RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL Y RESPONSABILIDAD SOCIAL

11 diciembre, 2014 Deja un comentario

Mi amigo Manu Custodio me hizo una pregunta el otro día en la cafetería que me dio qué pensar: “¿tú que piensas del tema de la renta universal?”. Yo le contesté que en mi opinión hay un difícil equilibro que debe llevar a cabo el Estado entre paliar las situaciones sociales más precarias, pero al mismo tiempo incentivar la responsabilidad individual y desincentivar la proliferación de profesionales de la subvención.

Es políticamente incorrecto decir esto, pero cualquier persona que haya trabajado en el sector social relacionado con cualquier tipo de ayuda sabe que hay auténticos profesionales del tema y expertos en ir empalmando ayudas una detrás de otra. Es un asunto complicado: hay que ayudar a las personas que están al borde de la exclusión social, pero al mismo tiempo intentar que vuelvan a poder “pescar” por sí mismas.

Acabamos hablando del tema de la responsabilidad individual. De cómo en estos tiempos convulsos que nos han tocado detectamos mucha frustración a nuestro alrededor. Y conozco muchos casos personales con nombre y apellidos de falta de asunción de la responsabilidad de cada uno ante las decisiones que hemos tomado en su vida.

Por ejemplo, si yo decido estudiar arqueología y no hago nada más, si no encuentro un trabajo lo suficientemente bien remunerado que yo considero, no creo que sea razonable echarle la culpa al Gobierno, a la sociedad, a las malvadas multinacionales o al capitalismo. En mi modestísima opinión, si tomamos decisiones y las cosas no van bien, hay que pensar qué estamos haciendo mal, proponernos alternativas, y pensar que esto es una carrera de fondo, que la suerte existe para los que se la trabajan, y que si hago las cosas bien los resultados acabarán llegando tarde o temprano. Vale lo mismo para cualquier decisión que se haya revelado mala por lo malo que nos pueda parecer el lugar al que nos ha conducido. El mundo actual cambia muy deprisa, y muchas veces hay que cambiar con él, o incluso intentar adelantarse.

Por ejemplo, el caso de la señora de 85 años desahuciada de su vivienda en Vallecas. Esta mujer había avalado un préstamo personal de su hijo (no era la hipoteca de su vivienda) de 40000 euros otorgado por un prestamista. Pese a que no intervino ningún banco en el acto, y que no se trataba de un préstamo hipotecario (todavía no se sabe en qué se gastó el dinero el hijo), ya salieron los típicos discursos antibancarios.

El auténtico responsable es el hijo, que no tuvo reparos en poner en riesgo la casa donde vivía su madre, una anciana de 85 años, y dejarla en la calle. Con el matiz del prestamista, cuyo negocio puede parecernos reprobable moralmente y que se aprovecha de la desesperación, pero es legal. Y si no nos gusta, propongamos cambiar la ley.

Es evidente que el Estado debe garantizar que en casos como éste la víctima tenga una casa donde pueda vivir. Esa salvaguarda de los más desprotegidos es la función que se debe asumir desde los poderes públicos. Pero en mi opinión no la función de cuidar de todos como si fuéramos adolescentes consentidos.

Por un lado, hay un creciente síntoma de falta de responsabilidad individual, en el sentido de no asumir las consecuencias de los propios actos. Es cierto que la crisis ha hecho mucho daño, pero poca gente busca soluciones y alternativas. Veo a mi alrededor mucha gente quejándose de lo que les sucede sin buscar otras vías de solución. De este modo, han tenido éxito propuestas de partidos políticos que ofrecen la jubilación a los 65 años o una renta para todos los españoles por el mero hecho de serlo; no pagar la deuda “injusta”; o expropiar los pisos vacíos y garantizar el acceso a una vivienda. Aunque esto ya roza un tema distinto, el de propuestas políticas irrealizables, como sería negarse a pagar la deuda en un país donde la deuda pública es el 97,6% del PIB. Para otro día.

Con independencia que ya iremos viendo según se acerquen los comicios electorales cómo estas propuestas van reculando o modificándose sus términos (de hecho, ya lo estamos viendo), el síntoma que subyace es la inmadurez de la sociedad española, que prefiere que el Estado le saque las castañas del fuego a tener que sacárselas él.

