IDEAS Y PRINCIPIOS


El otro día quedamos para cenar unos amigos de la facultad, y uno de ellos es una persona desde hace tiempo comprometida políticamente; en la conversación que mantuvimos le pregunté por su situación actual en la política, si seguía participando de forma activa como antes, y su respuesta fue: “claro que sí, yo soy una persona de principios”. Me recuerda a otra persona, de posicionamiento ideológico totalmente opuesto a mi amigo, que en cierta ocasión me justificó su boicot a los productos catalanes con una frase muy similar, “es que soy una persona de principios, y si no tenemos unos principios, pues no somos nada”.

Volviendo a mi amigo, intenté comentar un poco la situación actual, y le pregunté qué opinaba de que Llamazares no dejara el escaño, pese a haber dimitido como coordinador general de IU. La contestación fue “es que eso lo hacen todos”, a lo cual le respondí que todos no, algunos no lo han hecho; lógicamente su respuesta fue “no me empieces a hablar de la Rosita, ni del Savater, que me tienen frito”. Ni un argumento válido en contra…pero parapeto tras la camiseta del equipo.

Todo esto viene a cuento de que soy muy sensible a los “principios”, dicho así. Pues yo más bien soy una persona de ideas, no de principios. Los dogmas, las verdades inmutables, los principios, son probablemente la causa de todas las guerras, las muertes y las tragedias en la Historia de la Humanidad. Yo me defino, como el personaje de la Historia de la Filosofía Griega de Luciano de Crescenzo, como “un soldado de la duda”. Eso no significa que notenga certezas, pero jamás creeré que yo tengo la razón, sino que, como dice el maestro Savater, tengo razones que justifican lo que pienso. Y que como tales razones, pueden estar equivocadas. Y podemos discutir de una forma ordenada y razonada, y argumentar a favor o en contra. Panta rei, todo fluye, como decía Heráclito, la esencia de la vida humana es el cambio, yo no soy el de hace media hora, y mucho menos el de hace veinte años. Me hace muchísima gracia el estribillo de esa canción de Alaska, “A quien le importa”, que dice “yo soy así/ y así seguiré/ nunca cambiaré”; y no digamos aquellos que lo intentan practicar en su vida…Creo en el fondo que lo dicen, pero no se dan cuenta que están cambiando por dentro. Así pues, es lógico que nuestra visión de las cosas que nos rodean y que pensamos cambien, como ellas y nosotros mismos vamos cambiando con el tiempo. Esto enlaza con el tema que ya he tratado en otras entradas del posicionamiento político en rojos y azules, progres y fachas, y si no estás contigo, estás contra mí. Me pongo mi camiseta de mi club o mi tribu, y hala, lo que diga el líder, y todos los demás se han pasado al enemigo si dicen lo contrario. Prietas las filas, y el que se mueve no sale en la foto. De hecho, el gran pensador marxista Don Groucho Marx sintetizó la praxis de los principios en la mayoría de la gente que hace alarde de ellos cuando dijo “estos son mis principios; si no les gustan, los cambiaré”, como hemos tenido ocasión de comprobar respecto de la lucha antiterrorista recientemente en nuestro país…Los cambiaré, pero no por convencimiento sincero, sino por interés espurio.

Es curioso la mala fama que tiene la gente que cambia de ideas, o de opinión, al respecto de algo, no digamos en el terreno de las ideas políticas, aclarando que no me refiero al que lo hace para mantenerse en el poder o por algún interés. Me merece mucho más respeto aquel que dice, bueno chicos, hasta ahora he sostenido esto, pero me he dado cuenta que estaba muy equivocado, por lo siguiente…eso es mucho más honesto intelectualmente, porque implica realmente buscar la verdad de las cosas, o aproximarse lo más posible a ella…reconociendo tu error. Precisamente cuando se debate o discute, se razona, se argumenta, más armas tenemos para desbrozar el camino que nos conduce al conocimiento. Como decía Sócrates, para qué quiero ir al campo, si en la ciudad tengo tantas personas para poder conversar con ellas, y hacer parir sus mentes…

Todo esto no implica un relativismo absoluto, sino todo lo contrario. Por supuesto que hay una serie de ideas “sagradas” que defiendo, casi todas recogidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; pero absolutamente todo puede ser objeto de discursión, todo se pone a prueba día a día, como las leyes de la ciencia, que son válidas mientras no se demuestre lo contrario.

Cedo la palabra a uno de los personajes de Luciano de Crescenzo, el profesor Colella, que se explicará mucho mejor que yo: “en el mundo hay signos de interrogación y signos de exclamación, los soldados de la duda y de la certeza absoluta. Cuando se encuentre usted con un signo de interrogación, no tenga miedo: con seguridad se trata de una buena persona, un demócrata, un hombre con el que se puede discutir y estar en desacuerdo. En cambio, los signos de exclamación son peligrosos: son los llamados hombres de fe, los que tarde o temprano toman decisiones irrevocables (…). Mi padre me enseñó que la duda es el padre de la tolerancia y la curiosidad. Los jóvenes son curiosos, pero no son capaces de ser tolerantes; los ancianos son tolerantes, pero han perdido el gusto por la curiosidad; los grandes hombres, en cambio, saben ser curiosos y tolerantes al mismo tiempo. El que tiene fe es como si ya supiera todo por anticipado, no siente dudas, no es capaz de asombrarse, y como dice Aristóteles, el asombro es el principio de la investigación. El que tiene fe no está dispuesto a reconocer los propios errores, y nosotros, sin la ayuda de los errores, no somos nada (…)”.

