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¿Y POR QUÉ NO ELEGIMOS AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO COMO SE ELIGE A LOS ALCALDES?


Vamos a imaginarnos que la situación de dificultad que se está dando en España para elegir un Presidente del Gobierno (y por ende el Gobierno mismo) se diera en los más de 8.000 ayuntamientos que tenemos. Sería un caos tremendo.  ¿Y por qué no se da esa situación?

Propongo comparar qué dice la Ley respecto de la elección del Presidente del Gobierno y de la elección de los alcaldes.

Elección de Alcalde

Artículo 196 de la LOREG

En la misma sesión de constitución de la Corporación se procede a la elección de Alcalde, de acuerdo con el siguiente procedimiento:

  • a) Pueden ser candidatos todos los Concejales que encabecen sus correspondientes listas.
  • b) Si alguno de ellos obtiene la mayoría absoluta de los votos de los Concejales es proclamado electo.
  • c) Si ninguno de ellos obtiene dicha mayoría es proclamado Alcalde el Concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos populares en el correspondiente Municipio. En caso de empate se resolverá por sorteo.

En los Municipios comprendidos entre 100 y 250 habitantes pueden ser candidatos a Alcalde todos los Concejales; si alguno de los candidatos obtiene la mayoría absoluta de los votos de los Concejales es proclamado electo; si ninguno obtuviese dicha mayoría será proclamado Alcalde el Concejal que hubiere obtenido más votos populares en las elecciones de Concejales.

Elección del presidente del Gobierno

Artículo 99 de la Constitución

  1. Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.
  2. El candidato propuesto conforme a lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el Congreso de los Diputados el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitará la confianza de la Cámara.
  3. Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente. De no alcanzarse dicha mayoría, se someterá la misma propuesta a nueva votación cuarenta y ocho horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple.
  4. Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores.
  5. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

El artículo 99 carece de precedentes en la historia constitucional española. En efecto, las Constituciones del siglo XIX no conferían un papel determinante a las Cortes a la hora de la designación por el Rey de la Presidencia del Consejo de Ministros, y por lo que se refiere a la Constitución de 1931, el Presidente de la República podía nombrar y separar libremente al Presidente del Gobierno. El art. 99 CE supone una novedad destacada por ser el primero en el que la designación del Presidente del Gobierno se desliga de la decisión del Jefe del Estado como única fuente de voluntad, para recaer en el Parlamento.

Hay tres sistemas que podemos identificar actualmente para el nombramiento del Presidente del Gobierno en los sistemas parlamentarios de nuestro entorno: aquella en la que la investidura sigue sin ser constitucionalmente obligatoria (por ejemplo: Gran Bretaña); aquella en la que el Jefe del Estado carece de toda participación en la designación del gobierno, correspondiendo su nombramiento enteramente a la Cámara, que, por lo mismo, expresa en ese momento su confianza inicial en el candidato votado (sistema sueco); y aquella en la que, correspondiéndole al Jefe del Estado la facultad de proponer al candidato y de nombrarlo formalmente una vez que éste ha sido votado, se exige constitucionalmente que el conjunto del Gobierno (caso italiano), o el Primer Ministro, obtengan previamente la confianza parlamentaria o investidura, éste último sería el caso del artículo 99 de la Constitución Española de 1978.

Es curioso que, tal y como analiza el Tribunal Constitucional en su STC 16/1984, de 6 de febrero, “junto al principio de legitimidad democrática de acuerdo con el cual todos los poderes emanan del pueblo -artículo 1.número 2, CE- y la forma parlamentaria de gobierno, nuestra Constitución se inspira en un principio de racionalización de esta forma que, entre otros objetivos, trata de impedir las crisis gubernamentales prolongadas. A este fin prevé el artículo 99 de la CE la disolución automática de las Cámaras cuando se evidencia la imposibilidad en la que éstas se encuentran de designar un Presidente del Gobierno dentro del plazo de dos meses” (FJ6).

Sin embargo, el efecto perverso es que si la situación no cambia de forma significativa, la situación sin Gobierno puede prologarse de forma indefinida. Para evitarlo, yo planteo modificar el artículo 99 de la Constitución, de manera que si al cabo de dos meses ningún candidato obtiene la confianza de la Cámara, se encargue formar Gobierno al grupo parlamentario más votado, a semejanza de lo que ocurre en los Ayuntamientos.

Como puntos a favor evitaría situaciones prolongadas con un Gobierno en funciones; obligaría a gobernar en minoría, y por lo tanto a negociar con los demás grupos cada votación, lo que no creo que fuera negativo sino al contrario. El Gobierno sabe que para sacar adelantes sus leyes tendrá que negociar con los grupos que le pueden permitir aprobarlas.

Como contras, habría que modificar la Constitución por la vía del artículo 167, lo que no deja de ser un poco engorroso (mayoría de 3/5 de cada Cámara; si no, mayoría absoluta del Senado + mayoría de 2/3 del Congreso; y referéndum si lo solicita un 10% de cualquiera de las Cámaras). Además, una oposición votando en contra de forma sistemática puede dejar al país bloqueado por vía de hecho, al tumbar todas las propuestas legislativas del grupo parlamentario que sostiene al Gobierno. Que en España con nuestro cainismo característico no es algo descabellado: es decir, se puede dar la situación contraria a la odiada mayoría absoluta.

En la actual situación, y ante la amenaza de unas terceras elecciones, creo que el PSOE se abstendrá finalmente de alguna forma para permitir la formación de un Gobierno. Las presiones de la UE para que se forme ya un Gobierno ya sabemos como terminaron en Italia, con Mario Monti de Primer Ministro. Y España pienso que no se puede permitir unas terceras elecciones. Aparte que por este camino el PP las ganaría casi por mayoría absoluta, a pesar de sus errores.

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