Archivo

Archive for the ‘para leer sólo mis entradas sobre política’ Category

¿PUDO HABER LLEGADO A SER HOY CHINA UN ESTADO FUNDAMENTALISTA CRISTIANO?

3 diciembre, 2017 1 comentario

La pregunta parece un poco de Historia-ficción, pero la respuesta es que sí. De hecho, si no llega a ser por las potencias occidentales, puede que ahora estuviéramos ante un Estado fundamentalista cristiano de 1.300 millones de personas que ríete tú de ISIS.

Si yo pregunto cuál ha sido la guerra de la era moderna con mayor número de víctimas, casi todo el mundo contestaría que la Segunda Guerra Mundial. Pero si pregunto por la segunda en la clasificación (entre 20 y 50 millones de personas, según las fuentes), creo que casi nadie lo adivinaría. La respuesta correcta es la rebelión Taiping. Yo había escuchado algo acerca de ella y la situaba vagamente en el siglo XIX, pero fue mi amigo Rafa el que el otro día me llamó la atención sobre este acontecimiento histórico.

A mediados del siglo XIX, China estaba sufriendo una serie de problemas políticos, sociales y económicos. La Primera Guerra del Opio entre 1839 y 1842, en la que China tuvo que ceder Hong Kong a los ingleses, y la apertura a los países europeos, demostró que el poder militar del país, dirigida por la dinastía Quing (de la etnia manchú) era inferior al de las potencias extranjeras. Estos hechos, junto con catástrofes naturales que llevaron a grandes hambrunas, junto con un aumento desmesurado de la población (en 100 años se había triplicado) produjeron el caldo de cultivo para lo que vino a continuación, sobre todo entre la población campesina.

Hung Xiuquan era el hijo de un agricultor pobre cerca de Cantón, perteneciente a la etnia hakka. Era un joven estudiante prometedor, pero en repetidas ocasiones no aprobó  el examen de funcionario en Cantón. Después de uno de esos fracasos, escuchó a un misionero cristiano y se llevó a su casa varios libros cristianos. Al año siguiente, volvió a suspender el examen y sufrió un ataque de nervios. Hung tuvo entonces varias visiones en las que un anciano le dijo que la gente había dejado de adorarlo y que estaba adorando demonios; en otra revelación, el hombre lo nombró asesino de demonios. Hung creía que el hombre en las visiones era Dios Padre, y que el hombre más joven y de mediana edad que lo acompañaba en sus visiones era Jesucristo, su hermano mayor. Él mismo era el Hermano Menor, el Segundo Hijo de Dios, y había sido enviado por Dios a la tierra para erradicar los demonios y su culto.

Comenzó a estudiar con Issachar Jacox Roberts, un pastor baptista norteamericano, que le enseñó todo lo que sabía sobre el cristianismo. Con esa base cristiana, Hung, algunos parientes y algunos seguidores formaron una nueva secta religiosa, los Dioses Adoradores, que se dedicó a la destrucción de estatuas y libros confucionistas y budistas en la región alrededor de Cantón.

A finales de la década de 1840 convirtió su movimiento en una organización militar. Él y otros líderes comenzaron sistemáticamente a recaudar fondos (todos los creyentes tenían que dar sus propiedades al movimiento), y acumularon una gran cantidad de armas. En diciembre de 1850, Hung fue atacado por las fuerzas gubernamentales y, dado que había pasado tanto tiempo preparándose para la guerra, rechazó con éxito el ataque. En 1851, declaró que se había establecido un nuevo reino, el Reino de la Paz Celestial. Era un estado teocrático, con el Rey Celestial como el Gobernante absoluto. Su objetivo era el logro de la paz y la prosperidad en China con todas las personas adorando al único Dios. Construyó una sola jerarquía que asumió todos los deberes administrativos, religiosos y militares.

El movimiento se fundó sobre un programa de reforma económica radical en el que toda la riqueza se distribuía por igual a todos los miembros de la sociedad. La propia sociedad Taiping sería una sociedad sin clases, sin distinciones entre las personas; todos los miembros de la sociedad Taiping eran “hermanos” y “hermanas”, con todos los deberes y obligaciones asociados tradicionalmente con esas relaciones en la sociedad china. Las mujeres se hallaban en plena igualdad social y económica con los hombres. Se prohibió además el consumo de opio, los juegos de azar, el tabaco, el alcohol, la esclavitud, el vendado de pies y la prostitución. Se abolió la propiedad privada, y se reemplazó el calendario lunar por otro solar.

Desde un punto de vista militar, la rebelión tuvo un comienzo impresionante. El ejército mismo era muy disciplinado; después de elaborados rituales de iniciación, los creyentes de Taiping se volvieron fanáticamente disciplinados y soldados devotos, dispuestos a morir sin titubeos en la causa de Dios contra las fuerzas demoníacas. El ejército de los Taiping se dirigió hacia el norte a través del valle central del Yangtze hacia Nankín, donde establecieron su capital en 1853.

La razón principal por la que avanzaron tan rápido fue que evitaron los grandes centros urbanos y, por lo tanto, encontraron poca resistencia. Cuando conquistaron un territorio, no hicieron ningún esfuerzo para consolidar la conquista mediante el establecimiento de un mecanismo administrativo, sino que siguieron avanzando hacia el norte. No había lugar para el desacuerdo en la jerarquía militar; no solo el Rey Celestial obtenía su autoridad directamente de Dios, sino que los generales militares mismos afirmaron ser guiados por Dios en una serie de visiones. Por lo tanto, había poco espacio para el pensamiento estratégico serio en este entorno.

El tipo de combate que realizaban era extremadamente brutal y sangriento. En 1856, los miembros del ejército llegaban al millón. Se supone que en el máximo momento de su apogeo, alrededor de 1860, el ejército Taiping oscilaba entre 2,5 y 3 millones de soldados. Es increíble el número de seguidores que llegó a reunir Hung Xiuquan a lo largo de un territorio gigantesco, en un mundo sin móviles, internet, televisión o radio. La dialéctica anti-imperial y anti-occidental tuvo mucho que ver, así como que se rechazara a los recaudadores de impuestos imperiales.

Los Taiping ocuparon Nankín en marzo de 1853; cambiaron el nombre a la ciudad, T’ien-ching, o “Capital celestial”. Desde T’ien-ching, atacaron Pekín, pero su ejército, después de hacer un rápido avance hacia el norte, fue derrotado. Durante los siguientes diez años, los Taiping se ocuparon de conquistar territorios occidentales y de luchar continuamente para mantener su territorio en el valle central del Yangtze.

 

Pero la rebelión empezó a sufrir los mismos males del régimen al que combatía, y la corrupción y la rivalidad entre sus líderes permitió que la suerte de la guerra empezase a oscilar en favor del bando imperial. Además, las potencias extranjeras comenzaron a apoyar al emperador, debido a su deseo de mantener en vigor los ventajosos e injustos tratados firmados con el Gobierno. Pese a coincidir en el tiempo con dos conflictos como la Segunda Guerra del Opio (1856-1860, con Francia y Gran Bretaña), los países occidentales se dieron cuenta que era mucho mejor para sus intereses apoyar al emperador contra los Taiping.