En el fondo, no llevamos tantos años de democracia a lo largo de la Historia de España, y la verdadera cultura democrática no empieza votando, como muchos creen (en muchas dictaduras se vota constantemente), sino por el ejercicio de la verdadera responsabilidad individual: la libertad. Ejercitar los derechos y deberes que como ciudadano en un Estado libre se poseen. En definitiva, ser un adulto para tomar decisiones en libertad y asumir las consecuencias de nuestros errores, tratando de enmendarlos.

Lo contrario nos conduce directamente a la búsqueda del Papá Estado que nos protege de todo mal o del líder carismático que todo lo cura, y que durante buena parte del siglo XX millones de ciudadanos pudieron disfrutar en sus propias carnes en media Europa, y otros millones que no pudieron contarlo.

Lo cual no quita que el Estado según mi parecer tenga que salvaguardar y proteger a aquellos que por circunstancias se han quedado fuera, pero con la intención de que vuelvan a entrar y generen recursos para poder ayudar a los que siguen a la intemperie.

Esa sensación generalizada de frustración, de odio, de cabreo permanente que se palpa tanto últimamente, creo que es consustancial al ser humano, por lo menos al español. Este ya sabemos que por regla general piensa con las tripas, no con la cabeza. Y en vez de asumir las consecuencias de sus errores, busca al mejor amigo del hombre (el chivo expiatorio) para desahogarse.

Somos un ciclista en una carrera de fondo que puede que se caiga alguna vez. En ese caso, es bueno que el médico del equipo nos cure las heridas. Pero no podemos pretender que la ambulancia nos lleve hasta la meta, tenemos que seguir y terminar nosotros la carrera.

LA PLANTA

6 noviembre, 2014 Deja un comentario

Sé que hace mucho tiempo que no escribo en naranja.

Sé también que hay una planta que es rara de encontrar, no la venden en las tiendas. Ni siquiera en esa floristería que te encanta del barrio, que tiene las plantas más bonitas. Sé que tuve mucha suerte un día de primavera de encontrar esa planta por la calle, ahí estaba en un rincón, sin que nadie la viera o reparara en ella.

Y me la traje a casa, y la puse al sol. Y la planta empezó a crecer y a tener buen color. Al principio la miraba mucho, la regaba (a veces demasiado), la cortaba las hojas que tenía malas.

No era la primera planta que tenía, antes tuve otras. O eso creía yo. Creía que era LA planta, no una planta cualquiera.

Pero ahora sí estoy seguro de que es LA planta.

El tiempo fue pasando y ya no regaba tanto la planta. Porque siempre estaba ahí. A veces, la planta se ponía peor. Y no me daba cuenta, y a lo mejor llevaba varios días así. Le echaba tanta agua que rebosaba. Y de repente estaba varios días así. Y luego no volvía a atenderla en días. Supongo que estaba demasiado ocupado con cosas importantes. No me daba cuenta que atendiendo lo importante no estaba prestando atención a lo necesario.

Cuando la planta llevaba bastante tiempo en casa, me di cuenta de que yo esperaba ciertas cosas de ella, supongo que ella también esperaría algo de mí.

Pasamos muy buenos ratos, otros malos. Vivimos cosas trágicas, otras veces nos reímos sin parar. Aunque últimamente nos reímos menos que al principio. Quizá porque las cosas que hay alrededor afectan también a la planta.

Me acabo de dar cuenta que esta planta es delicada, y que hay que regarla no mucho ni poco, sino con frecuencia y con cariño cada vez.

Y aquí estoy, como cuando era pequeño y me gustaba pasear por el patio del pueblo de mi abuela con mi pequeña regadera en la mano, y regar a diestro y siniestro…

Sólo te prometo que regaré y cuidaré LA planta. Es tu planta y mi planta. Nuestra planta. Y no quiero despertarme un día y ver que no está. Y cuando la dé el sol quiero ver pequeños retoños asomarse entre las ramas.

‘LA OTRA CRÍTICA’: DRAFT DAY, LA SOLEDAD DEL MANAGER

27 octubre, 2014 1 comentario

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Sonny Weaver Jr. (Kevin Costner), manager general de los Browns de Cleveland, hace un intercambio para poder elegir al mejor jugador en el draft de 2014. Esta decisión implica consecuencias para todas las personas que le rodean, tanto en el ámbito profesional (jugadores, entrenadores, propietarios, en su equipo y en los otros) como en el personal (su madre, su novia, su ex mujer). Además, la reciente muerte de su padre planea sobre todo lo que va a suceder, y las presiones tremendas que recibe pueden llegar a influir de forma dramática en sus decisiones, y por ende, en la vida y la carrera de muchas personas.

