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LA DOBLE VARA DE MEDIR

27 noviembre, 2016 5 comentarios

En poco tiempo se han producido dos hechos que, una vez más, han revelado la doble vara de medir que algunos utilizan para esconder lo molesto y retorcer lo que les interesa de hechos y personajes. Daré pinceladas sueltas sobre temas que merecerían una más profunda reflexión, quizá.

Empezaré por lo último. La muerte de Fidel Castro ha sido el suceso que ha vuelto a disparar reacciones muy significativas. Suelo escuchar los fines de semana por la mañana el programa de la SER A vivir que son dos días, de Javier del Pino (lo siento, Jaime, pero sales muy poquito en uno de los programas competidores). Es un programa muy sesgado hacia la izquierda, pero con buena calidad en los contenidos y en las historias que cuenta su director. Esta mañana él mismo ha caído en la trampa de la ideología, cuando ha comenzado a comparar la dictadura de Franco con la de Fidel con buenos argumentos, y ha habido un momento en el cual en su chip ideológico ha saltado la alarma para decir que, por supuesto, no se pueden comparar, uno fue un dictador fascista, y el otro fue otra cosa.

Lo más divertido ha sido el comentario de mi amigo Alvise Pérez en su muro de Facebook, bastante ingenioso, y las reacciones subsiguientes:

alvise_franco

Sin entrar en profundidad en el tema de Cuba, que requeriría un monográfico extenso, sí quiero destacar que la ideología nos obliga a blanquear u ocultar los hechos incómodos (persecución de la homosexualidadla normalidad de las relaciones con la España de Franco, que no obedeció el bloqueo norteamericano y decretó tres días de luto cuando Franco murió; la justificación de la prostitución por necesidad de muchas mujeres en Cuba; las purgas en los primeros años del castrismo entre aquellos que se atrevieron a disentir del líder, como Huber Matos), por no hablar de la represión, la existencia de presos políticos, la pobreza y la falta de democracia. Nos dirán que hay luces y sombras, pero que la alternativa era mucho peor: ser una colonia de los EEUU. Siempre nos dirán que hay que escoger entre lo malo y lo peor. Sólo hay buenos (los míos) y malos (los de los demás), y mis defectos son culpa de los otros, o directamente mentira, resultado de su propaganda.

Yo desde luego no justifico el franquismo, pese a crear las pagas extraordinarias, la edad mínima y máxima para trabajar, la enseñanza y la sanidad universales y gratuitas, las viviendas sociales, el salario mínimo interprofesional, el estatuto de los trabajadores, las viviendas sociales, la industrialización, la red hidroeléctrica y la creación de una clase media a partir de los años 60. Como no compro tampoco el régimen de Fidel Castro, por muchos logros en sanidad y educación que me quieran vender. Eso sí, es divertido comprobar que Franco lleva muerto 40 años y los Castro llevan 57 en el poder (y contando).

El caso de Cuba, como el mito de la izquierda mejor elaborado del siglo XX, lo resume Santiago González magistralmente en su artículo para El Correo de 13 de agosto de 1993 titulado La Habana Crepuscular, del que extraigo un párrafo:

“Siempre hay algún amigo ignorante de que el amor es básicamente una decidida y subjetiva voluntad de equivocarse y que se empeña en proporcionarnos una visión escatológica del objeto amoroso, en presentarlo bajo una apariencia de objetividad que nos apea de la ilusión y nos instala en territorio racional: ¿por qué la gente va a querer huir del paraíso? ¿Por qué toman las embajadas al asalto y se echan a un mar infestado de tiburones en un neumático de camión? Yo le explicaba a mi amigo lo que hay que explicar en estos casos, pero él seguía sin ver clara la relación entre el bloqueo norteamericano y el encarcelamiento de los homosexuales en Cuba”.

Del mismo modo, los otros nos dirán que Pinochet (pese a sus más de 40.000 víctimas) salvó a Chile del comunismo; que Somoza “era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta” (Cordell Hull dixit, secretario de Estado de Roosevelt); o el apoyo de EEUU a Videla en Argentina nos lo explicarán como un factor de estabilidad en la zona.

Hay otro camino, por supuesto. Pero exige leer, pensar, buscar si lo que se dice es cierto. Lo fácil es dejarse atrapar en los hunos o los hotros. El otro camino nos demanda juzgar los hechos sin colores y sin nombres: no fiarnos nunca de lo que nos digan en primera instancia, investigar y ser críticos. Y nunca conformarnos con lo menos malo. Además, no tomar los hechos como algo personal, guardar distancia y no hablar por boca de un hooligan. El problema, sobre todo con la izquierda, es que tiende a analizar no a partir de los hechos, sino de los sentimientos que esos hechos le provocan.

