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LA RUTA HACIA EL DOCTORADO (I): BLUEBERRY SOUP Y LA EXPERIENCIA ISLANDESA


Tras muchos años indeciso, finalmente este año he decidido dar el primer paso para cumplir un sueño que tengo casi desde pequeño…y no es jugar en el Madrid ni en el Barsa, no. Es algún día poder hacer una tesis doctoral sobre el nacionalismo negro norteamericano. Y como la muralla china empezó cuando alguien puso un solo ladrillo, yo he tomado la decisión de empezar poniendo el mío matriculándome en el Máster Política y Democracia de la UNED, con la finalidad de poder acceder al doctorado cuando lo termine. Y se me ocurrió que dado que en el transcurso del estudio de mis asignaturas pueden surgir temas chulos sobre los que escribir, puedo irlos compartiendo con la gente que se asoma por aquí.

El mes pasado, como parte del master, tuvimos la posibilidad de ver el documental Blueberry Soup, dirigido por Eileen Jerret, que trata sobre la reforma de la Constitución islandesa posterior a la crisis de 2008. La película me gustó mucho desde el punto de vista cinematográfico: está muy bien hecha, la música y la fotografía son muy buenas; el ritmo es muy acertado. Pero que nadie vea este documental buscando respuestas a lo ocurrido, porque ese no es su objetivo. Podéis ver el trailer aquí, y reacciones en twitter en el hashtag #blueberrysoup. El documental se puede ver en Vimeo bajo demanda, y se está proyectando en muchas universidades por todo el mundo.

La directora considera que se trató de un “experimento exitoso”: “No creo que fuera una revolución, pero sí un método innovador sobre cómo involucrar más personas en la política gracias a las redes sociales. Esto vale tanto para la pequeña Islandia como para la comunidad global, y esto sí que puede considerarse revolucionario”.

El film se centra en los testimonios de algunos de los 25 representantes que participaron en la elaboración de la nueva constitución islandesa, en las visiones personales acerca de la crisis que sacudió Islandia en 2008; pero no habla de qué ocurrió realmente y por qué, y quiénes tuvieron la responsabilidad sobre los hechos, o qué cosas no habría que hacer para que eso no vuelva a ocurrir.

Hay dos cuestiones muy interesantes que se plantean con el documental: una, qué ocurrió para que los tres bancos principales de Islandia quebrasen; y dos, la cuestión de si en Islandia se ha hecho realidad una especie de democracia popular por encima de los partidos políticos.

Respecto de la primera cuestión, Juan Ramón Rallo lo explica bastante bien en este artículo desde un punto de vista estrictamente económico: los bancos islandeses se endeudaban a corto plazo en moneda extranjera para invertir a largo en deuda nacional, con casi el 70% de la deuda islandesa en moneda extranjera. Hubo una expansión del crédito dentro de Islandia dos veces el PIB, sobre todo hacia la construcción. Cuando por la crisis financiera internacional se cerró el crédito interbancario, fue la tormenta perfecta: Islandia tiene que vender grandes cantidades de activos a largo plazo, con el agravante además de tener que comprar moneda extranjera en grandes cantidades y a toda velocidad, con su moneda despeñándose por el precipicio en caída libre. Recomiendo el capítulo del libro de Michael Lewis Boomerang dedicado a la crisis de Islandia, citado en este artículo.

Es cierto lo que una de las personas entrevistadas dice en el documental de que todo lo ocurrido tiene que ver mucho con la codicia: en Islandia se compraban en dólares casas sobre plano para luego venderlas antes de escriturar y ganar tanto con la venta como con el cambio de divisa, y al final se quemaban todo terrenos de lujo porque era la única forma posible de intentar devolver el préstamo (aquí creo que no hemos llegado a eso). Pero creo que entre los testimonios hay mucha palabrería bien intencionada tipo “soy un ser humano, no un consumidor”; o “la democracia no significa tener líderes fuertes, sino un pueblo fuerte”. En mi opinión, el ser humano es codicioso por naturaleza, y debe haber mecanismos que impidan lo que ocurrió.

La segunda cuestión es si, como parecen afirmar algunos, en Islandia se encarceló a los banqueros y políticos, se dio el poder al pueblo para redactar una nueva constitución y se ha salido de la crisis sin recortes y sin austeridad. Y lo que late aquí es la posibilidad en una sociedad moderna de tener un modelo similar al de la Grecia clásica de democracia directa, o dicho de otro modo, si Islandia ha sido un laboratorio de prueba de una democracia sin partidos.

