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LOS SUEÑOS DE ROBERTO

6 julio, 2017 1 comentario

Llevo tiempo pensando escribir esto. En el fondo te lo debo, es una simple muestra de tributo y agradecimiento.

Creo que empezamos a hablar por Facebook en 2013. No recuerdo exactamente cómo fue, pero yo estaba planificando mi viaje en moto a Croacia e Italia, y tú acababas de volver de allí. Contacté contigo para pedirte consejos, ya que era mi primera vez, y me ayudaste mucho a que luego todo saliera genial. Nos prometimos seguir compartiendo nuestras experiencias y nuestros sueños.

Desde entonces, tú has vuelto a rodar por lugares de banderas distintas, y ahora mismo estás embarcado camino de la Capadocia, en otra misión para extender tus fronteras. Incluso has “gastado” ya una moto, la Cuca Morena: 25 países (España, Portugal, Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Italia, Croacia, Austria, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Grecia, Liechtenstein, Suiza, Suecia, Finlandia-con cabo Norte incluido-, Noruega, Rusia, Letonia, Lituania, Estonia, República Checa, Dinamarca y Luxemburgo) y mas de 65000 kilómetros. Ahora viajas sobre Fujur, el dragón blanco, al que le queda mucho, pero mucho, camino por recorrer, camino de Capadocia, un viaje espectacular.

viaje Roberto 2017

Yo, por desgraciadas circunstancias, no he podido repetir la misma aventura. Han pasado muchas cosas en estos cuatro años, sobre todo malas, y uno a veces tiene que renunciar a sus planes por un bien mayor.

Quiero escribirte estás líneas porque, aunque alguna vez te lo he comentado, tus viajes estos años me han servido para poder seguir manteniendo la ilusión y vivir mis sueños a través de tus aventuras. Yo, como muchos otros de tus amigos, he viajado a tu lado y he compartido contigo, en la distancia, todas esas emociones, paisajes, atardeceres, que ibas viviendo sobre tu moto. Porque aunque no te lo creas sobre ella íbamos muchos, viviendo una vida que queríamos vivir en ese momento y por circunstancias no podíamos vivir en primera persona. Sigues siendo nuestro enviado especial al mundo de los viajes en moto por el mundo, hasta que podamos sentarnos de nuevo en el asiento del conductor.

Algún día, más pronto que tarde, podremos compartir camino, y tu luz también será la mía, y viviremos juntos en persona lo que ahora yo vivo como la vida de otro. Pero al mismo tiempo, ahora tu viaje es también parte de mi vida, porque me ilusiona, me divierte, me sostiene y me ayuda, cuando hay fuerzas oscuras ahí fuera que tratan de tirar de mi hacia abajo.

Tengo mi Harley en el taller con el motor reventado y esperando uno nuevo. Hasta entonces, hablo mucho de mis viajes y digo: lo volveré a hacer. Llevo acumuladas tres motos y 200.000 kilómetros. Habrá más y mejores. Aunque mi Road King de 2006 es como mi naranja entera, es para siempre. He encargado el mismo motor porque no quiero cambiar de moto. Me gusta esta.

Y hoy, cuando te vayas a dormir, cansado de todo el día, piensa que no estás solo, que llevas tras de ti a mucha gente.

Fujur

Te deseo lo mismo con lo que nos felicitaste el año nuevo: mucho color… caminos claros y despejados… alegría, sueños que cumplas, y otros tantos por cumplir… y mucha ilusión, que no falte.

Y sólo espero que llegue el día que compartamos carretera y podamos discutir sobre marcas de cerveza de muchos países. En eso soy un experto.

Un abrazo y que tengas un buen viaje lleno de curvas.

OTRA RUTA EN MOTO POR EL CABO DE GATA

28 agosto, 2016 Deja un comentario

En junio de 2014 hicimos un viaje en moto por el cabo de Gata, exploramos bastante y quedó descrito todo ello en esta entrada. Este año, por diversas razones, ha sido un año bastante complicado. De hecho, no sabíamos si tendríamos vacaciones. Al final y en el último momento decidimos repetir moto por el cabo de Gata y atar algunos cabos que quedaron sueltos en el primer viaje. No voy a repetir información ya reseñada en la anterior entrada, aunque me referiré a sitios comunes. Recomiendo para los que no lo hayan hecho leer primero la entrada anterior.

