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DECONSTRUYENDO A LA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA


Comenta una amiga mía que es profesora de FP que sus alumnos, jóvenes cerca de los veinte años, han descubierto una persona que les maravilla y al que van a votar todos en las elecciones europeas si se presentara como candidato. El hombre en cuestión es el politólogo Pablo Iglesias Turrión. Y lo que me cuenta me ha inspirado para escribir unos breves comentarios de lo que supone. En efecto, se especula con la posibilidad de que un nuevo proyecto político denominado “Podemos”, apoyado por Izquierda Anticapitalista y personajes tan señalados como Diego Cañamero, Ada Colau, el Gran Wyoming o Juan Carlos Monedero se presente a las europeas del próximo 25 de mayo.  Julio Anguita ha rechazado formar parte del proyecto. En un blog denominado Asamblea 2014 se denuncia que todo es una operación mediática (que denominan “Operación coleta” ) de corte populista. En teoría en su presentación el pasado día 17 de enero de 2014, parece ser el primer resultado de lo que ha sido el 15-M que decide pasar a la pura acción política.

Habiendo oído cosas de él como presentador del programa de TV La Tuerka, decidí escucharle y analizar sus propuestas políticas. Y me encontré esto: topicazos, eslóganes y lugares comunes. Por cierto, una buena colección de ellos se puede encontrar en el último libro de Wyoming (No estamos locos).

Una muestra: el rechazo de los que significa el eurocomunismo (“contento y protegido bajo el paraguas de la OTAN”, según sus palabras textuales), y en consecuencia, la Transición a la democracia. En su opinión, fue un acuerdo entre la élite del franquismo y la élite de la oposición democrática. Aunque por otro lado se contradice, ya que afirma en otra ocasión que “a Marcelino Camacho no le domesticaron ni le doblegaron”. Debería leer el comentario que hizo al respecto el maestro Santiago González en su entrada “He aquí un franquista”. De la Transición y de la democracia de la que disfrutamos se pueden decir muchas cosas, pero una es cierta: históricamente es el mayor período de prosperidad que hemos disfrutado en muchos siglos. Y mucha gente que tiene ganas de revanchas guerracivilistas es porque no ha conocido una guerra de verdad.

Por otro lado, sus modelos son la Baader Meinhof (es un elemento que se echa de menos, según sus palabras), y América Latina (es de suponer que Cuba, Venezuela, Bolivia). Más en defensa del terrorismo: afirma que hoy hay ciudadanos vascos “encarcelados por hacer política”.

Su concepción de los medios de comunicación es para echarse a temblar: según él, nadie es objetivo, porque todos tienen ideología (yo no, gracias), y hay que intentar posicionarse e influir en la ciudadanía desde los medios. Las redes y los medios son instrumentos de presión ideológica y política. Y de ahí pasa a denunciar que, respecto de un ataque por fascistas a estudiantes de izquierda en la Complutense, lo importante en este caso son los “fascistas peligrosos” que gobiernan en la Comunidad de Madrid e inspiran a los fascistas que agreden. Pues para él, el PP son los herederos de Franco y no son demócratas. Viendo cuál es su concepción de la democracia con ejemplos citados más arriba (Cuba, Baader Meinhof), pues tiene razón.

Carga contra la monarquía como si eliminarla fuera a traer el paraíso en la Tierra, cuando realmente es mucho más barata que jefaturas de Estado de repúblicas como Francia o Italia (200 millones de euros de Italia frente a 25 de España). Y sinceramente prefiero a este rey que a personajes como Felipe González o Aznar ejerciendo de jefes de Estado. Creo que es más útil para la ciudadanía pedir que la Casa Real sea responsable jurídicamente por sus actos, que sus gastos sean transparentes, y analizar las consecuencias de cambiar de modelo de jefatura del Estado, que sacar un muñeco de pim pam pum para pegarle gorrazos sin ton ni son como desahogo.

Hasta ahora hemos hablado de literatura. Ahora hablemos de propuestas políticas concretas, aun sabiendo que aquí no se lee los programas electorales ni el que los escribe. Aparte de vaguedades genéricas (aumentar el consumo, democracia asamblearia, llevar la política a las calles y a los barrios; por cierto, al respecto debería leer la magnífica explicación de lo bonito que ha sido el experimento de una democracia sin partidos en Islandia por Martínez Gorriarán), lo demás que he encontrado es para echarse a llorar: por ejemplo, prohibir los desahucios o que el Estado no pague la deuda pública. Cosas que nos llevarían a, partiendo de la nada, alcanzar las más altas cotas de la miseria, como dijo el gran pensador marxista don Groucho Marx.

