LA OPORTUNIDAD PERDIDA (DEL PSOE)


Si mi abuelo, fundador de la UGT en Albacete y militante (besterista) del PSOE levantara la cabeza, la volvería a esconder a toda leche.

El PSOE y por extensión Pedro Sánchez han desperdiciado una gran oportunidad de haber cambiado el signo perdedor de las últimas citas electorales. En mi opinión, hubiera sido mucho más inteligente abstenerse en el último momento posible en la sesión de investidura, alegando sentido de Estado, para evitar que el país siga sin Gobierno, que nos caiga una multa de 6.000 millones de euros por no tener presupuestos, permitir que gobernara la lista más votada, y explicar que permitir ese Gobierno no es “apoyar”, “pactar” o “votar” a la derecha, tal y como ha indicado el presidente de Asturias y asimismo de la gestora. Luego las leyes hay que votarlas, y el PP no tiene mayoría, ni siquiera con Ciudadanos. Aunque tenga la mayoría en el Senado, la consecuencia es que sólo va a retrasar que las leyes se aprueben finalmente. Y sobre todo, que una vez comenzada la legislatura, tendría la bota de sus 85 diputados en el cuello del PP para poder forzarle a votar leyes que permitan los consensos tan necesarios para España.

Pero eso ocurriría en un país normal, no en el nuestro.

Tenemos un electorado que funciona por impulsos y emociones, no por razonamientos más o menos elaborados. Y tal y como magistralmente ha descrito mi amigo Antonio Cervero en su serie titulada “Manipulación psicológica y partidos políticos”, el PSOE ha utilizado dos tácticas: lo que Antonio denomina “discurso bastante idiotizante e infantil (el discurso infantil es una estrategia de manipulación ampliamente estudiada que limita el pensamiento) fundamentado en el estereotipo de erigirse como el partido prototipo de izquierda defensor de los trabajadores”; y por otro, “haber configurado una red clientelar de la que depende el sustento de muchas familias. Esto lo podemos ver en Andalucía”. La pérdida paulatina de poder, asociada a los nefastos resultados electorales, y la comida de tostada por parte de Podemos (la gente ha sustituido al pueblo o a los trabajadores) ha generado la debacle en la que están sumidos. Junto con otro elemento no desdeñable: sus franquicias en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares. País Vasco y Galicia compiten por ser más nacionalistas que los propios nacionalistas. Y eso en Castilla-La Mancha o Aragón, por ejemplo, no ayuda mucho. Por ejemplo, las multas que el Gobierno de Baleares va a imponer a aquellos que no rotulen en catalán, o las empresas que no contraten empleados que hablen catalán. En esto Ciudadanos está siendo un alumno aventajado, diciendo que hay que pasar página en el País Vasco o que en Cataluña “urge una solución política, que para C’s pasa por una reforma de España en la que Catalunya juegue un papel “protagonista” y no de “mero espectador”. Al respecto decir que, según fuentes del PSOE, Pedro Sánchez tenía fijado un acuerdo con Podemos que conllevaba 2 referéndum: secesión de Cataluña y Monarquía.

Acierta el presidente de la gestora Javier Fernández cuando dice que Pedro Sánchez ha podemizado el PSOE. Le falta decir que Zapatero fue el germen del surgimiento de Podemos, y que Nicolás Redondo Terreros ya dijo eso de que si jugamos a ser Podemos, ganará Podemos. En un artículo excelente razona por qué ha sido todo un tremendo error: “A la vez, la abstención condicionada, que no tiene nada que ver con los gobiernos de coalición, habría permitido al PSOE ser el dueño de las llaves de la legislatura, pudiendo acometer las reformas imprescindibles para apuntalar el sistema”.

Se les olvidan varias cosas a los podemitas que llamaron “golpe de Estado antidemocrático” a la dimisión de varios miembros del Comité Federal para provocar la caída de Sánchez: que la democracia tiene sus normas, que los Estatutos son las leyes de los partidos aprobadas por sus afiliados, y como tal deben ser cumplidos; y que los órganos de representación son elegidos por éstos, y deben cumplir con sus competencias estatutariamente reconocidas. Vamos, cosas de primero de democracia.

Carlos Martínez Gorriarán afirma que lo que ha descolocado a la socialdemocracia actual es lo siguiente: “El nuevo bipartidismo o bipolarización política no va a ser entre izquierda y derecha, sino entre “partidos de orden” y “partidos gamberros” (generalmente populistas). Los “partidos de orden” no necesitan tener una ideología clara, ni ser atractivos para sus votantes: su programa es hacer que las cosas importantes funcionen más o menos. Es decir, que los hospitales funcionen, las escuelas abran, el transporte público circule, las pensiones se paguen regularmente, los funcionarios cobren, las empresas puedan trabajar, internet siga creciendo y los cajeros automáticos te den tu dinero (…) Esta polarización ha descolocado a la socialdemocracia en muchos países, y amenaza acabar con el Psoe, que sigue aferrado al viejo paradigma agotado de la distinción izquierda-derecha. El Psoe no ha sabido optar a ser “partido de orden” y no tiene nada que hacer disputando el espacio de los “partidos gamberros” como Podemos, la CUP, ERC o Bildu”.

Discrepo parcialmente de este análisis, porque en la realidad la distinción izquierda-derecha sí que sigue vigente en la cabeza muchísimos votantes a la hora de votar. De hecho, el mantra del “NO” es contra las “políticas de la derecha y los recortes” del PP. Y si Podemos les ha comido la tostada ha sido no por aparecer como “más gamberros”, sino por aparentar ser más defensores de los trabajadores, más “de izquierdas”. Y por supuesto que el hecho de que el PSOE sea el partido más corrupto en cantidad y calidad (tanto por causas abiertas como por millones de euros defraudados) en el mapa de la corrupción en España ayuda y mucho. Pero sí que es cierto que el PSOE tenía dos formas de enfrentarse a eso y ha escogido la peor: intentar ser más podemitas que los podemitas, al igual que en las CCAA nacionalistas ha elegido ser más nacionalista que los propios nacionalistas, con idénticos y desastrosos resultados.

Yo diría que hay una distinción en mi modesta opinión más importante: partidos del sistema y de fuera del sistema. Es decir, los que (aunque alguno se disfrace de antisistema para cazar votos de incautos) son partidarios de mantener el statu quo, blindarlo y aprovecharse de sus prebendas; y aquellos que quieren reformar de raíz el sistema y hacerlo más democrático y limpio. UPyD lo intentó y fue echado por los electores, por los poderes fácticos y también por sus propios errores. Los partidos del sistema no están en contra del Cupo Vasco, ni de una financiación especial para Cataluña, ni de reformar la Justicia, ni de despolitizar el sistema (medios de comunicación públicos, consejos de administración, CGPJ, etc).

Está en la mano del PSOE revertir la situación actual, volviendo a ser un partido nacional, no podemizado como ahora lo está,  y no nacionalista, y limpiar la corrupción que le ahoga. Siempre es jugar un poco a política ficción, pero si Zapatero no hubiera sido secretario general del PSOE, creo que ni Ciudadanos ni UPyD hubieran existido. Porque no hubieran sido necesarios.

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  1. 5 octubre, 2016 en 21:55

    Un gran análisis, donde la palabra clave que se echa de menos en todos los partidos, independientemente del sigo es responsabilidad.

  2. Agutprop
    5 octubre, 2016 en 22:29

    Para enmarcar

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