LA DOBLE VARA DE MEDIR


En poco tiempo se han producido dos hechos que, una vez más, han revelado la doble vara de medir que algunos utilizan para esconder lo molesto y retorcer lo que les interesa de hechos y personajes. Daré pinceladas sueltas sobre temas que merecerían una más profunda reflexión, quizá.

Empezaré por lo último. La muerte de Fidel Castro ha sido el suceso que ha vuelto a disparar reacciones muy significativas. Suelo escuchar los fines de semana por la mañana el programa de la SER A vivir que son dos días, de Javier del Pino (lo siento, Jaime, pero sales muy poquito en uno de los programas competidores). Es un programa muy sesgado hacia la izquierda, pero con buena calidad en los contenidos y en las historias que cuenta su director. Esta mañana él mismo ha caído en la trampa de la ideología, cuando ha comenzado a comparar la dictadura de Franco con la de Fidel con buenos argumentos, y ha habido un momento en el cual en su chip ideológico ha saltado la alarma para decir que, por supuesto, no se pueden comparar, uno fue un dictador fascista, y el otro fue otra cosa.

Lo más divertido ha sido el comentario de mi amigo Alvise Pérez en su muro de Facebook, bastante ingenioso, y las reacciones subsiguientes:

alvise_franco

Sin entrar en profundidad en el tema de Cuba, que requeriría un monográfico extenso, sí quiero destacar que la ideología nos obliga a blanquear u ocultar los hechos incómodos (persecución de la homosexualidadla normalidad de las relaciones con la España de Franco, que no obedeció el bloqueo norteamericano y decretó tres días de luto cuando Franco murió; la justificación de la prostitución por necesidad de muchas mujeres en Cuba; las purgas en los primeros años del castrismo entre aquellos que se atrevieron a disentir del líder, como Huber Matos), por no hablar de la represión, la existencia de presos políticos, la pobreza y la falta de democracia. Nos dirán que hay luces y sombras, pero que la alternativa era mucho peor: ser una colonia de los EEUU. Siempre nos dirán que hay que escoger entre lo malo y lo peor. Sólo hay buenos (los míos) y malos (los de los demás), y mis defectos son culpa de los otros, o directamente mentira, resultado de su propaganda.

Yo desde luego no justifico el franquismo, pese a crear las pagas extraordinarias, la edad mínima y máxima para trabajar, la enseñanza y la sanidad universales y gratuitas, las viviendas sociales, el salario mínimo interprofesional, el estatuto de los trabajadores, las viviendas sociales, la industrialización, la red hidroeléctrica y la creación de una clase media a partir de los años 60. Como no compro tampoco el régimen de Fidel Castro, por muchos logros en sanidad y educación que me quieran vender. Eso sí, es divertido comprobar que Franco lleva muerto 40 años y los Castro llevan 57 en el poder (y contando).

El caso de Cuba, como el mito de la izquierda mejor elaborado del siglo XX, lo resume Santiago González magistralmente en su artículo para El Correo de 13 de agosto de 1993 titulado La Habana Crepuscular, del que extraigo un párrafo:

“Siempre hay algún amigo ignorante de que el amor es básicamente una decidida y subjetiva voluntad de equivocarse y que se empeña en proporcionarnos una visión escatológica del objeto amoroso, en presentarlo bajo una apariencia de objetividad que nos apea de la ilusión y nos instala en territorio racional: ¿por qué la gente va a querer huir del paraíso? ¿Por qué toman las embajadas al asalto y se echan a un mar infestado de tiburones en un neumático de camión? Yo le explicaba a mi amigo lo que hay que explicar en estos casos, pero él seguía sin ver clara la relación entre el bloqueo norteamericano y el encarcelamiento de los homosexuales en Cuba”.

Del mismo modo, los otros nos dirán que Pinochet (pese a sus más de 40.000 víctimas) salvó a Chile del comunismo; que Somoza “era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta” (Cordell Hull dixit, secretario de Estado de Roosevelt); o el apoyo de EEUU a Videla en Argentina nos lo explicarán como un factor de estabilidad en la zona.

Hay otro camino, por supuesto. Pero exige leer, pensar, buscar si lo que se dice es cierto. Lo fácil es dejarse atrapar en los hunos o los hotros. El otro camino nos demanda juzgar los hechos sin colores y sin nombres: no fiarnos nunca de lo que nos digan en primera instancia, investigar y ser críticos. Y nunca conformarnos con lo menos malo. Además, no tomar los hechos como algo personal, guardar distancia y no hablar por boca de un hooligan. El problema, sobre todo con la izquierda, es que tiende a analizar no a partir de los hechos, sino de los sentimientos que esos hechos le provocan.

Yo no tengo ideología, tengo ideas, sujetas en todo momento a revisión por parte de otra persona que aporte las suyas.

El otro tema ha sido la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Lo más divertido han sido los memes. Parecía que llegaba el apocalipsis, y que de repente millones de personas cruzarían la frontera con México en sentido contrario.

Como siempre, las cosas no son tan simples. Al fin y al cabo, el sistema norteamericano tiene dos factores que van a suavizar mucho las medidas que pueda llegar a tomar Trump: uno, el sistema de contrapesos que existen entre los tres poderes (ver aquí en página 22); y dos, la inexistencia de la disciplina de voto en congresistas y senadores.