Así comenzaron a proliferar ejércitos privados, financiados por ricos comerciantes o por mandarines. El Ejército Siempre Victorioso, el Ejército Siempre Seguro o el Ejército Siempre Triunfante (vaya nombrecitos) eran fuerzas mercenarias lideradas a menudo por occidentales que hicieron de aquella su guerra. El primero de ellos fue el más famoso, creado sobre una base de mercenarios filipinos por Frederick Townsend Ward, un antiguo miembro de la tropa que al mando de William Walker intentara conquistar Nicaragua en 1855. Ward lideraría su ejército privado con gran osadía hasta su muerte en 1862. Fue el único occidental que obtuvo el título de mandarín, y sus aventuras están narradas en el libro El soldado del diablo, de Caleb Carr. Le sucedería al mando otra leyenda de la Era del Imperio, Charles George Gordon.

Por otro lado, el propio Hung se retiró de la participación activa en asuntos administrativos y militares, lo que ayudó a su decadencia. Creyendo que el Rey Celestial debería gobernar solo por su virtud divina y no por un compromiso activo en la política, Hung, en lugar de dedicarse a la virtud divina, se sumergió en los placeres sensuales del palacio.

En 1862, los ejércitos imperiales y las fuerzas mercenarias lideradas por occidentales iban recuperando los territorios anteriormente perdidos. En el verano de 1864, derrotado y prácticamente abandonado por todos en una Nankín rodeada por fuerzas enemigas, Hung se suicidó. En 1864 tuvo lugar la llamada tercera batalla de Nankín, donde lo que quedaba del ejército Taiping sufrió una derrota aplastante (más de 100.000 muertos) en una batalla que duró tres días, y tras ella el ejército imperial mató a la mayoría de la población. En 1866 la rebelión había sido definitivamente sofocada.

En resumen, de no ser por el apoyo de las potencias extranjeras al débil Gobierno del emperador chino, podríamos encontrarnos con otro futuro muy diferente desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. Por otro lado, la historia de China nos ofrece algunos otros momentos claves, encrucijadas históricas, donde por muy poco pudo haber cambiado el futuro para siempre. ¿Cómo? Sólo podemos hacer conjeturas y dejar volar la imaginación…pero eso sí, apoyándonos en incontestables hechos históricos.

Anuncios

SENTIMIENTOS, POLÍTICA Y LEYES

13 noviembre, 2017 Deja un comentario

Llevaba mucho tiempo sin escribir, la verdad es que la situación política con el tema catalán me da ya mucha pereza. Pero he querido abordar la cuestión desde una perspectiva peculiar, y como al final me debo a quienes me leen (y me animan a ello estos días), allá voy. Por cierto, no me ha pasado nada, me encuentro bien (a pesar del Gobierno, como diría Rodríguez Brown). 

Hace poco estuve con mi amigo Rafa y tuvimos (como siempre) una de esas tardes fructíferas, donde practicamos la resonancia creativa sobre varios temas. Y una de las cuestiones interesantes que surgió (al hilo del monotema catalán) es cómo una persona que tú conoces profundamente y desde hace tiempo, y que para todas las cuestiones de la vida (tanto personales como profesionales) es un ser humano absolutamente racional y respetuoso con las normas, cuando se trata de la independencia de Cataluña, se convierte en otra persona radicalmente diferente. Luego otras personas me han remitido testimonios de primera mano en ese mismo sentido.

Creo que este ángulo de análisis del problema es muy importante. Al respecto decir que yo, como ya he contado anteriormente en este blog, soy un marciano que se pregunta cuándo van a venir a buscarme los de mi planeta (Antonio Cervero dixit). Me siento triste o alegre, desgraciado o afortunado, cansado o en plena forma, deprimido o eufórico; pero no me puedo sentir español, catalán o andaluz. Eso es algo objetivo, que me viene dado, y que puedo leer en mi carnet de identidad o mi pasaporte. Sin embargo, y pienso que, para nuestra desgracia, mi posición no es la mayoritaria en España.

Es evidente que las personas tenemos un lado racional y un lado emocional. En mi opinión, en política es mucho mejor fomentar el primer lado. Excitar el segundo sólo nos ha traído, entre otros males, esa peste llamada nacionalismo, que ha provocado varias guerras y millones de muertos en fechas muy recientes. Y es lo que se ha hecho desde siempre por el Gobierno catalán, fomentando el odio a todo lo “español”, falseando la Historia, destacando todo lo que nos diferencia, ocultando al mismo tiempo lo mucho que tenemos en común. Todo eso ha despertado y aumentado el odio hacia Cataluña desde el resto de España, además de dividir y fracturar en dos la propia sociedad catalana como nunca antes. El resultado es una sociedad dividida en dos y preñada de creciente odio.

Las investigaciones en el terreno político de Alexander Teodorov, y en economía por parte de Daniel Khaneman, nos muestran ambas que pretendidas decisiones racionales tienen un amplio fundamento sentimental. Einstein dijo que “los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción”.

Y tanto el populismo como el nacionalismo van un paso más allá y utilizan espuriamente las emociones. Como dice en un artículo del Diario Vasco Jose María Ruiz Soroa: “Ahora bien, el abuso del enfoque emocional en la política puede llevar con facilidad al populismo, porque nada hay más fácil de excitar y manipular ante los fenómenos complejos que las emociones simples. Y, al mismo tiempo, nada vende mejor que la emoción, se trate de vender comunicación, imagen, proyectos o prestigio, con independencia de todo criterio de valor sobre eso que se vende. Por eso se está convirtiendo la comunicación (y la política detrás de ella) en una actividad a la búsqueda constante de charcos emocionales en los que poder patear y de los que poder abrevar”.

Llegados a este punto, me llama la atención que personas perfectamente racionales en todos los demás aspectos de su vida cotidiana contemplen la independencia como una especie de Xanadú donde todos los problemas se van a terminar: ya no habrá paro, ni pobreza, ni problemas sociales, ni listas de espera. Y por supuesto que ni se plantean las consecuencias negativas que pudiera tener para ellos mismos en su vida diaria. En el Brexit hemos vivido una experiencia algo similar: la gente decía ser partidaria sin plantearse las consecuencias reales de sus actos.

La cuestión no es ya que se crean mentiras como el “Espanya ens roba” (cuando gracias al Fondo de Liquidez Autonómica se han conseguido pagar las nóminas de los funcionarios autonómicos varias veces, o ingentes cantidades de dinero se gastan en la promoción del catalán en el extranjero, mientras se cierran quirófanos u hospitales), o que serían un Estado próspero (con la deuda autonómica al nivel de bono basura, y con 1.400 empresas que han salido ya de Cataluña en dos semanas), o que seguirían dentro de la UE y del euro, o que (a un nivel mucho más prosaico, pero que aquí es religión) el FC Barcelona seguiría jugando la liga española. La imagen de gente abrazándose y llorando tras la proclamación de independencia unilateral es de las cuestiones que más me preocupan.

Porque demuestra que ni siquiera un buen baño de realidad acabaría con el problema. Da igual que haya subido el paro o que se hayan ido más de 2.000 empresas. Cuando la política se convierte en religión, en modo de vida para muchos (que fuera de ella nunca hubieran soñado ganar la pasta que se embolsan dentro), y teñida de color nacionalista (es decir, pienso que soy mejor y superior a los demás, idea que se expresa en muchos pequeños detalles y comentarios aparentemente inocentes y sin importancia), lo que ocurre es que millones de personas viven en un mundo paralelo de ensoñación del que es muy complicado despertarles. Un mundo en el que su racionalidad desaparece y queda sustituida por sueños imposibles, donde nada necesita una justificación empírica o racional. Un mundo sencillo y lleno de respuestas sencillas, ya que tengo un enemigo perfectamente identificado, al que echar la culpa de todos los males que me acosan (la crisis, el paro, tener un sueldo bajo, no conseguir una beca, que no me operen hasta dentro de unos meses), y con una solución asimismo sencilla, ya que la independencia (estoy plenamente convencido) mejoraría la situación. Cómo no la va a mejorar, ya que somos mejores que ellos. El supremacismo se ve en los detalles más pequeños e inocentes, como aquella persona que trabajando una vez en una oficina de Barcelona me dijo que para ser de Madrid trabajaba muy bien.