En primer lugar, el hotel donde decidimos quedarnos es sensacional. Está en Garrucha y se llama hotel Tikar. Hotel pequeño, muy bonito, bien ubicado, y atendido por personas muy amables y que te hacen sentir como en casa. Sean y Beatriz, los dueños, se preocupan que no te falte de nada. El restaurante es excepcional, y la vinoteca es un valor añadido: a Sean le gusta mucho y entiende de vinos, y bien que se cuidó de demostrarlo. El espacio de la piscina es relajante y acogedor, desayunar en él es un lujo. Podéis ver fotos en el enlace del hotel. La moto la pudimos aparcar justo enfrente de la vinoteca.

Sean y yo

Sean y yo

Decir que en esta ocasión sí que encontramos el bar de Jo. Fuimos a la Isleta del Moro y luego a Los Escullos. La Isleta del Moro estaba bastante superpoblada, y hay varias playas que la rodean de buena calidad (excepto la del pueblo, pequeña y con piedras). Aunque reservamos mesa en un restaurante con antelación, parecía haber muy pocos locales en el pueblo para comer, por lo que estaban desbordados y tardamos en comer muchísimo. También en otra ocasión intentamos ir a Agua Amarga y nos tuvimos que dar la vuelta por el fenomenal atasco que llevaba la carretera. Cosas de la globalización (a la española).

La Isleta del Moro

La Isleta del Moro

Los Escullos me gustaron mucho más. Es una playa de piedras, pero con el agua cristalina donde la gente va a hacer buceo. Y aprovechando la proximidad nos fuimos al bar de Jo. Sigues en dirección al camping y justo antes hay un camino de tierra. Siguiendo el camino durante un rato (hay que tener cuidado porque parece que nos hemos perdido) se llega al garito.

Objetivo conseguido, la bañera del bar de Jo

Objetivo conseguido, la bañera del bar de Jo

El bar tiene su gracia: consiste en unas cabañitas de madera unas al lado de otras, y una camarera que parece salida de una peli de hippies de finales de los 60. A primera hora (abren a las 7) ponen música pachanguera, pero luego ya empieza el rock. Debe tener bastante éxito en verano, porque hay dos parkings fuera. Pero con la moto, si no hay demasiadas dentro, puedes pasar una pequeña puertecita de madera y aparcar en la barra (casi). Así lo hice, y luego la tuve que quitar, porque la Electra azul a la que no dejaba salir resultó ser la moto de Jo. Allí conocimos a un chico de Sevilla, Jose (alias el Barón Rojo), que había llegado en el día y acababa de encontrar sitio para dormir. Compartimos cervezas e historias varias. Su moto es muy chula, abajo la podéis ver.

La moto del Barón

La moto del Barón

Y ese mismo día compramos una pieza imprescindible para la moto: una sombrilla. Buscamos al salir de Madrid una plegable que pudiéramos llevar en la moto, pero no encontramos. Al final compramos una de 1,60 que no quedaba mal, como podéis comprobar. Pasamos al lado de una patrulla de la Guardia Civil y no nos dijeron nada. Y evidentemente tiene su utilidad cuando vas a la playa.

La sombrilla, en rojo como la moto

La sombrilla, en rojo como la moto

Playas: mi playa favorita de todos modos es la de Carboneras. Aunque el panorama es bastante feo por los edificios industriales y la maquinaria en el horizonte, el agua está muy limpia y hay muchísimos peces para hacer snorkel muy cerca de la orilla. Así que si te gustan como a mí las playas piscineras (sin olas) y con muchos peces para sentirte como dentro de una pecera, este es tu sitio. Entre Carboneras y Mojácar hay otra cala pequeñita y muy chula, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero aquí está la foto.

La cala sin nombre

La cala sin nombre

Comida: respecto de la manduca, hay en Garrucha un sitio estupendo para comer que se llama El jardín de la paella. Los arroces están muy buenos, así como el pescado fresco, aunque el precio oscila entre 30 y 40 euros por persona. También en Carboneras recomiendo los restaurantes pegados a la playa, más baratos y de buena calidad.

En resumen, me encanta este sitio; aunque en agosto había sitios un poco petados de gente, todavía puedes extender los brazos en la playa y no tocar nada alrededor. Y la carretera de Vera a Carboneras sigue siendo de las más chulas que conozco. Próximamente prometo vídeo con música en marcha por esta carretera.

