QUE DECIDA LA GENTE


El otro día recibí una carta kafkiana del Ayuntamiento de mi ciudad (Madrid) en la cual se dice que dos propuestas ciudadanas (“Madrid 100% sostenible” y “billete único para el transporte público”) han recibido el apoyo del 1% (sí, han leído bien, el 1%) de personas mayores de 16 años empadronadas en Madrid. Por lo tanto, ahora los ciudadanos podemos votar si el Ayuntamiento las llevará a cabo o no. Además, se somete a la decisión de los ciudadanos cuál de los dos proyectos finalistas se llevará a cabo para remodelar la plaza de España.

papeleta-de-voto

Sin entrar demasiado en el detalle de las propuestas (la primera dice textualmente “Queremos un Madrid (…) que desafíe a las eléctricas (…) y se asegure de que a ninguna familia le corten la luz este invierno”…pues con las competencias que tiene el Ayuntamiento de Madrid ya me explicarán cómo van a hacer eso), quiero poner el centro de atención en la cuestión de qué bonito y democrático es que todos votemos todo, y qué estupendo es que la gente decida. Una persona que conocí el otro día me decía que era la primera vez que la preguntaban algo, y que le parecía estupendo. Vamos al lío.

Hay últimamente un mantra de que votar es democracia, y si se niega la posibilidad de votar, estamos negando la democracia. Eso sobre todo lo predican ahora esos campeones de la legalidad que son los nacionalistas catalanes, dispuestos a incumplir leyes y sentencias de los tribunales a la menor ocasión. Las dictaduras tampoco le hacen ascos a los referéndums (Franco celebró dos, Pinochet otros dos, y en Cuba hubo uno).

En este artículo, Carles Pastor pone de relieve los peligros de la democracia directa a través de los dos ejemplos más representativos: California y Suiza. La conclusión es que ha producido más perjuicios que beneficios: por ejemplo, al causar la bancarrota del Estado de California; o conflictos a nivel europeo, por la prohibición del voto femenino en Suiza en 1959, en contra de la Convención de los Derechos Humanos del Consejo de Europa, que Suiza acababa de firmar; o rechazando la libre entrada en su mercado laboral de los ciudadanos de la Unión Europea.

Hay que entender el fenómeno último que se está produciendo en el contexto del desapego de la política, del “no nos representan”, que los políticos en España se han ganado a pulso durante los últimos 30 años. Pero una cosa es favorecer los sistemas de participación popular en los mecanismos democráticos, y otra muy diferente es una dejación de funciones de los representantes políticos, que además puede generar funestas consecuencias para esos mismos ciudadanos que acuden tan contentos a “participar”. El Brexit es la prueba más reciente de lo acertado de la frase que dice que los referéndums los carga el diablo, y los disparan los gilipollas.

La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación actual, en el que la Alcaldesa no tiene mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se ve obligada a negociar, y por lo tanto las posiciones minoritarias pueden estar mejor representadas y conseguir que se llegue a escuchar su voz.

En mi opinión, lo que se hace es una dejación de funciones del Gobierno municipal, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostiene se presentó a las elecciones con un programa electoral que ahora debe cumplir, o al menos intentarlo. Eso es gobernar, tomar decisiones sabiendo que no vas a contentar a todo el mundo, pero siendo coherente con tu contrato con los ciudadanos, y tratando de cumplirlo.

Por supuesto que soy partidario de una mayor participación ciudadana en las instituciones públicas, pero no así. Creo que la participación tiene que ir en sentido contrario, del ciudadano al político. Por ejemplo, estableciendo cauces de comunicación entre representados y representantes (qué lejano queda el UPyD Day, cuando cualquier ciudadano, sin pedir cita previa, podía entrevistarse con un concejal o diputado de este partido en la Comunidad de Madrid); o informando a la gente que ya hay cauces previstos en la ley y que no se usan por falta de información. ¿Cuánta gente en Madrid sabe que tiene derecho a ir a su Junta Municipal de Distrito, solicitar por escrito que quiere hablar en el próximo pleno, y  hacerlo al final del acto (teniendo la obligación el concejal presidente de contestarle)? Habría que desplazar el centro de gravedad de la responsabilidad del cargo público del partido hacia el elector. Y falta hacer mucha pedagogía democrática para que la gente entienda cómo funcionan las instituciones, y de este modo puedan decidir qué hacer con ellas. ¿Cuántas personas serían capaces de hacer correctamente un examen fácil sobre el Congreso y el Senado? Cuando hice campaña electoral en las elecciones europeas de 2009, me pasé todo el tiempo explicando a los electores lo que iban a votar, para qué sirve el Parlamento Europeo, y las diferencias entre el Consejo, la Comisión y el Consejo de Europa.

