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LA BANDERA DE ESPAÑA, PEDRO SÁNCHEZ Y PAVLOV


En mi país tenemos un problema bastante grave, aunque creo que no somos los únicos, por lo que me cuentan mis amigos italianos allí debe ocurrir algo similar.

Los hunos se apropiaron de los símbolos nacionales, como la bandera o el himno, y los hotros se lo permitieron. Unos terceros usaron sus símbolos como símbolos del odio nacionalista, y los han utilizado como un arma, igual que el idioma.

El episodio del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, con ese montaje Obamiano y la bandera española de fondo a primera vista pudiera ser saludado positivamente. Él mismo dijo que “la bandera española es la bandera que trajeron nuestros padres y madres con la democracia. Me siento representada por ella”.

Como dice el editorial de UPyD, si no conociéramos al PSOE podría colar: “Cuando recientemente se produjo una lamentable pitada contra el himno de España en la final de la Copa del Rey de fútbol, Pedro Sánchez rebajó el incidente a “una falta de educación” y rechazó cualquier tipo de sanción. El himno es un símbolo constitucional como lo es la bandera. Esta reacción del candidato socialista hace sospechar que estemos ante otro truco de marketing de los que tanto se llevan ahora, y no ante un verdadero propósito político.”

Como dice el proverbio árabe, quien no te conozca que te compre. Lo expone magistralmente el gran Santi González en esta entrada de su blog: “durante los últimos 25 años he acudido en muchas ocasiones a la Fiesta de la Rosa, a la que corresponde la segunda foto en la que Sánchez e Idoia Mendia saludan a la peña. La organización proporcionaba a los asistentes sendas ikurriñas tamaño DIN A 4 de papel o plástico, pegadas a un palo que los viejos militantes de la margen izquierda paseaban sin mucho entusiasmo por el recinto festivo. Vean en la tercera foto un acto del PSC en los tiempos de Rubalcaba y Pere Navarro como secretarios generales. Vean las otras tres fotos correspondientes a actos multitudinarios del PSOE y traten de buscar entre ellos una sola bandera española”.

El problema de fondo es primero la apropiación por el franquismo de una bandera que lo es desde 1785 y luego el reflejo pavloviano de la izquierda de considerar facha cualquier pegatina, pulserita, banderita o similar, ya no digamos una bandera de verdad…Es el punto trece de mi artículo 22 maneras de ser español.

Yo mismo en mi juventud he sufrido esa misma enfermedad. Rechazar la bandera y el himno de tu país en situaciones de normalidad, porque los que la llevaban eran “fachas”. De hecho había un profesor de filosofía en el instituto del que se decía que si llevabas una bandera de España en el cuaderno te subía la nota. Hacer un viaje de España a Croacia en moto y pensar en llevar unas banderitas de España en la parte trasera de la moto, y descartar la idea, porque tenemos que dormir en Barcelona.

Comprobar que cuando España gana la Eurocopa en 2008 comienzan a verse “espontáneamente” banderas de España por doquier en las terrazas y los balcones de las casas. Fui demasiado optimista en 2012 cuando escribí este texto: “Y me encontré a muchos adolescentes y veinteañeros vestidos con camisetas de la selección española de fútbol y envueltos en banderas de España, que supongo vendrían de la celebración del título de la Eurocopa en Cibeles. Y tuve que sonreír. Y entonces pensé: que puñetas, quizá estos chicos y chicas ya empiecen a superar el virus cainita que nos domina desde siempre en este país”.

La izquierda ha renunciado a ella, lo que no deja de tener su gracia, ya que el primer partido que asumió la bandera fue el PCE en 1977. Por 169 votos a favor, ninguno en contra y 11 abstenciones, el Comité Central del PCE decidió colocar la bandera bicolor junto a la comunista en todos los actos del partido.

En el fondo, esto forma parte del pensamiento naif de la República (la Segunda, eso sí), una Arcadia feliz, donde todos los problemas se solucionan, y que sirve para vender camisetas de la selección española de fútbol con la franja morada. Además de lo gracioso de la confusión del morado con el carmesí y lo chocante que es el hecho de que la inclusión del color morado fuera como símbolo de la exaltación de Castilla como parte fundamental del nuevo Estado (ya que los colores rojo y amarillo representan a los territorios de la Corona de Aragón). La bandera republicana es un símbolo de los antimonárquicos y de la gente contraria a la transición. Pero de ese tema y de la Arcadia feliz ya hemos hablado antes.

Yo mismo he formado parte de ese sentimiento de rechazo. Cuando tenía 18 años era como estos jóvenes diputados de Podemos que piden la supresión del ejército y la policía por ser “cuerpos represivos”, y que reniegan de la bandera y el himno por ser cosas de fachas. Afortunadamente, la juventud es una enfermedad que se cura muy deprisa, por lo menos en mi caso. Es muy triste leer la anécdota que cuenta Pérez Reverte en su artículo ‘Un facha de siete años’. 

La bandera, en definitiva, es el símbolo de mis derechos constitucionales como ciudadano. Es el símbolo de esos derechos que decidimos darnos entre todos y que votamos favorablemente. Donde deja de ondear esa bandera, casualmente dejan de cumplirse los derechos que tengo según nuestra Constitución. Y a todos nos vienen a la cabeza sitios donde las sentencias de los tribunales no se cumplen y no pasa nada.

No es más que un trapo de colores, pero simboliza la democracia y los derechos que nos hemos dado entre todos. Aparte simboliza episodios donde muchos perdieron la vida por defender este país, por orden de aquellos que diseñan banderas y que no les toca defenderlas. Y si no estamos conformes con la Constitución (que yo también creo que habría que reformar, sobre todo en su Título Octavo), pues hay un procedimiento perfectamente regulado y democrático para ello.

Pero esto ya es otra cuestión que trataré más adelante, porque merece una entrada aparte, la del respeto por las leyes vigentes, nos gusten o no. Eso es el Estado de Derecho, respetar y asumir las leyes vigentes y las sentencias de los tribunales de Justicia, mientras quienes se las dan de demócratas dicen que “Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”.

Me da mucha envidia los Estados Unidos de América en este aspecto. Mucha. Gente sin complejos que puede tener la bandera de su país en la puerta de su casa sin miedo a que sus propios vecinos se la arranquen o le llamen fascista. Y que antes de cada partido de ligas profesionales escucha su himno nacional, para recordarles que viven en un país democrático donde sus derechos están escritos en una de las constituciones más antiguas del mundo. Sin complejos. Quizá con demasiados alardes, pero sin ningún estúpido complejo de rechazo o de apropiación indebida. Pero es que Caín era español sin ningún género de dudas. Y Manes también. Antes de que se inventara España, ellos ya eran españoles de corazón.

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