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DURMIENDO ENTRE MONTAÑAS


El viaje en el ferry ha sido muy divertido. Hemos sudado como pollos en el embarque, y mientras esperas, conoces gente. En la cola hablamos con un matrimonio que vienen de una isla británica pequeña cuyo nombre no recuerdo. Él tiene 60 años y ella un poco más. Su hija trabaja como diseñadora de interiores para Mercedes (sí, la marca de coches) situada en el lago de Como. Y van a coger el ferry a Génova para luego enfilar hacia Como y ver a su hija. Viajan en un Audi TT biplaza muy curioso, con una matrícula compuesta sólo por cuatro números. Me dice que la policía de varios países le ha parado para preguntarle de dónde puñetas es esa matrícula tan rara…Tienen un apartamento en Jávea, donde supongo que veranean, y ella se altera al decirme que las patatas en España son muy caras, a 3,59 el kilo que se las cobran en Jávea. Y yo le digo que en mi barrio están a 1,29, señora, que es que a ustedes los turistas les timan con dos de pipas. Y como manejan, pues lo pagan…

Conocemos también a dos chicos muy majos de Burgos, Álvaro (o Luis Álvaro) y Angélica. Ellos nos cuentan que primero hay que pasar la moto por el parking, cuando lo abran, claro, y después entrar con la documentación a sacar el billete. Con lo cual todos los panolis que nos hemos chupado la cola (el que escribe incluido), hemos hecho el idem, y luego pasamos la moto al parking y tenemos que volver a hacer la cola con la moto dentro y un sello en la reserva. Al señor inglés de antes le cabrea mucho, y cuando tenemos que volver a entrar, le piden los papeles de coche y tiene que volver al coche a por ellos. ¿Cuál es el sistema?, me pregunta. No hay sistema, le contesto yo.

El caso es que como el calor aprieta que da gusto, voy a una máquina de vending y veo que el agua vale 2,50 (botella pequeña). Hasta la Guardia Civil me pregunta, porque se supone que esas máquinas no están para aprovecharse de los pobres viajeros asados como pollos esperando al embarque, en una explanada sin una puta sombra y con botellas de 33 cl a 2,50 la pieza. Por cierto, las cosas de las que se entera uno escuchando las conversaciones triviales de dos guardias civiles en la cola de embarque de los ferries. ¿A que sí, Mar?

Subimos finalmente las motos, y desempaquetamos a toda leche. Buscamos el camarote y dejamos el equipaje. Nuestros amigos de Burgos nos invitan a tortilla casera (made in Mamá) muy buena, mientras gracias a mis malas artes con la camarera de la cafetería de la terminal, hemos conseguido unos bocatas de jamón serrano y una botella de agua grande por el módico precio de 6 pavos.

El viaje en el ferry mola, no hay piscina (“la piscina non va”), pero hay aire acondicionado y el camarote (sí, Mar, que sí) es más cómodo y grande que la habitación del hotel de Barcelona. Qué caos de ciudad Barcelona, donde los atascos nunca duermen. Ayer hubo un momento que si veo cuatro en una moto me pienso que estoy en Nápoles. Nos acoplamos en la popa, con la brisa marina y el rastro que va dejando el mar. Encontramos más gente en moto, un italiano que se ha hecho Génova-Barcelona, y Barcelona-Ibiza, y vuelta igual. Se ha hecho más tiempo en el barco que en la moto. Para desquitarse, ahora se va a un moto raduno al norte. También conocemos a unos alemanes que van con Ducati, han hecho Suiza y Francia, España mediterránea y vuelta en el ferry. Y de Génova para Alemania. Otra pareja italiana (con BMW, lógicamente)  ha hecho Granada y Almería y ahora van de vuelta a Ferrara.

Luego cenamos con Angélica y Álvaro y compartimos batallitas de viajes en moto, e intercambiamos consejos. Ellos van hacia el sur, hacia Roma, y nosotros a los Dolomitas y el lago de Garda. Ya nos encontraremos por ahí, compañeros. Seguro. Salimos ya anochecido a ver las estrellas, pero no hay, se han debido terminar, vaya por Dios.

Al final hemos llegado una hora antes de lo previsto, bajamos a por la moto cargados como los coches de los marroquíes de la operación paso del estrecho. Por cierto, que no se si he dejado la moto en la cubierta C o la D. Para la vuelta no se me olvida fijo.

Cargamos todo otra vez a toda leche, y a la sauna!! Han llegado dos ferries a la vez, y vaya pedazo de atasco que nos hemos comido! Y solo para salir de Génova. Allí nos despedimos de nuestros amigos de Burgos, buen viaje, chicos. Y al poco de salir a la autostrada paramos a desayunar. Allí nos encontramos a otros chicos que estaban en el ferry, estos son de Barcelona y van a Alemania y Austria, por la Selva Negra.

Cuando hemos dejado atrás el tramo de montañas y hemos cogido la A40 dirección Venecia es cuando me he dicho: Jose, tío, que es verdad, que estás aquí. Cuando en 2004 hice esta misma carretera en coche con Nico, Leddy y Nicola (el guardia di finanza), cómo iba yo a pensar que nueve años después aquí estaría con el amor de mi vida y con una Harley Davidson. Ahí reconozco que me he emocionado. De repente, el GPS me ha sacado de mi ensimismamiento y me ha puteado señalándome un desvío inexistente. Me he tenido que dar la vuelta (menos mal que esto es Italia, no Afganistán) y coger otra carretera. Y pedazo atasco que nos hemos comido, y pagando peaje, que no hay cosa que más joda que comerte un atasco pagando! El caso es que me he empezado a licuar como un helado a 45 grados. El traje de cuero se lo va a volver a poner en verano la madre del topo, pero así. Hasta me he mareado del calor. Dos y media de la tarde, 39 grados y un sol de cojones, y yo, vestido para grabar una porno sadomaso.

Cuando hemos llegado a Arco, se me ha caído la mandíbula como en los dibujos del pato Lucas. Es precioso. El río que desemboca en el lago de Garda y el arco que circunda la desembocadura. Y todas las montañas gigantescas alrededor. Ahora estoy en la terraza del hotel de Riva del Garda, mirando embobado a las montañas, como si no hubiera visto ni una, oye. Eso sí, esto parece como Riaño, con las montañas más altas, y como si hubiesen cogido a toda la población de la playa de Levante en Benidorm y se la hubieran traído tal cual a la orilla del lago de Garda. Y todos hablando alemán, porque si me dan un céntimo por cada matrícula alemana que he visto, tenemos la comida resuelta para todo el viaje.

Casi me mareo y todo del calor y del sudor, pero habiendo bebido como 5 litros de cerveza y agua de tres tipos, y tras dos baños en la piscina, ya parezco una persona casi normal. Por cierto, que la moto guay, con los atascos y primera-punto muerto-primera…Como una campeona.

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