HUMILITY (HUMILDAD)


Esta mañana he ido a lavar el coche a un sitio en el que lo lavan por dentro y por fuera. Y me ha venido a la cabeza un episodio curioso de mi vida. A mediados de los 90 tuve un despacho de abogados y la cosa fue mal. Decidí abandonar mi participación, y me encontré sin trabajo y sin paro. Yo tenía un amigo que trabajaba en ese mismo lavadero de coches, al que he ido hoy. Y me dijo que si necesitaba trabajar, podía hacer una prueba para trabajar con él. Estaba literalmente desesperado, así que fui al lavadero con mi amigo. Me presentó al encargado, a los cinco minutos ya tenía un mono de taller puesto y estaba lavando coches. Trabajé codo con codo con un chico negro de Nigeria, que me contó que estaba condenado a muerte en su país por haber matado a un policía, y que tenía que tener cuidado, porque estaba convencido que ni es España estaba seguro. Le pregunté si tenía papeles, me miró y sonrió. El caso es que yo era demasiado lento y no dejaba bien limpio el coche, así que después de una media hora, el encargado vino y me dijo que no valía para el puesto. Devolví el mono y regresé a casa mucho peor de lo que salí. Ni para lavar coches vales, me dije…

Una de las mejores películas de la Historia del cine, en mi opinión, es The bad and the beautiful (Cautivos del mal, 1952), de Vincente Minelli. Cuenta la historia de un productor, Jonathan Shields,  interpretado por Kirk Douglas, y aquí podéis leer una reseña que hice para nuestro cineforum. Hay una escena en la que Shields observa cómo está dirigiendo la película el director que trabaja para él, Von Ellstein (interpretado por Ivan Triesault), y en una escena concreta le dice que hay valores en esa escena que no ha visto y hay que repetirla. El director le replica que hay dos formas de hacer la película, la suya y la del productor. Y que ni él ni ningún director que se respete a sí mismo lo hará a la manera del productor. Al final, Von Ellstein abandona la película, no sin antes advertirle a Shields: “You must direct this picture yourself. To direct a picture, a man needs humility. Do you have humility, Mr. Shields?”. Al final, después del rodaje, la película es tan mala que ni se proyecta.

Un jugador de baloncesto de playgrounds en Nueva York se creía el mejor. Humillaba constantemente a todos sus rivales. Era el mejor. Hasta que un día le dijeron: voy a llamar a The Helicopter. Herman Knowings, descrito en este artículo magistral por Gonzalo Vázquez, debía su mote a su salto potentísimo. Y jugaron uno contra uno, y The Helicopter machacó a nuestro joven protagonista. Simplemente no le dejaba tirar: entradas, ganchos, tiros exteriores…le taponó uno tras otro. Hasta que nuestro amigo lo dejó, con una buena lección de humildad como premio.

Soy consciente que hay una fina línea que separa el éxito del fracaso. Muy consciente. Que la vida es una lucha continua; que por mucho que creas que sabes, siempre hay alguien que sabe más que tú. Que hay que ser consciente de tus limitaciones, e intentar día a día mejorar tus puntos débiles. Que nadie es más que nadie por nada, y que en cualquier momento, por mucho bagaje acumulado que tengas, la vida te manda a la casilla de salida. A mí me ha enviado ya varias veces. Y que el objetivo de esta vida, a mi entender, como dice la Constitución de EEUU, es la búsqueda de la felicidad.

Puede que mañana tenga que volver a un lugar como el del principio. Por lo menos, yo ya sé que para eso no soy muy bueno. Siempre me quedará la guitarra, si el Ayuntamiento de Madrid no lo impide. Pero hay que intentar controlar ese ego dentro de nosotros, y ser humildes. La humildad es ese producto que nos limpia las gafas y nos hace ver la realidad como es, y nos hace ver cosas que tienen los demás de las que podemos aprender. Es la grasa que hace funcionar mejor nuestra relación con los otros.

Solamente sal ahí y juega. Todo vendrá solo. Pero recuerda que siempre hay un The Helicopter por ahí.

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  1. viejecita
    23 noviembre, 2013 en 10:39

    Don JoseJazz
    Pues, ya siento, porque no estoy en absoluto de acuerdo con su tesis.
    El reconocer que uno no es bueno para algo, o que hay otros mejores que uno, no es cuestión de humildad, sino de tener un criterio objetivo, también para uno mismo, y reconocer la verdad cuando la tenemos enfrente. Con Orgullo.
    La humildad es otra cosa ; es agachar la cabeza porque el otro te puede imponer su criterio. Aunque uno sepa que ese criterio del otro es retorcido, interesado, aleatorio, injusto o falso.
    La Verdad es estupenda. Y el orgullo, al reconocer claramente nuestras carencias, sin intentar echar el perro a otros.
    Pero ¿ La Humildad ?
    A la Humildad que le vayan dando.

