EL KILÓMETRO 1800


Tras el diluvio de ayer, hoy ha amanecido despejado. Anoche dimos un paseo hasta Torbole siguiendo la orilla del lago, muy recomendable. Esta mañana autovía hasta Trieste todo el rato, con viento fuerte al principio, y la carretera con más camiones que he visto en mi vida. Hemos ido a buen ritmo, parando sólo para poner gasolina una vez. Pasado Trieste, vamos llegando a Eslovenia. Y se ha producido el milagro: ¡una matrícula española! Un chico y una chica con una Triumph nos han adelantado y saludado efusivamente, claro que ellos habrán pensado lo mismo que nosotros, una matrícula española por fin…

Porque lo del lago de Garda es de traca, no me extraña que el Bayern de Munich haga allí la pretemporada. Es como una sucursal de Alemania. Aun así, los carteles siguen estando en italiano, y la gente habla en italiano. Nos ha gustado mucho el sitio, precioso, muy familiar, tranquilo, todo muy limpio, incluida el agua del lago. Me pregunto si no habrá sitios en España para hacer algo así, pregunta retórica, pues claro que los hay; ¿por qué no montamos algo así? Nos quedamos con las ganas de subir a Bolzano, pero ayer nos vino bien el day-off.

Hemos parado en la frontera con Eslovenia para comprar la pegatina para las autovías. Podéis encontrar en Internet mil trucos para no pagar, cogiendo la carretera por la vía de servicio en la misma gasolinera en la que he comprado la viñeta: pero por 7 euros y medio he preferido coger la autopista y llegar lo antes posible al destino. Pasamos la frontera croata y la policía nos para. ¿De donde vienen? De Madrid, España. Y el tío cachondo nos contesta en perfecto castellano: “Esto no puede ser, no puede ser, esto es una locura”. Lo he flipado tanto que no he sabido qué contestar. Le enseñamos los DNI, y al de Mar le falta el chip. Nos dice “falta el chip, esto no puede ser”. El caso es que Mar creo que se iba a echar mano al monedero, que ella es muy apañada y lo lleva ahí guardado. Pero el poli nos dice sigan, sigan. Que tenga una buena jornada, le contesto. Te lo has currao, chaval.

Ahora viene lo bueno. El caso es que vamos a un camping cerca de Bale, y solo tengo un mapa, las coordenadas GPS de la entrada, un texto descargado en Internet de cómo llegar y un montón de gente por la calle a la que preguntar. Nada más. Pues he sido incapaz de meter las coordenadas en el GPS. Y no encuentro la entrada del camping. Hemos pasado Bale, y al salir hemos pasado de un cartel tan grande como la pared de la casa donde vivo, y hemos seguido para adelante. Como dicen que está a seis kilómetros de Bale, yo sigo dirección Rovijni, y paro a preguntar en un restaurante donde están asando un cerdo enorme trinchado en un palo, como en España asamos los pollos. Deber ser la moda aquí, porque en cada restaurante que vemos en la carretera, hay un tío asando un cerdo tamaño familiar y dando vueltas al palito. Pues nos mandan para atrás otra vez. Paramos y llamamos al teléfono del camping, pero siempre está comunicando. Las tres de la tarde y un sol infernal. Y yo, como el día ha empezado con bajada de temperaturas, vestido otra vez para hacer una peli de sado.

Al final tomo la brillante decisión de meterme por lo que parece un camino asfaltado a la derecha. El camino asfaltado se convierte de repente en una pista de tierra digna del Paris-Dakar (o donde coño lo hagan ahora). De hecho, nos adelanta un camión que va a lo que parece una cantera o una fábrica de cemento, por lo menos parece que sabe dónde va. Preguntamos allí por el camping y nos dicen que sigamos. Seguimos y pasamos casitas, granjas con perros encerrados, más casitas, y al final aparecemos en un restaurante en el que no adivinarías que están cocinando…exacto, un enorme cerdo asado, no sé cómo lo has podido saber. El hombre nos dice que sigamos para adelante. La pista se va poniendo cada vez peor, y te recuerdo que mi moto es como un buey con ruedas, pesa lo mismo y tiene la misma agilidad para cambiar de sentido. Me empiezo a sentir como Ewan Mc Gregor conduciendo por Mongolia, solo que él no reservó por booking y no le dijeron que el acceso estaba chupado. Llegamos al final, y cuando digo el final es que si sigo recto me voy al mar. Preguntamos y nadie tiene ni puta idea. Mar se acerca a una valla y le pregunta a un tío en bolas (y con armamento de destrucción masiva a la vista): resulta que el camping está al otro lado, pero no se puede entrar, es como si hubiera que dar toda la vuelta. Creo que este camping es medio nudista. Volvemos para arriba e intentamos por otro camino, pero no hay salida. Mi buey se está cansando y yo también, casi nos caemos dos veces y además empieza a salir humo del embrague. Miro el cuentakilómetros, que tengo puesto desde que salimos de Madrid, y justo va por el kilómetro 1.800. Justo. Manda cojones la precisión. El puto kilómetro 1.800. Decidimos parar, y mientras Mar se queda con la moto en una sombra que hemos encontrado, yo vuelvo a pata más cabreado que una mona a intentar solucionar el asunto. Bajo andando otra vez hasta el mar y me paso al lado de nuestro camping. Una amable señora me explica que son dos campings juntos, que la entrada es la misma, y que ese cartel tan pequeño como un campo de fútbol que me he pasado es el desvío para la dichosa entrada. Gracias señora, estará siempre en mis oraciones. Vuelvo andando otra vez (ahora es cuesta arriba), recojo la moto y a Mar y nos vamos otra vez por la pista de dirt track. Bueno, lo guay es que ahora me puedo hacer una idea de cómo queda la moto si la pintase de blanco.

Volvemos a la carretera y voilá, en la rotonda está el cartel. Y seguimos la dirección correcta y claro, la entrada es como se supone que es la entrada del camping, con sus banderitas, su casita, su barrera, etc. Y yo pensando que la cutrada esta de antes era el camping, con una pista de tierra por acceso que haría temblar a una cabra. Cuando llego y me quito la ropa, está tan sudada que la puedo dejar de pie y parece que hay un tío en la puerta.

Para celebrarlo me he metido para el cuerpo un litro de cerveza croata (de la marca que me dijo Roberto, que ahora no me acuerdo) y un solomillo a la pimienta; eso más el agua y la hamburguesa (bueno, maxi hamburguesa, era de grande como un disco de freno), 25 pavos. Al final sí que ha terminado bien el día, con un bañito haciendo snorkel con los peces, y con la moto aparcada al lado de la cabañita, y la nevera llena de latas de cerveza. ¿Y sabes lo mejor? Que la cabañita tiene aire acondicionado…

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  1. Andoni
    1 agosto, 2013 en 19:58

    No pongo comentarios a todas las entradas, pero que sepas que sigo vuestro viaje con mucha ilusión.
    Un abrazo.
    Neo.

  2. David Rodriguez
    3 agosto, 2013 en 2:25

    Si todos los tíos de allí asan cerdos en un palo…. Lo mismo todos se llaman Obelix! Tendrás que preguntarlo!

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