Yo no tengo ideología, tengo ideas, sujetas en todo momento a revisión por parte de otra persona que aporte las suyas.

El otro tema ha sido la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Lo más divertido han sido los memes. Parecía que llegaba el apocalipsis, y que de repente millones de personas cruzarían la frontera con México en sentido contrario.

Como siempre, las cosas no son tan simples. Al fin y al cabo, el sistema norteamericano tiene dos factores que van a suavizar mucho las medidas que pueda llegar a tomar Trump: uno, el sistema de contrapesos que existen entre los tres poderes (ver aquí en página 22); y dos, la inexistencia de la disciplina de voto en congresistas y senadores.

La causa principal de lo que ha pasado es que la gente quería un cambio. La clase media norteamericana está harta de trabajar más horas por menos dinero, de no poder afrontar la educación de sus hijos, de que se cierren empresas y se deslocalicen en Méjico o en China. Y Trump ha sido el único que se ha preocupado de ellos. Con argumentos y propuestas estúpidas, cierto; por un personaje zafio, ignorante, patán, maleducado (qué diferencia con Marco Rubio, por ejemplo), y al que ni siquiera su propio partido ha apoyado hasta dos semanas antes de las votaciones. Pero finalmente ha sido el establishment contra un outsider. Que haya ganado un tipo como Trump habla muy mal…de sus rivales.

Por otro lado, Clinton ha sido la peor candidata que los demócratas podían presentar: simboliza como ningún otro el régimen establecido, contra el que el americano medio ha querido rebelarse. Y yo no creo que Sanders hubiera obtenido mejor resultado: muchos lo perciben como demasiado izquierdista, aun no teniendo la rémora de formar parte de establishment ni haber mentido o estar acusado de corrupción. De hecho, creo que mucha gente que votó a Sanders se ha quedado en casa. Los votos republicanos en los tres últimos procesos electorales no han variado demasiado (siempre en torno a los 62 millones), pero Hillary obtuvo 5 millones menos de votos que Obama en 2008.

La gente ha comprado medicina populista, soluciones simples llenas de testosterona para aliviar frustraciones ciudadanas: está claro que Trump no va a obligar al Gobierno de Méjico a construir un muro, ni va a hacer que las más de 1.500 empresas norteamericanas que fabrican muy cerca de la frontera de Méjico vuelvan a EEUU. Igual que aquí compran esa medicina muchos millones. Allí la red de seguridad se llama contrapesos del poder, aquí es la pertenencia de España a la Unión Europea. Luis del Pino hizo un ejercicio divertido recogiendo unas cuantas frases (por ejemplo: “Los tratados de libre comercio que quieren aprobar representan muchos billones, controlados por algunas naciones, corporaciones y lobbies; por todos aquellos que manejan los resortes del poder político, junto con sus intereses globales”), y proponiendo a los lectores que adivinasen el autor. Y la solución fue sorprendente. O no tanto.

El por qué en España, Italia y Grecia el populismo es de izquierdas y en el resto de Europa de derechas es una cuestión de la que hablamos el otro día en la comida. Para la próxima entrega. Y Roberto, prometo citarte.

PEDRO, LA TÁCTICA DEL SALAMI Y EL CULTIVO DEL ODIO

2 noviembre, 2016 1 comentario

Está todo en la Historia y en los libros. O casi. La demonización que estamos viendo estos días contra los diputados del PSOE y la propia gestora por abstenerse para permitir la formación de un Gobierno después de prácticamente un año me ha recordado los sucesos en la Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial. Y más concretamente la táctica del salchichón.

En Hungría el secretario general del Partido Comunista húngaro, Mátyás Rákosi (hijo de carnicero), acuñó la expresión “táctica del salchichón”: cualquier pieza de salchichón, por grande que sea, si se va cortando rodaja a rodaja se acaba con ella. Lo mismo hizo él con el resto de partidos políticos, tal y como cuenta Alicia Delibes en este artículo. En noviembre de 1945, en las primeras elecciones libres, el partido comunista sólo obtuvo el 17% de los votos. Mediante cazas de brujas, acusaciones de fascistas, purgas y persecuciones, obligaron al resto de partidos a desaparecer. En 1949 ya sólo había un partido, que ganó las elecciones de la ya entonces “República Popular”.

