DIAMANTES


El diamante es uno de los alótropos del carbono. Es decir, se compone de carbono, como la vida, como nosotros. A veces, somos diamantes, brutos sin tallar (por momentos demasiado brutos…). El nombre del diamante proviene del griego adamas o adamantem, que significa "el invencible". También a veces nosotros nos creemos invencibles, o la soberbia y la brutalidad nos lo hace creer. Aunque naturalmente los diamantes tienen sus propios destellos, éstos pueden ser mejorados y multiplicados bajo la mano paciente de un lapidario experto. Por su extrema dureza, el diamante sólo puede partirse con otro diamante. Por eso, en el tallado y pulido de la piedra uno de los elementos más importantes es el diamante mismo. Un diamante con buen color y buena pureza, pero con una talla pobre puede salir muy caro, pero no brillará y tendrá un aspecto opaco… Como nosotros mismos, nos tallamos, nos pulimos, con el contacto y la relación con los demás. Por nuestra extrema dureza, sólo podemos tallarnos unos a otros.

Tú, con tus cualidades y tus defectos, me tallas poco a poco. Lenta pero seguramente, con la paciencia del buen artesano, tallas y tallas al compás del péndulo que marca el ritmo de nuestras vidas, sin darte cuenta de ello. Tallas y tallas. Paras. Quitas un poco el polvo acumulado y miras detenidamente por un momento. Va cogiendo forma. Involuntariamente. A su vez, yo también te tallo, más bruscamente quizá, pero con el mismo amor y cariño. A veces, como si me resistiera, te resbalas y te cortas, profieres un juramento de rabia y de dolor…Nos vamos tallando mutuamente. Pero cada vez la talla es más perfecta, el bruto se desvanece poco a poco…

Un diamante de talla perfecta consigue que la mayoría de la luz que entra en él salga reflejada. Si la talla del diamante no es buena mucha luz no se reflejará, perdiendo este gran parte de su atractivo. Si el diamante tiene buenas proporciones, reflejará mucha luz y brillará más. Si el diamante es muy plano o muy profundo, perderá mucha luz y brillará menos.

Ahora te habla a tí, tallador, ese diamante que tallas. Con tu amor, tu comprensión, tu paciencia y tu cariño, consigues poco a poco que cada vez refleje más luz y brille más. Perdona por las veces que te hiero, pero a cada herida es una arista, un defecto que quitas de mí. Y ya no hay casi ninguna más que quitar. Gracias.

 

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