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OVEJAS HACIENDO SNOWBOARD Y CERVEZA BARATA


OLYMPUS DIGITAL CAMERAAntes de ayer estuvimos en Pula y en Rovijni. Con Pula nos ha pasado un poco lo que con Sirmione en el lago di Garda, que tanto nos la habían puesto como impresionante que luego al verla no era para tanto. El anfiteatro romano es una pasada, sobre todo el hecho de que quepan 20.000 espectadores, y que todavía hoy se siga utilizando para conciertos. De hecho hoy debería estar actuando en estos mismos momentos Leonard Cohen, y próximamente tenemos a Joe Cocker. Es como la arena de Verona, pero con el mar justo al lado. Allí conocimos a un motero húngaro y su chica, que al ver que éramos de España se volvieron locos. Él tiene un amigo que es bailarín flamenco, Fernando Galán, y chapurrea algo de español. Rovijni es un pueblecito de pescadores adorable, lo cual aprovechamos para pegarnos un atracón de pescado adorable también, y un lugar lleno de artistas bohemios. Por cierto, que esta gente tiene un problema con el vino. La botella más barata a 15 euros. Y se supone que estamos en la parte de Croacia que más vino produce con diferencia. Hasta en el Lidl está la botella más barata a 10 euros. Sin embargo, es el paraíso de la cerveza. En un bar decente el medio litro vale un euro. Tela. Nicola viene aquí y se bebe hasta el agua del mar. Y luego tienen variantes de cerveza que lo flipas, con naranja amarga (que está de morirte de buena, y mira que nos reíamos del Pifo por beber Mahou con Fanta de naranja, pero no es lo mismo ni de broma), una cerveza con limón que a su lado la mixta es meado de burra…Y aquí la cerveza pequeña es la de 33 cl, la gente se bebe las de medio litro como nosotros las cañas.

Ayer hicimos la maratón: 58 kilómetros. Y alguno (sobre todo mi hermano Fer) ya estará pensando: pues vaya mierda de maratón. Hay que aclarar que hemos estado en la isla de Cres, que es una isla que puede tener 100 km de largo, y luego sigue, porque hay otra que es Malij Losing, que están unidas por un puente. Lo que parecía ser una excursión dominguera se ha convertido en el puto Paris-Dakar. Esos 58 km han sido por las carreteras que había en España hace 70 años. Y ojo, llenas de ciclistas, trailers de 40 toneladas, tractores, y de las ovejas hablaremos luego. Y carreteras sin arcén, pero con una densidad de árboles en los bordes que parece que estás conduciendo por el Amazonas. Nos hemos encontrado troncos en medio de la carretera, por suerte en el otro sentido siempre. Y puede cruzarse un animal, y no precisamente un conejo. Nosotros tuvimos suerte que solo se nos han cruzado dos ovejas. Porque de hecho hay muchísimos jabalíes es Istria, introducidos aquí por el lobby de cazadores, y que están acabando con las ovejas tramontanas, y eso está acabando con los buitres a su vez. Lo que es un problema, porque me encanta el queso de oveja. Y los jabalíes no han estudiado el código de la circulación, así que te pueden salir en cualquier momento de entre el bosque por el que vas, eso sí, como mucho a 60 km por hora (tú, no el jabalí, él puede correr hasta 70 km por hora), porque como vayas a más, es fácil que te integres muy bien en el entorno del bosque. Pero de las ovejas hablamos luego. Ayer he visto la señal de tráfico de animales sueltos, pero en vez de con la vaca, con una oveja. Hablando de animales, en el post anterior me dejé algo colgando: la moneda de Croacia se llama kuna, porque la palabra significa marta (el animal), y hace referencia a tiempos pretéritos en los que la moneda eran pieles de ese animal. No tiene nada que ver con corona. No sé si será verdad, pero la historia mola. Y si es mentira, pues peor para la Historia.

Después de hacer 58 km en algo más de una hora, por parajes que parecían Asturias o Galicia (lo que llaman la Istria verde), hemos llegado a donde se coge el ferry para Cres, Brestova. Una cola que lo flipas y unos chicos limpiando cristales por propina. Nos dicen que siendo una moto no tenemos que hacer la cola. De lujo, porque no hay que aguantar al sol. Pero tranquilo, David, que hoy no voy de actor de peli sado. Bajamos la moto al muelle, adelantando a todos los coches. Y nos encontramos un ciclomotor y una bicicleta. Vamos a tomarnos algo fresco al bar y ahí viene mi encuentro con la cerveza con naranja amarga. Cuando volvemos, veo a un señor mayor dando vueltas alrededor de mi moto. Es el hombre de la bici, aparenta 60 años o más, y va en bici a Cres y luego a la isla de Krk. Me pregunta cuántos años tiene la moto, porque piensa que es más vieja que yo. Es un señor suizo que va en bici a todos los lados. Lo suyo sí que tiene mérito, le digo.