La película narra el día en el que se produce la elección de los mejores atletas universitarios en el deporte profesional estadounidense por los equipos profesionales (el día del draft), y en el que asimismo se pueden ofrecer jugadores a cambio de mejores puestos en el sorteo.

Ivan Reitman utiliza este tema para desarrollar un guión limitado desde el principio por el hecho de transcurrir en 24 horas. Este enfoque tiene su parte buena y su parte mala. La parte buena es la sensación de presión y agobio que sufre el director general de los Cleveland Browns para tomar decisiones complejas en muy poco tiempo, y que van a marcar sin vuelta atrás su futuro y el de su equipo.

La sensación de estrés, la soledad del manager que tiene que tomar las decisiones buscando lo mejor para el equipo, y al que casi todos tratan de presionar pensando en su propio interés, está muy lograda. Kevin Costner todavía puede hacer un protagonista sólido y tiene carisma suficiente para componer un personaje atractivo.

Lo malo es que la construcción de la película no permite desarrollar demasiado otros personajes, como el de su novia Ali (Jennifer Garner), su madre Barb (Ellen Burstyn), o el dueño del equipo Anthony Molina (Frank Langella). Por eso esta película sufre si la comparamos con ‘Moneyball’, por ejemplo, en una temática parecida.

La película se estrenó en Estados Unidos en abril de 2014, y muy difícilmente va a hacerlo en España. El tema del fútbol americano no es precisamente muy popular aquí, pese a que películas como ‘Un domingo cualquiera’ (Oliver Stone, 1999) sí que llegaron a estrenarse en nuestro país.

Aunque los fans se van a encontrar como pez en el agua, y ayuda a apreciar ciertos detalles ser un conocedor del juego, no es imprescindible ni mucho menos para disfrutar plenamente del film.

En resumen, una película entretenida, con algunos puntos de comedia, pero sobre todo dramas personales enfrentados y resueltos con un final muy Hollywood. Recomendable para todos los públicos, alérgicos al deporte sin prejuicios  incluidos.

Lo mejor: cómo la película refleja la presión a que se ve sometido el director general de un equipo, y el suspense hacia la decisión final.

Lo peor: el corto recorrido de algunos personajes a los que se podría haber sacado mucho más partido.

TARJETAS SIN LÍMITE, CAJAS Y KILOMETRAJE

9 octubre, 2014 1 comentario

Me contaba un amigo que en cierta empresa en la que trabajó les pagaban el kilometraje si viajaban con su propio vehículo. Incluso les daban a elegir muchas veces si querían viajar en su vehículo o en otro medio de transporte. Como solían coincidir varios compañeros en un destino con el mismo origen, algunos de ellos solían hacer lo siguiente: iban en el coche de un compañero y luego pasaban a la empresa el kilometraje como si hubieran ido en el suyo; o bien comparaban un billete de avión por su cuenta, viajaban en avión y luego pasaban el kilometraje, lo que les salía económicamente rentable.

Esta práctica se llegó a hacer bastante habitual, de modo que un compañero suyo en cierta ocasión tuvo dificultades, ya que su vuelo no pudo aterrizar en el aeropuerto de destino, teniendo que hacerlo en otra ciudad a unos cuantos kilómetros de distancia, y tuvo problemas en justificar a la empresa su retraso en llegar al lugar donde tenía que trabajar. Él por su parte nunca lo hizo, supongo que los otros pensarían que era un pringado.

También en cierta ocasión otra persona no vino a trabajar un viernes para irse de puente (alegando que estaba enfermo) y luego pasó como gasto el peaje del día que se supone estaba enfermo yendo a la parte opuesta de España (que curiosamente eran los carnavales de Cádiz).

Cuento estas anécdotas (salvando las distancias, no son casos comparables en su gravedad, pero sí en el síntoma) porque en mi experiencia y por desgracia estoy convencido de que hay muchas personas que, si no se ponen los mecanismos para que no pueda ocurrir, van a poner la mano en la caja si nadie está mirando. Y eso cuando se ha hecho en órganos como las cajas de ahorros, que tienen una responsabilidad social, es mucho más grave si cabe.

El caso de las tarjetas de los consejeros de Cajamadrid es muy significativo en muchos sentidos. Por un lado, la sensación de impunidad. La frase más repetida es “todo el mundo lo sabía”. Pero nadie ha actuado. Ni los partidos políticos (excepto UPyD, único que ha presentado una querella y gracias al cual se ha conocido todo), ni la fiscalía, ni el Gobierno central ni el autonómico. Al contrario, su comportamiento ha sido obstaculizar y obstruir (incluido el letrado del FROB, curiosamente) cualquier intento de investigación.

