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NUNCA PODRÉ DETERMINAR LO QUE ES RACISTA O MACHISTA


El otro día tuve una cena muy agradable en casa de un buen amigo. El caso es que su hija mayor, persona por lo que sé con la cabeza muy bien amueblada, me planteó una cuestión que me dejó bastante perplejo (como hombre heterosexual y blanco, no puedo determinar lo que es machista o racista), y me remitió a la lectura de este artículo.

Lo bueno de irse haciendo uno mayor es que cada vez más teniendo ciertas cosas más claras. Y una de esas cosas es que la realidad no es blanca y negra, tiene muchos matices y es muy complicada, cuando uno se remanga y saca la lupa de observar de cerca las cosas, tratando de llegar a la verdad. Yo desconfío cuando alguien me plantea un mundo de ángeles y demonios, donde todo es sencillo de ver. Porque ese mundo no es este mundo.

El resumen de la tesis que plantea el artículo de marras es que alguien como yo, hombre heterosexual blanco, “no puedes determinar qué es racista, machista, homófobo, tránsfobo,… Puedes hacerte una idea, si escuchas. Igual que esos ricos, si te escuchasen de una jodida vez (…) hay cosas que, sencillamente, te va a costar mucho comprender, porque la empatía se basa en la experiencia, y tú no la tienes”.

Dejando aparte otras cuestiones (como lo de quién es “rico” y desde qué parámetros, y por qué tengo la nevera vacía y cuál es mi responsabilidad al respecto, que lo dejo para otro momento), empatía no es lo que esta señora dice, porque entonces, como le hace notar un señor (parece blanco por la foto, no sabemos si heterosexual) muy acertadamente en uno de los comentarios a su texto: “la empatía que estás definiendo entonces es prácticamente un imposible. Ni siquiera dos mujeres oprimidas van a sentir lo mismo, ya que sus experiencias no serán iguales, porque son dos personas diferentes… A lo sumo sentirán compasión una por otra, pero jamás empatía, ya que hace falta vivir exactamente lo mismo, para sentir empatía”.

Según el sociólogo Jeremy Rifkin, “cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro”. Daniel Goleman la define como “la capacidad de percibir la experiencia subjetiva de otra persona”. Para el psicólogo Pedro Moreno, “es una capacidad que nos ayuda a comprender los sentimientos de los otros, facilitando también la comprensión de los motivos de su comportamiento, y que permite así prevenir importantes conflictos”. Decía Gandhi que “las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista”.

Nadie afirma que para sentir empatía haya que haber pasado necesariamente por las experiencias de otro, sino que es justo lo contrario: la empatía es una habilidad social de ponernos en los zapatos del otro sin haber estado en ellos. Por eso es una habilidad social, porque no es fácil ponerse en el lugar del otro y hacérselo saber. Lo contrario a la empatía es el egoísmo, porque entonces se es incapaz de entender las emociones y problemas de los demás. Este hecho dificulta la asunción de normas y el respeto de las mismas, además de acarrear importantes problemas a nivel social, laboral, de pareja, etcétera.

En conclusión, es un absurdo decir que para saber lo que es racista o no hay que ser negro, o para darse cuenta de que un comentario es sexista hay que ser mujer. Por el mismo razonamiento, todas las leyes de los derechos civiles en EEUU no son válidas, porque no las hicieron negros. Esta línea de pensamiento en el fondo es racismo puro y duro: recuerda a la Nación del Islam, y me viene a la cabeza la anécdota de cuando Malcolm X le contestó a una estudiante blanca que vino a preguntarle qué podía hacer ella por ayudar a su causa, y éste, lleno de egoísmo y racismo, le contestó: “nada” [hay que decir que posteriormente se arrepintió profundamente de esa respuesta: “Bien, he vivido para lamentar aquel incidente. En muchas partes del continente africano vi a estudiantes blancos ayudar a la gente negra. Algo como esto mata un montón de argumentos. Hice muchas cosas como musulmán negro de las que ahora me lamento. Yo era un zombi por entonces, como todos los musulmanes negros. Estaba hipnotizado.”]

Por esa regla de tres, nadie podría legislar nada sobre lo que no haya sido afectado directamente, porque nadie que no haya sido violado, robado, estafado, sabe lo que es, ni nadie puede empatizar con esas desgracias sin haberlas sufrido. Como vemos, un absurdo intelectual y práctico.

