MÁS REFLEXIONES DESDE EL CONFINAMIENTO


NOS MERECEMOS LA EXTINCIÓN COMO ESPECIE

Mi experiencia en los breves ratos en que he salido a la calle es que nos merecemos la extinción como especie. El virus somos nosotros. En una hora escasa pude ver de primea mano: dos chicas dándose un beso y abrazándose sin mascarilla, sin guantes y sin nada; grupos de cinco personas haciendo botellón en medio de la calle; gente sin guardar la mínima distancia de seguridad; otros que vienen hacia ti y no hacen el más mínimo movimiento; tres tipos sentados en un banco al lado de mi casa haciendo botellón; personas saliendo a horas que no les corresponden.

Así que sigo confinado, ahora de forma voluntaria. Al principio me enfadé con el alcalde de Madrid por no haber abierto los parques para poder correr, pero lo que vi el otro día me hizo cambiar de opinión: gente atravesando las cintas de la policía sin pudor alguno y paseando tranquilamente por el parque. Así que si los abrieran sólo para hacer deporte me imagino el fiestón en el césped que veríamos.

A lo mejor un día de estos salgo a las seis y media de la mañana a ver qué pasa.

POR QUÉ CALIFORNIA SE LLAMA ASÍ

Uno de mis descubrimientos del confinamiento ha sido un programa que se llama La escóbula de la brújula, y en concreto, su programa 334, titulado Huellas españolas en los EEUU. Lo pueden escuchar aquí. En él entrevistan a Guillermo Fesser, gran conocedor e impulsor de la huella española en ese país. Su libro A cien millas de Manhattan es una delicia y muy recomendable, en el que narra su experiencia de español guiri en USA. También aparece Carlos Canales, autor del libro Banderas lejanas, en el que narra que los españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Mississippi, atravesaron las llanuras de Kansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los Ángeles, Santa Fe o San Francisco.

En el programa cuentan muchísimas anécdotas normalmente desconocidas, como por ejemplo que el nombre de California viene de la segunda parte del Amadís de Gaula (Las Sergas de Esplandián). En esta obra se describía una isla imaginaria poblada de hermosas mujeres y tesoros valiosos, en la cual gobernaba una reina negra llamada Califa, y cuyo nombre era California.

O por ejemplo el caso de la marca de automóviles DeSoto (llamada en honor al explorador español Hernando de Soto), creada por Walter Chrysler en 1928, y que llegó a ser bastante famosa en los años 50. En Cuba todavía pueden verse circulando. Su símbolo era la efigie del conquistador en el capó.

DeSoto hood ornament Harrisonburg VA June 2008.jpg

Cuando estuvimos el verano pasado en Memphis, vimos que el puente que les comunica con Arkansas se llama también Hernando de Soto, ya que exploró esa parte del Mississippi y murió al sur de Memphis.

También es curioso que los coches de la policía de Los Ángeles lleven el escudo de Castilla y León en la parte inferior derecha, ya que en el escudo del estado está presente, junto con la bandera del estado, el águila de México y la bandera de USA:

Seal of Los Angeles.svg

Escuchen el programa, es muy interesante. Una cuestión que se plantea, y que dejo para otro día, es el de las relaciones entre españoles y sudamericanos, tanto dentro como fuera de USA, y los prejuicios y recelos mutuos. Además de falsedades históricas y otras verdades ocultas que harían que nos lleváramos mejor entre nosotros, como por ejemplo el hecho de que no hubo ninguna guerra de independencia, sino una guerra civil entre españoles que no querían pagar impuestos y otros que sí; y que hubo diputados en las Cortes de Cádiz de Perú, México o Filipinas. No éramos colonizadores y colonizados, éramos españoles todos.