UNA RUTA EN MOTO POR EL CABO DE GATA

29 junio, 2014 Deja un comentario

Pues el caso es que necesitaba unos días de descanso. Y en vista de que el pronóstico iba a ser bueno, pues va siendo hora de desatascar los tubos de escape de la moto. Bueno, pues después de devanarnos la sesera con dónde íbamos a ir, mi naranja entera y yo decidimos hacer mototurismo unos días por el cabo de Gata, en Almería.  Yo nunca había estado, pero ella sí, y la moto tampoco.

Pues resulta que puedo decir que he hecho algunas de las mejores rutas en moto en mucho tiempo. Carreteras de montaña con muchas curvas pegadas al mar, con calas para tomar un baño por el camino y paisajes espectaculares. Hay de todo, desde playas de piedras, arena, calas, pequeñas, grandes y medianas. Eso sí, para ser puente en Madrid bastante menos gente en playas y restaurantes que por ejemplo en Levante, con lo cual mucho mejor. Ninguna sensación de agobio ni de tener que esperar para nada.

Salimos de Madrid a las nueve y media de la mañana, y llegamos a Vera sobre las dos y media, yendo a velocidades legales y haciendo dos paradas. Nos alojamos en unos apartamentos muy baratos y bastante majos. Desde allí como base de operaciones fuimos explorando los alrededores.

La carretera que va por la costa hasta Agua Amarga merece la pena, pasando por Garrucha, Mojácar y Carboneras. La carretera va constantemente paralela al mar, con tramos de montaña y curvas. El único inconveniente es que vas atravesando todos los pueblos por su paseo marítimo, hay badenes y un solo carril, por lo que te va a tocar ir despacio. Pero como no tenemos prisa, pues a disfrutar del paisaje.

Playa de Mojácar

Playa de Mojácar

Garrucha es un pueblo apodado la pequeña San Sebastián que vivió momentos de apogeo a principios del siglo pasado, como lugar de residencia de los propietarios de negocios. Hoy es un pueblo con encanto, donde merece da un paseo por la noche y tomar algo en alguno de los locales situados en el puerto.

Mojácar es un pueblo precioso con cuestas muy empinadas que bien merece una visita. Llegando a Carboneras se ve un hotel enorme que se quedó en construcción pegado a la montaña. En el camino, está el mirador de Granatilla, donde podemos ver el mar desde la montaña. Un trayecto que parece diseñado para la moto, con muchas curvas pegado al mar, y que termina en un descenso prolongado hasta llegar a Carboneras.

Carboneras tiene una playa muy chula, resguardada en un pequeño golfo, que nos gustó mucho (sobre todo a mí), y que en un día ventoso como en el que viajamos venía muy bien para poder bañarse sin sobresaltos. Desde ahí podemos ver la isla de san Andrés. Frente a la playa hay tres restaurantes consecutivos, con buenos precios y calidad. Allí nos bañamos, comimos y nos volvimos a bañar. Seguimos ruta luego hacia Agua Amarga. Si te desvías antes de llegar, y ya habiendo entrado en el Parque Natural de Cabo de Gata, puedes llegar hasta la punta de la media naranja y el Faro Roldán.

Camino de Carboneras

Camino de Carboneras

Agua Amarga nos encantó, un pueblito encerrado entre las montañas, como si saliera del propio mar que lo rodea. Todo casas blancas y bajas pegadas a la playa.

Al día siguiente, fuimos a Níjar. Es un pueblo que asciende hacia la torre que lo corona, se puede hacer andando y desde allí observar las vistas. Se puede ver también el museo del agua, situado en la plaza. Desde allí, nos adentramos en el propio parque natural yendo a San José. Aunque ha cambiado mucho en los últimos diez años, sigue siendo en mi opinión un pueblo encantador. Ahí pudimos comer en un restaurante cercano a la playa y dirigido por italianos de diversas procedencias (el cocinero es siciliano), y comimos estupendamente y muy bien de precio.

De allí nos dirigimos a la playa de Los Genoveses. Hay que salir de la carretera por un camino de tierra y pagar cinco euros por llegar hasta la playa y aparcar. El camino es practicable para ir despacio, no hace falta tener una moto de trail, la nuestra es una Harley Davidson Road King y no tuve problemas. La playa es muy bonita y no había demasiada gente, el agua cristalina, incluso pudimos hacer snorkel y ver algunos peces. Cerca está la cala de El Mónsul, que también es otra opción.

