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HOY NO HA SONADO EL DESPERTADOR


Hoy no ha sonado el despertador, como ayer. Llevo varios días en que estamos sincronizados con precisión suiza. Un minuto antes de que suene, me despierto. No bruscamente, sino despacio. Alguien en mi cabeza me dice con una voz casi imperceptible: “cuando cuente tres, te vas a despertar suavemente, en forma de curva de pendiente casi nula. UNO… DOS… TRES”. Poco a poco, casi sin darme cuenta, veo que estoy abrazando también suavemente a la almohada, y como es grande y blandita, pienso que es alguien especial a quien no quiero despertar porque ella se queda, la capulla (se queda!), calentita (con ese calorcito como de bebé) entre el nórdico y las sábanas. Pero luego piensas, pobrecita, que bonita está cuando duerme, y te da pena despertarla. De repente, estás bajo la ducha y tomando un café de esos que necesitas como un yonki la cafeína. A veces no te acuerdas de hacerlo, y no hay café, que mierda, y tienes que salir con una sensación rara en el estómago, como si hubiera resaca en él y tuvieras algas y olas altas que rebotan contra las paredes. A veces tienes hasta surferos, depende de lo alegre que haya sido la noche anterior… Y tu paupérrima percepción te delata. El resto del día vas de culo (a veces literalmente…) hasta que el dealer de turno te sirve tu dosis. Y estoy pensando en esto cuando me veo engullido por el metro súbitamente, todo lleno de gente, busco un sitio cerca de la puerta maquinalmente para poder salir en mi parada. Por cierto, también prefiero el sitio de la ventana. Pero si te quieres bajar, no te sientes. Miras la gente en el vagón y te da la sensación de estar en medio de un campo de girasoles, todos iguales, meciéndose al ritmo del viento, girando todos su cabeza …Y de repente otro salto en el tiempo y estoy sentado en una mesa gigante, con mi amigo enfrente, haciendo como que trabajo y acordándome de la chica con la que estuve hablando anoche, como en la canción de Bob Seger (“and you think about the woman, the girl you knew the night before…”), Turn the page. Y tenemos nuestro propio estado que no suele ser invadido habitualmente. Y mientras fuera llueve y la gente se pelea, corre, grita, gira, empuja, oímos ese rumor lejano a través de la puerta abierta, yo estoy con Eddie Vedder disfrutando de la poesía de su voz, mientras como tantas otras veces recita el verso más bonito y triste que he escuchado cantar en mi vida: “I know someday you’ll have a beautiful life, I know you’ll be a star / in somebody else’s sky / but why why why / can’t it be, why can’t it be in mine…”. Y vuelvo a acordarme de la chica con la que estuve hablando anoche, que probablemente estará (o no…) como mi almohada, calentita bajo el edredón.

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  1. Cris
    6 julio, 2006 en 14:21

    ^_^ (

  2. euriale
    6 julio, 2006 en 22:49

    Me ha gustado la comparación de los girasoles. La verdad, demasiado bonita para la tristeza/cabreo que se respira en el metro por la mañana.
    Saludos!!!
     

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