Cuando esas personas alcanzan el Gobierno de un territorio ocurre lo que estamos viviendo. Aunque tengan mayoría por un voto. Porque el resto no son catalanes. Son no ciudadanos, y una anomalía dentro de su “normalización”.

Mi visión de la política es completamente racional y nada pasional. Pero hace años ya que llegué a la conclusión de que en este país proponer la política como soluciones a los problemas reales es predicar en el desierto. En este terreno, la inmensa mayoría de la población española es mayoritariamente sentimental. En ese mundo cuasi religioso, es inútil argumentar con argumentos sacados de la realidad, porque el nacionalismo, aparte de vivir en una realidad paralela, trata de que el mundo real se vaya pareciendo a esa realidad virtual. Y a eso lo llaman “normalización”. Sólo un botón de muestra: la política de extinción del castellano como lengua vehicular en la educación, tratando de crear un mundo ideal en el que todos hablan catalán (excepto para los hijos de la nomenklatura, que van a liceos extranjeros, no a la escuela pública, para dar ejemplo).

Así que con este panorama no te extrañe, querida amiga (y ella sabe de qué estamos hablando), que haya personas a tu alrededor, como el familiar que me cuentas, “cuarenta y cuatro años, estudios universitarios, culta y yo diría con inteligencia emocional”, que considera a los Jordis presos políticos; o que un amigo tuyo te diga “Me preocupa lo de Cataluña, cómo se ha radicalizado todo, la cantidad de banderas españolas que hay por la calle…” No se puede razonar con un talibán.

A tu familiar le dedico este texto de Félix Ovejero: “Quienes defienden a Otegi por su condición de “preso político” pretenden revestirlo de dignidad. Como si un delito por razones políticas fuera más noble que aquel que no busca decorarse moralmente. Y no; obviamente, los motivos no purifican los procedimientos. Después de todo, algunos matan por amor o por el reino de Dios. En realidad, en una sociedad democrática, invocar objetivos políticos para realizar crímenes debería considerarse un agravante, si estamos de acuerdo en que la primera exigencia de la política democrática es el respeto a la dignidad de los otros”. Y añado de mi cosecha: además supone un gravísimo insulto para aquellas personas que sí tienen que luchar en regímenes nada democráticos donde no se respetan los derechos humanos.

Pienso que lo respetable no son los sentimientos o las ideas o los principios, sino las personas. Hay sentimientos como la envidia, la codicia, el racismo o el egoísmo que no son respetables en absoluto. La solución a este sudoku se me antoja muy pero que muy complicada. Porque además nuestro Gobierno se la coge con papel de fumar, y pide disculpas repetidamente por aplicar la Ley.

Por dejar una nota optimista, lo bueno es que ahora no corremos el riesgo de acabar con un tiro en la nuca en una cuneta por escribir cosas así. Como dice Pérez Reverte, vivimos demasiado bien para eso. Gracias a ese régimen fascista y liberticida que nos dimos democráticamente entre todos.

VIOLENCIA, DIÁLOGO Y TRISTEZA

5 octubre, 2017 Deja un comentario

El domingo pasado fue un día muy triste. No solamente por lo que ocurrió, sino sobre todo por las reacciones que pude observar a mi alrededor. Este artículo de Tsevan Rabtan refleja muy bien mi estado de ánimo.

Imaginemos que un grupo de personas están atracando un banco, violando a una mujer, pegando a un adolescente o cometiendo un secuestro (o asaltando el Congreso, como en 1981), a plena luz del día, y que además se jactan de ello públicamente. Nadie (o casi nadie, que de todo hay) diría que si la policía interviene para evitar ese comportamiento se estarían vulnerando los derechos humanos. Claro que los policías podrían excederse y sobreactuar. Pero estamos en un Estado de Derecho (todavía) y se puede denunciar ese comportamiento.

¿Por qué la gente afirma entonces que lo ocurrido el domingo 1 de octubre supone una violación de los derechos civiles, o algo vergonzoso, o propio de una dictadura? Porque violar la ley está legitimado socialmente en determinados casos. Y como diría un niño pequeño: ¿y por qué lo está? Porque (y da reparo tener que volver a explicar cosas básicas de primero de democracia a aquellos que precisamente se llenan la boca con esa palabra):

  • La cultura democrática en este país tiene muy corto recorrido. A la gente se la suda (con perdón) cuáles son los fundamentos del Estado de Derecho, y los políticos no es que hayan hecho mucha pedagogía para que la gente lo entienda.
  • Por aclarar el punto anterior, la ley es la garantía de la democracia. La Constitución nos la hemos dado entre todos, Cataluña incluida (68% de participación, con un 90,5% de voto a favor y un 4,6% de voto en contra). Si se quiere modificar, hay que seguir los cauces de reforma establecidos en ella. Lo contrario no es democracia, es un golpe de Estado igual que el que perpetró Tejero, y la ley del Oeste.
  • El monopolio de la fuerza y la violencia la tiene el Estado: forma parte del contrato social esa cesión. Y también el Estado puede delegar ese uso de la fuerza en determinados casos (seguridad privada, por ejemplo).
  • Negociar dentro de la ley = diálogo; negociar fuera de la ley = chantaje.
  • La anulación de la mascarada del 1-O y de los actos del Parlamento catalán la han llevado a cabo el Juzgado de Instrucción nº 13 y el Tribunal Constitucional, no el Gobierno de España. En una democracia consolidada hay separación de poderes.
  • No existe jurídicamente el “derecho a decidir”. Existe el principio de Derecho Internacional de libre determinación de los pueblos, que sólo es aplicable a los Estados surgidos del proceso descolonizador, tal y como se estableció en la carta de las Naciones Unidas en 1945.
  • En Cataluña se vota, y mucho, desde 1976: 4 referendums nacionales (ley para la reforma política en 1976, el de la Constitución en 1978, la permanencia en la OTAN en 1986 y la Constitución europea en 2005); 2 referendums autonómicos (1979 y 2006); 13 elecciones generales; 11 elecciones autonómicas; y 10 elecciones locales.
  • Al rey (o la figura de la monarquía si se quiere) se le ha votado dos veces (en 1976 y 1978). Pero ¿quién ha votado a Jordi Cuixart, presidente de Omnium Cultural, o a Jordi Sánchez, presidente de la Asamblea Nacional Catalana, que se dedican a hacer listas negras con aquellos que no van a votar, y a dirigir en la sombra (o no tanto) la política de un Gobierno autonómico?

listas negras

Hoy he visto en la televisión una pancarta que decía: “cuando la tiranía es ley, la revolución es orden”. Sintetiza más que nada el estado de las cosas. En un Estado democrático, los conflictos se deben resolver mediante el propio proceso político democrático y sus instituciones, y sus procedimientos legales y legítimos. Esto es incompatible con que el pueblo sea un grupo de personas que decidan qué es tiranía contra todos los demás, que se expresan normalmente a través de las elecciones. En realidad, esa visión infantil es una muestra de sectarismo político, incapaz de asumir las decisiones mayoritarias.

