RASTAS, CORBATAS Y ESMOQUIN


Este es un tema que durante muchos años fue algo de lo que hice bandera personal. Por circunstancias personales y profesionales, desarrollaba varias actividades en entornos distintos, donde la indumentaria era radicalmente diferente: pongamos traje y corbata, chándal y ropa de motero. Y había gente que sólo me conocía vestido de una de esas tres maneras. A veces provocaba a propósito una invasión de la indumentaria no apropiada al círculo no adecuado, y era divertido ver las reacciones. Me gustaba provocarlas. Acerca del tema de la vestimenta y los prejuicios ya he escrito en este blog hace ya mucho tiempo. Me afectaba personalmente cuando se me discriminaba por mi aspecto, diciéndome en un restaurante que no había mesa disponible o no dejándome entrar en un local. Hoy, ya mucho más maduro, simplemente pienso que ellos se lo pierden y a otra cosa.

Y ahora vuelvo a ocuparme de este asunto desde una perspectiva diferente, que es la irrupción de Podemos en la escena política institucional, y sus innovaciones en la vestimenta y otros comportamientos, como el tuteo, así como las reacciones que provocan. Y esto como veremos no tiene nada que ver con la discriminación a personas que visten diferente o se salen de la norma, sino con una estrategia calculada con una finalidad concreta.

Hay que decir que no han sido los primeros: cuando fui representante de UPyD en la Comisión de RTVE en 2014, mi compañero de ERC acudió a la reunión en la Junta Electoral Central vestido con una camiseta de las fiestas de su pueblo. Ha habido otros ejemplos en otros partidos (IU, Compromis, CUP, Bildu, etc), normalmente de izquierda radical, nacionalistas o ambos, hace ya bastantes años.

Primero vamos con la norma no escrita. Creo que si uno es diputado, o simplemente representa a su partido de forma institucional, debe guardar un cierto decoro en el vestir y en las formas. Yo lo entiendo de dos maneras: una, estás representando la imagen del propio partido ante la entidad que sea; dos, también representas a todos sus votantes.

Si ese decoro tiene que llegar al uso en los hombres del traje y la corbata ya es más discutible. Pero que para representar a los españoles no se debe ir como si fuéramos a participar a las fiestas de nuestra localidad o a irnos de acampada con los colegas, creo que es evidente. Ser representante de la soberanía nacional es un honor, y creo que ir vestido con una camiseta es una falta de respeto, pero es solo mi opinión. También es cierto que hay unas normas generales no escritas que han ido relajándose con el tiempo. Hoy en día es normal prescindir de la corbata en determinadas circunstancias. Así hemos visto a Pedro Sánchez, Madina, Albert Rivera y otros hacerlo.

Pero por encima de esto está lo importante en este caso: lo que pretende Podemos y su líder es que hablemos de él, y en segundo lugar aprovechar la reacción contraria para separarse de la casta y pregonar su identidad con la “gente” y el “pueblo”. Como ya reconoció hace tiempo, él si llegaba al Parlamento era para “liarla”. Se trata de una estrategia perfectamente calculada por su parte: ir a ver al rey en mangas de camisa (arremangadas), o al Congreso en vaqueros, y sin embargo ir a los premios Goya vestido con un esmoquin.

No se pierdan esta intervención de Pablo Iglesias en un foro anticapitalista de agosto de 2013, minuto 5:10, no tiene desperdicio para comprobar cuál es su verdadera intención y su opinión del Parlamento que nos representa a todos, y donde se ve claro que todo esto es una táctica consciente. Transcribo literalmente la parte más significativa:

“Uno puede afrontar lo que representa ir a las elecciones de una manera masculina, con cojones; eso implica  que le decimos al poder: aquí estamos yo y mis pelotas frente a ti. Y eso significa que para mí la representación no implica ningún compromiso, ¿eh? El tuyo es un parlamento burgués de mierda que representa los intereses de clase. Como decía Engels, el Estado es la institución que permite ser políticamente dominante a la clase políticamente dominante, y yo no pacto con vosotros, ¿eh? Yo voy allí en todo caso a liarla y a transmitir el espíritu de los movimientos sociales a los parlamentos. Yo voy en camiseta a las instituciones y voy allí a montar el pollo. Eso lo tenemos que tener claro. No cometerás actos impuros, decía el sexto mandamiento a los católicos, no pactarás. No pactarás con los social liberales; no pactarás con fuerzas nacionalistas conservadoras, como Convergencia i Unió o como el Partido Nacionalista Vasco. En ese sentido, no nos gusta lo que hace IU en el Parlamento de Andalucía, que se ha convertido en el partido de los recortes, indistinguible del PSOE (…) Son traidores, están comprometidos de alguna manera con la pata izquierda del régimen (…) No gobernaremos nunca si no tenemos la mayoría absoluta para gobernar, porque no podemos pactar para gobernar”.

Sin embargo, aparte de otras contradicciones evidentes, según la entrevista de Errejón de esta mañana en Onda Cero, como ahora les va a hacer falta para llegar al poder, el PNV ya ha pasado a ser “democristiano”, y el cupo vasco se justifica porque se invierte en “políticas sociales” (minuto 17:45).

Estoy por enviarle el video a Pedro Sánchez, por si le ayuda a decidirse. Las menciones a la “gimnasia revolucionaria” y los cócteles molotov a partir del minuto 8:30 tampoco tienen desperdicio.

Por ejemplo, el incidente con el periodista Antonio Burgos es justo lo que busca Pablo Iglesias. Aquí vemos el tweet y la respuesta de éste:

Iglesias camarero

Como vemos, esa reacción (sobre todo si es gente de la derecha) es lo que busca, provocar para luego salir con esa respuesta demagógica (“Orgulloso de parecer un camarero @AbeInfanzon Ojalá tuviera la vieja clase política la mitad de dignidad que nuestros camareros y camareras”). Antonio Burgos no ha pretendido faltar al respeto a los camareros, sino poner de relieve lo inapropiado de la vestimenta elegida por Iglesias. Y éste ya aprovecha para atizar a “la vieja clase política”. En fin, todo un ejemplo.

El caso de Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, también es muy ilustrativo de esta táctica. El diputado electo se presentó en la sesión inagural con barba de varios días, con rastas y sin traje, de hecho no llevaba ni camisa. Y Celia Villalobos cayó en la trampa diciendo que “a mí con que las lleven limpias para que no me peguen un piojo, me parece perfecto”. Nuevamente Íñigo Errejón dio un ejemplo de maniqueísmo lamentando la falta de respeto con los que se visten o se peinan diferente, y añadió que es la corrupción lo que lastra la higiene de un grupo parlamentario. Como si tuviéramos que elegir solamente entre los corruptos y las rastas…

El caso de Rodríguez me parece paradigmático: se define como “obrero industrial y activista”, y “orgulloso detenido”, ya que le detuvieron por agredir a la policía. Sin embargo, a través de su declaración de bienes y actividades, comprobamos que trabaja en la petrolera CEPSA en Canarias, y el año pasado ganó 52.877 euros netos anuales (no está mal para un obrero).

Esta actividad casa mal con el informe que presentó Podemos en contra de las prospecciones petrolíferas en Canarias en 2014. O a lo mejor es que este señor estaba tratando de minar las prospecciones desde dentro…Quizá ha intentado convencer a CEPSA de que las prospecciones petrolíferas no son seguras, al contrario de lo que afirmaba su superior y director de la refinería de Santa Cruz de Tenerife. O sea, te estás llevando un sueldo bastante estupendo gracias a una empresa que se dedica a lo que tanto criticas. Todo muy congruente. Es perfectamente lícito que este señor tenga ese sueldo, pero el cura amancebado que no vaya dando lecciones de moralidad, por favor.

Este tipo de contradicciones es lo verdaderamente importante, y no si lleva rastas o traje. Pero de esto no se habla.