Ser un hombre blanco y heterosexual no me inhabilita en absoluto para determinar si un hecho es racista, sexista u homófobo. Lo que sí me inhabilitaría es un mal análisis de la situación y propuestas inútiles para la solución de los problemas. Lo que a mí me importa de la violencia de género, por ejemplo, es que se dejen de asesinar y maltratar mujeres. Y la sensación que voy teniendo con los años es que nadie tiene ni idea realmente de qué hacer a corto plazo para erradicar el problema. La educación y la deslegimitación social son buenas a medio-largo plazo, pero a corto lo único que veo que puede funcionar es dotar de medios suficientes para que las mujeres afectadas puedan denunciar y se persiga a los maltratadores. Y pienso que artículos como el comentado no ayudan en nada, más bien al contrario, al culpabilizar y excluir a gran parte de la sociedad de la solución de ese problema, en vez de tratar de implicarles positivamente.

PD: lean por favor el segundo comentario a esta entrada, muy clarificador y preciso, y que ayuda a completar lo escrito.

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  1. compas1967
    25 febrero, 2017 en 11:22

    Me lo llevo.

  2. 25 febrero, 2017 en 11:50

    Excelente entrada. Yo he tenido esta misma conversación con chavales jóvenes y la verdad es que estoy un poco harto ya del complejo de algunos por no ser de una minoría oprimida.

    Parece que ser de una minoría oprimida es positivo porque te legitima para ir de héroe por la vida y la propia perspectiva como héroe, con su influencia en el aumento de la autoestima, se reduce si uno no pertenece a uno de esos colectivos. Una auténtica locuroa y una majadería.

    Respecto al artículo enlazado, otro error básico. Porque esta confundiendo dos conceptos que técnicamente son muy diferentes: simpatía y empatía. Simpatía es sentir lo que siente el otro, empatía ser capaz de ponerse en el lugar emocional del otro sin que exista necesidad de sentir lo mismo. Y claro, con este error de partida, todo el resto del artículo es un despropósito.

    Y por último, perdón por extenderme, comentar que hay una cierta tendencia a entender la empatía como algo intrínsecamente positivo. No es cierto, existe lo que se llama el lado perverso de la empatía. Los acosadores escolares puntúan más que la población normal en empatía, y la utilizan precisamente para saber cómo hacer más daño a sus víctimas, ya que poniéndose en su lugar saben por qué flanco han de atacar para ser especialmente crueles. Doloroso sí, pero real.

  3. 25 febrero, 2017 en 12:39

    Muchas gracias por tu comentario, Antonio, y no te excuses por la extensión; al contrario, siempre es un placer aprender de los que saben del tema.

    Yo por mi parte he olvidado mencionar que, al hilo de lo que comentas, muchas veces se utiliza el machismo o el racismo como “argumentos invalidantes” de una crítica si viene del bando equivocado. Por ejemplo, cuando Aznar nombró a Ana Botella a dedo para ser número dos en la lista de candidatos al Ayuntamiento de Madrid, era enchufe y una vergüenza. Cuando Pablo Iglesias nombra portavoz en el Congreso a su novia Irene Montero, si lo criticas eres un “machirulo”. Igual ocurrió con el juicio de O.J. Simpson: si creías que había asesinado a su mujer, eras un racista.

    Y por último, respecto del complejo de no ser minoría oprimida, creo que es algo en cierto modo conectado con el complejo de culpa del mundo occidental, responsable de todos los males del mundo desde Noé, por lo menos. Si eres hombre, blanco, occidental y heterosexual, es como si hubieras nacido culpable de todas las catástrofes mundiales, y nada de lo que puedas hacer te puede borrar ese estigma. Como el pecado original, y sin Dios que te redima.

  4. Natalia
    25 febrero, 2017 en 13:12

    Flaco favor le hacen algunas al movimiento feminista. Creo que toda posición que se desvíe de la naturaleza igualitaria e inclusiva del feminismo lo debilita. Defender el feminismo como excusa para excluir, vengarse o ganar privilegios es no entender qué es el feminismo.
    Dicho esto, conozco pocos hombres que se tomen tan en serio la igualdad en su más amplio sentido como tú.
    Un abrazo,

  5. 10 marzo, 2017 en 22:55
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