Esa frase del párrafo anterior retrata esa sociedad adolescente que se olvida de que, tal y como explica con detalle Carlos Martínez Gorriarán en este artículo, “en un tiempo récord, quizás sólo comparable a la transformación de China, España pasó de país rural atrasado y aislado a industrial y urbanizado. Pero esto no es suficiente para un cambio de valores sociales a gran escala, como lo demuestran los casos de la propia China, India, Irán y otros países emergentes donde el cambio económico lleva la delantera al cultural (…) Nuestra baja autoestima colectiva, los efectos disolventes del nacionalismo, de la corrupción y de la baja calidad de la política actual nos hacen olvidar y desvalorizar el cambio más imponente, significativo y revolucionario que ha protagonizado la sociedad española en estos años: la transformación de un país de analfabetos rurales, mujeres sometidas, pobres urbanos, fanáticos religiosos, caciques de pueblo, militares torvos y guardias temidos en una sociedad abierta de gran tolerancia y pluralismo ético”.

En países de democracia acreditada, como Alemania, Francia o Italia ya han vivido esto, con idéntico resultado. ¿Y por qué aquí han llegado tan lejos? Porque este es el país de nunca pasa nada. El Estado democrático ha perdido por incomparecencia.

Por supuesto que esto podía haberse evitado. Por ejemplo, ocupando los colegios el viernes y no dejando entrar a nadie nos hubiéramos ahorrado el espectáculo del desalojo de las escuelas. O aplicando el artículo 155 de la Constitución cuando el Parlamento catalán aprobó ese engendro jurídico que es la ley de transitoriedad. Y ya no voy más atrás (incumplimiento reiterado de sentencias judiciales y leyes de rango superior, transferencia de las competencias en seguridad y educación, desamparo y acoso a ciudadanos catalanes que sólo han pretendido que se cumplan las sentencias de los tribunales y la ley, como Ana Moreno, que ha sufrido un verdadero apartheid lingüístico).

No voy a entrar a discutir las mentiras y falsedades en que se basa todo esto, que son muchas y muy variadas (históricas, económicas, legales y hasta periodísticas), como las fotos de un joven sangrando que eran de una manifestación reprimida por los Mossos en 2012 y se publicaron como si fueran del domingo; aquí hay desveladas muchas mentiras más de estos días.

Pero sí que voy a decir que uno de los principales motivos por los que hemos llegado hasta aquí es la fascinación de la izquierda por el nacionalismo más rancio y la ristra de complejos que arrastran, y que los nacionalistas han sabido aprovechar a su favor. Apoyar la legalidad es apoyar a Rajoy, al PP, a la derecha, a la policía y la guardia civil, a España. Faltan los curas. Ah espera, que también están ahí.

Sin embargo, apoyar a los nacionalistas es dar soporte al “derecho a decidir”, al “diálogo”, a las urnas (por encima de la ley). Ignorando que aquellos son insolidarios con las regiones más pobres, corruptos tanto o más que el PP (éste todavía no ha tenido que cambiar de nombre ni de CIF para que no le sigan embargando, como ha tenido que hacer Convergencia), antisociales (cerrando hospitales y quirófanos mientras destinan dinero a las embajadas y a la promoción del catalán). Propietarios de un “Estado” quebrado técnicamente, en el que gracias a las inyecciones del FLA (o sea, el denostado y opresor Gobierno de España) han podido pagar las nóminas de sus funcionarios. Cuyo desprecio a las leyes es tan grande que incluso incumplieron su propia ley de referéndum una hora antes de la “votación”. Por no hablar de votar la misma persona varias veces, urnas con papeletas antes de empezar, censo vulnerando la LOPD y exponiendo los datos de los catalanes a los hackers, etc.

Sociedad Civil catalana comenta paralelismos muy acertados con el fascismo: “Listas únicas en las que las ideas se sacrifican por la unidad nacional; carácter de movimiento, que se identifica con el pueblo (y en consecuencia convierte a quien no se suma a él en enemigo del pueblo, traidor a la nación y merecedor de la muerte, por el momento civil); culto al líder, visto como el guía que al mismo tiempo lleva al pueblo al paraíso y encarna a la nación; falta de respeto a las leyes, que deben dejar paso a la “voluntad del pueblo”, evidentemente definida por ellos mismos; estado de propaganda permanente; sanciones para los disidentes y desafectos (como las sanciones solicitadas para los medios que no emitieron propaganda del butifarrèndum); apelaciones constantes a que vivimos momentos excepcionales que justifican cualquier abuso, también excepcional; y una ininterrumpida victimización que resuelve todos los problemas descargando toda responsabilidad sobre un chivo expiatorio, los malos, los otros, culpables de todos nuestros males (espanyansroba, ensvolenaixafar…)”.

La manipulación de los niños es especialmente vomitiva y despreciable. Miren este vídeo del “informativo para niños” emitido en TV3. O el hecho de que se autorice que los niños falten a clase para acudir a las manifestaciones. O que graben a niños en un colegio para promover el independentismo. O el acoso de niños en los colegios.

Todo eso es lo que está  tolerando y/o defendiendo, en mayor o menor medida, la izquierda oficial de este país.

Para concluir (y gracias por llegar hasta aquí), o se está con la ley, o se está fuera de la ley. No cabe diálogo con un delincuente y un golpista. Se puede intentar negociar un chantaje, con la intención de hacer caer sobre él todo el peso de la ley lo más pronto posible.

La Constitución no son las tablas de la ley de Moisés ni la Biblia, se pueden cambiar. A mí personalmente hay muchas leyes que no me gustan. Muchas. Pero la verdadera esencia de la democracia supone respetar el imperio de la ley, y seguir el camino que marca para su reforma.

Porque fuera de la ley sólo hay dos cosas: la turba, la marabunta, el linchamiento, la ley del Oeste, por un lado; y por otro, los que quieren traer la “verdadera democracia”, que ya sabemos en qué consiste, porque el siglo XX y hasta el XXI están llenos de ejemplos con millones de muertos a sus espaldas. No olvidemos que los cabecillas de los Jeremeres Rojos de Camboya eran casi todos profesores universitarios que habían tenido una exquisita educación occidental.

Finalmente, suscribo las palabras últimas del artículo citado arriba:

“Más aún: miro alrededor y me encuentro huérfano. No creo que esté solo. Creo que hay millones de españoles en busca de refugio. Pero no existe ese refugio. La culpa es nuestra, claro. Tenemos los políticos que nos merecemos”.

TERCERISMOS EQUIDISTANTES (Y PABLO SE CUELA EN EL MUSEO)

25 septiembre, 2017 Deja un comentario

Hoy quiero empezar con una anécdota que me contó un amigo. Estaba de viaje por Europa y conoció a unas chicas austríacas. Éstas querían entrar en un museo y no tenían dinero suficiente. Entonces mi amigo les dijo que iban a hacer algo para entrar gratis: se puso en la salida a mirar postales y muy poco a poco se fue aproximando a la salida, dando pasos hacia atrás con disimulo, y de repente ¡bingo! Se había colado en el museo, ante la atónita mirada de las dos austríacas, que acababan de descubrir la gichada made in Spain.

