8 DE MARZO, DIA DE LA MUJER


El jueves pasado tuve ocasión de asistir a un acto con motivo del día 8 de marzo y la celebración del día de la mujer. Y dándole vueltas al asunto, pues he decidido poner por escrito todo lo que mi cabeza ha estado cocinando durante estos días.
 
Quiero centrarme en el mundo laboral, dejo aparte el tema de la violencia de género para otro momento. Pues el 8 de marzo es conocido como el día de la mujer trabajadora, aunque como diría mi chica, pues no, el día de la mujer a secas. Vale, Mar, pero me centro en el tema de la igualdad laboral.
 
Primero, qué significa igualdad? El artículo 14 de la constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de (…) sexo. No os aburriré mucho con temas jurídicos, pero según la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre este artículo, igualdad significa tratar igual lo que es igual y diferente lo que es diferente. Aplicado a nuestro caso, que tanto hombres como mujeres tengan los mismos derechos y obligaciones en cuanto ciudadanos de un estado libre y democrático como el nuestro. Quiere decir que nadie pueda ser tratado de forma diferente por el mero hecho de ser mujer. Y descendiendo más al terreno de lo concreto y lo laboral, que ninguna mujer sea discriminada cuando de acuerdo a criterios objetivos, por ejemplo, sea perfectamente capaz de optar a un puesto de trabajo; o por otro lado, se la dificulte el ejercicio de su profesión por el hecho de ser mujer. A mí me gusta, más que de igualdad a secas, de igualdad de oportunidades.
 
Vamos por partes: por un lado, es evidente que el mundo que conocemos es un mundo machista, pero la inercia es inversa: pensemos lo que ha mejorado la situación en los últimos 100 años. En España sólo pueden votar las mujeres desde 1.931, la ley de divorcio es de 1981, el aborto es legal desde 1985, hasta 1975 la mujer en España tenía un estatus legal prácticamente idéntico al de los disminuidos psíquicos y menores de edad, y hasta 1981 no ha tenido igualdad plena con el marido a la hora de disponer de los bienes gananciales del matrimonio…En un informe que ha publicado el Foro Económico Mundial, España ocupa el lugar 11 del mundo y el 9 de Europa, en cuanto a paridad de la mujer, teniendo en cuenta la economía, la educación, la salud y la política. Dicho esto, también hay que decir que queda muchísimo trabajo por hacer, puesto que según datos de UGT y CCOO, las mujeres ganan un 35% menos que los hombres, el paro femenino del año pasado a este ha subido un punto porcentual, mientras que el masculino ha bajado del 6,11% al 4,58%; los porcentajes de mujeres en puestos de dirección o de desempleo de mujeres discapacitadas son de escándalo. El tiempo durante el que ha cambiado la inercia de la Historia es demasiado corto para poder decir que estamos cerca de una situación ideal.
 
Y entonces qué? Yo pienso que las soluciones deben ser prácticas y eficaces. Tenemos un problema real y hay que resolverlo. Para mí, hay varias medidas a seguir: a) a través de la información, la educación, cambiar, aunque sea lentamente, inercias en sentido contrario. Por ejemplo, el reparto en las tareas de la casa y el cuidado de niños y familiares, que aunque sigue siendo mayoritariamente hecho por mujeres, sobre todo entre la gente joven se está empezando a invertir esa tendencia, y es algo que ayuda mucho a la integración y la igualdad de oportunidades de la mujer trabajadora; b) el desarrollo de políticas y medidas que ayuden a ese cuidado, tanto a nivel estatal o local (ayuntamientos, CCAA, Estado central) como privado (guarderías en las empresas, comedores escolares, actividades extraescolares); c) explicar desde un punto de vista plenamente de cuenta de resultados que hay empresas donde las medidas que favorecen la integración y la igualdad de la mujer son beneficiosas para la productividad empresarial, como así se demuestra donde se ponen en práctica, ya que una trabajadora que tenga resueltas sus tareas ajenas al trabajo va a rendir mejor; d) el papel de los sindicatos en la negociación colectiva: la legislación laboral española en una grandísima medida se crea a través de los convenios colectivos, y ahí se tiene una enorme posibilidad de obtener medidas que favorezcan la igualdad efectiva de las mujeres, de aplicar medidas eficaces para ello. Puede que me deje alguna, pero creo que estas son las principales.
 