Podemos ha ido aplicando esta táctica primero en IU, cortando las rodajas de Llamazares, Cayo Lara, Luis García Montero; o expulsando a 5.000 afiliados de la Comunidad de Madrid. El resultado lo tenemos a la vista: Alberto Garzón en el número 6 de la lista por Madrid y con pocas palancas de poder dentro de Podemos. El siguiente paso es el PSOE: con Pedro Sánchez como cuchillo cortador ya han comenzado el corte del salchichón socialista. Mafia, IBEX 35, golpe de Estado, fascistas, burgueses, neoliberales, traidores, son algunas etiquetas aplicadas. Sobre el tema de las etiquetas, cito literalmente de la tesis doctoral de Íñigo Errejón:

“El proceso de construcción de hegemonía se revela así como una dinámica de permanente negociación, hibridación y pugna por la institución del sentido y por la fabricación y apropiación de los significantes reconocidos como valiosos por la comunidad política – “patria”, “justicia”, “cambio”- así como por la atribución al adversario de los significantes denostados, que aíslan y estigmatizan: “élites tradicionales”, “corruptos”, “neoliberales”, vendepatrias”. No se trata de un juego de suma cero, de una confrontación “plana” y absoluta, sino de innovación y construcción. Es una “guerra de posiciones” en el sentido más literal del término gramsciano: una lucha por realinear las posiciones, ordenar el campo político de tal forma que genere consenso para el actor hegemónico y la obligación para los adversarios integrarse como subordinados o permanecer en los márgenes del consenso social. “ [ps.580-581 de su tesis doctoral sobre «La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo».]

Y Pedro Sánchez hará como Alberto Garzón o Tania Sánchez, y tratará de entregar el PSOE a Podemos presentándose de nuevo a secretario general. Pero creo que el PSOE va a ser un salchichón más duro de cortar que IU. El por qué en las negociaciones anteriores con el PSOE para formar Gobierno Podemos quería el ministerio del Interior es por lo mismo que el partido comunista checo tras la Segunda Guerra Mundial quería controlar la policía, el ejército y la administración pública.

Por cierto, que el salchichón se puede cortar hacia dentro también. Así que Errejón que se vaya tentando la ropa, por si acaso.

Por otra parte, la Coordinadora 25S montada contra la investidura de Rajoy no es más que un movimiento golpista que trata de presionar para imponer la voluntad de unos pocos sobre los votos de todos los españoles. Nos guste o no, la decisión del PSOE no la han tomado siniestros personajes en oscuros despachos, sino representantes del PSOE legítima y democráticamente elegidos por los afiliados, y en su elección se han cumplido escrupulosamente sus estatutos. Qué pereza tener que volver a explicar que abstenerse para que pueda haber un Gobierno después de un año, y no tener que ir a las urnas de nuevo, no es apoyar a la derecha, y que el PSOE estaba en una situación muy buena para poder influir en la política de ese Gobierno. Ya lo expliqué con detalles aquí. Y a mí me fastidia mucho que el PP sea el partido más votado, pero si jugamos según las reglas hay que respetarlas. Tsevan Rabtan, en un post sensacional (léanlo despacio, merece mucho la pena) rebate los argumentos del manifiesto uno por uno. Entresaco este párrafo:

La posibilidad de un Gobierno alternativo al actual del Partido Popular ha provocado los movimientos de la oligarquía [la oligarquía son los señores diputados escogidos por los españoles en elecciones libres y secretas. En dos. En las segundas hay más diputados del PP que en las primeras] que han actuado en Ferraz primero [los que han actuado en Ferraz son representantes de los afiliados de un partido político, elegidos en un congreso de ese partido] y en el propio Congreso de los Diputados después [los que actuarán en el Congreso son diputados elegidos por los españoles hace apenas tres meses con todos esos datos —esa mafias en las que tanto se hace hincapié— conocidos por los ciudadanos: pueden votar lo que les dé la gana. Son completamente libres. Como lo son los diputados de Podemos e IU —los que no han obtenido mayoría para gobernar— también elegidos por los ciudadanos libremente]. El objetivo es el mismo que cuando el PSOE se alió con el PP para la reforma del artículo 135 de la Constitución: una gran alianza para blindar el Régimen del 78 ahora que se tambalea [se tambalea porque la gente se resiste a votar a los que se lo quieren cargar, naturalmente; de haber obtenido Unidos Podemos mayoría absoluta con este régimen eso demostraría que la democracia funciona y ese Gobierno con Pablo Iglesias de Presidente sería perfectamente legítimo] .

