto nunca, o como
dijo tu tía, mi amor, “qué boda más romántica”. Porque el romanticismo, su sentido verdadero, es la exaltación de todos los sentimientos, y aquella sala era un pequeño pero potente amplificador de sentimientos. Podría contar muchas historias, pero me quedo con dos: Nico, quiero agradeceros a ti y a tu familia (mi familia) que estuvierais allí; y Javi y Fer, es muy bonito que nos podamos seguir viendo de vez en cuando, para mí fue muy importante vuestra presencia.

Ahora espero un sexto momento que seguramente ocurra, o no; porque llega cuando menos lo esperas, te toca, y se va, mientras tú te quedas ahí, hechizado, inmóvil, con miedo a rozar ese instante y deshacerlo, como una pompa de jabón. En cierto sentido, todavía sigo ahí, inmóvil…

 

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