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Playa de los Genoveses

Al salir de la playa, la moto empezó a salirse de punto y acelerarse. Probablemente se había llenado de polvo el filtro del aire, ya que en cuanto rodamos un poco y estuve un rato parado, desapareció el problema. Yendo hacia Los Escullos, dada la situación, no me quise arriesgar, pero cerca del camping hay un sitio muy particular que no intentamos buscar, el bar de Jo.

Jo es un motero francés que hace años decidió establecerse aquí. Es un sitio para amantes del rock, con una decoración un poco peculiar. No es fácil de encontrar, y más de uno se ha vuelto loco por unos caminos de tierra que parecen sacados de una película de Tarantino… Pero dicen que merece la pena acercarse: hay que conducir en dirección a Los Escullos, y cuando se llega al camping de la entrada del pueblo se gira a la derecha por un sendero. A unos cien metros está el cartel que señala la entrada, y suele haber una bandera pirata, que de día puede servir de señal para encontrarlo. Se supone que abre a partir de la segunda quincena de junio. Nosotros no tuvimos ocasión de comprobarlo, ya que cuando estuvimos en Los Escullos la moto se salió de punto, y estaba más preocupado de si se arreglaba que de buscar el bar.

Muy cerca están Las Negras, que ya solo vimos de pasada. Dejamos para otra ocasión el faro del cabo de Gata, que dicen que puede ser todo un reto llegar con una moto como la nuestra, por lo estrecha que es la carretera.

A la vuelta decidimos ir por la carretera de la costa hasta Águilas, en Murcia. Una carretera espectacular, con curvas y montaña pegada al mar, y si estás atento, puedes parar en huecos a los lados de la carretera y bajar a bañarte en las calas que hay por el camino (como la cala Cristal o la cala Mal Paso).

En suma, aunque ha aumentado la construcción en lo que hace diez o quince años era una zona prácticamente salvaje y llena de hipppies (alguno queda en la actualidad), el cabo de Gata sigue siendo una zona mucho más recomendable que otras, como la costa del Sol, Levante o el cada vez más chic Cádiz, en mi opinión. Sigues pudiendo bañarte casi sin compañía y acceder a lugares aislados. Y para la moto es una gozada.

DE ESPAÑA A CROACIA EN MOTO: EL VÍDEO DEL VIAJE

5 octubre, 2013 1 comentario

Bueno, y ésta es la guinda sobre el pastel: con varios vídeos grabados a lo largo del viaje por Mar (que no por mar), hemos montado una peliculilla de 16 minutos. Con banda sonora molona, esperamos que os guste.

DE ESPAÑA A CROACIA EN MOTO: LA PREPARACIÓN

8 julio, 2013 8 comentarios

Supongo que será tanto ver videos de Ewan Mc Gregor y Charlie Boorman, o tener amigos chiflados como Jorge que se van a Elefantentreffen o a hacer la ruta de los castillos de Escocia. O los libros de Ted Simon, que hacen mucho daño a la cabeza. O como Cedric y Ana, que se van en moto a Suiza y demás países raros de la Europa central. O el señor Quique y su chica, que se fueron en la Fat Boy a París. Qué romanticón. O la crisis de los cuarenta. O Mariano, que el año pasado se fue con su hijo a recorrer todas (o casi) las montañas de Europa Central. Para este año mi naranja entera y yo habíamos hablado de hacer un viaje en moto por Europa.

Al principio no teníamos nada decidido. Había algunas variables, “viaje”, “moto”, “Europa” y “verano”. Hablando con Nico y Ximi, que iban a ir a Sicilia, pensamos que podría ser una opción. Nos atraía la costa amalfitana, donde ya estuvimos en coche, y tiene que ser la leche en moto. Hasta que cogimos el mapa y comprendimos por qué Aníbal no llegó hasta Roma. Demasiados kilómetros y carreteras no muy recomendables de Nápoles hacia abajo. Un ferry para pasar a Sicilia en el que no podíamos reservar. Bueno, y que en el fondo ya habíamos estado allí. Entonces comenzó a cobrar fuerza la idea de ir a Croacia, donde ninguno habíamos ido nunca. También pensamos en hacer la vuelta a España en moto, pero Mar tiene razón, que eso siempre lo podremos hacer.