Me recuerda mucho a la táctica que está utilizando Podemos y por extensión su líder Pablo Iglesias con la crisis en Cataluña. En 2012 apoyaba claramente a los independentistas: “Si yo fuera catalán querría ser independiente”, afirmó. En junio de 2014, poco después de conseguir su acta de eurodiputado, matizó. “¿Quiero que Catalunya se vaya? No quiero, pero sé que la casta española ha insultado a los catalanes”.En 2015 defendió que, si la Generalitat iniciaba un proceso de independencia de forma unilateral se abriría una situación que “no dependería del Gobierno, sino de la aplicación de la justicia y eso lo hacen los tribunales”. Destacó entonces que el derecho “no lo aplica en el Gobierno ni el presidente, sino los tribunales de justicia”. Dos años después, manifiesta lo contrario: “No utilicemos ni a la policía ni a los jueces para resolver un problema político. Un dirigente que se escuda detrás de los jueces o detrás de la ley es irresponsable”. Consciente del desgaste electoral que supone apostar por la independencia de Cataluña directamente en el resto de España, ha estado bailando la yenka y tratando de no asomar la patita, hasta ahora, tratando de hacer equilibrios entre todas las mareas, círculos y convergencias.

Primero dijo en julio de este año que no participaría en el 1-O; y en septiembre reclamó una Cataluña “libre y soberana”, se desdijo de su opinión en verano, y admitió que no debería haber dicho que no votaría.

En realidad a Pablo Iglesias Cataluña o su independencia le importa un pimiento: lo que Podemos está haciendo es tratar de utilizar la crisis catalana como palanca para demoler el Estado de Derecho, en la más pura tradición bolchevique. Tal y como explica magníficamente Antonio Elorza en este artículo, el verdadero objetivo de Podemos es aprovechar la situación para crear un contrapoder, un poder alternativo al legal, que han definido como una “asamblea extraordinaria” de diputados, senadores, eurodiputados y alcaldes de ciudades de más de 50.000 habitantes, “formar un bloque político que defienda las libertades y contra la vulneración de derechos”. Es decir, deslegitimar a las instituciones de Estado y sustituirlas por otras más “legítimas”: ¿a qué me sonará esto? ¿Todo el poder para los soviets? ¿Asamblea constituyente de Venezuela? Y aprovechando que en el PSOE manda un señor que no tiene muy claro eso de la Constitución y las leyes, intentar crear una mayoría ajena en ese sentido.

En este sentido, me encantó la respuesta de Alvise Pérez en twitter a Íñigo Errejón:

Errejon

Con la excusa de las actuaciones judiciales contra el golpe de Estado soberanista, el pretexto es que ya no se respetan las libertades de asociación y de reunión. Supongo que la policía no puede detener a una cuadrilla de ladrones que estaban haciendo un butrón porque vulnerarían su derecho de reunión y asociación.

En primer lugar, cuando hay un Gobierno autonómico que desobedece consciente y deliberadamente (desde hace muchos años) las sentencias de los tribunales y las leyes de rango superior (y por encima de todas la Constitución), se está produciendo de hecho un golpe de Estado, y éste, que somos todos, tiene que defenderse con los instrumentos legales de que dispone. Como ya comenté en otro artículo anterior, a JFK no le tembló la mano en mandar al ejército contra el Gobierno de Mississippi. Cuando hay un delito, del tipo que sea, los jueces actúan. La Constitución y las leyes no son las tablas de la Ley de Moisés ni la Biblia, claro que se pueden cambiar, pero mediante los procedimientos de modificación en ellas establecidos, que para eso son las normas que nos hemos dado democráticamente. Si no es así, entramos ya en el reino de la turba, el linchamiento y la ley del Oeste, como explica muy bien Tsevan Rabtan en este artículo.

Y en segundo lugar, y con esto entro ya en el terreno del tercerismo buenista, en democracia no hay una tercera vía de negociación “política” al margen de la “judicialización”. Hay dos tipos de personas: los que respetan la ley y los que se la saltan. No puede haber una tercera posición legal ni legítima, porque el que me llama inmovilista y dice que hay que negociar y dejar espacio a la política ya se ha situado fuera de la ley, igual que el golpista. Mirar para otro lado, barrer debajo de la alfombra y hablar catalán en la intimidad nos ha llevado hasta aquí, igual que ceder las competencias de educación y sanidad (que por cierto pueden volver al Estado sin reformar la Constitución).

El problema es que se junta la ignorancia con los complejos no curados de la inmensa mayoría de la izquierda de este país, como por ejemplo el triple salto mortal con tirabuzón entre otros de aplicar el principio de libre autodeterminación de los pueblos a la Europa democrática actual; o lo paradójico de defender privilegios para algunos (los sueldos del Gobierno de la Generalitat son los más altos de España) mientras se cierran quirófanos o no se paga la dependencia; o se apoya a la derecha más racista y corrupta de Europa (el único partido que yo sepa que ha tenido hasta que cambiar de CIF para que no les sigan embargando bienes). Igual que Arzalluz prefería a un negro que hablase euskera que al vasco que no lo hable, la izquierda oficial no tiene problema en defender a un facha corrupto, pero sólo si es nacionalista catalán. El caso es no salir en la misma foto que el PP, no vaya a ser que nos llamen fachas…

Si la Historia de España (pongamos desde la anexión de Navarra en 1512) durase 24 horas, la democracia empezaría a las 10 y 10 de la noche. Que la gente no sepa distinguir los fundamentos de la democracia y carezca de una cultura democrática básica es responsabilidad de todos, pero en primer lugar de quien tiene la obligación de hacer pedagogía. Y juntemos eso con la renuncia al concepto laico de nación, de unión de ciudadanos libres e iguales, tanto en derechos como en obligaciones, vivan en el lugar que vivan, por complejos guerracivilistas (uno escucha a Alberto Garzón a menudo y acaba pensando que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial, y Franco sigue vivo y gobernando), y tendremos un sudoku que se me antoja de imposible solución, al menos a corto plazo.

POLLOS QUE VUELVEN AL CORRAL EN CATALUÑA

9 septiembre, 2017 6 comentarios

Cuando el 22 de noviembre de 1963 muere asesinado John Fitzgerald Kennedy, los periodistas preguntaron a Malcolm X su opinión, y entonces pronunció una de sus frases más polémicas: “pollos que vuelven al corral” (chickens coming home to roost). Quería decir que la misma violencia que era tolerada hacia los afroamericanos se había cobrado la vida de su máximo dirigente. O como dijo cuando intentó explicarse a posteriori, “las malas hierbas que han dejado crecer en su jardín han venido a estrangular a su jardinero jefe”.

Esta frase la podemos aplicar a la situación en Cataluña en un doble sentido: en primer lugar, por como el gobierno autonómico catalán ha hecho ingeniería social con la inmigración, favoreciendo a los musulmanes sobre los latinoamericanos, debido a que como los primeros no tienen como lengua materna el castellano, sería más fácil integrarles en el nacionalismo e idioma catalán, y en el rechazo a todo lo español. En Cataluña hay más musulmanes (515.482) que votantes de Podemos o votantes del PP. Angel Colom, ‘embajador oficioso’ de Cataluña en Marruecos, llegó a decir que no se puede construir un Estado catalán sin la participación de los catalanomarroquíes (después de invento de la Corona Catalano-aragonesa todo es posible). El resultado tras 16 años es la más numerosa población musulmana de España, y por simple estadística, el lugar de España con más yihadistas y terroristas dispuestos a atentar. Aunque el numero de yihadistas sea muy minoritario en relación con la población musulmana en general, a mayor numero de unos, mayor numero de los primeros también. Por supuesto que podría haber habido un atentado yihadista en Cataluña pese a no tener tanta inmigración musulmana, o si su gobierno hubiera obedecido las recomendaciones de los jueces y el Ministerio del Interior: también te pueden robar en casa aunque tengas alarma y puerta blindada, pero es más difícil, y normalmente los ladrones buscan las presas más sencillas de robar en primer lugar.