Y cuáles creo que no sirven para nada? La primera, las cuotas: es un sistema que además de no ser útil, sólo desacredita a las mujeres, pues los hombres machistas siempre las pueden echar en cara que han obtenido ese puesto por ser mujeres y no por sus méritos. Lo único que ocurre y lo vemos por ejemplo en la política es que gente incompetente llega a puestos que hay que cubrir con mujeres por fuerza…Lo que hay que hacer es cambiar, aunque sea lentamente, las condiciones de acceso, de modo que hombres y mujeres podamos acceder en igualdad de oportunidades a los puestos de trabajo, de forma que sea cuestión de los méritos de cada uno el obtener el puesto. En el suplemento cultural del diario El Mundo de esta semana, se plantea la cuestión de las cuotas en literatura a 15 escritoras de signo ideológico diverso, y sólo una está a favor. La Historia demuestra que obligar a la fuerza a hacer cosas no lleva a ninguna parte a la larga, es mucho más eficaz aunque más lento que la gente se convenza por sí misma de cómo hacer las cosas de forma apropiada. En este reportaje del que os hablo, Marta Rivera de la Cruz, novelista, dice: "de los ocho libros que he publicado, siete fueron editados por mujeres. La directora de la Biblioteca nacional es una mujer, el ministro del ramo es ministra, parece que las chicas leen más que los chicos, y las escritoras no vendemos más que nuestros colegas varones(…) ¿50-50? Lo siento chicos, pero habéis llegado tarde. En este negocio hace mucho que decidimos que cualquiera puede ponerse los pantalones." De hecho, de todas mis amistades, casi exclusivamente puedo hablar de libros con mujeres…
 
La segunda es el lenguaje: es como una tortura para mis oídos eso de “todos y todas”, ciudadanos y ciudadanas”. Aparte de las reglas gramaticales, que ya casi nadie cumple en este país, me recuerda a un caso que le ocurrió a un nacionalista negro nortemericano: El doctor W. E. B. Du Bois (por cierto, negro), director de la revista The Crisis (órgano de la NAACP, Asociación para el progreso de la gente de color), recibió una vez una carta de un estudiante de secundaria que protestaba por el uso de la palabra negro en esa revista como "una palabra de hombres blancos para hacer que nos sintamos inferiores". El doctor Du Bois le contestó así: "Negro es una hermosa palabra. Etimológicamente es mucho mejor que de color o africano. Por supuesto que históricamente no es exacta. Ningún nombre lo es: tampoco lo son inglés, francés, alemán, blanco, judío, nórdico o anglosajón. Al principio fueron todos apodos, nombres erróneos, accidentales, surgidos eventualmente para costumbres convencionales, que lograron su precisión únicamente porque el uso continuado y amplio las hizo precisas. En este sentido, Negro es tan exacta, antigua y definitiva como cualquier nombre de cualquier gran grupo humano. Suponga ahora que pudiéramos cambiar el nombre. Suponga que nos despertáramos mañana y que en vez de ser negros, todo el mundo nos llamara ‘cheiropolodi’. ¿Cree usted realmente que esto constituiría una diferencia memorable para usted y para mí? ¿Quedaría con esto el problema negro definitivamente resuelto en el acto? ¿Se sentiría usted menos avergonzado de descender de un hombre negro o sus condiscípulos se sentirían un poco menos superiores a usted? El sentimiento de inferioridad está en usted, no en ningún nombre. El nombre simplemente evoca lo que ya está allí. Destierre el odioso complejo y ningún hombre le hará jamás agachar la cabeza".  Y yo digo: es que el español es un idioma machista y el inglés no lo es? Es que en EEUU, como el plural no es masculino ni femenino las mujeres son menos discriminadas (por cierto, que en el ranking anterior, EEUU está en el puesto 23…)? Si mañana, en vez de ciudadanos dijéramos “ciudadanes”, las mujeres de repente estarían en mayor plano de igualdad?
 
Otras cosas como por ejemplo, el dinero que se ha gastado el ayuntamiento de Fuenlabrada en que los muñecos de los semáforos tengan un muñeco “masculino” y uno “femenino” (con falda, por cierto, que las mujeres estaban obligadas a llevar hasta hace relativamente pocos años, pues ahora en los semáforos de Fuenlabrada también vuelven a estar “obligadas”). Con ese dinero no se podía haber llevado a cabo programas como el Amplía de Humanes, que ha permitido al 33% de las mujeres que lo han seguido obtener una cualificación profesional y una integración laboral en muy poco tiempo?
 
Esta es mi opinión y me gustaría que comentárais la vuestra.
 
