ESPERA


Espera. Tic tac tic tac. Tu corazón bombea adrenalina por tus venas arriba y abajo, como litros de alcohol navegando por enormes cañerías dentro de ti. Bum, bum, bum. En una ardiente oscuridad te rodea la gente, una muchedumbre mucho mayor de lo que parece cuando te fijas en ella de cerca… Coño, los tienes alrededor pero no te das cuenta porque tu cabeza está en otra cosa. La vida te ha acostumbrado a esperar. Y esperas. Como en una enorme fotografía en gris y blanco, rodeado de figuras y pasan y van, otras se quedan, inmóviles, te miran, no te miran, tú miras también. Sabes y no sabes, porque puede ser y puede no ser. Tantas veces en esa misma esquina, representando un papel en tu película, con calor y con frío, con lluvia… Y a tu alrededor la danza humana tiene lugar, como una inmensa coreografía que te rodea, tú también bailas a tu manera, el baile de la vida se desarrolla en torno a ti y a ese momento concreto. Y de repente, cuando ya has perdido la noción de si es antes, ahora o después, pronto o tarde, todo se detiene, se abre un túnel de luz y aparece ella… Lo sabes por lo que ves en sus ojos, dos llagas de luz que se clavan en ti de la manera que habías pensado. Y su sonrisa justifica la locura más abominable posible, tal y como tu creías. Y empieza la canción, the dance of eternity. Y una vez más bailamos entre la multitud, unos pasos más allá. Ella de repente se bebe tus miedos de una forma brutalmente dulce y suave. Sientes ese aroma que leíste en tu juventud encerrado en antiguas leyendas árabes. Y horas después, fundidos los dos, bebemos del néctar de los dioses que se otorga a los elegidos por ellos antes de volverles locos. Y entonces crees que la vida tiene un sentido antiguo y remoto que sólo es posible comprender a veces en su plenitud, y la sientes fluir dentro de ti como el más dulce de los alcoholes. Fluye, corre, huye. Escapa en un momento furtivo, se te escurre entre los dedos, dátiles suaves y llenos de azúcar. Y cuando te acuestas, en ese momento inconcreto entre el sueño y la vigilia, sientes, percibes ese perfume, y sueñas despierto en poder sentirlo cada día, el aroma de la ambrosía entre tus dedos. De repente, se ha escapado. Es otro día.

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  1. Unknown
    10 julio, 2006 en 13:05

           Ei, hola. Gracia spor el
    comentario (lo q escribí no le pasó a una amiga sino a mi). La verdad
    es que tienes toda la razón, pasa de las dos…. aunque eso sea algo
    que no se quiera ver. En fin, confiaré en tu posdata. Un saludo.

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