Luciano de Crescenzo contesta: “pero un mínimo de fe es preciso para iniciar una empresa”. Y Colella contesta: “sí, pero debe ser una fe que nace de la
duda, una fe que sepa aprender de los errores, lo que yo llamo la fe de los ojos abiertos (…). Yo votaría comunista, pero con los ojos abiertos, atento a
lo que sucede. La duda no es una ideología, sino un método. Podemos sentir dudas, o escepticismo, y seguir teniendo una idea por la que luchar”.

Para finalizar, una anécdota bonita sobre el cambio. A Lester Young, saxofonista de jazz, le ofrecieron en cierta ocasión un dineral por grabar la música que hizo quince años atrás. Y él contestó “no puedo”. Cuando le preguntaron por qué, contestó que “no puedo vivir dos veces lo mismo. La vida cambia, nosotros cambiamos, nos movemos”.

Luis, dispuesto a tomar un café contigo y hablar de la situación política actual, a intercambiar ideas.

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  1. jose
    24 octubre, 2008 en 15:04

    Yo también soy un tío
    que odio las ideologías de todo tipo, y todas las experiencias que tengo en mi
    vida las valoro como positivas o negativas, (lógicamente con infinitos matices),
    sin que me resulte trascendente de dónde proceden.
     
    En mi opinión, cuando entramos en terrenos de
    política, el "soldado de la duda" debe ir bien "armado", y provisto de botas de
    agua, ya que el "terreno de juego de la política" es muy, muy, muy
    resbaladizo… (después de la palabra "resbaladizo" quedan muy bien los puntos
    suspensivos, ¿verdad?).
     

               
    Considero que el mundo de la política es, curiosamente, el menos adecuado
    para defender ideas o ideologías, porque se tiende a justificar cualquier
    actuación con la excusa del fin buscado. Desde el punto de vista del político,
    la defensa de esa ideología conlleva, naturalmente, el "aferramiento a la
    poltrona", que cualquier político justifica divinamente: no, si yo no quiero
    estar aquí, preferiría estar tranquilito en casa, pero es que estoy tan
    comprometido con mis ideas, que mi obligación es continuar en la brecha, ah, por
    cierto, si tengo que mentir, manipular, negociar, etc, no es que a mi me guste,
    es que es necesario para derrotar a nuestro adversario; yo lo hago por el bien
    público, vosotros, ciudadanos, lo que pasa es que aún sois pequeñitos y no lo
    veis, pero aquí estoy yo, como vuestro segundo padre, para velar por todos
    vosotros.
     
    Y sigo, que estoy embalado, porque podemos seguir
    planteándonos muchísimas cuestiones más. ¿Podríamos modificar este tipo de
    conductas sustituyendo a todas las personas que están representándonos
    políicamente? Posiblemente no.
     
    A mí me caen bien Rosa Díez y Sabater, por poner un
    ejemplo, ¿pero no puede ser un peligro, -en términos políticos-, un iluso
    imberbe como Sabater, -también haciendo referencia a su faceta política,
    porque como persona humana, (permíteme la licencia del adjetivo, pero es que me
    hace mucha gracia cuando la gente emplea esa expresión en la tele), ni
    es iluso ni, mucho menos, imberbe; ¿no puede ser más propenso a cometer
    determinados errores por inexperiencia, buena voluntad y confianza en la
    buena voluntad del prógimo que un político profesional?. ¿Cuánto
    tiempo duró el "comité de sabios" antes de que se lo cargara ZP?
     
    ¿Qué ocurrirá con Rosa Díez dentro de unos años si
    el partido hace honor a su nombre y sigue "progresando"?¿Qué ocurrirá cuando esa
    máquina política se expanda y comiencen a aparecer camarillas que se disputen
    tal o cual puesto o escaño, en suma, el poder? Esos políticos amateur en la
    sombra, que eran todo ilusión ayer, y que, con los resultados del
    partido se habrán visto obligados a profundizar en muchas cuestiones para
    poder debatirlas con los restantes partidos en los foros oportunos, (comisiones,
    plenos, etc), probablemente se estén contaminando y se conviertan en "políticos
    profesionales" como los que describía en párrafos anteriores.
     
    Es fácil ver los toros desde la barrera, ese bebé
    que nace, y que es todo ilusión y buenas intenciones. Hasta este momento, todo
    ha sido sencillo, (eso sí, con mucho trabajo y las ideas claras), pero ay,
    amigo, cuando ya tienes que torear, decidir si apoyas o no unos presupuestos,
    una proposición de ley, negociar con los otros partidos desde la soledad de tu
    escaño único…. ¿Cambiará Rosa Díez o el "aparato del partido", empezarán a
    tomar decisiones o pactos con otras fuerzas políticas que sus votantes no
    compartan?, ¿Entrarán en la rueda de justificar esos cambios, pactos o
    compromisos que adquieran justificándolo con que es necesario para obtener sus
    fines políticos?, ¿No entramos nuevamente en el círculo que queríamos
    romper? En cinco o seis años lo veremos, y espero que, a la vuelta de diez
    años no dejen un reguero de "desencantados", como casi siempre termina
    ocurriendo.
     
    Bueno, José, solo te iba a decir que me había
    gustado el artículo, y que ya hablaríamos porque tengo bastantes cosas que
    hacer, pero me embalo y parezco un Ferrari, (ojo, en pista, no en
    boxes).
     
    Yo, más que "soldado de la duda", me definiría como
    "camillero", voy recogiendo cadáveres después de la batalla.

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