Porque en el fondo lo que quieren es el poder, y las contradicciones les dan igual, porque además ya han comprobado que no tienen coste electoral alguno para ellos. Como explica magistralmente don Tomás Valladolid Bueno en este texto (la negrita es mía):

“En efecto, tienen muy claro cuál es el fin de sus actuaciones todas, y no es otro que alcanzar lo que ellos llaman -leyendo y siguiendo a Gramsci- “hegemonía”. La política es conquista del poder, y para hacer política hay que “cabalgar contradicciones”, como le gusta decir a Pablo Iglesias. Y lo hacen, sabedores de que eso ya no tiene ningún coste electoral. Están en la ola y quieren aprovecharla para alcanzar su fin, el poder hegemónico. En su discurso no rige la lógica que incluye el principio de no contradicción, pues no hay conquista del poder sin contradicciones, las cuales se convierten en condiciones necesarias y dejan de ser inconvenientes. Pueden decir lo que quieran, en el momento que quieran y desdecirse al mismo tiempo sin ningún tipo de explicación que lo justifique. Cada palabra es fundamento de sí misma, porque cada palabra solo obedece ocasionalmente al eterno fin. Pueden negociar y no negociar, pactar y no pactar, etc y no etc, porque por y para eso son precisamente “podemos”. Han interiorizado en clave leninista el dictum de Nietzsche según el cual no se debe decir “quiero” sino “puedo”. El poder, en su misma nominación, es para esta “gente” realizativo”. 

Y citando la tesis doctoral de Errejón:

“El proceso de construcción de hegemonía se revela así como una dinámica de permanente negociación, hibridación y pugna por la institución del sentido y por la fabricación y apropiación de los significantes reconocidos como valiosos por la comunidad política – “patria”, “justicia”, “cambio”- así como por la atribución al adversario de los significantes denostados, que aíslan y estigmatizan: “élites tradicionales”, “corruptos”, “neoliberales”, vendepatrias”. No se trata de un juego de suma cero, de una confrontación “plana” y absoluta, sino de innovación y construcción. Es una “guerra de posiciones” en el sentido más literal del término gramsciano: una lucha por realinear las posiciones, ordenar el campo político de tal forma que genere consenso para el actor hegemónico y la obligación para los adversarios integrarse como subordinados o permanecer en los márgenes del consenso social. “ [ps.580-581 de su tesis doctoral sobre «La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo».]

En conclusión, el tema de la vestimenta y la imagen, como el de el tuteo, es simplemente una táctica premeditada y estudiada, una forma maniquea (y burda, pero la gente lo compra) de afirmar que son distintos, diferentes de “la casta”, “el búnker”, y asociar así traje y corbata (y usteo) a la corrupción, lo viejo, lo pasado de moda. Lo joven, lo nuevo, los que son iguales que la gente normal, el pueblo, eso es lo guay. Y en segunda jugada, es una forma de provocar para que hablen de nosotros, y así poder insistir en que “ojalá el partido de Celia Villalobos estuviera la mitad de limpio que mis rastas”.

Pues señor Iglesias, yo no le compro la burra. Se puede ser honrado y no ser un corrupto, incluso haber tenido la oportunidad de serlo y renunciar, y más allá, denunciar la corrupción en las instituciones y en los tribunales, y vestirse y comportarse de una forma civilizada. Yo lo he hecho así durante ocho años. Igual que algunos de los miembros de Podemos están orgullosos de haber pegado a la policía, yo lo estoy de haber participado en un partido político que luchó de forma pacífica con todas sus fuerzas contra la corrupción y para solucionar los problemas de los españoles.

Pero está claro que trae más cuenta llevar rastas o jugar al futbolín con Bertín Osborne en esta España de hoy.

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  1. 17 febrero, 2016 en 16:35

    Un post preciso como bisturí de cirujano. Y es algo a lo que ya me tiene usted muy habituado.
    Es un placer leerle.
    Un saludo.

  2. 17 febrero, 2016 en 19:16

    Muchas gracias por sus elogios, me alegro que le haya gustado, un saludo.

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