LOS VIAJES DE JÚPITER


Acabo de terminar un libro que me ha impactado tremendamente y me ha hecho pensar mucho. En el prefacio hay una advertencia para tomar muy en serio: “¡¡CUIDADO!! A causa de este libro hombres y mujeres han abandonado sus trabajos para tomar la carretera. Durante 30 años ha cambiado muchas vidas. Podría cambiar la suya”. En realidad estaba buscando un regalo para el cumpleaños del señor Quique, pensando más en los documentales de los viajes de Ewan McGregor, y buscando por Internet en una entrevista habla de que el libro que le ha inspirado para el primero de sus viajes es éste. Además impresiona por el tamaño, son 700 páginas sin los extras. Resulta que además descubro que la última edición muy esperada en español acaba de salir el mes pasado. Y para más coña, se me ocurre que pueden tener el libro en la librería Desnivel. Y en efecto, lo tienen, y en esa última edición recién sacada del horno en castellano. Pues déme dos. No, me los llevo puestos. El título del libro es Los viajes de Júpiter, y el autor es Ted Simon.

El libro trata del viaje que durante 4 años, de 1973 a 1977, realizó alrededor del mundo subido en una moto, una Triumph Tiger 100 de 500 cc, recorriendo los cinco continentes. Realmente es adictivo, me lo he bebido en una semana a grandes tragos. He subido montañas, he vadeado ríos, pasado frío, calor sofocante, dormido en una hamaca entre dos árboles, me he quedado tirado infinitas veces, he asistido a una boda hindú, he subido al Himalaya, me he empapado en la lluvia en cinco continentes distintos, pasado el verano en una comuna hippie, mirado cara a cara a un elefante, navegado en un mercante herrumbroso, pasado varios días en una inundación bebiendo cerveza día y noche en Australia en un bar de camioneros…Aunque no te gusten las motos, el libro es impresionante. Y si te gustan…pues entonces lisa y llanamente es imprescindible.

Cualquiera que haya hecho un viaje en moto de varios días se va a enganchar inmediatamente, porque es inevitable ponerse en su pellejo. Hay una frase palmaria en este sentido: “el ingenio para empaquetar una casa y un garaje en el espacio equivalente de cuatro maletas solo te lo puede enseñar la experiencia”. Eso es algo que solo se aprende con la práctica, al principio le pasa como nos ha pasado a todos, quieres tener todo controlado y pretendes estar preparado para todo lo que pueda pasar. El relato de cómo elige las cosas que tiene que llevarse es buenísimo y no lo quiero destripar. Sólo decir que a mí no se me hubiera ocurrido llevar una mezcla de aceite de hígado de bacalao y glucosa para curar las llagas tropicales.

De hecho, Ted Simon ni siquiera tenía carnet de moto cuando decide hacer el viaje, y al suspender el primer examen de conducir, llegó a agenciarse un carnet falso de conducir y pensaba iniciar el viaje así. Por suerte, no tuvo que empezar de ese modo. “No puedo decir por qué pensé inmediatamente en una moto. No tenía moto, ni siquiera tenía carnet para conducirla”. Eso me hace recordar en el momento en que decidí comprarme mi primera moto, yo tampoco tenía carnet ni moto. ¿Por qué? No lo sé, pero sí sé que lo ví tremendamente claro.

El viaje. Imagina el mundo en 1973, sin GPS, sin Internet, sin teléfono móvil, sin concesionarios oficiales ni talleres dignos de ese nombre en la mayoría del mundo conocido. Sin carreteras asfaltadas, a veces sin carreteras. Punto. Sin equipo aislante ultramoderno, sin coches de asistencia. Solo. Una cosa que te enseña el viaje en moto es que pasas mucho tiempo en soledad contigo mismo. Para Ted Simon, el viaje ha sido en realidad un viaje hacia sí mismo, conocerse de una forma que de otro modo hubiera sido imposible. Probar tu capacidad de afrontar situaciones límite, de presenciar el sufrimiento humano y la muerte. En un momento dado, le preguntan por qué hace este viaje, y él contesta que es un viaje de descubrimiento. Y cuando le pregunta qué es lo que quiere descubrir, Ted Simon contesta: “Quiero descubrir por qué lo hago”. Y al hacerse esa pregunta, se contestaba que había veces en las que el viaje no necesitaba justificaciones, que era cuando volaba en libertad. “Aquellas eran las veces en que me había sentido lleno de sabiduría natural, casi rozando la mismísima puerta del cielo”.

Ted y los otros. La otra parte del viaje es la Humanidad con mayúscula, el contacto con los seres humanos de los cinco continentes, de primera mano, sin prejuicios. De hecho, él mismo reconoce que tiene que ir venciendo aquellos que pudiera tener con anterioridad. Aunque en este terreno, la frase que más me ha hecho gracia es que los árabes ocultan a sus mujeres y muestran sus sentimientos, mientras que los australianos ocultan sus sentimientos y muestran a sus mujeres. Ir observando cómo los diferentes grupos humanos se enfrentan a los mismos problemas de formas distintas.

La caja. Cuando Ted está por Sudamérica, le acompaña un francés llamado Bruno que viaja en una furgoneta Renault. Cuando Ted le pregunta si va a volver a Francia, Bruno le contesta: “No lo sé. Se supone que es así. Es el Sistema (…) El caso es que no quiero que me joda esta maldita máquina, encerrado en una caja el resto de mi vida”. Los franceses llaman “caja” a cualquier negocio. Y el caso es que cuando terminé de leer el libro, lo primero que se me vino a la cabeza es si yo sería capaz de hacerlo. No lo sé. Desde luego soy consciente de que el viaje es muy duro, de hecho ni siquiera me he apuntado a viajes más sencillos a la ruta de los castillos de Escocia o Faaker See. Hay que estar dispuesto a pasarlo mal, a que las cosas salgan mal, a empaparse de agua. Ir en moto tantos años es muy duro. Pero sí que cada vez más me dan ganas de romper la “caja”, como dicen los franceses. Pero eso es otra historia para otro día.

Y mientras tanto sigo montando en mi moto, y hago mío el último párrafo del libro de Ted Simon: “Mientras tanto, sueño mucho. Sueño a menudo que voy en la Triumph, conduciendo sobre la tierra dura y roja de un gran bosque, bajo una espesa bóveda de un verde frondoso y limpio que se extiende hasta el infinito. Y pienso: tal vez este sea un bosque encantado donde, a veces, los hombres todavía juegan a ser dioses”.

Feliz cumpleaños, señor Quique. Y gracias por el regalo.

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  1. Karamazov
    13 agosto, 2012 en 23:23

    Un gran libro, sin duda. Y buen gusto el tuyo. Hay gente que dice que su segundo libro, SOBRE RUEDAS es mejor, pero es muy dificil superar el primero. Si no has pillado el tercero, Los Sueños de Júpiter, merece la pena hacerlo, el tío da la vuelta al mundo por segunda vez con 70 años y encuentra algunos viejos amigos 30 años después 😉 Flipante!!!

  2. 17 octubre, 2012 en 11:56

    Queria aprender algo relacionado a muchoviaje cuando haye esta pagina.
    Me alegro haberla encontrado.

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