Hay que establecer en mi opinión los mecanismos para que estas cosas no pasen o que sea muy difícil hacerlo. Y poner al frente de los bancos a políticos es la primera cosa que hay que evitar. La primera cuestión es que sólo UPyD ha propuesto que los partidos salgan de los consejo de administración de las cajas y de muchos otros sitios donde lo único que hacen es ejercer de comisarios políticos y como vemos en ocasiones practicar la corrupción.

En este sentido, es alucinante, tanto en este tema como en el de las preferentes, el fracaso estrepitoso de los organismos de control. Ni Hacienda, ni la inspección del Banco de España, ni el Tribunal de Cuentas, ni el propio Gobierno, ni el Ministerio Fiscal. Nadie.

Y otro punto reseñable es el de la actuación por impulsos. UPyD interpone la querella contra Bankia el 11 de junio de 2012, como se puede comprobar aquí. IU interpone su querella contra Bankia el 10 de marzo de 2014. Durante casi dos años no ha hecho absolutamente nada, hasta que se empieza a conocer los hechos y a llegarles a ellos la ola. Y no sólo es Moral Santín: hay otros tres consejeros más implicados en el asunto de las tarjetas (Rubén Cruz Orive (233.700), Juan Gómez Castañeda (128.100) y Ángel Rizaldos (20.100). De los demás (PP, PSOE, UGT, CCOO), sin comentarios, sólo obstrucción en la medida de sus posibilidades.

Ahora que se suma al escándalo de las preferentes, las tarjetas han sido la gota que ha colmado el vaso y empiezan las dimisiones y las destituciones. Los implicados alegan que “todo el mundo lo sabía” o que era “perfectamente legal”.

El reverso de esa moneda son los comentarios medio en broma medio en serio que me hacen algunas personas en cuanto se enteran que estoy en UPyD (y por lo tanto en política) de “a ver si me buscas alguna cosa”…Como he dicho muchas veces, los políticos no son unos marcianos que nos invadieron hace años en un platillo volante, sino que son fiel reflejo de lo que somos como país. En primer lugar, como muestra significativa. Y en segundo lugar, porque les votamos todos los ciudadanos. Y si un señor imputado o corrupto (o las dos cosas) se presenta a las elecciones y resulta el más votado, pues ya está todo dicho.

Por lo tanto, hay que establecer mecanismos de control que hagan más difícil la corrupción; imponer medidas de control y transparencia que obliguen a justificar cada cantidad, evitando situaciones como las de las tarjetas o por ejemplo que diputados con casa en Madrid cobren dinero en teoría dirigido a pagar gastos de alojamiento.  Y hasta ahora, pese a lo que afirmó nuestro ínclito presidente del Gobierno en la ya lejana sesión de investidura, lo que demuestra el caso de las tarjetas, como muchos otros, es la existencia de una impunidad y una ley del silencio absolutas acerca de determinadas cuestiones. Como dijo David Gistau, UPyD ha roto la omertá al interponer la querella de Bankia. Ha roto el tabú del que nadie se atrevía a hablar.

El agravante en este caso es que: 1) el dinero del rescate a la banca lo hemos pagado todos; 2) se han cerrado servicios sociales de las cajas (guarderías, bibliotecas, centros de mayores) mientras que estos pájaros se llenaban los bolsillos.

En el fondo, se trata de reformar este tipo de organismos para profesionalizarlos y aumentar y mejorar los mecanismos de control sobre ellos. Del kilometraje a las tarjetas black no hay tanta diferencia como parece. Y sí, soy pesimista.

bankia

EL GABACHAZO Y EL ÚLTIMO EXAMEN

13 septiembre, 2014 2 comentarios

Era junio de 1992, mi último año de carrera. Ya me había examinado de todas las asignaturas excepto de Derecho Civil IV. Era el último examen de la licenciatura. Hasta ese momento, llevaba varias matrículas de honor, muchos sobresalientes, tres aprobados y el resto notables (el que no entienda la nomenclatura, que lo busque en Google). Digamos que iba un poco sobradete.

El contenido de la asignatura no era precisamente santo de mi devoción, y los dos profesores que se repartían las clases, tampoco. La clase era a primera hora, lo cual facilitaba las pellas, y las hice todo el año (eso sí, salí de allí muy mejorado en cuanto a futbolín y mus se refiere). La semana entre el examen anterior y éste fue muy relajada. Ya había doblado el cabo de Hornos (aprobar Derecho Internacional Privado, el coco del curso entonces) y estaba pensando en mi primer viaje en moto para ver a mi amigo Santi en Moixent, y a Rafa y a Germán, que estaban haciendo la mili en Alicante. Así que me lo leí por encima.