En segundo lugar, esos pollos que ahora han dado un golpe de Estado en en el corral español son los mismos a los que hemos estado tolerando infringir sistemática y deliberadamente tanto las leyes como las sentencias de los tribunales. Y no ha pasado nada. Nunca.

Ferrer Molina sintetiza muy bien en este artículo los hitos mas importantes en la historia de cesiones y miradas para otro lado: sentencias sobre la escolarización en castellano, sobre los símbolos del Estado, sobre la devolución de las obras de arte del monasterio  de Sijena; las que prohíben las multas a aquellos que rotulan en castellano en negocios y tiendas; las “embajadas” en el extranjero; la celebración de un referendum ilegal (que se llevó a cabo pese a todo); la emisión de la televisión autonómica en la Comunidad Valenciana y Baleares; la ignorancia por parte de la inspección educativa y el ya inexistente en la práctica Ministerio de Educación respecto del contenido de los libros de texto en Cataluña adoctrinando en masa a los niños durante 30 años; la mayor importancia de las pruebas de idioma que la competencia, la titulación o la experiencia profesional en las oposiciones para puestos públicos. Y podría seguir con muchos más ejemplos.

Todo esto ha provocado que el Estado no exista en Cataluña y no tenga presencia, como se ha podido comprobar en los atentados de Barcelona y Cambrils, donde a la Guardia Civil no se la permitió acceder al lugar del crimen; donde se hizo caso omiso a las advertencias de una jueza; donde se incumplieron las recomendaciones de Ministerio del Interior; y como siempre, no pasó nada, ni hubo consecuencias, ni las va a haber. Ese vacío de poder lo ha ido llenando el Gobierno de la Generalitat a su antojo, haciendo verdadera ingeniería social, ante la pasividad (por qué no decirlo) de la mayoría de la propia sociedad catalana, que se ha puesto de perfil, cuando no ha comprado los débiles argumentos de los independentistas de que la independencia va a acabar con el paro, con la crisis y hasta con las enfermedades. Como dice mi amigo Antonio Cervero, la gente en España (Cataluña no es una excepción) sigue dejándose llevar por el primer encantador de serpientes que pasa. Lo gracioso es que nos pretendan vender que es una lucha de David contra Goliat similar a la de los derechos civiles en EEUU. A eso ya respondí cumplidamente aquí.

La cuestión está en un punto donde hay difícil arreglo. Cuando en los tres últimos años la Generalitat ha tenido que pedir ayuda al Estado central para poder pagar las nóminas de los funcionarios (mientras se gastaba el presupuesto en embajadas y en el fomento del catalán en Cerdeña, y cerraba quirófanos y camas de hospitales públicos), ha habido una ocasión de oro para intervenir el Gobierno autonómico por incapaz y por quebrado, habiendo instrumentos legislativos para ello. Pero cuando todos los partidos políticos (todos y cada uno, incluido Ciudadanos) están en el acuerdo del pub Kitty, para que Cataluña tenga un acuerdo similar al cupo vasco y navarro y se sienta más cómoda en su encaje con España (como si España fuera un anuncio de Ikea), no tengo la más mínima esperanza de que el Gobierno actual ni otro en el futuro vaya a hacer nada bueno al respecto, en la mejor tradición española de barrer debajo de la alfombra y mirar para otra parte.

Porque desde 1980 hemos tenido gobiernos de distintos colores y sabores, y todos han hecho lo mismo: ceder al chantaje nacionalista para obtener apoyo en el parlamento nacional, y dejar a los pollos sueltos en el corral haciendo lo que han querido hasta hoy. Y ahora que hemos tenido un atentado indirectamente favorecido por la ingeniería migratoria y las negligencias en seguridad de la Generalitat, y un golpe de Estado retransmitido por televisión en directo (el segundo tras el 23-F), no vamos a pretender poner orden en el corral, sobre todo cuando no lo hemos hecho en 37 años. Y los pollos son pocos, pero están crecidos porque se sienten impunes, y el resto del corral, con pequeñas excepciones, mira para otro lado.

Un pequeño asterisco: me produce vergüenza ver a aquellos que se definen de izquierdas y progresistas sosteniendo un partido de la más rancia derecha xenófoba y corrupta, que tuvo que cambiar de nombre y de CIF porque lo tenía todo embargado por corrupción, incluidas las sedes; que ha cerrado hospitales y no ha pagado a los dependientes, mientras se gastaba el dinero en propaganda nacionalista y le echaba la culpa a ‘Madrit’. Al menos hay un señor con vergüenza y memoria que, aunque simpatiza con el independentismo, visto el panorama dejará la política, Joan Coscubiela.

Y un último mensaje para los ingenuos: cada vez escucho más a mi alrededor decir “pues que les den la independencia de una vez y que nos dejen en paz”. Primero, su independencia sería la del adolescente que se va de casa, pero desayuna, come y cena todos los días en casa de sus padres, y de paso les lleva la ropa sucia para que se la laven y se la planchen (fútbol, baloncesto, edificios públicos, deuda pública de Cataluña, Patrimonio nacional, euro, Unión Europea, todo eso no se podría mantener en un país independiente de verdad). Y segundo, al día siguiente ya estarían reclamando su espacio vital:  la Franja de Aragón, Comunidad Valenciana, las Baleares y parte de Francia (claro que ahí sí que hay un país de verdad y van dados…). No se terminaría el concierto de los pollos, sino que solamente pasarían a tocar otra canción. Sólo hay que recordar el Lebensraum, con Austria no tuvieron suficiente, luego fueron los Sudetes (República Checa), luego Polonia y finalmente…Europa.

Y para el que piense que todo esto lo escribe un nacionalista español, en este enlace tiene mi respuesta.

YO SÍ QUE TENGO MIEDO

26 agosto, 2017 2 comentarios

Hoy en Barcelona hay convocada una manifestación contra el terrorismo bajo el lema ‘No tinc por‘ (No tengo miedo). Pues yo quiero decir que sí que lo tengo, y voy a explicarme.

Tengo miedo porque los terroristas vivieron como okupas en una casa con 120 bombonas de butano y otros productos para fabricar explosivos, sin que nadie se diera cuenta. Cuando la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Amposta apuntó en la inspección ocular tras la explosión en la casa «okupada» que las bombonas “podían estar preparadas para un atentado”, los responsables de la policía autonómica le contestaron: “no exagere, señoría”.

Tengo miedo porque el imán, autor intelectual de los atentados (discípulo de uno de los principales detenidos en la operación de la Policía Nacional contra el terrorismo yihadista Chacal I), tenía una orden de expulsión que no llegó a ejecutarse, ya que un juez estimó que “no había peligrosidad”. Porque la alcaldesa de la ciudad se negó a poner bolardos en Las Ramblas que hubieran impedido o dificultado el atentado. Es más, se han jactado públicamente de no hacer caso de las recomendaciones del Ministerio del Interior.