EL INFINITO EN UN JUNCO

De verdadera casualidad escuché una entrevista en la Cadena Ser el fin de semana a una escritora que se llama Irene Vallejo. Creo que no me he sentido tan afín a alguien de una forma tan rápida. No he leído una descripción más acertada de lo que es un libro que esta: “El libro favorece la calma, el pensamiento, la intimidad y la concentración. Todos ellos son actos de resistencia en una época colonizada por las pantallas. Además, el libro nos mantiene desconectados de las urgencias, las notificaciones y la publicidad. No tiene baterías que recargar, es resistente y puede ser muy bello. No sufre la obsolescencia programada, pues la vida útil de un libro dura siglos. Suena, huele, lo puedes acariciar. Posee un aura que los entusiastas de la literatura reconocemos y amamos”.

O esto otro: “El libro es el único espacio en que conseguimos abolir el tiempo, en el que nos relacionamos con voces de otra época y participamos de algo que no muere. Es una experiencia trascendente que no es fácil de encontrar”.

Irene Vallejo ha escrito un libro sobre la historia de los libros, El infinito en un junco. Me lo estoy devorando. Hasta he dejado de leer a Acemoglu. Cuenta muchísimas buenas anécdotas sobre la Antigüedad, muchas las conocía, otras no, pero todas son deliciosas. Y plantea cuestiones muy profundas sobre las que volveré, como la lucha entre la oralidad y la escritura (lectura) en su inicio. O el libro (la lectura) como salvavidas, o como medicamento.

Es una obra imprescindible para todos los lectores empedernidos como yo, al que su madre enseñó a leer antes de ir al colegio, que ama los libros, que los ha utilizado como refugio tantas veces en su vida, como cápsula del tiempo para viajar al pasado o al futuro, para soñar despierto, hasta para navegar estando en Madrid.

Y no puedo evitar sentirme mal, y sé positivamente que es inútil, que es mentira, que no puedo saber si hubiera sido mejor (ah, el apetito faústico), al leer esto: “Toda mi familia estudió Derecho y era lo que querían para mí. Pero fui la oveja negra que hizo Filología Clásica y estoy feliz de esa rebeldía. En una época trabajé en la universidad, di clases, pero lo dejé porque la literatura es muy absorbente. Los libros necesitan tiempo para hacerlos y para acompañarlos”.

LA PANDEMIA DEL SIGLO XXI

Y no estoy hablando del COVID 19. Cuando todo esto afloje (y sin haber aflojado) veo a mi país y sus habitantes entregarse a una orgía de populismo demagógico sin freno. El populismo es un pez que creció a principios de siglo XXI en mi país, espoleado por un suceso terrible. Y que chapotea encantado entre dos emociones humanas: el miedo y el odio. De hecho, sus excrecencias producen más miedo y odio. Por eso creo que al populismo no se le combate con más populismo. Porque multiplicamos el miedo y el odio.

Sólo un botón de muestra: mi querida amiga Rocío nos preguntaba qué opinábamos del supuesto “experimento social” del influencer y consultor Alvise Pérez al colocar carteles falsos con la cara de Pedro Sánchez en algunas marquesinas de autobuses:

Sánchez amordaza la libertad y ordena a Marlaska impedir la ...

Es un ejemplo perfecto de la política de nuestros días: algo que no sirve para nada, excepto aumentar el odio y el miedo. Alvise se convirtió en influencer en redes sociales a base de soflamas, medias verdades, hechos difíciles de comprobar, o directamente mentiras: por ejemplo, el 5 de diciembre de 2018 dijo que la presencia de manteros en una calle peatonal de Valencia casi había provocado el atropello de un niño de siete años por un taxi. El hecho que decía haber visto era mentira y fueron los usuarios de Twitter los que le advirtieron de que eso que sus ojos supuestamente habían presenciado era imposible que sucediera. La calle es una de las vías peatonales más antiguas de València, por la que nunca pasan coches. Menos cuando está llena de gente. Este tuit sí que lo borró. O cuando dijo que Carmena tenía coronavirus y había recibido en su domicilio un “respirador” de la empresa VitalAire para “evitar acudir a un hospital público y hacer cola como el resto de españoles”.