Cuando salieron las notas, había suspendido. Indignado, estaba convencido de que tenía que ser un error. No había suspendido un examen en mi vida. Fui a la revisión del examen hecho un basilisco. Cuando llegué a hablar con el profesor, vi mi examen: tenía un 2 sobre 10. El profesor me dio un repaso: no ha venido usted a clase en todo el año, y del contenido del examen (que fuimos repasando pregunta por pregunta) se deduce que no tiene ni idea de la asignatura, y ha contestado en formato quiniela. Conclusión: ya siento estropearle el expediente, pero esto no hay por dónde cogerlo. Si tuviera por lo menos un 4 le aprobaría, porque es una pena que su último examen sea el único suspenso del expediente, pero…

Todo esto lo cuento porque me vino a la cabeza después de la derrota de España en cuartos de final contra Francia. El gabachazo. El partido del miércoles de la selección española de baloncesto fue la mayor decepción de mi vida deportiva, así como la semifinal contra Yugoslavia en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 fue la mayor alegría hasta ahora. Ni el mundial de 2006 ni ningún otro título. Porque aunque no fuimos campeones, nadie daba un duro por nosotros. La derrota ha sido tan dura porque nadie hubiéramos pensado que esto iba a ocurrir, y de hecho muchos nos preguntamos si no ha sido una pesadilla y mañana volveremos a jugar con Francia y les ganaremos de 20.

Pues no. Se ha escrito mucho sobre el fracaso, “un gatillazo histórico con la mejor novia que hemos tenido”, en palabras de Antoni Daimiel, con un titular inequívoco: “Un campeonato mal preparado”. Totalmente de acuerdo en que este equipo era posiblemente el mejor de la Historia, con un entrenador que no es el mejor ni de lejos, por experiencia y curriculum, pero también por su comportamiento, para dirigirlos. Pero la prueba del algodón, tanto de jugadores como de entrenadores, es cómo se resuelven este tipo de situaciones, que pueden y van a llegar, cuando todo va mal y no salen las cosas.

El análisis de los errores concretos en el partido lo ha hecho magníficamente en este video Piti Hurtado. Los números cantan por sí mismos, como por ejemplo que Francia gane el rebote por 50 a 28 a un equipo con los hermanos Gasol e Ibaka. Pero más allá de la pura estadística, voy a lo que para mí han sido las claves del gabachazo.

1º) Humildad y trabajo: es muy complicado metérselo en la cabeza a los jugadores, con todo el circo mediático que existe alrededor. Pero hay que ser (de verdad) humildes y pensar que a partir de cuartos cualquiera te puede mandar para casa, si no eres profesional y haces tu trabajo en todos y cada uno de los encuentros. Las camisetas solas no ganan partidos. Y nosotros  no hemos sido humildes. Todo lo que sale en el video de Piti Hurtado se resume en mala actitud y pasotismo, con alguna excepción, como Pau, que se dejó hasta la última gota de lo que tenía, aunque claramente jugó lesionado, y con eso vamos al siguiente punto importante.

2º) Planificación: está claro que no se ha dosificado a los jugadores importantes en partidos intrascendentes, y desde el banquillo no se ha diseñado el campeonato para estar a tope cuando un fallo te manda para casa. El espejo en el que mirarnos, Serbia. Ellos sí que han planificado bien, sabiendo que no importa perder en la primera fase. Los Gasol jugando casi 30 minutos en partidos ya resueltos o intrascendentes nos ha pasado factura.

3º) Falta de soluciones desde el banquillo: está claro que cuando el equipo va bien puede entrenar hasta mi santa madre. El entrenador no falla tiros ni gana partidos, pero sí que puede perderlos. Cuando no tenemos acierto o defendemos mal (o ambas cosas), ahí es donde el entrenador tiene que reaccionar y proponer soluciones y alternativas. Nos vamos para casa con la sensación de no haber intentado nada, ni siquiera pedir un tiempo muerto. Ni cambios defensivos, ni ofensivos, ni siquiera cambiar jugadores (Felipe Reyes, 0 minutos).