¿Se ha fomentado adecuadamente la participación ciudadana prevista en la legislación urbanística, tanto en la fase de exposición pública como en la fase de aprobación inicial, respecto de los planes de ordenación urbana? ¿Por qué los partidos políticos no abren buzones para propuestas legislativas de los ciudadanos? Se me dirá que este es el caso, que estas propuestas vienen de ciudadanos, pero hay un matiz: las implicaciones técnicas que tiene un proyecto como peatonalizar la Gran Vía, por ejemplo, exceden de la capacidad del ciudadano común, y desde luego exceden de la mía. Es tarea del Gobierno tomar esas decisiones de acuerdo a su programa electoral, pero también según la información técnica facilitada por aquellos que saben del tema. Leerme los 59 folios del proyecto Y no me han aclarado mucho, y me surgen otras muchas cuestiones que la información no resuelve.

Yo no puedo gobernar, igual que no podría operar a una persona. Me falta información y conocimientos, no tengo a mi disposición a los asesores y técnicos que me pueden explicar todas las aristas de cada asunto. Pero sí puedo elegir a quiénes van a tener esa dura responsabilidad sobre sus espaldas, igual que puedo elegir al médico que quiero, y no votar a quiénes lo hayan hecho mal, en mi opinión. En Suiza los políticos no cobran por su trabajo, tienen su profesión y se dedican a la política en su tiempo libre. Aquí en España se trata de una profesión. Yo sí que puedo tratar de informarme de si lo que me están contando es cierto o no. Y también puedo intentar aportar en el sector en el que tengo experiencia y conocimientos, y sé de lo que hablo. Yo necesito un gestor que me solucione los problemas, no que me pase la pelota para que yo “decida”.

Vamos navegando en sentido contrario a la sensatez. En vez de conseguir que la gente esté cada vez más informada, seamos más transparentes, los políticos rindan más cuentas, vamos hacia disfrazar el oscurantismo mediante mantras como “gente”, “participación”, “democracia”. Palabras que ya no significan nada. La “gente” ya participó para que ustedes estuvieran en el Gobierno. Pues gobiernen, coño.

En realidad, ya dijo Pablo Iglesias lo que Podemos pretendía al llegar a las instituciones en la rueda de prensa que dio el 5 de junio de 2014, minuto 46:40 (transcrito literalmente del vídeo, la negrita es mía, y pido perdón por su inglés):

“We are not a noisy minority, because we are not an organization with the will of be the solution of the problem. We just want to be a space of participation for the people, and we will like to be a part, to be an element to the creation of a new political majority in our country. We are not the solution, we are just a tool in order to create this new situation”.

Es decir, nosotros no estamos aquí para solucionar los problemas, sino para que la gente participe. Está todo dicho.

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  1. compas1967
    1 febrero, 2017 en 15:30

    Me lo llevo.

  2. Agitprop
    1 febrero, 2017 en 19:14

    To be or not to be, que decía aquel. Y aquí, that is not the question! La cuestión es más prosaica pero no menos compleja. Así que, chapeau, a tus planteamientos y a tu crítica razonada. Lo triste es que todo esto es gritar en el desierto. Supongo q mucha gente se sentirá satisfecha y seguiremos destruyendo madrid y todo lo q se ponga por delante.

    Por lo menos q no falten las voces críticas. Es lo único q mis queda.

  3. 5 febrero, 2017 en 16:39

    Compas196 ha dicho que se lo lleva, pero veo que todavía está aquí y que además lo han agitado.
    Saludos a todos y enhorabuena (por supuesto que no por tener esa alcaldesa)

    • Agitprop
      7 febrero, 2017 en 18:36

      ¡Jejeje que ocurrente!

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