Seguimos viviendo en una democracia. Y si uno tiene pruebas de algo, para eso están los tribunales. Lo demás es ruido (comunistas, fascistas, dictadura, Franco) y comida para pirañas. Y hay muchas dispuestas a comer esa comida que les dan. También está comprobado que se es más feliz cuanto más radical se es, porque se está más convencido de tener la razón. Y mucha gente en los dos bandos ahora mismo está convencida de tenerla, y quiere que alguien se lo diga. Música para sus oídos. Bienvenidos a los años treinta…del siglo pasado.

Creo firmemente que la incapacidad del Gobierno en la gestión de esta crisis y los fallos garrafales cometidos no se van a solucionar así. El populismo no se combate con más populismo. Wyoming y Ferreras mienten y manipulan, cierto; pero eso no da patente de corso para que los que se oponen también lo hagan. Qué es lo que queremos, ¿un país de zombies?

Por ejemplo: ante la posibilidad de terminar con el estado de alarma, y con la convicción de que no podemos estar siempre así, en vez de buscar mecanismos legales a través de la normativa vigente para prolongar los beneficios (ERTES, ayudas, etc) y evitar un rebrote, al tiempo que ir intentando poner en marcha la economía de forma razonable, nos encontramos con el Gobierno acusando a la oposición de tener los muertos futuros sobre su conciencia, si no le apoyan, y a la oposición llamando asesino al Gobierno. Eso somos.

Finalmente, apunto lo que me gustaría y no va a ocurrir: mi amiga Rocío decía en su muro de Facebook “es el momento de la Gestión, no de la ideología”. Pero el problema es que en esa habitación cada vez estamos menos. Me vuelvo a sentir muy solo.

5 pensamientos en “MÁS REFLEXIONES DESDE EL CONFINAMIENTO

  1. La habitación, por desgracia, está quedando cada vez mas vacía. Espero y deseo que vuelva la cordura, pero no tengo mucha confianza de que eso suceda.
    Respecto al asunto que planteas de la presencia española en Iberoamérica, hay un libro que he leído recientemente y que aborda entre otros ese asunto sin complejos históricos y es altamente recomendable: Imperiofobia y leyenda negra (Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español), de María Elvira Roca Barea.

  2. A mi no me gusta ese grito de “merecemos extinguirnos”: somos mu burros y mu “cojonazos”, vale, pero ni en todas partes donde está la especie se han comportado así, y en otras partes donde está la especie se han comportados aún más “cojonaz-mente” que aquí. Si esos que salen todos los días en la tele explicaran sencillamente que cuanto menos salgamos a la calle SIN PROTECCIÓN más facilmente pillaremos el virus/o lo esparciremos, y hubieran hecho unos planes que no implicasen andar todos juntos y a la vez por los mismos sitios a las mismas horas (ej. cerrados Jardines del Patrimonio con perímetro de 7 km y 150 hectáreas de extensión) sería A LO MEJOR, todo más sencillo. Los que sí merecen extinguirse como especie -propongo esterilización, ya que no titulo de funcionario para alcanzar el cargo- son todos esos que salen todos los días en la tele.

    • Me voy a explicar: evidentemente es una forma exagerada de decir lo estúpido que es el ser humano, no es algo literal, no quiero despertarme mañana y descubrir que soy el último ser humano sobre el planeta. Sí que es cierto que soporto cada vez menos la mala educación de la gente, el mal comportamiento, lo incivico de muchos, el infantilismo creciente de la sociedad, la inmadurez. Muchas veces me dan ganas de irme a trabajar a un faro. Lo que he querido decir con esa frase es que el ser humano en mi opinión cada vez es más estúpido. Pero me he debido explicar mal. Un abrazo y gracias por el comentario, amiga.

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