Observo además cierta confusión terminológica. El 1 de junio, en la Sexta Noche decía: “Una oferta de trabajo de ayer de periodista: Customedia, Barcelona. “Se requieren 5 años de experiencia. Inglés y disponibilidad para trabajar. Contrato de autónomo. Salario: entre 450 y 800 euros” ¡Esto es violencia!”. Violencia no, explotación. Un gran problema de nuestro tiempo es llamar a las cosas por nombres que no son. Llamamos democracia a lo que no lo es, y fascista a quien tampoco.

Coincidimos en parte del diagnóstico: el hastío de los ciudadanos respecto de una casta política que solo vela por sus intereses (de la que forman parte sus asesorados de IU y amantes de los coches oficiales y los puestos en consejos de administración de cajas de ahorros); indebida financiación de los bancos por parte del Estado; precarización y recorte de derechos en salud, educación y sanidad; inexistencia de la sociedad civil. Pero si el remedio es Cuba o Venezuela, mejor me quedo como estoy. Estoy de acuerdo con las críticas al PSOE (“lo que nos metieron en la OTAN deberían avergonzarse de gritar no a la guerra”), o a que IU se haya sentado en consejos de administración, y al PP por dejar caer los servicios sociales para luego poder privatizarlos y colocar después a los propios políticos que lo privatizaron en puestos de responsabilidad en las empresas adjudicatarias. Pero el remedio propuesto no es más que un cóctel de eslóganes que, como él mismo dice, “tocan una tecla que suena bien en muchos oídos”. Pero en mi opinión no va más allá. Las verdaderas soluciones pasan por aceptar el marco en el que nos movemos, asumiendo que tenemos que cambiar muchísimas cosas. Es mucho más realista analizar los problemas de una forma objetiva, no ideológica, y tratar soluciones reales para problemas reales. Proponer que el Estado no pague la deuda pública y no detallar cuáles serían las consecuencias es un comportamiento infantil.

Y por supuesto que reniego del abrazo del oso que le da la “verdadera izquierda” al nacionalismo radical y hasta terrorista, a tipos apoyados por la Liga Norte, un partido xenófobo y racista. Entiendo que la derecha se apropió del Estado y sus símbolos hace tiempo, y la izquierda les dejó hacerlo.

Y el origen de todo nos deja claro que la condición de la izquierda verdadera se lleva en el ADN: “Lo llevo en el ADN. A mi tío-abuelo materno le fusilaron. Mi abuelo paterno, socialista y comandante del Ejército Popular de la República, fue condenado a muerte y pasó 5 años en prisión. Mi madre, la primera persona de su familia que llegó a la universidad, militó en la clandestinidad y mi padre también conoció la cárcel durante la dictadura. A ellos les debo quien soy y desde los 14 años no he dejado de militar.” Para decir que “la izquierda no es una religión”, se le parece bastante, y además heredada. Yo en el ADN llevo el color de mis ojos, mi estatura, mi color de pelo y otros detalles insignificantes. Mis ideas no las llevo en mi código genético, sino que son fruto de mi propia reflexión, mi experiencia y mi raciocinio, y abiertas a ser discutidas. Yo no pretendo tener razón, sino razones. Mi abuelo fundó la UGT de Albacete y estuvo en la cárcel en la guerra civil, pero él es él y yo soy yo, somos personas diferentes.

Es el signo de los tiempos. Hoy en día todo es instantáneo, mediático. No hay verdadera reflexión ni análisis. Lo queremos todo y lo queremos ya. Y Pablo Iglesias Turrión lo sabe. Es hijo de su generación. Sabe que un buen eslógan a tiempo y un buen vídeo en el momento adecuado valen más que doscientos libros o discursos fundamentados. Ayer en el vagón de metro en el que iba me puse a contar. De ocho personas, seis mirando el móvil, y uno leyendo un libro. Y yo mirándoles a todos.

Leyendo la definición de demagogia la conclusión es clara. Alguien la definió como proponer soluciones sencillas a problemas complejos. Yo añadiría sencillas e inadecuadas. Y en eso estamos.

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  1. 6 marzo, 2014 en 12:58

    Excelente deconstrucción.
    Un saludo.

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