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ELECCIONES FRANCESAS: COSAS QUE PASAN EN FRANCIA (Y NO EN ESPAÑA)

10 mayo, 2017 4 comentarios

Estas elecciones francesas a la presidencia de la República nos ha dejado varias cuestiones para considerar, y todas muy interesantes. Hay que aclarar que Francia y España tienen sistemas muy diferentes: uno es presidencialista y el otro parlamentario. Además, son muy distintos en muchas cosas: como señala con acierto Carlos Martínez Gorriarán en un magnífico análisis sobre el populismo, “Francia es un país donde todavía se venera al intelectual y el mundo de la lectura, de los libros y la opinión escrita; quizás sea uno de los últimos del mundo. Sus medios de comunicación públicos ofrecen buenos debates sin caer en los vicios del tertulianismo español, y la prensa es claramente pluralista. Su sistema educativo laico y republicano es modélico en algunos aspectos”.

La primera cuestión que quiero destacar es que el sistema a doble vuelta ha puesto de relieve las contradicciones entre populismos rivales, al pasar sólo uno de ellos a la siguiente fase. Mélenchon debería ser el extremo opuesto a Le Pen (extrema izquierda contra extrema derecha), pero en realidad los extremos se tocan, y mucho. Tanto es así, que un millón de votantes de Mélenchon en la primera vuelta han votado a Le Pen en la segunda. Es lógico si leemos los programas puros y duros: ambos tienen muchas semejanzas, tanto en el ámbito no económico (los dos promueven un control político de los medios de comunicación, volver a introducir el servicio militar obligatorio, la salida de la OTAN o el imperialismo cultural francófilo), como sobre todo en el económico: más gasto público (en un país que tiene el sector público más grande de la Eurozona, el 56% del PIB), más impuestos, proteccionismo, crédito barato, deuda pública, y planificación económica. En Francia ha pasado algo que en España no pasa, y es que la gente se lee los programas electorales y actúa en consecuencia. Juan Ramón Rallo explica los programas económicos (y las consecuencias “maravillosas” de su posible aplicación) de Mélenchon aquí y el de Le Pen aquí, para quien quiera ampliar información. La política migratoria es de las pocas diferencias entre ambos. Sí que es cierto que ha habido récord de voto en blanco (4,2 millones, un 8% de los emitidos) y nulo (mucho Mélenchon, más de 900.000, un 3,17%). Los franceses también son más imaginativos que los españoles votando nulo, según mi experiencia de ocho años como apoderado en diversas elecciones.

En segundo lugar, la corrupción sí penaliza en Francia, no como en España (donde el único partido que luchó contra la corrupción ha desaparecido del mapa político, y el único partido imputado por corrupción como tal es el más votado). Françoise Fillon apabulló a sus rivales en las primarias del centro derecha: a un Sarkozy agobiado por los jueces y a un Alain Juppé demasiado moderado para los votantes y simpatizantes de los Republicanos. Hace cinco meses, todos pensábamos que Valls sería el candidato del partido socialista, y Fillon el de la derecha, y que probablemente éste último ganaría la segunda vuelta, a la que llegaría contra Le Pen. Pues nada de todo esto ha sucedido. En febrero saltó el escándalo de la esposa de Fillon, finalmente imputado por los delitos de malversación de fondos públicos y apropiación indebida, en relación con los supuestos empleos ficticios de su mujer, como su asistente parlamentaria. Se creía que estaba en España cuando dijo: “solo el sufragio universal, y no un procedimiento lanzado ad hoc en mi contra, puede decidir quién es el presidente de la República”. Pero desgraciadamente para él estaba en Francia, y los electores le castigaron (aún así quedó el tercero, obteniendo casi un 20%).