Carlos Martínez Gorriarán trata esta cuestión en un buen texto y nos da las respuestas: fueron condenados sólo dos banqueros y todos los políticos fueron absueltos. Islandia no se enfrentó con éxito a la dictadura del FMI, sino que la clave para la salida de la crisis fue el acuerdo de rescate en noviembre de 2008 por valor de 2.100 millones de dólares, deuda que ha cancelado el mes pasado, a cambio de una serie de medidas de recortes y austeridad, y una subida importante de impuestos para poder equilibrar el presupuesto. Si alguien quiere ampliar la información de estas medidas, este es un excelente artículo de Andrés Rodríguez, donde podemos ver que esa leyenda de que Islandia luchó con éxito contra la dictadura del FMI es un camelo. Como dice Eric Lluent, autor de dos libros sobre el tema, “El gobierno, entonces, decidió dejar “caer” a los bancos y rescatar al Banco Central, porque no tenía más opción. El rescate del Banco Central fue de 2.700 millones de dólares, unos 8.000 dólares por habitante de la isla, niños y jubilados incluidos. Vaya, que el rescate les salió, per capita, más caro que en España”.

Y ahora los hechos respecto de la constitución: 25 ciudadanos fueron elegidos para elaborar un borrador de nueva constitución (las personas que protagonizan el documental), tras las elecciones en las que fue elegido un Gobierno de socialistas y verdes. Como indica Giulia Desi en su trabajo El experimento constitucional islandés, sólo un 35% acudió a las urnas. Las causas que apunta la autora son dos: un sistema de voto complicado, y el boicot promovido por los conservadores del partido de la independencia. Esto último lo que provocó es que sólo concurrieran personas de izquierda y que finalmente fueran elegidos. Si observamos el documental, las opiniones y visiones de todos ellos son bastante homogéneas ideológicamente hablando. El texto se aprobó en referéndum en octubre de 2012, con una participación inferior al 50% y un apoyo del 66%. Podéis leer el borrador de constitución elaborado aquí.

El final de todo ello es que, como nos cuenta Óscar Arenas, en la última sesión antes de la convocatoria de nuevas elecciones, la presidenta del parlamento islandés impidió que se votara la nueva constitución.  Y en las elecciones celebradas el 27 de abril de 2013 los partidos que sustentaban el anterior Gobierno perdieron la mitad de sus votos, y ganaron los dos partidos que llevaron a Islandia a la crisis (el Partido por la Independencia y el Partido Progresista, que gobiernan en coalición). Y el Partido Pirata, que propugnaba la aprobación de dicha constitución, obtuvo sólo el 5% de los votos.

De todo lo visto extraigo algunas conclusiones útiles:

  • Hay una leyenda urbana bastante extendida sobre el modelo islandés como una especie de 15M llevado a la práctica que dista mucho de la realidad. El FMI rescató a Islandia, que ha salido de la crisis con un modelo que nos suena (altos impuestos y austeridad). Pero no importa, que la realidad no te estropee una buena historia.
  • Tendemos a identificar a Islandia con el resto de países nórdicos; sin embargo, su comportamiento en general como sociedad parece tener más que ver con los países del sur de Europa que con los del norte.
  • Creo que un modelo asambleario no es factible en un país como los actuales en Europa. Incluso en Islandia, que es bastante pequeño (319.000 habitantes) y homogéneo culturalmente hablando, una democracia sin partidos no es viable porque, como dice Carlos Martínez Gorriarán, “los ciudadanos somos muchos y demasiado diferentes en creencias, preferencias e intereses como para que una asamblea presencial o virtual pueda conciliar las diferencias sin que las mayorías vulneren el derecho de las minorías a ser diferentes, estar representadas y ser oídas en las decisiones, preservando su sagrado derecho al desacuerdo”. Y yo añado: incluso desaparece la posibilidad de que una buena idea de un grupo pequeño sea escuchada, y que pueda finalmente llevarse a cabo y se convierta en ley. Corremos el peligro de una democracia a la búlgara, por aclamación.
  • El efecto positivo en mi opinión, igual que ha ocurrido aquí con el movimiento 15M, es el incremento del interés y la participación del ciudadano corriente en la política. Ese hecho en sí ya es algo loable.
  • Redactar una Constitución en 4 meses, por gente que podía tener preparación o no, nos enfrenta con una de las paradojas de la democracia: que personas no preparadas o sin la información suficiente puedan tomar decisiones que nos afectan a todos. Aun así, prefiero este sistema mejor que ningún otro: la responsabilidad es nuestra como seres humanos, y en ese sentido, tendremos lo que nos merecemos. Porque si no nos preocupamos por hacer política, otros la harán por nosotros.
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