Aparte pienso que se ha hecho un equipo muy descompensado, creando debilidades innecesarias: por ejemplo, no llevar un tres alto que no sea Claver, que en mi opinión no tiene nivel para estar en la selección, (y hay otros, como Carlos Suárez, Mumbrú, Rabaseda) nos ponía en desventaja con casi cualquier equipo; desaprovechar a Jose Calderón poniéndolo de escolta.

4º) Ausencia de baloncesto colectivo: hay tres cosas que se pueden intentar hasta morir, con talento y sin talento, con acierto y sin él: defender a muerte; pasar y circular el balón, aunque  a veces te lo comas; y rebotear con toda tu alma. Como señala Guille Ortiz en un acertado artículo, eso es lo que hizo Francia (de esto ha aprendido mucho Diaw en San Antonio) y lo que no hicimos nosotros. Y yo añado que al jugador de baloncesto se le suponen esas tres cosas, como el valor al soldado. Es lo mínimo que debemos exigir, y de ahí para arriba. Y el entrenador está entre otras cosas para controlar que eso pase.

5º) Instinto asesino: esto es un intangible en el deporte en general del que carecemos, y que los serbios poseen a raudales, por ejemplo. Como señala Daimiel en el artículo que he enlazado arriba: “Instinto triunfal. Nada más finalizar su contundente victoria contra Brasil Sasha Djordjevic fue preguntado en Cuatro por su preferencia como rival para la semifinal del viernes. El seleccionador serbio no dejó que María Victoria Albertos finalizara la pregunta: “España”, respondió, con la misma mirada desafiante con la que su equipo le jugó a Brasil”.

Los cinco puntos anteriores se pueden resumir en una sola palabra. Un norteamericano que lleva bastantes años trabajando con españoles comentaba que en general y con algunas excepciones, cuando le preguntan qué palabra le viene a la cabeza para describir la forma de trabajar en España, contesta: “desidia”. Eso es lo que me ha transmitido la selección en el partido contra Francia. Desidia.

PD: le deseo mucha suerte a Serbia. Se lo merece. Se la ha ganado.

MIS DOCUMENTALES DE JAZZ FAVORITOS

19 julio, 2014 Deja un comentario

Siguiendo con la entrada que escribí en 2013 titulada Mis películas de jazz favoritas, he pensado hablar de mis documentales favoritos sobre el jazz.

Aquí el enfoque varía un poco en mi opinión: excluí los documentales deliberadamente, porque en el fondo una película contiene un elemento de ficción, incluso tratándose de un biopic. Un documental trata de reflejar de una forma objetiva un tema concreto, en principio. Pero incluso el documental acaba teniendo un reflejo subjetivo del enfoque del realizador sobre el tema de que se trate. En definitiva, mi valoración es la combinación de varios factores: captura de la esencia del jazz; contexto histórico; reflejo del estilo o el músico en concreto del que trate; agilidad y mantenimiento del interés del espectador.

Como en la anterior ocasión, esta es mi lista, no pretendo sentar cátedra ni mucho menos. Son mis cinco documentales favoritos sobre el jazz.

SWING GUITAR: THE GENIUS OF DJANGO REINHARDT (2006): a través de cinco partes, vamos navegando por la vida de uno de los mejores guitarristas de la historia del jazz, Django Reinhardt. Desde su infancia, pasando por su adolescencia, el incendio que casi acaba con su vida (y con su carrera musical, al menos), sus inicios, su éxito y su muerte prematura con 43 años. Trufado con muchas y divertidas anécdotas, es un fiel reflejo de la apasionante vida de uno de los más inmortales creadores. Imprescindible para fans del jazz manouche.

1959, THE YEAR THAT CHANGED JAZZ (2009): en este extraordinario documental de la BBC, analizamos los cuatro discos aparecidos en 1959 que marcaron el futuro del jazz: Kind of Blue, de Miles Davis; Ah Um, de Charles Mingus; Time Out, de Dave Brubeck (que contiene el single más vendido en la historia del jazz, Take Five); y The Shape of Jazz to Come, de Ornette Coleman. En todos ellos se percibe el intento de llevar el bebop más allá de sus límites, hacia nuevas formas musicales, y expandir la libertad armónica y técnica a terrenos nunca hollados. Al mismo tiempo, EEUU se encuentra en su propia encrucijada, con una revolución social, sexual y racial a la vuelta de la esquina, una vez superada la posguerra. El documental entreteje ambos aspectos, como por ejemplo cuando explica lo que supuso que el cuarteto de Dave Brubeck contratara a su primer músico negro, Eugene Wright, y cómo “oscurecían” el escenario cuando él tenía que tocar en el Sur, para que no lo vieran.