El caso de Valls es completamente diferente, éste ha sido víctima de las primarias. Me acuerdo de esa frase de Rodríguez Ibarra que dice “o el PSOE acaba con ellas o las primarias acaban con el PSOE”. A mi me pasa como a Fernández Vara, que yo era firme partidario, pero cuantos más ejemplos veo, menos me convence su utilidad. En las primarias para elegir candidato en el partido socialista francés,  Benoît Hamon se impuso claramente a Manuel Valls y asumió la condición de candidato a la presidencia de la República. El partido socialista, que en diez años ha perdido al 60% de sus militantes, se ha dividido en dos de forma irreversible: Benoît Hamon, cuyas propuestas de campaña (subsidio universal implantado gradualmente, adaptación a una economía sin crecimiento, ruptura con los límites presupuestarios de Maastricht, renovación constitucional para crear una Sexta República) son compartidas con Mélenchon, se pegó el gran castañazo, acabando en quinto lugar (6-7% de los votos). No ha entendido que entre la copia y el original, la gente prefiere el original. O como dijo Redondo Terreros, si jugamos a Podemos, gana Podemos. Que Sánchez vaya tomando nota.

Y el ganador como consecuencia de los dos párrafos anteriores ha sido Macron. Después de haber dimitido en agosto de 2016 como ministro de economía del gobierno socialista de Hollande, en octubre presentó su candidatura a la presidencia de la República, creando un partido político nuevo, sin que nadie diera un duro por él en ese momento. Los errores de sus rivales socialistas y conservadores, más el rechazo a la ultraizquierda y la ultraderecha de la mayoría de los franceses, le han ido haciendo crecer en las encuestas, hasta situarse como favorito. Macron se ha definido como de izquierdas (“Yo soy de izquierdas, es mi historia”), aunque reconoce que los grandes problemas del país requieren un consenso transversal. Valls ha pasado de “el asunto no me interesa” cuando Macron presentó su candidatura a “quiero inscribirme en el movimiento La República en Marcha. Seré el candidato de la mayoría presidencial”, y decir que el partido socialista está muerto.

Por otro lado, no puedo evitar dedicar unas líneas a la comparación entre Albert Rivera y Macron, que he escuchado últimamente. Una rata y un caballo se parecen, ambos son mamíferos y tienen cuatro patas, pero en fin…Macron ha sido ministro del partido socialista, ha tenido el valor de dejar el partido y fundar otro, presentándose en muy pocos meses a las elecciones presidenciales y ganando. Desde luego nada parecido a Rivera, que primero fue socialdemócrata, luego se presentó a las elecciones europeas de la mano de un partido de extrema derecha (Libertas); luego se declaró liberal-conservador y se identificó con Mark Rutte; más tarde se definieron como liberal-progresistas; y ahora son Macron. Aparte de que Macron hasta ahora no ha hecho sinvergonzonerías como estas, ni ha situado topos en un partido de la competencia para fagocitarlo con malas artes al estilo Podemos con IU, ni ha fomentado el transfuguismo, absorbiendo trescientos concejales de partidos locales y regionales sin dejar previamente el acta, incumpliendo el pacto anti transfuguismo que no han firmado. Yo por lo menos pienso que en política no vale todo. Y del cupo vasco ni hablamos. No sabe y no contesta. 

Para finalizar, comentar que Macron tiene un arduo trabajo por delante. Le Pen ha ganado en las zonas de Francia con salarios más bajos, desindustrialización y mayor índice de pobreza. El paro, que ronda el 10% (nada que ver con España), un raquítico crecimiento económico (del 0,3%), el antieuropeísmo creciente (entre Le Pen y Mélenchon sumaron un 40% de voto en la primera vuelta), son algunos de los principales y difíciles problemas que tendrá que afrontar a partir de ahora; y la eliminación de 120.000 empleos públicos y la prometida reducción del déficit público son medidas que veremos si es capaz de llevar a cabo.

Y recordemos que en junio tendremos una “tercera vuelta” que son las elecciones legislativas. Le Pen no está muerta ni mucho menos: la antiguas cuencas mineras del norte de Francia y en los valles de la siderurgia del Este han votado Frente Nacional. Los viejos bastiones del partido comunista, primero, y de los socialistas, más tarde, votan a Marine Le Pen hoy. En 2002 el Frente Nacional se llevó cerca del 20% y, 15 años después, se acerca al 40%. Queda mucho partido por jugar.