Y el señalamiento en las redes sociales ha comenzado. Este es el tweet que le han dedicado a Jaime Berenguer:

democraciavsmafia

Y si alguien tiene dudas, la prueba del algodón: los aplausos de sus líderes tanto a Rufián como al representante de Bildu (justificando los asesinatos de ETA). Lo de Rufián merece capítulo aparte. Un discurso para simples mentales, lleno de faltas de ortografía, que un buen samaritano tuvo la cortesía de corregir y devolver, a ver si aprendía algo el muchacho. Un relato en el que mezcla churras con merinas, al más puro gusto de la demogogia populista. Por ejemplo, cuando se puso a recitar supuestos mensajes de “militantes socialistas”: “cobro 884 € por 168 horas al mes. Vivan con esto una temporada y se les pasarán las ganas de apretar ese botón”. A ver. Tendremos que saber qué hace este señor, qué estudios y qué experiencia tiene, y qué pasos ha dado por mejorar su situación laboral. Pero aparte es como si fuera el PP el que le paga. Si gana ERC Rufián (que gana algo más de 884 € al mes) seguro que le complementa el sueldo a este señor. O si Cataluña es independiente se lo suben a 2.000 al día siguiente. O si hay un Gobierno Frankenstein. O si mañana se proclama la República. Y que haya gente que se trague estas patrañas…

Pérez Reverte lo clavó cuando escribió lo siguiente:

Y no sólo eso. Porque en el caso Rufián, y de tantos como él, se da otra circunstancia aún peor: el abandono de la gente, de los ciudadanos decentes, en manos de la gentuza política local. A cambio de gobernar de cuatro en cuatro años, los sucesivos gobiernos de la democracia han ido dando vitaminas a los canallas y dejando indefensos a los ciudadanos. Y ese desamparo, ese incumplimiento de las leyes, esa cobardía del Estado ante la ambición, primero, y la chulería, después, de los oportunistas periféricos, dejó al ciudadano atado de pies y manos, acosado por el entorno radical, imposibilitado de defenderse, pues ni siquiera las sentencias judiciales sirven para una puñetera mierda. Así que la reacción natural es lógica: mimetizarse con el paisaje, evitar que a sus hijos los señalen con el dedo. Tú más catalán, más vasco, más gallego, más valenciano, más andaluz que nadie, hijo mío. No te compliques la vida y hazte de ellos. Así, gracias al pasteleo de Aznar, la estupidez de Zapatero, la arrogancia de Rajoy, generaciones de Rufiancitos han ido creciendo, primero en el miedo al entorno y luego como parte de él. Y van a más, acicateados por la injusticia, la corrupción y la infamia que ven alrededor.

Y todo esto construyendo un discurso del odio, sacando a pasear a Franco otra vez, tratando de ganar la Guerra Civil con casi 80 años de retraso. Sin aportar soluciones a los problemas de los españoles y creando otros donde no los había. Lo de Ada Colau y la estatua de Franco sin cabeza es de película de Berlanga. Qué ganas de poder hablar de cómo reducir el desempleo, cómo acabar con las muertes por violencia de género, de qué forma conseguir que no haya personas en riesgo de exclusión social, o de qué manera podemos conseguir que el empleo deje de ser precario.

Pero es más fácil dejarse llevar por el odio, crear muñecos de pim-pam-pum a los que aporrear convenientemente, repetir eslóganes como loros; y “cabalgar contradicciones”, como estar a favor de las renovables y al mismo tiempo de las subvenciones al carbón (responsable del 70% de las emisiones de CO2); estar en contra de la inversión-pelotazo y especular con la venta de una vivienda protegida, pagada seguramente por su padre procesado por las tarjetas black (Ramón Espinar); odiar a los mercados y amar la emisión de deuda pública (afirmando acto seguido que la que se considere “odiosa” no se va a pagar); acceder al Parlamento Europeo con un programa electoral proponiendo la salida de la UE, la desobediencia a Bruselas, y luego afirmar que son profundamente europeístas, y lamentar el Brexit.

Y en el fondo la culpa de todo la tienen el PP y el PSOE. Tolerando y amparando su corrupción, y permitiendo la de CiU en Cataluña, muchas personas de buena fe han caído en estas maniobras. Pero el pueblo es soberano. Aún así, el 70% del Congreso es PP-PSOE- C’s (muy tocado al “régimen” no lo veo).

Y para finalizar, decir que me encanta el tweet que ha fijado en su perfil mi amigo Jaime Berenguer: en España sí hubo un partido político decente. No solamente no robó sino que además persiguió la corrupción. Sólo tiene 47 retweets y 41 me gusta. El pueblo, nuevamente, ha hablado.

decente