Y ahora viene lo bueno. La isla es bastante larga, y cuando se abre la puerta del ferry y quitan la cadena, es como cuando abren la puerta de los toriles, maricón el último. Empezamos a ir por la carretera de montaña y decidimos ir al primer pueblo que podamos, que se llama Beli. O sea, que es un poco de coña, pero hemos ido de Bale a Beli. Y cuando había leído que la isla era montañosa, no me imaginaba que iba a ser como la carretera de Santiago del Teide pero el doble de estrecha. Yo creo que dos coches no caben a la vez, hacía mucho tiempo que no tenía que tocar el claxon en las curvas. Pero es que por aquí van camiones y autobuses también. Este es (o era) el paraíso de las ovejas tramontanas. Y lo experimentamos cuando volvemos de la playa. De repente empezamos a ver piedras que caen de la ladera, y vemos una oveja en plena maniobra de snowboard, pero sin tabla y sin nieve, sólo con sus patas, bajando por la ladera de la montaña a toda leche. Con la mayor naturalidad del mundo, aterriza en el suelo y comienza a andar, que fue cuando le hice esta foto. Por eso el queso está tan bueno, supongo que de los meneos que se mete la oveja por el monte.

Bueno, y esto dedicado especialmente a Nico, él me va a entender. Hace unos años nos fuimos de vacaciones y se llevó una tienda de campaña de esas de Decathlon que se montan en un segundo y se desmontan en una semana (y con ayuda). De hecho, si no es por un francés que pasaba por allí, todavía estamos dándole vueltas intentando recogerla. Pues el otro día viví un momento parecido. En la playa del camping conocimos a una pareja muy maja, él se llama Tom y ella Ana, austríaco y rusa, con dos niñas pequeñas preciosas. Chapurrea un poco de español porque estuvo en Argentina cuatro meses, y dice que los de allí están como una cabra (no dan las luces para ahorrar batería, o se hacen un viaje de 1.200 km para estar una hora y volverse). El caso es que se trajo una tienda de las que Nico y yo sabemos, y cuando recoge veo que tiene, cómo decirlo, algunas dificultades. Como soy así de majo, me ofrezco a ayudarle, aunque no tengo ni puta idea de cómo hacerlo. Me pregunta: ¿sabes cómo va? Y yo le contesto, ni idea, pero dos cabezas piensan más que una. Y en este caso, cuatro brazos vienen mejor que dos. Pero tú ya la habrás puesto más veces; pues no, es mi segunda, y en la primera no tengo ni idea de cómo lo hice. Nos tiramos entre los dos veinte minutos mirando el plano y haciendo posturas extrañas mientras atardece, y nuestras respectivas señoras se dedican a charlar y mirar cómo nos retorcemos intentando plegar la tienda. De repente, y no sabemos cómo, se nos enciende la bombilla y ¡la plegamos! Pero ni puñetera idea de cómo lo hemos hecho. A ver si le vuelvo a ver para preguntarle si ha vuelto a ponerla.

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  1. Sonia
    22 junio, 2016 en 22:25

    Hola josejazz!! Somo una pareja de moteros que en 10 dias salimos para Croacia! Gran relato el de vuestro viaje, nos hemos sentido ideltificados en muchas cosas que nos han pasado en otras rutas! Hemos leido acerca de las colas para coger los ferrys pero veo que tu comentas que llevando moto puedes pasar sin hacer cola?? Si es así me das una alegria! Gracias y un saludo!!

    • 25 junio, 2016 en 10:56

      Hola Sonia! Te cuento: para los ferries grandes a las motos nos ponen delante, pero no significa que vayas a pasar antes, porque el ferry tiene varios pisos y normalmente a las motos nos ponen los huecos de motos según se va llenando. En los ferries pequeños como el de la isla de Cres, que no hay pisos, sino que los vehículos van en cubierta, había una cola enorme, pero nos dijeron que las motos no la tenemos que guardar. Lo hicimos así y nos pusimos los primeros, y nadie nos dijo nada. Que tengáis buen viaje y os animo a escribir vuestras aventuras y que me las hagáis llegar! Un abrazo!

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