EL DÍA MÁS LARGO


Tengo que escribir en diferido, ya que desde el martes no tengo conexión a internet. Como se decía antes en la tele en España, cuando sólo había dos canales, por razones ajenas a nuestra voluntad hemos tenido que interrumpir la programación, disculpen las molestias.

El martes nos levantamos a las 6 de la mañana, según lo previsto. Aquí en esta parte de Croacia ya es de día. Por la noche nos despedimos de Tom y Ania y las niñas (Ksenia y Elisa), y de nuestra vecina “alemanaquehablaespañol” Ute y sus dos niños. Lo mejor de este viaje ha sido la cantidad de gente maravillosa que hemos conocido, seguiremos en contacto. Nuestros amigos de Burgos, Luis y Angélica, ya están en Croacia. Se han recorrido Italia de norte a sur y han cogido el ferry de Ancona a Dubrovnik. Tened mucho cuidado, porfa. Seguimos en contacto por el whatsapp. Recogimos todo y en marcha. Una última mirada a la playa vacía mientras nos vamos, con el mar como un espejo. Nos esperan 800 kilómetros y atravesar Italia de este a oeste.

La autostrada E70 es la carretera con más camiones que yo he visto en mi vida. Hay veces que adelanto a nueve o diez seguidos. Primero hay que salir de Croacia, pasar la frontera, y luego llegar a Italia cruzando Eslovenia. Tardamos un poquito porque se combina autopista con carretera secundaria, e incluso rotondas y cedas el paso. Para comparar los precios de los peajes, lo empezamos antes de Trieste y lo dejamos en Alassio, en la otra punta del país. Nos costó 45 €. Hoy sólo por hacer Barcelona hasta antes de Zaragoza nos han cobrado 30. Y eso que en gasolina he subvencionado varios hospitales en Italia y Croacia, a 1,90 euros el litro. Una camarera a mitad de camino nos pregunta por el viaje, y cuando le contamos, nos dice que “voi siete molto bravi”. Dice que ella lo máximo que ha hecho en esa autopista son 200 kilómetros. Ocho horas después llegamos a Alassio. La última parte de la carretera se me ha hecho muy cuesta arriba, es lo que llaman la autopista de las flores, que llega hasta Ventimiglia y la frontera francesa. Son constantes viaductos a una altura tremenda, y el aire parece que te va a llevar, con el rebufo de los camiones se menea bastante la moto. Y eso que no quiero ni pensar en el peso que estoy moviendo, entre la moto, Mar y yo, y una bolsa grande y tres pequeñas, podemos hacer 550 kilos. Yo que tengo mucho vértigo evito mirar hacia abajo, pero la altura de los viaductos es impresionante.

Lo contrario de la ruta bb que hicimos en Cres. Hemos pasado de carreteras donde no caben dos coches, tocar el claxon en las curvas y coger curvas de trescientos sesenta grados a todo lo opuesto. La moto está diseñada para las autopistas, pones el cruise control para descansar la mano y va perfecta. Aun así, le vigilo el aceite, porque como buena Harley le gusta marcar territorio.

En Alassio nos esperan Todo, Neva y el pequeño Tomasso. Se han portado con nosotros espectacularmente, aunque saben que hago el café con una cafetera Melitta (caffè americano, no?). Esperábamos un sofá cama y nos encontramos con un apartamento entero para nosotros solos. Lo más importante es el tiempo que hemos podido compartir con ellos, que desde la despedida de Nico no nos habíamos vuelto a ver, creo. Es según nos cuentan la mejor playa de la región de Liguria; se ve como un sitio muy turístico de vacaciones, pero de turismo local. Dejamos de ver matrículas no italianas, alguna francesa y muy poquitas alemanas. Lo curioso es lo de las playas privadas: casi todo el tramo de playa es privado, son como una especie de clubs donde tienes que pagar por poder utilizarlo. Hay un pequeño sector que sí es de libre acceso. En España esto no nos cabe en la cabeza, pero hace diez años, la primera vez que vine a Italia me llamaron dos cosas la atención: que casi todos los partidos de fútbol fueran de pago; y que estuviera prohibido fumar en casi todos los sitios públicos. Y diez años después ya veis donde estamos. Harleys hay como si las regalaran, y el nivel de los coches ha subido de forma notable.

Parece que el día de ir a Génova va a llover, a ver si tenemos suerte, que en lago di Garda la tuvimos. Por cierto, no os vayáis de Alassio sin probar los baci di Alassio, al módico precio de 22,5 €/kilo, pero merece la pena si os gusta el chocolate, y sin ver el muretto di Alassio. Los voy a echar de menos, y al Prosecco también.

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