THELONIOUS MONK, STRAIGHT, NO CHASER (1988): Clint Eastwood produjo uno de los mejores documentales sobre el jazz, dirigido por Charlotte Zwerin, y centrado en el genio Thelonious Monk. A lo largo de 90 minutos podemos conocer el intrincado mundo de un auténtico genio de la música, uno de los primeros músicos de la historia que se aproximó a su instrumento como si nadie lo hubiera tocado antes, con la inocencia y la ingenuidad de un niño que por primera vez ve un piano, aproximándose al instrumento como un pintor surrealista dibujando sonidos. Casi se puede mascar el ambiente de la auténtica creación jazzística. Un maverick irrepetible.

CHARLES MINGUS TRIUMPH OF THE UNDERDOG (1998): dirigida por Don McGlynn y producida por Sue Mingus y el propio McGlynn, sería el equivalente en la pantalla grande a su tortuosa autobiografía Beneath the underdog. Si Monk fue un maverick, Mingus fue un misfit, un inadaptado. A través del film recorremos los recovecos de su complicada personalidad, y podemos disfrutar de pasajes realmente intensos, como sus duetos con Eric Dolphy. Recoge los testimonios de sus dos mujeres y de su hijo Dorian. A destacar el Epitaph Concert, que merece por sí solo ver el documental.

THE CHARLIE PARKER STORY (2008): otro documental de la BBC en el que Hugh Quarshie narra la historia del creador del jazz moderno. Estamos ante el contrapunto de la película de Clint Eastwood: vemos sucederse todas las historias de la vida y la música de Bird una detrás de otra, salpicadas con los grandes temas que le han hecho inmortal, en el contexto de la América de la inmediata posguerra. Incluso le podemos escuchar reír (minuto 39.41). Partiendo de la música en sí misma, llegamos al individuo, sus contradicciones, sus miedos. Mientras que en la película de Eastwood llegamos a Bird desde dentro del propio Bird, aquí somos espectadores pasivos ante los que transcurre su arte y su magia. Imprescindible para cualquier amante del arte con mayúsculas.

Estos son los cinco de los que he visto que más me han gustado, o que creo que reflejan mejor el tema del que tratan. Pero como siempre estoy abierto a vuestras sugerencias, aportaciones y críticas. Espero que os haya gustado.

UNA RUTA EN MOTO POR EL CABO DE GATA

29 junio, 2014 Deja un comentario

Pues el caso es que necesitaba unos días de descanso. Y en vista de que el pronóstico iba a ser bueno, pues va siendo hora de desatascar los tubos de escape de la moto. Bueno, pues después de devanarnos la sesera con dónde íbamos a ir, mi naranja entera y yo decidimos hacer mototurismo unos días por el cabo de Gata, en Almería.  Yo nunca había estado, pero ella sí, y la moto tampoco.

Pues resulta que puedo decir que he hecho algunas de las mejores rutas en moto en mucho tiempo. Carreteras de montaña con muchas curvas pegadas al mar, con calas para tomar un baño por el camino y paisajes espectaculares. Hay de todo, desde playas de piedras, arena, calas, pequeñas, grandes y medianas. Eso sí, para ser puente en Madrid bastante menos gente en playas y restaurantes que por ejemplo en Levante, con lo cual mucho mejor. Ninguna sensación de agobio ni de tener que esperar para nada.

Salimos de Madrid a las nueve y media de la mañana, y llegamos a Vera sobre las dos y media, yendo a velocidades legales y haciendo dos paradas. Nos alojamos en unos apartamentos muy baratos y bastante majos. Desde allí como base de operaciones fuimos explorando los alrededores.

La carretera que va por la costa hasta Agua Amarga merece la pena, pasando por Garrucha, Mojácar y Carboneras. La carretera va constantemente paralela al mar, con tramos de montaña y curvas. El único inconveniente es que vas atravesando todos los pueblos por su paseo marítimo, hay badenes y un solo carril, por lo que te va a tocar ir despacio. Pero como no tenemos prisa, pues a disfrutar del paisaje.

Playa de Mojácar

Playa de Mojácar

Garrucha es un pueblo apodado la pequeña San Sebastián que vivió momentos de apogeo a principios del siglo pasado, como lugar de residencia de los propietarios de negocios. Hoy es un pueblo con encanto, donde merece da un paseo por la noche y tomar algo en alguno de los locales situados en el puerto.