  2. 24 noviembre, 2013 en 22:31

    Gracias por su comentario, pero creo que no estamos tan lejos en el fondo. Estoy leyendo un libro en el que el protagonista, jugador profesional de baloncesto, cuenta una historia divertida. En la ceremonia en la que se supone que es uno de los mayores acontecimientos para un jugador de baloncesto, nuestro protagonista sale a escena y alguien le grita “eres el mejor”, “eres un crack”, “no hay otro como tú”. Nuestro amigo empieza a ponerse colorado, no está acostumbrado. De repente ese alguien grita “Big Baby”. Y es que “Big Baby” (otro jugador de baloncesto, Glen Davis) iba andando a su lado sin que nuestro protagonista se diera cuenta, y todas las alabanzas eran para ese jugador, no para nuestro amigo. Creo que un poco de humildad no viene mal a veces. Como dicen los Red Hot Chili Peppers en su canción Knock me down, “if you see me getting mighty, if you see me getting high, knock me down, I’m not bigger than life”.

  3. viejecita
    25 noviembre, 2013 en 9:49

    Bueno, ese jugador era un personaje público, y se veía desde fuera ( o creía verse ).Una persona orgullosa tiene su propio criterio, y no tiene por qué guiarse por los “fans”.

    Además, un jugador de la NBA, que está en la élite de su profesión, debería haber sabido de sobra que Glen Davis era mejor que él, y más famoso , al menos en ese momento, puesto que él todavía no estaba acostumbrado a estar tan arriba en el candelero… Y el jugador protagonista del libro, tenía que tener claro, que él no era todavía el destinatario de esas alabanzas. Aunque supiera que cuando el público le conociera mejor, sería él quien se las llevara.” But not yet”
    Si uno es objetivo , no tiene por qué ser humilde. La humildad, ya digo, es otra cosa. Y lo de “recuerda que sólo eres un hombre”, va contra la “Hubris”, ( que no es la Verdad, ni el orgullo basado en la Verdad, sino su desmesura y exageración, y el creerse algo que uno no es, o sea, una mentira, mandada por los dioses para destrozarnos ). No va contra el orgullo de saber que uno ha hecho lo que debía, y lo mejor que podía.

    Sigo diciendo lo de que a la humildad, que le vayan dando.

  4. Teresa Cabarrush
    29 noviembre, 2013 en 12:22

    Es una preciosidad de texto y muy interesante. Enhorabuena al autor. Me quedo con la Humildad, y es verdad que nadie sabe más que nadie, ni nadie es más que nadie, quien pierde esa lección es una persona ” pobre” no en el sentido económico. Hace poco me encontré con un Blog brillante, sus propios administradores se llamaban así mismos ” brillantes”, y yo siempre digo, que las personas quedan reflejadas en sus propias palabras en el blog. Cuando detenidamente empecé a leer artículos de esos administradores, me encuentro que les faltaba educación algunas veces, otras que no eran agradecidos, otras que les invitaban otros participantes directamente para hablar de un tema y no contestaban, ya se sabe, no se contesta no se sabe ( en otras ocasiones es por no entrar en un bucle).

    ¿ Dónde estaban esas personas ” brillantes”?, yo no las he visto en ese blog, y sí es verdad, que los artículos de esas personas son muy interesantes y brillantes, pero que de nada sirve eso, cuando las personas dejan de ser eso mismo” Personas”. Posiblemente cada uno tenemos que aprender muchas lecciones en esta vida…esos Señores, la Humildad…porque siempre hay otras personas que son más Inteligentes que ellos y más Brillantes en realidad, porque quien es brillante tiene Educación y es Agradecido como mínimo, a parte de tener muchos Conocimientos.

    Señor Fernández, esta vez no me he confundido con el Señor Pérez, en esta ocasión le escribo a Usted. Felicidades por tan magnífico artículo.

    Saludos Cordiales.

  5. 29 noviembre, 2013 en 15:41

    Muy bien dicho: la humildad aclara la vista, el orgullo la suele nublar.
    Un saludo.

  6. 30 noviembre, 2013 en 19:52

    Gracias a los dos últimos comentaristas por sus elogios, me alegro que les haya gustado. Creo que en efecto hay que ser humilde sin menospreciarnos, y es una cuerda floja a la que nos asomamos cada día algunos, intentando no caernos, una vez que nos bajamos de la cama. Que tengan un buen día.

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