Porque los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que deberían protegernos, se encuentran descoordinados, politizados y manipulados. Porque la policía belga solicitó información a la policía autonómica catalana sobre el imán Abdelbaki Es Satty, el número dos del servicio de información de los Mossos; Daniel Canals, contestó que “no era conocido”.

Cuando la Generalitat cesa al jefe de los Mossos porque se ha negado a colaborar con el referéndum ilegal, y su sucesor junto con el responsable de Interior distingue entre víctimas catalanas y españolas; cuando el Parlamento catalán condecora a los Mossos y se olvida de la Policía nacional y la Guardia Civil; cuando la CUP, que sostiene al Gobierno catalán, pide que se derogue el protocolo antiyihadista en las escuelas catalanas; cuando tras la explosión de la casa de los terroristas el Gobierno autonómico catalán no permite entrar a la Guardia Civil y hacer su trabajo (imaginen en EEUU que tras el atentado de Boston no dejaran pasar al FBI a la escena del crimen), pese a que la competencia en lucha antiterrorista es del Estado central, hay que dar la razón a Carod-Rovira y decir que la presencia del Estado en Cataluña ha sido inexistente. Y que los independentistas, con muy pocos escrúpulos, han seguido haciendo proselitismo independentista sobre los cadáveres de las víctimas. Hoy veremos esteladas en la manifestación, sin duda.

Tenemos uno de los cuerpos de seguridad con mayor experiencia en la lucha contra el terrorismo (Policía nacional y Guardia Civil), y el Gobierno catalán ha prescindido de ellos, con el resultado que cabía esperar.

Ha tenido que venir un periodista holandés, Marcel Haenen, que habla seis idiomas, para denunciar la estupidez independentista en una rueda de prensa del responsable de los Mossos. “Nadie entendió lo que hice”, asegura Haenen en una conversación con EL ESPAÑOL. “[Las autoridades] comenzaron a contar uno por uno la historia en catalán, abrieron el turno de preguntas e invitaron a los periodistas catalanes a preguntar primero. Entonces me levanté, porque era muy fastidioso, y pregunté muy educadamente -o al menos, así lo intenté- si no era más práctico, más conveniente y lógico hacer la rueda de prensa en español para que todo el mundo la entendiera. Estábamos 200 o 300 periodistas de todo el mundo en la sala”.

Marcel Haenen se fue. “No tenía sentido quedarme si no entendía lo que decían. Estábamos todos los periodistas extranjeros allí, agobiados y ocupados. Estar sentados durante una hora escuchando un idioma que no comprendemos no tenía ningún sentido”.

Tengo miedo porque hay un sector de la izquierda que sigue justificando los atentados, poniendo el foco en Occidente: por ejemplo, la CUP afirma que la culpa no es de los terroristas islamistas, sino del “terrorismo fascista fruto del capitalismo”; y Podemos utiliza como excusa para no sumarse al pacto antiterrorista que las armas que vende España a Arabia Saudí acaban en manos de ISIS. Esto último no se sostiene: el material vendido a Arabia Saudí apenas sumó 100 millones (sobre 4.000 millones de euros totales en 2016), pero lo importante es que consistió sólo en repuestos para aviones de transporte, proyectiles y granadas, cuyo uso poco o nada tiene que ver con el ISIS. En 2015 fueron tres aviones de transporte y repostaje más repuestos. Los medios que usan los terroristas en sus ataques no tienen relación ninguna con Arabia Saudí, tal y como explica Manuel Llamas en este artículo. Lo que es de traca es que lo afirmen quienes han sido y siguen siendo financiados por Irán, que apoyan a grupos terroristas como Hezbollah, Hamas y otros grupos radicales en Irak, Siria y Yemen. Más bien critican a Arabia Saudí porque es enemigo de quien les paga y les financia. Y porque en el fondo están de acuerdo con lo que dice la CUP. Ese complejo de culpa occidental lo analiza muy bien Andrew Anthony en su muy recomendable libro El Desencanto.

Tengo miedo porque creo que este tipo de atentados y la radicalización de los jóvenes europeos es muy difícil de combatir. La carta de la educadora de Ripoll revela el fracaso de la educación que han recibido esos chicos, y el posible control del entorno social sobre ellos (ni los trabajadores sociales, ni sus vecinos…¿de verdad nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando?). Sigo pensando que la comunidad musulmana no se implica lo suficiente en este terreno: en la manifestación que convocaron había 100 personas y en Cataluña hay 500.000 musulmanes. Al igual que ocurrió en el País Vasco con ETA, la legitimación social (o simplemente el mirar para otro lado) permite que el terrorismo florezca y se desarrolle.

Hace casi dos años en otro post de mi blog me hacía cuatro preguntas en relación con los terroristas islamistas. Tras los atentados de Cataluña, hay una de esas preguntas que me sigue bullendo por la cabeza: los motivos que llevan a las personas a convertirse en terroristas suicidas. Si la causa es la pobreza o la política exterior de Occidente, que me expliquen qué puede atraer a un joven nacido y criado aquí a convertirse en uno de ellos.

En el fondo son las mismas razones que hacen que un joven o un adolescente se una a una banda del tipo que queramos (banda criminal, grupo fascista o de izquierda radical, banda motera, las maras, etc). Ofrecen un relato simple de la realidad, donde siempre hay un culpable o un beneficio inmediato (o ambos); para jóvenes desorientados, deprimidos, con baja autoestima o con problemas supone un incentivo, sentirse parte de algo más grande.

Mientras los gobiernos occidentales se limitan a realizar campañas genéricas sobre el Estado Islámico, a menudo centradas en un mensaje negativo (y por tanto menos poderoso y atractivo), ISIS hace lo contrario. Capta miembros de forma individual y cercana. a través de personas conocidas y quizá estimadas por los objetivos, que se dedican a buscar a miembros vulnerables en su entorno o a jóvenes que buscan aventuras, fama, gloria, quizá el protagonismo del que carecen sus grises existencias.

La periodista Anna Teixidor ha escrito un libro (Combatientes en el nombre de Allah) sobre jóvenes que se marcharon de Cataluña a Siria, resultado de las conversaciones diarias que mantuvo con yihadistas. El libro realmente es impresionante, es tremendo comprobar el lavado de cerebro sectario que han recibido jóvenes que en teoría están perfectamente integrados, incluso personas con buenos sueldos y con mujer e hijos.

Es muy complicado luchar contra el adoctrinamiento a través de las redes sociales, y una vez que los jóvenes se han radicalizado, de qué forma desactivar esa radicalización. Hasta ahora no conozco las respuestas a esas preguntas, ni he escuchado a nadie plantearlas. Sólo he visto ositos de peluche y flores.

Con este panorama y en la sociedad adolescente en que vivimos, ¿cómo no voy a tener miedo? Lo insensato sería no tenerlo. Pero me niego a que por miedo a estos criminales deje de hacer las cosas que hago habitualmente y dejar de disfrutar de la vida.

ELECCIONES FRANCESAS: COSAS QUE PASAN EN FRANCIA (Y NO EN ESPAÑA)

10 mayo, 2017 4 comentarios

Estas elecciones francesas a la presidencia de la República nos ha dejado varias cuestiones para considerar, y todas muy interesantes. Hay que aclarar que Francia y España tienen sistemas muy diferentes: uno es presidencialista y el otro parlamentario. Además, son muy distintos en muchas cosas: como señala con acierto Carlos Martínez Gorriarán en un magnífico análisis sobre el populismo, “Francia es un país donde todavía se venera al intelectual y el mundo de la lectura, de los libros y la opinión escrita; quizás sea uno de los últimos del mundo. Sus medios de comunicación públicos ofrecen buenos debates sin caer en los vicios del tertulianismo español, y la prensa es claramente pluralista. Su sistema educativo laico y republicano es modélico en algunos aspectos”.