Con el mapa en la mano, me di cuenta de que solamente hasta Ventimiglia ya tienes 1.300 km. Y pensando realmente en qué quieres, si el camino o elegir por donde caminas, con mi anterior experiencia de Francia, pues pasando de ir por la costa azul. Y luego también me percaté de que desde el norte de Italia estás muy cerca de Suiza, Alemania o Austria. Conclusión: estaba hecho un lío.

Tras varios días de reflexión, compartiendo mis inquietudes con mis colegas, Honky me dio la clave: mucho romanticismo de lo del viaje, pero en el fondo lo de hacer mil y pico kilómetros por autovía y otros tantos de vuelta no tiene mucho encanto. Y teniendo en cuenta que desde que me compré la moto en 2007 no me hago un viaje largo; que soy seis años más viejo que entonces; que mi chica, por una curiosa coincidencia, también es seis años mayor que entonces; que mi forma física tiende a la redondez desde aquel viaje; y comprobé que pesaba 78 kg desnudo: inmediatamente decidí volverme a poner la ropa, y me puse a buscar un ferry a Italia que nos admitiera a nosotros y a la moto. Me podréis acusar de burguesito, de motero de pacotilla, de cagao, y de gallina. Pues sí: estoy de acuerdo con Honky, es un coñazo que pienso evitar. De hecho, tengo un modelo de Harley que según algunos es una moto de abuelo (una Road King Classic). Pues abuelo y todo lo que queráis, pero me he hecho varias veces 500 km seguidos y más, y no me duele el culo. Hala.

Sin la ruta definida todavía, y con varios mapas de Europa dando vueltas por la cabeza, también me di cuenta que si queríamos ir a Croacia, Split y Dubrovnic están un poco lejos. De Ventimiglia a Split hay 1.200 km. Y la idea que tengo es de disfrutar un poco del camino, no hacer una gimkana motera estilo Long Way Round. Ya hemos dejado claro que soy un burguesito al que le gusta disfrutar de la vida. Como dice un amigo de mi hermano, “esta vida está hecha para cuatro y uno de ellos es tu hermano” (o sea, yo). Y que conste que hago lo posible por hacer buena la frase. Con todo ese desbarajuste en la cabeza, un día jugando al baloncesto me comenta mi amigo David que él se ha hecho ese viaje en coche y que hay un sitio que tengo que ver sí o sí: el lago di Garda. Que fue lo que más le gustó del viaje. Y luego, con el mapa en la mano, me encuentro una página estupenda, sempreviaggando.com, de una chica que se llama Roser. La página es genial, os la recomiendo. Aquí encuentro información del lago di Garda y sí que me convence la cosa. También tiene información de Croacia la tía (debe viajar más que Willy Fog), y de coña veo que hay una parte de Croacia de la que casi no se habla (yo no sabía que existía), que es la península de Istria. Y me pongo a echar cuentas y veo que al final está muy cerca una de otra, unos 450 km. Creo que ya tengo lo que quería, dos sitios relativamente cercanos y con lugares muy interesantes para ver en los alrededores (Génova, Verona, Venecia, Padova, Trieste, Inssbruck, Bolzano, Ljubljana, Zagreb, Cres, Bale, Rovijni, las islas del Adriático) en excursiones en el día. Las playas son muy bonitas, con agua cristalina, pero con piedras, nada que unas buenas cangrejeras no puedan solucionar.

Una vez consensuado con mi naranja entera, empezamos a diseñar el viaje, los días, los alojamientos, el ferry (finalmente de Barcelona a Génova). Y un regalo final: hablo con todos mis amigos italianos (muchos y muy buenos, gracias todo a Nico), y uno de ellos va a estar en Alassio coincidiendo con nosotros. Así que nos vamos a cruzar Italia a lo ancho, después de dejar Croacia, y terminamos en la Riviera italiana antes de coger el ferry de vuelta a Barcelona. La guinda sobre el pastel. Qué haremos al llegar a Barcelona desde Génova a fecha de hoy está sin decidir.

Consigo que mi jefe me firme las vacaciones y ya tenemos reservados alojamientos y ferry (Mar me dice que soy demasiado cuadriculado, pero prefiero no arriesgarme a pagar un pastizal por un sitio cutre por no haber reservado con antelación). En Croacia estaremos en una casita junto al mar. Me hace muuuuuuucha falta desconectar. Pero mucha. Gracias a todos los que nos habéis ayudado con esto, es un sueño pequeño hecho realidad. Y os lo iré contando por aquí de vez en cuando sobre la marcha. Y os dejo un poco de música inspiradora.