Mojácar es un pueblo precioso con cuestas muy empinadas que bien merece una visita. Llegando a Carboneras se ve un hotel enorme que se quedó en construcción pegado a la montaña. En el camino, está el mirador de Granatilla, donde podemos ver el mar desde la montaña. Un trayecto que parece diseñado para la moto, con muchas curvas pegado al mar, y que termina en un descenso prolongado hasta llegar a Carboneras.

Carboneras tiene una playa muy chula, resguardada en un pequeño golfo, que nos gustó mucho (sobre todo a mí), y que en un día ventoso como en el que viajamos venía muy bien para poder bañarse sin sobresaltos. Desde ahí podemos ver la isla de san Andrés. Frente a la playa hay tres restaurantes consecutivos, con buenos precios y calidad. Allí nos bañamos, comimos y nos volvimos a bañar. Seguimos ruta luego hacia Agua Amarga. Si te desvías antes de llegar, y ya habiendo entrado en el Parque Natural de Cabo de Gata, puedes llegar hasta la punta de la media naranja y el Faro Roldán.

Camino de Carboneras

Camino de Carboneras

Agua Amarga nos encantó, un pueblito encerrado entre las montañas, como si saliera del propio mar que lo rodea. Todo casas blancas y bajas pegadas a la playa.

Al día siguiente, fuimos a Níjar. Es un pueblo que asciende hacia la torre que lo corona, se puede hacer andando y desde allí observar las vistas. Se puede ver también el museo del agua, situado en la plaza. Desde allí, nos adentramos en el propio parque natural yendo a San José. Aunque ha cambiado mucho en los últimos diez años, sigue siendo en mi opinión un pueblo encantador. Ahí pudimos comer en un restaurante cercano a la playa y dirigido por italianos de diversas procedencias (el cocinero es siciliano), y comimos estupendamente y muy bien de precio.

De allí nos dirigimos a la playa de Los Genoveses. Hay que salir de la carretera por un camino de tierra y pagar cinco euros por llegar hasta la playa y aparcar. El camino es practicable para ir despacio, no hace falta tener una moto de trail, la nuestra es una Harley Davidson Road King y no tuve problemas. La playa es muy bonita y no había demasiada gente, el agua cristalina, incluso pudimos hacer snorkel y ver algunos peces. Cerca está la cala de El Mónsul, que también es otra opción.

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Playa de los Genoveses

Al salir de la playa, la moto empezó a salirse de punto y acelerarse. Probablemente se había llenado de polvo el filtro del aire, ya que en cuanto rodamos un poco y estuve un rato parado, desapareció el problema. Yendo hacia Los Escullos, dada la situación, no me quise arriesgar, pero cerca del camping hay un sitio muy particular que no intentamos buscar, el bar de Jo.

Jo es un motero francés que hace años decidió establecerse aquí. Es un sitio para amantes del rock, con una decoración un poco peculiar. No es fácil de encontrar, y más de uno se ha vuelto loco por unos caminos de tierra que parecen sacados de una película de Tarantino… Pero dicen que merece la pena acercarse: hay que conducir en dirección a Los Escullos, y cuando se llega al camping de la entrada del pueblo se gira a la derecha por un sendero. A unos cien metros está el cartel que señala la entrada, y suele haber una bandera pirata, que de día puede servir de señal para encontrarlo. Se supone que abre a partir de la segunda quincena de junio. Nosotros no tuvimos ocasión de comprobarlo, ya que cuando estuvimos en Los Escullos la moto se salió de punto, y estaba más preocupado de si se arreglaba que de buscar el bar.

Muy cerca están Las Negras, que ya solo vimos de pasada. Dejamos para otra ocasión el faro del cabo de Gata, que dicen que puede ser todo un reto llegar con una moto como la nuestra, por lo estrecha que es la carretera.

A la vuelta decidimos ir por la carretera de la costa hasta Águilas, en Murcia. Una carretera espectacular, con curvas y montaña pegada al mar, y si estás atento, puedes parar en huecos a los lados de la carretera y bajar a bañarte en las calas que hay por el camino (como la cala Cristal o la cala Mal Paso).

En suma, aunque ha aumentado la construcción en lo que hace diez o quince años era una zona prácticamente salvaje y llena de hipppies (alguno queda en la actualidad), el cabo de Gata sigue siendo una zona mucho más recomendable que otras, como la costa del Sol, Levante o el cada vez más chic Cádiz, en mi opinión. Sigues pudiendo bañarte casi sin compañía y acceder a lugares aislados. Y para la moto es una gozada.

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