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TARJETAS SIN LÍMITE, CAJAS Y KILOMETRAJE


Me contaba un amigo que en cierta empresa en la que trabajó les pagaban el kilometraje si viajaban con su propio vehículo. Incluso les daban a elegir muchas veces si querían viajar en su vehículo o en otro medio de transporte. Como solían coincidir varios compañeros en un destino con el mismo origen, algunos de ellos solían hacer lo siguiente: iban en el coche de un compañero y luego pasaban a la empresa el kilometraje como si hubieran ido en el suyo; o bien comparaban un billete de avión por su cuenta, viajaban en avión y luego pasaban el kilometraje, lo que les salía económicamente rentable.

Esta práctica se llegó a hacer bastante habitual, de modo que un compañero suyo en cierta ocasión tuvo dificultades, ya que su vuelo no pudo aterrizar en el aeropuerto de destino, teniendo que hacerlo en otra ciudad a unos cuantos kilómetros de distancia, y tuvo problemas en justificar a la empresa su retraso en llegar al lugar donde tenía que trabajar. Él por su parte nunca lo hizo, supongo que los otros pensarían que era un pringado.

También en cierta ocasión otra persona no vino a trabajar un viernes para irse de puente (alegando que estaba enfermo) y luego pasó como gasto el peaje del día que se supone estaba enfermo yendo a la parte opuesta de España (que curiosamente eran los carnavales de Cádiz).

Cuento estas anécdotas (salvando las distancias, no son casos comparables en su gravedad, pero sí en el síntoma) porque en mi experiencia y por desgracia estoy convencido de que hay muchas personas que, si no se ponen los mecanismos para que no pueda ocurrir, van a poner la mano en la caja si nadie está mirando. Y eso cuando se ha hecho en órganos como las cajas de ahorros, que tienen una responsabilidad social, es mucho más grave si cabe.

El caso de las tarjetas de los consejeros de Cajamadrid es muy significativo en muchos sentidos. Por un lado, la sensación de impunidad. La frase más repetida es “todo el mundo lo sabía”. Pero nadie ha actuado. Ni los partidos políticos (excepto UPyD, único que ha presentado una querella y gracias al cual se ha conocido todo), ni la fiscalía, ni el Gobierno central ni el autonómico. Al contrario, su comportamiento ha sido obstaculizar y obstruir (incluido el letrado del FROB, curiosamente) cualquier intento de investigación.

Hay que establecer en mi opinión los mecanismos para que estas cosas no pasen o que sea muy difícil hacerlo. Y poner al frente de los bancos a políticos es la primera cosa que hay que evitar. La primera cuestión es que sólo UPyD ha propuesto que los partidos salgan de los consejo de administración de las cajas y de muchos otros sitios donde lo único que hacen es ejercer de comisarios políticos y como vemos en ocasiones practicar la corrupción.

En este sentido, es alucinante, tanto en este tema como en el de las preferentes, el fracaso estrepitoso de los organismos de control. Ni Hacienda, ni la inspección del Banco de España, ni el Tribunal de Cuentas, ni el propio Gobierno, ni el Ministerio Fiscal. Nadie.

Y otro punto reseñable es el de la actuación por impulsos. UPyD interpone la querella contra Bankia el 11 de junio de 2012, como se puede comprobar aquí. IU interpone su querella contra Bankia el 10 de marzo de 2014. Durante casi dos años no ha hecho absolutamente nada, hasta que se empieza a conocer los hechos y a llegarles a ellos la ola. Y no sólo es Moral Santín: hay otros tres consejeros más implicados en el asunto de las tarjetas (Rubén Cruz Orive (233.700), Juan Gómez Castañeda (128.100) y Ángel Rizaldos (20.100). De los demás (PP, PSOE, UGT, CCOO), sin comentarios, sólo obstrucción en la medida de sus posibilidades.

Ahora que se suma al escándalo de las preferentes, las tarjetas han sido la gota que ha colmado el vaso y empiezan las dimisiones y las destituciones. Los implicados alegan que “todo el mundo lo sabía” o que era “perfectamente legal”.

El reverso de esa moneda son los comentarios medio en broma medio en serio que me hacen algunas personas en cuanto se enteran que estoy en UPyD (y por lo tanto en política) de “a ver si me buscas alguna cosa”…Como he dicho muchas veces, los políticos no son unos marcianos que nos invadieron hace años en un platillo volante, sino que son fiel reflejo de lo que somos como país. En primer lugar, como muestra significativa. Y en segundo lugar, porque les votamos todos los ciudadanos. Y si un señor imputado o corrupto (o las dos cosas) se presenta a las elecciones y resulta el más votado, pues ya está todo dicho.

Por lo tanto, hay que establecer mecanismos de control que hagan más difícil la corrupción; imponer medidas de control y transparencia que obliguen a justificar cada cantidad, evitando situaciones como las de las tarjetas o por ejemplo que diputados con casa en Madrid cobren dinero en teoría dirigido a pagar gastos de alojamiento.  Y hasta ahora, pese a lo que afirmó nuestro ínclito presidente del Gobierno en la ya lejana sesión de investidura, lo que demuestra el caso de las tarjetas, como muchos otros, es la existencia de una impunidad y una ley del silencio absolutas acerca de determinadas cuestiones. Como dijo David Gistau, UPyD ha roto la omertá al interponer la querella de Bankia. Ha roto el tabú del que nadie se atrevía a hablar.

El agravante en este caso es que: 1) el dinero del rescate a la banca lo hemos pagado todos; 2) se han cerrado servicios sociales de las cajas (guarderías, bibliotecas, centros de mayores) mientras que estos pájaros se llenaban los bolsillos.

En el fondo, se trata de reformar este tipo de organismos para profesionalizarlos y aumentar y mejorar los mecanismos de control sobre ellos. Del kilometraje a las tarjetas black no hay tanta diferencia como parece. Y sí, soy pesimista.

bankia

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  1. 14 octubre, 2014 en 11:05

    No solo se trata de reformar (que desde luego hay que hacerlo), sino de volver a empezar de cero, desde abajo, en todo lo referente a conceptos como ‘ética’, ‘higiene’, ‘principios’ y ‘control’, de las Cajas, aledaños y semejantes.

    España tiene un problema bien gordo: el rebaño lo dirigen los lobos. Las tarjetas Black es solo un ejemplo más de la podredumbre moral en la que nos hemos sumido, en una Sociedad enferma instalada en el permanente relativismo.

    No basta con dimitir. No basta con devolver el dinero. Si tiene consecuencias penales, hay que pagarlas. Pero, sobre todo, no puede ser que tipos de comportamiento como éste sean algo socialmente aceptado.

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