La primera cuestión que quiero destacar es que el sistema a doble vuelta ha puesto de relieve las contradicciones entre populismos rivales, al pasar sólo uno de ellos a la siguiente fase. Mélenchon debería ser el extremo opuesto a Le Pen (extrema izquierda contra extrema derecha), pero en realidad los extremos se tocan, y mucho. Tanto es así, que un millón de votantes de Mélenchon en la primera vuelta han votado a Le Pen en la segunda. Es lógico si leemos los programas puros y duros: ambos tienen muchas semejanzas, tanto en el ámbito no económico (los dos promueven un control político de los medios de comunicación, volver a introducir el servicio militar obligatorio, la salida de la OTAN o el imperialismo cultural francófilo), como sobre todo en el económico: más gasto público (en un país que tiene el sector público más grande de la Eurozona, el 56% del PIB), más impuestos, proteccionismo, crédito barato, deuda pública, y planificación económica. En Francia ha pasado algo que en España no pasa, y es que la gente se lee los programas electorales y actúa en consecuencia. Juan Ramón Rallo explica los programas económicos (y las consecuencias “maravillosas” de su posible aplicación) de Mélenchon aquí y el de Le Pen aquí, para quien quiera ampliar información. La política migratoria es de las pocas diferencias entre ambos. Sí que es cierto que ha habido récord de voto en blanco (4,2 millones, un 8% de los emitidos) y nulo (mucho Mélenchon, más de 900.000, un 3,17%). Los franceses también son más imaginativos que los españoles votando nulo, según mi experiencia de ocho años como apoderado en diversas elecciones.

En segundo lugar, la corrupción sí penaliza en Francia, no como en España (donde el único partido que luchó contra la corrupción ha desaparecido del mapa político, y el único partido imputado por corrupción como tal es el más votado). Françoise Fillon apabulló a sus rivales en las primarias del centro derecha: a un Sarkozy agobiado por los jueces y a un Alain Juppé demasiado moderado para los votantes y simpatizantes de los Republicanos. Hace cinco meses, todos pensábamos que Valls sería el candidato del partido socialista, y Fillon el de la derecha, y que probablemente éste último ganaría la segunda vuelta, a la que llegaría contra Le Pen. Pues nada de todo esto ha sucedido. En febrero saltó el escándalo de la esposa de Fillon, finalmente imputado por los delitos de malversación de fondos públicos y apropiación indebida, en relación con los supuestos empleos ficticios de su mujer, como su asistente parlamentaria. Se creía que estaba en España cuando dijo: “solo el sufragio universal, y no un procedimiento lanzado ad hoc en mi contra, puede decidir quién es el presidente de la República”. Pero desgraciadamente para él estaba en Francia, y los electores le castigaron (aún así quedó el tercero, obteniendo casi un 20%).

El caso de Valls es completamente diferente, éste ha sido víctima de las primarias. Me acuerdo de esa frase de Rodríguez Ibarra que dice “o el PSOE acaba con ellas o las primarias acaban con el PSOE”. A mi me pasa como a Fernández Vara, que yo era firme partidario, pero cuantos más ejemplos veo, menos me convence su utilidad. En las primarias para elegir candidato en el partido socialista francés,  Benoît Hamon se impuso claramente a Manuel Valls y asumió la condición de candidato a la presidencia de la República. El partido socialista, que en diez años ha perdido al 60% de sus militantes, se ha dividido en dos de forma irreversible: Benoît Hamon, cuyas propuestas de campaña (subsidio universal implantado gradualmente, adaptación a una economía sin crecimiento, ruptura con los límites presupuestarios de Maastricht, renovación constitucional para crear una Sexta República) son compartidas con Mélenchon, se pegó el gran castañazo, acabando en quinto lugar (6-7% de los votos). No ha entendido que entre la copia y el original, la gente prefiere el original. O como dijo Redondo Terreros, si jugamos a Podemos, gana Podemos. Que Sánchez vaya tomando nota.

Y el ganador como consecuencia de los dos párrafos anteriores ha sido Macron. Después de haber dimitido en agosto de 2016 como ministro de economía del gobierno socialista de Hollande, en octubre presentó su candidatura a la presidencia de la República, creando un partido político nuevo, sin que nadie diera un duro por él en ese momento. Los errores de sus rivales socialistas y conservadores, más el rechazo a la ultraizquierda y la ultraderecha de la mayoría de los franceses, le han ido haciendo crecer en las encuestas, hasta situarse como favorito. Macron se ha definido como de izquierdas (“Yo soy de izquierdas, es mi historia”), aunque reconoce que los grandes problemas del país requieren un consenso transversal. Valls ha pasado de “el asunto no me interesa” cuando Macron presentó su candidatura a “quiero inscribirme en el movimiento La República en Marcha. Seré el candidato de la mayoría presidencial”, y decir que el partido socialista está muerto.

Por otro lado, no puedo evitar dedicar unas líneas a la comparación entre Albert Rivera y Macron, que he escuchado últimamente. Una rata y un caballo se parecen, ambos son mamíferos y tienen cuatro patas, pero en fin…Macron ha sido ministro del partido socialista, ha tenido el valor de dejar el partido y fundar otro, presentándose en muy pocos meses a las elecciones presidenciales y ganando. Desde luego nada parecido a Rivera, que primero fue socialdemócrata, luego se presentó a las elecciones europeas de la mano de un partido de extrema derecha (Libertas); luego se declaró liberal-conservador y se identificó con Mark Rutte; más tarde se definieron como liberal-progresistas; y ahora son Macron. Aparte de que Macron hasta ahora no ha hecho sinvergonzonerías como estas, ni ha situado topos en un partido de la competencia para fagocitarlo con malas artes al estilo Podemos con IU, ni ha fomentado el transfuguismo, absorbiendo trescientos concejales de partidos locales y regionales sin dejar previamente el acta, incumpliendo el pacto anti transfuguismo que no han firmado. Yo por lo menos pienso que en política no vale todo. Y del cupo vasco ni hablamos. No sabe y no contesta. 

Para finalizar, comentar que Macron tiene un arduo trabajo por delante. Le Pen ha ganado en las zonas de Francia con salarios más bajos, desindustrialización y mayor índice de pobreza. El paro, que ronda el 10% (nada que ver con España), un raquítico crecimiento económico (del 0,3%), el antieuropeísmo creciente (entre Le Pen y Mélenchon sumaron un 40% de voto en la primera vuelta), son algunos de los principales y difíciles problemas que tendrá que afrontar a partir de ahora; y la eliminación de 120.000 empleos públicos y la prometida reducción del déficit público son medidas que veremos si es capaz de llevar a cabo.

Y recordemos que en junio tendremos una “tercera vuelta” que son las elecciones legislativas. Le Pen no está muerta ni mucho menos: la antiguas cuencas mineras del norte de Francia y en los valles de la siderurgia del Este han votado Frente Nacional. Los viejos bastiones del partido comunista, primero, y de los socialistas, más tarde, votan a Marine Le Pen hoy. En 2002 el Frente Nacional se llevó cerca del 20% y, 15 años después, se acerca al 40%. Queda mucho partido por jugar.