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 PD: podéis enviar vuestros comentarios a mi email, josejazz@gmail.com, y los colgaré del blog, para aquellas que estáis teniendo problemas para hacer comentarios…
 
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  1. Unknown
    17 marzo, 2007 en 19:28

    Hola Jose. Me alegra conocer cada día a más hombres implicados en esto de la igualdad; la construcción de una sociedad igualitaria es algo que nos atañe tanto a mujeres como a hombres y cada persona tenemos mucho que hacer y que decir para que las cosas avancen.
     
    En cuanto a tus reflexiones, estoy de acuerdo contigo en muchas de ellas, como la importancia de la educación, los sindicatos y la política para conseguir esos cambios. Pero en cuanto a tema de las cuotas y el lenguaje te daré mi opinión.
     
    Respecto a la oposición a las cuotas, se parte de la premisa de que siempre que se opta a un puesto de trabajo  se hiciera de forma objetiva basándose únicamente en criterios de mérito y capacidad y no entraran también otra serie de elementos más sutiles producidos por la inercia del sistema patriarcal. Cuando se accede a un puesto, especialmente aquellos de mayor poder, no se juzga únicamente si la persona tiene las capacidades requeridas para desempeñar el citado puesto sino también entran en juego otra serie de criterios  subjetivos con un marcado sesgo cultural, donde  éxito, prestigio, seriedad, eficacia… son cualidades que se asocian al hombre  por el simple hecho de serlo, no sucediendo esto en la mujer.
     
    No se puede borrar la influencia de la historia con la simple afirmación jurídica del principio de igualdad.  Sólo basta con analizar la situación actual de las mujeres en occidente donde tienen garantizada la igualdad legal y comprobar como  la desigualdad sigue estando presente y continúa reproduciéndose.  Para superar la influencia que el patriarcado ha tenido y continúa teniendo es preciso abordarlo, entre otras medidas, con la acción positiva y no ocultarlo u olvidarlo, ya que no desaparecerá por sí solo. Además hay que tener en cuenta que estas medidas tienen un carácter temporal y en el momento que de forma espontánea mujeres y hombres accedamos de forma paritaria a los puestos de toma de decisiones, la medida de acción positiva desaparecería.
     
    En mi opinión, la utilización de la lengua tiene gran importancia. La lengua no solamente nos sirve para comunicarnos, con ella construimos nuestro mundo interior, pensamos y sentimos y, por lo tanto, formamos nuestra identidad. La lengua no es en sí misma machista, pero sí lo es cómo se utiliza. Lo que no se nombra no existe y como tú bien dices, el nombre evoca lo que ya está ahí, pero cuando usamos el masculino como genérico no estamos nombrando a las mujeres. Cuando hablo de los colores digo azul y verde, y por economía del lenguaje no digo solamente azul para referirme a los dos colores, los nombro; mujeres y hombres somos diferentes (que no desiguales) y tenemos el derecho a ser nombrados. No creo que sea tan costoso utilizar palabras que nos incluyan a mujeres y a hombres como ciudadanía, concejalía, profesorado y, por qué no, todas y todos. Y si en ocasiones puede resultar incómodo, prueba a utilizar tanto el masculino como el femenino como genéricos  y comprobarás como a los varones no les suele hacer mucha gracia el tener que incluirse en un femenino genérico; a mí lo contrario tampoco.
     
    No me extiendo más, que ya está bien. Encantada de haber compartido este espacio contigo,
     
    Nuria B
     
     
     

  2. jose
    19 marzo, 2007 en 22:41

    Gracias por tus comentarios, Nuria. Encantado de que compartas tus pensamientos aquí. De lo de las cuotas: hay sectores donde las mujeres ya son mayoría en las últimas incorporaciones (oposiciones a judicatura, fiscalía), empresas en las que todos (o casi) sus miembros directivos son mujeres. Quitamos a la mitad de esas mujeres y ponemos hombres (posiblemente menos preparados)? He trabajado 4 años en Vodafone y de 6 jefes 4 eran mujeres. Del lenguaje: yo aplico la regla de la mayoría, si estamos más mujeres que hombres, a mi no me importa que digamos "estamos listas todas?". El que se sienta incómodo a lo mejor tiene un problema…De hecho, he dado muchos cursos y he sido profesor muchos años de mi vida, y he tenido siempre (incluso antes de toda esta ola de moda) mucho cuidado de dirigirme en femenino a mi clase si la mayoría de las personas era mujeres. Y ningún hombre se ha manifestado ofendido por ello. Un saludo

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