La causa principal de lo que ha pasado es que la gente quería un cambio. La clase media norteamericana está harta de trabajar más horas por menos dinero, de no poder afrontar la educación de sus hijos, de que se cierren empresas y se deslocalicen en Méjico o en China. Y Trump ha sido el único que se ha preocupado de ellos. Con argumentos y propuestas estúpidas, cierto; por un personaje zafio, ignorante, patán, maleducado (qué diferencia con Marco Rubio, por ejemplo), y al que ni siquiera su propio partido ha apoyado hasta dos semanas antes de las votaciones. Pero finalmente ha sido el establishment contra un outsider. Que haya ganado un tipo como Trump habla muy mal…de sus rivales.

Por otro lado, Clinton ha sido la peor candidata que los demócratas podían presentar: simboliza como ningún otro el régimen establecido, contra el que el americano medio ha querido rebelarse. Y yo no creo que Sanders hubiera obtenido mejor resultado: muchos lo perciben como demasiado izquierdista, aun no teniendo la rémora de formar parte de establishment ni haber mentido o estar acusado de corrupción. De hecho, creo que mucha gente que votó a Sanders se ha quedado en casa. Los votos republicanos en los tres últimos procesos electorales no han variado demasiado (siempre en torno a los 62 millones), pero Hillary obtuvo 5 millones menos de votos que Obama en 2008.

La gente ha comprado medicina populista, soluciones simples llenas de testosterona para aliviar frustraciones ciudadanas: está claro que Trump no va a obligar al Gobierno de Méjico a construir un muro, ni va a hacer que las más de 1.500 empresas norteamericanas que fabrican muy cerca de la frontera de Méjico vuelvan a EEUU. Igual que aquí compran esa medicina muchos millones. Allí la red de seguridad se llama contrapesos del poder, aquí es la pertenencia de España a la Unión Europea. Luis del Pino hizo un ejercicio divertido recogiendo unas cuantas frases (por ejemplo: “Los tratados de libre comercio que quieren aprobar representan muchos billones, controlados por algunas naciones, corporaciones y lobbies; por todos aquellos que manejan los resortes del poder político, junto con sus intereses globales”), y proponiendo a los lectores que adivinasen el autor. Y la solución fue sorprendente. O no tanto.

El por qué en España, Italia y Grecia el populismo es de izquierdas y en el resto de Europa de derechas es una cuestión de la que hablamos el otro día en la comida. Para la próxima entrega. Y Roberto, prometo citarte.

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  1. 29 noviembre, 2016 en 11:21

    Excelente entrada, pero solo algunos pequeños matices, ni el Estatuto de los Trabajadores (10/03/80), ni la sanidad universal y gratuita fueron creaciones del franquismo. Por lo demás chapeau.

    • 29 noviembre, 2016 en 13:30

      Muchas gracias por su comentario. En sentido estricto no, pero sí que creó el Fuero del Trabajo (1938), que reconoce el derecho a la asistencia en los casos de vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos que pueden ser objeto de seguro social. Posteriormente, en 1963 se promulga la Ley de Bases de la Seguridad Social, que establece la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social, con una base financiera de reparto, gestión pública y participación del Estado en la financiación. Aunque el sistema tenía naturaleza contributiva (sólo cubría a los cotizantes y a sus familiares) sentó las bases sobre las que se asienta el actual sistema, desde luego radicalmente diferente a lo conocido con anterioridad. Es lo que tiene tener que sintetizar, que a veces nos dejamos cosas fuera 😉

  2. 29 noviembre, 2016 en 14:13

    Menos mal que alguien escribe estas cosas, porque falta hace.
    Hay quienes suponen que cuando un Estado hace ciertos gestos en favor de los ciudadanos entonces ya no es una democracia. Nada más lejos de la realidad. Cuando el nazismo gobierna Alemania, su propósito es recuperar económicamente una nación totalmente hundida. Devolver el brillo y el orgullo nacional mediante ese tipo de gestos, y traducir todo eso en propaganda, es decir, vender tanto al interior como al exterior las “bondades” del régimen. Sí, pero ¿a qué precio?
    El caso de Cuba sería similar. Tenemos a los “paladines de las libertades” defendiendo un régimen que, aunque sí ha producido ciertas cosas interesantes, ha sido basándose en métodos totalitarios. Ningún fin puede quedar justificado por esos medios.

    Un saludo.

  3. 29 noviembre, 2016 en 14:14

    Disculpas. Una corrección:
    Donde he escrito “cuando un Estado hace ciertos gestos en favor de los ciudadanos entonces ya no es una democracia”, parece evidente que quería escribir: “cuando un Estado hace ciertos gestos en favor de los ciudadanos entonces ya es una democracia”

    • 30 noviembre, 2016 en 18:49

      Gracias por el comentario. Es la excusa de mal pagador: no, si es cierto lo que dices, peeeeero…Carrillo decía que el comunismo produjo millones de muertos, pero que gracias a él tenemos a los sindicatos…(sic)

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